El proletario en España y el Negro en Cuba

Part 1

Chapter 13,850 wordsPublic domain

Produced by Chuck Greif and the Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net from scans available at the University of Miami Digital Collections.

Nota del transcriptor: En esta edición se han mantenido las convenciones ortográficas del original, incluyendo las variadas normas de acentuación presentes en el texto.

El PROLETARIO EN ESPAÑA

Y

EL NEGRO EN CUBA,

PÁGINAS

ESCRITAS PARA EL QUE LAS QUIERA LEER

POR UN OBSERVADOR

AMANTE DE LA VERDAD.

R. J. E.

HABANA.

IMPRENTA MILITAR DE M. SOLER, MURALLA 40.

1866.

ADVERTENCIA IMPORTANTE.

No somos publicistas, afiliados á este ni al otro partido político; ni abogamos por las aspiraciones de tal ó cual escuela filosófica, ni económica.

Libres, independientes en nuestras ideas; sin que _nadie_ ejerza presión en nuestro _modo de ver las cosas_; escribimos las siguientes páginas, solo por el placer de escribirlas y por inspiracion propia.

Habrá quien al leerlas, forme tal vez un juicio equivocado de nuestras creencias, en cuestiones políticas, sociales y económicas.

A fin de evitarles el riesgo de equivocarse, y antes de que su errada opinion llegue á tomar cuerpo ó á _crear atmósfera_, trataremos de destruirla, y la destruiremos con solo dos palabras.

_Somos eclécticos._

Pensamos, en teoría, como el mas avanzado discípulo de las modernas escuelas; pero no convenimos en los medios ni en la época de plantear aquellos principios, que han de conmover toda la base del edificio social, de la familia y de la tradicion: mas claro; no creemos llegada aun la hora de establecer en nuestro pais, esas reformas radicales que piden algunos ilusos, sin tener en cuenta, que la tierra cansada de producir, necesita del tiempo y la preparacion necesarias, para que la nueva semilla fructifique.

Comprendemos que la vida de los pueblos de moderna fundacion, pueda adaptarse desde sus primeros pasos á la práctica y planteamiento de esas brillantes teorías que deslumbran, y trasforman el mísero erial de la vida en el mas florido Eden; pero opinamos que las sociedades de la vieja Europa, trabajadas en esa gradacion natural y lógica que el progreso ha venido operando en ellas, á través de los siglos, no podrian resistir una transicion fuerte y repentina en sus leyes y sus costumbres, tal como la sueñan algunos utopistas, sin sucumbir estrepitosamente, arrastrando en sus ruinas á sus mismos reformadores.

Hecha, pues, nuestra _profesion de fé_, conste que no somos esto, ni lo otro, ni lo de mas allá, sino que somos lo que decimos. No somos eco, ni obedecemos á las inspiraciones de ningun partido ni escuela determinada, sino á las de nuestra propia conciencia, y esto nos basta.

Saludamos y aplaudimos toda idea nueva, que tienda á mejorar las condiciones de nuestra desorganizada sociedad; pero acojiéndola siempre con la prudente reserva del que, víctima de su juvenil entusiasmo, ha visto mas de una vez perdidas sus mas caras ilusiones.

En la primavera de nuestra vida, vivíamos en una provincia, alejados del bullicio de la corte. Los ecos de las brillantes serenatas, que en la prensa y en la tribuna, daban nuestros mas inspirados publicistas y oradores modernos, llegaban hasta allí, impregnados con el delicado perfume de la poesía, del amor á lo bello, á lo sublime, con el prestigio en fin, de lo desconocido y el encanto de la distancia; y arrastrados por nuestra fantasía, fiados en aquellos seductores principios de luz y de armonía, de amor y de justicia, de paz y de ventura; hacíamos de cada uno de aquellos privilegiados apóstoles de nuestro siglo, un ídolo, un ser perfecto; adornado de todas las virtudes; dotados de un corazon fuerte y de una conciencia pura, y con ellos nos forjábamos un mundo ideal, un nuevo paraiso; tal como lo perdieron nuestros primeros padres despues del pecado......

