Part 18
Y para concluir, citaremos un extracto de Ibn-Jaldun, publicado por el Instituto imperial de Francia[127], el cual prueba que los cristianos de Castilla y León se llamaban gallegos, por los árabes, razón por la cual se busca en la historia de Galicia el nobiliario de los Acejas, cuyo escudo se ve en estos cuadros, como cristianos que vivían fronterizos al andaluz; además los árabes imitaban á dichos gallegos, llegando á pintar imágenes y simulacros, _atamadil_, en el exterior de los muros y dentro de los edificios. Y sobre todo, el citado autor[128], que censuraba estas imitaciones en los árabes, nos habría dicho que eran obras de cristianos renegados ó de extranjeros, lo cual no hizo; antes bien, lo criticó en el pueblo muslímico, como resultado del predominio cristiano que ya se sentía por todas partes.
Sala de las Dos Hermanas.
Pasando por una hermosa puerta de lacería y talla, entramos en un aposento cuya galanura no podríamos describir mejor que lo hicieron los árabes en los veinticuatro versos grabados sobre su hermoso zócalo de azulejos.
Á un lado y otro, antes de pisar los umbrales marmóreos de esta sala, se halla un estrecho corredor ó pasadizo, que subía á los aposentos altos y menacires tomando á la derecha, y por la izquierda á un pequeño _megle_ ó cuartito reservado, de uso particular. La puerta de arrocabes cierra la salida al patio dejando dentro de la habitación completa independencia, como se observa también en las otras salas recorridas, pudiendo de este modo ser visitados los patios sin comunicación con los cuartos del harem.
Leamos las inscripciones para comprender mejor la belleza incomparable de la estancia:
«Yo soy el jardín que aparece por la mañana ornado de belleza; contempla atentamente mi hermosura y hallarás explicada mi condición».
«En esplendor compito, á causa de mi señor el príncipe Mohamad, con lo más noble de todo lo pasado y venidero».
«Pues por Dios que sus bellos edificios sobrepujan por los venturosos presagios á todos los edificios».
«¡Cuántos amenos lugares se ofrecen á los ojos! El espíritu de un hombre de dulce condición verá en ellos realizadas sus ilusiones».
«Aquí frecuentemente buscan su refugio de noche las cinco pléyadas, y el aire nocivo amanece suave y deleitoso».
«Y hay una cúpula admirable que tiene pocas semejantes. En ella hay hermosuras ocultas y hermosuras manifiestas».
«Extiende hacia ella su mano la constelación de los gemelos en signo de salutación, y se le acerca la luna para conversar secretamente».
«Y desearían las estrellas resplandecientes permanecer en ella y no tener en la celeste bóveda fijado su curso».
«Y en sus dos galerias, á semejanza de las jóvenes esclavas, apresurarse á prestar el mismo servicio con que ellas le complacen[129]».
«No fuera de admirar que los luceros abandonasen su altura y traspasasen el límite fijado».
«Y permaneciesen á las órdenes de mi señor, por su más alto servicio, alcanzando más alta honra».
«Hay aquí un pórtico dotado con tal esplendor, que el alcázar aventaja en él aun á la bóveda del cielo».
«¡Con cuántas galas lo has engrandecido! (¡Oh, rey!) Entre sus adornos hay colores que hacen poner en olvido los de las preciadas vestiduras del Yemen».
«¡Cuántos arcos se elevan en su bóveda sobre columnas que aparecen bañadas por la luz!»
«Creerás que son planetas, que ruedan en sus órbitas, y que oscurecen los claros fulgores de la naciente aurora».
«Las columnas poseen toda clase de maravillas. Vuela la fama de su belleza, que ha venido á ser proverbial».
«Y hay mármol luciente que esparce su resplandor y esclarece lo que se hallaba envuelto en las tinieblas».
«Cuando brilla herido por los rayos del sol, creerás que son perlas á pesar de su magnitud».
«Jamás hemos visto un alcázar de más elevada apariencia, de más claro horizonte, ni de amplitud más acomodada».
