El tratado de la pintura

Part 13

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[7] Este documento es de aquellos que indispensablemente necesitan explicacion de viva voz del Maestro que lo da; pues de otro modo es muy dificil comprehender (segun la obscura expresion del original) el modo de hacer las mezclas de colores y tintas que dice; y casi imposible adivinar á qué conducen semejantes mezclas, quando no se propone obgeto alguno á quien imitar con ellas. Estas faltas é inconvenientes suceden siempre en las obras que se publican despues de muerto el autor, como la presente.

§ CXXXVI.

[8] Poniendo delante de un color un velo mas ó menos tupido, ó un cristal mas ó menos obscuro, pierde el color parte de su viveza.

§ CLXII.

[9] Estas razones que aqui cita Vinci estarían en alguna nota ó apéndice de ésta obra, que no pudo llegar á las manos del Editor; porque no se encuentran en el resto de ella.

§ CLXVIII.

[10] Segun se demuestra en todo género de esqueletos, la misma proporcion hay entre el grueso de la parte de hueso que compone la articulacion, y lo restante de él en un niño, que en un adulto. El espacio entre una y otra articulacion es por lo regular mucho mas abultado; porque alli están los cuerpos de los músculos que son carnosos, y esto sucede igualmente en el niño que en el adulto. Es verdad que los niños tienen mas gordura en las partes exteriores del cuerpo que en las interiores, lo que sucede al contrario en los adultos proporcionalmente, y asi dichas partes han de ser mas abultadas en los niños respectivamente que en los hombres.

Dice Vinci que la coyuntura está sola sin ligamento alguno de los que cubren y ligan á un mismo tiempo el hueso; lo qual es falso, porque toda articulacion está cubierta de todos los ligamentos que sirven para afianzarla, y aun en algunas pasan por encima algunos músculos y tendones. Este error será tal vez, como ya se ha advertido en el prólogo, ó alteracion de las copias de la obra, ó defecto del arte anatómico en aquellos tiempos.

§ CLXXI.

[11] Gran lástima es que no haya llegado á nosotros éste tratado, pues en lo concerniente á la Pintura sería digno de la capacidad de tan grande hombre.

§ CLXXVI.

[12] Los músculos que en ésta § llama Vinci _domésticos_ y _silvestres_ serán sin duda todos los que sirven para los movimientos del _carpo_ ó muñeca, y para la flexîon y extension de los dedos, todos los quales se hallan en el antebrazo; á excepcion de algunos que tienen su origen en la parte inferior del _húmero_ y sus _condilos_.

§ CCXII.

[13] Aunque no ha llegado á nuestras manos el libro que cita Vinci como suyo en ésta §; son tantos los documentos que da éste Tratado acerca del movimiento natural del hombre, que basta para que los profesores estudien una parte tan esencial para la belleza y propiedad de las figuras de un quadro.

§ CCXXVII.

[14] La parte posterior del muslo la componen varios músculos que sería prolixo el referirlos ahora, y asi no podemos acertar con el que menciona aqui Vinci. En la garganta y espaldilla hay tambien muchísimos; por lo que tambien es casi imposible saber de quál de ellos habla el autor. La nalga la forman tres músculos llamados _glúteos_. El músculo del espinazo que nombra aqui Leonardo serán tal vez los _sacro-lumbares_, _largos-dorsales_ y _grandes-espinosos_ ó _semiespinosos_, los _espinosos_ y los _sacros_ que son los que hacen el movimiento de extension de la _espina_; á los que se pueden añadir los _quadrados_ de los lomos, aunque el uso de estos es servir á la flexîon de dicha parte. El del estómago son los _rectos_ del _abdómen_.

§ CCXXVIII.

[15] Segun las observaciones mas exâctas de la Anatomía no hay nada de lo que aqui dice Vinci.

§ CCXXIX.

