Part 16
Aquí también ante el Serir-almalic[101], el año 708 de la egira, una turba de soldados y pueblo, amotinados por el poderoso alcaide de Guadix Ebn Aldix, mató al valido wacir de Mohamad III en presencia del acobardado monarca, el cual abdicó forzosamente en el príncipe Nasr, dando origen poco después á la guerra de sucesión y al estrecho cerco de esta ciudad puesto por Ismael I, legítimo rey de Granada.
Algunos historiadores han asegurado, por último, que el inmortal Colón visitó este delicioso aposento una de las veces que expuso á la Reina Isabel I el fundamento de sus proyectos. Suspendemos nuestro juicio sobre este dato, que no puede sustentarse existiendo la relación de sus dos viajes al campamento de Santa Fé.
No debemos omitir en este lugar la escena patética é inédita que nos refiere el continuador de la crónica de Hernando del Pulgar, secretario de los Reyes Católicos, al hablar de la torre de Comareh. Léese en el historiador: «El Rey Chiquito tenía consigo á su madre que se decía Seb, de nación cristiana, y fué cautiva cuando los moros robaron á Cieza, que es una villa del reino de Múrcia; y como al tiempo era chiquita, con halagos y otros medios tornóse mora y salió de buen gesto y mujer de bien, y el Rey Muley-Buasén casó con ella, porque entre los moros era esto tenido en mucho, que el Rey ú otro cualquier caballero pudiese casarse con una doncella que de cristiana tornase mora. De este casamiento nació el Rey Chiquito, y esta reina era de grande y valeroso ánimo, y contradecía con toda posibilidad que el Rey Chiquito, su hijo, no entregase el reino á los reyes Católicos, ni concertara con ellos, y que esperase la fortuna próspera y muriese rey, y por esto el Rey Chiquito se guardaba que su madre no supiese que él trataba con los Reyes Católicos de entregarles el reino. Que concluída ya la capitulación, como está dicho, lo supo la reina su madre, y disimuladamente se dice que lo tomó por la mano y se entró en la torre de Comareh, que es el lugar donde más se descubre la grandeza de Granada, y después de haberlo traído á la redonda por la torre y echados entre ambos de pechos y entre dos almenas dijo: «_Mira qué entregas y acuérdate que todos tus antepasados murieron reyes de Granada y que el reino acaba en tí_.»
Hasta aquí el Alcázar que pudiéramos llamar Serrallo, porque en esta parte se hallaban los aposentos visitados por los altos magnates de la corte.
Patio de los Leones.
Es una de las más hermosas construcciones y la más bella y elegante de la arquitectura musulmana. No hay ejemplar más fantástico y magnífico en todo lo que dentro y fuera de España edificó la caliente imaginación de la raza de Agar. Trasparentes arcadas; columnas que se han agrupado en más ó menos número para repartirse el peso de los esbeltos arcos y techumbres; siete fuentes que murmuran constantemente la soledad de la estancia; dos elevados anditos que se avanzan majestuosos para interrumpir la monotonía de los enclaustrados; cuatro cúpulas que resplandecen á los rayos del sol; once diferentes formas de arcos fastuosamente decorados; todo constituye un conjunto mágico y delicioso aun después de siete siglos de existencia.
El Patio de los Leones es la prenda más querida de la Alhambra; sin estanques, sin jardines, sin estatuas ni ornatos pedidos á la pintura ó á la escultura, se basta por su sola composición para producir una obra encantadora que deleita los sentidos y alienta pensamientos de grandeza y majestad. No podían ser bárbaros los que lo hicieron, ni menos inspirados en el arte de los romanos. Si se mira desde los extremos del eje más largo que pasa por el centro, presenta una variada combinación de arcos diferentes y simétricos, que se confunden por la distancia y producen la perspectiva más sublime; y si se contempla desde los costados ó ángulos, cada una de sus decoraciones ofrece la diversidad de múltiples detalles, armónicamente distribuídos, que no perjudican á la más correcta regularidad de la forma. Para quitar á los tejados el aspecto sombrío y simétrico de rectos colgadizos sobre arcadas tan ligeras, levantaban cúpulas y establecían en orden sus alminares, enlazados con la ornamentación de las galerías y techumbres de las salas inmediatas.
