Escritos políticos, económicos y literarios
Part 17
"Nada seria mas grato á esta Honorable Junta para terminar las diferencias existentes entre esta parte de América y el gobierno de España, como el otorgar á V. SS. el amplio salvo conducto, que en su comunicacion del dia 4 del que corre (equivocado noviembre) solicitan en favor de sus personas, equipages, y criados, no ménos que del bergantin de la armada el Aquiles, su comandante, oficialidad, y tripulacion, revestido de las solemnidades, y garantias necesarias, con la inviolabilidad de sus papeles para pasar á alojarse y residir con plena libertad, y seguridad en esta ciudad, durante el espacio de tiempo, que fuese necesario para tratar, y llevar al cabo el importante negocio de su mision, si lo permitieran los mejores principios del derecho de gentes, las reglas adoptadas para todos los pueblos cultos, y la calidad parlamentaria de la mision de V. SS. en circunstancias de hallarse existente la guerra abierta, que S. M. C. tiene declarada á esta parte del continente, ocupando y hostilizando con sus ejércitos la mayor y mejor parte de las provincias altas de este territorio.--La Junta sin embargo crée un deber suyo alejar la vista de estos inconvenientes con el objeto de cimentar sólidamente la concordia, y acelerar la terminacion de diferencias, si la autorizacion de facultades, con que V. SS. se dicen revestidos por parte del monarca constitucional, es extensiva á reconocer, antes de toda negociacion, la preliminar é indispensable base de la independencia, que esta y las demas provincias en congreso general han establecido en la acta, cuyo ejemplar certificado se acompaña, y de cuyo sagrado compromiso ante el Eterno, y ante las naciones del globo, no pueden separarse un punto sin renunciar á sus mas altos é incontestables derechos. Espera, pues, la Junta que V. SS. se servirán indicarle por conducto del gobierno, natural y legitimo en estos actos, si sus facultades son extensivas á la indicada base, acompañando en tal caso las credenciales de su mision, para que en vista de uno y otro pueda resolverse sobre el salvo conducto y su mansion en tierra, con las amplitudes que la pretenden. Mientras tanto, con el honor de explicar á V. SS. en contestacion los sentimientos de la Junta, lo tengo tambien en ofrecerles las distinguidas consideraciones, con que los saludo á nombre de ella, como su presidente.--_Dr. Estevan Agustin Gazcon_, vocal secretario.--Señores de la comision régia D. Manuel Herrera, D. Tomas de Comyn, D. Feliciano del Rio, y D. Manuel Martin de Mateo. Es copia--_Dr. Gazcon_, secretario."
Esta nota fué remitida á bordo del _Aquiles_, el dia mismo de su fecha; quedó entregada _á las 8 de la noche_; y los comisionados, sin dar otro paso ninguno, se hicieron á la vela esa misma noche del 6, y desaparecieron, para no volver mas, de la rada de Buenos Aires. Aquí está el parte del oficial encargado de entregar la respuesta de la Junta.
"OFICIO DEL CAPITAN DEL PUERTO.
"El comandante de la goleta _Fortuna_ destinada á llevar á debido efecto la incomunicacion del bergantin español, que conducia la legacion española, con fecha de hoy me dice lo siguiente. 'Tengo el honor de informar á V. S. que en el dia de ayer á las ocho horas de la noche le remití el pliego de la Honorable Junta, á la Comision réjia á bordo del bergantin español _Aquiles_, que condujo el teniente graduado D. José Maria Pinedo, y quedaron en mandar la contestacion, si es que la hubiese; pero á las dos y media de la mañana zarpó las anclas marcando del E. cuarta al S. E. y luego de dos horas de haberse perdido de vista, creyendo haber concluido mi comision, me hice á la vela para las balizas interiores, en donde luego de haber fondeado izé la bandera de guardia. Lo que comunico á V. S. para su intelijencia.' Y tengo la satisfaccion de transcribirlo á V. E. para su superior conocimiento.--Dios guarde á V. E. muchos años. Buenos Aires y Diciembre 7 de 1820.--_José Zapiola_.--Exmo. Sr. Gobernador y Capitan General Sostituto. Es copia--_Luca_."