[16] Estos huesos, segun parece, serán unos huesecillos llamados _sesamoydeos_, que se encuentran en las articulaciones de los huesos del _metacarpo_ y _metatarso_ con las primeras _falanges_ de los dedos; y tambien suelen hallarse en algunos otros sitios del cuerpo, los quales están unidos á los tendones, de modo que parece son alguna porcion de estos osificada, y sirven para facilitar el movimiento de los dichos huesos y de los músculos flexôres de los dedos. Su número es indeterminado, y en los niños no se encuentran hasta cierta edad, en la que son cartilaginosos por mucho tiempo. Los que dice Vinci que se hallan en la espaldilla, serán tal vez las _apófisis_ ó eminencias que alli se ven; pues ningun Anatómico dice haber encontrado en dichas partes y sus articulaciones ningun _sesamoydeo_. Todo esto solo se puede percibir en la diseccion del cadaver; pero no en la figura vestida de toda su carne, ni menos en el esqueleto, porque se pierden estos huesecillos por su pequeñez, excepto la _rótula_; y asi el Pintor no tiene necesidad de saberlo, y solo se pone aqui para explicar ésta § con arreglo á la Anatomía moderna.

§ CCXXX.

[17] Toda la explicacion que hace Vinci en ésta § conviene exâctamente á los dos músculos llamados _rectos_ que hay en el _abdómen_, uno á cada lado, cuyo oficio es doblar y extender el cuerpo del modo que refiere.

§ CCXXXIV.

[18] Los músculos que sirven para la extension y flexîon del antebrazo son quatro. Los dos de la flexîon son el _biceps_, y el _braquial interno_. El _biceps_ llamado asi, porque tiene dos cabezas, está situado á lo largo de la parte anterior del hueso del brazo ó _húmero_; la una cabeza se une á la _apófisis coracoydes_ de la espaldilla; la otra al borde de la cavidad _glenoydal_ de la misma. Luego se reunen ambas en la mitad del _húmero_, formando un solo músculo que va á terminar por un tendon fuerte en la tuberosidad que se halla en la parte interna y superior del _radio_. El _braquial interno_ nace de la parte media del _húmero_; se abre en forma de horquilla al principio para abrazar el tendon inferior del músculo _deltoydes_. Queda cubierto del _biceps_, y va á terminar en la parte superior é interna del _cúbito_. Los otros dos de la extension son el _triceps braquial_ y el _ancóneo_. El triceps tiene tres cabezas que nacen, la primera de la extremidad anterior de la costilla inferior del _homoplato_; la segunda de la parte superior y externa del _húmero_ debaxo de su gruesa tuberosidad; la tercera de la parte interna del mismo hueso detras del tendon del _gran-dorsal_: todas tres se unen en un músculo, resultando un grueso tendon _aponebrótico_ que abraza toda la extremidad del _olecránon_. El _ancóneo_ es un músculo de dos ó tres pulgadas de largo, situado exteriormente al lado del _olecránon_: nace de la parte posterior del _condilo_ externo del _húmero_, y se termina en la cara externa del _cúbito_ unos quatro dedos mas abaxo del _olecránon_.

§ CCXXXV.

[19] Los músculos que extienden la pierna son el _recto anterior_, el _basto interno_ y el _externo_, y el _crural_. El _recto anterior_ viene desde la parte superior de la articulacion del _fémur_ con los huesos de la cadera, y descendiendo por la parte anterior del muslo, abraza la _rótula_ por una _aponebrósis_ ó _membrana tendinosa_, y termina en las partes laterales de la extremidad superior de la _tibia_ ó hueso de la pierna. Los dos _vastos_ se unen por arriba, el interno al pequeño _trocanter_, y el externo al grande; despues abrazan lateralmente el muslo hasta la base de la _rótula_, en donde sus tendones se confunden con el del _recto anterior_. El _crural_ está situado entre los dos vastos, y detras del _recto_: abraza toda la parte interior y convexâ del _fémur_; nace en el gran _trocanter_, y termina con una fuerte _aponebrósis_, que se confunde tambien con la del _recto anterior_, en el mismo sitio que éste.