«Ni hemos visto un jardín más agradable por lo florido, de más perfumado ambiente, ni de más exquisitos frutos».
«Paga doblemente y al contado la suma que el cadí de la belleza le ha señalado».
«Pues está llena la mano del céfiro desde la mañana de _dirhames_ de luz, que contienen lo suficiente para el pago».
«Y llenan el recinto del jardín en torno de sus ramas los adinares del sol, dejándole engalanado».
Las demás inscripciones citan el nombre de Abu Abdillah y otras son versículos koránicos y salutaciones de las acostumbradas.
Todos los cuartos de esta sala eran aposentos de mujeres distinguidas que vivían con independencia dentro del mismo harem, y de aquí el que haya existido la tradición de que dos hermanas cautivas lo habitaron, las cuales murieron de celos, contemplando desde la ventana del alhamí las escenas amorosas en el jardín de las Damas; la puerta del alhamí de la izquierda, descubierta por nosotros en 1870, era la que comunicaba secretamente con los cuartos del sultán y los baños.
Son notables en esta sala, y del género más puro, los alicatados ó azulejos del basamento, de difícil combinación y complicados en su dibujo, sorprendiendo sobremanera la tersura del barniz y la planicie de cada pedacito de color diferente, porque sabido es cuánta dificultad ofrece fabricar esta loza con esas condiciones[130]. Hemos examinado el modo de labrarlos y hallamos que cada uno se ha trabajado con cincel y lima hasta incrustarlo con la perfección que se nota.
La bóveda es la más dilatada que hay de colgantes, cuya atrevida construcción espanta y no puede debidamente calcularse, más que suponiendo que pende de un esqueleto de madera afianzado en sus estribos.
Don Diego del Arco restauró esta sala en 1705[131], y todavía se nota la obra en aquellos sitios donde no hay colores antiguos. En 1691 se repararon los mosáicos en los alfeizares de las puertas. En 1622 hubo un ligero hundimiento en dos de las hornacinas del segundo cuerpo decorativo, que fué restaurado inmediatamente, reponiendo algunos puentes de madera de la construcción interior. Este departamento se conserva mejor que otros muchos, siendo fácil hallar en él vestigios de los primeros colores con que fué pintado y de la delicadeza de los trazos; pero lo que más llama la atención es que todo el ornato se ajusta como en ninguna otra parte á su construcción; nada puede en él quitarse y nada reemplazarse sin que se destruya la unidad de su composición, tan admirablemente distribuída. Por la traza geométrica de sus amedinados no puede ser ni más grande ni más pequeña, todo está encajado como en un tablero de ajedrez, y para hacerla hubo que imaginar, al mismo tiempo que el conjunto, sus más pequeños detalles, lo cual no es de rigor en los demás géneros de arquitectura, donde siempre hay algo que se deja á lo imprevisto. Se atribuye á Aben Zemcid la dirección de esta obra.
Mirador de Lindaraxa.
Se pasa una antesala que tiene una hermosa bóveda de admirable combinación y se entra en este pequeño aposento que se llamaba de _Daraxa_ en 1622, y desde cuya fecha hallamos documentos con el nombre moderno. En árabe indica lugar para entrar ó ascender; pero los poetas, desde el siglo XVII en adelante, suponen que era el nombre de una sultana favorita que pasaba sus días en este delicioso cuarto, lo cual es una tradición que tiene por fundamento el nombre de la sultana Aixa, llevado por muchas reinas, de las cuales sería éste un lugar predilecto[132].
Nótese el arco de entrada, fastuosa inspiración; nada más elegante y rico sin carecer de la delicada sencillez, que encanta al que lo mira. Dice el P. Echevarría que en los gruesos del arco había nichos como los de otros parajes; pero podemos asegurar que la decoración de este sitio no ha sido jamás modificada.