_«¡Ilusiones engañosas,_ _livianas como el placer!......»_

El desencanto debia llegar, y llegó.

Así como el adolescente, la primera vez que asiste al teatro, cree ver en cada actriz una _diosa_ y una _hada_ en cada bailarina, persiguiéndole hasta en sueños su seductora imájen; y luego, al penetrar en las misteriosas sinuosidades del escenario, advierte que aquellas encantadoras deidades que su mente acariciaba, son deidades de barro,--y no siempre del mas puro,--cubiertas de falso oropel, y se arrepiente, y se sonroja del culto que les rindiera, suspirando á pesar suyo por sus muertas ilusiones: así nosotros, al llegar al _gran teatro_ de la coronada villa _y al ver la funcion entre bastidores_, arrancamos de nuestro pecho el culto que consagráramos á aquellos _ídolos_, tambien de barro, y fuimos á ocultar nuestra vergüenza y nuestro despecho en el seno del mas exajerado escepticismo político; no sin lanzar un profundo suspiro, al ver marchitas y por tierra las flores de nuestras ilusiones queridas.

Aquellos hombres, dotados de un talento superior, armados de bellísimas teorías y poseyendo en el mas alto grado los recursos de la oratoria; conmovían, arrastraban al público, pendiente de sus palabras, de sus ademanes, de sus miradas!..........

Y aquellos mismos hombres...... con la mas impasible serenidad, con sin igual _sans façon_, destruian hoy, lo que ayer habian edificado; atacaban mañana, lo que hoy habian defendido; segun que el viento de sus ambiciones ó de sus intereses, les arrastrara hácia uno ú otro lado.

Entonces nos convencimos de que el orador y el publiscito político en general, ejercian un oficio como el zapatero ó el sastre, alterando sus principios y reformándolos segun las circunstancias, como aquellos varian la forma y hechura, segun las modas ó el capricho del parroquiano!...

¡No mas ídolos! ¡no mas Dioses!.....--dijimos--y nos encerramos en la mas prudente y fria reserva, y nos decidimos á no juzgar de los hechos y de las cosas, mas que por lo que nuestro pobre criterio nos dictára, ó nos fueran enseñando nuestras modestas observaciones.

Vamos á concluir esta ADVERTENCIA, para entrar en el asunto que la ha motivado. Creemos haber llenado el objeto que nos propusimos al empezarla, pero si no lo hemos conseguido, culpa será de nuestras escasas dotes que no dieron á nuestras frases toda la fuerza necesaria para llevar el convencimiento al ánimo de los que se dignen leer estas líneas.

EL AUTOR.

Habana 26 de Octubre de 1866.

CUATRO PALABRAS QUE PUEDEN MUY BIEN SERVIR DE

PROLOGO.

No es un _libro_ el que tratamos de dar hoy al público; ni tan siquiera es un _folleto_, por mas que de algunos años á esta parte, se hayan puesto de moda esta clase de publicaciones, hasta para tratar de las cuestiones mas sérias y trascendentales. Todo lo mas será un modesto _opúsculo_, sin aspiraciones de _mas allá_, y condenado tal vez á no ser leido mas que por compromiso, y á andar _á pié_,--desde sus primeros pasos en el mundo,--por esas calles de Dios, hasta dar con su cuerpo en casa de algun _bodeguero_ ó almacenista de comestibles, que, hoja por hoja, lo vaya convirtiendo en cucuruchitos de pimienta, canela y clavo, ó en medios de azúcar.

En fin, sea cual fuere el porvenir que esté reservado á este, que desde luego llamaremos _opúsculo_, pasaremos á explicar los motivos que nos han impulsado á publicarle.

