Estudio descriptivo de los monumentos árabes de Granada, Sevilla y Córdoba ó sea La Alhambra, el Alcázar y la Gran Mezquita de Occidente

Part 21

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Era la primera condición de todas las antiguas poblaciones que se levantaron ó engrandecieron durante los siglos medios, que debían estar situadas en grandes alturas, y rodeadas de muros en dos, tres y cuatro falanges, según su importancia; y aunque esto fuera peculiar también de más antiguos tiempos, nunca se observó con más rigor este sistema de defensa, como en la citada época y particularmente en España, donde si se contaran las fortificaciones destruídas, sería mayor su número que el que cuenta la mitad de Europa. En Granada hubo diversos circuítos amurallados, principiando por el de Hiznarromán, atribuído á los tiempos romanos y fenicios, sin fundamento incontrovertible; y se supone que los árabes encontraron el castillo citado con otros vestigios que destruyeron después, en el sitio llamado hoy placeta de las Minas y carmen de Lopera, con ruínas de un templo pagano. Multitud de inscripciones se descubrieron más tarde, sobre cuyo asunto se formó un célebre proceso que no escandalizó muy poco en aquella época. Parte, pues, desde este sitio el baluarte de estructura árabe que hay á la vista en diversos parajes, construído próximamente cuando las primitivas torres Bermejas que ya hemos citado, el cual dominó en aquella colina, como en su día dominaron los castillos romanos que allí hubiera sobre alguna pequeña población, anterior quizá á los tiempos visigodos, no tal como se encuentran hoy, sino destruídos y vueltos á edificar en forma de alcazaba, que se llamó después _Cadima_ ó vieja; precisamente como sucedió con la de Al-hamrra, donde se construyó una fortificación más antigua y más pequeña que la que hoy existe. Dicha alcazaba apenas podría contener una población de 500 vecinos antes que se hiciera la _gidida_ ó nueva, en cuyo tiempo se trataba ya de abandonar á Illiberis; lo cual nos induce á sospechar si el primer castillo que se construyó en lo más alto de lo que hoy se llama barrio del Albaicín se hiciera para dominar un pueblo que había del lado de Poniente, el cual fué origen de la ciudad árabe que fundó Bidis-ben-Habus, ocupando el Zenete por un lado, y por otro la alcazaba citada. Desde la conquista y particularmente en el siglo XVI se han hecho descubrimientos en Hiznarromán, que con los del Sr. Mendoza (1871), dan á entender que hacia el aljibe grande había un muro que terminaba en la Puerta Nueva, donde Mármol fija el asiento primitivo de la Castela de Ben-Aljatib ó del Castillo de Gazela, como él lo llama, y su construcción es como la de Hiznarromán, fácil de confundir con la romana y cartaginesa.

En dicha Alcazaba Cadima, labrada en tiempo de la primera invasión, sobre otra más antigua, se hallaba una Ráuda, lugar no muy espacioso donde enterraron á Badis y posteriormente al caudillo Aben-Ganía, enterramento que no podía existir sino fuera de este estrecho recinto, en el lado construído por los Ziritas, más espacioso y no menos sembrado de ruínas semejantes á las citadas. Del mismo modo se establecieron los castillos sobre el Mauror y Antequeruela, como se ha visto testimoniado por la existencia de un dilatado cementerio romano, encontrado no hace muchos años por bajo de la muralla y puerta de Niched ó de la altura[156], en la huerta de Zafania[157], cuyo caso se ofrece igualmente en la Alhambra antes del establecimiento de los moriscos, cuando había una población quizá también romana ó fenicia con el nombre de Natívola[158], si hemos de creer la tradición que se pierde en la noche de los tiempos, y que no desecharemos en absoluto.

