El proletario en España y el Negro en Cuba

Part 4

Chapter 43,932 wordsPublic domain

Mucho se ha escrito y hablado respecto del esclavo africano en América, objeto hoy de este capítulo, presentándole unos como un ser embrutecido, fanático, incorregible; otros como una especie de hombre fiera, dotado de sanguinarios instintos; y por último, algunos como un ser inocente y sencillo, sumiso y obediente, aunque á la vez perezoso y poseyendo todos esos detestables vicios que corroen la existencia de lo mas abyecto de la sociedad.

Unos y otros tal vez tendrian razon al expresarse así, por que sin duda basaron sus observaciones en un tipo determinado ó en el estrecho círculo de una localidad, y esto no basta.

Sin tratar por esto de herir su susceptibilidad, debemos exponer nuestra franca opinion en el asunto; y á nuestro modo de ver, no es suficiente el exámen de un individuo para determinar el carácter de una localidad, así como el estudio de esta no nos puede dar el conocimiento exacto de las condiciones de un pueblo en general.

La raza africana, tal como nos la presentan los negros bozales, se encuentra como es de suponer, en un grado muy inferior de civilizacion respecto de la nuestra, pero ellos entre sí difieren y no poco, en caracteres, costumbres, creencias, cultura é inteligencia, segun el reyno ó nacion de donde proceden.

El tráfico negrero, ha importado á esta Isla hombres, mujeres y niños de diversos puntos del golfo de Guinea, pero mas principalmente del Congo, Macuá, Lucumí, Carabalí y Arará, reinos ó naciones del Africa, que mas se han prestado á esta clase de comercio humano.

Escasos de inteligencia y predominando en todos ellos, en general, el elemento material; apenas se descubre en ellos una leve chispa de su espíritu, esa divina antorcha que la voluntad del omnipotente coloca en la grosera envoltura de cada uno de sus hijos, para que ilumine sus pasos por la senda de la vida terrenal; pero con todo, en instintos y cualidades morales, se notan entre ellos, como decíamos anteriormente, muy marcadas diferencias, segun podrá observarse por el retrato que de cada uno damos á continuacion, producto del detenido estudio que de ellos hemos hecho y de los varios informes y noticias que hemos tomado de personas respetables del pais.

El negro Congo, es de entre los de su raza, el ser mas inteligente y el que con mas facilidad se adapta á nuestro lenguaje, usos y costumbres; pero á la vez es perezoso para el trabajo material: voluble, adulador y embustero; presuntuoso y vano, amigo de componerse de bayles y diversiones y de agradar á las hijas de Eva. Generalmente se saca mas partido de ellos dedicándolos al servicio doméstico, que á los trabajos del campo.

El Macuá, es de muy limitada inteligencia; tardío en amoldarse á nuestros hábitos y á nuestro idioma; de carácter arrebatado é irascible, aunque muy fácil de calmar en sus accesos y sobre todo es buen trabajador.

El Lucumí, es ardiente y belicoso; duro para el trabajo; enérgico y altivo, aunque como todos, de escasa inteligencia; lujurioso en el mas alto grado y aficionado en estremo á las bebidas alcoholicas, en las que á veces gasta cuanto posée.

El Carabalí, es avaro; de carácter sombrio y poco comunicativo con los demas negros que no son de su nacion; arraigado hasta el fanatismo á sus creencias religiosas y dotado de animales instintos, mas que de inteligencia.

Y por último, el Arará, dotado de medianas luces, es de carácter bondadoso, sencillo y franco; sumiso y aplicado al trabajo, descuella pronto en el ramo á que se le dedica, por que procura adelantar para cuando sea libre: comprende la ventajosa diferencia que hay de esta vida civilizada á la vida semi-salvaje de su pais y prefiere la primera. Amante de su familia, trabaja para ellos con ardoroso afan: cobra á su amo un estremado cariño y por nada del mundo le abandona ni descuida sus intereses que son para él sagrados. En fin, el negro Arará, es sin disputa el mejor de entre los que de su raza se conocen en esta Isla.