Hace ya muchos años, que una de esas que en Europa han dado en llamarse _grandes potencias_, de su propia autoridad, y que _por ende_, se están permitiendo intervenir hasta en los asuntos mas íntimos y familiares, y en regir los destinos de las que á su vez llaman _pequeñas potencias_; una de esas, repetimos, impulsada, nó por un sentimiento humanitario y noble, que es incapaz de sentirlos, sino celosa de la floreciente prosperidad de esta venturosa Isla, por lo que á sus colonias perjudica, y de acuerdo con sus demas compañeras de _grandeza_, empezó á perseguir, con un ardor sin igual, á los buques que hacian el tráfico de negros en la costa de Africa.[1]

[1] Véase el tratado de paz entre Inglaterra y España de 29 de Setiembre de 1817 y prohibicion de la trata desde el 30 de Mayo de 1820.--El tratado de 28 de Julio de 1835 y su promulgacion del 2 de Marzo de 1845 y Proyecto de ley de 19 de Febrero de 1866.

Las demas naciones tomaron tambien muy á pecho esta cuestion y declamaron muy alto en contra de la _trata_.

La _trata_ es, en efecto, un comercio que la civilizacion rechaza, la razon repele y el corazon humano condena; por lo que el hecho en sí, tiene de injusto y de repugnante.

Hasta aquí, estamos de acuerdo con las _grandes potencias_, en que levantaran cruzadas contra aquel comercio humano; y si bien el motivo que á ello les impulsára, fuera en el fondo mezquino y egoista, por parte de la potencia iniciadora, la prohibicion está en armonía con nuestros sentimientos y la aprobamos.

Pero no podemos prescindir de decir algo, respecto al extraño contraste que notamos en esa potencia iniciadora de la persecucion de la trata.

Ese nebuloso pais que á ninguno otro se parece; eterno consorcio de luz y de tinieblas, de risa y de llanto, de oro y de cieno; que observa en su interior una política diferente de la que practica en el exterior; que, como vulgarmente se dice, juega siempre con dos barajas: una para ganar y otra para no perder; que con sus excentricidades y su obligado _spleen_, su egoismo y su avaricia há llegado á _captarse_ las antipatías de casi todos los demas paises del globo: ese pais, repetimos, hace cuantiosos gastos para perseguir la _trata_, y en cambio deja que pululen por muchos de sus extensísimos barrios, millares de criaturas, que fallecen víctimas de la miseria y del abandono. ¿Dónde están esos sentimientos humanitarios de que se hace tanto alarde? ¿Cómo no atienden á las necesidades de su casa antes de cuidarse de las de la ajena? ¿No ofrece esto un notable contraste y hasta hace dudar de su tan decantada filantropía? ¿A cuántas reflexiones no se presta esta gran verdad que conoce todo el que ha visitado la capital del carbon de piedra?......

Mas dejemos tranquila á la ahumada isla de allende el canal y prosigamos el curso de nuestro disfrazado prólogo.

Tanto y tanto se ha escrito y hablado sobre esta cuestion de los negros en Cuba, de su trabajo y de su vida, que despertóse nuestro deseo de conocerla á fondo; estudiarla concienzuda y detenidamente y emitir despues francamente nuestra humilde opinion.

Poco tiempo despues, por una causa por cierto bien extraña á este asunto, nuestra buena ó mala estrella nos condujo á esta hermosa Isla, donde hemos satisfecho aquella viva curiosidad y cumplido á la vez nuestro propósito.

Este es, pues, el motivo de dar al público en las modestas páginas de este _opúsculo_ el fruto de nuestras observaciones, con la esperanza de que destruirán en parte algunos errores y rancias preocupaciones, sembradas allende el Occéano, que perjudican notablemente los intereses de nuestro pais, sin beneficio alguno real.

I.

BREVE OJEADA RETROSPECTIVA.

Desde que la misteriosa y tradicional _Caja de Pandora_, abierta en un arranque de _travesura_ y de _infantil curiosidad_, por nuestros primeros padres, esparció por toda la haz de la tierra el gérmen de las pasiones humanas; desde que Cain mató á su hermano Abel y los demas hombres, hermanos tambien, empezaron á distinguir lo _mio_ de lo _tuyo_ y á despertarse entre ellos la soberbia, la avaricia, la lujuria, la ira, la gula, la envidia y la pereza, es decir, los siete _pecados capitales_ y sus obligados _satélites_, el mundo comenzó á formarse, tal cual el mundo debia ser.

