España Contemporánea Obras Completas Vol. XIX
Part 13
¿Cuál es la causa de que en España no prospere la revista? Primeramente, la general falta de cultura. En Inglaterra, o en Francia, no hay casa decente en donde no se encuentre una de esas publicaciones condensadoras del pensamiento nacional y reflectoras de las ideas universales. Para el parisiense de cierta posición, de atmósfera, llamémosla así, «senatorial», burgués de cualquier profesión elevada, propietario que se receta sus lecturas, o buen varón de la nobleza, la _Revue des Deux Mondes_ es una costumbre, o una necesidad. No hablaré, además, de tales o cuales revistas pertenecientes a estas o aquellas agrupaciones, políticas o religiosas; son legión. Albareda, que realizó aquí los esfuerzos que en Buenos Aires los señores Quesada, tuvo que ver la lamentable desaparición de su obra, y, si no ha acontecido lo mismo al señor Lázaro, es porque lucha bravamente contra todo peligro. Las tentativas han sido muchas desde hace largos años, en este siglo, que entre tantas peregrinas cosas, es el siglo de la revista. El _Teatro Crítico_ del padre Feijóo, puede muy bien considerarse en el siglo XVIII como una gran revista española, en cierto sentido; en la centuria actual la crítica de revista se cristaliza en _Fígaro_, aunque sean muy anteriores a los escritos de Larra algunas otras publicaciones que se asemejan al tipo de la revista. Si no tan antiguo como el francés, hubo en la corte española un viejo _Mercurio_. Asimismo, otras publicaciones periódicas y en forma de folleto que, a la manera del _Teatro Crítico_ del padre Feijóo, eran redactadas por un solo escritor. Entre las muchas revistas o semirevistas de aquel tiempo, he de citar, aunque sin orden cronológico, además del _Mercurio_, _El Censor_, _El Pensador matritense_, _El Correo de los Ciegos_, _El Pobrecito Hablador_, de Larra, el _Semanario Pintoresco_, el _Museo pintoresco_, la _Revista Española_, la _Revista Mensajero_, _El Laberinto_, de Antonio Flores y Ferrer del Río, _La lectura para todos_, el _Periódico para todos_, _El Museo Universal_, _La Ilustración de Madrid_, la _Revista Española de Ambos Mundos_, la _Revista Ibérica_, la _Revista Hispanoamericana_, _La Abeja_, de Barcelona, _La Revista de Ciencias, Literatura y Arte_, de Sevilla, la _Minerva, o el Revisor General_, _El Criticón_, de Bartolomé Gallardo, la _Crónica Científica y Literaria_, el _Almacén de Frutos literarios_, la _Miscelánea_, las _Cartas Españolas_, la _Lectura para todos_, la _Revista de Madrid_ y _El Europeo_ de Aribau. Entre las que he citado, muchas han sido ilustraciones, _magazines_, del tipo de revista para familias, variadas e ilustradas a la manera del antiguo _Magasin pittoresque_, de París. Las hubo que tenían un carácter puramente literario y científico; algunas, como _La Abeja_, se limitaron a ofrecer traducciones de varios autores extranjeros, especialmente alemanes, y no pocas intentaron producir un movimiento intelectual elevando el nivel de cultura, sin conseguirlo por desgracia.
