Chapter 27
Otra vez, ¿dónde está mi Tequendama? El volumen de sus aguas es infinitamente inferior al del Niágara, pero se precipita de una altura ocho veces mayor. Su voz poderosa reina solitaria y altiva entre las gargantas de la montaña, sin confundirse con el rechinar de las máquinas a vapor o con el crujir de las ruedas de molino. En el Salto, el espíritu ve palpitante una escena de la formación primitiva del mundo, y la visión, por largo tiempo, reproduce el vértigo. Su acceso está defendido vigorosamente por la naturaleza, y la transición de la flora de las cumbres a la lujuria tropical del hondo valle no tiene igual sobre la tierra. El Niágara es mil veces más grande, más imponente; para mí, la palma de la belleza queda al Tequendama.
¿Qué sería el Niágara cuando por primera vez lo contemplaron los ojos atónitos de los conquistadores? La leyenda dice que los grandes jefes indios, después de la batalla suprema en que caía la tribu entera, se echaban en sus canoas que abandonaban al rápido correr del río, y, fijos los ojos en el sol, desaparecían en el abismo. ¡Los primeros europeos que hayan contemplado ese cuadro necesitan haber tenido el corazón de acero para no caer fulminados por la violencia de la impresión!
Quedé sólo un día en el Niágara. A la noche tomé el ferrocarril y amanecí en Albany, de donde descendí el Hudson hasta medio camino de Nueva York, haciendo el resto de la ruta en un _drawingcar_, en el delicioso ferrocarril que corro sobre las aguas mismas del río. El Hudson tiene un aspecto especial; sin el encanto poderoso de los grandes ríos americanos de orillas desiertas, sin la belleza melancólica que la historia da al Rhin, cómo cubriéndolo de un encaje de recuerdos, los panoramas del Hudson, en la estación estival, tienen una gracia fresca y suave que serena la mirada. Pero los palacios, las villas y chalets que cubren sus bordes, no tienen carácter alguno... y no hay cuadro que resista cuando hacen su aparición esos comodísimos y horribles vapores, blancos y cuadrados, tortugas rápidas, símbolo del arte americano.
En Nueva York permanecí aún una semana, y por fin, a bordo del Labrador, después de un viaje agradable, llegué al Havre, pisando tierra europea, justo un año después de haberme embarcado en Saint-Nazaire con rumbo a las costas septentrionales del continente sudamericano.
En mi larga narración he tenido que describir países, costumbres y aspectos sociales. Desde el punto de vista literario, la crítica me dirá el mérito de mi trabajo; pero, en lo que se refiere a la veracidad de los hechos, afirmo una vez más que no he tenido otro guía fijo y constante en mi relato. La descripción característica de mi viaje por Colombia habría sido sumamente difícil tratándose de otro pueblo; pero la inteligencia clara y elevada de los granadinos sabrá apreciar el conjunto de mi impresión, la más grata que haya sentido hasta hoy en tierra extranjera.
Cierro estas páginas saludando con gratitud a aquel que hasta aquí me haya acompañado. ¿Quién sabe si aun no haremos otro viaje juntos? Mi destino, por mil combinaciones diversas, parece imponerme el movimiento continuo; y mi pasión por la pluma es incorregible.
Tall. Gráf. L. J. Rosso y Cia. Belgrano 475--Buenos Aires
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"La Cultura Argentina"
_Biblioteca formato mayor: $2 m/n._
Mariano Moreno--Escritos políticos y económicos.
Domingo F. Sarmiento--Conflicto y armonía de las razas.
Juan M. Gutiérrez--Origen y Desarrollo de la Enseñanza Pública Superior.
Florentino Ameghino--Filogenia.
José M. Ramos Mejía--Las Neurosis de los Hombres célebres.
Martín García Mérou--Alberdi-Ensayo crítico.
Bartolomé Mitre--Rimas.
Amancio Alcorta--La instrucción secundaria.
Vicente Fidel López--Manual de la Historia Argentina.
Juan B. Alberdi--Estudios económicos.
Gral. Jasé María Paz--Campañas de la Independencia--Memorias Póstumas--Primera Parte.