Siendo simultánea la existencia de Garnata é Illiberis, está averiguado que la ciudad de aquel nombre se hallaba más bien en el lado de la villa de los judíos que en el que se llamó Albaicín ó de los Alconeros, donde parece que se hospedaron unos cuantos yemeníes, guerreros de las invasiones árabes del siglo VIII. Estos estudios ó investigaciones, por más que no ofrezcan novedad, atendiendo lo mucho que se ha discutido y lo poco nuevo que se ha hallado para fortalecer una opinión justa sobre los primitivos castillos de Granada, se reducen á fijar los sitios designados en los planos con más ó menos aproximación, y á situar el primitivo castillo de Romanos entre las puertas de la Señoría y la de los Estandartes, demostrando que la segunda fortaleza de aquel lugar fué completamente de construcción sarracena, y que más tarde todavía, en tiempo de los Ziritas, se reconstruyó y continuó por la placeta del Cristo de las Azucenas, Aljibe grande, convento de San Agustín y cerca de San José ó Antigua mezquita, cuyos cimientos y argamasa es de la clase con que se fabricó lo que hasta aquí era conocido por Alcazaba Gidida ó nueva.

Otra muralla de esta parte de la población acaba de indicarnos el aislamiento desde su origen de aquellas fortalezas, demostrando la existencia de dos grandes suburbios que vinieron á reunirse desde el siglo XII en adelante. Esta está trazada á fragmentos muy visibles todavía sobre la calle de San Juan de los Reyes hasta el Zenete, abrazando el barrio de Badis y de los Morabitos; y quedan por consiguiente murallas de flanqueo y enlace en dirección de la Puerta de Elvira y hacia la casa de la Moneda y convento de Zafra, donde hubo una puerta y muros que señalan un cambio de dirección en la margen derecha del río de Darro, pasado el puente árabe que debió llamarse el del Cadí[159], y alineándose por un lado con la subida y entrada á la Alhambra y su Alcazaba, y por otro siguiendo la orilla hasta un puente que había por bajo de la puerta de Guadix.

Desde este punto los baluartes antiguos toman dirección hacia Generalife, cuyos _azuores_ no se terminaron, y otra al Nordeste, recinto de Don Gonzalo, que fué la más moderna muralla extendida hasta la torre del Aceituno, punto avanzado sobre el valle Mardanix que descendía por las Alcudias de Ainadamar y Aben Saad hasta la Puerta de Elvira. Por el Mediodía y Poniente sólo había un recinto murado que pasaba por medio de los barrios más poblados hoy de Granada, como se indica en el plano moderno de esta ciudad[160] y dividido en tres grandes departamentos: el de la Antequeruela, villa de los Judíos, y el del Centro y parte llana. Hubo proyecto y hasta se hicieron puertas en el último recinto que partía desde las Vistillas por la Loma de Abahul hasta Generalife, cuya cerca debía estar próxima á una mina que hay en dirección del Campo de los Mártires por el callejón del Caedero. Los muros todos medían por lo menos una extensión de 2.200 metros, flanqueados de robustas torres en número de 1.030, y 28 puertas principales de las que sólo quedan muy pocas; sus alturas variaban desde 5 á 9 metros, con el espesor desde 1,20 á 1,85. Las puertas, comenzando por la de Elvira, se nombraban en tiempos árabes y cristianos de esta manera[161]:

La de Elvira, (_Elveira Illiberis_) al final de la calle de este nombre porque por ella se tomaba el camino de esta antigua población, que debía hallarse á dos leguas de Granada entre Atarfe y Pinos.

Boquete de Darro (puerta de _Batrabayon_, según Nebrija), estaba en el sitio que hoy se llama Boquerón y que era su verdadero nombre.

De Oneider, de la Erilla, ó de Bibalunata, frente á la calle de San Jerónimo, cerca del altar mayor de la Colegiata.

Bib Almazán, que estaba junto á la Pescadería, aunque su verdadero nombre era de _Bibamazda_, puerta del Circo donde se hacen juegos, y de la Conversación.

La de Bibarrambla, en la plaza del mismo nombre; después de las Orejas y del Arenal, medio destruída el año 1873.

La Puerta Real, que existía en el siglo pasado, donde colgaron la cabeza de Aben Abó metida en una jaula, último caudillo de la rebelión morisca. Podía ser esta también la del Rastro.

La de Bibataubín ó de los Ladrilleros, cerca del teatro del Campillo, la cual existía todavía en 1808.