Partamos de su planta, como se ve en el plano, y por ella deduciremos perfectamente la regularidad y clásica sencillez de la composición. Un paralelógramo formado por dos cuadrados perfectos incluyendo el vestíbulo, constituye su plan. El ancho de sus claustros en los lados cortos y largos está relacionado por la medida de los tres lados del triángulo, en la proporción del cuadrado de la hipotenusa igual á la suma de los cuadrados de los catetos.
Los anditos ó kioskos vuelven á tener el ancho de la sala del vestíbulo, lo cual por sí solo ofrece gran sencillez en la distribución, erigida en sistema, según nos demuestran multitud de ejemplos. De aquí que las maderas puestas para encadenar los arcos y el anillo interior se puedan cruzar á manera de emparrillado y trasmitir las fuerzas á los muros de los cuartos inmediatos, formando con los del patio esta aislada construcción del Palacio del Harem, que incluye la Sala de Abencerrajes, la de las Dos Hermanas y la de Justicia, cuyos muros se ven en perfecta relación de continuidad.
En el momento de visitar este patio nos ha parecido hallarnos en la vida del Oriente, entre Bagdad y Damasco, entre Ispahan y Cairo; luego que se admira la obra se olvidan aquellas clásicas reminiscencias y sólo ve el espectador las mansiones del éxtasis eterno reservado en el paraíso á los hijos de Agar. ¿Dónde y cómo se inventó un monumento de trasparentes anditos colocados como celosías unos detrás de otros para hacer más impenetrable el secreto de los placeres que allí se habían de sentir? No es un lujo de vana fantasía lo que nos conmueve, sino la imperiosa necesidad de describir lo que no tiene semejante y lo que parece que nunca se sujetó á reglas que pudieran dictarse para los tiempos venideros. Ni las galerías de sus cuatro lados son iguales; ni los innumerables arcos son absolutamente uniformes; ni sus columnas se agrupan con aparente igualdad; ni sus puertas guardan semejanza; ni hay, en fin, esa constante repetición de alturas y de líneas que constituyen la belleza en otros órdenes de arquitectura. Aquí es donde se puede decir que en la diversidad reside la unidad, porque si se compara un arco á otro, un techo á otro, un grupo de capiteles á otro, tal vez en el acto no se encuentre la identidad; pero arrojados todos en ese laberinto de construcciones, cada uno se coloca simétricamente en su lugar y á cierta distancia se halla la armonía del número y del conjunto.
En lo que llevamos descrito del Alcázar, no se ha desarrollado todavía por completo ese mágico sistema de convertir en grutas estalactitias las techumbres de los aposentos. Sólo en algunos alhamíes, en las cornisas y arcos se han empezado á usar, pero en el Patio de los Leones hallamos los tres anchos claros de sus entradas, alintelados con otros tantos arcos ó festones ondulantes de mocarbes, cuyo atrevimiento de construcción no se podría concebir á no considerarlos adheridos á los fuertes botantes que hay en los esqueletos de sus azuares. Más adentro, parándose en el medio de esas dos cortas galerías, se ven dos arcos en forma de pabellón á dentellones y en los fondos, los esféricos realzados en contraste con los primeros. Los ligadores de tirantes se descubren en los techos para evitar la monotonía de los grandes paflones, y vestidos de ricas ataraceas de madera se pierden en los muros y apilastrados como los pescantes de los puentes de hierro, distribuyendo los techos de bellos almizates que nos hacen suponer si el exterior debería acusar con cúpulas planas ó convexas los huecos interiores, recordando los cupulinos del patio de la gran mezquita de Auríc; y sin embargo, en sus galerías estrechas no hay señales de esas cúpulas á la bizantina, supuesto que están interrumpidas las líneas por los menacires del segundo cuerpo y las bóvedas de los dos templetes.