Las últimas revistas, puramente tales, en forma de cuadernos, tipo _Revue des Deux Mondes_, que lucharon con todo heroísmo, fueron la _Revista de España_, fundada por don José Luis Albareda, y la _Revista Contemporánea_. La de Albareda contaba con colaboradores de primera línea, con las autoridades de la época, como don Manuel de la Revilla y don Juan Valera en lo referente a la crítica; pero poco a poco fué perdiendo su interés, disminuyó la colaboración, y el público, que no necesita mucho para proteger su pereza cerebral, abandonó las suscripciones. La _Revista Contemporánea_ fué creada por don José del Perojo. Era una publicación más científica y filosófica que de literatura y arte. Al lado de importantes trabajos españoles, se insertaban traducciones de autores en boga. Allí se publicó la primera novela rusa que haya aparecido en España, una de las mejores de Turgenev: _Humo_. También la _Revista Contemporánea_ fué paso a paso enflaqueciendo, por falta del apoyo público. Dirigióla por algún tiempo don José de Cárdenas. Es seguro que el motivo del decaimiento estribó en lo que por lo general causa la muerte de las revistas. Los que las dirigen, por pobres tacaños, quieren henchir el cuaderno con trabajos que no les cuestan dinero, y recurren a la falange de los grafómanos que hacen fluir gratis los productos de sus inagotables sacos; reunen suscriptores entre sus amigos y conocidos, que por fin se cansan de la continua bazofia, y rompen, a veces con la amistad, el recibo de la suscripción. Nada más grotesco que el director de una publicación que cuenta para ella «con sus amigos». La _Revista Contemporánea_ está dirigida hoy por don Rafael Álvarez Sereix, y está bastante mejor que en tiempo de Cárdenas; pero según tengo entendido, se produce también por colaboración _espontánea_, sin redactores ni colaboradores fijos, interesados en su mantenimiento y progreso.
La _Revista Hispanoamericana_ se fundó con muy buenos propósitos, pagaba con esplendidez los trabajos; pero no supo el director conducirla, faltó buena administración en el sentido de la propaganda; no encontró eco, por lo tanto, y murió no sin costarle a su editor varios miles de duros. La _Revista Mensual_ tuvo corta vida y estaba hecha _à l'instar de_ la _Revue générale_ de Bruselas. _El Ateneo_, con excelentes elementos, se fundó para publicar las conferencias, discursos, etc., dados en el Ateneo de Madrid. No interesó, a pesar de su material de importancia. _La América_, de Eduardo Asquerino, con colaboración americana, en un inaudito _cafarnaum_, pletórica, concluyó igualmente. La _España Moderna_ comenzó con bríos y colaboración española escogidísima. Luego se aumentó con la _Revista Internacional_ que dió a conocer a muchos autores extranjeros; pero la _Revista Internacional_ concluyó muy pronto, y la _España Moderna_, como lo he manifestado ya, con una suscripción relativamente escasa, se sigue publicando gracias al loable desinterés de su director y dueño don José Lázaro. La _Revista crítica de Historia y Literatura españolas, portuguesas e hispanoamericanas_, tuvo un brillante aparecimiento, con colaboración de primer orden, nacional y extranjera, en que resaltaban especialistas tan eminentes como Menéndez y Pelayo y Farinelli. Esta revista continúa, dirigida por don Rafael Altamira; pero paréceme que lleva una vida lánguida y que no aparece con la regularidad que sería de desear.
Ha habido algunas revistas interesantes, de ramos especiales, y entre las de derecho y administración se distinguió una publicada por don Emilio Reus, la _Revista de Legislación y Jurisprudencia_. Todas las corporaciones científicas, de ingenieros, arquitectos, militares, etcétera, publican órganos especiales que, por lo general, dan pobre idea de la cultura del elemento oficial. Casi siempre, no se encuentran sino indigentes reflejos del saber fundamental de otras naciones. Exclusivamente de arte, ya sea a la manera de la _Gazette des Beaux Arts_, o a la manera del _Studio_, o sus similares alemanes, no existe ninguna.
