Estudio descriptivo de los monumentos árabes de Granada, Sevilla y Córdoba ó sea La Alhambra, el Alcázar y la Gran Mezquita de Occidente

Part 15

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Los diversos períodos de las obras los hemos reconocido en el año 1850, desde cuya fecha y sin descanso, hemos restaurado toda la galería del lado Norte por la entrada á la torre de Comareh, en sus arabescos desprendidos, que eran muchos; hemos construído cubiertas, restablecido el sotabanco medio ruinoso, reparado las torres cuyos pavimentos quedan aun como testimonio de los antiguos, y arrancado la enorme y pesada techumbre ya citada, en cuyo paraje se restablecieron las almenas, según los fragmentos que se han hallado en los rellenos de las obras modernas. Su asiento indicado sobre la muralla de la pared vieja nos ha dado la evidencia de este ornato, por otra parte visto en los patios de la Mezquita de Córdoba. Hemos restaurado también los arcos de las puertas pequeñas, que se hallaban destruídos, las impostas, frisos, arranques, y sobre todo, la inscripción en doce versos sobre las _almadrexas_[85] de las dos galerías, habiendo repuesto los ocho que se perdieron y que hemos tomado del texto de Castillo[86], haciéndolos reproducir en ambos lados con los mismos caracteres africanos y signos diacríticos, con cuya restauración puede leerse hoy esta hermosa poesía, metro tawil, la más interesante del sitio; las otras que hay esparcidas entre los arabescos son salutaciones alkoránicas y alabanzas.

He aquí la traducción de aquélla:

«Bendito sea el que te concedió el mando de sus servidores y ensalzó por tí el Islam cumplida y benéficamente».

«¡Cuántas veces te acercaste por la mañana á las ciudades de los infieles y fuiste por la tarde árbitro de la vida de sus habitantes!»

«Les impusiste el yugo de los cautivos y amanecieron en tu puerta construyendo los alcázares, como servidores tuyos».

«Conquistaste á Algeciras por fuerza de armas, y abriste al socorro[87] una puerta que estaba cerrada».

«Y antes conquistaste veinte lugares é hiciste todas sus riquezas bienes de tus ejércitos».

«Si á escoger se diese al Islam lo que más desea, ciertamente no escojería, sino que vivieses y fueses salvo».

«Y verdaderamente resplandecen las flores de la grandeza en éste tu asiento donde la mano de la liberalidad se contenta».

«Y sus retratos aparecen cada vez más claros como perlas compuestas ó esmaltadas».

«Oh hijo de la excelsitud, de la fortaleza, de la generosidad, que aventajas en altura á las estrellas, en su apogeo».

«Te has elevado en el horizonte del imperio con la clemencia, para iluminar lo que estaba envuelto en las tinieblas de la tiranía».

«Has asegurado las débiles ramas del soplo de la brisa, y has impuesto pavor á las estrellas en el centro del cielo».

«Pues si la luz de las estrellas es trémula, solo es por miedo, y si las ramas del _ban_ se inclinan, es para dirigirte acciones de gracias».

En la reparación de las almatrayas de sus paredes, hacia 1829, trastornaron algunas inscripciones de los cuadros de las puertas grandes, cortándolas por medio para colocarlas de nuevo, lo cual tenemos proyectado corregir con otros accesorios de la misma época.

La tradición, que cuando no se remonta á épocas muy lejanas, suele revelar mejor que ciertos documentos la realidad de los hechos que se buscan, en ninguna parte como en la Alhambra nos ha ayudado muchas veces á descubrir testimonios de acontecimientos, que despreciaron como patrañas los historiadores más notables.

Cuenta ésta, que la mayor parte de las escenas que desde Muley-Hacen aceleraron la destrucción del reino de Granada, ocurrieron en este patio y muy cerca de la puerta hoy restaurada que da paso á los subterráneos del palacio de Carlos V. Que el titulado monarca el _Zagal_ se lamentaba, á la vista del estanque, sentado bajo la citada galería y rodeado de sus mujeres, de las desdichas que habían de sobrevenir á los muslimes y se refería en sus quejas, á poesías atribuídas á los últimos reyes, las cuales se recitaban en este mismo paraje[88] por una esclava nombrada Marian.

