Part 19
Hasta recientemente[144] se ha ignorado el asunto de estos cuadros, y hoy podemos asegurar que representan la empresa contra Túnez, que acometió el emperador Carlos V, y que fué para él tan victoriosa en aquellos momentos, como luego desgraciada. Efectivamente, aquella notable expedición contra Barbaroja para salvar al Bey de Túnez, espantó á toda Europa, creyéndose que con 400 buques y 40.000 combatientes, se podría conquistar el África; y dice Ortiz de la Vega: «Carlos se hizo á la vela y entró en el golfo de Túnez á 16 de Junio de 1535. Desde el tiempo de los romanos, no había surcado aquellas aguas una tan fuerte y numerosa escuadra».
Uno de los cuadros representa la salida de la escuadra, viento en popa, del puerto de Barcelona, y otro la llegada al golfo que forman el Cabo de Ras-Adar y el Cabo Farina, á mano izquierda el Zafrán y á la derecha el de Cartago, notándose las ruínas de esta ínclita ciudad en casi todos estos cuadros, que principalmente representan el fuerte de la Goleta y la ensenada de Túnez.
En otro, se ve la lengua de tierra que cierra la entrada del golfo, en la cual se dió el primer ataque para tomar la atalaya y torre del Agua, y se percibe el orden de combate formado por las carabelas y galeones, y el desembarco que se verificó muchas veces para tomar la posición. En otro lado se ve el asalto á la Gaeta, que tan caro costó, notándose bien las baterías, las formaciones de lanceros desembarcados, el incendio de los baluartes y la entrega que hicieron los cautivos del principal de ellos, que dió el triunfo al emperador, el cual fué tan caro y sangriento, que sus soldados degollaron á la mayor parte de los habitantes de Túnez, saquearon la ciudad, y por temor á Barbaroja tuvieron que volverse á Italia, dejando expuestas á la venganza de éste gran pirata las Baleares, para que fueran arrasadas por él.
Pacheco, en su _Arte de la Pintura_, y Palomino en sus biografías, aseguran que fueron Julio y Alejandro los autores de estas pinturas y de otras del palacio. En los tiempos de Juan de Udino no se citan tales nombres, pero es lo cierto, que antes de 1533, se encontraba Aquíles en Valladolid, nombrado por Alonso Berruguete para tasar un retablo, y que luego vino á Granada con su mujer, y bautizó un hijo en Santa María de la Alhambra[145] en 1545; por último, en 1624, con motivo de la venida de Felipe IV á Granada, se restauraron muros y pinturas de estos lugares, que se dice habían sufrido desperfectos por el incendio de la casa del polvorista (1590), cuyas restauraciones se atribuyen á Raxis, Pérez y Fuentes.
Sala de las Camas y baños.
En el patio del Estanque, y en el costado largo de la derecha, hay una puertecita que se hallaba tapiada y nosotros hemos abierto, con una escalera soterrada, del tiempo de los árabes que conduce directamente á la sala de las Camas. Antes de bajar por ella se hallaba á la izquierda un _megle_ ó pequeño aposento, con un pórtico de dos arcos apoyados sobre una columna, cuyo notable capitel se encuentra hoy en el museo del Alcázar, donde también existen algunos restos de azulejos cuadrados del mismo sitio. La que describimos era la verdadera entrada de los baños, cuya obra es también del tiempo de Abul Hachach, á la mitad del siglo XIV. Se entra también á ellos por un embovedado que pasa debajo del patio del estanque y comunica con el de la mezquita; y así lo hallamos ya en las descripciones del año 1526, donde se dice que estaba en comunicación con la sala de las Dos Hermanas y el harem; lo cual es cierto, porque hemos hallado restos de escaleras inmediatas al último cuarto de los baños.
La sala de las Camas tiene dos divanes y cuatro puertas; una especie de tribuna ó corredor con antepechos; un cuarto _alhamí_, especie de morada oculta de alguna favorita, y las tribunas donde se juntaban las odaliscas á recitar las kasidas, y á cantar y tañer instrumentos de cuerda, mientras pasaba el sultán las horas de reposo.
