El tratado de la pintura

Part 19

Chapter 193,556 wordsPublic domain

Principiemos, pues, asi: todos los grados de la enseñanza los debe sacar de la naturaleza misma; y la regla de la perfeccion se ha de conseguir á fuerza de diligencia, de estudio y de práctica. Yo quisiera que los principiantes de Pintura hicieran lo que hacen los Maestros de escribir, los quales enseñan primero á formar las letras separadas, luego á juntar las sílabas, y últimamente las palabras. Lo mismo se debe observar en la Pintura; lo primero se ha de enseñar á hacer el contorno de las superficies, que son como el alfabeto de la Pintura, despues se enseñará á unir estas superficies, y luego la forma de todos los miembros de la figura con distincion y separadamente, tomando de memoria todas las diferencias que puede haber en ellos, que son muchas y muy notables. Hay muchas personas que tienen la nariz encorvada, otras chata, torcida ó ancha; algunas tienen los labios tan prominentes, que parece que se les cae la boca; y otras, cuyos labios son tan sutiles, que las agracia infinito: y en fin todos los miembros tienen un cierto punto de propiedad y proporcion, que á nada que se altere causará extraña variacion en él. Los miembros de un niño son redondos, de modo que parece están hechos á torno, segun lo lustrosos que son, y luego que llegan á adultos ya se vuelven ásperos, y se varían. Todo esto lo aprenderá el Pintor aplicado en la naturaleza misma, y exâminará por sí propio con reflexîon las formas particulares de cada cosa, considerándolas, y mirándolas con la mayor atencion y cuidado. Considerará la actitud que guarda el que está sentado, y cómo doblan las piernas en ella, y caen sin violencia alguna: considerará la postura del que está de pie, y en fin, no debe haber parte en toda la figura de que no tenga noticia, y de quien no sepa el oficio y la proporcion, eligiendo siempre entre todas, no solo las mas propias y semejantes, sino las mas bellas. El antiguo Pintor Demetrio se aplicó mas á expresar los obgetos con la mayor propiedad que podia, que á elegir lo mas bello y agraciado. Por ésta razon se han de escoger entre todas las figuras aquellas partes mas bellas y proporcionadas, poniendo todo el cuidado posible en saber en qué consiste la verdadera belleza para executarla en todo. Esto es sin duda sumamente dificil, porque nunca se encuentran en un solo sugeto todas las perfecciones de la belleza, sino que están repartidas en todos; pero por lo mismo es preciso estudiar con el mayor conato por aprenderlo, pues el que sepa las cosas de mas sublimidad y se exercite en ellas, hallará suma facilidad en las otras quando se le ofrezca practicarlas. No hay cosa por dificil y abstracta que sea, que no se pueda alcanzar á fuerza de estudio y práctica: pero para que el estudio no sea inútil ó pernicioso, es menester huir de lo que hacen algunos, que buscan la alabanza y el crédito trabajando guiados por su propia fantasía, sin sujetarse á considerar y mirar el natural; pues estos no aprenden á pintar bien, sino se sueltan la mano para desatinar. La idea de la verdadera belleza no solo no se dexa descubrir por los ignorantes, sino que aun los que saben la disciernen con dificultad. Zeuxîs, Pintor famoso, y el mas sábio y de mayor destreza, quando tuvo que pintar la tabla, que se habia de exponer al público en el templo de Diana, lexos de fiarse de su propio ingenio, como hacen casi todos los Pintores de estos tiempos, antes de ponerse á pintar de pura imaginacion, pensó que para hacer una cosa totalmente bella, no solo no podia él idearla por sí solo, sino que aun quando la quisiese tomar del natural, tampoco hallaría en un solo sugeto todas las perfecciones que buscaba; y asi eligió cinco doncellas entre todas las de la Ciudad las mas hermosas, y de ellas tomó aquellas partes mas bellas y proporcionadas para trasladarlas á la pintura. Obró en esto Zeuxîs como sábio; porque quando los Pintores no ponen á la vista lo que quieren imitar, sino que quieren hallar la belleza en sola su imaginacion, y adquirir fama de éste modo; no solo no la adquieren con semejante trabajo, sino que se acostumbran á una pésima manera de pintar, que despues no la pueden dexar aun á costa de los mayores esfuerzos. Pero el que se acostumbre á hacerlo todo por el natural, tendrá la mano tan hecha á lo bueno, que todo lo que execute parecerá natural, que es lo único á que se anhela en la Pintura. Pues si en un quadro hallamos la cabeza de un hombre que conocemos, aunque al mismo tiempo haya en el lienzo mil primores del arte, con todo nada atrae tanto la atencion como el retrato conocido. ¡Tanta fuerza y poder tienen en sí las cosas enteramente parecidas al natural! Esto supuesto, todo lo que haya de hacer el Pintor debe estudiarlo