Las revistas independientes, producidas por el movimiento moderno, por las últimas ideas de arte y filosofía, y de las que no hay país civilizado que no cuente hoy con una, o con varias, tuvo aquí su iniciación con _Germinal_, de filiación socialista, apoyada por lo mejor del pensamiento joven. Murió de extremada vitalidad quizás... Demás decir que en Cataluña, sí, hay revistas plausibles, que, más o menos, dan muestra de la fuerza regional, como _L'Avenç_, _Catalunya_, _Revista Literaria_ y _La Renaixensa_. _Vida Nueva_, con formato de diario, es una especie de revista semanal, y es de lo mejor que se publica en Madrid. Revistas puramente intelectuales e independientes, al modo de _Mercure de France_, _Revue Blanche_ o _La Vogue_, de París, del _Yelow Book_; o el _Savoy_, de Londres, la _Rasegna_, de Milán, _Chap Book_ o _Bibelot_, de los Estados Unidos, _Revista Moderna_, de México, o _Mercurio de América_ y _El Sol_, de Buenos Aires, no hay más que una, a la manera de _La Vogue_ o de la antigua _Revue Indépendante_, de París, la _Revista Nueva_. Es ciertamente extraño que, existiendo un grupo de escritores y artistas que sienten y conocen, así sea incipiente y escasamente el arte moderno, no hayan tenido un órgano propio. Creo que la causa de esto se basa en el carácter de la juventud literaria, en lo general poco amiga del estudio y sin entusiasmo. La _Revista Nueva_ se propone reunir todos esos elementos dispersos, y desde luego cuenta con varias firmas de las más cotizables en literatura castellana actual. Ha tenido la dirección el buen talento de no hacerla sectaria ni aislada en un credo o bajo un solo criterio. Pueden caber en ella y caben los versos de los que intentan una renovación en la poesía castellana y los versos demasiado sólidos del vigoroso pensador señor Unamuno; los sutiles bordados psicológicos de Benavente y las paradojas estallantes de Maeztu; los castizos chispazos de Cávia y las prosas macizas de Unamuno, que valen más que sus versos, aunque él no lo crea. Además, la _Revista Nueva_ está en relación con Europa y América, y su colaboración aumenta cada día. Quiera Dios que no vaya, también, una buena mañana, a amanecer atacada de la enfermedad mortal de las revistas.
Las ilustraciones no son pocas en España, y entre ellas van a la cabeza la antigua _Ilustración Española y Americana_, fundada por don Abelardo de Carlos, y la _Ilustración Artística_, de Barcelona. _La Ilustración Española y Americana_ está asentada sobre inconmovibles bases, entre las primeras del mundo. Sus redactores son de por vida, como el invariable Fernández Bremón, o el que fué don Peregrín García Cadena. Su forma, sus grabados, la colocan en el grupo de _L'Illustration_, de París, _Illustrated London News_, _Graphic_ y sus semejantes de Berlín, Roma, Munich o Nueva York. Con los progresos del fotograbado, ha disminuído un tanto la aristocracia de sus viejos grabados en madera, que alternan hoy con el inevitable clisé de actualidad. Aunque su plana mayor se compone de escritores veteranos, tiene campo abierto para las manifestaciones del pensamiento nuevo, como se sepan guardar «las conveniencias», pues hay que recordar que si _La Ilustración Española y Americana_ es popularísima, no deja por eso de ser el periódico preferido de las clases altas, y eso tanto en España como en la América española.
La _Ilustración Artística_, de Barcelona, viene en seguida, y se distingue por su preferencia de los asuntos artísticos, fiel a su nombre. Uno de sus colaboradores fijos es doña Emilia Pardo-Bazán.
Los Estados Unidos han enseñado al mundo la manera como se hace un _magazin_ conforme con el paso violento del finisecular progreso. Los adelantos de la fotografía y el ansia de información que ha estimulado la Prensa diaria, han hecho precisos esos curiosos cuadernos que periódicamente ponen a los ojos del público junto al texto que les instruye, la visión de lo sucedido. El _Blanco y Negro_ va aquí a la cabeza; luego vienen la _Revista Moderna_, _El Nuevo Mundo_ y algunas otras como el _Álbum de Madrid_, que publica retratos de escritores y artistas, artículos literarios y poesías. El _Blanco y Negro_ es muy parecido a nuestro _Buenos Aires_ o a _Caras y Caretas_, con la insignificante diferencia de que posee un palacio precioso, tira muchos miles de ejemplares y da una envidiable renta a su propietario el señor Luca de Tena. En Barcelona hay varias revistas como _Barcelona Cómica_ más o menos literarias y artísticas; y _La Saeta_, periódico picante por sus fotograbados, por lo común desnudos, _poses_ de malla o camisa, género Caramán Chimay y aun más pimentados.