Las innumerables columnas de mármol de Macael, que blancas en su origen han tomado ese color dulce que les imprime el tiempo, están ligadas por sus capiteles sueltos ó agrupados, según las exigencias de una construcción atrevida, cuya forma cuadrada y plana, en relación con los pilares que cargan sobre ellos, no es ni persa, ni asiria, ni griega, ni romana, filiación que se pierde en los diferentes períodos de transición que ha pasado este arte.
Para venir á este hermoso aposento[102], hemos atravesado un pasadizo angosto que desde pocos años existe abierto, y el cual no ofrece grandeza de ninguna clase. Esta comunicación no era directa en la antigüedad como es hoy; se hallaba interrumpida por todos lados, porque desde ella todo este tercer edificio con su correspondiente alcaidía, como ya hemos anunciado, constituía el harem, al cual se pasaba únicamente por la puerta que hay á una de las extremidades de la sala larga que sirve de vestíbulo al patio, y donde se hallan sus tres grandes arcos de entrada.
Este patio se principió á construir en 1377 bajo la dirección de un artífice árabe que trabajaba por primera vez en las reales obras de la Alhambra: Aben Cencid[103] era su nombre y nosotros creemos que el género de ornato que aplicó, diferente al del patio ya descrito, fué hecho también por el artífice para las casas del Chapí y la llamada de los Oidores, por ser aquél reproducido en los mismos modelos de este patio. Hasta el año 1552[104] no se hizo aquí la primera obra importante de conservación, y entonces se quitaron á los templetes ó anditos las bóvedas exteriores de azulejos, con el objeto, según el informe de un maestro de obras, de evitar las filtraciones que había y prevenir la destrucción de las bóvedas interiores[105]. Entonces se compuso la _yesería_; se repusieron techos podridos y se levantó toda la parte antigua del alero.
En 1595 se formó expediente para hacer obras y cubrir muchas cúpulas que estaban abandonadas; se repararon las tejas blancas y verdes que existían todavía; se restauró un pavimento antiguo que estaba compuesto de ladrillos cortados y azulejos, por dentro y fuera de las galerías, (mostagueras), y se compusieron los _mocarbes_ de yesería que se habían hundido[106]. En 1591 ocurrió el incendio de un polvorín en el inmediato barrio de San Pedro, cuya detonación ocasionó muchos hundimientos en la Alhambra[107], especialmente en la sala de entrada á este patio y en la inmediata de Abencerrajes. Es de dicha época la construcción de un alero de madera pobre y mezquino, el cual hemos principiado á restaurar en los cuatro lados, copiando los restos hallados en el mismo paraje del antiguo y rico que se destruyó.
En 1640 se reconoció por D. Antonio Guerrero el estado ruinoso del patio y se hallaron desplomadas ya las columnas de los enclaustrados y de los templetes. Por entonces estaban arrancados los mosáicos de todo el basamento del patio, que dicen eran muy semejantes á los de la alberca.
Siguiendo este género de investigaciones sobre tan hermoso departamento, retrocederemos al año 1553, en el cual se hicieron ladrillos vidriados para las galerías por un tal Peñafiel, bajo la dirección de Francisco de las Madezas, y datan de esta fecha la mayor parte de las armaduras que han dado el aspecto de pobreza á los tejados que estamos restaurando.
En los dos miradores sobre las puertas de las dos salas de Abencerrajes y Dos Hermanas, había menudas celosías cubriendo los tres arcos del _mikkah_ ó balcón, donde se asomaban las mujeres del harem, que habitaban pequeños cuartos distribuídos detrás de esa galería alta de ventanitas redondas y enfiladas que hemos hecho abrir recientemente. Desde el centro se ven las diferentes _kubbas_ ó cúpulas de las dos citadas salas de la Ráuda, de la Justicia y las de los templetes, de las cuales sólo una se ostenta hoy como pudieran estar en los tiempos antiguos, porque el otro templete la perdió con motivo de las filtraciones, y para salvar la bóveda interior considerada siempre de mayor importancia.