Las dotaciones de los cafetales, ingenios y demás fincas rurales; se componen de negros de nacion, ó sean los importados del Africa y de negros criollos, ó sean los nacidos aquí; sin que la ley establezca ninguna diferencia entre unos y otros, respecto á las condiciones de su esclavitud. Ambos se hallan protegidos igualmente bajo su salvadora égida; y los cuarenta y ocho artículos del _Reglamento de esclavos_, comprendido en el _Bando de Gobernacion y política_ expedido en esta Isla por el Excmo. Sr. Don Gerónimo Valdés, Gobernador Superior Civil, y publicado en 14 de Noviembre de 1842, hoy vigente; dan una idea de la tierna solicitud con que el gobierno ha atendido siempre á esta raza, enseñándole á amarnos como bienhechores y amigos y no á odiarnos como despóticos señores.

Vamos á dar ahora una ligera idea de la interpretacion y cumplimiento que dan, la generalidad de los hacendados que poséen esclavos, al Reglamento antes citado; y se comprenderá el fundamento que tuvimos al emprender la publicacion de estas páginas.

Al llegar un negro bozal á una finca, se le hace entrega de un cerdo y del pedazo de tierra que él puede trabajar, al que se dá el nombre de _Conuco_.

A cada uno de los antiguos, instruidos ya, se les designan dos de los recien llegados ó _bozales_, para que cuiden de enseñarles los sanos principios de nuestra religion y prepararlos así para el dia en que se hayan de bautizar. Estos, á la vez les enseñan nuestro idioma, nuestras costumbres, el medio de procurarse su redencion por medio del trabajo, las leyes que los protejen y sobre todo, la justicia con que el amo premia al que es bueno y castiga al que es malo: les presentan el ejemplo de otros compañeros, un tiempo _bozales_ como ellos y gozando ya del bienestar y de la dicha que en su modesta esfera, pueden proporcionarles la posesion de un capital adquirido con el sudor de su frente; y esto al lado de una mujer querida y rodeado de sus hijos: que el amo cuida de la crianza de estos con esmero y atiende á todos en sus enfermedades con médico, botica, buenos caldos y cuanto sea necesario para su curacion.

Respecto al negro _criollo_ ó nacido en la finca; desde que viene al mundo, ya tiene su principio de riqueza; pues el amo al presentarle la negra á su hijo, le entrega, para ella, una ó dos onzas y para el hijo, un cerdo y un pedazo de tierra contiguo al de la madre y que solo separa de ella cuando se casa, para unirlo á lo que posée la que vá á ser su mujer.

Terminado el tiempo de la lactancia, se reune con los demas de su clase en una casa que se designa _casa de criollos_, á cargo siempre de una, dos ó tres negras que por su moralidad, instruccion, edad y buenas costumbres, merecen ocupar este puesto, y las cuales les enseñan los misterios y saludables preceptos de nuestra religion; las buenas costumbres; el amor al trabajo, fuente de toda riqueza; el respeto y sumision á sus amos y la conformidad y resignacion con la suerte que les cupo al nacer.

El batey ó centro en que se hallan reunidas todas las fábricas de un ingenio, por ejemplo, se compone en general, de la casa-vivienda, casa de administracion, casa-mayordomia, casa de mayoral, casa de criollos, casa-enfermeria, casa de molienda, casa de purga, casa de calderas, casa de bagazo y por último, del barracon, que es el que habita la dotacion de la finca.

Este último, está dividido en su interior, no solo para la debida separacion de los dos sexos, si que tambien para los matrimonios, que ocupan cada cual su habitacion separada.

El edificio está bien situado, y goza de buenas condiciones higiénicas; y durante la noche se halla constantemente alumbrado.

La dotacion se halla dividida en tres cuadrillas diferentes, á saber:

La _primera_, es la de los _matungos_ ó ancianos, que solo se ocupan ya en faenas propias á su cansado vigor.

La _segunda_, es la de los _fuertes_ ó jóvenes, que son los que ejecutan los trabajos mas duros de la finca.