Estos documentos, publicados en la _Gaceta_ ministerial de 7 de diciembre de 1820, establecen los hechos siguientes:--que el _Aquiles_ solo estuvo en Buenos Aires desde el dia 4 en que entró, hasta la noche del 6 en que desapareció; y que la respuesta oficial de la Junta se entregó á bordo de ese buque _á las ocho de la noche_ de aquel último dia.--Oportunamente aplicaremos estos hechos. Volvamos ahora al tenor de los documentos que impugnamos.
El puede, tal vez, alucinar á los que no tengan nocion alguna de la lucha de los partidos, en las épocas que los documentos abrazan, pero no á quien conserve recuerdos de ella, ó á quien haya leido los periódicos y publicaciones de entonces: toda la supuesta nota de la Junta á los Comisarios réjios, no es absolutamente otra cosa que una recapitulacion de todos los cargos, acusaciones, insultos y calumnias, que los partidarios de D. Manuel de Sarratea dirijian entonces á los _Congresales_, _Puigredonistas_ y demas que figuran en la nota. Su autor no ha tenido evidentemente otro trabajo que agarrar los papeles de las épocas que recorre, é ir zurciendo todas esas acusaciones, en los mismos términos en que estaban las publicadas, tales como aparecian, sobre todo, en la célebre y calumniosa _causa de los Congresales_, impresa en 1820: la única diferencia consiste en que esos cargos y calumnias eran hechos á los hombres que firman la supuesta nota por sus enemigos políticos, mientras que en esta aparecen como confesion propia de los culpables.
Esa circunstancia es la primera que rechaza de plano, para todo hombre de buen sentido, la autenticidad de ese documento.
Se comprende bien, para mengua de la naturaleza humana, que haya hombres que cometan los crímenes que en la nota se atribuyen á los que la firman: pero que los haya, capaces de reunirse, en número de 23, para extender un documento escrito y firmado, en que _expontáneamente_, se acusan á si propios de haber ejercido vejaciones odiosas sobre el vecindario, de haber dilapidado y empleado en fomentar la guerra civil el dinero que, por esas vejaciones, arrancaban al pueblo; de haber "arruinado las fortunas particulares" (entre las que naturalmente irían las suyas envueltas); de haber formado el plan "de exterminar las provincias," las unas por medio de las otras; de haber hecho "que los ejércitos de una y otra parte se destrozasen; que las familias comprometidas abandonasen sus hogares, que se consumiesen los fondos de toda especie;" de haber dado entrada á los portugueses en la Banda Oriental, haciendo que se apoderasen, de parte de sus ganados; de haber tenido "por objeto principal dejar bien excitado el odio y la animosidad entre los pueblos hermanos;" de estar acostumbrados por principios _á medidas de sangre_, de tener por sistema celebrar "alianzas fraudulentas;" de calcular para todo, "con su propia ignorancia y corrupcion que ellos mismos fomentaban y perpetuaban"; de no haber tenido, en fin, otra ocupacion en 7 años consecutivos, que la traicion, el fraude, el esterminio de sus conciudadanos, la permanente conspiracion contra su patria;--que de todo eso se acusasen expontáneamente, por escrito y bajo su firma; que el Jeneral D. Martin Rodriguez, á quien todos conocimos tipo de intachable probidad política, reconociese haber sacrificado de intento una division cuyo mando se le confió, haciéndola derrotar por los españoles; en fin, que todos esos hombres se hagan un mérito de esos delitos y abominaciones, y traten de recomendarse por ellos ante otros hombres estraños,... ¡oh! eso no lo crée nadie: de eso no hay un ejemplo solo en la historia harto manchada, de las maldades humanas; eso es necesariamente falso, porque no puede ser verdadero. Ninguno de esos hombres ha tenido jamas fama de loco: ¿como creer que no hubiese uno siquiera á quien ocurriese la idea de que los _comisionados réjios_, á quienes dirijian ese testimonio de la mas abyecta degradacion moral, habian de mirar con repugnancia y con horror á entes tan despreciables y corrompidos? Esa sola reflexion bastaria, aun á presencia de firmas que pareciesen orijinales, para dudar de su autenticidad; cuando se trata de una simple copia, basta para afirmar la falsificacion.
