Escritos políticos, económicos y literarios

Part 14

Chapter 143,891 wordsPublic domain

"Luego que el Sr. Inspector General dispuso la retirada del retrato empezó la marcha en el mismo órden siguiendo la columna por el espresado arco principal, y de este por la calle de la Reconquista hasta la casa de S. E.--Al salir de la Fortaleza el acompañamiento _se empeñaron las Señoras_ en conducir el retrato de S. E. _tirando del carro, que alternativamente habian tomado los Gerentes y Gefes de la Comitiva al conducirlo al Templo_.--Las Señoras mostraron el mas delicado y vivo entusiasmo."--(_Gaceta Mercantil_ de Buenos Aires N. 4,866 de 19 de Setiembre de 1839.)

Hechos como estos no necesitan comentario: pónganse esos documentos al lado de la carta al señor Brent; y pregúntese si habrá un hombre de bien que no rebose en indignacion al ver el insolente descaro del hipócrita que firmó ese último papel. Recomendamos, sobre todo, al señor Brent, la lectura de esos hechos rejistrados en los anales del gobierno á quien sostiene.

_Marzo 6 de 1846._

AJENTES EXTRANJEROS EN BUENOS AIRES.

REGULARIZACION DE LA GUERRA.

El espíritu de la alianza paraguayo-correntina es lo mismo que sus fines, enteramente de civilizacion y de progreso. Los dos paises que la formaron miran la guerra como una fatalidad horrible, á que no tienen medio de substraerse, por que ningun otro camino deja la ambicion del enemigo comun, para conseguir lo que aquellos pueblos justísimamente demandan. Pero, ya que la guerra es inevitable, el deseo de regularizarla, de observar las prácticas mitigadoras introducidas por la civilizacion, aparece espresado por los gobiernos Correntino y Paraguayo en los manifiestos con que anunciaron al mundo su alianza. Ese mismo deseo hallamos ardientemente manifestado en los diarios Correntinos; y el _Pacificador_ propone que se busquen, para conseguir fin tan santo, influencias que dén alguna esperanza de que Rosas no las resista.

"Segun nos enseña la esperiencia, (dice ese diario), seria inútil, cualquier invitacion á este respecto, enviada al tirano por nosotros; pero, quizá no sucederá lo mismo, si es invitado por los agentes extranjeros residentes en Buenos Aires, y nosotros nos tomamos la libertad de escitar su filantropia para que así lo hagan. ¿Qué paso mas honorable para los amigos del gobernador de Buenos Aires, para esos poderes que se conservan neutrales en la cuestion? Si nada se consigue, ellos habrán ganado mucho en la estimacion general, y todo el mundo acabará de persuadirse quien es el responsable de la sangre y de la miseria pública."

Esa misma idea del _Pacificador_ fué públicamente propuesta por nosotros, mucho antes de que empezáramos la redaccion de nuestro diario; y Hoy reproducímos con gusto esas líneas del papel correntino, para que mas fácilmente lleguen á noticia de los ajentes extranjeros en Buenos Aires, á quienes son dirijidas. Nada, sin duda, les haria mas honor; ningun servicio mayor podrian hacer á ese pais en que residen, y en cuya suerte manifiestan interesarse.

Hay en la historia de las desgracias del Rio de la Plata, un vacio que hace sin duda alguna muy poco favor, á los diversos ajentes que han residido, durante ellas, al lado del dictador de Buenos Aires. Ni uno solo ha tenido jamas la santa idea de promover la regularizacion de la guerra--de esta guerra, cuyos horrores nadie mas que ellos han ponderado; marcando con el nombre de bárbaros á los pueblos donde se cometen.

