El proletario en España y el Negro en Cuba

Part 5

Chapter 52,317 wordsPublic domain

Mantúvole á su lado por espacio de muchos años, dispensándole su confianza y colmándole de dones y de regalos; y cuando asuntos de grave interés para la patria, le llamaron á la corte, donde habia de hacerse un lugar preferente; quiso, como recuerdo de despedida, concederle su libertad; pero Antonio que amaba aquella casa con entrañable cariño, pidió á su amo, que le permitiera continuar siendo su esclavo; y si no ya á su inmediato servicio, puesto que se marchaba, al de uno de sus hijos, en los cuales estaba seguro de hallar el mismo afecto y consideracion.

Cuantas reflexiones le hizo su amo para convencerle á admitir la libertad, fueron inútiles, y conmovido este al ver aquella inmensa prueba de adhesion y de cariño, despues de hacerle un buen regalo, le dejó en casa de uno de sus hijos, recomendándoselo muy particularmente.

Pero los hijos poseian como el padre un bellísimo corazon y ademas, Antonio se recomendaba por sí solo; de suerte, que al poco tiempo ocupó en la casa de su nuevo amito, el mismo puesto de confianza que habia merecido en la del padre.

Antonio vestia decentemente y hasta con lujo; recibia sus regalos ó propinas y tenia su piquillo depositado en la _Caja de ahorros_, donde acumulaba cada año los intereses al capital, así como las nuevas imposiciones que hacia y algunos premios que habia sacado en la loteria de esta Isla; y esto lo hacia desahogadamente, puesto que para cubrir sus atenciones y necesidades, para nada le hacia falta su dinero.

En los viajes, diversiones ó cacerias, Antonio acompañaba siempre á su amo, gozando y disfrutando de todo; siempre atento y solícito al menor deseo de aquel, por quien á su vez era tratado con suavidad y con cariño.

Nada faltaba á su dicha: los dias trascurrian serenos y apacibles para él; sin esa afanosa ansiedad del que viviendo con el escaso producto de su trabajo ó industria; del que, en una palabra, está sujeto esclusivamente á sus propios recursos, se desvela y apura, pensando en el _mañana_ siempre nebuloso y oscuro para el pobre y á veces hasta para el rico.

Pero el diablo tentador, que siempre vá buscando sus víctimas en aquellos mortales mas felices, se acordo sin duda del pobre Antonio; envidió su dicha y se propuso conquistarle, envolviéndose al efecto en las provocativas formas de una negrita libre llamada Serafina, de esbelto talle, turgente seno y chispeantes ojos.

Antonio resistió algun tiempo á las seducciones de aquella encantadora sirena de su color; pero menos fuerte que su santo en punto á tentacion es de aquel género, cedió al fin y se dejó prender incauto entre las dulces y á la vez punzadoras redes de amor.

Desde aquel momento, fatal para él, como lo fué para el primer hombre; el aspecto de su vida cambió completamente. No habia amado nunca y por lo mismo, la primera chispa de amor que penetró en su pecho, desencadenó en él una pasion vehemente, volcánica; que mató, de una vez para siempre, la dulce tranquilidad de que gozaba en el eden de aquella casa.

Ya no era Antonio aquel servidor diligente, que adivinaba en la mirada de su amo su menor capricho ó sus órdenes para cumplirlas en el acto. Distraido siempre, inquieto, desasosegado, todo lo equivocaba y hacia de través; aprovechandose de cualquier recado á la calle, para ir á ver á su amada, sin recordar que á veces le esperaban con urgencia.

Su amo se vió ya en la necesidad de reñirle, aunque con su mesura y suavidad acostumbradas y comprendió que á Antonio le pasaba algo extraordinario.

Llamóle un dia á capítulo y procuró averiguar la causa que ocasionaba en él aquella repentina trasformacion, y aunque Antonio balbuceando, trató de evadir una confesion que le avergonzaba; como jamás habia mentido ni ocultado nada á sus amos; concluyó por confesarle que estaba enamorado perdidamente de una negrita libre llamada Serafina, hija de una lavandera que vivía por la calle de San Rafael; que queria casarse con ella; pero que para eso necesitaba la libertad que antes habia rehusado de su amo, abandonar una casa que siempre habia considerado como suya; unos amos á quienes tanto queria, que tanto le estimaban y al lado de los cuales habia pensado morir cuando Dios lo llamara á sí. Que aquella lucha contínua entre su corazon y su cabeza que le inclinaban, el uno á volar á la calle de San Rafael y la otra á rechazar aquel amor y á seguir viviendo como hasta entonces; le producia un contínuo malestar que degeneraba en insomnios, angustias y delirios que quebrantaban sus fuerzas y su espíritu.