Y en efecto, el mismo jeneral La Madrid la asegura positivamente: él dice que su firma _ha sido subplantada, como lo serán tal vez algunas otras_; ¿y quien ignora que documento en que hay una firma falsa es falso en todo su contesto? Si la del jeneral La Madrid _ha_ _sido subplantada_, ¿porque no lo habrán sido del mismo modo todas las demas? El que falsificó positivamente una, _y tal vez algunas otras_, ¿porque no habrá falsificado todas? La aseveracion del jeneral La Madrid respecto de su firma, destruye perentoriamente la que él mismo hace de la autenticidad del documento: son dos ideas que se repelen, tanto en jurisprudencia como en simple buen sentido. La misma desmentida que hace el jeneral La Madrid hacen tambien el jeneral Alvarez y D. Braulio Costa, que se hallan en Montevideo; el primero de estos afirma que, á la fecha del documento, no se hallaba siquiera en Buenos Aires, sino en San Nicolas de los Arroyos: tenemos, pues, tres firmas reconocidamente falsas: ¿quien abona la verdad de todas las otras? Sigamos examinando.
Suponiendo que los que aparecen en la nota hubiesen tenido toda la degradacion necesaria para firmarla, natural era que no confiasen documento tan grave, sino á personas en quienes tuviesen previa y completa confianza. Sinembargo, de la propia respuesta que se supone dada por los _Comisarios réjios_, resulta espresamente probado que no existia entre ellos y los que firman la nota, la mínima intelijencia: algo mas: en esa respuesta se hace decir á los _comisarios_, que la misma desdeñosa repulsa que hacen de la traicion de la _sociedad secreta_ la habian hecho de antemano á algunos miembros de ella: "Así lo dijimos en el Janeiro" está escrito en la páj. 46 del folleto, "al Sr. D. Manuel José Garcia, luego que nos hizo _las primeras_ aperturas de estos negocios en aquella corte; así lo manifestamos en Montevideo al Sr. D. Juan Martin Puigredon, y al Sr. D. Antonio Saenz con igual motivo; y tenemos el honor de repetirlo hoy á V. SS. en contestacion á su nota muy reservada." Existiendo esos antecedentes, ¿habria la Junta insistido en poner ese documento en manos de los que ya habian rechazado sus ofertas? No queda el arbitrio de decir que ignoraban esta repulsa; pues que la supuesta nota de la Junta, dice espresamente [páj. 40.] que la tenian preparada luego que se supo que iba la mision; y es natural que los ajentes en Montevideo, si no el de Janeiro, les hubiesen prevenido la repulsa de los _Comisarios réjios_. Es tan repugnante al buen sentido la idea de que los culpables confiasen su propio proceso de infamia y de muerte á hombres con quienes mediaban esos antecedentes, que todos admitirán esa circunstancia como una nueva prueba de la falsedad del documento.