antes por el natural, y luego se elegirán de él las cosas que parezcan mas bellas y mas apropósito. Pero es menester no hacer lo que algunos que siempre pintan en tablas muy pequeñas; antes al contrario, nunca se debe pintar sino en grande, de modo que las figuras sean á lo menos casi del mismo tamaño que el natural. En las figuras pequeñas se esconden muy bien aun los mayores defectos, pero en las grandes aun los mínimos están patentes. Escribe Galeno que vió un anillo en que estaba pintado Faetonte en su carro tirado de quatro caballos, en donde se distinguian perfectamente los frenos, los pechos y los pies. Dexen los Pintores éste primor á los artífices plateros, y exercítense ellos en cosas mas grandiosas; pues el que sepa pintar ó modelar una figura grande, podrá tal vez de un solo rasgo hacer una pequeña con perfeccion: pero los que están acostumbrados y hechos á trabajar cosas pequeñas, facilmente errarán en las grandes. Hay algunos que copian las pinturas de otro, y adquieren reputacion en éste género de trabajo, en el qual se exercitó Camálides, Escultor, quien hizo doce vasos imitando el estilo de Zenodóro, de suerte que no se diferenciaban en ninguna manera de las obras de éste. Mucho se engañan los Pintores si piensan que los que han llegado á ser Maestros consumados en el arte han hecho otra cosa, que procurar pintar los obgetos del mismo modo que los pinta la naturaleza á nuestros ojos en la quadrícula ó velo. El que se dedique á copiar las obras de otro, por ser mas facil, que copiar del natural, respecto de que en la Pintura están los obgetos firmes, mas bien quisiera yo que se exercitará en copiar obras de Escultura, aunque fuesen medianas, que no pinturas, aunque fuesen muy buenas[L]. Porque copiando un quadro, solo aprendemos á imitar y sacar un traslado parecido; pero copiando del modelo, aprendemos á imitar, y estudiamos al mismo tiempo el efecto de las luces, para lo qual ayuda mucho el mirarlas con los ojos algo cerrados al través de las pestañas, para que parezcan algo mas obscuras las luces. Tal vez aprovechará mas el exercicio de modelar que la práctica del pincel, porque la Escultura es arte mas facil que la Pintura. Nadie podrá pintar bien una cosa sin que sepa perfectamente todos los relieves que tiene, y esto se aprende mejor modelando que pintando. Es evidente que en qualquiera edad ó época se pueden encontrar Escultores á lo menos de mediano mérito; mas Pintores todos son á qual mas miserable é ignorante[M]. Finalmente sea en la Pintura ó en la Escultura siempre debemos tomar por modelo y direccion algun exemplar de los buenos para imitarle y mirarle; y al tiempo de copiarle es menester que vaya unida la diligencia con la presteza, de modo que el Pintor no levante nunca el pincel ó lapicero de lo que trabaja sin haber resuelto y determinado decididamente en la imaginacion lo que ha de hacer, y el modo con que lo ha de perfeccionar; pues siempre es mas facil enmendar en la fantasía, que borrar el error que ya executó la mano. Ademas de esto, quando ya estemos acostumbrados á copiar qualquiera cosa del natural, habrémos llegado á un grado mas eminente que Asclepiodóro, de quien dicen que era el mas veloz que se conocia en pintar; porque en aquello en que mas exercicio tenemos, está mas pronto el entendimiento, mas apto y mas vivo, y la mano quando va guiada por regla mas cierta y segura, trabaja con mas soltura. El haber muchos Pintores tardos es porque tienen rezelo y miedo de emprender una cosa á la que no están muy hechos y que no poséen en fuerza del estudio que hayan tenido. Y mientras que andan por estas tinieblas de los errores, van tentando y buscando el camino que han de seguir con el pincel, á manera de los tímidos ciegos que van tocando con el palo la calle que no saben. Nadie, pues, se ponga á trabajar sin haber reflexîonado antes lo que va á hacer, y sin haberse exercitado en ello mucho de antemano. Y siendo la principal obra de un Pintor la historia, en donde se ha de encontrar la abundancia y la excelencia de todas las cosas, es preciso absolutamente saber pintar con perfeccion de todo, en quanto alcance el entendimiento, no solo la figura humana, sino la de todos los animales, y demas obgetos que percibe la vista y son dignos de mirarse, para que nadie eche menos en un quadro aquella variedad y abundancia, sin la qual ninguna obra tiene estimacion. Es particularidad verdaderamente grande y apenas concedida á los antiguos, el ser no solo excelente en todas las cosas, sino ni aun mediano: pero es menester estudiar y poner de nuestra parte el mayor cuidado y estudio en todo aquello que puede acarrearnos mucho crédito, y mucho vituperio el no saberlo. Nicias, Pintor Ateniense, pintó las mugeres bellísimamente; pero Zeuxîs le