Sin duda la puerta citada daba paso á un edificio que ya no existe, pero cuyos vestigios lo atestiguan. El dorso del muro demuestra que había una construcción de tres cuerpos de alzada, sin semejante en ningún otro sitio del Alcázar, y en extensión á lo menos de 30 metros de largo por 15 de ancho en su parte media, y que contenía aposentos propios para las más escondidas habitaciones, en las cuales vivían los reyes con más comodidad durante el invierno que la que podía ofrecerles el resto del Alcázar. De aquí procede que aquellas tradiciones sostengan desde el fin del siglo XVI la existencia de dicho palacio de invierno, y que á las últimas escenas en la morada de Boabdil y de las referidas canciones se les haya asignado este sitio poético.

Por otro lado sabemos que un tal Juan de la Vega, el año 1524, contrató el derribo de la parte quemada del palacio, junto á la entrada, incendio atribuído á los soldados[89], y por consiguiente antes de la fecha en que se principió el palacio del emperador; lo cual prueba que existía esa parte de palacio destinada á invierno, según los relatos de los moriscos, quedando á salvo la responsabilidad grave que pesaba sobre los primeros artistas encargados de levantar la obra moderna, los cuales probaron en diversas ocasiones el aprecio que les merecía la Casa Real vieja, como llamaban al palacio árabe, conservándole su carácter, según consta de los contratos y condiciones de aquellas obras. Nosotros hemos visto además, reconociendo los cimientos del palacio del emperador, restos de un muro que hace línea con el foso de la Sala de Abencerrajes, el cual continúa hasta cerca de un pequeño aljibe antiguo colocado en el patio redondo. Desde dicho muro hacia la mencionada casa vieja, el terreno está cortado y lleno de escombros hasta llegar al nivel del Patio del Estanque.

Sala de Embajadores y vestíbulo de la Barca.

Es la más espaciosa de la Alhambra, y la que ha sido más celebrada por sus tradiciones. Hay en ella cierta grandeza en la que parece como que los árabes se excedieron á sí mismos, dándole la magnitud de los edificios romanos y la elevación de los góticos. Quizá á todo rigor no haya en su conjunto más belleza que la que notamos en las de las Dos Hermanas y de Abencerrajes, no obstante poseer una esplendidez decorativa, un atrevimiento de construcción en el artesonado y una distribución de líneas tan bien ordenada, que difícilmente se encuentra en aquellas, donde si se quiere, la ornamentación es más fantástica y risueña.

Por un arco de colgantes formados de dos festones casi rectos que se cruzan en la clave, entramos en una pieza trasversal de forma elegante, cuyas dos extremidades terminan en _mexuares_ facheados con hermosísimos arcos de atarjas y hornacinas, apeados sobre cartelas ó ménsulas que á su vez lo están en graciosas columnas apilastradas con filetes de jáiras. Este arco de ingreso parece más propio del género bizantino en el ornato de sus enjutas, compuesto de ramas de encina, y piñas dibujadas á la usanza griega como las de los adornos germánicos del siglo XI. Observando estas enjutas con cuidado, se hallará que no tienen semejanza con las del arco grande de los claustros del patio ni con otras de la Alhambra, á no ser con las de las puertas más antiguas del palacio, que son del mismo género. Las impostas, entre letreros cúficos y columnitas, ostentan mejor el estilo primitivo, y es difícil darse razón de la causa de este accidente. Bajo las citadas impostas ó arranques hay dos _hanias_ ó pequeñas _takas_ que los árabes colocaban siempre á la entrada de las habitaciones y también á uno y otro lado de los claros de ventanas y _menazires_; son de piedra de Macael bastante trasparente, y están guarnecidas de inscripciones que dicen haberse hecho esta obra en tiempo del fundador de la dinastía Abu Abdil-lah Mohamad, primer descendiente de los nazaritas; y como están talladas en la piedra, no es fácil que hayan sido cambiadas como al parecer se ha hecho con otras labradas en el estuco. He aquí la traducción:

«Soy como el asiento engalanado de una esposa dotada de belleza y de perfecciones».