Obsérvase lo rebajado del ajimez del centro y ventanas laterales, así dispuestos para reclinarse en el suelo á la vista de los jardines. Son cúficos la mayor parte de los adornos de las paredes. Tan preciosa estructura está coronada por una trazería calada hecha de madera, y en cuyos claros había colocados cristales de colores[133]. La luz neutra que se derramaba por ellos producida por los colores de sus vidrios, daría á esta estancia un aspecto sublime. Para ello, estaban cubiertos los claros con cuajadas celosías de madera que velaban la luz del jardín, todo lo cual armonizaría perfectamente los colores de las paredes en todo el vigor de su entonación, con los trasparentes del techo, que hoy aparecen un poco fuertes. Las cuatro paredes de este precioso mirador están compuestas de arcos apuntados dobles y triples bajo un centro común, y el de entrada tiene las más bellas enjutas que hay en el alcázar, con una curva á festón que regulariza los mocárabes de su intrados en pequeños cupulinos. Los alicatados ó azulejos son los más finos, obra de indescriptible paciencia. Su pavimento era una alfombra de los mismos mosáicos del umbral, y el todo revela un encanto y misterio voluptuoso, sin igual en el alcázar.
Desde la ventana del centro se veía el río Darro, antes de que se construyera el Patio de los Naranjos, después de la conquista.
En el año 1853 se fortificaron los muros por el exterior para contener la ruína indicada en la antesala inmediata. En ella se notan dos preciosos ajimeces que abren al patio citado, y los arabescos interiores de los muros conservan bien sus colores primitivos, especialmente en su hermosa techumbre.
Los espacios lisos de esta antesala, como hemos dicho de otros análogos, los cubrían los árabes con tapices y cueros labrados, ó con panoplias de telas de diversos colores, en las cuales había pescantes como kanecitos para colgar ropas, armas y otros objetos. Las dos puertas de sus extremidades son modernas, pues por este lado cerraba el edificio sin otra comunicación que la del centro.
He aquí las notables inscripciones de este pequeño cuarto:
«Todas las artes han contribuído á embellecerme, y me han dado su esplendor y sus perfecciones».
«El que me vea creerá que soy una esposa que se dirije á este vaso y le pide sus favores».
«Cuando el que me mira contempla con atención mi hermosura, su misma vista desmentirá al pensamiento».
«Y creerá, al ver los tibios rayos de mi esplendor, que la luna llena tiene aquí fija su aureola, abandonando sus mansiones por las mías».
En otro lado dice:
«No soy sola, pues desde aquí se contempla un jardín admirable; no se ha visto jamás otro semejante».
«Este es el palacio de cristal: el que le mire le tendrá por un oceano pavoroso y le espantará.
«Todo es obra del imán Ebn Nasr. Guarde Dios para otros reyes su grandeza».
«Sus antepasados alcanzaron la más alta nobleza, pues dieron hospitalidad al Profeta y su familia».
Luego se halla alrededor ó recuadro de las ventanas, en metro tawil, este poema:
«El fresco ambiente esparce aquí con profusión su hálito; el viento es saludable y lánguida el aura».
«He reunido toda clase de bellezas en tan alto grado, que de mí quisieran tomarla las estrellas en su alta esfera».
«Yo soy en este jardín un ojo lleno de júbilo, y la pupila de este ojo es en verdad nuestro Señor».
«Mohamad el glorificado por su valor y generosidad, el de la fama más preclara, el de la rectitud más distinguida».
«La luna de la buena suerte resplandece en el horizonte del imperio: sus signos son duraderos y su esplendor luciente».
«Él no es sino un sol que se ha fijado en esta mansión y cuya sombra es provechosa y benéfica».
«Desde aquí contempla la capital del imperio cuantas veces espléndida se manifiesta y brilla en el trono del Kalifato[134]».
«Y arroja su mirada hacia el lugar en que los céfiros juguetean, y vuelve contento de los honores que le rinden».
«En estas mansiones se presentan tantas amenidades á la vista, que cautivan la mirada y suspenden la inteligencia».
«Un orbe de cristal manifiesta aquí sus maravillas. La belleza se halla grabada en toda la superficie que rebosa de opulencia».
«Están dispuestos los colores y la luz cada cual de tal manera, que si quieres podrás considerarlos como cosas distintas ó bien análogas».