No es ménos clara la que resulta, comparando la hora en que los comisarios recibieron á bordo la nota de la Junta, con la en que se supone que la contestaron. Al empezar esa nota reservada, se dice que la respuesta pública iba _inclusa en el mismo pliego_: por el parte del Capitan del Puerto arriba inserto aparece que ese pliego fué entregado en el bergantin _Aquiles_ á las 8 de la noche del dia 6; y la supuesta contestacion tiene fecha del mismo dia, _á las 9 de la noche_: una sola hora medió, pues, entre el recibo y la contestacion de la nota: ese tiempo apénas bastaba para la lectura seguida y rápida de un documento que tiene 26 páginas impresas: pero los Comisarios aparecen, á mas, diciendo que D. Felix Alzaga, enviado por la Junta para darle mas informes "ha tenido la bondad de acompañarlos en su lectura, haciéndoles sobre todo los detalles y explicaciones que juzgó necesarios;" y por último la respuesta de aquellos tiene cinco pájinas de impresion. ¿Puede admitirse que, en una hora de tiempo, los _Comisarios_ leyeron las notas de la Junta, oyeron _los detalles y explicaciones del Sr. Alzaga_, escribieron el borrador de su larga respuesta, y le copiaron en limpio para remitirla?
Esperamos que no se nos dirá que solo presentamos pruebas negativas: desde luego, es una negativa lo que con ellas tratamos de probar; y, despues de eso, pruebas de esa clase hay, tan irresistibles como las positivas. Continuemos manifestándolas.
Pocos habrá entre nosotros, que no conozcan la _Historia de la revolucion hispano-americana, por D. Mariano Torrente_: para escribirla, por órdenes especiales de Fernando 7.°, se abrieron al autor todos los archivos que contenian documentos sobre los sucesos que debia tratar: no hay hecho ninguno militar, político, diplomático, y aun puramente administrativo, en conexion con la revolucion americana, de que no muestre el escritor español conocimiento perfecto y oficial, aun que los desfigura y refiere conforme á su propósito. En esos archivos debieran naturalmente hallarse los muchos documentos, que, segun la nota de la Junta, probaban sus servicios al monarca: ella dice, pag. 21, que el Gabinete español _sabía bien_ el plan y los tratados secretos que tenian con el Brasil, _porque se les transmitió desde el principio_; y habla con repeticion de los informes que sus ajentes remitian á la Corte, y al embajador español en el Janeiro: algo de eso debiera haber llegado á conocimiento del historiador Torrente; y nada habria podido servir mejor al objeto único de su libro, que era difamar la revolucion y sus autores. Pues bien, Torrente no encierra una palabra, una indicacion siquiera, de que existiesen jamas los planos ni las intelijencias que la nota supone: muy al contrario, en su tonto empeño de persuadir que la América suspiraba todavia por la antigua metrópoli, dice precisamente que los únicos de quienes nada habria que esperar serian _los Buenos-aireños_, á quienes ataca como los mas rebeldes, mas tenaces y _demagogos_.
Pero eso es poco; ese mismo historiador desmiente perentoriamente mas de uno de los hechos referidos en la supuesta nota. Era, en efecto, de estrañar que, en medio de la desmoralizacion social, de la arraigada corrupcion que aquella probaria, si fuese cierta; no se hubiese dado, hasta su fecha, un solo ejemplo de traicion en un jefe militar, que se hubiese pasado al enemigo: la nota para llenar ese vacio, cita al jeneral Rodriguez cuando era sarjento mayor, á las órdenes del jeneral Rondeau. Pongamos en parangon lo que á ese respecto dice la nota y lo que Torrente dice: Segun la primera, D. Martin Rodriguez:
"Encargado de _una fuerte division_, sobre el ejército del rey, fué su primer empeño sacrificarla y _entregarse prisionero á los fines que se le indicaron_: él lo realizó todo á satisfaccion en Venta-y-media. Instruyó Rodriguez al jeneral Pezuela bien á fondo de nuestra situacion y nuestras miras, como de las suyas personales; y regresó _en clase de fugado, ó suelto jenerosamente_ por el enemigo."