«Mira este vaso, y conocerás la exacta verdad de mis palabras».

«Contempla con atención mi diadema: la encontrarás semejante á la aureola de la luna llena».

«Ebn Nasr es el sol de este orbe en esplendor y belleza».

«Perpétuo sea en su elevado puesto, seguro de la hora del ocaso».

En el nicho de la izquierda:

«Soy un glorioso monumento para la plegaria; su dirección es la de la felicidad».

«Te parecerá este vaso un hombre de pie, cumpliendo con la oración».

«Y que apenas la concluye se apresura á repetirla».

«Por mi señor Ebn Nasr ennobleció Dios sus servidores».

«Pues le hizo descendiente del señor de la tribu de Jazrech Saab Ebn Obada[90]».

Sobre este último verso debemos decir que la liberalidad es entre los árabes la obligación de dar agua; y que esta palabra, tan repetida en el Alcázar, tiene mucha relación con la abundancia de alacenas y nichos donde se colocaban los jarros para el agua de beber, ó las _alcarrazas y almofias_ de latón para las abluciones. Esto destruye la creencia muy vulgarizada hoy, de que las mencionadas _takas_ eran para colocar las babuchas ó chinelas.

En las poblaciones del África septentrional, se encuentran estos nichos dispuestos para contener jarros con agua, y algunas veces los dividen con bazares, en los cuales colocan los almofares y cimitarras, los libros de sus kasidas ó poemas, los amuletos y los candiles, pero nunca se hallan en ellos las chinelas ni babuchas. Lo mismo se observa en Egipto, en Argel, etcétera. Ha llegado á suponerse que como á la entrada de las habitaciones se dejan los árabes las babuchas en señal de respeto, aquí las dejaban en los nichos, cuyo error se desvanece fácilmente con decir que estas alacenas se hallan en otras habitaciones construídas en el interior lejos de las puertas, y en rincones no muy á propósito para este objeto.

Esta antesala ó vestíbulo se llamó siempre de la Barca[91], nombre que se cita en los legajos del archivo con motivo de las restauraciones, y que se atribuye á la forma del techo; pero que más bien podría llamarse de la Bendición, por la palabra _beraca_[92], corrompida posteriormente. Se citan dos alacenas á uno y otro lado de la puerta, las cuales subsisten, aunque su obra fué hecha después; y dice Echevarría que había en ellas letreros de extraordinaria alabanza, que publicó; pero que nosotros los hemos hallado en el patio contiguo sobre los azulejos, como su verdadero lugar. En el fondo del alhamí de la izquierda hay una puertecita antigua que comunicaba á un cuarto revestido de arabescos, que ya no existe, y donde hoy se halla una escalera del año 1602.

Otra puerta en el lado contrario de la mencionada, conduce á la reja del patio del mismo nombre. Todo este departamento se hallaba completamente aislado y servido por un alcaide especial que lo guardaba, como todavía era costumbre el año 1583, en el que se obligó á dicho funcionario á residir en estos aposentos y cerrarlos por la noche.

Las inscripciones de esta sala son repetidas, excepto una que guarnece los anchos paramentos, donde se cita el nombre de Abu-Abdil-lah, el fundador referido.

Todos sus arabescos fueron pintados y dorados con esmero á fines del siglo XVI, pero desgraciadamente ocultando los colores antiguos que no aparecen más que en algunos sitios. En los costados se elevan los elegantes arcos ya citados, y en

sus enjutas nacen cuatro hornacinas que avanzan hasta encontrar las curvas de una elipse prolongada, que es la base de la bóveda compuesta de alicatados poligonales, formando estrellas y grandes figuras geométricas, semejantes á las de los almizates planos de la Sala de Comareh. También este techo ha sido repintado en la citada época con colores impropios del estilo, por más que hoy no aparezca de mal aspecto.

