Part 12
Cerca de la Puerta del Vino, y al terminar la citada calle, había otra puerta de arco, que se conservaba todavía á principios del siglo último. Hemos visto al derribar unas casillas modernas que se habían hecho arrimadas á la muralla, los cimientos de ella, uniendo la Alcazaba al arrabal de Garnata, como ya hemos dicho. Se llamaba Puerta Real.
La inscripción de la Puerta del Vino dice así[56]:
«_Me refugio á Dios, huyendo de Satanás apedreado. En el nombre de Dios clemente y misericordioso. La bendición de Dios sea sobre nuestro Señor y dueño Mohamad y sobre su familia y compañeros: salud y paz. Ciertamente te hemos abierto una puerta manifiesta para que te perdone Dios tus pecados pasados y venideros, y te otorgue su cumplida gracia, y te dirija por el camino recto, y te conceda su poderoso auxilio. Gloria á nuestro Señor el Sultán Abú Abdil-lah Algani bil-lah, Gloria á nuestro Señor el Sultán Abú Abdil-lah Algani bil-lah_».
Algani bil-lah era el epíteto que llevaban muchos reyes de la España árabe y que más particularmente se dió á los de Granada; pero esta inscripción debió colocarse en el asiento de otra que sería de piedra como el resto de la decoración y que fué reemplazada por la de yeso que hoy vemos, cosa que hicieron muchas veces los árabes en los monumentos, para borrar la memoria de monarcas injustos ó usurpadores.
Pasando esta puerta y continuando como unos veinte metros antes de llegar al ángulo del palacio de Carlos V, había en el siglo pasado un gran olmo, que según la tradición de los moriscos que habitaban Granada cincuenta años después de la conquista, era el mismo bajo el cual el mufty daba audiencia á los que la solicitaban de los reyes moros. La casa de este ministro de la justicia estaba muy cerca, y aun suponemos, con el apoyo de la misma tradición, que debía hallarse el árbol en el centro de un gran patio, el cual era el primer monumento que se veía entrando á la segunda muralla que, como ya hemos dicho, terminaba en la Puerta del Vino.
Al viajero que llega á esta explanada le sorprende ver un palacio de estilo greco-romano del siglo XV alzarse por un lado con aspecto un tanto majestuoso y rico y por otro las rojas y formidables torres de la Edad Media, imponentes baluartes que parecen faros levantados sobre rocas para alumbrar la ciudad extendida á sus pies. Un castillo ó alcazaba, una hermosa puerta árabe, almenas y baluartes arruinados, una casa moderna, jardines y el palacio de Renacimiento, forman ese conjunto que choca á la vista, donde nadie espera hallar más que los recuerdos de una época caballeresca de lucha incesante entre dos civilizaciones, y en vez del encanto melancólico que sentiríamos al hallarnos en medio de esta que fué inexpugnable fortaleza, encanto que es necesario ir á buscar al fondo del palacio de Alhamar, nos encontramos la planta altiva de un conquistador cristiano, impresa en el centro de la Alhambra. Á un mundo fantástico, sueño de siete siglos despierto entre minaretes, anditos, arriates y cármenes, con la sombra de Almamen discurriendo por el campamento, los subterráneos y los adarves, han sucedido con sorpresa los recuerdos traducidos en mármoles de las glorias de Flandes y de Italia, fuerte contraste que nos hace exclamar: ¿Por qué el emperador no mandó construir su palacio lejos de este sitio respetable?
Gran Mezquita, hoy Santa María.
En el centro casi de la Alhambra se alza un sencillo templo que realmente no tiene más interés que el recuerdo de lo que era en su origen. Lo que existe se fundó en 1581 y se concluyó en 1613, siendo su director Juan de la Vega, y habiéndose observado al construirlo, que en sus cimientos había restos y pedazos de obras más antiguas que de los árabes[57]; pero no se dice más en el pliego suelto referente á la obra de esta Iglesia.