§ CCXL.

[20] Si en un quadro, v. g., de la degollacion de los inocentes se quisiera pintar un verdugo arrancando violentamente de los brazos de una madre á un niño para degollarle; ésta figura debería tener precisamente un movimiento compuesto, esto es, debería estar en accion de arrebatar al niño, y de quererle herir: y asi pintándola solo con la segunda accion, quedaria defectuosa la expresion, que es lo que dice Vinci en ésta §.

§ CCXLV.

[21] Estos primeros movimientos mentales de que habla Vinci son la tristeza, la meditacion profunda, y otros á éste tenor que dexan al hombre por un rato en inaccion, y de éste modo se deben expresar en la Pintura. Los segundos son la ira, el dolor sumo, el gozo &c., los quales causan agitacion en el cuerpo humano, á veces extraordinaria, cuyas particularidades necesita el Pintor tener muy presentes.

§ CCLIV.

[22] La accion en que pinta Vinci á la figura en el caso que supone, es tan inusitada en nuestros tiempos, que no sé qué efecto causaría ver á un personage en semejante actitud.

§ CCLXXVIII.

[23] Aqui parece que habla Vinci solamente de copiar un quadro; porque en la § LVI dice expresamente: que _el contorno exâcto de la figura requiere mucho mayor discurso é ingenio que el clarobscuro_, cuya sentencia adoptan todos los inteligentes, y los Maestros del arte.

§ CCLXXIX.

[24] Facilmente se puede hallar la prueba de lo que dice Vinci á lo último de ésta §; pues es cierto que quando vemos en el Teatro á los Cómicos, es menester poner cuidado para conocerlos y distinguirlos, por la mutacion que advertimos en sus rastros, á causa de darles la luz desde abaxo.

§ CCXCI.

[25] Es evidente que á mediana distancia solo advertimos en los rostros de las personas que miramos las manchas principales que forman los ojos, la nariz y la boca; y por sernos la proporcion de la distancia de estas manchas, entre sí, tan conocida en las personas que tratamos con freqüencia, las conocemos al instante, aunque por estar separados no distingamos las menudencias particulares de su cara, como si las cejas son mas ó menos pobladas, si los ojos son mas ó menos obscuros, si el color es mas ó menos claro, si tiene señales de viruelas &c.: por lo qual, siempre que en un retrato haga el Pintor las partes principales del rostro con igual proporcion en sus distancias, que las del original, el retrato será parecido indubitablemente, aunque en las demas cosas no sea del todo muy exâcto ó puntual.

§ CCXCVI.

[26] Lo que quiere decir Vinci en esta § es esto: para que la luz que entre por la ventana del estudio del Pintor no sea recortada, como sucede á toda luz que entra por el espacio de una claraboya, quiere que el lienzo que la cubra esté pintado de negro ácia los extremos, cuyo color se irá aclarando por grados ácia el medio de la ventana, á fin de que de éste modo no penetre la luz con igual fuerza por los términos de la ventana como por el centro, y asi imitará á la luz abierta del campo. Todas estas son delicadezas ó prolixidades propias del genio de un artífice tan especulativo como Vinci.

§ CCXCVII.

[27] La doctrina que da en ésta § Vinci es conforme á las reglas rigurosas de la Perspectiva; pero en un obgeto de corta dimension, como es una cabeza, no se verifica: porque siempre que se mida con un compas de puntas curvas la altura total de una cabeza desde la punta de la barba hasta el vértice ó la parte superior del cabello, del mismo modo que miden los Escultores los miembros de un modelo para hacer una estatua arreglada á él; y despues tome la medida de la distancia de las sienes y mexillas de la misma manera que se mide el diámetro de un cañon de artillería para saber su calibre; pintada luego una cabeza baxo estas dimensiones, precisamente ha de parecer de igual tamaño, y no mayor: pues entre dos cosas, la una pintada, y la otra verdadera que ocupan igual espacio en el ayre, y el relieve natural de la segunda es igual al que demuestra la primera en virtud del claro y obscuro, precisamente ha de haber igualdad. En quanto á la obscuridad y confusion que reyna en las palabras y proposiciones de ésta §, repito lo que ya otra vez he dicho, y es, que una obra tantas veces copiada, y sacada á luz despues de la muerte de su autor, necesariamente padece mil alteraciones y corrupciones.