Eso se supone firmado por el propio Rodriguez: he aquí como refiere ese mismo suceso el historiador español sobre lo que veces diversas, hablamos con el viejo jeneral, que se reia al recordar el modo como engañó á Pezuela. Despues de decir que la fuerza de Rodriguez era de _cincuenta hombres_, refiere como fué atacado por 180 al mando del comandante Vijil, que Rodriguez se parapetó en una casa, donde Vijil le atacó; y luego añade:
"La resistencia fué tenaz y vigorosa, hasta que viendo los insurjentes su inevitable ruina y la inutilidad de sus esfuerzos, rindieron sus armas coronando las sienes de los realistas con un ilustre triunfo, no tanto por el número como por la calidad de los prisioneros, entre los que se contó el mismo Rodriguez, que era el alma de las operaciones de Rondeau.
"Habiendo determinado Pezuela remitir á Lima varios prisioneros que no dejaban de embarazar sus operaciones, empleó el mayor Rodriguez todos los resortes de la malicia é intriga para no ser alejado de aquel pais en el que esperaba ejercer todavia su maléfico influjo. Con su hipocresia y con una afectada resignacion, capaz de deslumbrar al hombre mas prevenido y desconfiado, espuso al jeneral en jefe los deseos de retirarse á su casa si se le queria cangear por dos oficiales de igual graduacion, prometiendo desengañar á Rondeau de lo infructuoso de sus esfuerzos en continuar una guerra, cuya terminacion llevaba todos los caracteres de serle adversa, desde que el lejítimo Soberano habia sido restablecido al trono de sus mayores con aclamacion jeneral. Fué aceptada dicha proposicion de Rodriguez y admitido su cange por los coroneles Suarez y Sotomayor."
Ahí está segun el testimonio del enemigo, _una resistencia tenaz y vigorosa_, en vez de _una entrega_ por traicion que figura la nota: una fuerza de 50 hombres, peleando contra 180, en vez de una fuerte division sacrificada de intento; una astucia del prisionero, que burló al enemigo, y evitó que le mandasen á las casas-matas de Lima, en vez de una conspiracion en favor de ese enemigo; y por último, _un canje por dos coroneles_, en vez de la _fuga_ ó la _soltura jenerosa_. ¿Cual de los testimonios será mas atendible? ¿Que duda puede quedar de la falsedad de un papel, así desmentido por quien tendria mas interés en confirmarle? ¿Quien no vé que el odio de partido al noble gobernador de Buenos Aires en 1821, fué el oríjen de esa calumnia, de que le defiende el mas competente y acerbo, de sus enemigos?
La nota dice tambien, pag. 20, que el Congreso de Tucuman "declaró la independencia solo por captarse la aura popular, _de acuerdo con el ilustrado ministro español que tenia la embajada en el Brasil_." Existia, pues, en manos de la España ese gran documento, ese gran hecho, que alegar, no solo en la América, para desconcertar á los que continuaban haciéndola la guerra, sino tambien en Europa, ante las potencias que la amenazaban de reconocer la independencia de las colonias. Sin embargo, en tanto como se ha escrito en España, y en los puntos de América ocupados por sus armas, contra los independientes del Rio de la Plata, no ha aparecido una indicacion siquiera de ese hecho fundamental, cuya prueba oficial se dice que tenia el Embajador en el Janeiro. ¿Puede haber explicacion alguna de ese silencio, si no es la completa falsedad del hecho?