Sufrió modificaciones importantes desde muy antiguo, hasta la última del año 1827, que le hizo perder un cuerpo más alto que tenía, guarnecido de ventanas caladas. Nosotros la hallamos así el año de 1848. Importaba mucho á nuestro juicio que este misterioso cuarto, quizá el de más carácter oriental, no se acabase de perder, y en él puede decirse que hicimos los primeros ensayos de restauración.
No era nuestro propósito llevar las restauraciones hasta el caso de pintar y dorar con la exuberancia que lo hicieron los árabes; porque sostenemos con respecto á la restauración de las obras de arte la opinión, de conservarlas hasta donde sea humanamente posible, y después que la obra se cae rota ó pulverizada, reponerla, cubriendo el hueco con otra semejante, para que la nueva sujete á la antigua que se halla expuesta á desaparecer también.
Esta teoría es aplicable en absoluto á los edificios, y puede admitir modificaciones en la pintura y escultura; pero si se conduce bien, prolongará la vida al monumento indefinidamente, sin que deje de notarse lo que corresponde á cada época de restauración.
Parece á primera vista que hay cierta exageración de color que contrasta mal con la suave entonación que da el tiempo á los edificios. Cuando se visita la Alhambra se hallan decoraciones de color tan agradables y dulces como la de la sala de las Dos Hermanas, los planos de las de Comareh, y otras donde se ven tintas suaves y nacaradas que no hieren la vista, porque han sido obra del tiempo. Los adornos mutilados, los colores medio desprendidos, el oro empañado por los siglos, amasadas las tintas por el polvo constante y la influencia atmosférica, han cambiado el efecto primitivo del alcázar; pero los lienzos de pared que han estado privados de luz y de aire muchos siglos, se han descubierto hoy con toda su frescura é intensidad, y en ellos es donde se ve ese colorido fuerte que resalta en esta sala, sin faltar á la verdad ni á su carácter.
La estructura de este cuarto está indicando que servía para desnudarse y prepararse á la temperatura de las demás habitaciones donde ninguna corriente de aire podía penetrar; la luz era recibida en él desde una altura de doce metros á lo menos. Dos alcobas donde colocaban bordados almadraques para reposar, nos seducen todavía; y por una puertecita que hay en uno de los ángulos se ve la entrada á más estrechos y retirados lugares, cuyo destino se adivina fácilmente.
El sistema de sostener los apoyos de los colgadizos con grandes cartelas sobre los capiteles de las columnas, está aquí desarrollado más que en ninguna parte y recuerda los patios de las casas marroquíes. El pavimento es de _sofaisefa_ ó sea mosáicos vidriados, de los cuales había muchos, y es un ejemplar hermoso con exacta distribución de piececitas de colores. En la fuente hay algo que no es mahometano, y sí moderno.
Pasamos por uno de los ángulos de la sala al departamento de baños, cuyas paredes lisas y estucadas reemplazan con propiedad á un ornato delicado; los pavimentos de mármoles y zócalos ataraceados de azulejos; las atarjeas anchas para que por ellas se pierda el agua sobrante de las purificaciones; las bóvedas sembradas de claraboyas que derraman la luz y dan paso á los vapores de las termas artificiales; las pilas anchas y rebajadas para los baños, dan idea del singular placer de la molicie musulmana. En todos lados, pequeñas _alcancías_ para los surtidores de agua caliente, donde colocaban las _amrunas_ y joyas arrancadas en ese instante de delicioso abatimiento que proporciona el baño. Sobre la pila que se conserva más adornada de labores marmóreas en el último aposento, hay una inscripción, no traducida antes, que dice:
«Lo que sorprende ¿es antiguo ó moderno?»
«Cuando el león descansa en un lugar de bendición ¿quién puede decir que está como él?»
«Y se aprestan á servir á su señor leales servidores».
«Y anuncian las cualidades de su nobleza y arrojo la más perfecta indulgencia y generosidad».