Además de las restauraciones de colorido, se hizo una muy importante en la pared donde está abierto el arco de entrada al salón de Embajadores. Todo el espacio desde la puertecita pequeña que hay en el lado derecho y por la cual se sube á las almenas de la torre, hasta ocho metros de línea y toda su altura, incluyendo el arco y el espesor cuadrado en un grueso de cerca de tres metros, fué construído el año 1686, y forrado de labores mal labradas que se notan muy bien, dejando sin adornos sus alfeizares. Fué el objeto de esta obra fortalecer la torre, y por consecuencia cubrir ó rellenar de sillares el corredor angosto, que semejante á los que hay á la entrada de las salas de las Dos Hermanas y Abencerrajes, servía de comunicación á los cuartos pequeños y escaleras de la torre, y por él se pasaba á las dos puertas que hay dentro de la sala, las cuales se ven cubiertas hoy de obra de sillería.

Tenemos proyectada la obra de reconstrucción del arco grande, lo cual completará el decorado del centro que hoy desarmoniza este conjunto.

Entrando á la gran torre de Comareh, nos detendremos á contemplar el intrados de ese riquísimo arco de pequeñas boveditas pintadas de hermoso azul y oro, representadas por menudos adornos de grecas, y delicados enlaces llenos de inscripciones perfectamente ejecutados. Otras dos _hanias_ tiene más grandes que las anteriores, con arabescos en su interior y techitos de ébano y alerce embutidos. Sus labores son finas como pocas, y guarnece al arco una inscripción recuadrando que dice:

En el de la derecha:

«Loor á Dios único. Apartaré de Yusuf el daño de todo mal de ojo con cinco sentencias: Yo me refugio al Señor de la aurora: Gracias á Dios». Repitiéndose.

«Loor á Dios, aventajo á los más hermosos con mi adorno y mi diadema, y se me inclinan amorosamente los luceros desde el Zodiaco».

«El vaso[93] que hay en mí, parece un devoto que en el Kiblah[94] del santuario ruega á Dios enternecido».

«Seguras están contra las injurias del tiempo mis generosas acciones, que alivio al sediento y socorro al necesitado».

«Como si yo tuviera la liberalidad de mi señor Abul Hachach».

«No deje de brillar en mi cielo tan esplendente luna, tanto tiempo como continúe brillando entre las tinieblas de la noche».

Léase ahora lo que dice la leyenda de la izquierda entre otros motes ya repetidos:

«Los dedos de mi artífice labraron sutilmente mis dibujos después que se ordenaron las joyas de mi corona».

«Imito al trono de una esposa y aun le aventajo, pues yo aseguro la felicidad de los dos cónyuges».

«El que á mí se acerca aquejado de sed, hallará agua pura y fresca, dulce y sin mezcla alguna».

«Como si yo fuera el arco iris cuando aparece, y el sol mi Señor Abul Hachach».

«No deje su morada de ser guardada tanto tiempo como la casa de Dios sea lugar de peregrinación[95]».

Bien expresados están los primores de este arco en la anterior inscripción, y son, con efecto, dignos de la entusiasta alabanza que les tributa el poeta. No hay otro más delicadamente hecho y ornamentado en todo el Alcázar, aunque su forma no sea tan elegante como la del mirador de Lindaraxa. Aquí las proporciones son graciosas, la curvatura más esbelta y sencilla, su construcción más sólida; en el interior sorprende ese exquisito bordado á pincel sobre sus detalles y en tan diminuta escala. Las enjutas son elegantes por el hermoso lazo en espiral tallado en su centro, debiendo advertir la diferencia que se nota entre ellas y las que hay en el arco de colgantes á la entrada de la Sala de la Barca.