Y la _tercera_, es la de los _criollos_, compuesta de jóvenes de 9 á 15 años y que se emplean en labores adecuadas á sus escasas fuerzas.

Las mujeres forman cada una, segun su edad, entre las tres cuadrillas que dejamos apuntadas, pero los mayorales y contramayorales (estos últimos nombrados de entre ellos mismos), cuidan de que ellas no ejecuten nunca trabajos superiores á sus fuerzas relativamente y á su sexo.

Las horas y reglas del trabajo en _tiempo muerto_, ó sea desde Junio á Noviembre, son las siguientes:

Al toque del _Ave-Maria_, se levantan y forman para pasar lista y dividirse las cuadrillas, marchando cada una hácia el lugar del trabajo, que solo empiezan cuando ya es completamente de dia. A las nueve lo suspenden durante media hora para almorzar y á las once se vienen al batey para formar de nuevo y recibir cada uno su racion diaria, que se compone: de 16 onzas de carne, buniatos, plátanos, yuca, malanga (especie de patata) ó harina de maiz (que llaman _funche_ despues de cocinada), todo esto alternado y en porciones muy suficientes para el alimento de una persona.

Desde dicha hora, hasta las dos de la tarde, se ocupan en comer, cuidar sus cerdos ó gallinas y en reposar en el barracon, á esta hora vuelven á formar y á distribuirse como por la mañana, emprendiendo cada cuadrilla su interrumpido trabajo hasta el oscurecer, en que regresan por última vez al batey y despues de pasar lista, depositar en las caballerizas el haz de yerbas, que cada cual al volver del campo trae siempre para los animales, y de entregar en la mayordomia los machetes y demas útiles y herramientas de labranza, se recojen á comer y con libertad de andar por la finca hasta las nueve de la noche, en que se toca la campanada del silencio, y media hora despues todos se hallan recojidos en el barracon, donde despues de rezar se entregan al descanso.

En _tiempo de zafra_ ó molienda, ó sea desde Diciembre hasta Mayo, escepto los que cortan la caña y los que la conducen á la casa de molienda, los demas se ocupan en la fabricacion del azúcar y sus horas de trabajo varian algo, pues las cuadrillas se subdividen entre sí y se relevan de dia y de noche en razon á que las máquinas no cesan de funcionar durante una época dada. El pequeño aumento que tienen así en las horas del trabajo, lo soportan fácilmente, pues este es mas bien una ocupacion que un trabajo corporal, comparado con el de siembra, chapeo y demas labores del campo en el _tiempo muerto_.

Hay grandes barracones ambulantes, tirados por bueyes, que acompañan á las cuadrillas al campo y donde se guarecen estas cuando llueve, lo que con frecuencia sucede todos los dias.

Los domingos descansan de las fatigas de la semana, pero entonces se ocupan ellos desde las seis de la mañana hasta las nueve de la noche, en trabajar su _conuco_, lavar su ropa y cuidar á sus animales, lo cual hacen en provecho propio y por via de entretenimiento.

Casi todos los domingos, hay algun grupo de parientes ó amigos, que solicitan y obtienen permiso para pasar al pueblo inmediato á oir alguna misa mandada decir en sufragio del alma de sus difuntos.

Cada año, despues de concluida la _zafra_, el cura del pueblo á que pertenece la finca, pasa á ella á verificar los bautizos de los nacidos y de los bozales llegados desde el año anterior, así como los casamientos contratados para dicha época, todo lo cual se celebra con grandes fiestas y regocijos.

Cada una de las cuadrillas encargada de una faena, solicita del amo al concluirla, una gratificacion; pero no pidiéndola de viva voz, sino valiéndose de señales que signifiquen la expresion de sus deseos, siendo esta con mas frecuencia, análoga á la que emplean los albañiles cuando acaban de techar una casa. Coloca cada cual una bandera en la casa-vivienda, diferentes entre sí, y el amo ata en una de sus puntas una cantidad cualquiera ó nada si es su voluntad ó no ha quedado satisfecho de la faena; y al dia siguiente, vuelve cada cuadrilla á recojer su bandera, alegrándose naturalmente si una de sus puntas encierra algo, pero conformándose y reconociendo que no lo habrán merecido, si por el contrario, aquella flota con sus dos puntas sueltas.