aventajó, como á todos los demas en esto. Eráclides fue excelente para pintar una nave. Serapion no supo pintar un hombre, y en todo lo demas tenia habilidad. Alexandro, el que pintó la habitacion de Pompeyo, fue sobresaliente en pintar todo género de quadrúpedos especialmente los perros. Aurelio, como que siempre estaba enamorado, nunca pintaba otra cosa que Diosas, poniéndolas el rostro de la dama que amaba. Fidias gustaba especialmente de expresar en sus pinturas la magestad de los Dioses mas que no la belleza de los hombres. La habilidad principal de Eufranóro era pintar Héroes, poniéndolos tal ayre y dignidad, que nadie le igualó en ello. Asi, pues, no todos supieron hacer bien todas las cosas, sino que la naturaleza se dividió entre todos estos ingenios, segun lo que mas le adaptaba á cada uno. No por esto hemos de dexar nosotros de procurar instruirnos y exercitarnos en todo; antes bien debemos perfeccionar con el estudio y aplicacion los dotes de la naturaleza. Tampoco hemos de dexar por negligencia cosa alguna que nos pueda servir de adquirir fama. Finalmente quando se nos ofrezca pintar una historia, imaginarémos primero el modo y el órden con que hemos de ajustar la composicion, á fin de que haga el mejor efecto que sea posible; y tanteando los pensamientos que nos ocurran en el papel, exâminarémos el todo y las partes despacio, oyendo el parecer de nuestros amigos; y será nuestro mayor anhelo el pensar y meditar cada cosa de por sí, de modo que no haya obgeto en toda la obra, cuyo lugar y colocacion no la sepamos bien. Para que esto se haga con mas exâctitud, se pondrá una quadrícula delante de los modelos que se hayan hecho, para que al ir á unir y acordar la composicion, puedan colocarse las figuras en su respectivo lugar. Para perfeccionar el trabajo pondrémos la posible diligencia junto con aquella celeridad necesaria para que no engendre tédio el acabarlo; pero no tanta que nos precipite el deseo de concluirlo. De quando en quando es preciso dexar el trabajo, y recrear y despejar el ánimo; y no hacer nunca lo que muchos, que emprenden una obra y á la mitad la dexan para comenzar otra, sino concluir enteramente lo que una vez se empezó. Enseñó á Apeles cierto profesor un quadro, y le dixo: _en un instante lo he pintado_; á lo que le respondió Apeles: _sin que tú lo dixeras lo he conocido; y lo que extraño es que no hayas pintado infinitos de éste modo_. He visto muchos Pintores y Escultores, y tambien muchos Poetas y Oradores (si es que hay en estos tiempos quien merezca tal nombre) que emprendieron con indecible ardor algunas obras, y habiéndose entibiado luego, dexaron lo principiado sin concluirlo ni perfeccionarlo; y al mismo tiempo solía venirles al pensamiento otro proyecto, y lo empezaban con el mismo ahinco que el otro. De ningun modo apruebo yo éste modo de pensar: porque todo aquel que quiera que sus obras agraden á la posteridad, es preciso que las castigue bien primero, y las perfeccione con gran cuidado, pues en muchos casos sirve tanto la diligencia como el ingenio. Pero al mismo tiempo es menester huir de la supersticion, digámoslo asi, de algunos, los quales con el deseo de que sus obras no tengan defecto alguno, y estén con la posible perfeccion, consiguen que las consuma el tiempo antes que lleguen á estar concluidas. Los Pintores antiguos murmuraban de Protógenes, porque nunca sabía levantar la mano de lo que pintaba; y tenian razon, porque lo que se ha de procurar es poner en una cosa toda aquella diligencia de que es capaz el ingenio; pero el querer mas de lo que las propias fuerzas alcanzan, ó de aquello que conviene, mas propio es de un ánimo obstinado que diligente. Es, pues, necesario poner en todas las cosas una diligencia moderada, pedir consejo á los amigos aun al tiempo de emprender el trabajo, y llamar para que vean la obra á algunos de quando en quando, y de éste modo podrá llegar á agradar á todos. Podemos hacer caso muy bien de las opiniones de la multitud siempre que no estemos presentes á ellas. Apeles dicen que solía esconderse detras de la tabla que presentaba al público para que habláran con mas libertad, y poder escuchar con mas decencia los defectos que ponian á su obra. Con todo yo quisiera que nuestros Pintores oyesen sin reparo ni reserva lo que cada uno dixese francamente de las pinturas segun su parecer; porque esto ayuda mucho para conocer la verdad de las cosas, y para hacerse bien quistos. No hay nadie que no se precie de poder dar dictámen sobre una obra de otro, y es menester hacerse cargo de que los dichos de los envidiosos y maldicientes en nada pueden cercenar una justa alabanza. Por esto el Pintor debe escuchar lo que diga cada uno; pero antes debe juzgar por sí mismo su obra, y corregirla lo mas que pueda.