Había antes en este mismo sitio una mezquita que se titulaba la Real del Alcázar, fundada por Mohamad Abdallah III, de la casa de Nazar, la cual estaba pintada de azul y oro con muy altos frisos de mosáico, y con elegantes columnas y capiteles que fueron habilitados para colocarlos en el Alcázar. El rey Mohamad sostenía en ella un riquísimo y ostentoso culto y ardían continuamente cincuenta lámparas labradas de bronce, nácar y concha, con trasparentes de seda. Se sostenía su lujo con los réditos que producían algunos baños públicos, construídos para este objeto, y también con las contribuciones impuestas á judíos y cristianos por tolerarles sus usos y costumbres; además estaba dotada de rentas permanentes; así lo cuenta Alcatib Abssalemi. Sabemos también que en 1493 se bendijo y consagró al culto cristiano como iglesia mayor, y que á la fecha de su demolición se hallaba tan ruinosa su techumbre de madera y se habían roto sus _alfardas_ de tal modo, que fué preciso derribarla en 1580.
Á la izquierda de este edificio había en los tiempos mahometanos un grupo de casitas cerca de la Puerta de los Carros, de las cuales una era la del Mufti, no conservándose más de ella que las dos lineas de cimientos señaladas en nuestro mapa. Además, dice Echevarría, que conoció un árbol en este sitio, bajo el cual, y según la tradición, se administraba justicia á la hora de las abluciones y rezos; pero nosotros hemos oído á un antiguo veterano de la Alhambra, que dicho árbol lo conoció muy cerca de la puerta alta que tiene la Torre de la Justicia que ya hemos citado. Sea de esto lo que quiera, lo cierto es que en toda esta plaza había construcciones árabes de no poca importancia sobre la segunda muralla interior, y que se derribaron para la obra del emperador.
En uno de los costados de esta iglesia hay una losa de mármol de Macael, clavada en el muro, con una inscripción gótica que alude á la consagración de tres templos dedicados á San Esteban, San Juan y San Vicente, del tiempo de los reyes Viterico y Recaredo. Dícese que fué hallada cavando los cimientos de la iglesia, lo cual viene á confirmar la creencia en la antiquísima población.
En lo alto de una columna de piedra colocada en la plataforma que la circunda hay un tarjetón con este letrero:
«Año de MCCCXCVII. Á XII de Mayo reinando en Granada Mahomad[58], fueron martirizados por manos del mismo Rey, en esta Alhambra, Fray Pedro de Dueñas y Fray Juan de Cetina, de la orden de P. S. Francisco, cuyas reliquias están aquí: Á cuya honra de Dios Nuestro Señor se consagra esta memoria por mandado del Ilmo. Sr. D. Pedro de Castro, Arzobispo de Granada, año MDCX».
Cuéntase sobre este martirologio, que eran dos los cristianos que venían á la Alhambra furtivamente, y se colocaban en la puerta de la mezquita para predicar á los moros que entraban en ella; que una vez los vió el Sultán y mandó arrojarlos de allí, los vió segunda vez y dispuso que los castigaran á palos; pero que habiendo penetrado tercera vez sin ser vistos y contra lo mandado, dispuso el rey que les quitaran la vida para escarmentar la osadía de los pobladores cristianos de esta comarca.
Este templo estuvo bien dotado y era el metropolitano antes que se construyera la Catedral. Hoy ha venido á un estado deplorable, y es sólo un vago recuerdo de los tiempos visigodos y mahometanos.
Palacio que se llamó de los Infantes, hoy ex-Convento de San Francisco.
Continuando desde Santa María por una calle de miserables casas, que conduce hacia lo más elevado de la fortaleza, llegamos al indicado Convento. Su capilla mayor no fué nunca parte de una mezquita, sino una sala árabe con alhamíes y arcos parecidos á los del Tribunal; pero en uno de sus cuatro lados abrieron un arco más grande para ponerla en comunicación con la nave de la Iglesia, cuyo rompimiento es una curva rebajada con decoración procedente de los arabescos del Palacio. Aunque damos el crédito que se merece á los notables escritores Padres Gonzaga y Sigüenza, cuando aseguran que este convento fué una mezquita, nosotros creemos que estaría la dicha Aljama cerca de él, ó en porción de sus muros; pero que la mencionada sala árabe, á juzgar por su estructura, no pudo ser parte de la mezquita citada. Operarios moriscos, á las órdenes de Fray Fernando de Talavera, arreglaron el edificio árabe antes de su reconstrucción en el siglo XVIII, y el citado fraile pidió y obtuvo de los Reyes Católicos la cesión del edificio, año de 1493, para establecer la primera congregación en Granada.