§ CCXCVIII.

[28] Segun la explicacion de ésta §, N O será la fuerza de la sombra, siendo A D la pared obscura; O Y y N Y serán medias tintas; C P la fuerza del claro, y C Y, P Y medias tintas mas claras que las otras. _Figura XVI._

§ CCCI.

[29] En ésta § no puede adquirir luz ninguna el principiante, pues su explicacion es absolutamente incomprehensible.

§ CCCXXXII.

[30] Quando se camina por una calle de árboles formada por dos hileras paralelas, parece que van á concurrir en un solo punto.

[31] Quiere decir que la luz ha de estar diametralmente opuesta á la sombra.

§ CCCXXXIII.

[32] Para saber de qué pirámide habla aqui Vinci, léase con reflexîon el libro I de Leon Bautista Alberti.

La razon de lo que declara ésta § (segun comprehendo) es porque el terreno que en la Pintura representa la milla de distancia, ocupa solo aquel espacio que le da la Perspectiva, la qual solo causa la ilusion en la vista, guardando ésta la posicion que debe enfrente del punto, sin variar ni mudarse; pero como esto no es posible, los ojos advierten luego la diferencia que hay entre la distancia fingida y la verdadera; porque quanto mas registran á ésta, ya subiendo y ya baxando la vista, siempre la hallan mayor; y al contrario aquella.

§ CCCXLIV.

[33] Esto alude á la propiedad que debe observar el Pintor en lo que pinte en quanto al parage, circunstancias, clima, costumbres &c.

§ CCCLIII.

[34] Como despues de la muerte de Vinci se han descubierto varios minerales y tierras que sirven de colores en la Pintura para todo; es ociosa la doctrina de ésta §. La significacion de la voz _mayorica_ no se ha encontrado en Diccionario alguno.

§ CCCLXV.

[35] En ésta §, aunque muy confusamente, habla Vinci de la imagen que representa el agua, del obgeto que tiene á la otra parte, como quando vemos una laguna, y al otro lado un montecillo ó una torre, la qual se verá en las aguas siempre que la vista perciba el punto superior de dichos obgetos y el espacio del agua, como demuestra la estampa.

[Ilustración: LEON BAUTISTA ALBERTI

PINTOR FLORENTINO

_Barcelon f.it_]

VIDA DE LEON BAUTISTA ALBERTI,

POR RAFAEL DU FRESNE.

Público testimonio es la Historia de lo ilustre y antigua que fue en Florencia la familia de Alberti; pues queriendo Scipion Amirato por ciertas miras particulares realzar el apellido de Concini, no halló mejor expediente que ponerle al lado del de Alberti, dando un mismo origen á ambas familias. Por ahora basta decir que en el año de 1304 eran ya los Albertis sugetos de mucha estimacion en Florencia, adictos al partido de los Bianchîs; y en el de 1384 en las fiestas que se celebraron en aquella Ciudad por la toma de Arezzo fueron tan magníficas las funciones que dieron, que se juzgaron mas propias de Príncipes que de particulares. En los Archivos de la República se halla que los Albertis tuvieron nueve veces el Gonfalonerato, que era el supremo grado de honor á que podian aspirar los Florentinos. Pero en las freqüentes turbulencias públicas no siempre tuvieron muy favorable á la fortuna. En el año 1387 Cipriano y Benito Alberti fueron desterrados de su patria, y en el de 1411 se expatrió hasta los niños de ésta familia. En 1428 se les indultó y permitió vivir en Florencia. El dicho Cipriano fue padre de Alberto, Lorenzo y Juan. Alberto Alberti fue primero Canónigo, y en 1437 le dieron el Obispado de Camerino. El Papa Eugenio, que fue recibido de los Florentinos con tanta suntuosidad y demostraciones de afecto en su Ciudad, habiendo experimentado la virtud de éste Prelado en el Concilio que celebró, le condecoró con la Púrpura Cardenalicia, mostrándose agradecido al mismo tiempo en esto á su Nacion. Lorenzo su hermano dexó tres hijos llamados Bernardo, Carlos y Leon Bautista, cuyas prendas serán abundante asunto de éste breve discurso. El cuidado y diligencia con que fueron educados estos tres hermanos durante la vida de su padre, lo dice el mismo Leon Bautista en el Tratado que escribió é intituló: _Comodidades é incomodidades del estudio_; en donde cuenta que tenia todas las horas distribuidas de tal modo para varios estudios, que nunca estaba ocioso.