La caricatura tiene por campo una o dos páginas de cada «almacén» o revista ilustrada. Casi siempre, la política y la actualidad es lo que forma el argumento. Pero no existe hoy un caricaturista como el famoso Ortego, por ejemplo. Como todo, la caricatura ha degenerado también. Ortego, me decía muy justamente el señor Ruiz Contreras, director de la _Revista Nueva_, ha sido el rey de la caricatura en España; ninguno de los otros puede compararse con él; él _creó_ la _semblanza_ de todos los políticos y monarcas, de todos los personajes de la revolución; él hizo a Montpensier imposible, con una caricatura. Si analizáramos la influencia que ha tenido Ortego en el porvenir de la Nación, nos horrorizaríamos. En este pueblo impresionable, una nota se agiganta y se hace un libro, un chisme se transforma en historia y una calumnia en _débâcle_ inmensa. Más daño que todos sus enemigos le hicieron a Montpensier las caricaturas de Ortego, ¿fundadas en qué? Pues en que Montpensier tenía una huerta de naranjas. «El rey naranjero». Esto bastó para desacreditarle. Como bastó, para hundir a don Carlos, pintarle un día rodeado de bailarinas y sacripantas. Ortego, además de su intención profunda, tuvo una ventaja sobre todos, y es que dibujaba maravillosamente. Solía también encontrar en el personaje un rasgo fisonómico para su caricatura, y acertaba tanto en la elección, que no era posible ninguna variante. Su Narváez, su Prim, su Sagasta, su Isabel II, son inolvidables. Asimismo se dedicó mucho a la caricatura de costumbres, en la que hizo prodigios. En esto era un inmediato descendiente de Gavarni. El pueblo de Madrid, con sus toreros, con sus curas, con sus manolas, sus majos, sus cursis, sus hambrientos, sus oficinas, sus teatros y sus verbenas, aparece y resucita en los dibujos de Ortego, que son para el historiador un documento de grandísima importancia. Hace algunos años se reunieron los dibujos de Ortego en álbumes especiales, pero la publicación, con ser de tanto interés para todos, no se hizo popular. El público estaba distraído con otra cosa.
Luque, Padró, Perea y Alaminos han hecho casi solamente, la caricatura política. Menos hábiles en el dibujo, buscaban la intención en las ideas; sus caricaturas tienen más _bilis_ que _lápiz_; demuestran sus odios políticos más que su arte. Iban sólo a hacer daño; más que revolucionarios de su tiempo, eran anarquistas. Destruían con el ridículo, aumentándolo, inventándolo a veces. Perea se dedicó luego a la especialidad de toros y sus dibujos de _La Lidia_ han circulado por todo el mundo. Sojo ha sido también un político de lápiz; _dibuja_ poco: todo el interés de su obra se basa en el pensamiento. Cilla y _Mecachis_ explotan por algún tiempo la crítica de costumbres. Cilla _inventa_ los personajes, mucho más que los toma de la realidad; ha creado varios tipos que repite constantemente. Así ha hecho Mars en París. Cilla es en el dibujo en España algo como López Silva en sus versos. Nada más alejado de la verdad, nada más falso que los chulos de López Silva, a quien llaman el heredero de don Ramón de la Cruz; y sin embargo, se ha convenido en que los chulos de López Silva son los verdaderos, y por tales se les mira y admira; y queriendo hablar en chulo, la gente joven habla en López Silva. Lo mismo sucede con los dibujos de Cilla. Nadie es exactamente como lo que Cilla dibuja, pero, a fuerza de verla, parece más real su mentira que la realidad. Más humano es _Mecachis_: y como más humano es también menos monótono; como observa y copia, varía más. Después de Ortego, _Mecachis_. Todos los demás, excelentes _periodistas_. Ángel Pons, que hoy está en México, empezó bien; pero también tiene más ideas que dibujo; tampoco es un observador. Y muy observador de la caricatura extranjera, como Rojas su discípulo. Puede decirse que casi todos los actuales dibujantes se proveen de inventiva y de rasgos felices en las revistas de otras naciones. Apeles Mestres y Pellicer saben dibujar y dibujan de firme. Mestres ha hecho caricaturas admirables en los periódicos satíricos catalanes. Es un _moralista_, como casi todos los verdaderos caricaturistas. Es de recordar una caricatura publicada en _La Esquella_, de Barcelona. Un coche fúnebre, con ocho caballos empenachados y otro con un jaco de mala muerte; y la leyenda: _Com mes richs mes besties_: Como más ricos, más animales. Pellicer conoce su arte y estudia las costumbres. Sus dibujos son documentos y sus ilustraciones de obras admirables estudios. Para las obras completas de Larra ha dibujado tipos como _Fígaro_ pudo concebirlos; a Larra le ha hecho como era.
