Part 14
El tercer grupo no se parece ya á los anteriores. Es el Patio de los Leones y cuartos adyacentes; época florida del arte musulmán, más fantástica y caprichosa, de planta regular y de variada decoración. No se encuentran en ninguna parte del mundo ejemplares más bellos de arcos y columnatas; este patio por sí es un poema, donde se siente el aroma y la inspiración de una época deslumbradora por el lujo, debilitada por los placeres, de costumbres dulces, de imaginaciones ardientes, que desmoronaba el imperio de los musulmanes y preludiaba el abatimiento de la raza y la postración de su grandeza. Este edificio, cerrado por todas partes, tiene un estrecho pasadizo; núm. 8, por única entrada; termina por el gabinete de Lindaraxa y por la Sala de Justicia; y todas las demás construcciones de los números 22 al 26 fueron hechas después de la conquista, con el torpe propósito ya consignado en este estudio.
Tales son estos tres alcázares unidos hoy, y que tan claramente se distinguen al analizar la planta de ellos. Nosotros hemos buscado las comunicaciones que tendrían y sólo hallamos una estrecha puerta para cada uno, cuya construcción indica que fué hecha para uso privado sin ostentación de ningún género.
Los que quieren suponerles una forma más simétrica echan siempre al emperador Carlos V la culpa de lo que hiciera desaparecer para levantar su inútil obra; pero conviene fijar bien las ideas y la suma de responsabilidad que tuvieron los conocidos artistas de aquel monarca: investigaciones recientes hechas sobre el terreno y la prolongación de algunas líneas de cimientos de los subterráneos del palacio del César, nos han puesto en la posibilidad de marcar todo lo que fué destruído del palacio árabe. Véanse las líneas de puntos, números 7 y 6, y se hallará la continuación del foso que aislaba el alcázar morisco. Es fácil demostrar que había edificios en el ángulo que se señala, porque aún quedan las puertas de entrada, algunos cimientos y el terreno removido sólo en el espacio que comprenden las líneas, mientras lo restante es terreno de aluvión con capas de cristalizaciones calizas y cuarzosas, de suficiente dureza para no poder equivocarse con los trabajos hechos para cimentar el palacio del emperador. Los únicos departamentos subterráneos que tiene este edificio se hallan en el citado espacio, pues hay un desnivel de cuatro metros y medio en la planta de los dos monumentos, razón más para poder fijar lo que pudo destruirse por este lado, y la importancia que podrían tener las habitaciones destruídas.
Falta demostrar lo que significa esa construcción incoherente de los números 27, 28 y 29. No se puede formar una idea de la causa de estas irregularidades, sino haciéndose cargo de que la Alhambra ocupa toda la cúspide de un cerro bastante escarpado por el Norte y Oriente, sobre el cual se hizo un cerco de murallas y torres, que seguía próximamente á la misma altura de nivel todas las sinuosidades del terreno. Los edificios que describimos están como recostados (si se nos permite la frase), apoyando su cabeza, ó más importante habitación, en una de las torres del circuíto. De aquí que sea imposible la uniformidad de las líneas de construcción, y que la idea más exacta que pueda darse de ellos, es que los cuartos son fortalezas, y que entre estos pabellones hay espacios que cubrían jardines, como el que suponemos desde luego en todo lo que ocupan hoy los patios de Lindaraxa y de la Reja ó Prisión. Explicado esto se nota que la torre del Mihráb era independiente, con su puerta especial que hemos descubierto, y sin ese corredor que hoy conduce á él, hecho en el año de 1544.
Veamos ahora las transformaciones que ha sufrido el palacio después de la conquista.
Consta por los expedientes numerosos que se conservan en el archivo de la Alhambra que han sido muchas las obras hechas en el palacio, y muchos también los períodos muy largos de abandono que ha experimentado. Desde 1605 hasta 1752 estuvo completamente olvidado, según dice un informe dado por la Junta de Bosques al marqués de Guardia Real. Antes de esta época había consignaciones destinadas para sus reparos, que nunca bajaron de 6.000 ducados anuales[75], según consta de muchas reales cédulas. ¿Cuál sería el estado del alcázar en el siglo XVII, que en 1616 obligaron á pagar á un administrador los daños que originó en la Sala de Comareh y Patio de Arrayanes, por haberlo convertido en almacén de armas y municiones?