Puerta del pescado, _Bib-Lacha_ y también _Bib-Mitre_ y _Bebeltee_. Creemos que antes de ésta había otra, cerca de la torre del palacio de los Anxares (Cuarto Real).

Puerta de _Néched_ (de la Altura), en las Vistillas.

_Bibalfajarin_ ó puerta de los Alfareros, en el Realejo ó placeta de los Caños.

_Bib-Mauror_, según Aben Alhamar, y también puerta del Sol, para entrar á la villa de los Judíos y barrio de la Antequeruela.

Puerta de las Granadas, antes _Bib-Lauxar_.

Puerta de los Panderos, en la Carrera de Darro, ó _Bib-Adi-faf_, cerca del convento de Zafra, frente á la torre del Almací.

Puerta de Guadix baja, entrada á Albaida, al tomar la cuesta del Chapiz.

_Bib-Xomais_ ó del Solecito, de Guadix alta, llamada por Pedraza, Puerta del Sol, en el camino del Monte Santo, según Alasar[162].

Puerta de Fajalauza ó del collado de los Almendros.

Puerta del Albaicín y de San Lorenzo, que daba paso hacia el otero de Ainadamar, donde está la Cartuja y el mirador de Orlando.

Puerta de la Alacaba ó de la Cuesta; se halla en un dibujo grabado al final del siglo XVI, en el libro «_De Bello Granatense_», de Lucio Marineo Sículo, el cual representa la ciudad por el lado del Triunfo, y dos puertas en su fortificación entre la Merced y San Ildefonso; se ve en él también una fortificación antigua que ocupaba el actual convento de Capuchinos.

Puerta del León, _Bib-Leit_, _Elezed_, cuyos muros se observan en el Zenete.

_Bib-Alhazarin_ ó puerta de los Estereros, según Nebrija, cerca de San José y San Gregorio.

_Bib-Adan_, puerta del Osario, salida á un cementerio árabe.

_Bib-Albonut_, de los Estandartes, cerca de las Tomasas.

_Bib-Beiz_, puerta del Trabajo, según Mármol detrás de la iglesia del Salvador, hacia la calle del Moral y al final del callejón de San Nicolás.

_Bib-Siyada_, puerta de la Señoría.

Resultan veinticinco puertas cuya memoria ó testimonio se conserva, y además hay las de la Alhambra y Generalife que eran seis, cinco en la primera y una en el último. Estas son: una que había en el Carril donde hoy se halla la moderna que da entrada á los carruajes, y acaso se llamaba de _Yacub_, citada por Aljatib, sobre cuyos muros estuvo por largo tiempo expuesto el cadáver del príncipe Don Pedro; la del Generalife, que según una pintura del siglo XV estaba cerca de Fuente Peña, la de _Algodor_ ó de los Pozos, sobre el camino de la Sabica por donde salió Boabdil y además las citadas de la Alhambra.

Incluían las referidas murallas, en comunicación por medio de las mencionadas puertas, muchos barrios y _cudiat_ (alcudias) (oteros): El del Albaicín, por fuera de la más antigua alcazaba, el cual no era de origen árabe pues se remontaba á tiempos más antiguos; había fabricantes de paños entre sus moradores y muchos cristianos desde el tiempo de la conquista; el arrabal Blanco, hoy poblado de nopales y cuevas, ó barrio de Albaida, siempre habitado por gente pobre, y muchos judíos en tiempo de la dinastía granadina; el barrio de la Cauracha cubierto de preciosas casas de recreo, hasta San Juan de los Reyes, su antigua aljama ó mezquita de _Teibin_ (Mármol), más abajo el de _Hajariz_ encomiado por los poetas árabes, alrededor de la calle de San Juan y de la Victoria, con suntuosos edificios cuyos restos aún pueden descubrirse; los barrios de la Churra, Gomeres, Mauror, los Gelices en la Alcaicería, de los Judíos, de Cuchilleros, de Hatabín, en la plaza Nueva, del Zenete, tribu africana venida antes de los Nazaritas, los de Badis y de los Morabitos hacia San José y la Lona, y por último[163], los de _Haxbin Laxarea_ y otros no conocidos todavía. Para estos barrios había tres cementerios, dos ya citados y uno muy extenso nombrado de _Salh ben Malic_, en el Triunfo y Plaza de Toros[164].