Una interposicion desinteresada é imparcial, para mitigar los horrores de la guerra, es, sin embargo, _lo único_ útil y favorable á los belijerantes, que pueden hacer los ajentes extranjeros, en casos de luchas como esta, en que deben permanecer neutrales. Muy léjos de eso, las desgracias del Rio de la Plata solo ofrecen el ejemplo de ajentes que han mirado con induljencia, cuando ménos, las mas inauditas atrocidades, de parte del dictador á cuyo lado han residido: y cuando sus gobiernos, ó la pública opinion les han pedido cuenta de esa deshonrosa induljencia, no han tenido á ménos declarar "que estos pueblos solo pueden manejarse por _gobiernos fuertes_;" dando este nombre á verdugos, armados, en nombre de la ley, con el poder mas despótico que se conoce. Pero, cuando quiera que los enemigos del dictador han ejercido contra él alguna represalia, esos mismos ajentes no han hallado espresiones con que clasificar hechos, que jamas llegaron á la centésima parte de los cometidos por Rosas, por que provocaron esas represalias. En una palabra, los ajentes que han residido al lado del dictador;--con algunas pocas escepciones que todos conocen--han sido parciales y fautores suyos; y no han pensado, por eso, en desempeñar la nobilísima mision de mitigar los males de la guerra. Y no se diga que no fueron para el lo solicitados, del modo mas ardiente y mas digno. En Enero de 1842, cuando la victoria de Caa-guasú, obtenida dos meses antes, habia aniquilado el poder de Rosas en Corrientes y Entre Rios, y puesto en manos de los vencedores multitud de prisioneros de todas clases y rangos; el jeneral Paz,--el mismo que dirije hoy de nuevo la guerra contra el dictador,--se dirijió al Sr. Mandeville, entonces plenipotenciario británico en Buenos Aires, por conducto del ajente que en esta capital tenia el gobierno correntino, para rogarle que promoviese con Rosas la regularizacion de la guerra.

Tenemos á la vista la nota que el Jeneral Paz dirijió entonces á ese Comisionado: y vemos en ella que aquel Jefe decia: que "á pesar de no tener un perfecto conocimiento del estado de las relaciones diplomáticas de los agentes extranjeros residentes en Buenos Aires con el gobierno de D. Juan Manuel Rosas, creia que ninguno era mas propio para llevar á cabo esa negociacion que el Caballero Juan H. Mandeville, indicado ya en el encabezamiento de esta nota. Los altos respetos de la Gran Bretaña," añadia el Jeneral, "la conocida filantropia del gobierno y de la nacion inglesa, el carácter y las recomendables calidades de su representante; y aun la especie de deferencia que D. Juan Manuel Rosas presta al Caballero Mandeville; todo me induce á creer que sea este Señor el mas indicado para llenar tan laudable objeto."

El Comisionado Correntino transmitió al Sr. Mandeville, ó copia íntegra de la nota del Sr. Jeneral, ó la substancia de ella, vaciada en otra del propio Comisionado. Pero aquel diplomático ni respuesta dió, siquiera por civilidad; con el pretesto, tal vez, de que el Comisionado Correntino no tenia, para él, carácter alguno público; como si esa circunstancia hiciese desatendible una comunicacion que á tan importante fin se dirijia.

En Montevideo, por el contrario, algunos ajentes extranjeros han procurado inducir al sitiador á regularizar la guerra; y, aunque todos recuerdan la insolente respuesta que Oribe dió al Comodoro Purvis, y el ningun resultado que semejantes tentativas han logrado siempre que se renovaron; eso no disminuye el mérito de los agentes que promovieron obra tan digna.

Ahora se invoca de nuevo la interposicion de los que residen al lado de Rosas, se invoca en los momentos en que nuevos ejércitos van á encontrarse sobre el campo de batalla, si es que no se han encontrado ya. ¿No habrá entre aquellos señores uno siquiera que oiga el llamamiento que se hace á su filantropia y á su humanidad? Esos ajentes, cuya amistad por Rosas los ha conducido á actos propiamente de partidarios, ¿no creen que podrán obtener de él, en recompensa de los servicios que le han hecho, la promesa de negociar con sus enemigos la regularizacion de la guerra? ¿No seria ese resultado mas aceptable á los ojos del que encerró la sangre del hombre en vasos tan escondidos, para que sus hermanos no se atreviesen á derramarla, que no los ayunos y rogativas propuestas por el Sr. Brent? ¡Oh! sí: que los Ajentes que Hoy residen al lado de Rosas, llenen ese vacio deshonroso, que existe en los anales de nuestras desgracias; que promuevan, con empeño y con firmeza, el canje de prisioneros y la regularizacion de la guerra; y habrán desempeñado un alto deber de humanidad, que quedará grabado en la memoria de estos pueblos.