Habrá quien nos interrumpa, para decirnos tal vez, que aquella malhadada semilla, legado de nuestros descamisados padres, debió perecer bajo las turbulentas ondas del diluvio universal; pero nosotros, que tenemos el deber de saberlo todo, á fuer de cronistas, podemos asegurar de buena tinta, que entre los animales de distintas especies que Noé introdujo en el arca, construida por mandato de Dios, lograron penetrar furtivamente las pasiones humanas; y cuando el martillo de Noé levantó la primera tabla de la tapa del arca, que habia quedado en seco en el Monte Ararat, se escabulleron precipitadamente, lanzándose por esos mundos de Dios á hacer de las suyas.

Decíamos, que el mundo comenzó á formarse tal cual el mundo debia ser, y como lo que estaba escrito debia cumplirse, se cumplió.

Rechazado el hombre por su culpa, de aquel encantado paraiso, eden florido de eternal primavera, donde por primera vez abriera sus ojos á la vida material y admirara extasiado la explendente luz del astro del dia, el riquísimo manto de la noche tachonado de estrellas y adornado por el diamantino broche de la luna; donde contemplara estupefacto los prados y los montes, las fuentes y los rios, las plantas y las flores; todo ese conjunto en fin, de bellezas y armonías, que la omnipotente voluntad del Divino Artista, reuniera allí para servir de expléndido paisaje, de magnífico fondo al mejor cuadro de su creacion: _el hombre_; lloró desconsolado su destierro, abrasó su frente el sello de la esclavitud, impuesto en justo castigo de su enorme falta y, mohino y arrepentido, aunque consolado á veces por los encantos de su dulce compañera, _la mujer_, causa primordial de su pecado; empezó á recorrer con ella el escabroso sendero de la vida, legando por fin á su posteridad ese inmenso caudal de lágrimas y sufrimientos; de trabajos y miserias; de vicios y corrupcion; que hacen mas penosa para los mortales su transitoria marcha por el mundo.

Los hombres, _esclavos_ desde entonces de sus pasiones y sin que el lazo fraternal que los unia bastara á contener sus ímpetus, dieron principio á esa lucha tenaz y constante que aun hoy subsiste y que tanto empequeñece á la humanidad: dividiéronse en diferentes bandos ó partidos al esparcirse por todos los ámbitos del mundo, y adoptando diverso lenguaje y religion, y leyes y costumbres tambien distintas, llegaron á desconocerse por completo y á formarse entre ellos, esa division de razas que determinó sin duda el clima de cada uno de los paises en que fueron á habitar.

Las razas fundaron pueblos, ciudades y reinos, y empezaron á establecerse entre ellos mismos distinciones, grados y gerarquías que hicieron señores á los unos, y siervos, esclavos ó vasallos á los otros.

Hé aquí, pues, el principio de la esclavizacion del hombre por el hombre; de esa ley que tantos siglos pesó sobre media humanidad, y que con tan ruidoso estruendo lograron quebrantar algunos pueblos, por aspirar el aura de libertad que mas tarde les habia de dar hambre, miseria, desesperacion y muerte.

Hé aquí tambien la cuna de las diferentes clases en que las modernas sociedades se hallan divididas en los pueblos de la vieja Europa; clases que han sufrido ya distintas modificaciones y reformas, desde los memorables tiempos del feudalismo hasta nuestros dias. Entre ellas se cuenta, como la mas numerosa, la del proletariado, á la cual hemos de consagrar algunas líneas en el siguiente capítulo.

II.

EL PROLETARIO.

Distínguese en Europa bajo este nombre, á aquel que, careciendo absolutamente de bienes, vive solo con el producto de su trabajo.

El es el que únicamente viene sosteniendo de siglo en siglo, de generacion en generacion y á través de las distintas fases por que ha pasado el mundo; el carácter del hombre primitivo, porque en el empleo de su fuerza material estriba su único elemento de produccion y subsistencia.

Labra y siembra los campos que son de otro, ya bajo los ardientes rayos del sol del medio-dia, ó ya azotado por el cierzo y las nieves del norte.