Hemos hallado en algunos muros interiores de las crujías del convento y bajo las costras de yeso, preciosos arabescos con sus colores antiguos, y además alicatados de mosáicos tan bellos como los mejores que se han visto del género musulmán. A los estanques cuyos restos se observan en la huerta del Convento se les da todavía el nombre de baños de los Infantes, y pueden verse los cimientos de construcciones árabes que había enlazadas con este edificio.
Cuando hacia el año de 1530 se hicieron las obras primeras del patio de Lindaraja y se colocaron las columnas árabes de mármol blanco, que hay en él, se trasladaron muchos materiales del citado convento y mezquita á dicho patio, así como al inmediato de los cipreses, y ellos sirvieron para levantar parte de estas obras cambiando el aspecto de los jardines y ocultando la torre del Peinador.
En la Iglesia estuvieron depositados los cadáveres de los Reyes Católicos, hasta que se trasladaron á la Capilla Real. También sirvió de sepultura á la familia del marqués de Mondéjar.
Fray José de Cañizares copió y tradujo las inscripciones que halló en todo el edificio, año 1690, y se ocupó de las piedras escritas que se han perdido; después Iranzo asegura (1759) que las vió y estuvieron en su poder las copias. De cualquier modo, las crónicas árabes cuentan que en este sitio fueron enterrados cinco emires, entre ellos el fundador Alhamar, en una caja de plata, y no sabemos si se referirían á esto las inscripciones halladas por Cañizares. Ello es que cuando se instaló el Convento, el edificio era morisco y fué hundiéndose poco á poco, aplicándose sus vestigios al palacio árabe; que en su Iglesia se enterraron los primeros Alcaides ó Capitanes Generales, y muchos personajes que combatieron la rebelión, y que su próxima ruina augura descubrimientos importantes. Hoy se está hundiendo, y se ha hecho una ligera reparación para conservar la parte arabesca, lo cual será insuficiente si no se acude con otros medios.
Torres de la Cautiva, de las Infantas, de los Picos, del Mihráb, Casa del Príncipe ó de las Damas, y la del Marqués de Mondéjar.
La de la Cautiva es una preciosa habitación del más puro y delicado ornamento prodigado con un lujo extraordinario y brillante. Hemos seguido en el año 1876 la restauración que en ella empezamos el 73, y aunque sin terminarla, hemos conseguido que pueda visitarse y verse en su estrecho recinto una verdadera maravilla de aspecto y buen gusto. ¡Con qué hermosura se hallan distribuídos sus atauriques y engalanadas sus puertas! Su pequeño recinto nada le quita á lo esplendente de la elegante vestidura, y en ella se ansía poseer tan bella estancia para nuestras horas de contemplación. ¡Qué lástima encontrar sus artesonados, puertas y vestíbulo destruídos el año de 1810 por los soldados de la invasión francesa!
No tiene más que un pequeño ingreso, un patio con cuatro pilares muy reducido, dejando un cenador con alhamíes y alacenas decoradas de bellísimos ornatos, y un arco en el centro que da paso á la sala cuadrada, con los tres nichos ó ajimeces restaurados. Sus inscripciones se refieren á Abul Hachach Yusuf III de la dinastía de los ben Nasr, y con efecto, parece su arquitectura de esa época[59].
Le han dado el nombre de Torre de la Cautiva porque fué la prisión de Doña Isabel de Solís, donde la visitaba el monarca moro; y en el romance suponen, que para librarse de las seducciones amorosas de aquél, se descolgó desde la ventana que está á la derecha, por cuyo ajimez habían entrado los cristianos para asesinar al rey moro y vengarla del cautiverio[60].