Hay otras muchas inscripciones que se refieren á Mahomad V, pero sin aparente interés arqueológico ni literario[135].
Jardín y fuente de Lindaraxa.
El patio que unos llaman de Lindaraxa y otros de los Naranjos, tiene en el centro una fuente mitad árabe mitad renacimiento, que termina por una concha circular agallonada y en su borde una inscripcion medio desgastada por el agua, cuyo texto, interrumpido, dice así:
«Yo soy en verdad un orbe de agua que se manifiesta á los hombres claro y sin velo alguno».
«Un mar extenso cuyas riberas son obra artística de mármol selecto».
«Su agua, como líquidas perlas, corre por el hielo... más grande... admiración».
«Se separa de mí el agua de tal suerte, que yo no soy... con el que se oculta».
«Como si yo y lo que... de la fuente... que corre».
«Un trozo de hielo, parte del cual se liquida y parte no se liquida».
«Cuando sobrenada... un orbe más elevado que todos los órdenes de estrellas».
«Como si lo que en mí se manifiesta fuera una concha y la reunión de perlas fueran estas gotas....... las felicidades....... tarde. El valeroso, el de la extirpe de Galib».
«De los hijos de la prosperidad, de los venturosos, estrellas resplandecientes de bondad, mansión deliciosa de nobleza».
«De los hijos del _Kiblah_, de la estirpe de Jazrech, ellos proclamaron la verdad y ampararon al Profeta».
«Saad... hizo resplandecer todas las tinieblas».
«Las comarcas en la seguridad perpetua y... en defensa del reinado; de dignidad elevada».
«Tengo en belleza el más ilustre grado. Mi forma causó admiración á los eruditos».
«Jamás se ha visto una cosa mejor que yo en Oriente ni Occidente».
«Y si no... reinado... antes entre los extranjeros y no entre los árabes».
No hay noticia positiva de la procedencia de esta fuente. El patio de dos saletas que cita Mármol, es hoy el de la Mezquita, y tenía una fuente en el centro que ya no existe; aunque podía ser de este paraje, la inscripción se refiere al tiempo de Mohamad V, y la construcción del patio de la Mezquita es anterior á este monarca. ¿Pudiera ser esta la fuente árabe que se puso á la venta el año 1667, con algunas columnas procedentes de la casa del marqués de Mondéjar y que no se vendieron por falta de comprador? Pero atendiendo á que la inscripción se refiere á un oceano de agua, de gran extensión, que pudiera aludir al estanque morisco que tenía aquel palacio delante del pórtico, no lo consideramos probable, porque cuando se verificaron estas traslaciones debía ya estar colocada la fuente en este sitio. Nosotros nos resolvemos á suponer que la referida taza de fuente no es del alcázar, sino de alguno de los innumerables palacios que había en la Alhambra no lejos de éste.
Todo el patio es moderno, y sus claustros y salas del tiempo del emperador Carlos V, como lo demuestran los techos casetonados greco-romanos de sus salas altas, en las que se ven dos elegantes chimeneas con labrados atributos del imperio. Estas habitaciones estaban dispuestas para hermosos tapices flamencos y después fueron pintadas á semejanza del Mirador. La nombrada de las Frutas, última de esta galería, fué habitada por varios monarcas, y últimamente se hospedó en ella el célebre poeta Washington Irving, en cuyo retiro compuso sus mejores obras. En los cenadores del patio hay una colección de columnas árabes que, según un manuscrito sobre aguas del Convento de San Francisco, pertenecieron á aquél cuando era mezquita y rauda antes de la reconquista, así como otras muchas piedras que han desaparecido.
Por este patio se entra á varias salas embovedadas que resultan debajo de la de las Dos Hermanas. En la del centro se observa el efecto acústico del sonido que se trasmite por el embocinado de las curvas y se repite en los cruceros de las bóvedas, lo cual hizo que esta sala se llamara _de los Secretos_, único interés que ofrece para ser visitada. En suma, los cenadores no existían en tiempos árabes, y en su lugar había un dilatado jardín, en donde tal vez se hallaba el estanque y fuente, con arreglo á las inscripciones de la taza citada.