Ese retrato ha quedado definitivo para el futuro, con un valor de época, inimitable. Pellicer ha superado en esto al mismo Madrazo. Moya y _Sileno_, Rojas y Sancha trabajan profusamente y tienen bastante demanda; _Sileno_ ilustra principalmente el _Gedeón_, y sobresale en la sátira política. Sancha se ha hecho un puesto especial, apoyado en el _Fligene Blatter_, y deformando, hace cosas que se imponen. Sus deformaciones recuerdan las imágenes de los espejos cóncavos y convexos; es un dibujo de abotagamientos o elefantiasis; monicacos macrocéfalos e hidrópicas marionetas. Marín estudia mucho, y apoyado en Forain, hace excursiones al bello país de Inglaterra. Es un erudito de lo moderno, un simpático artista, cuyo modelo principal debe de ser una elegantísima y singular mujer, apasionada de D'Annunzio y fascinada por París. Leal da Cámara, portugués, joven, de indiscutible talento, dibuja en Madrid, un tanto desganado, con el pensamiento puesto en Jossot, a quien conoce, y animado por el espíritu de Cruikshank, a quien seguramente ignora.
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AL REDEDOR DEL TEATRO
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4 de julio de 1899.
ÁSPERO empieza el verano en Madrid. Desde que los calores se inician, el desbande a la _villégiature_ comienza. Se abren los nocturnos refugios, entre ellos el Buen Retiro, con su teatro y sus conciertos en los jardines; se instalan las horchaterías con sus incomparables aguas dulces que entusiasmaron a Gautier, servidas por frescas y sabrosas muchachas, la mayor parte denunciadoras de su gracia levantina; los sombreros de paja hacen su entrada y uno que otro panamá de «repatriado» da su blanca nota tropical. ¿A dónde ir después de comer? Se ha inaugurado en el Madrid Moderno, allá lejos, un teatrito al aire libre, en el Parque de Rusia. En compañía de un autor dramático, buen observador y excelente _copain_, allá me voy, animado por las estrellas que pican de oro el fino azul de la noche. Al pasar por el Prado, me siento detener por un grupo de niños que, a la claridad del cielo, asidos de las manos, cantan acompasadamente. ¿Qué cantan? Son unas de esas antiguas canciones que han venido de siglo en siglo y de labio en labio, repetidas en las rondas infantiles, al crepúsculo de las tardes de mayo y en las abrasantes noches de estío. Apuro la oreja, y me llega:
Un pajarito va, carabí, Cantando el pío, pío, carabí, El pío, pío, pá, carabí, hurí, hurá.
Luego, en otro tono:
Papá, si me deja usted... Un ratito a la alameda (_bis_) Con los hijos de Medina Que llevan rica merienda (_bis_). Al tiempo de merendar Se perdió la más pequeña (_bis_).