Al deternos algun tanto en ciertos detalles, se comprenderá que lo hemos hecho, nó para los hijos de esta Isla, que todos se los saben de memoria; sino para que sus compatriotas de allende el Occéano, puedan formar un juicio aproximado de la vida y trabajos del esclavo, objeto de estas líneas.

Del mismo modo que al tratar de las clases proletarias, presentaremos tres cuadros de distintos episodios, acaecidos entre los esclavos y que, como los anteriores, vienen á probar la verdad de nuestros asertos y sirven de base al paralelo que pensamos establecer.

VIII.

Cambia la decoracion.--Nuevos cuadros,

CUADRO PRIMERO.

EL ESCLAVO DE UN INGENIO.

Nicolás llegó con otros muchos al ingenio T... del señor A... cuando apenas contaba doce años, procedente y natural de Arará, en donde habia sido cautivado y vendido despues á un buque negrero, que allá por los años de 184... hacia el comercio de _ébano_ en la costa de Africa.

Pasada la primera impresion que en él habia de hacer naturalmente, el método de vida regimentado y uniforme á que se le sujetaba, aquella naturaleza salvaje se fué amoldando poco á poco; fué despertando su dormida inteligencia de las densas tinieblas en que yacia, y á los veinte años de edad, ya se habia captado las simpatias de sus amos, administradores y mayorales, así como de sus compañeros de dotacion.

Su laboriosidad y aplicacion en el trabajo; su carácter bondadoso y sumiso, servian de poderoso estímulo á los demas negros; y su _conuco_ era citado como modelo en toda la finca, por la gran extension de terreno que comprendia, y que labraba él solo en las horas libres y dias festivos; así como por la abundante cosecha que recojia, merced al cuidadoso esmero con que lo cuidaba.

Cada año criaba uno ó dos cerdos y algunos hasta tres, y á la vez multitud de gallinas; de lo cual destinaba lo mejor para regalárselo á su amo, segun es costumbre y por lo cual recibia siempre doble importe de su valor, así como las cosechas que tambien aquel le compraba.

En _tiempo muerto_, trabajaba en el campo como uno de tantos, animando con sus jocosidades, sus gritos y sus estrambóticos gestos al resto de la cuadrilla de los _fuertes_, en que figuraba de los primeros, dando así á aquellos monótonos coros que incesantemente cantan los negros al compás del azadon ó guataca, cierta _sal_ y _pimienta_, que enardecia á los mas débiles ó perezosos en el trabajo.

En la época de molienda ó _zafra_, se habia dado tal maña trabajando al lado del _pailero_, que con frecuencia suplia á este cuando por enfermedad ú otros accidentes no podia asistir, sin que en nada se echase de ver su falta; lo cual, ademas de las naturales consideraciones, le valia por parte de sus amos una buena gratificacion al concluirse aquella.

Todo esto, reunido á su vida arreglada y económica, aumentó de tal modo sus ahorros, que al cumplir veinte y cinco años, se encontraba en posesion de un capital de _tres mil pesos_ y pensó en reunir este y su _conuco_, por medio del matrimonio, al de una negrita criolla llamada Felicia, que tenia el suyo contiguo y con quien estaba en amores hacia dos años. Es verdad, que el _conuco_ de su futura era reducido y solo tenia _tres onzas_ por todo capital; pero era bonita, tenia quince años y estaba enamorado de ella; y sobre todo, consideraba que no era preciso que la mujer aportara al matrimonio tanto como el marido. Así pues, maduró su proyecto de acuerdo con ella; pidieron el competente permiso á sus amos y aquel mismo año, cuando á la conclusion de la _zafra_ llegó el cura de N... al ingenio para verificar los casamientos y los bautizos de los nacidos y los _bozales_, Nicolás y Felicia se unieron en indisoluble lazo, obteniendo de sus amos, con este motivo, un buen regalo.