En cada departamento del alcázar había un alcaide ejerciendo jurisdición, y éste cerraba sus puertas, tenia sus criados y privaba al público de visitarlo. En el siglo XVI, consta, que los alcaides se llevaban los porteros á sus posesiones para emplearlos en su beneficio, y entretanto las torres estaban cerradas.
Ha sido siempre difícil averiguar las reformas que los Reyes Católicos emprendieron en el palacio. El día 5 de Enero de 1492, tres días después de tremolado el pendón en la Torre de Giafar, entraron en el alcázar los Reyes Católicos y oyeron una misa en la Sala de Justicia, en cuyo sitio se continuó celebrando siempre que venían á Granada desde el Real de Santa Fe; y consta de un manuscrito anónimo del Escorial, que en 1492 hicieron obras en él, cuyo testimonio está confirmado por los escudos de flechas y yugo, con el mote _Tanto monta_, que hay en dicha sala.
De un auto que obra en el archivo resulta: que en 1506 había empleados en el palacio varios alarifes moriscos que se ocupaban de hacer las obras, los cuales habían de dar trabajo personal, como impuesto de farda; de cuyo dato se deduce que muchas transformaciones se verificaron en el palacio durante los primeros años de la dominación cristiana, que no se pueden distinguir de las obras antiguas de los árabes. Hacia el año 1509 un secretario privado del monarca Católico inspeccionó y dispuso nuevas restauraciones con los mismos operarios moriscos.
Desde 1524, en cuyo tiempo se derribó ó inutilizó por un incendio lo que ocupó luego parte del palacio del emperador, hasta 1609, se hicieron numerosos trabajos en el alcázar, que citaremos al describir los lugares respectivos; y cuando ya se abandonó la obra moderna en 1625, era tal la población de la Alhambra[76] que se pidió por los vecinos el palacio árabe para establecer telares de cintas. Desde esta época se cuidó poco, hasta el extremo que en 1729 los cuartos altos se destinaron á la cría de palomas para utilidad de la Alcaidía.
Bajo la dominación francesa se acuartelaron en él los soldados que guarnecían la Alhambra, y á su salida dejaron el estanque lleno de proyectiles de cañón y pólvora. Por aquél tiempo, y al final del siglo anterior, todo el palacio estaba habitado por familias pobres, en su mayor parte de militares retirados, y otras que pagaban una mezquina retribución. Los depósitos de agua servían entonces de lavaderos públicos; y en tan deplorable época, algunos viajeros célebres como Washington, Owen, etc., habitaron los cuartos del palacio árabe, merced á una ligera indemnización que hacían á las familias encargadas de su custodia.
Hasta 1829 continuó el abandono ó más bien el aprovechamiento injurioso del edificio; pero desde esta época un gobernador especial más celoso de los monumentos[77] desalojó de ellos á las gentes que los ocupaban, hizo reformas, aunque de poco interés artístico, é inauguró los paseos de las alamedas. En 1840, á consecuencia de una recomendación hecha á Doña María Cristina de Borbón, entonces Regente del Reino, por algunos viajeros ilustres, se emprendieron las primeras reparaciones en la parte puramente de fortificación, hasta el año 1847 en que se hicieron las restauraciones de los ornatos, que se hallaban cubiertos de cal y yeso, mutilados y caídos de los muros por efecto de las humedades[78], los cuales no se habían reparado antes por ignorarse el procedimiento de ejecución con los moldes de arcilla y madera, cuyos trabajos han seguido casi constantemente hasta el año 1869, en el cual volvieron á emprenderse con mayores auxilios que el Gobierno remitió para tan interesantes trabajos; siendo de notar que desde esta época se ha logrado afirmar una gran parte ruinosa del edificio y se han quitado infinidad de remiendos que la ignorancia había colocado sobre inscripciones y arabescos, de los cuales aún quedan algunos. Por fin la Alhambra, como monumento nacional, pasó del dominio de la Corona al del Estado, que lo conserva como gloria de la patria y del arte.