Y luego, en otro ritmo:
Quien fuera tan alta Como la luna, Ay, ay, Como la luna, Para ver los soldados De Cataluña. Ay, ay, De Cataluña, De Cataluña vengo De servir al rey. Ay, ay, De servir al rey. Con licencia absoluta De mi coronel. Ay, ay, De mi coronel. Al pasar el arroyo De Santa Clara, Ay, ay, De Santa Clara, Me se cayó el anillo Dentro del agua, Ay, ay, Dentro del agua, Por sacar el anillo Saqué un tesoro, Ay, ay, Saqué un tesoro. Con la Virgen de plata Y el Niño de oro, Ay, ay, Y el niño de oro.
La música tiene el perfume de un vino viejo y sano. Su sencillez y su gracia _vieillotte_ hablan de otros tiempos, y el espíritu observador y meditativo coge al paso en esa flor armoniosa una gota de poesía. Pasa una _manuela_, es decir, una victoria, y en ella nos encaminamos al Parque de Rusia. Dejando atrás la Puerta de Alcalá, después de recorrer muchas calles llenas de polvo, llegamos. Un gran jardín, con laguneta, columpios, glorietas y kioscos rústicos, mal cuidado y mal presentado. Un _restaurant_ y un teatro. Cuando se alzó el telón habría unas ochenta personas en todo el recinto, y ellas no se aumentaron mucho hasta el momento de partir. El espectáculo... El _Casino_ de la Boca, a la par, es suntuoso, el _Cosmopolita_ de la calle Veinticinco de Mayo, cualquiera de nuestros _café-concert_ de segundo orden es una _Alhambra_ londinense o un _Jardín de París_, en comparación con estas abominables iniciaciones en el finisecular divertimiento. En el extinto _Variétés_, a fuerza de pesetas, se logró presentar algo escasamente semejante a nuestro teatrito de la calle Maipú; había siquiera dos o tres números que pudiesen despertar el gusto por el exótico espectáculo. Henry Lyonnet, en su libro sobre el teatro en España, observa lo poco preparado que está el terreno para la importación parisiense; pero es el caso que a estas horas, en la calle de Alcalá hay dos teatritos en que alternan tarde y noche cantaoras y bailaoras flamencas con _divettes_ traídas de Barcelona, de Marsella, o de París, y en uno de ellos he visto a una famosa pensionista de Nollet, la Nella Martini, cantando siempre sus desairados y pornográficos _couplets de la Pulga_.
En el Parque de Rusia se dió principio a la función con una cuadrilla de osados vejestorios, una parodia del Moulin Rouge. Las bailarinas, seguramente improvisadas para el caso, aun cuando pretendían encender a la escasa concurrencia, resultaban de un efecto moralizador indiscutible: ¡ni que hubiesen sido del Ejército de Salvación! Luego salió a decir su canción en _argot_ una flaca veterana, retirada seguramente del oficio, a quien nadie entendió una sola palabra; y otra le siguió, _grivoise_, igualmente detestable. Si no aparece en seguida Pilar Monterde, una española de cuerpo encantador, que baila las danzas nacionales con mucha gracia aunque un poco _para París_, la parte primera del espectáculo hubiera petrificado de fastidio a la asistencia. La segunda la desempeñó un discípulo de Frégoli, llamado Minuto--italiano, de Rosario de Santa Fe, ¡qué pensáis!--y la gente le aplaudió largamente, y con mucha justicia. Entre él y la Monterde se salvaron la noche. Ahora, a la ciudad. Y he ahí que no se encuentra a la salida ni coche ni tranvía. Los que salen primero logran atrapar uno que otro, y los demás... a seguir el camino por las calles empolvadas, con calor y fatiga. No me quejo sino vagamente, del percance, con mi amigo el autor; pero aprovecho la caminata para hablar sobre teatro. María Guerrero debe de estar a la sazón, al partir de Buenos Aires, con rumbo a su buena villa de Madrid; Antonio Vico, en sus postreros años de arte, va a América a hacer lo que debió hace mucho tiempo, corriendo el riesgo de una desilusión.