El amo se enterneció al oir la narracion de sus tormentos, pero conociendo bien el corazon humano y la hirviente lava que circula por las venas de la raza africana, comprendió que para el pobre Antonio no habia otro camino que casarse con aquella negrita, que habia despertado en su alma el germen de sus dormidas pasiones, y al efecto escribió lo que pasaba á su padre, que era el verdadero amo de Antonio, para que él determinara.

A los dos meses recibió de su padre el permiso para que Antonio se casara, si aun insistia en su empeño y la autorizacion en debida forma, para que como presente de bodas por su parte, le hiciera graciosa donacion de su libertad.

Arrastrado por su fatal destino, casóse por fin Antonio; despidióse de su amito haciéndole mil protestas de su adhesion y entrañable afecto y fuese á gozar con su Serafina los deleites de la luna de miel.

Durante dos años, todo fué á las mil maravillas; es decir, mientras duró el dinero que Antonio tenia en la _Caja_ _de ahorros_ producto de las economias de toda su vida; pero cuando este hubo dado fin, el diablillo que se habia ocultado en el cuerpo de Serafina,--permítasenos esta figura,--empezó á enseñar las uñas y la felicidad desapareció de aquella casa.

En fin, para concluir: Serafina, aficionada en extremo á gastar y triunfar; cuando vió que Antonio ya no tenia una onza de que disponer...... buscó un amante que la tuviera, empezando desde entonces las sospechas, los disgustos, los celos, las riñas y por último, sorprendida aquella _in fraganti_ por su marido, en una cita amorosa, en que _ninguna duda_ le quedó de la perfidia y de la infidelidad de su mujer; arrebatado por los celos, la ira y el despecho, precipitóse furioso sobre los culpables y los cosió á puñaladas.

La ley le absolvió, porque pudo probar de un modo claro y patente, el crímen de adulterio que le habia arrastrado á cometer aquel doble asesinato.

Inmediatamente que se vió libre de la justicia, fué á presentarse á su antiguo amo, curado completamente, aunque de una manera terrible, de su fatal amor, y rompiendo á su vista el documento de libertad que le habia otorgado dos años antes; le suplicó que lo admitiera de nuevo como esclavo y que dispusiera de él á su antojo; pero rogándole le enviara á alguna de sus fincas en el campo, donde dedicado á los rudos trabajos de la tierra y lejos del teatro de su sangriento drama, pudiera olvidar mas pronto aquel triste episodio de su vida.

El amo accedió á sus deseos y hoy se encuentra en uno de sus ingenios, lejos de toda poblacion, sino contento y feliz, por lo menos tranquilo y llevando una vida metódica y ejemplar.

Allí lo hemos conocido y por él mismo, á la vez que por su amo, hemos sabido los tristes detalles de este suceso, que ha dejado en el pobre Antonio una profunda huella de melancolía y abatimiento y le ha robado veinte años de su existencia, por dos de escasa y mentida felicidad.

XI.

NUEVAS REFLEXIONES.

Ya habrán podido observar nuestros lectores, por los tres diferentes cuadros que anteceden, que la vida del esclavo en esta Isla, lejos de ser lo que muchos escritores, fanáticos y apasionados, describen con los mas negros colores, alterando así la verdad y sorprendiendo á los que lejos de nuestra Antilla, no pueden convencerse por sus ojos de la realidad, es por el contrario una vida muy llevadera y preferible en muchas ocasiones á la que arrastra una clase numerosísima entre los hombres libres.

Casos análogos ó parecidos á los que hemos presentado en Nicolás y Felicia, Cayetano y Filomena, y por último en el desgraciado Antonio, encuentra á cada paso el hombre observador y amante de estudiar en las costumbres de los pueblos, los misteriosos arcanos de la vida social.

Muchas ideas nos sugiere el estudio de estos cuadros y muchos puntos de comparacion estableceríamos, si nó temieramos salirnos de los límites trazados al escritor.

A esos escritores apasionados que hablan de la esclavitud en esta Antilla, muchos de ellos sin conocerla ni menos al esclavo; que se dicen con mucho énfasis, dispuesto á sacrificar su vida, por conquistar la independencia de sus hermanos que califican de desgraciados _párias_ de la humanidad--por su puesto, que estas declamaciones son de boca, por que si se llegara á la realidad de los hechos, ya vendria, como suele decirse, _el tio Paco con la rebaja_,--á esos escritores repetimos, que se cifran para sus mas famosos argumentos, en recordar el _pasado_ de América y colocarlo en el _presente_, conmoviendo á sus lectores y arrancando de sus pechos un grito de indignacion contra esa esclavitud, padron de ignomínia de nuestro siglo de _civilizacion de libertad_, y de _luces_; convendria preguntarles: ¿habeis estudiado las condiciones _actuales_ de la esclavitud? Si muchos de vosotros no las conoceis, si nó podeis señalar los lunares y defectos de que adolece; ¿como os atreveis á tomar plaza en el palenque de la discusion que sobre ella se suscite? ¿Basais los fundamentos de vuestros discursos, como decíamos antes, en rancios hechos de la historia, ó forjais _á prióri_ estos hechos?.... Ya comprendereis que cuando son falsos los cimientos, el edificio no puede sostenerse.