Muchos eran los oteros y lugares predilectos de la población é imposible el referirlos. Contamos los más afamados, que son: el de Ainadamar, el de Aben Mordanix con cármenes y almunias suntuosas, donde el guerrero de este nombre aposentó sus tropas para socorrer á su suegro Aben Humush; el de los Anxares, el Jardín de la Reina, pasado el Puente de Genil, el Alcázar Said, de Abaul, Alixares, etc., etc.[165].

La última cerca que alcanza hasta la ermita de San Miguel la costeó Don Gonzalo Stúñiga, obispo de Jaén, por el año 1425, cuando fué hecho prisionero por los habitantes de esta comarca y pidieron por su rescate, que costease esta línea amurallada, para de este modo no volver á ser molestados por las correrías que los cristianos hacían en los alrededores de Granada.

Al lado de la puerta Bibataubín se hallaba un Fuerte árabe cuyos restos se ven todavía detrás del cuartel de la Carrera, el cual formaba parte de aquella alcazaba. Se atribuye su construcción á Mohamad Aben Alhamar, y á mediados del siglo pasado se cedió por el Real Patrimonio al Ayuntamiento para cuartel de caballería, en cuyo tiempo se hizo la obra que hoy se nota en la fachada, de tan mal gusto y caprichoso estilo, con columnas salomónicas.

El Torreón ó cubo que hay en el ángulo es una construcción como la de los _Siete Suelos_ con robustas almenas, y en todo él se cree hizo el primer Capitán general de Granada algunas restauraciones y fosos con baterías para cañones. Esta Puerta de Ataubín se llamaba también de los _Ermitaños_, y la explanada se denominaba _La Rondilla_, lugar frecuentado por gente picaresca, juglares y aventureros, hasta que por último se hizo odioso, porque en él se quemaron y empalaron á algunos, víctimas de las discordias religiosas y guerras civiles.

MONUMENTOS

DE

SEGUNDO ORDEN

GENERALIFE: Antiguamente existía la comunicación directa entre la Alhambra y este palacio, por la Puerta de Hierro y una senda angostosa que hay enfrente, abierta entre líneas de rojos murallones que se hicieron para sostener el terreno inclinado. Una puerta árabe primorosamente labrada de jáiras y alicatados, hoy en desuso, que se halla en el jardín bajo de este sitio de recreo, da paso, subiendo una estrecha escalera, al vestíbulo del dilatado patio que precede á las escasas habitaciones que conserva de los tiempos agarenos.

Se dijo que el Generalife fué mandado construir por el príncipe Omar, cuya vida, sabido es, fué un puro deleite. Así lo hemos creído hasta muy recientemente que se ha presentado un berberisco con documentos árabes bastante comprobados, en los que aparece que esta casa había sido construída por un cautivo, al cual se la arrebató el Sultán traidoramente para su recreo y esparcimiento. La fundación será, pues, del tiempo de los Zeiritas, á juzgar por estos antecedentes.

La palabra Generalife ha sido interpretada como _Casa de placer ó de recreo_, _Jardín de la Alegría_ y _Huerta del Zambrero_, por los festines que en este sitio se celebraron[166]. La naturaleza domina en él y el arte en la Alhambra, ha dicho Washington Irving, y esto es tan verdad, que aunque se hallan á cada paso vestigios del arte mahometano, el que lo visita se inclina con preferencia á mirar desde sus corredores ó pasillos el hermosísimo panorama que ofrece la Alhambra en su conjunto, contemplada casi á vista de pájaro. La puesta del sol en los días de invierno, cuando el horizonte se cubre de trasparentes púrpuras, hace encantador este sitio, desde el cual se divisan tres términos panorámicos, igualmente sublimes: la Alhambra y su recinto en primer término, la población con sus huertos y torres en segundo, y en el fondo la vega almenada de remotas montañas bañadas de tornasoles.