Son especialmente delicados los ornatos de la sala cuadrada, y conservan parte de los brillantes colores y oro con que estaban iluminados. Los azulejos son más variados en el color que los de la _Casa Real_. Tiene multitud de inscripciones entre las que se leen las suras 112 y 113 con esta especie de profesión de fe que los mahometanos oponen al Misterio de la Trinidad: «Dios es único, eterno, ni engendró ni fué engendrado, ni tiene semejante alguno...»
En metro kamil y alrededor de la inscripción en la anterior faja dice:
«Es una torre defensiva[61] que se presenta á nuestra vista, y que contiene en su interior un alcázar[62] resplandeciente como la luz de una hoguera.
»En ella hay obras primorosas, sobre cuyo origen se disputa (_por no saberse_) si proceden de una sola, única en su género, ó de una sola pareja.
»Hay labores de azulejos en sus paredes y en su pavimento[63] que parecen labores de brocado...
»... Cuando aparece en ella el nombre de nuestro Señor Abul Hachach.
»Poseedor de la grandeza, de la bravura y de la generosidad: auxilio del que implora, benéfica lluvia del que espera.
»De la familia de Saad, de los ben Nasr, de los que ayudaron y dieron hospitalidad al Señor de la escala[64].
»La bendición de Dios sea sobre él; salud y paz».
En cada ángulo, alrededor de la inscripción cúfica, hay un verso semejante al anterior, que constituye parte del poema.
Nos ceñimos á publicar aquí otra de las cuatro, que describe algo de la parte artistica:
«Esta obra ha venido á engalanar la Alhambra.
»Es una morada para los pacíficos y para los guerreros.
»Una torre defensiva que tiene en su centro un alcázar. Dirás al verla: es una fortaleza y á la vez una mansión de alegría.
»Es un alcázar en el cual el esplendor se halla repartido entre su techo, su suelo y sus cuatro lados.
»En el estuco y en los azulejos hay preciosas obras; pero las labradas maderas de su techo aún son más elegantes.
»Fueron reunidas y después de su unión son más á propósito para la victoria que tiene en ella el más elevado lugar.
»Ha reunido obras poéticas en que hay paronomasias, trasposiciones... y juegos de palabras.
»Se nos manifiesta sin prodigios en el rostro de Yusuf que es donde todas las hermosuras han alcanzado el mayor grado de perfección.
»De Jazrell procede su gloria más eminente, sus altos hechos en pro de la religión...»
Lo demás está ininteligible por mutilaciones, y no continuamos porque se repiten muchas ideas de las ya publicadas; sólo apuntaremos que alrededor de la ventana del frente dice:
»Gloria á Abul Walid Ismail, el mártir santo, objeto de la misericordia divina, etc.» Se refiere á Ismail I, el que fué asesinado por su primo Mohamad, Señor de Algeciras, en 1325.
Torre de las Infantas.
Damos la preferencia á esta Torre, por tener mejor distribución, más elegancia en su aspecto central, adornos colocados con más sencillez, y la pureza toda que distingue al género clásico en la manifestación del arte. Los que han querido estudiar á fondo las obras árabes no han olvidado ésta. Obsérvase que hay en ella todas las comodidades que exije la vida oriental: un zaguán con techo de bóvedas de arista, muy raro; la entrada á un costado para que no se descubra desde fuera el interior del edificio; nichos á manera de alacenas para centinelas de eunucos ó esclavos; pequeño cuarto del guardia; ingreso y sala principal con fuente en el centro, desde la cual, á derecha, izquierda y frente se pasa por hermosos arcos lobulados, á las alcobas de los divanes perfectamente abrigadas y cómodas: en el segundo piso, otras estancias para las mujeres, más reservadas todavía, y en la azotea ó terrado, bellísimo paisaje de donde se descubre principalmente á Generalife y los enormes muros de argamasa que sostienen los jardines en forma de mesetas.