Patio de la Reja.
Si hemos de hacer mención de este patio, es tan sólo por declarar destituída de verosimilitud la tradición, que supone ser esta reja que hay en dos de los lados la prisión de la reina Doña Juana. Nunca se halló esta reina en tal estado de enagenación mental que fuese preciso encerrarla de un modo tan cruel y poco humanitario. En 1561 se nombraba al cuarto alto inmediato, el Guardajoyas de la reina, y esto está conforme con lo que dice Argote: que se colocó la reja para resguardo de la vajilla del real servicio en el año 1639.
En las galerías se encuentran capiteles de antigua forma y pura degeneración bizantina, que vuelve á acercarse á la arquitectura hispano-mahometana del siglo XII. Son notables estas columnas, que debieron traerse aquí de otros edificios más antiguos, y que marcan bien una transición en el gusto árabe, tendiendo á regularizar la forma cúbica que se determinó francamente en los capiteles del Patio de los Leones. Las inscripciones de los del corredor alto, donde hay dos muy bellos de colgantes, son las leyendas sura 11, vers. 90 y la 65, vers. 3.º.
En la bóveda, bajo la torre de Comareh, hay dos estatuas[136] y un medallón que representa la fábula de Júpiter y Leda. Las tres esculturas son menos que medianas, y de un interesante trabajo presentado el año último á la Comisión de Monumentos, resulta: que estas tres esculturas y las del altar de la capilla que luego describiremos, debieron ser parte de las piezas de una chimenea que se adquirió para el palacio á mediados del siglo XVI[137].
El pueblo, dado siempre á lo maravilloso, ha creído hallar tesoros en las ruínas de los monumentos árabes. La rebelión de los moriscos, las persecuciones crueles que sufrieron, la expulsión horrible que luego los exterminó, han proporcionado el hallazgo de muchas alhajas, libros, amuletos y monedas que han hecho la suerte de algunas familias; pero esto, que se encontraba fácilmente en los pueblos, aldeas y caseríos, no se halló jamás en los palacios reales, porque los reyes salieron de ellos llevando consigo cuanto poseían. Los vasos llenos de oro, las arcas de hierro y cuanto se ha querido suponer hallado en este sitio, es una torpe invención, porque las estatuas no pueden ser del tiempo de los árabes, y por consiguiente la escritura mahometana que reveló el secreto del tesoro no podía referirse á ellas.
Todos estos subterráneos son los viaductos de circunvalación que comunicaban todas las torres de la Alhambra.
Peinador de la Reina y Mihráb de los musulmanes.
Desde él se descubre un hermoso panorama: el Albaicín, ciudad antigua; las murallas árabes construídas á expensas del obispo D. Gonzalo; las casas bajas del barrio del Hajariz; el Seminario de San Cecilio, lugar de recuerdos piadosos; los amenísimos cármenes[138]; la ermita de San Miguel sobre el fuerte del Aceituno, sitio en el cual los mozárabes veneraron esta imagen desde el tiempo de la invasión; la Alcazaba vieja, últimos edificios más elevados sobre la montaña, primera residencia de los zeiritas y también de los primeros walíes trasladados de Illiberis; el Generalife sobre el collado de la derecha, parte velado por la inmediata torre de las Damas, descrita por Argote[139], y en el fondo de esta bellísima comarca corre el Salom (hoy Darro) que, como decia Mármol, viene de la montaña de los mirtos y dan oro sus arenas, hasta mezclarse con el caudaloso Singilo ó Genil, antes de recorrer juntos la deliciosa llanura de Granada.