_Marzo 7 de 1846._

EL PEREGRINO.

CANTO DUODECIMO--POR JOSE MÁRMOL.

El éxito de un libro no depende muchas veces de su mérito, sino de que consiga hacerse leer, venciendo dificultades de oportunidad. La edicion francesa de los viajes de Azara en la América Meridional, está casi toda sin venderse en los estantes del librero Dentu, desde 1809, y es el mejor libro que existe sobre las rejiones que describe. Cervantes tuvo que publicar él mismo la crítica de D. Quijote, para conseguir que sus compatriotas leyesen el libro en que; por muchos años, estuvo compendiada toda la literatura española. ¿Tendrá Mármol que tentar algun arbitrio para que el breve volúmen que tenemos por delante se abra camino entre un pueblo cuya atencion absorben hoy las mas graves cuestiones políticas y sociales; para conseguir que espíritus ajitados profundamente, en presencia de realidades lúgubres ó espantosas, busquen solaz en lo que llamarán las aéreas creaciones de la fantasia?

Porque si el PEREGRINO consigue que le escuchen, seguros tiene el triunfo y la corona.

Y lo conseguirá, nos parece, con solo que se sepa quien es él, y cual es el pensamiento que representa. No es verdad que las producciones del poeta sean siempre aéreas y fantásticas; no lo es de manera alguna en el siglo en que vivimos; no lo es sobre todo en el PEREGRINO. Sus pájinas son copias animadísimas de esas mismas realidades que ajitan hoy á los espíritus; encontramos en ellas las mismas escenas por que diariamente atravesamos; con la diferencia sola de que, en vez de leerlas en el severo lenguaje oficial, ó en el estilo descarnado y mal pulido de la prensa diaria, las vemos en cuadros movedizos, ricos de colorido, de verdad, y de inspiracion. ¿Por qué apartaríamos de ellas la vista cuando ponemos tanta atencion en un periódico?

Daremos una breve idea del PEREGRINO, y nuestro juicio acerca de su mérito.

Mármol recibió del que distribuye las dotes de la intelijencia todas las necesarias para elevarse, como poeta, á la contemplacion séria de las grandes escenas de la naturaleza y de la vida social; para comprender, á un solo golpe de vista, las grandes relaciones morales de todos los objetos entre sí, de tal manera que los mas remotos y aparentemente inconexos se reunan en un solo cuadro, con naturalidad y sin violencia; para escojer, en fin, en la inmensa paleta del mundo visible, los colores que dén á esos cuadros mas encanto, mas armonía y verdad. Esas son las dotes naturales del poeta: Mármol se sintió con ellas, y se aplica asiduamente á cultivarlas: sus progresos son evidentes: sus trabajos de hoy dejan atrás, á una distancia en que se pierden de vista, sus mas aplaudidos ensayos; y aunque estamos ciertos de que EL PEREGRINO jamas perderá el puesto que ahora toma en la literatura nacional, tenemos fé en que su autor ha de colocar otras obras en puesto todavia mas aventajado.

Como las condiciones de espacio, á que tenemos necesariamente que sujetarnos, nos impiden entrar en consideraciones jenerales que deseariamos hacer, procuraremos reasumirlas todas diciendo: que para comprender y para juzgar los primeros ensayos de Mármol bastaba simplemente _el gusto_ por la poesia, y el conocimiento de su mecanismo; mientras que para apreciar y hacer la crítica del PEREGRINO se necesita remontarse á la filosofia, á la historia, á la alta literatura, al conocimiento de la política, de los partidos civiles, y de todos los elementos de nuestra sociabilidad. Es por que todo eso comprende el poema de Mármol, de que nos dá una muestra el _Canto_ que nos ocupa.