Un ligero croquis de planta y alzado que publicamos, conservará la memoria de este monumento.
A principios de este siglo se le hundió el techo de lacerías geométricas que tenía, así como las ocho ventanitas por las cuales recibía la luz. Había en el segundo cuerpo cuatro ajimeces de los cuales se conservan los dos más grandes y los claros de los pequeños. ¡Qué ornato tan bien repartido: cartelas, tableros de agramil, fajas y frisos del mejor gusto; los arcos lobulados con su intrados sencillo y elegante! Falta la ventana de dos arcos del extremo del eje central, el pavimento y muchos mosáicos.
Esta sala, como la anterior, la tenemos incluída en el plan general de restauraciones que nos mandó hacer el Gobierno, para llevarlo á efecto tan pronto como se concluya la obra del Palacio árabe. Es, sin duda, uno de los monumentos que hay en Granada más dignos de conservarse porque se presta á ser reproducido, y servir con ligeras modificaciones á las comodidades de la vida moderna.
La más importante inscripción que posee, es una que dice:
«Gloria á nuestro Señor el Sultán Abu Abdi-lah Almostagni bil-lah».
Torre de los Picos.
Es una construcción defensiva que guarda la Puerta de Hierro. En su interior tiene tres cuerpos y una hermosa tarbea cruzada por dos arcos apuntados que forman su techumbre. El exterior conserva detalles de los que han sido despojadas las demás torres de la Alhambra. Los Picos, que le dan nombre hoy, son las almenas que había en todo el recinto de la fortaleza. Sus ventanas de piedra son del puro estilo árabe. La puerta y las torres que la defienden hacen un conjunto misterioso y fantástico donde se ha inspirado la pluma de Washington Irving para describirnos á aquel poderoso y rico judío Almamen, que se deslizaba durante la noche por este sombrío lugar, para ir en busca de los medios de venganza que premeditaba contra el seductor de su hija.
Más allá se ven unas bóvedas casi llenas de escombros que fueron las caballerizas del conde de Tendilla, y antes, el alojamiento de un cuerpo de caballería africana que guardaba la entrada.
Hemos descubierto últimamente en esta torre que las dos curvas ojivales que se cruzan en la tarbea, son modernas, que tiene arcos vestidos de arabescos, y pinturas en los paramentos y bóvedas cubiertas por el yeso y el humo.
Mihráb y Casa de Astasio de Bracamonte.
Entrando luego en un estrecho callejón, hay un pequeño huerto donde se conserva una preciosa mezquita de bello y hermoso decorado; pero que ha tenido la desgracia de haber sido pintada tan mal y tan groseramente, que ha perdido esa encantadora delicadeza proverbial del arte mahometano. La ornamentación que la han colocado exteriormente es también falsa, pero en cambio de estas reparaciones lamentables, el lector puede gozar lo bien compuesto de este estrecho recinto y su elegante techo de lazos y ensambladura. ¡Cuán hermoso sería con sus perdidas filigranas de rojo, azul y oro, y el arco del _alquibla_ ó santuario que está en el centro del frente principal hoy manchado torpemente!
Mihráb... como se decía por los árabes y también por los cristianos en su aljamía, era el lugar _habitado por el espíritu de Dios_ ó de la oración recomendada por el Profeta; y se nota aquí, que vueltos hacia Oriente miraban el testero donde se guardaban los libros santos. La casita, también restaurada impropiamente, que hay unida á él, no tiene más que las habitaciones precisas para el santón, y hoy han colocado en una de ellas con el buen propósito de conservarla, la inscripción completa que había sobre la Puerta de la Casa de la Moneda, la cual tuvo el sano gusto de comprarla el propietario de esta finca, así como los dos grandes leones de piedra de Elvira que había en el mismo edificio[65], colocados á las dos cabeceras de un estanque abierto en el centro del Patio. Estas esculturas parecen hechas por artífices asirios; tal es el aspecto que tienen semejante al de los leones alados de los templos de Nínive. Sus melenas de rayas simétricas, sus colas como el tallo de un arbusto, los pliegues uniformes de sus cabezas y el carácter arquitectural de sus patas y garras, les dan la fantástica concepción de aquellas extrañas figuras de la antigüedad babilónica. Bien merecen ser guardadas en un museo para que no puedan desaparecer fácilmente.