Luego que llegó á la edad juvenil Carlos su hermano se dedicó al cuidado de su casa sin abandonar la literatura; pero Leon Bautista no teniendo mas negocios que sus libros, se entregó de todo punto al estudio, y adelantó tanto en las Ciencias, que excedió á quantos por entonces tenian fama de literatos. La primera muestra que dió de la viveza y prontitud de su ingenio fue el engañar con una discreta é ingeniosa burla (mas feliz que la de Sigonio en adelante) el juicio y parecer de los eruditos de su tiempo; pues siendo de edad de veinte años, y hallándose en Bolonia compuso ocultamente una fábula que intituló _Philodoxios_, baxo el nombre de Lépido Cómico, la qual la publicó luego como que se habia encontrado por rara casualidad en un manuscrito antiquísimo. Imitó en ella Alberti con tal felicidad la diccion y estilo antiguo de los Cómicos Latinos, que habiendo llegado á las manos de Aldo Manucio, tenido entonces por el modelo de la latinidad mas pura, la hizo inmediatamente imprimir en Luca año 1588,[A] dedicándosela á Ascanio Persio, sugeto de mucha erudicion, como obra de un escritor antiguo: _Lepidam Lepidi antiqui comici, quisquis ille sit, fabulam ad te mitto, eruditissime Persi, quae cum ad manus meas pervenerit, perire nolui; & antiquitatis rationem habendam esse duxi. Multa sunt in ea observatione digna, quae tibi, totius vetustatis solertissimo indagatori, non displicebunt, mihi certe cum placuerint &c._ El mismo Alberti se declaró en el prólogo que compuso á ésta fábula á los veinte años de su edad; _non quidem cupio, non peto in laudem trahi, quod hac vigessima annorum meorum aetate hanc ineptius scripserim fabulam: verum exspecto inde haberi apud vos hoc persuasionis non vacuum me scilicet, non exundique incure meos obivisse annos_. Con ésta experiencia que hizo de sus fuerzas Alberti á ésta edad, no hubo luego ciencia que no adquiriese con su aplicacion, de modo que no pasaba dia en que no leyese ó compusiese alguna cosa útil, como él mismo lo asegura; y era su entendimiento tan dócil, que parecia nacido para qualquiera arte ó ciencia. No es posible discernir si fue mejor Poeta que Orador, si escribió mejor el Latin que el Toscano, si fue mas hábil en las ciencias prácticas que en las especulativas, ó si hablaba con mas energía de las cosas sublimes, ó con mas gracia y atractivo de las regulares.