EXPLICACIÓN DEL PLANO
Todo lo que está trazado en negro corresponde á las construcciones hechas por los árabes, y lo que se ve rayado, pertenece á los edificios que se han hecho desde la conquista de Granada hasta nuestros días.
Las líneas de puntos señaladas con el núm. 7, indican la parte del palacio árabe que fué derribada para construir el de Carlos V.
1 Puerta moderna del palacio.
2 Patio de los Arrayanes.
3 Alhamíes y divanes del patio.
4 Aposentos, _alcobas_, donde habitaban los árabes.
5 Puerta que comunicaba con los cuartos que se destruyeron para hacer el palacio de Carlos V.
6 Muro exterior de este palacio.
7 Línea que marca la porción destruída del palacio árabe.
8 Comunicación con el segundo palacio dedicado á harem.
9 Sala que se hundió y decoró de otro estilo, hoy en renovación.
10 Patio de los Leones.
11 Pasadizo á cuartos árabes ruinosos.
12 Un aljibe y un patio encima que comunicaba con lo derribado.
13 Puerta antigua de los Abencerrajes.
14 Sala de Abencerrajes.
15 Comunicación con la Ráuda.
16 Ráuda ó enterramento de algunos monarcas granadinos. (_Hoy desmantelado_).
17 Patio de las Ceremonias.
18 Sala del Tribunal.
19 Sala de las Dos Hermanas.
20 Sala de los ajimeces.
21 Gabinete de Lindaraxa.
22 Patio moderno hecho con columnas antiguas. La taza superior de la fuente es árabe.
23 Cuarto que habitó D. Felipe I y su esposa.
24 Pasadizos modernos.
25 Salas del tiempo del Emperador.
26 Puerta de la torre de Mihráb.
27 Corredor moderno.
28 Torre del Mihráb, modificada con pinturas italianas. (_Su antigua planta está en el piso bajo_).
29 Corredores modernos.
30 Escaleras y cuarto ídem.
31 Patio de la Reja. (_Nunca fué prisión de Doña Juana_).
32 Sala del Tesoro. Son subterráneos de las salas altas.
33 Viaducto de entrada á los baños.
34 Sala de los divanes, destruída en 1610. (_Hoy restaurada_).
35 Retretes. (_Destruídos_).
36 Pila de desagüe.
37 Cuartos y sudederos.
38 Calorífero. (_Hoy destruído_).
39 Escalera antigua. (_En restauración_).
40 Sala de la Barca, con restauraciones del siglo XVI.
41 Escalera que conduce á las almenas.
42 Fábrica del siglo XVI rellenando los pasadizos.
43 Sala de Embajadores ó de Comareh.
44 Comunicaciones modernas.
45 Sala más antigua. Desde este número principia lo que correspondía al palacio primitivo.
46 Santuario ó Mosala del palacio. Hoy cambiado completamente.
47 Galería antigua.
48 Torre de los Puñales.
49 Arcos de un patio destruído, (Machuca).
50 Sala-oratorio para los Reyes Católicos.
51 Patio de la mezquita.
52 Escalera moderna.
53 Sala de recepción, (Saha).
54 Pasadizos de la entrada principal.
55 Puerta de ingreso al patio.
56 Zaguan.
57 Portal antiguo con la entrada principal del palacio, recientemente descubierta.
58 Edificios modernos.
59 Idem, ídem.
60 Foso que separaba el palacio del resto de la Alhambra.
61 Continuación de las murallas de la misma.
Patio de la Alberca.