«Preguntad á los hombres conocidos por su bravura si hay alguna que se le asemeje. Suya es la abundancia y la generosidad».
«¿Quién puede igualarse á Abul Hachach, que existe siempre como triunfante y glorioso conquistador»?
Hay otros cuartos ocultos y ruinosos que servían para preparar las aguas, y templar los conductos por donde circulaba el aire caliente. En uno de ellos se encontró en el año de 1623 una gran caldera de cobre para aquel objeto, que desgraciadamente se apresuraron á vender.
Estos baños están construídos de pequeñas proporciones, y como se ve en la planta, forman un paralelógramo en el cual se incluye el _Meslouk_, que es lo que aquí se llama sala de las Camas, para desnudarse y reposar antes y después del baño; los _liwan_, que son los nichos donde están los reclinatorios para dormir, en los que los bañistas pasan la mayor parte del tiempo conversando con las mujeres de su harem; en el centro donde se halla la fuente, al parecer moderna, habría un pequeñito pilón para lavados parciales, llamado el _Feskich_[146]; el estrecho paso desde este aposento que atraviesa el _Biyt awwal_ ó retrete, conduce pasando un pequeñito pilar á la sala llamada _Hararah_, en cuyos dos lados y sobre el suelo inclinado, se tienden los bañistas á recibir las frotaciones de las _tellak_ ó esclavas del baño; el _Hanefych_ ó cuarto donde están las pilas para el agua templada, y por último, el cuarto de los hornos, que como hemos dicho, calentaba el agua y el pavimento.
El sultán siempre estaba servido por mujeres en estos sitios y hasta se hacía traer la comida que tomaba en el primer aposento, donde le desnudaban, le envolvían la cabeza y las caderas con paños muy blancos, y le ponían chinelas de madera. En este estado y seguido de _tellak_ que cada una le llevaba sus jarros y _almofares_ de latón con tohallas y esponjas, le dirigían á la segunda estancia, en la que había una temperatura que no bajaba de 45° Reaumur. El vapor se producía arrojando agua sobre las losas de mármol, que calentaban suficientemente, en cuyo estado atmosférico le frotaban con unos saquitos de crin las coyunturas, haciendo rechinar sin dolor las diferentes articulaciones; después enjabonaban todo el cuerpo, produciendo una grande espuma, que desaparecía metiéndose en las pilas llenas de agua, ó arrojándose ésta con platos en forma de conchas. Últimamente, lo envolvían en un _tcherchef_ de algodón muy grueso, le cubrían la cabeza con una especie de toca de seda, y lo conducían á la primera sala, donde, como hemos referido, saboreaba largo tiempo los manjares en interminable conversación.
Las antigüedades y el Archivo.
Bajo los números 1, 2 y 3 hay tres tableros de mármol blanco de Macael con motes árabes, los cuales, según Argote, fueron cubiertas de las sepulturas halladas en la Ráuda, donde había hasta cinco[147].
Su forma y antecedentes nos obligan á creer que fueron efectivamente parte de los sepulcros citados, supuesto que otras piedras halladas después completan una de las mencionadas tumbas.
El letrero de una de ellas es la sura 24, v. 35, la sura 7, v. 26, y la 33, v. 56.
Con el número 4 hay una pila de mármol blanco de forma paralelográmica, que se trajo á este sitio arrancada del foso de la torre de la Vela, á donde había sido conducida anteriormente, procedente al parecer de la casa de Mondéjar, donde existían fuentes, pilas y columnas en el año 1627, sin uso alguno según consta. (_Véase la viñeta._)
En sus dos frentes más largos tiene esculpidos leones en actitud de devorar ciervos, y en los cortos, águilas rapantes guardando bajo sus alas liebres y conejos. Una inscripción africana difícil de leer, guarnece uno de sus lados, y en tanto no podamos señalar el sentido de algunas frases entrecortadas por ciertas palabras que se han desgastado, nos será imposible determinar con exactitud su primitivo destino.