Esto es lo que me ha parecido apropósito decir en éste Tratado; lo qual si puede de algun modo ser útil á los Pintores, espero por único prémio de mi trabajo que me retraten en las pinturas que hagan[N], para que de éste modo acrediten á los futuros el agradecimiento que tuvieron al beneficio recibido, y manifiesten que yo he sido profesor de ésta arte. Pero si no ha correspondido mi obra al concepto que tenian formado de mí, á lo menos no me culparán de haberme creido yo alguna vez capaz de ello: y si mi ingenio no ha podido acabar una cosa que solo el intentarla es laudable, acuérdense que en las empresas de mucha dificultad suele ser mérito el emprenderlas. Tal vez habrá quien supla lo que á mí me ha faltado, y pueda dar mas luces y auxîlios á los Pintores en ésta nobilísima arte, lo qual, si llega á suceder, le suplico, quan encarecidamente puedo, que emprenda y tome á su cargo tan honroso y útil trabajo con vigor y eficacia, para que lleve el arte al último grado de perfeccion y excelencia. Sin embargo será mucha complacencia siempre para mí el haber sido el primero que ha escrito sobre tan ingeniosa arte, cuya dificil empresa, si no he podido llevarla hasta aquel punto que aguardaban los lectores, échese la culpa mas bien á la naturaleza, que á mí mismo, la qual parece ha impuesto la ley de que todas las artes han de tener principio en cosas defectuosas, puesto que, segun el comun axîoma, nada nace perfecto. Y los que vengan despues de mí, si se hallan con mas capacidad y fuerzas, podrán conducirlo al cúmulo de la posible perfeccion.

