Part 20
Levantando parte de la solería de la capilla contigua á esta entrada, hemos visto cimientos de obra árabe, que debían constituir en esta estancia uno ó más cuartos de recepción, donde estaban las dos salitas pintadas de azul y oro que cita Mármol, y por las cuales se pasaba á las dos _chemas_ ó mezquitas, cuyos restos se ven hoy todavía[149]. Todo lo cual se confirma por el _octuwan_ que hay entrando por la puerta antigua al patio nombrado hoy de la Mezquita, por las formas de sus fachadas, el alero, el corte de los muros y el movimiento de los tejados para derramar las aguas; datos interesantes que justifican la existencia del Mexuar, del cual formaba parte el referido patio abierto de Machuca.
En 1526, Navajero describe el patio del Estanque como el primero que encuentra, y Mármol nos explica un patio más pequeño con dos salitas muy decoradas y una fuente que debía abastecer las demás del palacio. En una de estas salas, dice, daba el monarca, según costumbre mahometana, audiencia á sus súbditos. De modo que se entraba, según dicho autor, por muy cerca de la sala de Embajadores, que cita como la primera que visitó, la principal. Este patio pequeño no puede ser otro que el llamado hoy de la Mezquita, por no haber local donde suponerlo, pues la inclinación del terreno adquiere aquí de repente un desnivel de cuatro metros y no deja lugar para poderlo trazar en ningún otro lado. Entraron, pues, aquellos viajeros, por nuestra antigua puerta á ese pequeño patio, en el que había una fuente y dos salas pequeñas á uno y otro lado, en las cuales se administraba justicia.
Sobre el lintel de esta antigua entrada hay una inscripción tallada en madera, que dice así:
«_Oh tú, auxiliador del trono excelso y guardián de su figura ó maravillosa construcción, abre la puerta esplendente y hermosa por la obra y por el artífice para la alegría del imán Mohamad. Cúbralos á todos Dios con sus favores_».
Cuya leyenda revela harto bien el importante objeto de esta entrada del antiguo palacio.
Desde fines del siglo XV hasta principios del pasado se entró á la Alhambra por este paraje, con la sola diferencia de que después de colocado el altar de la Capilla, á principios del XVI, se siguió ingresando por una puerta inmediata que existe más pequeña en el vestíbulo mismo donde sitúa la grande, resultando así una porción de estrechos é irregulares callejones que era necesario atravesar para introducirse en la casa de los sultanes, como refiere Hugo de Cesárea que vió cuando fué al Cáiro á visitar al emir, donde halló muy estrechos y sinuosos pasadizos, poblados de guardias y esclavos, antes de llegar á los anchos patios y pórticos, y como se cuenta también de los palacios de Javarnak y de Sedir en el Hiram.
Todavía en nuestros tiempos, y según relatos de los viajeros de Persia, los palacios de origen sasanida aparecen completamente velados en su exterior por una multitud de pequeños y mal ataviados edificios, entre los que nadie puede sospechar que se guarde la entrada de los lujosos aposentos que habitan los monarcas.
Patio de la Capilla.
Entrando en más detalles sobre este departamento que ocupa la parte más antigua del palacio, existe el patio casi cuadrado que tiene en un lado el testero de las dos puertas, guarnecidas de azulejos después de hecha la obra antigua, y coronadas de un frontispicio alintelado de dovelas estriadas. Sobre un ancho friso de _agemías_ hermosamente distribuídas había dos _mikkah_ ó tragaluces con una ventanita central entre ellas, tapadas hoy y ornadas con la inscripción africana, que es una sura del Korán. El arco de este nicho es único en su clase; sobre él descansa una cornisa de colgantes y encima avanzan gradualmente moldurones de una gran escocia, también única en los monumentos árabes de todos los tiempos, la cual termina en un alero de madera admirablemente labrado del más exquisito trabajo; el todo conserva colores primitivos bajo el rojizo tono de su ancianidad.