Existen tres balcones _mikkeh_ en cada uno de los tres lados opuestos al de la entrada, los cuales, por causa del extraordinario espesor de los muros, forman nueve alhamíes ó cuartitos, cada uno con su techo particular de lacería y arriates, conservando ajimeces en las ventanas. El alhamí de la derecha fué habilitado en 1536 para dar paso á las nuevas y mezquinas construcciones que se arrimaron á la torre. La primera altura decorativa de este gran aposento ha sufrido fatales restauraciones en 1686; sobre ella se extienden dos anchos frisos de diversa traza con inscripciones cúficas y africanas, y en cada lado se abrían cinco ventanas con adornos calados y cristales, que han desaparecido; después grandes letras de carácter africano, y encima una ancha cornisa de _mocarnos_, desde donde arrancan los planos inclinados de un rico artesón en grandes facetas ó en polígonos trazados de _alería_, donde se ven grupos de estrellas á manera de constelaciones ordenadas. Contemplando bien los enormes planos de este salón, se echa de menos la forma atrevida y variada de las hornacinas, las cambiantes alturas de los arcos dobles, triples y excéntricos, que hay en otras estancias, y ese sistema de elevaciones angulosas que cambian desde el cuadrado al octógono, subdividiéndose así sucesivamente hasta las múltiples boveditas de los almocarves. Con efecto, esos dos anchos frisos casi de la misma altura, separados por cintas uniformes con grabadas _katifas_, imprimen monotonía á los paramentos, y parece á primera vista que el más bajo se ha hecho posteriormente en reemplazo de alguna decoración más antigua; así como el friso de los escudos, hermosa trazería sin rival en el palacio, es la propia de esta distribución, si estuviera inmediatamente asentada sobre los tímpanos, que parece faltan á los arcos de los alhamíes. Los zócalos son de jáiras y alijáiras, hermosa _sofeisifa_ que aquí se ostenta más perfecta que en otros parajes, y el pavimento era de mármoles que existían en el año 1556[96].

Esta sala llamó particularmente la atención de los historiadores con preferencia á las demás, y dice de ella Pedraza: «La fundaron los de Comarex de donde toma su nombre, aposento real y nombrado según su manera de edificio, que después acrecentaron diez reyes sucesores suyos, cuyos retratos se ven en una sala, etc., etc.»; y después dice el mismo autor «que Comarex viene de la voz comarraxia, labor pérsica». Los de Comareh habitaban un lugar amurallado, plaza fuerte de este reino, cuyos restos se conservan todavía en el pueblo del mismo nombre, hoy de la provincia de Málaga.

Luis del Mármol se expresaba así: «Comares, del nombre de una hermosísima torre labrada ricamente por de dentro, de una labor costosa y muy preciada entre los persas y surianos llamada comarraxia. Allí tenía este Rey los aposentos de verano, y desde las ventanas de ella que responden al cierzo, y al Mediodía y Poniente, se descubren las casas de la Alcazaba, del Albaicín, etc., etc.»

Andrea Navagero se explica en 1526 con mayor alabanza sobre este aposento, el mejor, dice, de todo el palacio.

Sin salir nosotros del terreno del arte, único en que debe tratarse este asunto, ya hemos dicho nuestra opinión y añadiremos: que en ninguna sala hay tanto lujo de ornato, pues que hemos contado en ella 152 trazados distintos, cada uno más original que el otro, y muchos de ellos tan perfectos, que parecen de la última época de la dominación agarena.

Hay además preciosos y diminutos detalles sobre los relieves, hechos de azul y negro, tan finos que sorprenden por el inmenso costo que hoy ocasionaría repetirlos con la misma precisión y habilidad.

En 1588 restauraron esta sala Manuel del Pino y Luis Cerrillo, pintores ambos que contrataron hacer la imitación de sus colores y oros, _en la misma manera y aspecto que se hallaban los antiguos_, para no quitarles á éstos su encanto.

Después, por los años 1592, se hicieron obras en los muros y en la parte de fachada, y en 1609 se renovaron los arabescos de todos los apilastrados que hay entre los arcos de entrada á los balcones, pero con tan mala suerte, que todavía se notan bien las planchas de labor colocadas sin repasar ni atairar. Las vidrieras se pusieron en 1595 por la suma de sesenta ducados.

Más tarde, á fin del siglo XVIII, se abandonaron estas salas, se mutilaron inscripciones, colocando mitad al revés y mitad al derecho[97], y por último, hacia 1830 se pintaron groseramente, con motivo de la visita que hizo á esta ciudad el infante D. Francisco de Borbón.