Han colocado en el exterior de la mezquita varios escudos y un letrero que dice: «Fué esta la morada de Astasio de Bracamonte, escudero del conde de Tendilla.» Con efecto, este primer Alcaide de la Alhambra vivió en el palacio inmediato, cuyos cimientos apenas hoy se distinguen en la Huerta de enfrente.
Casa del Marqués de Mondéjar.
Enfrente se ven ruínas de murallas árabes repartidas de modo, que dejan entrever la traza de un edificio con estanques, subterráneos, cimientos y todo lo que puede indicar la existencia de un palacio de alta importancia. ¿Pudiera ser la casa del wacir Muza, personaje fantástico que se celebró en los romances[66], por no haberse querido rendir á los conquistadores? Después de tres siglos se oyen éstas y otras tradiciones interesantes, y el nombrado poeta americano dice que salió aquél de su casa por la Puerta de Hierro seguido de veinte jinetes, y pasando Fajalauza tomó el camino por el cual no había de volver jamás. Sea de esto lo que quiera, nosotros sabemos ciertamente que en 1796 se vendieron los últimos restos artísticos de este palacio, entre los que había columnas, fuentes y losas de mármol.
Torre del Príncipe.
Sobre la muralla y más al Norte se halla esta almunia que pertenece hoy á un particular, y á la cual se han dado diversos nombres, como Baño de Damas y Casa de las Odaliscas, hasta que hemos leído en Ben-Alkatif que fué el palacio que construyó Ismael para la sultana Olva, cuyo dato es el más verídico.
Su construcción y embellecimiento es del mejor gusto morisco. Todo el jardín que tiene delante lo ocupaba una hermosa alberca, cuyos cimientos se conservan todavía. La casa ha sido tan reparada y cambiada en su estructura, que apenas hoy puede señalarse con exactitud la primitiva forma y dimensiones. Parece, sin embargo, que era un vestíbulo, cuyo techo se ve hoy en la antesala del piso segundo, largo y estrecho, del cual se pasaba á una sala cuadrada de mucha altura, dividida ahora por un suelo para conseguir de ella dos habitaciones. Sus mosáicos y arabescos han sido cubiertos de una espesa capa de pintura al aceite, de color grosero y caprichosamente repartido; nótase, sin embargo, bastante belleza en la antigua decoracion, en el artesonado de madera y en otros accesorios que fueron bárbaramente estropeados. Esta casa pertenecía, no hace todavía cincuenta años, al Real Patrimonio, y fué vendida por una corta suma, inferior á su verdadero valor arqueológico.
Lo más notable de ella es la torre ó mirador que está revestido de los adornos más preciosos, delicados y menudos de toda la Alhambra, los cuales se conservan regularmente y los recomendamos como la mejor muestra del trabajo arabesco. Alternan en ellos las letras cúficas y africanas con motes y versos que están incompletos, entre los que se lee un pequeño poema, como todos lleno de fantasía.
A la derecha de este edificio hay un grupo de casas miserables, que pertenecieron á Don Alvaro de Luna y pasaron al dominio de la Corona[67]. En lo antiguo eran dependencias de los alcázares, y como tales, se ocuparon por moriscos en tiempos del primer conde de Tendilla.
Después, en el Partal[68] propiamente dicho, sólo hay ruínas de casas moriscas que no tienen enlace con el palacio, porque los muros se cierran aquí completamente; y todo el espacio ocupado por las huertas inmediatas conserva ruínas de edificios, entre los que se hallaría el que Ismael dedicó á su mujer predilecta Zeineb, cuyas rivalidades con Jadicha obligaron á este príncipe á construirle una casa, separada de la que le había regalado el sultán su hermano.
Torre de la Vela.