Su brazo es el alimento vivo é indispensable de todas las industrias y artefactos: tanto se encuentra en la elevada cúspide de una torre, como penetra en las entrañas de la tierra, en busca de los productos del reino mineral.

Sin él, el comercio y la navegacion, las artes y los oficios, la agricultura y la industria, no existirian; y la vida de los pueblos se arrastraria lánguida y miserable y sin adelantar un paso en las vias del progreso material é intelectual.

Y sin embargo, el proletario es en todos los pueblos y en todos los paises, el que menos garantida tiene su subsistencia y la de su familia; por mas que los filósofos y sabios de todos los tiempos, se hayan dedicado, con filantrópico afan, á mejorar las condiciones de esta clase desheredada de la sociedad.

Su vida es precaria y triste, y limitado y nebuloso el horizonte de su porvenir.

Hijo del trabajo, fáltale _el pan de cada dia_, cada vez que por razon de las crísis ó convulsiones que con frecuencia experimentan los pueblos, se suspende ó escasea aquel; así como cuando por causas naturales ó accidentales, se ve postrado en el leche de dolor.

El proletario es una _parte_ importante de ese gran _todo_ que se llama pueblo, y el pueblo es el que constituye la verdadera fuerza y riqueza de cada pais.

Con el sudor de su frente, explota los diferentes veneros de una nacion, y por mas que en los trabajos que ejecuta, se obtengan pingües resultados, nunca le corresponde mas parte en los beneficios que el importe de su modesto jornal.

En algunos pueblos de Europa, se han formado asociaciones de diferente carácter, aunque llevando casi todas por tendencia, la del _socorro mútuo_ entre las clases trabajadoras. En algunos paises y en ciertas y determinadas épocas, fracasaron ó mas bien fueron disueltas por sus respectivos gobiernos, muchas de estas asociaciones, por el carácter político que iban tomando sus numerosas reuniones; y solo las que han sabido librarse de aquel carácter, extraño al objeto de su institucion, dan satisfactorios resultados para sus socios: pero...... ¡son tan pocas las que se hallan en estas ventajosas condiciones!......

Con razon se llaman _clases desheredadas_ á las clases proletarias, porque en verdad que llevan la peor parte en los trabajos impuestos al hombre á su tránsito por el mundo; y en cambio carecen de los goces materiales é intelectuales, que las demas clases de la sociedad se proporcionan, gracias á los medios y elementos de que pueden disponer.

En suma diremos: que el proletario, colocado desde que nace bajo la imperiosa ley del trabajo,--del cual es verdaderamente esclavo,--consume en él la vigorosa sávia de su juventud y de su vida, enriqueciendo con frecuencia al que, poseyendo bienes ó capitales, los emplea en su explotacion, sin que por eso _él_ vea jamás asegurado su porvenir; y allá, cuando la nieve de los años enerva las fuerzas de su cuerpo y de su espíritu, se ve generalmente sumido en la escasez y la indigencia; entonces que es cuando debiera recojer el fruto de sus afanes y vivir tranquilamente los últimos años de su existencia.

CUADROS TOMADOS AL ACASO.

III.

CUADRO PRIMERO.

EL ALBAÑIL EN MADRID.

El pueblo de Madrid, que aun á mediados del último siglo, poseia ese carácter distintivo con que nos le han dado á conocer los mas ilustres de nuestros autores, historiadores y poetas; ha ido poco á poco y gradualmente, perdiendo su sello característico; y formándose, al sucederse las generaciones, de elementos tan distintos y heterogéneos, que el pueblo de los _manolos_, ese pueblo que tan brillantes pruebas ha dado de su valor y de su abnegacion, el pueblo en fin del _dos de Mayo_, ha desaparecido por completo, quedando en su lugar un compuesto abigarrado é informe, en que los tipos, carácteres y costumbres de las demas provincias de España, se encuentran amalgamados en desconcertado y desigual conjunto.