Es una decoración completa que tenía sus puertas chapeadas con clavos dorados y cintas de bronce, de las cuales se conserva una en el Museo; celosías en las ventanas, ajimeces y basamento de jáiras de colores con alfreizares de mármol, de los que hay uno doblado por la presión de sus extremidades, con la misma elasticidad de un pedazo de madera.
Obsérvase en esta decoración algo de la arquitectura de la puerta del alcázar de Sevilla, reedificada por Don Pedro, y semejanza con las de las épocas de los primeros kalifas de Córdoba y Toledo; lo que nos obliga á asignarle mayor antigüedad, suponiendo que cuando se construyó daba frente y se descubría desde sus ventanas el río Darro, hasta que pocos años después se hizo el otro edificio de enfrente, cuyo ornato es distinto.
En el friso de madera, bajo el alero, hay una inscripción en cuatro tarjetones, que hemos copiado y que traducida dice así:
«Mi posición es cual una diadema. Mi puerta es para un lugar culminante. Imaginan las comarcas occidentales que en mí se halla el lugar donde el sol nace».
«Yo contemplo su aspecto semejante á la luz de la aurora en el horizonte».
«Algani bil-lah me dió el encargo de abrir la puerta».
«Haga Dios de esta obra un beneficio para el sultán como lo hizo bueno en figura y carácter[150]».
Enfrente hay tres arcos de aspecto tan igual al de la obra del patio de la Alberca, que podemos asegurar fueron levantados cuando aquél; lo cual indica que entre la construcción de la entrada que hemos descubierto y del citado patio de la Alberca, pasó un período á lo menos de cincuenta años, y que el referido testero de las dos puertas fué hecho frente á la muralla del Bosque, delante de una pequeña explanada. Después se labró la puerta antigua para dar entrada al patio de Machuca y la Mezquita, con cuyos edificios quedó encerrada la más antigua fachada del palacio.
Nótase un arco sencillo, forma de herradura, que hay delante de la fachada de los tres arcos; éste fué hecho en el año de 1522, con el intento de apoyar un suelo de cuadrado cuyo peso no fiaron á las dos delgadas columnas sobre que descansan aquéllos.
Las dos columnas tienen de notable que sus capiteles son tan raros como los del templo Jain de la India, ó los de los baños árabes de Cefalú en la Arabia; su forma extraña y caprichosa obedece á dos inspiraciones: una siriaca y otra greco-romana[151].
En el centro de este patio había una fuente más elevada, y pasando el intercolumnio se encuentra una pequeña sala que fué reedificada después de la conquista, como lo indica su techo, y en su centro se abre una ventana con trazas góticas, que debía servir antiguamente de puerta de la torre que pudo ser destruída con motivo de la construcción de la de Comareh.
La Capilla.
En el patio anterior hay una puerta moderna, que da paso á la Capilla que pudiéramos llamar mudéjar, porque se reconstruyó en 1537 y se hicieron sus mosáicos por Antonio Rojas, obra primorosa con escuditos alhamares y del primer alcaide cristiano. En aquella reconstrucción se rebajó el pavimento y se aprovecharon tres techos de ensambladuras, haciendo de nuevo los demás y todos los plafones y emplanchados. Su estructura primitiva debía ser á semejanza de la sala de las Camas, más alta del techo en su centro y con tribunas y menacires.
El altar es una composición de mal gusto, de piezas de mármoles que han debido servir para otro objeto muy distinto. Parece que formaron parte de una gran chimenea que se hizo para las habitaciones del Emperador, con otras que ya hemos citado de la sala de las Ninfas.