Se nombró así en la mayor parte de los documentos oficiales, hasta fin del siglo pasado, en el que ha vuelto á llamarse _de los Arrayanes_, debido á las dos prolongadas mesas de esta planta que hay desde el tiempo de los árabes á uno y otro lado del estanque, entre los cuales descollaban algunos naranjos que fueron arrancados en 1548 y que se han vuelto á plantar en nuestros días.
Como el viajero hoy no encuentra hábil la antigua entrada, se introduce repentinamente en este hermoso patio ó _Saha_ cuyo aspecto lo supone de pronto trasladado á los alcázares orientales.
Con efecto, en ningun otro género de arquitectura se idearon patios semejantes, porque ni el de la gran Mezquita de Córdoba, ni los de Sevilla y Sicilia tan modificados y hoy casi perdidos, ofrecen la disposición de esta gran alberca coronada por decoraciones diferentes en extensión y ornatos. Es necesario trasladarse á los países donde existe la raza viva y dominante, para hallar algo que se le parezca; en cuyo caso los detalles variarán forzosamente, y de aquí el especial, raro y extraño golpe de vista que el espectador recibe al pisar sus espaciosas galerías.
Este patio se denominaba antiguamente el _Mesuar_, y según el texto de sus inscripciones, fué Mohamad V el que lo mandó construir, aquel Sultán Abu-Abdil-lah, que reconquistó á Algeciras y favoreció la vuelta de los Beni-Merines para que le ayudaran en las guerras contra los cristianos. En el año de 1520 se hallaba guarnecido en toda su base con vistoso mosáico, igual al que se conserva hoy en uno de sus costados. De los arrayanes salía el agua que se derramaba sobre el estanque por numerosos saltadores, según hemos podido ver en los restos de cañerías que en el año 1840 se descubrieron. Algunos naranjos tapizaban los planos sin adorno que hay en los largos costados. El pavimento era de _mostagueras_ vidriadas azules y blancas, formando una labor semejante á la que se ve en los alhamíes de Abencerrajes, excepto bajo las galerías, donde se hallaron siempre grandes losas de mármol blanco de tamaños diferentes á manera de mantas extendidas, cuyas piedras se habían hecho traer, como todas las del palacio, de las canteras de la Sierra de Filabres[79].
La forma clásica de este patio debe llamar la atención del arqueólogo, porque en él halla detalles de la vida íntima del pueblo que lo construyó. ¡Cuánta variedad de puertas hay en él abiertas; ¡cuántas diversas decoraciones, unas más ostentosas, otras más sencillas, guarnecen los paramentos de sus fachadas! Todo habla muy elocuentemente de sus costumbres, del misterio y del lujo en que vivían. En el cuerpo de la construcción se abren numerosas puertas de diversos tamaños, que conducen á diferentes estancias, cuyo uso puede adivinarse sin entrar en ellas. Preciosos divanes, estrechas garitas, pórticos suntuosos, y esos dos elegantes claustros cuyos arcos realzados sobre prolongados arranques, muy próximos en la curvatura al arco romano, descansan en impostas de colgantes, que ciñen la escocia del capitel y se apoyan en esas singulares columnas, las más robustas y hermosas del alcázar. Puertas alicatadas semejantes á las que hemos restaurado en el centro de la primera galería, cerraban los claros de las cuatro más elevadas decoraciones que hay simétricas, mientras otras más pequeñas cubrían los humildes arcos que dan paso á los estrechos pasadizos; y se observa en los siete claros de ambas extremidades que el del centro está más aperaltado que los otros para dejar menos espacio á los tímpanos que tan primorosamente decoraban con arabescos traslúcidos en forma de rombos, enlazados con relieves de cintas, hojas rayadas, conchas y piñas informes, pero delicadas. De estas dos elegantes galerías, la del Sur está superpuesta de dos cuerpos de diversa altura, el primero con siete ventanas cerradas de celosías preciosamente combinadas, construídas cada una de más de 1.500 piececitas torneadas y cubitos rectángulos, que demuestran la ingeniosa paciencia de los obreros que á ellas se dedicaban; en la del centro hay un ajimez. El más elevado cuerpo aparece como un gran balcón ó galería descubierta (_menacir_) distribuída en los mismos claros de fachada, desde la cual se goza la más hermosa perspectiva de este patio. El arco que se ve en el centro del claustro comunicaba con las habitaciones altas que fueron destruídas, y en los años 1840 al 43 se colocó el antepecho de hierro que tan inoportunamente vino á cambiar su antiguo carácter, cuya obra se ha reemplazado por un tendido de celosías de madera, semejantes á los que se conservaban en las casas del Chapiz y otros barrios moriscos de Granada. El claro del centro, formado de cartelas, es una reminiscencia de la arquitectura indiana despojada de los animales alegóricos; se ha dudado si sería alguna restauración caprichosa, pero sus tallados de madera y letras karmáticas están hechos por mano musulmana; y además, por más extrañas que parezcan estas cartelas, tenemos ejemplares en Cairo, en Persia y en todo el Oriente. Son preciosas las dos hornacinas de las extremidades de esta galería, bastante desfiguradas hoy por falta de restauración.