Aparte de su deliciosa situación y de los jardines cuidadosamente asistidos, es deplorable que continúen cubiertos de cal los preciosos arabescos de la galería y pórticos, y que no se haya hecho más que una ligera restauración en la espaciosa antesala cuya estructura es tan hermosa y elegante. El antiguo mihráb, hoy capilla, el pórtico de cinco arcos de gusto decadente, la galería citada, la _tarbea_ del centro y algunos esparcidos detalles de las torres y pasadizos, dan completa idea de un monumento donde la minuciosidad destruyó la grandeza, y en el que prolijos y delicados adornos entretienen la monotonía de un claustro rebajado y poco esbelto, semejante á los de las construcciones subterráneas de los panteones siriacos.

Frente al eje central de todo el edificio por donde corren aguas abundantes, y pasados el pórtico, el vestíbulo y nave trasversal, hay una preciosa torrecita algo modificada en su carácter, desde la cual á derecha é izquierda se entra en dos salas sencillas, adornadas con numerosos retratos más ó menos interesantes y en su mayor parte copias.

En una se hallan los de Aben Hud Almotuakel, rival de Alhamar I, y tronco de una estirpe de donde descienden todos los demás personajes que aquí se representan. El de Aben Celim, infante de Almería; el de Cid Hiaya, nieto de Jusef, bautizado en Santa Fé por los Reyes Católicos con el nombre de Don Pedro de Granada; el de su hijo Don Alonso I y su esposa Doña Juana Mendoza; el del hijo de éstos, Don Pedro II; el primogénito de éste Don Alonso II, el descendiente Don Pedro III, y el de Doña Catalina de Granada que casó con Don Esteban de Lomelín.

En la otra sala están los retratos de los Reyes Católicos, los de Doña Juana y Don Felipe el Hermoso; los de Felipe II é Isabel de Portugal, esposa de Carlos V; los de Felipe III, Felipe IV, mujer de éste, y el de una dama; el del Gran Capitán, aunque en nada parecido á los que conocemos de este personaje; y cuadros de armas, de carabelas y cartas genealógicas. Repasando por las habitaciones moriscas, debemos ocuparnos de algunas de sus inscripciones, no haciéndolo de todas, porque muchas son motes y salutaciones piadosas que hemos hallado en la Alhambra.

En un friso de la entrada junto al techo de la galería, hay en caracteres africanos una sura del Korán, la 48 desde el vers. 1.º hasta el 10.

En la faja ó recuadro de los arcos, una poesía en metro kamil que dice así:

«_Este es un alcázar de incomparable hermosura en que resplandece la grandeza del Sultán_».

«_Gratas aparecen sus excelencias, brillan sus flores y derraman las nubes de la liberalidad su lluvia_».

«_En sus costados bordaron los dedos de los artífices dibujos semejantes á las flores del jardín_».

«_Su estrado se parece á la esposa que se presenta ante la nupcial comitiva con su belleza tentadora_».

«_Suficiente nobleza de alto precio tiene, si le prodiga sus cuidados el clemente kalifa_».

«_El mejor de los reyes, Abul Walid, el temeroso de Dios, de lo más selecto de los reyes de Cahtan_[167]».

«_El que siguió las huellas de sus puros abuelos, los Ansares_[168], _lo mejor de la estirpe de Aduan_».

«_Correspóndele (á este alcázar) de parte del kalifa una preferente atención, por cuyo influjo se renovaron las bellezas de sus artificios y construcciones_[169]».

«_En el año de la victoria de la religión, y del triunfo que ha sido en verdad una maravilla de la fé_[170].»

«_Jamás deje de permanecer en perpetua ventura entre la luz de la recta senda y la sombra de la fe_».

La planta del patio largo es puramente de la época primera que se descubre en Córdoba, Sevilla y Toledo. Así, pues, la suposición de que Omar Al-lahmi construyera á Generalife, debe estar fundada en que hizo alguna reconstrucción como la que se cita.

Luego hay otras inscripciones alkoránicas (sura 2.ª, vers. 256) y algunos vestigios de un poema que cita Echevarría; pero hoy están tan mutiladas, que no se han podido traducir con verdad.