Por debajo de la tribuna se entra en una pequeña estancia cuyo destino no habría sido fácil explicar, si no se hubiera conservado un arco y un nicho del género que siempre emplean los musulmanes como _Kihblah_ ó santuario de sus aljamas, y del que hay muchos ejemplos en todas partes; cosa bastante singular, porque parece que desde la construcción de la Gran Mezquita de Córdoba todos los que se hicieron después en España y Africa fueron imitados del arco de herradura adovelado por dos curvas excéntricas, cuya forma aparece original y digna de estudio; y hasta la época más moderna ha continuado la tradición en Marruecos, donde los nichos sagrados en que se guarda el libro koránico tienen allí esta forma. Tanto su disposición como el nombre dado á este cuarto por varios historiadores, además del no menos importante dato de la dirección de los muros ó paredes de Oeste á Este y la situación del nicho perfectamente orientado, son testimonios más que suficientes para suponer que fuese la pequeña Mosala al-aidi ú oratorio[152] del palacio, levantada, como ya hemos dicho, en uno de los ángulos del patio llamado luego de Machuca.
Hemos intentado hacer más indagaciones en este aposento y han dado por resultado nuevos vestigios de arcos y relieves antiguos, los cuales subsistían bajo una gruesa capa de yeso, con la cual los habían cubierto en épocas cristianas. Su pavimento ha sido también rebajado como el de la anterior capilla y nótase la puerta que lo tuvo en comunicación con un estrecho pasadizo, que conduce á la Torre de los Puñales y á la parte arruinada del referido patio de Machuca, en cuya torrecita, muy ruinosa, se nota el techo antiguo, compuesto de pequeñas _alfargías_, y en un costado las señales de tragaluces de arco redondo donde habría _agemías_ caladas.
Es éste un pequeño cuarto con ornamentos preciosos, diferentes de los del alcázar y con una ancha ventana en su testero principal, donde había una especie de mirador ó _menacir_ de madera, cubierto de celosías, como las que se ven en el Cairo, y de las cuales quedaban todavía muchas en Granada á principios de este siglo. Del otro lado de la torre continúan los pequeños cuartos reservados que servían de viviendas, los cuales terminan con la muralla, en la puerta del Bosque.
Como se observa, desde esta torre se bajaba á un enclaustrado de arcos, hoy cubiertos, que hacían un frente del gran vestíbulo á que nos hemos referido en los últimos párrafos.
Concluye aquí la descripción del más interesante alcázar mahometano que se ha construído.
Palacio del Emperador Carlos V[153].
En el centro de la Alhambra se pensó levantar hacia el año 1526 el Palacio del Emperador Carlos V. Para establecer su ancha cimentación en un paraje de los más estrechos que ofrecía el conjunto de baluartes, y que estuviera en relación al mismo tiempo con el palacio viejo de los moros, fué necesario destruir una porción de casas árabes que se encontraban en esta pequeña y antigua población morisca, á la cual se entraba por la puerta del Vino, las cuales se demolieron para hacer este palacio, hermoso y bello en cualquier otra parte que se hubiera edificado, pero no tanto entre estos vestigios oriundos de una civilización completamente extraña á las luces y al movimiento intelectual del siglo.
Carlos V vino á Granada desde Sevilla buscando los recuerdos halagüeños del reinado de Doña Juana, en cuyo tiempo se consideraba este sitio como uno de los más frescos y saludables de Andalucía en la estación de los grandes calores; y extrañando que la corte española se hubiera hospedado en los aposentos de los moros, sin dejarlos de admirar y recomendando su conservación, mandó construir este palacio, encargándolo á artistas especiales y dotándolo de rentas suficientes. Los moriscos pagaban 80.000 ducados entonces, porque les permitieran sus usos y costumbres y por conservar trajes y ceremonias que les era difícil abandonar; de ellos destinó 10.000 para su obra, que se pagaban anualmente, añadiéndole 6.000 de las rentas del alcázar de Sevilla, y el importe de las penas de Cámara de los corregimientos de Granada, Loja y Alhama.