Con efecto, en ninguna parte de este palacio hay techos más bellos ni más difíciles de hacer que los que se contemplan dentro de estos pabellones. Son unos _acicafes_ trazados sobre una superficie curva que no es completamente esférica, y que por lo mismo ofrece inmensas dificultades de distribución geométrica, que todas están salvadas de una manera admirable. En esta clase de trabajos no ha habido quien mejore á aquellos artífices. Dichas bóvedas así talladas y combinadas de miles de pedazos, descansan sobre las pechinas que llenan los espacios triangulares, hasta coger las cuatro _azuares_ ó paredes caladas, cuyos arcos forman los elegantes kioskos.
La fuente del centro no se levantaba como hoy sobre apoyos descansando en el lomo de los leones, sino que sentaba inmediatamente sobre ellos; pues consta que en 1708 un tal Diego del Arco hizo la segunda taza y los referidos apoyos, y que más tarde, en 1838, se hizo la pequeña pirámide en que termina; siendo de todo punto evidente que esa taza de mármol grande, llena de agua, y ceñida de una hermosa inscripción, servía para las abluciones que tienen obligación de hacerse los mahometanos cuatro veces al día.
Al contemplar esos doce leones que la inscripción ensalza como obras de una expresión admirable, se notan las inspiraciones que el pueblo árabe había recibido en las ruínas de Tesifon, Persépolis, Bostan y en la antigua Persia. Así es que ni un paso adelantó en sus esculturas, antes bien, son más amaneradas todavía que las de los bajo-relieves de Murgal, donde se ven mónstruos y figuras humanas en actitud expresiva, con pelos erizados, que á manera de escamas cubren sus cuerpos. Estos, como aquellos mónstruos, tienen cierta rigidez en sus miembros, para darles más forma arquitectural, según el uso á que se destinaban. Los pliegues de la piel de sus vetustas cabezas semejan líneas simétricas que caen á uno y otro lado de las fauces, cuyos dientes son como los de los toros de Rustam, y sus melenas tan duras y tiesas como la de las cabezas de los monolitos de Táuris.
Cuando empezamos la restauración de este edificio hallamos el complemento de muchos de sus detalles, que pasaron desconocidos á los que antes se habían ocupado del arte musulmán. No era fácil, sin duda, fijar la forma de las cúpulas de los templetes, y el tamaño y adornos de todo el alero, si no hubiéramos hallado bajo las mezquinas restauraciones del siglo XVII los restos antiguos, sus dimensiones, su asiento, y cuanto puede necesitarse para devolverles la primitiva forma.
No tuvo jardines ó alizares este patio como se supone, excepto desde los años 1808 hasta 1846, en el que se hicieron arrancar por haber perjudicado á los cimientos; y en tiempo de los árabes estaba todo él embaldosado de mármol á grandes chapas[108] y mostagueras azules y blancas en las galerías.
Debemos llamar la atención hacia la sala que hay antes de entrar en este sitio, donde hemos levantado una corteza de yeso, bajo la cual habían ocultado nuestros antepasados los arabescos de su decoración. Un techo de la época de Felipe V, ha coronado la estancia en vez del de colgantes que tenía, de los cuales conservamos algunos trozos para reponer los antiguos[109].
Dijo el historiador Lafuente, que Alhamar el de Arjona fué el que mandó construir este patio; pero las inscripciones que por todas partes tiene labradas, comprueban que fué Abu Abdil-lah Alganí bil-lah, el conocido por Mahomad V, que nació el 4 de Enero de 1338, y á cuyo sultán se atribuyen las más importantes obras llevadas á cabo en el reino de Granada. Ese mismo continuó las emprendidas por su padre, pero en época de tal florecimiento, que se nota bien la diferencia del gusto entre el _Mexuar_ y este Patio.