NOTAS.

[A] Quiere decir con ésta expresion, que no tiene anchura alguna.

[B] Braza llamamos en castellano á la distancia que hay del extremo de una mano á otra, estando los brazos extendidos en una linea recta. Esta distancia es igual por lo comun á la altura del hombre, por lo qual parece, que la medida que Alberti llama _brazo_ ó braza, será diferente, respecto que da tres de ellas á la estatura humana.

[C] Toda ésta operacion, tan prolixamente explicada, se reduce á señalar el pavimento de una estancia en una pintura, en cuyo supuesto, si ha de coger todo el quadro (segun parece que habla aqui Alberti), parece ocioso que se haga ésta demarcacion _en un espacio pequeño_, y no en el mismo lienzo en que se va á pintar. Al punto A de la lámina le llama equivocadamente punto de vista, debiendo llamarle punto de la distancia, pues el de la vista es M, desde donde se tiran todas las rectas á las divisiones de la basa para señalar las baldosas del pavimento.

[D] El florin tiene diferentes valores, segun el pais, por lo qual no se puede asignar el equivalente de nuestra moneda, pues no sabemos de qué florines habla aqui Alberti. El valor justo del talento tampoco se puede calcular, porque no siempre era igual.

[E] Varios han ventilado la preferencia y superioridad entre la Pintura y la Escultura, ya en atencion á las prerogativas, qualidades y ventajas propias del arte, y ya respecto del mayor primor ó dificultad para el artífice. Pero á mí me parece que puede acabarse tan reñida controversia, considerando que el Escultor en una obra tiene que atender á la composicion de las figuras, á su dibuxo y expresion, y al efecto que deben hacer desde el sitio en que se han de colocar; pero el Pintor ademas de todas estas cosas ha de atender al relieve que deben tener las figuras, al efecto de la luz, que debe ser el mejor y mas agradable, al colorido proporcionado y adequado á cada figura de por sí, al contraste armonioso de los colores, y á la exâcta division de términos que se ha de conocer en la composicion, de modo que se vea el ayre que hay entre la figura que está delante, y la que está detras, prescindiendo de la dificultad suma de poner los escorzos bien entendidos, de la qual carece la Escultura; pues aunque caben en los baxos relieves, en estos debe ser el mayor cuidado del artífice el evitarlos por el mal efecto que hacen regularmente á la vista.

[F] En el Real Gabinete de Historia natural se ven infinitas piezas de mármoles y jaspes que representan cabezas, paises, edificios y otras cosas con tanta perfeccion, que parece entró el arte á ayudar á la naturaleza.

[G] Esto se llama dibuxar por quadrícula, la qual es precisa quando se copia un quadro grande para la mayor exâctitud &c.

[H] Aun sin tanta oposicion y discordancia puede haber desconveniencia entre los miembros de una figura, pues si, por exemplo, se le ponen á una Matrona de estatura prócer y esbelta, y proporcion delgada las manos muy redondas y gruesas, será un defecto notable contra el arte; é igualmente lo será si sucediese al contrario.

[Y] No se sabe qué géneros de blanco son los que aqui menciona Alberti, pues ahora solo se gasta el albayalde para la pintura al óleo, y la cal para el fresco.

[K] Estos ornatos son los marcos de talla ó bronce, que regularmente se ponen á las pinturas, para su mayor decencia.

[L] En éste lugar habla Alberti con los que aun no están muy firmes en el dibuxo y manejo del clarobscuro, segun los efectos naturales de la luz, en cuyo estudio insiste el autor que se exerciten los jóvenes para que adquieran costumbre y hábito de lo bueno; despues de lo qual es indispensable que copien y estudien en las obras de los Maestros acreditados, y demas Pintores eminentes para instruirse en la belleza y distribucion de las tintas, y en el artificio de la composicion, como dice Leonardo de Vinci en la § I de su Tratado.

[M] Es claro que habla aqui Alberti de los Pintores de su tiempo, sin que pueda tener lugar ésta proposicion en nuestros dias, en que vemos felizmente competir en los primores del arte con aplauso universal á los Pintores y Escultores, siendo iguales al mismo tiempo los adelantamientos de la Arquitectura en sus profesores.

[N] Parece que aqui da á entender Alberti que su voluntad es, no de que retraten y copien la fisonomía de su rostro los Pintores en las obras que hagan; sino que observen imitándole en esto las máxîmas y documentos que les da en sus tres libros: y es evidente que uno de los modos (ó quizá el mejor) de agradecer un beneficio á un Escritor ó á un Maestro, es executar lo que ordena en virtud de su ciencia y experiencia.

_ERRATAS._

Pag. Lin. Dice. Debe decir. ---- ------ ---------- ----------- XVI última la autor el autor 49 23 Puedsee Puédese 54 14 _opuestos_ _puestos_ 67 13 se altera le altera 177 3 _vaetos_ _vastos_