Dice la Historia que Lorenzo de Médicis, verdadero Mecenas de su siglo, quiso en una ocasion, para pasar con comodidad la rigurosa estacion del estío, juntar en la selva de Camáldoli una Academia de los sugetos mas célebres en toda clase de literatura, entre los quales obtuvieron los lugares primeros Marsilio Picino, Donato Acciayoli, Leon Bautista Alberti, Alamáno Rinvecino y Cristoval Landino. La conversacion de unos hombres como estos cada uno se la puede imaginar: pero entre todos solo se llevó la palma Alberti, el qual con discursos profundísimos, demostró que en la Eneyda se esconden baxo la apariencia de varias ficciones los mas altos secretos de la Filosofía, y que Virgilio era un verdadero Filósofo, vestido y adornado con las invenciones poéticas. Estos discursos hicieron tal impresion en el ánimo de los oyentes, que Cristoval Landino (que fue el Secretario de aquella Academia) los copió y coordinó, con los quales formó luego aquella obra que se imprimió con el título de _quaestiones Camaldolenses_, en Latin, en la que ácia el fin escribe Landino: _Haec sunt quae de plurimis, longeque excellentioribus, quae Leo Baptista Albertus memoriter, dilucide, ac copiose in tantorum virorum concessu disputavit, meminisse volui._

Dexó Alberti varias obras escritas en Latin y en Toscano, de las que pondrémos al fin un catálogo puntual. Entre las obras Latinas la mas excelente y digna de compararse con las de la antigüedad es la que intituló el _Momo_, la qual por su particular mérito fue impresa el mismo año de 1520 por dos veces en Roma. En ella se explica con infinita gracia, y con un artificio de los mas sublimes entre chanzas, risas y burlas todo lo que los demas han escrito con seriedad y gravedad acerca de la Filosofía moral, siendo el asunto principal de sus quatro libros las prendas que constituyen á un Príncipe perfecto y apto para conocer á los que le cercan, su carácter y costumbres. Es muy buena tambien la obrita que escribió intitulada _Trivia_, que trata de los Senadores, y la otra que intituló _de Jure_ ó de la administracion de la Justicia, de las quales no sé por qué razon formó el quinto y sexto libro del Momo Cosme Bartoli, quando traduxo al Toscano varios escritos de Alberti. Escribió tambien unas fábulas, y en la particularidad de los conceptos aseguran que excedió á Esopo. Compuso tambien la vida y costumbres de su perro, y la de la mosca, siendo tal su ingenio, que del mismo modo podia burlarse con artificiosos rodeos de las cosas graves y serias, que filosofar sobre las baxas y frívolas. En Italiano escribió tres libros de la economía, y algunos asuntos amorosos en prosa y verso; siendo él el primero (como escribe Jorge Vasari) que hizo versos Italianos con metro Latino, como se ve en la Epístola que compuso:

Questa pur estrema miserabil’ epistola mando A tè che spregi miseramente noi &c.

Pero al hablar del sobresaliente ingenio de Alberti en todo género de literatura, y del lugar que obtuvo entre los eruditos, veo que me arrebatan los individuos de una profesion diferente, quiero decir, los Pintores y Arquitectos, los quales quieren sea suyo del todo; y mostrándome lo mucho que hizo en la Pintura y Arquitectura, me hacen que vuelva atras para empezar á escribir las prendas de otro Alberti, pasando de las ciencias especulativas á las prácticas y mecánicas. En efecto, fue tan grande la capacidad y talento de Alberti, que no solamente pudo tinturarse en todas las ciencias generalmente, sino que supo y profesó cada una de ellas en particular, de modo que hizo creer á las gentes que solo á aquella se habia aplicado y dedicado de todo punto, igualando, y á veces excediendo á los mas hábiles facultativos.

Hallábase en su tiempo tan decaida la Arquitectura, que aunque habia de ella alguna noticia, era tan corrompida y distante de la nobleza y grandiosidad de los siglos Romanos, que nada bueno producia. Alberti fue el primero que intentó restaurar la pureza de éste arte, y arrojando la barbarie de los siglos Góticos, introduxo el órden y la proporcion de suerte, que fue llamado universalmente el Vitruvio Florentino. La fama que adquirió induxo al Papa Nicolao V á que se valiese de él para algunas fábricas de Roma, poniendo en él toda su confianza en virtud de las alabanzas que de su mérito le hizo Biondo Forlivese, sugeto á quien estimaba el Pontífice particularmente.