Desde algún tiempo eran innumerables los artistas que, procedentes de Italia, hacían en España, la mayor parte de las obras, los cuales consideraban el arte ojival como bárbaro, y se inclinaban decididamente al greco-romano, copiando sus majestuosos edificios, dotándolos de mayor riqueza de ornamentación y dándoles ese sentimiento pagano que irremisiblemente habían de ostentar. Debía pues, ser este palacio uno de los más ricos y suntuosos que se construyeran en España, rivalizando con el decantado arte traído por los vencidos musulmanes, y era preciso coronar la Alhambra de las glorias del Emperador para que se olvidaran las grandezas del pueblo árabe. Así se hizo con toda la posible arrogancia, derribando cuanto se oponía, hasta que aparentemente desapareció el carácter distintivo del baluarte musulmán[154]. Se buscó la inspiración en el palacio florentino, en la iglesia de Pisa, en Santa María la Mayor de Roma y en el patio del palacio viejo de Arnoldo di Lapo. Su estilo tiene toda la rigidez del panteón, toda la regularidad académica de San Juan de Letrán, toda la exactitud y proporciones de los entablamentos romanos; pero carece de la uniformidad que aquéllos guardan en la colocación de sus órdenes, y se resiente de la influencia del ornato á expensas de las proporciones de sus apilastrados y cornisamentos. Sin embargo, este edificio había de ser en España una preciosa joya sin rival, por la delicadeza de sus dibujos y refinamiento de sus esculturas.
La falta de unidad se nota en la contraposición de estilos que ofrece el primero y segundo cuerpo, pues mientras aquél tiene los modillones robustos de una construcción toscana poco delicada, el segundo es del orden jónico con todas las galas del renacimiento en los tímpanos y molduras, coronado por un cornisamento dórico de hermosa ejecución; y esta diversidad de contrastes está limitada en las portadas de los centros, donde hay uniformidad y clasicismo en el primero y segundo cuerpo, indicando que artífices de muy diverso gusto construyeron el edificio, y que su elaboración se prolongó más de sesenta años. Según los datos existentes en el archivo, si bien fué el año 1526 aquel en que se empezó á construirlo, no aparece la obra en ejecución hasta mucho después, habiéndose empleado largo tiempo en la cimentación que dirigió Pedro Machuca y su hijo Luis (1529), en cuyo año murió; continuando los trabajos bajo la dirección de Juan Orea y Juan de Mijares, hasta Pedro Velasco que se encargó de las obras en 1583. Y no se puede fijar la sucesión exacta de sus directores, porque se encuentran documentos firmados por Nicolás de Corte y Mijares, quienes en 1545 el primero y 1588 el segundo, lo mismo dirigían las obras, que se ocupaban de hacer esculturas, pues los arquitectos de aquella época eran decoradores de origen, al par que grandes prácticos que se encargaban indistintamente de la edificación y del ornato.
La planta cuadrada tiene 220 pies de lado y la altura es de 60, en dos cuerpos. En ambos hay un sistema de apilastrados, entre los cuales quedan los huecos de balcones, claraboyas y tímpanos adornados de esculturas como vasos griegos, guirnaldas de granado, esfinges y tarjetones, obras hechas todas por Morell y Juan de Vera.
En los centros de las fachadas de Poniente y Sur se levantan dos pórticos hermosamente labrados en mármoles de diversos colores, entre los que se notan la piedra serpentina de Sierra Nevada, sin rival por su hermoso color, los blancos de Macael manchados de rojo que hay en los medallones, y los pardos finos de la inmediata Sierra de Elvira. En la puerta cuadrada del centro, sobre el frontón, se ven hermosas figuras recostadas, encima, medallones con cuádrigas y caballeros armados á la flamenca, y sobre los tres balcones del segundo piso, tres medallones labrados por Pedro de Ocampo, escultor sevillano, los cuales representan, uno el escudo real de España, y los otros escenas mitológicas de los trabajos de Hércules. Son admirables en este lado las batallas de bajo-relieve hechas sobre los netos de los pedestales, cuyo croquis publicamos, y las famas ó glorias alusivas al dominio de ambos mundos que hay en otros, las cuales hizo Antonio de Leval en la cantidad de 145 escudos cada uno, suma insignificante que en nuestros tiempos equivaldría á 700 escudos á lo menos. Al mismo se atribuyen los estilobatos, según documento que existe en el archivo, reclamando su valor. Los citados espejos de Hércules costaron 430 escudos; y los escultores Salazar y Pablo de Rojas hicieron las estatuas por la suma de 185 escudos[155]. Entonces se pagaba por la talla de cada una de las cartelas de la cornisa con el florón y cubierta de cada entrecán, la cantidad de 28 rs., según ajuste que firma Juan de Mijares, encargado de estas obras el año 1588.