Dícese que en este sitio, uno de los más predilectos de la corte mora, fué donde se hizo la jura del hijo de Mohamad, Abu Abdallah Jusef, en su casamiento con la hermosa y celebrada Zahira, y se dieron comidas á la usanza castellana, con presencia de embajadores cristianos de Castilla y Francia.
No hay en las inscripciones de este departamento bastante interés para anotarlas aquí, pues excepto las relativas al monarca citado, todas son salutaciones conocidas, elogios al sultán y suras del libro sagrado. Pero es de extraordinario mérito literario la que hay esculpida en el borde de la pila de la fuente, la cual debemos reproducir para conocer el lujo de hiperbólicas bellezas que ostentaba el monumento, y cita que se hace en ellas de un jardín que existiría en los espacios que rodeaban al edificio.
Hela aquí:
«Bendito sea el que concedió al iman Mohamad mansiones deleitosas, que son por su belleza la gala de las mansiones».
«Sino, este es el jardín; en él hay obras tan peregrinas, que no ha permitido Dios haya otra hermosura que pueda comparársele».
«Y estas figuradas perlas de trasparente claridad que engalanan los bordes con una orla de aljófar».
«Líquida plata que corre entre las joyas y que no tiene semejante en belleza por su blancura y trasparencia».
«Confúndense á la vista el agua y el mármol, y no sabemos cuál de los dos es el que se desliza».
«¿No veis cómo el agua corre por los lados y sin embargo se oculta después en la tierra?».
«A semejanza de un amante cuyos párpados están henchidos de lágrimas, y que las oculta por miedo de un delator».
«¿Y que es en verdad sino una nube que derrama sobre los leones sus corrientes?»
«Asemeja la mano del kalifa cuando aparece por la mañana derramando sus dones sobre los leones de la guerra».
«¡Oh, tú que miras estos leones que acechan! El respeto (al kalifa) les impide manifestar su enemistad».
«¡Oh, heredero de los Ansares, y no por línea trasversal, herencia de grandeza con la cual despreciarás á los más encumbrados!»
«La paz de Dios sea contigo eternamente; multiplíquense tus placeres y aflijas á tus enemigos».
* * * * *
Seguiremos por los cuartos más principales del palacio en el orden que traemos, remitiendo al lector al plano de todo él, para que allí vea los nombres é importancia de los pequeños y ruinosos pasadizos, que no describimos minuciosamente.
Sala de los Abencerrajes[110].
Se entra á ella por una hermosa puerta de lacería primorosamente labrada[111] y el nombre que se da á esta algórfia desde el siglo XV, se funda en varias tradiciones más ó menos probables. Dícese que los Abencerrajes constituían una tribu influyente por su valor, que poseía palacios en la Alhambra y al pie de Sierra Nevada[112], la cual favorecería la causa del último rey, perseguido por su padre Abul Hacen. Este monarca se había enamorado de la Zoraya[113], y ocasionado la separación de su legítima mujer la sultana Aixa. La favorita instigaba al rey para que dejase degollar á los hijos de aquélla, hasta el punto, que la sultana temió por la vida de éstos y los salvó descolgándolos con las tocas de sus esclavas por la torre de Comareh, y huyendo con ellos á Guadix, se puso al amparo de los Abencerrajes. El pueblo maldijo á Hacen, y trajo de Guadix al hijo para colocarlo en el trono.
La versión de Pérez de Hita expone, que en la corte de Abu Abdil-lah existían enemistades entre Zegríes y Abencerrajes. Un torneo habido en la plaza de Bibarrambla dió á los primeros la victoria. Estas dos familias se aborrecían, y un Zegrí acusó públicamente á los Abencerrajes de estar en tratos con los cristianos enemigos, y á Hamet de tener amores secretos con la reina. Enterado el rey, citó con engaños en una sala de la Alhambra á los Abencerrajes, y los hizo degollar á todos. La reina iba á ser quemada en una hoguera, y el día de la ejecución, dícese, que aparecieron cuatro caballeros campeones de la calumniada, que demostraron su inocencia en singular combate.