Gral. José María Paz--Guerras Civiles--Memorias Póstumas--Segunda Parte.
_Biblioteca formato menor: $ 1 m/n._
Esteban Echeverría--Dogma Socialista y Plan Económico.
Bernardo Monteagudo--Escritos políticos.
Juan B. Alberdi--El crimen de la guerra.
Juan B. Alberdi--Bases.
Juan B. Alberdi--Luz del día.
Juan B. Alberdi--Cartas Quillotanas.
Domingo F. Sarmiento--Facundo.
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Andrés Lamas--Rivadavia.
Olegario V. Andrade--Poesías completas.
Lucio V. López--Recuerdos de viaje.
Ricardo Gutiérrez--Poemas.
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Hernández, Ascasubi y Del Campo--Martín Fierro, Santos Vega y Fausto.
Nicolás Avellaneda--Escritos literarios.
Francisco Ramos Mejía--El Federalismo Argentino.
Florentino Ameghino--Doctrinas y descubrimientos.
Agustín Alvarez--La Creación del mundo moral.
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Vicente G. Quesada--Historia colonial argentina.
Martín García Mérou--Recuerdos literarios.
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J. M. de Gorriti--Reflexiones.
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Francisco J. Muñiz--Escritos científicos.
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Miguel Cané--En Viaje (1331-1882).
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NOTAS:
[1] Véase primera serie, tomo III, pág. 350-377.
[2] Véase primera serie, tomo IV, pág. 225-290.
[3] Véase primera serie, tomo VI, pág. 161-181.
[4] La generosa tentativa de Carlos III y sus ministros en el sentido de dotar a la América de instituciones que favorecieran su desenvolvimiento, desapareció con la muerte del ilustre monarca. Bajo Carlos IV, la América y la España misma habían vuelto a caer en la tristísima situación en que se encontraban bajo el reinado del último de los Hapsburgos. El Dr. D. Vicente F. López, en su magistral introducción a la "Historia Argentina" nos ha sabido trazar un cuadro brillante de la elevada política de Aranda y Florida-Blanca bajo Carlos III; pero él mismo se ha encargado de probarnos, con su incontestable autoridad, que las leyes que nos regían eran simples mecanismos administrativos, cuya acción se concretaba a las ciudades, cuando no eran abortos impracticables, como la famosa "Ordenanza de Intendentes", cuyos ensayos de aplicación fueron un desastre. No es mi ánimo, ni lo fue nunca, vilipendiar a la España, que nos dio lo que podía darnos. El "motín de Esquilache", que es una página de la historia de Rusia bajo Pedro el Grande, nos da la nota del estado intelectual del pueblo español a fines del siglo pasado. Puede juzgarse cuál sería el de la más humilde de las colonias americanas.
[5] En el momento de poner en prensa este libro se inaugura el ferrocarril de la Guayra a Caracas. La decisión y actividad del general Guzmán Blanco han hecho milagros. No será por cierto éste uno de sus menores títulos a la gratitud de sus compatriotas. Esa línea férrea va a transformar la ciudad de Caracas, convirtiéndola en una de las más brillantes de la América. (1883.)
[6] Este cuadro, escrito hace 20 años como un reflejo del pasado de Venezuela, es tristemente una pintura concreta de su estado actual. (1903.)
[7] "Repertorio Americano", tomo III, pág. 191. Tomo esta cita y la siguiente de la admirable introducción de D. Manuel A. Caro, honor de las letras americanas, a la "Historia general de la conquista del nuevo Reino de Granada", del obispo Piedrahita. Edición de Bogotá, 1881.
[8] Bello, "Opúsculo".
[9] "Panela", el azúcar sin clarificar, una masa negra, algo como nuestro "masacote", y uno de los principales alimentos en la costa.
[10] Esta es la leyenda local: hay que confesar que los naturalistas no están muy de acuerdo con ella.
[11] Schiller, "Guillermo Tell", acto III, esc. III.