Se distingue bien el arte escultórico de los asirios en este mármol apenas modificado por los árabes al tomarse el trabajo de copiar las figuras en la misma actitud que las antiguas; y nos afirmamos en la opinión que hemos emitido, sobre el modo que tenían de representar las formas naturales los pueblos que levantaron con Mahoma el pendón contra toda clase de idolatría, probando que hicieron en muchos casos traición á su causa, tallando ó esculpiendo en piedra y bronce, á imitación quizá del arte cristiano.
La inscripción de esta pila, en lo poco que conserva, nos da la fecha 704 de la Egira en el mes de Chaowal (1286), reinando el primer sultán Mohamad Algalib Bil-lah.
Con el número 5 hay señalado un tablero que se halló sirviendo de dintel en una estrecha puerta del vestíbulo de los Leones. Por un lado se halla decorado de una pintura hecha sobre superficie dorada á usanza bizantina, ejemplar muy raro que no se encuentra más que en una capilla de la Catedral de Toledo, referente al siglo XIV, muy diferente por cierto de la de la sala de Justicia. Tiene alrededor una inscripción gótica tan mutilada, que no puede leerse, y la mitad próximamente de la dimensión que tuviera en su origen, por lo cual faltan la mayor parte de los cuerpos de las tres figuras que hay en ella, las cuales parecen dos guerreros á caballo en campal desafío. En el fondo se ha copiado de un lado la fortaleza de la Alhambra con la torre de los Siete Suelos, y de otro la Casa Real de Generalife, indicándose una puerta en las murallas, que debía hallarse cerca de la actual huerta de Fuentepeña; los muros están almenados, teñidos de blanco y de rojo, como se hallaba sin duda la Alhambra en aquel tiempo.
Con el núm. 6, se conservan 14 manillones de bronce y sus argollas, con cabezas de león y de águilas, los cuales se hicieron de fundición para las pilastras del primer cuerpo del Palacio del Emperador, donde están las señales de haberse hallado colocados. Son del año 1594.
Los números 7 y 8 son pedazos de los techos y frisos árabes que se hundieron en 1846, en la sala de las Camas.
El 9 señala una hoja de puerta de las que había colocadas en las dos entradas del patio de la Capilla, la cual se hallaba en su propio sitio el año 1852.
El núm. 10 señala un friso tallado árabe procedente de la galería alta del patio del Estanque, y de la obra que se hizo en el año 1840. Los 11, 12, 13 y 14, las ventanas de alicatados que se quitaron el año 1838 de la sala de las Camas, con lo cual quedó ésta más baja, según lo demuestra un dibujo de Owen Jones, y por último, el 15, es una ventana de celosía casi destruída, del patio del Estanque, cuyo sistema de construcción en pequeñísimas piezas, debe notarse particularmente.
El núm. 16 muestra cuatro fustes árabes de mármol.
El 17 es una de las cuatro lápidas sepulcrales que según Argote se descubrieron (1574), en el panteón citado, en cuyo tiempo, según Mármol, las letras que tiene grabadas se hallaban doradas sobre fondo azul. Dos han desaparecido, las de Ismail I y Yusuf I. La que tenemos á la vista es del sepulcro de Abul Hachach Yusuf III, y se hallaba á la cabecera del sarcófago colocada verticalmente, de modo que podían leerse las dos inscripciones que tenía, una por cada lado. La que estaba en prosa ha sido borrada y queda la de metro _tawil_, coleccionada por Castillo y muy recientemente corregida.
La otra inscripción, núm. 18, es del sepulcro de Mohamad II, según explica el texto, habiendo sido borrado la mitad ó el reverso, que contenía la biografía, en prosa, de dicho monarca, según la publicó Mármol[148]. Es poco interesante, y por eso no la damos traducida á continuación. Otra inscripción que existía, alusiva á un guerrero muerto en la batalla de la Higueruela, no la hemos visto nunca.
El 19 es una pila ó taza de fuente, de hermosas proporciones, procedente del jardín de los Adarves, y que se sacó de la casa que estaba cerca de la iglesia actual, según un título posesorio del legajo 127, por el que se mandaba entregar la fuente rota de la orilla de la alberca para que no se acabara de romper, etc...