Desde que se conoce la historia escrita por D. Hernando de Baeza perdieron aquellas versiones su misterio. Según ésta, la Zoraya fué traída muy joven á la Alhambra desde las cercanías de Cabra, donde había sido cautiva. Creció en el Alcázar, y siendo hermosa, Muley Hacen la distinguió hasta provocar los celos de la sultana Aixa; ésta temió por la vida de sus hijos, y sacándolos del palacio por un ajimez de la torre de Comareh, descolgándolos con las tocas blancas de las odaliscas, huyó á Albaicín, donde estuvo ocho días hasta que partió para Guadix, dícese, ayudada por los Abencerrajes. Hay detalles preciosos de aquella tradición que el lector hallará en tan notable libro. Únicamente recordaremos que la Zoraya vivió con el monarca, dominando el harem y engalanada con las ricas joyas de la madre de Boabdil.
En tiempo del mismo Hernando de Baeza[114] se llamaba á este cuarto Sala de la Sangre, y pocos años después de la reconquista contaban los moriscos que los Abencerrajes, en número de 17, cuando iban por un pasadizo oscuro que hay hoy tapiado, una esclava que estaba asomada á la ventanita sobre la puerta del otro lado, les avisó que se volvieran y no penetrasen adelante en el sitio donde iban á ser degollados. Todavía se cree que están manchados los mármoles con la sangre de las víctimas[115].
Es esta _Saha_ una de las más elegantes del palacio, alzándose en tres cuerpos perfectamente proporcionados é iluminándose por diez y seis ventanas caladas en los arranques de la hermosa bóveda de figura de estrella, las cuales derraman una luz dulce y tranquila. Las alcobas que espaciosas se abren á sus dos costados por medio de cuatro hermosos arcos llenos de adornos azules y escarlatas, parece como que esperan los dos lujosos divanes que han desaparecido, donde las mujeres pasaban horas eternas de amorosa contemplación. Una fuente, que incansable bullía hasta perder sus aguas en el patio inmediato; el rico brocado en brillante relieve de su comarraxia; los caprichosos pebeteros[116] y sus bazares en elegantes _hánias_, todo lo que falta en ella y lo que con tanto encanto se mira hoy, daría á esta estancia un especial colorido de seductora tristeza.
Las restauraciones del siglo XVI la dotaron de pintados del Renacimiento en los techos de las alcobas y de algunos relieves en el primer cuerpo, que se atribuyen al célebre Alonso Berruguete, sin dato alguno. Los azulejos árabes desaparecieron á fin del siglo pasado, y á principios del presente se volvió á restablecer este ornato con los que se compraron del convento de la Cartuja, los cuales pertenecen al tiempo del emperador Carlos V.
Se ha dicho que, á consecuencia de hundimientos causados por el incendio del polvorín, esta sala fué reconstruída casi totalmente en el siglo XVII, y esto no parece cierto porque sus muros son antiguos, sus labores moriscas en las nueve décimas partes, y los arcos, que siempre son los primeros detalles que padecen, se hallan perfectamente libres de restauración[117].
Debemos citar con particular encomio el ornato de las enjutas de la puerta de entrada como el más hermoso del estilo árabe, las archivoltas de los grandes y pareados que hay en el interior para entrar en sus alhamíes y los delicados _axarques_ hechos con azul en los abacos y collarinos de los capiteles.
La forma de la cúpula es una estrella de ocho puntas, en cuyos ángulos externos hay hornacinas que llenan los ocho triángulos encajados por medio de otras cuatro más grandes en el cuadrado de la planta de la sala. Por este medio se nota mirando hacia arriba que disposición tan puramente geométrica ha servido para labrarla, y cómo hasta el más menudo triángulo prismático de sus bóvedas está en perfecta consonancia con las dimensiones totales, cuyo misterio de composición, hallado al repetir tan complicadas trazerías, no se reveló á ninguno de los artistas que publicaron antes los dibujos de la Alhambra.