Nicolás y Felicia tenian ya con qué comprar su libertad, pero ¿qué conseguían con rescatarla? ¿A dónde irian que tuvieran tan asegurada su subsistencia y la de sus hijos, si los tenian? Si Dios les enviaba una enfermedad, ¿quién les cuidaria con el esmero y atencion con que asisten á los enfermos en la casa-enfermeria, donde nada se escasea? Si les faltaba el trabajo, ¿de qué vivirian? Por otra parte: ¿cómo abandonar á sus amos que hacian con ellos las veces de padres y por los cuales sentian el mas tierno y respetuoso cariño?

Todas estas y otras reflexiones análogas se hacian los esposos, preñados los ojos de lágrimas, cada vez que sus amitos les indicaban que estaban en posicion de libertarse, protestando una y mil veces, que aun cuando les concedieran esta graciosamente no la admitirian, pues preferian vivir esclavos en el ingenio á encontrarse libres fuera de él.

Hoy tiene él treinta y nueve años y ella veinte y nueve. Han tenido varios hijos, de los cuales, uno trabaja al lado de su padre, dos en la cuadrilla de criollos y los restantes juegan todo el dia en el patio de la _casa de criollos_ con los demas pequeñuelos de su edad. Su _conuco_ y su capital han aumentado considerablemente, pues tiene mas terreno y mas brazos que le ayuden á fomentarlo, y por último, Nicolás y Felicia no cambian su posicion y su dicha por la de ningun potentado de la tierra.

Cuando se le pregunta á él si volveria gustoso al Africa con su mujer y sus hijos, contesta sonriendo y enseñando su blanca dentadura, que el negro que ha vivido algun tiempo como _persona_, no puede volver á vivir como _fiera_.

Este no es un caso aislado: hay muchos otros en condiciones análogas á la del tipo que hemos presentado en Nicolás y Felicia. Hemos hablado con ellos, tomado nuestros informes y adquirido el conocimiento exacto de la verdad.

IX.

CUADRO SEGUNDO.

LA VIUDA DE UN ESCLAVO.

En el ingenio A... del Sr. S. A... vivia hacia ya muchos años, un matrimonio de esclavos pertenecientes á la dotacion de aquella finca.

Ambos eran procedentes del Africa desde la menor edad, naturales de Carabalí, desde donde ya se conocian y llegados á esta Isla en la misma expedicion. El cargamento de que se componia esta, se habia dividido en lotes, y la casualidad hizo que ambos fueran comprendidos en uno mismo, de suerte que fueron á poder del mismo amo y á habitar bajo el mismo techo en la finca que ya hemos mencionado. Tambien fueron bautizados en el mismo dia, recibiendo ella el nombre de Filomena y él el de Cayetano.

Este último, que en los primeros años de su estancia en el ingenio, habia probado varias veces á recobrar su perdida libertad, procuraba siempre arrastrar en sus locas tentativas á la negrita Filomena, hácia la que sentia una vehemente inclinacion; pero esta, aunque mas jóven que él, se resistia siempre á acompañarle y aun intentaba disuadirle de sus ideas, que le habian acarreado los castigos y trabas consiguientes á su temeridad y el inherente calificativo de _cimarron_. Apenas se escapaba, al momento era hecho prisionero, porque como no conocia el terreno, se extraviaba en el monte y por donde quiera que huia.

Supersticioso y fanático, mas de una vez hubiera atentado contra su existencia, á no detenerle la idea de que Filomena no querria tampoco acompañarle en esta expedicion y de que quedando sola podria casarse con otro.

La luz de la razon fué iluminándole poco á poco y el ejemplo de la vida apacible y resignada de sus demas compañeros de dotacion, empezó á despertar en su alma el deseo de gozar tambien de aquella felicidad de que él carecia tan solo por su culpa.

Dedicóse, pues, á trabajar su _conuco_, casi abandonado hasta entonces; dió á sus amos seguridades y garantias de mejorar su conducta y como sus obras correspondieron á sus promesas, aquellos suavizaron el rigorismo con que era tratado, hasta el punto de olvidarse por completo que Cayetano habia sido _cimarron_.