El lado opuesto del patio no tiene más que el primer cuerpo, con un grande arco de entrada á la sala de la Barca y salón de Embajadores. Sus archivoltas son de proporciones tan armónicas, y sus columnas tan admirablemente torneadas, que no tienen la más ligera imperfección. Los capiteles de las dos del centro son los más bellos y mejor labrados que hemos visto y de la más moderna traza de almocarves; sus delicados adornos, pintados de azul y oro, la robustez del collarino, sin quitar nada á la esbeltez de la forma, y las suaves curvas de las basas, recuerdo de la línea gótica que se enrosca por el plinto cuadrado, hacen de estos pilares los más preciosos objetos de arqueología mahometana.
Los cuatro alhamíes que hay á las cabeceras de estos dos hermosos claustros, constituyen esos tranquilos lugares de reposo donde los árabes pasaban la mayor parte del tiempo sobre almadraques de camocán, forrados de aliceres de colores superpuestos y cosidos con hilo de oro, formando cada color un dibujo diferente. Á falta hoy de ellos, recreamos la vista en sus techos estalactíticos manchados todavía del brillante azul lápiz-lázuli, que se halla tan prodigado en este alcázar; en los restos de mosáicos muchas veces removidos; en la cornisa alminada donde falta el bazar en que colocaban los vasos de barro encarnado, las armas con empuñaduras esmaltadas y los candiles de bronce, y en los hermosos arcos de sus fachadas con dobles curvaturas escéntricas y estrías de media concha á manera de los agallones chinescos. Sobre ellos hay recuadros guarnecidos de repetidos blasones que ostentan la fatídica leyenda de «No hay más vencedor que Dios» y más alto todavía, entre los planos apilastrados, unas pequeñas ventanas, mexuares, de los aposentos encima construídos.
Hay dentro de estas mismas galerías, sobre una inscripción que citaremos luego, planos poco armónicos en la actualidad y que han dado ocasión á que supongan en ellos la existencia de pinturas semejantes á las que Makrisi cita de los monumentos antiguos de Bagdad y Cairo, como originarias de la Persia. Ibn Batuta refiere que en Granada habitaban muchas familias persas, y de aquí deduce que estos paramentos estarían pintados con escenas de sus guerras, fantasías de cuentos heróicos ó amorosas aventuras, á la manera que el kalifa Bi-Ahkam Yllah hizo pintar retratos de hombres célebres en su renombrado alcázar; y aunque según Ibn Jaldum los árabes de Andalucía habían tomado la costumbre de pintar figuras en las paredes, imitando á los cristianos, nosotros no hemos hallado en dichos paramentos ningún vestigio de ellas. Creemos, por el contrario, que aquí era sólo un medio de hacer más sencilla la ornamentación para que descansara la vista del espectador, fatigada del examen de tan finos detalles. El uso de las pinturas murales, atribuído á los fatimitas, ha podido usarse en otros parajes que citaremos luego; pero en este sitio sólo había una superficie estucada y brillante, de color marfil, sobre la cual ponían tapices con telas recortadas.