En la otra portada del Mediodía hay menos clasicismo greco-romano, y su composición es una obra de renacimiento con esculturas más fantásticas y menos perfectas. Cuatro columnas jónicas sostienen el cornisamento, en cuyo friso se lee: _Imperator Cæsar Car. V_, y en los costados de los pedestales, sobre los que descansan leones sin concluir, se ven trofeos de las guerras contra los árabes, muy interesantes para los estudios arqueológicos.
En su segundo cuerpo hay un pórtico de tres ventanas arqueadas, y en las enjutas se hallan labradas ninfas alegóricas á la historia, escribiendo sobre anchas tablas de mármol. En los netos se ven figuras triunfantes de la mitología, centáuros y escenas paganas, como el robo de Anfitrite por Neptuno, las columnas de Hércules, etc., obras todas de los citados Morell y Juan de Vera.
Hay alguna irregularidad en la distribución de ventanas de la fachada de Poniente, lo cual está demostrando que el que hizo el proyecto primero de esta decoración no pudo terminarlo y que los artistas posteriores al año 1564, en cuya época no estaba hecho más que el primer cuerpo, proyectaron después la fachada del centro, y no pudieron arreglarse á los ejes de la construcción primitiva. Lo mismo puede decirse de los muros trasversales interiores, que en lugar de resultar adosados á los mazizos resultan algunos en los claros de los balcones, para cubrirlos sin duda con ventanas fijas de madera que no llegaron á colocarse.
También llamamos la atención hacia los agujeros que hay en el primer tercio de las pilastras almohadilladas, donde estaban clavados los manillones de bronce que se guardan hoy en el pequeño museo del Palacio árabe.
En el ángulo de estas dos fachadas descritas se ve el arranque de un arco que debió construirse para separar la plaza de los Aljibes de la de los Álamos, y constituir en la primera la plaza de Armas haciendo un gran arco de triunfo que quedó en proyecto.
El interior de este edificio ofrece una singular composición reprobada como regla general en el arte de construir. El círculo inscripto en el cuadrado deja cuatro irregulares estancias triangulares que no pueden servir de nada, y aunque aquí se ha aprovechado una de ellas con la escalera principal del palacio, las otras quedan como huecos ó rincones que afean la distribución. Aparte de estos defectos, tiene el patio tan imponente decoración, á causa del cenador circular apoyado sobre treinta y dos elegantes columnas dóricas que sostienen la bóveda en dirección anular, que nos recuerda los magníficos pórticos de la vía Flavia en Roma. Sobre el primer enclaustrado se alza la galería de orden jónico, ceñida por un anillo tallado á dovelas de lintel plano, en las cuales se halla incluído el arquitrabe, friso y cornisa, tan admirablemente unidos, que sin ser entibado este círculo de piedras por ninguna fuerza exterior contra su centro, se ha sostenido durante cuatro siglos sin descomponerse ni que se rompa ninguno de los bloques de la curva.
Todas las demás decoraciones se reducen á los conocidos apilastrados y entablamentos, nichos para colocar estatuas, frontispicios, basamentos y cuantos detalles desarrolla el estilo modulado de esta conocida arquitectura.
La escalera citada ocupa el ángulo Sudoeste, y no tiene más mérito que la magnitud de los peldaños y las bóvedas hornacinadas que trazó Francisco de Pontes, otro de los artistas que se ocuparon en estas obras.