Pero si quereis hacer desgraciados á los _pobres negros_--son vuestras palabras--, _que hoy gim en bajo el férreo y opresor yugo de la esclavitud_, dadles de pronto la libertad. Con ello lograreis hacer de hombres laboriosos, honrados trabajadores, y útiles á su nueva pátria; cien veces mas felices en su esclavitud, que lo eran en el Africa en pleno goce de su libertad; unos seres desgraciados, miserables y corrompidos, cuya mayor parte acabarán sus dias en los hospitales, las cárceles ó los presidios.

Ya lo dijimos en nuestra _advertencia_; somos eclécticos; en esta como en toda cuestion de reformas en nuestro pais, queremos y pedimos no retrogradar ni estacionarnos; si nó marchar, pero suavemente por las vias del progreso; ascender por grados en el camino de las reformas útiles y convenientes: esto es lo lógico y lo racional; la misma naturaleza nos lo enseña así constantemente: todas las transiciones fuertes, violentas, perjudican mas que favorecen. Si quereis matar á un hombre que haya estado ocho dias á dieta á causa de una enfermedad, dadle de pronto una opípara comida. ¿Podeis obligar á un árbol á que dé su fruto antes de tiempo sin perjudicar las condiciones de su vida orgánica?

Desengañaos, hombres de brillantes teorías; la galanura de vuestras frases, la belleza de vuestras fantásticas creaciones, se estrellarán siempre en el terreno de la práctica y de los hechos. Las lecciones de la experiencia, aprendidas en las inmutables leyes de la naturaleza, nos enseñan el camino y la marcha reposada y tranquila que hemos de llevar.

No precipitemos los acontecimientos con inmoderada imprevision; _cada cosa vendrá á su tiempo_.

XII.

PARALELO.--CONCLUSION.

Llegados al término de nuestra obrita, vamos á establecer un breve paralelo entre el _Proletario_ y el _Esclavo_, cumpliendo el propósito que nos impusimos al empezarla.

Los _cuadros_ que de la una y la otra parte del Océano hemos presentado, para dar á conocer la _verdadera_ situacion de cada una de las dos clases que nos ocupan, copiados _d' aprés nature_ y tomados al acaso de entre los infinitos que conocemos, se adelantan ya por sí solos á economizarnos aquel trabajo comparativo, resultando entre ellos las enormes diferencias que hemos visto.

El jornalero, el trabajador en España, merced á un trabajo tan duro como el esclavo en América, relativamente á su organizacion y al clima en que lo ejecuta, se alimenta y alimenta mal á su familia y apenas si puede atender á sus vestidos y á sus enfermedades, interin cuenta con aquel; pero desde el momento en que le falta, (lo cual es harto frecuente), le vemos sumido con su familia en la indijencia, en la desesperacion y en la muerte. ¡Los ahorros, las economias, un porvenir de fortuna y bienestar!...... Son estos, quiméricos ensueños, que ni aun por casualidad, cruzan jamás por su mente.

El esclavo en América, con iguales condiciones que el proletario en España, si es laborioso, honrado y económico, llega á su vejez poseedor de una mediana fortuna, en aptitud de gozarla tranquilamente y de recobrar ó nó su libertad; con su familia educada y al abrigo de toda clase de contratiempos y enfermedades y todo esto, sin sacrificio alguno por su parte, sin haber experimentado un solo dia, ni él ni su familia, las amarguras y tormentos del hambre; y sobre todo, que si no ha hecho fortuna, cuando está agobiado por los años, ocupa en las fincas una plaza de _guardiero_ donde jamás le falta el alimento necesario, ó la casa enfermeria si sus achaques le impiden estar de pié.

Basta de consideraciones por nuestra parte: queremos que los hechos con su formidable elocuencia, hablen por nosotros y lleven á los ánimos el convencimiento, por medio de la explendente luz de la verdad.

Carecemos de amor propio y no desconocemos los infinitos lunares que la crítica literaria hallará en las modestas páginas de este _opúsculo_; poco nos importará, pues no hemos pretendido conquistar con él una reputacion. Nuestra conciencia esta satisfecha, por que crée haber hecho un bien á su pais y haber proporcionado á esas antorchas del saber humano, que rigen los destinos y guian la opinion de nuestra patria, un dato mas para su obra de regeneracion y perfeccionamiento.

Dios, que penetra los mas misteriosos arcanos de nuestras intenciones, conoce bien la pureza de las que nos han inspirado la ejecucion de esta obrita, que aunque sencilla, es superior á nuestras fuerzas.

Satisfecha quedará nuestra alma, si con ella consiguieramos la mas pequeña parte del objeto que nos propusimos al escribirla.

Y por último: _Quien hace lo que puede, hace lo que debe._

FIN