El 20 es un pedazo de piedra antiguo con inscripciones karmáticas usadas en los primeros tiempos del kalifato de Córdoba. Hemos visto ejemplares de escritura nesky en otros pedazos, sobre piedras de esta misma clase. Pueden verse en el Museo de la Comisión de Monumentos.
Desde el 25 al 30 se halla una pequeña colección de capiteles, de diferentes sitios y construcciones. Entre ellos, hay uno exactamente igual á los que hemos visto dibujados del sepulcro de un sultán de Ghazna, anterior al siglo XII. Este hallazgo es un testimonio claro de que las modificaciones del arte árabe en España tenían un origen más oriental que latino, y que más bien prefirieron las tradiciones primitivas, que la imitación del arte cristiano. Otro capitel, núm. 25, es más genuínamente bizantino y bordado por el cincel mahometano, de cuyo género eran los de la mezquita grande que había donde hoy se halla el Sagrario, según hemos visto uno que tenía 85 centímetros de alto.
Vénse también dos capiteles que pertenecían á la decoración de la puerta de los Siete Suelos, los cuales, en unión de varios pedazos de mármol blanco correspondientes á las enjutas del arco, los hemos visto desprenderse de su sitio.
Desde el núm. 31 al 37 hay diferentes fragmentos de madera, árabes y del renacimiento; como los kanes que se hundieron en el alero del patio del Estanque, las pilastras del tiempo del Emperador que se hallaban en el patio de la Reja, y los pedazos que se desprenden de las ensambladuras y almokarbes.
Con el núm. 38 existe un arca de hierro hecha por los arabes con toda la inteligencia que puede exigirse en una obra de este género. Había otra igual que desapareció, según se dice, cuando entregaron el Archivo á la Administración de Hacienda pública, en 1870.
Núm. 39: un vaso de arcilla vidriada y de más de un metro de altura, que debía colocarse en las habitaciones donde no había fuentes, y formar con otros una elegante decoración. Su forma es parecida á la egipcia de la dominación griega, y se aleja de la de los japoneses en la esbeltez del cuello, no así en la disposición de las asas ó brazos, que se acerca á la de los persas antiguos. Su magnitud lo hace de difícil fabricación, y aunque éste está defectuoso, nos da una completa idea del adelanto de la industria más difícil que siempre se ha conocido. Los hacían de relieves ó arabescos realzados que rara vez pintaban, pero los de barniz y lisos los endurecían de una sola cochura, originando dificultades de fabricación que les dan más mérito que á los de porcelana. En 1804 existía otro en este palacio que fué copiado para la Real Academia de San Fernando.
No dudamos que éste fué construído en Granada, porque sus materiales son conocidos en el país y de una fábrica que había en el Campo del Príncipe, donde todavía al abrir cimientos se hallan pedazos ó tiestos vidriados con iguales adornos, de los que tenemos ejemplares. No era Granadino el otro vaso que adquirió Don Mariano Fortuny, procedente de la iglesia del Salar, con inscripciones cúficas, el cual debió ser fabricado á juzgar por su arcilla, en la antigua ciudad de Málaga, donde se hacían como en Valencia y otros puntos, hermosos reflejos metálicos.
Y volviendo al que tenemos á la vista, se ven en él diseñados animales ó especie de jirafas semejantes á las que nos describió Makrizi y recientemente Mr. Bonan en su viaje á Persia, cuya tradición conservaron en Andalucía, según Ebn Jaldum. Su manufactura no tiene semejanza á la de la loza mallorquina, ni á la de Córdoba y Sevilla, ocupando un género especial que lo distingue de aquéllas, y que da á sus reflejos un aspecto diferente del conocido como tal en todas partes.