En el ángulo de la planta que mira á Oriente, hay un departamento de forma octogonal y muros de mayores dimensiones, que se destinaba á Capilla del Palacio, y debía cubrirse, según el proyecto, con una bóveda semi-esférica. El suelo de este pabellón se halla sobre una bóveda subterránea, á la cual se entra por el patio del Estanque, y ocupa el terreno que ya hemos estudiado, por donde se extendían las habitaciones que llamaron de invierno en el Palacio árabe, las cuales no pueden indicarse en el plano, porque han desaparecido hasta los cimientos.
En el grueso de los muros y en la forma octogonal ya descrita, hay dos escaleras de las llamadas de caracol, que desde la bóveda subterránea suben hasta el cornisamento del edificio.
Aparte de las imperfecciones de distribución que tiene una obra hecha por diferentes arquitectos, siempre es admirable en el mecanismo de la construcción, el desarrollo de entibaciones y el ajustado corte de piedras. Sus esculturas carecen por regla general de buen dibujo; pero abundan en delicadeza de trabajo, fantasía y riqueza de detalle. Las superficies de los muros están generalmente revestidas de la fina piedra calcárea de Escúzar, y por dentro de la de Alfácar, más dura y grosera. Las columnas y galerías del patio, son de piedra conglomerada, vulgarmente almendrilla, que es muy bella y se trabaja difícilmente.
Hacia el año 1590 se hallaban todavía sin labrar la mayor parte de sus esculturas, y nosotros dudamos si este edificio llegó á cubrirse definitivamente, pues aunque á principios del siglo XVII se hallaba reunida en los almacenes de la Alhambra toda la madera que se había traído con este objeto de los pinares de Segura, en tal caso, creemos que sólo el anillo del corredor circular llegaría á cubrirse.
Por último, los mejores artistas de la época, como Juan de Cubillana, entallador, en 1560, Juan del Campo, en 1565, Landeras, en 1584, Núñez de Armijo y los Machucas ya citados, Ocampo, Leval, Baltasar, Godíos y otros que hemos tenido ocasión de mencionar, tomaron parte en la ejecución de las obras, con sueldos que variaban de 130 á 200 maravedís diarios, según consta de los legajos del archivo.
Pilar del Marqués de Mondéjar.
Fué construído de orden de este segundo Alcaide, según consta del archivo y lo indican los escudos esculpidos en la caliza de Sierra de Elvira, sobre el paraje donde se hallaba el repartimiento de aguas de los barrios de Gomeres y Churra.
Aunque simple en su composición, por hallarse adosado á una muralla que en lo antiguo cerraba delante de la puerta Bib-Xarca, y continuaba luego á enlazarse con el camino de circunvalación de la torre de las Cabezas, es muy bello en sus detalles escultóricos. Está situado en el final de la cuesta ó camino único que desde el barrio de Cuchilleros y cuesta de Gomeres conducía entonces á la Alhambra, paso frecuentado durante cuatro siglos, hasta que se abrió el del centro de la Alameda en 1831. Por las inscripciones, se ve que fué dedicado al Emperador; tiene hermosos adornos del renacimiento sobre sus cornisas, y tres rosetones con cabezas cargadas de frutos, alusivos á los tres ríos que pasan por esta ciudad. Se empezó á hacer en 1557, y aun quedaba algo por concluir en 1624. Sus cincelados son del escultor Alonso de Mena, y algunos van desapareciendo, particularmente donde están esculpidas escenas mitológicas de notable primor. La traza general es el greco-romano del renacimiento, poco esbelto y gallardo, pero propio para el lugar y objeto á que se destinó. En nuestro tiempo han restaurado algunas esculturas decorativas de uno y otro lado del segundo cuerpo, que se confunden con las antiguas.
Los dos últimos monumentos que hemos mencionado de estilo tan diverso del árabe, forman ya en el número de los nobilísimos que se alzaron en este mágico recinto, y por eso no nos podíamos dispensar de citarlos ligeramente, antes de abandonar los tan preciados de la dominación agarena.
Cercas antiguas de Granada, puertas y alcazabas.