Uno de los méritos mas recomendados en la supuesta nota de la Junta, es que á los esfuerzos de esta se debió la ocupacion de la Banda Oriental por las tropas Portuguesas en 1817: se dice expresamente que tenian _tratados secretos_ con el Rey Juan VI; que los portugueses eran _sus aliados_ (pag. 26); que _á sus esfuerzos se debia el que estos tuviesen la provincia oriental_ (p. 25), y esa idea se repite mil veces, designando siempre á D. Manuel José Garcia como el ajente de la Sociedad en el Janeiro. Bien, pues: ese mismo D. Manuel Garcia, fué quien firmó la nota de 4 de Noviembre de 1825, que sirvió de declaracion de guerra al Brasil, por causa de la Banda Oriental: la ocasion era la mas propia para echarle en rostro su perfidia; sin embargo, sucedió todo lo contrario. El _manifiesto_, que con ese motivo publicó el gobierno imperial, el 10 de diciembre de aquel mismo año, es un libro de 240 pájinas; de las que 224 están ocupadas con _documentos_: el objeto del Imperio fué demostrar que él tenia la provincia oriental, por voluntad de esta, por que sus pueblos le habian llamado, aclamado y jurado: en ese empeño dió á luz cuanto documento pudo reunir, de los que la seduccion y la fuerza arrancaron desde 1817 á los cabildos de los pueblos Orientales: publicó tambien su correspondencia con el Enviado del gobierno de Buenos Aires, y, sin embargo, no hay una indicacion sola de esos _tratados secretos_, de esa negociacion con la Sociedad. Muy léjos de eso; el _manifiesto_ dice que "es en fin tiempo de descubrir al mundo entero" que el gobierno de Buenos Aires fué siempre pérfido y "trabajó sin interrupcion en las tinieblas para comprometer la marcha del Brasil." ¿Y que perfidias, qué trabajos tenebrosos son esos que el Brasil denuncia? No son otros que los esfuerzos y los trabajos para impedir que aquel se apoderase y conservase la Banda Oriental; tan léjos de haber sido para dársela, y para traer su conquista. Y téngase presente que esas quejas del _manifiesto_ empiezan desde 1810, "cuando reventó la revolucion de las provincias españolas del Rio de la Plata, incluso Buenos Aires." Esos son documentos públicos, de autoridad indisputable; ellos confunden las calumnias, vulgares en 1817 y años despues, sobre inteligencias de los gobiernos de Buenos Aires con el Rey Juan VI, y olvidadas posteriormente, como desmentidas por los sucesos.
Entre los hombres á quienes mas se calumnia en la nota, de haber servido á las miras de la España, como militar, como diputado, como director supremo, se cuenta el Jeneral Puigredon. Prescindamos de que no hay quien ignore en el Rio de la Plata las instigaciones de ese jefe á sus amigos, aun antes de venir él de España, para que promoviesen la revolucion contra la metrópoli: hay, fuera de eso, un hecho de su administracion, un hecho solemne, histórico, que desbarata, por sí solo, todas las calumnias acumuladas en la supuesta nota: hablamos de la insurreccion en la Isla de Leon del ejército español, destinado al Rio de la Plata en 1820. D. Andres Arguibel, ayudado, en mucha parte, por D. Tomas Lezica, ambos de Buenos Aires, fueron los que, por instrucciones del gobierno de Puigredon, y de acuerdo con él, pronunciaron y lograron la insurreccion de aquella expedicion, cuyo arribo habria puesto en muy grande conflicto la causa de la independencia. Los servicios que entonces hizo Arguibel hubieron de conducirle al cadalzo; tuvo que fugar de Cádiz, y refujiarse en Gibraltar, desde donde continuó sirviendo á su pais. Existen autógrafas, en nuestro poder, algunas cartas suyas, escritas desde Gibraltar, despues de aquel suceso, entre las que hay una dirijida á ese mismo D. Ambrosio Lezica, cuya firma aparece al pié de la supuesta nota de la junta todas ellas contienen avisos importantes y reservados sobre los planes de la España contra la América, que le comunicaban desde Cádiz sus ajentes. Arguibel volvió á Buenos Aires, donde justificó todos sus servicios en la insurreccion de la expedicion de Cádiz, para obtener el reembolso dá lo que en ese objeto gastó. Los archivos de Buenos Aires deben encerrar esos documentos. Esos fueron los servicios y conspiraciones en favor de España del gobierno del Directorio: minarle, desde Buenos Aires, sus ejércitos, y sublevarle una expedicion pronta á dar la vela contra el Rio de la Plata.