Con los números 40 y siguientes se señalan restos antiguos de ornato y una multitud de pedazos de azulejos mutilados, al parecer de poca importancia; pero que por ellos se deduce fácilmente la historia en descenso hasta nuestros días de esta industria, la cual no se abandonó en Granada hasta fin del siglo pasado; notándose, que después de la conquista se hicieron alicatados tan finos como los de la Capilla, y se continuaron las trazas hasta mezclarse en ellos el renacimiento con sus caprichos abigarrados de extrañas formas.
El archivo.
Se compone hoy de 279 legajos, según la numeración última, que data del año 1872, echa en poder de la Administración económica de la provincia.
Conviene relatar aquí brevemente que en el año 1625 se perdió por primera vez el inventario de los papeles, y desde entonces estuvo el archivo en un cuarto debajo de la portería, que sirve hoy de paso al patio de la Capilla, donde hay una inscripción alusiva á los Reyes Católicos.
En 1787 se formó otro inventario en pergamino que existía con los núms. 37 y 38, notándose una falta extraordinaria en los papeles cuya numeración no concuerda con aquél.
Tiene, pues, tres numeraciones visibles, lo que hace hoy imposible de todo punto la comprobación de documentos.
Hay legajos de ventas de bienes de moriscos, de nombramientos de alcaides de las torres, de obras en las mismas, alojamientos de soldados y bastimentos de guerra desde 1496, de cabalgatas de soldados y pase de cristianos nuevos á Africa, sobre Monfies, etc.; otros muchos de causas criminales y rescate de cautivos, de todo el siglo XVI al XVII; reconocimientos de castillos y alcázares desde 1509, cabalgatas de moros y confiscación de bienes de sospechosos por herejías, testamentos de moriscos, y por último, gran colección de cuentas del palacio de Carlos V y de las Torres, de aprovisionamientos de guerra, de nombramientos y multitud de otros papeles relativos á presupuestos y títulos de propiedades. Se encuentran en ellos algunas rúbricas de reyes, muchas de nuestros más notables hombres de Estado y otras de artistas que se ocuparon en las mismas obras.
Donde está el archivo hay también unas copias en seis pedazos, ó fac-símiles estarcidos de las tres bóvedas pintadas de la sala de Justicia, que se mandaron hacer por la Comisión de Monumentos en 1871.
Parte más antigua del palacio árabe.
LA ENTRADA DEL ALCÁZAR, PATIO DE LA CAPILLA, MEZQUITA, TORRE DE LOS PUÑALES, LA DE MOHAMAD, Y CONSTRUCCIONES QUE HAN DESAPARECIDO.
Hoy entramos al Alcázar por una puerta construída en tiempo de Felipe V, que choca por su sencillez. No hallamos esos atrios dilatados ni esas plazas ó campos de maniobras que preceden por lo regular á los palacios mahometanos, y en cuyo espacio se recibe á los embajadores, se revistan las tropas y se celebran las solemnes festividades; pero en cambio se halla el terreno preciso que servía para los guardias, juzgados públicos y oficinas de la servidumbre. En la residencia de los sultanes de Ispahan, después de pasar la irregular planicie que precede á los alcázares, se entra por un sinuoso camino abierto entre casernas de guardias negras, departamentos de caballerizas, cocinas y albunes que habitan los alcaides de los diversos recintos encastillados.
En Argel y Tlemecen se ve lo mismo, y en la Alhambra hemos tenido que ir á investigar con grandes dificultades lo que nos ha dejado el tiempo y el Palacio del Emperador. Se encuentra á mano izquierda de la entrada un jardín, ocupado en parte por el palacio de Machuca, nombre del que planteó los cimientos del edificio cristiano, por haberlo habitado, según consta de un reconocimiento facultativo hecho por Ojeda, que vió y obró este patio árabe, por ruínas causadas en sus muros. En él, según Mijares, estaban los talleres, delineaciones y aparejos de los trabajos escultóricos para las dos fachadas del alcázar de Carlos V, y era abierto por el costado de Poniente, porque lo indican así los cimientos que hallamos, demostrando que abría paso al zaguán y puerta que hemos descubierto en 1867, como entrada principal de la más antigua parte del alcázar sarraceno.