Desde los primeros ensayos de este jóven vimos con satisfaccion que desdeñaba la forma monotona y vulgar de la simple narracion, para adoptar en sus composiciones un movimiento casi dramático, una variacion incesante de situacion y de entono. Esto mismo advertimos, con éxito muy feliz, en el Peregrino. Su plan, ó idea jeneral, es evidentemente el del Childe Harold: pero quisiéramos que el autor hubiera dejado que cada uno lo adivinase, sin haberlo él indicado en una de sus estancias. Mármol, como el bardo ingles, ha ido trasladando á sus lienzos las sociedades que visitaba, con sus pasiones, su literatura, sus grandes hechos, sus miserias, su historia y su política; y donde no encontraba pueblos ni vida social que copiar, ha descripto las montañas, el mar, las nubes, los grandes fenómenos de la naturaleza visible; ó se ha concentrado en sí mismo, para sondear las altas verdades de la filosofia y de la moral. Escusado es decir que no ponemos en balanza á nuestro jóven amigo con el bardo ingles, ni al PEREGRINO con Childe Harold. Mármol mismo no ha pensado que podria, ya el dia de hoy, igualar á su modelo; seria eso querer luchar con las leyes del progreso intelectual. Mármol no puede todavia alcanzar á esa libertad de movimientos y de jiros con que el poeta ingles expresa sus altísimas ideas; esa elegancia de formas y esa gala de colorido con que jamas deja de vestirlas; esa riqueza de _substancia_, si esto puede decirse, que se encuentra en los cuatro cantos de Childe Harold; y cuyo sabor no gozan los espíritus incultos ó vulgares. Depende esa diferencia de que nuestro jóven poeta no puede todavia tener, en el grado que Byron ni el dominio absoluto de la lengua, que permite expresar todo sin embarazarse jamas en la espresion ni en el ritmo; ni la experiencia del mundo, que revela los mas ocultos caracteres de la sociedad, ni el gran caudal de conocimientos adquiridos, que dán á la poesia esa solidez, esa substancia, que tanto la ennoblece. Pero si Mármol no ha llegado todavia á ese punto, no seremos nosotros quienes pondremos límites á sus progresos, cuando los años y el estudio le hayan dado lo que Byron no debia á la naturaleza.

EL PEREGRINO viaja y se ajita por motivos muy diversos de Childe Harold. Proscripto casi en la cuna por una tirania innoble y retrógrada; comprimidos sus instintos de libertad; testigo del escarnio que los tiranos hacen de las pasadas glorias de la patria; asistiendo cada dia al espectáculo del infortunio de sus compatriotas proscriptos; natural es que los tonos de su instrumento expresen siempre la vanagloria consoladora, aunque estéril, de los dias que pasaron,

_Il misero orgoglio d'un tempo che fú;_

el lamento sobre la ruina presente de la patria y sobre el duro infortunio de sus hijos; la maldicion á los tiranos; la exhortacion á los buenos á que perseveren y pongan fé en los dias que han de venir, y la esperanza consoladora en esos mismos dias. A esas ideas refiere siempre EL PEREGRINO cuanto vé y cuanto encuentra, en la naturaleza física como en el órden moral.--Ellas forman tambien el plan uniforme, y bien ejecutado, de este CANTO DUODECIMO, que se refiere todo al Rio de la Plata.

Entrando por él despues de una ausencia de pocos años, el PEREGRINO vé alzarse á su izquierda las nubes que le señalan su patria, Buenos Aires; y á su derecha las rocas _de la Patria Oriental_, bañadas por la luz del Sol. La dolorosa situacion de ambos pueblos le arranca sentidas quejas; y vuélvese primero á contemplar su propia Patria. Piensa en lo que es _hoy_ el nombre arjentino, y busca consuelo en lo pasado.

Antes era otra cosa, antes valía La pena de llevar una estocada, El decir con orgullo y bizarria: Nací Arjentino, y en mi Patria amada No hay ya ni esclavitud ni tirania; Y en la frente del hombre inmaculada, Donde la Libertad graba su sello Deslumbra un rayo de esperanzas bello.

Su imaginacion se exalta, su tono se levanta, movido de entusiasmo, como si asistiera á los tiempos que recuerda, ó viviese en los bellos dias de aquella patria, hoy tan desgraciada:

Entonces á la luz del claro dia Se conquistaban glorias inmortales, Y el corazon en écos repetía Las voces de los cánticos triunfales; Entonces por la patria se moría, Y eran templos las urnas sepulcrales; Entonces ¡ay! las madres envidiaban La suerte de los hijos que espiraban.