[12] En los 20 años transcurridos desde la publicación de este libro, la constitución de Colombia ha sido profunda y frecuentemente modificada y la guerra civil ha ensangrentado y desolado al país; el último golpe, el más rudo y terrible, ha sido la separación de Panamá, debida tanto a la descabellada política del gobierno de Colombia, como a la violenta prepotencia de la del gobierno de Wáshington. Las consecuencias de este acto no pueden aún medirse en el momento en que se pone en prensa esta edición; pero pienso que afectarán no sólo a Colombia, sino a toda aquella parte de América. (Diciembre 1903).
[13] Exijo que pronuncien Falan.
[14] Locución común a toda la América española, excepto el Plata y que reemplaza nuestro antigramatical "en lo de".
[15] Debo la transcripción de estos dos "bambucos", que es imposible encontrar escritos en Colombia, a la amabilidad y al talento de la Srta. Teresa Tanco.
[16] Me refiero al indio puro.
[17] Los elegantes de Bogotá los usan de cuero de león.
[18] Como se verá más adelante, no hay dato exacto a este respecto.
[19] "En 1826, el general Bolívar, entusiasmado con tan magnífica escena, no pudo contenerse y saltó a una piedra, de dos metros cuadrados, que forma como un diente en la horrorosa boca del abismo. A la misma piedra salté yo en una de mis excursiones; pero con esta diferencia: que el Libertador llevaba botas con el tacón herrado, y yo tuve la precaución de descalzarme previamente; yo estaba en la fuerza de mis 18 años y esto excusa en parte mi temeridad. Un paso en falso, un resbalón, habrían bastado para que no estuviese contando el cuento. Veces hay en que se me erizan los cabellos al pensar en aquella barbaridad.--Juan Francisco Ortiz."
[20] Piedrahita. "Hist. Gral. de la Conq. del nuevo Reino de Granada", lib. II, cap. I, pág. 13. Ed. de 1881.
[21] Diccionario geográfico de Colombia.
[22] Geografía Física y Política de Cundinamarca.
[23] Gregorio Gutiérrez González, por S. Roldán. (Repert. Colombiano.)
[24] "He empezado este soneto con la ayuda de Dios, el 10 de septiembre, desde el alba, después de mis oraciones matinales. Será necesario rehacer estos dos versos, cantándolos e invertir el orden.--Tres de la mañana, 19 de octubre.--Esto me agrada, 30 de octubre, 10 de la mañana.--No, esto no me agrada.--20 de diciembre, a la tarde.--Será necesario volver sobre esto; me llaman a comer.--18 de febrero, hacia las 9: Ahora va bien: será preciso volver a ver aún... (Manuscrito de Petrarca, cit. por J. Klaczko.--"Causeries Florentines").
[25] Menéndez Pelayo en su obra "Traductores de la Eneida", juzga la traducción de Caro como "la mejor que existe en español". Madrid, 1879.
[26] Policarpa Salavarrieta.
[27] Tempest. I, sec. 1.
[28] La línea de Colón a Panamá tiene setenta y cinco kilómetros y el pasaje de primera clase cuesta 5 libras esterlinas, ¡oro! La empresa del Canal se ha visto obligada a adquirir la mayor parte de las acciones de la vía férrea, lo que le ha permitido imponer una rebaja de un 80% para el transporte de los materiales de excavación y del personal.
[29] La política y la opinión en Estados Unidos respecto al Canal de Panamá variaron por completo después de la guerra con España, que les hizo ver el peligro que podrían correr en una lucha internacional, por el retardo en reunir sus elementos navales, obligados a doblar la punta sur de América para venir del Pacífico al Atlántico. Si se agrega a esto la persuasión adquirida de que la ejecución del canal interoceánico por Nicaragua es impracticable, fácilmente se explicarán los sucesos ocurridos últimamente en el Istmo. Pero en 1883 los americanos eran tan opuestos al Canal de Panamá, como los ingleses lo habían sido al de Suez hasta después de iniciados los trabajos de éste.
[30] ¡Los Estados Unidos, por tratado, garantizaron la integridad territorial de Colombia! (1903).
[31] Ese comercio es hoy diez veces mayor. (1903).
[31] Ese comercio es hoy diez veces mayor. (1903).