La puerta de arco de herradura, sin semejante en todo el palacio, indica por sí sola que fué siempre la antigua y única entrada á este patio de la _Albehira_, visto detenidamente su dentellado y sus enjutas, recuerdo positivo de los arabescos de Toledo; nada los asemeja en la Alhambra; hay que buscar el adorno en los mismos motivos de la mezquita de Córdoba. ¿Por qué, pues, este arco nos hace retroceder tres siglos, á lo menos, en la historia del arte? Tiene, sin embargo, una relación de continuidad, si entramos por él hasta llegar al patio de las dos puertas cuadradas y del gran testero que describiremos. ¿No parece que todos estos detalles pertenecieron á un período más remoto? Si no halláramos en el arco central de la inmediata galería que da paso al _octuvan_, llamado Sala de la Barca, otro arco de _almocarves_ con enjutas rellenas de ese primitivo adorno de vástagos y piñas arrolladas en espirales, ornatos que pueden llamarse primitivos, diríamos que la puerta antes citada estaba ya hecha cuando se construyó este patio.
Se hallan diseminadas otras puertecillas simétricas que servían para comunicar con escaleras que fueron destruídas, ó con pasadizos interiores. Las que hay bajo las galerías tenían usos especiales para las guardias y servidumbre, cuyas gentes jamás se servían de las principales. Más de un escritor se ha metido á censurar estas irregularidades aparentes, desconociendo el objeto social del arte; pero el que se halle iniciado en la vida íntima del pueblo árabe, en sus costumbres y en su religión, deducirá de la forma y atavío de estas diversas decoraciones el destino de cada uno de los aposentos que guarda.
Cuatro importantes restauraciones ha sufrido este patio: una en 1535 y siguientes; otra en 1590; otra en 1691, y la última en 1860.
En la de 1535 se hizo la reforma de casi todo el alero de madera, la composición de las cubiertas, con cuyo dato y otros que citaremos, no titubeamos en admitir la existencia de las cubiertas vidriadas en todo el palacio. También se compusieron hacia la misma fecha los festoneados de tejas de colores que lo embellecían y las _jairas_ del patio por un llamado Peñafiel, que tenía la fábrica en la Alhambra[80].
En los años siguientes[81] se levantó casi todo el alero de madera, _albexares_, porque dice el aparejador Vega que estaban podridas sus fardas y era preciso desmontar las armaduras de los almines, lo cual prueba que esas dos grandes líneas de los costados de este patio podían hallarse interrumpidas por _kubbas_ ó cúpulas de diversas formas. Nosotros hemos hallado las _tabias_[82] antiguas interrumpidas, donde asientan los kanes del alero con obra moderna.
La restauración de 1590, por Miguel de Luna, se fijó principalmente en la galería de los tres cuerpos y en toda su yesería; se repuso toda la parte de azulejos por el maestro azulejero Antonio Tenorio[83], fabricante en la misma Alhambra, según el sello hallado en algunos tiestos del Secano, y se colocaron rejas de hierro rompiendo las inscripciones.
En la del año 1691 se taparon muchas puertas del patio; se hizo una armadura colosal y pesadísima sobre el claustro que arrima á la torre de Comareh, la cual estuvo colocada hasta el año 1857, cubriendo toda la sala de la Barca y cobijando las dos torres almenadas; también fué embaldosado con una multitud de piedras blancas, procedentes de inscripciones raspadas que habían servido á otros monumentos, las cuales eran en número de 147, y formaban grandes pedazos, cuyos letreros fué imposible descifrar[84].
En todo el siglo XVIII y principios del actual, ha perdido este patio la mayor parte de sus azulejos, la puerta de la sala de la Barca y sus _comarraxias_ ó yeserías moriscas y fué, por último, convertido su estanque en lavadero público, y sus enclaustrados servían de taberna á las gentes que todavía el año 1833 subían desde la población, para jugar á los náipes, bajo sus bellísimos artesonados.