En 1686 amenazaba á esta torre un hundimiento sobre el río Darro, y para evitarlo se construyó parte del cimiento, desde cuya obra desapareció la inscripción romana que estaba colocada al pie del revestimiento, la cual se trasladó á una casa de la Alhambra, hasta 1833, en que se perdió. Por último, en 1857 y siguientes fuímos encargados de reparar los arabescos hundidos de la mayor parte de los alhamíes, los frentes de los ajimeces y ventanas caladas que habían desaparecido, restableciendo los mismos arabescos antiguos y reproduciendo los que faltaban en igual forma, para evitar mayores ruínas. En los paramentos interiores de la sala aún queda mucho que restaurar de las obras modernas.

En 1776 cayó sobre su hermosa techumbre de alizares la bóveda que cubría esta algorfía, cerca de las almenas, y no le hizo más daño que haber doblado los maderos. En la escalera que sube á lo más alto se hallan las habitaciones del alcaide que tenía la llave de la torre, semejantes á las que se habitan hoy en las fortalezas del imperio de Marruecos.

Las inscripciones que no hemos apuntado son suras y alabanzas repetidas; pero vamos á fijarnos en otras más interesantes. El nombre del Sultán Abul Hachach está escrito entre los adornos del arco de entrada, y alrededor de los nichos se halla el de Yusuf; también en el alhamí del centro se encuentra escrito este nombre, y sólo en un paraje pequeño de la _Kubba_ de la izquierda se ve el de Abu-Abdillah, lo cual prueba que se construyó en tiempo de Abul Hachach Yusuf I, hacia el año 1354, el Sultán _que fué asesinado por un loco, hermano de Mohamad IV_, en cuya época la obra pudo estar ya comenzada, según consta, por existir también aquél nombre en un solo lugar de este aposento.

Otra inscripción hay en la alcoba del centro, y en metro tawil, la cual por sí sola revela cuál era la consideración que esta gran sala tenía entre los árabes, y cómo se compara en ella la magnificencia de su elevada cúpula con las pequeñas y no menos bellas de sus alhamíes. Dice así:

«Te saludan de mi parte por tarde y mañana bocas de bendición, de prosperidad, de felicidad y de amistad».

«Esta es la cúpula excelsa y nosotras somos sus hijas; pero yo tengo más grandeza y gloria que todas las de mi linaje[98]».

«Soy como el corazón en medio de los miembros, porque en el corazón reside la fuerza del espíritu y del alma».

«Aunque mis compañeras sean signos del Zodiaco de su cielo, á mí sola pertenece, no á ellas, la gloria de poseer un sol».

«Me vistió mi señor el favorecido de Dios, Yusuf, con un traje de gloria y magnificencia cual no otro».

«É hizo de mí el trono de su imperio, sea su alteza mantenida por el Señor de la luz y del asiento y trono divino».

Por último, en esta Sala de Embajadores ó _rasules_, fué donde se celebró aquel gran consejo presidido por Abu Abdillah XI en presencia de todos los magnates del reino, wacires, ulemas, el gran mufty, los alcaides y alféreces, y formando los soldados y arqueros en las plazas y adarves, donde se acordó la entrega de la opulenta corte, y donde el altivo Muza[99], conociendo los tratos secretos de Boabdil con el monarca cristiano, le apostrofó, despidiéndose para trasladarse á tierra africana y no sufrir la humillación que le esperaba.

Es uno de los mejores episodios de la fantasía del sabio Almamún en los últimos días de Granada árabe.

El emperador Carlos V, visitando este palacio y asomado á la ventana del centro, á la vista del río y sus verjeles, exclamó: «_Desgraciado del que tal perdió_,» á cuyas palabras su cronista Guevara le contó la tradición del Suspiro del Moro que le había referido un morisco, á cuyo relato añadió el emperador: «_Si yo hubiera sido él_[100], _antes eligiera esta Alhambra por sepulcro que vivir fuera della en el Alpujarra_».