Esta torre ó alminar no estaba dispuesta en su origen como hoy la vemos. El corredor que la circunda era entonces de aguzadas almenas; las nuevas ventanitas, de alicatados tragaluces, y bajo el suelo que hoy tiene se halla el pequeño templete que se elevó al sultán Abul Hachach en memoria de su bienvenida[140]. Descubiertos sus lados por Oriente, en él esperaban los emires la venida del sol, y en su aislado recinto murmuraban el santo rezo de la mañana. La inscripción de la techumbre y la puerta, por bajo de la que hoy tiene la torre; las salutaciones y versos koránicos sobre las columnas y cartelas de la sala baja; las trazerías de acicafes en los zócalos (únicos ejemplares de todo el edificio), demuestran harto bien el sublime objeto de la obra. Los ajimeces, cerrados hoy con mezquinas ventanillas; las pinturas de estilo pompeyano; el perfumador para las ropas de las damas cristianas; en fin, todo ese conjunto de árabe y renacimiento arrojado aquí en desorden extraño é incomprensible, han privado á este alminar de su primitivo carácter y encanto.
He aquí sus inscripciones:
En la fachada:
«Al feliz arribo de Abu Abdallah, hijo de nuestro señor el príncipe de los muslines Abul Hachach».
En la techumbre alta:
«La ayuda de Dios y una victoria grande para nuestro señor Abul Hachach, príncipe de los muslines. Que sean magníficos sus triunfos».
Sobre la obra mahometana se hallan estampadas las huellas de los pinceles italianos del renacimiento y, aunque maltratadas las paredes, puede muy bien descubrirse la preciosa decoración de los rafaelescos atribuídos á Julio Aquíles y Alejandro, pintores desconocidos en Italia, pero que aquí aparecen como autores de un trabajo admirable en color, delicadeza y dibujo, muy poco común. No hay duda sobre la autenticidad de los citados autores, toda vez que hallamos un legajo del archivo de la Alhambra, donde se ve que Pedro Machuca, director de las obras de las casas reales, vieja y nueva, hace una tasación en favor del mencionado Julio Aquíles, pintor de imaginería y grutesco, el año 1546, entre cuyas partidas hay algunas referentes á las de la estufa, como se nombraba entonces[141]; y otro legajo de aquel tiempo nos da á conocer que un tal Alejandro, cuyo apellido no hemos podido descifrar, presentó cuenta al conde de Tendilla reclamando el pago de pinturas hechas, año 1538; y es muy rara la diferencia de fechas, á no ser que se refiriera á las de la sala de las Frutas y sus paredes, que también estuvieron pintadas como las demás, en tiempo de Carlos V.
Por otro lado hemos tenido ocasión de consultar con el Sr. Morelli[142] sobre el mérito de estas obras y sobre la existencia del referido pintor Julio Aquíles, y nos aseguró que no existió en Italia pintor notable de este nombre en el siglo XVI á quien se pudieran atribuir tan bellísimos ejemplares de ornamentación. Esta respetable opinión y lo poco explícito de los datos que tenemos á la vista en las referidas cuentas, puesto que no se tasan por el citado Machuca más de algunas de las pinturas que aqui vemos y quedan sin tasar la mayor parte de las más delicadas y hermosas, nos hace sospechar que algunos otros documentos debieron extraviarse del archivo, donde tal vez se hallarían los nombres de otros pintores.
Por desgracia, el afán que han tenido siempre los viajeros de dejar sus nombres estampados en las paredes de los edificios que visitan, acabará por destruir estos preciosos ornatos[143]. Las logias ó _lochas_ están mejor conservadas, porque se hallan pintadas al óleo (á pesar de lo que en contra se ha dicho); los cuadros de figuras se hallan más confusos, porque han sido retocados al temple; y las hojas de acanto, los animales fantásticos, las frutas y flores, la gracia, en fin, con que todo está compuesto y extendido por la pared y alfréizares, distinguen esta obra de todas las que se hicieron en España por aquellos tiempos.
Los cuadros que representan batallas y combates navales, que hay en el primer aposento, no nos sorprenden por esa perspectiva _caballera_ de los tiempos de Giotto y Cimabúe; pero su mal efecto está compensado por la precisión de los detalles, que se distinguen perfectamente y que son verdaderas miniaturas; así, en los galeones pueden verse los trajes de marinos y soldados, y en el paisaje, la condición y género de los edificios y baluartes.