Esta nueva era de su vida de esclavo, empezó favorablemente para él: recojió muy buenas cosechas y crió muchos animales que le valieron algunos pesos y este resultado, despertando su ambicion, le hizo comprender que para llegar á hacer fortuna necesitaba hacer algo mas que trabajar la tierra de su _conuco_ y criar sus animales: aguzó el ingenio; formó sus planes, que consultaba siempre con Filomena, muy dispuesta entonces á escucharle y por último, pidió á sus amos permiso para casarse con ella y obtenido, lo realizó, como de costumbre, á la conclusion de _zafra_ de aquel año.

Una vez casado y reunido su _conuco_ y sus ahorros á los de Filomena, empezó á comprar y vender cochinos, á relacionarse con compradores y vendedores y de aquí á tratar con ellos de las compras y ventas de otros, arreglando sus diferencias y transacciones: en una palabra, se hizo corredor de cerdos y llegó á cobrar tal fama en aquellos contornos, que ninguno hacia una operacion de compra ó venta, sin valerse de él como intermediario, por supuesto, mediante la retribucion de su correduria por una y otra parte.

Aprendió mal que bien á leer, escribir y contar, para lo cual robaba al sueño una hora cada noche y cuando se halló en posesion de estos conocimientos y con su capital medianamente aumentado, se dió á prestar dinero á interés, mediante pagarés á plazo mas ó menos largo y con la garantia de cosechas ó animales, llegando de este modo á hacerse el hombre indispensable entre los suyos que contínuamente le buscaban ya como _corredor_ ó ya como _prestamista_.

El éxito mas satisfactorio fué coronando los esfuerzos de esta especie de pequeño Rothschild africano; y no era ya por cierto Cayetano el _cimarron_ huido constantemente y castigado con el cepo y el grillete; tan _bravo_, tan supersticioso, tan incorregible y siempre pugnando por recobrar una libertad que ahora despreciaba y que aunque podia recuperar ni siquiera soñaba en ella, ni la hubiera admitido aunque se la ofrecieran.

Tuvo en su matrimonio numerosos hijos, á quienes veia con placer crecer á su lado y por último, á los cincuenta y nueve años de edad murió de una congestion cerebral; querido de su familia, de sus amos, de sus compañeros y de cuantos en vida le trataron, y dejando en la finca un buen ejemplo de laboriosidad y de honradez.

Filomena lloró inconsolable la pérdida de su querido y dulce compañero; se hizo cargo de los papeles y metálico que dejó aquel al morir, y pasados los primeros dias de luto, solicitó permiso para bajar á la Habana y ver á su amo á quien, como heredero natural de su marido, queria entregar aquella herencia que á ella no le pertenecia.

El amo recibió de sus manos aquellos valores, para no barrenar el derecho ó costumbre que por tradicion se reconoce al amo para heredar á sus esclavos, pero despues de poner en claro aquellos documentos que eran pagarés, cuentas de corretajes, &a, saldar algunas y contar el dinero, en presencia de la viuda, le volvió á hacer entrega de todo, diciéndole que se lo regalaba para ella y sus hijos, como una prueba de afecto hácia su difunto marido.

El capital en metálico y papel, realizable á muy corto plazo, que Cayetano habia dejado al morir y que el Sr. S. A.... donó á su viuda, ascendia á la suma de _¡trece mil pesos!_

Creemos que esto no necesita comentarios.

X.

CUADERNO TERCERO.

EL ESCLAVO EN EL SERVICIO DOMÉSTICO.

En casa de un rico hacendado y propietario de esta capital, con cuya amistad nos honramos, tenian, entre otros un negro esclavo criollo, llamado Antonio y que desde su menor edad estaba dedicado al servicio doméstico.

Ya el padre del actual jefe de esta casa; persona notable por la nobleza de sus sentimientos y por hallarse dotado de un talento poco comun, de una vastísima erudicion y de un profundo conocimiento del corazon humano, habia distinguido á Antonio con su afecto y adivinado que bajo aquella negra corteza, se albergaba un alma susceptible de las mas bellas acciones y un corazon franco y leal.