* * * * *

Entonces en las bóvedas del templo La palabra de Dios repercutía; Y la virtud de Cristo era el ejemplo Que el sacerdote al pueblo descubria; Entonces esta lira que yo témplo A la voz de mortal melancolía, Otros templaban á la dulce y bella Voz de la libertad, en redor della.

* * * * *

Pero á esa Patria, valerosa, fuerte, Llena de gloria y opulencia y nombre, Rica de corazon, rica de espada, ¿Sabeis ahora lo que resta?....¡Nada!

Pocos y lúgubres versos refieren luego todo lo que esa patria ha perdido por la mano del despotismo. Eso trae á la memoria del poeta los sufrimientos, la resignacion virtuosa y la fé de sus proscriptos compatriotas. Los que sin mancha de crímen han perdido la patria, y vén crecer en derredor de sí una familia cosmopolita, pueden solo comprender toda la verdad melancólica, todo el sentimiento de estas dos estancias, relativas á los hombres,

Que han bebido la hez de la amargura Bajo el pálido sol del extranjero, Y consuelan su misma desventura Con hablar á su Patria dulce agüero: Que bajo suelo estraño sepultura Dán á sus viejos padres y al guerrero; Y les dicen: "Quedad, hasta que un dia Llevemos ¡ay! vuestra ceniza fria."

Que vén nacer sus inocentes hijos Sin nacer en la Patria de sus padres; Y en vez de maldecir, hacen prolijos Que al empezar á hablar la llamen _madre_: Y siempre en Dios y la esperanza fijos, Cuando á su Patria la bonanza cuadre, Ven que el dolor y la vejez los lábra, Sin decir de Escipion la cruel palabra.

Por un movimiento tan natural como poético, el PEREGRINO se levanta luego, para encararse con el pueblo que abdicó su dignidad y sus derechos en manos del despotismo; la inspiracion del profeta, el enojo santo del Apóstol que reconviene y amenaza á los que apostataron de su fé, se encuentra en algunas de esas estancias, que tal vez no tienen superior en nuestra lengua:

Cuenta que has de pagar, redil de esclavos, Pueblo sumido en lodazal de crímen, Espúrea raza de los hombres bravos Que hoy en la tumba de vergüenza gimen. Ah, bien la pagas ya!....Sientes los clavos Y el son de las cadenas que te oprimen; Dentro del corazon la verdad sientes, Y, nuevo Galiléo, crees y mientes.

Diputados, Ministros, Generales, ¿Qué haceis? Corred: el bruto tiene fiebre; Arrastrad vuestras hijas virginales Como manjar nitroso á su pesebre. Corred hasta las santas Catedrales, A vuestros pies la lápida se quiebre; Y llevad en el cráneo de Belgrano Sangre de vuestros hijos al Tirano.

No era fácil mantenerse siempre á esa altura de pensamiento, de diccion, y sobre todo de verdad: el cuadro que sigue es inferior, y su fondo es una idea que tenemos por esencialmente falsa. Los grandes delitos de un tirano, su arrogancia y desmedida insolencia pueden valerle tal vez el nombre, poco envidiable, de _grande_ y _omnipotente_ en el crímen, pero jamas servirán _para orlar de gloria á la Patria_, por que, si es lustre para ella haber sido grande en la victoria y en la intelijencia, no puede serlo haber levantado

en sus manos Al _mas grande_ de todos los tiranos.

Notamos antes que hay en las formas adoptadas por Mármol mucho de dramático, y frecuentes transiciones de un tono á otro: eso, que, bien desempeñado, es siempre muy bello, es tambien muy dificil de sostener, y muy espuesto á producir estravíos. Mármol ha sido feliz en muchas de esas transiciones; pero no en todas. La parte en que el PEREGRINO muestra deseo de hallarse con Rosas y _de beber con él dos botellas_ nos parece sumamente inferior á todo lo demas del canto, aunque ha dado lugar á la estancia LIII, que es bellísima, y encierra en si sola toda una escena dramática.