Subamos al patio de los Cipreses, donde nada hay artístico, pero se halla en él aquel famoso ciprés de la sultana calumniada por los caballeros rivales de los Abencerrajes, trágicos amores de Aben-Amet, el cual, dícese, fué sorprendido por el rey cuando se hallaba en libianos amoríos, según hemos referido en otro lugar.

Más arriba se vuelven á ver jardines y una preciosa bóveda de laurel, hasta llegar á las glorietas llamadas el camino de las Cascadas, todo lo cual hallamos casi en la misma forma que nos describió Mármol en el siglo XVI.

Después hay un mirador moderno, de mal gusto, pero de vistas excelentes[171].

SILLA DEL MORO, DARLAROSA, LOS ALIXARES Y CONTORNOS.--Saliendo por el sitio más alto de Generalife se ve primero el acueducto que surte la Alhambra con las saludables aguas del río Darro. La altura que alcanzan éstas, tomadas del río á poco más de legua y media de distancia, demuestra la inclinación que tiene el lecho de aquél en tan poco trecho. Más altos, en la misma montaña, hay indicios de haber existido otro acueducto que surtía por medio de norias los palacios de los Alixares, Darlarosa y otros.

Del lado de las tapias de Generalife se hallan restos de murallas, cimientos, albercas y aljibes, donde aún se conservan los nombres de Peinador de las Damas, Palacio de la Novia, Albercón del Negro, etc.

Subiendo al cerro á cuyo pie están construídos estos notables vestigios, se ven los cimientos de un fuerte llamado hoy _La Silla del Moro_. Á alguna distancia, siguiendo la cumbre, se encuentran muros de baluartes y torres con un profundo pozo construído de arcos de ladrillo, por cuyo fondo se hacía pasar el agua de la acequía ya citada, y más alla está el _Aljibe de la Lluvia_, que es una buena construcción hecha para recoger las aguas de las vertientes, donde se hallan restos de estanques y edificios, con azulejos y mármoles esparcidos en la tierra.

Toda esta montaña tenía el nombre de Cerro de Santa Elena hasta el barranco de las Tinajas, donde en tiempo de los árabes se construían alcatruces ó tubos de arcilla cocida, de los que se han conservado muchos todavía en nuestro tiempo. Al lado de un albercón y cerca de la noria de 160 pies de profundidad, situada en lo alto de la montaña, es donde suponen los cronistas la existencia de un palacio árabe, con jardines suntuosos y preciosas estancias. No hay datos positivos para asegurar ni para negar este supuesto, que ha llegado hasta nosotros por tradiciones más ó ménos verosímiles de los últimos momentos de la dominación agarena; sin embargo, no dudamos que existía en este sitio, entre la Silla del Moro y el Aljibe de la Lluvia, el Palacio de Darlarosa. Hemos seguido, acompañados de nuestro ilustrado amigo el Sr. Eguilaz y de otras personas dignas de crédito, un sendero que sirve de división ó término de un trazado á la espalda de la Silla del Moro, en la dirección de la Noria, y hemos visto copas ó macetas para flores, tejas y ladrillos de fabricación morisca que no pudieron traerse á este elevado paraje sino para adornar un sitio de recreo. Llegamos, subiendo ligeramente, á un estanque de cuarenta y cuatro pasos de largo y nueve de ancho, con unas cuatro varas de profundidad y muros de siete pies de grueso. Uno de los cuatro lados está derruído y sus fragmentos han servido para construir otros cimientos que se cruzan con los antiguos. Algunas ligeras excavaciones nos han descubierto otros pedazos de muros quebrantados, un conducto de agua y millares de ladrillos, algunos de ellos esmaltados por sus aristas. No dudamos, pues, de la existencia del Palacio de Darlarosa y del cultivo de todas estas montañas, pero al mismo tiempo estamos persuadidos de que en la conquista debía hallarse casi abandonado y tan ruinoso que no llamara la atención de los conquistadores.

En tiempo de las rebeliones de los moriscos, los soldados de Don Juan de Austria se albergaron en las ruínas citadas para aguardar á los rebeldes, y más de una vez fueron éstas testigos de horribles algaradas.