Nada cura tanto al hombre de las estrechas preocupaciones de localidad, que el vulgo llama patriotismo, como la vista y el estudio práctico de otros hombres y de otros pueblos: Mármol ha palpado lo irracional de esas preocupaciones, y ha hecho con ilustrada independencia justicia al estado social de otros pueblos, que sus compatriotas desprecian sin conocer. El modo como ha ligado á su asunto las consideraciones sobre los Estados Unidos, el Brasil y la España, es juicioso, natural, y ha dado oríjen á algunas bellas estancias. El atraso y desgradacion á que vino nuestra madre patria en poder de los austriacos, despues de Felipe 2.°, aparece justamente presentado como oríjen primero del mísero estado de las que fueron colonias de aquella metrópoli. Si Colon hubiera nacido un siglo antes, y hecho á la España el presente de la América, cuando aquella dominaba al mundo, otra hubiera sido, dice Mármol, la suerte de estas rejiones, y el inmortal descubridor podria haber dicho á la América con orgullo y con razon:

Para que al mundo en lo futuro mandes, Cuando te hallé desnuda entre las olas, Te cubrí con banderas españolas.

Otra fué la suerte de la España, y otra le legó á sus hijos de América. Oprimido con las escenas que en toda ella se reproducen, y especialmente en su patria; el PEREGRINO aparta los ojos de la márjen derecha del Plata, para fijarlos en las rocas que divisa en la izquierda.

Ricas, animadas, llenas de frescor, son las descripciones de las costas orientales, de su cielo de sus arroyos.

Y de esas mil espléndidas cuchillas Ricas de gracia y aromadas flores, Que en tiempo de la mies son amarillas Nubes que flotan, ricas de colores; Y cuando hiela Julio sus orillas Y el Pampero desata sus rigores, Son las oscuras y robustas ondas Que en el centro del mar se alzan redondas.

Recuerda el poeta que fué aquí donde hizo su primera entrada en el mundo, los primeros ensayos de su númen, su estudio primero de la naturaleza, y pasa tambien en revista los bellos dias dá la República, cuando

La industria de la Europa en raudas alas Miraba la feliz Montevideo Llegar, para cubrirla con sus galas. Era el bello festin de su himeneo Con el Progreso, en las brillantes salas Del arte, de la ciencia y del deseo: Pues cuanto pudo ambicionar su mente Allí tenia para orlar su frente.

Atropellando las soberbias olas Del Plata, dilataba sus cimientos; Y en las rocas estériles y solas Improvisaba ricos monumentos; Y en ellos y dó quier las aureolas De las artes burlaban los momentos; Y eran, al contemplarla, recordadas Las fabulosas grutas encantadas.

La guerra atajó esa marcha, destruyó esos campos; y marchitó fecundas esperanzas. No creemos posible espresar esas ideas con mas novedad y sentimiento que el que encierran estos versos:

Esa Patria tan bella en su regazo Ahogó su tierna libertad querida, Como madre inexperta que en su brazo Su primer hijo sofocó dormida.

Vano y estéril fuera el trabajo del poeta, si la filosofia no formára el fondo de la obra que la imajinacion embellece. Mármol no se contenta con la descripcion de nuestras desgracias, busca sus causas, y las señala en la falta de educacion civil, moral y relijiosa; verdad muy trascendental, y que jamas debiera perderse de vista.

El espíritu necesita de solaz, despues de la ajitacion de tantas escenas dolorosas: la situacion presente de la patria no puede ofrecerle; es preciso buscarle en la esperanza de la paz y de la tranquilidad. El PEREGRINO entona un canto profético, para vaticinar los dias que están por venir. No hay colores mas alegres que los de esperanza: ellos visten las risueñas imájenes que la imajinacion entrevé, en todo ese canto, con el que remata esta parte del poema.

Tal es la obra del jóven Mármol. Es lo mejor que de él conocemos: y poco hemos visto entre nosotros que le aventaje. Si consideramos que estos son todavia pasos que podemos llamar primeros en su carrera, ¡hasta donde no debemos prometernos que llegará!

_Agosto 23 de 1846._

CONFEDERACION ARJENTINA.

I.