Al presentar el primero de nuestros cuadros en Madrid, conste que solo lo hacemos por el conocimiento que hemos adquirido de la vida íntima y social de las clases trabajadoras, en los muchos años que vivimos en aquella localidad.

Pero procedamos á la descripcion de nuestro cuadro.

Nos hallamos á mediados del mes de Diciembre.

Una menuda y constante lluvia cae sobre los infelices obligados á transitar á pié por las calles de la capital de la monarquía.

Hace un frio muy intenso, como que es el helado soplo del Guadarrama, y aunque no son mas que las cuatro de la tarde, es ya casi de noche.

En lo último de la calle de Embajadores, hay una casa de pobre apariencia: una de esas que se llaman _corralones_ ó casas de vivienda.

Penetremos hasta el patio: en él corre á la izquierda una tapia elevada y negruzca, que lo divide del de la casa contigua: á la derecha, se ven en forma de miserables celdas, seis puertas pintorreadas unas, carcomidas y remendadas otras y por encima del marco de cada una de ellas, sobre la amarillenta pared, un número hecho con carbon.

Cada una de estas mal llamadas habitaciones está ocupada por alguna pobre familia, que paga por ella seis reales á la semana, de modo que solo para la casa han de deducir cada dia un real de su jornal ó salario.

Acerquémonos al último de estos cuartos ó celdas: tiene el número seis: penetremos.... ¿Qué es eso?......... ¿retrocedeis?...... ¿tan triste ó repugnante es el cuadro que se os presenta á la vista?..... ¿tan fétido es el aire que en aquella húmeda habitacion se respira?.... Veamos que es lo que causa ese malestar que veo retratado en vuestro semblante.... ¡Ah!... sí... ya comprendo: el cuadro de la miseria y del hambre en toda su horripilante desnudez, es lo que ha herido vuestra vista y afectado vuestra esquisita sensibilidad: el aspecto de esa pocilga húmeda y sombría, como las mazmorras de los grandes criminales; falta de luz y de aire; sin mas muebles que una mala silla de madera y dos sucios gergones que apenas contienen paja, y sobre ellos, acurrucada una mujer pálida y demacrada, medio cubierta de harapos, tiritando de frio y procurando á la vez comunicar á sus dos hijos, pedazos de sus entrañas, el calor que la infeliz no tiene!...... ¡Oh, sí, comprendo vuestra penosa situacion!........ Es un espectáculo que desgarra el alma del ser mas estóico!.... pero, contengamos nuestras lágrimas y observemos: los niños tendrán de siete á ocho años, pero ¡están tan macilentos, tan flacos, tan consumidos por el hambre y la miseria, que solo aparentan tener de cuatro á cinco años! ¡Infelices!.... ¡cuán triste es la primavera de su existencia!...... ¡Desgraciadas criaturas!....

Para ellos no hay flores en el jardin de la vida, ni purísimas auras embalsamadas con su perfume; ni arroyos, ni praderas; ni fuentes ni cascadas; ni blanco cesped ni pintadas mariposas; ni el sol tiene para ellos esos rayos explendentes y vivificadores, que iluminan la frente de otros niños!.........

Un hombre se acerca á la puerta: dejémosle entrar: tal vez sea el padre de esas desventuradas criaturas: está pobremente vestido y calado hasta los huesos: debajo de la remendada chaqueta, oculta con cuidado alguna cosa: ¡ah, es un pan!...... Retirémonos; nuestras miradas no pueden profanar todo lo que de augusto y sagrado encierre la escena que va á tener lugar en esa oscura y hedionda habitacion. Retirémonos: despues de lo que habeis visto, yo os referiré los tristes sucesos de esa desgraciada familia y completaré el cuadro................................

* * * * *

Ya estamos libres de la presion de aquella atmósfera tan cargada de miasmas deletéreos: ¡Dios mio!...... ¿Cómo pueden vivir siquiera diez años esas pobres gentes, respirando ese aire impuro que envenena la existencia?....

Mas oidme con atencion.

El hombre que acabais de ver es efectivamente el padre de aquellos pobrecitos niños. Llámase Pablo y es un buen oficial de albañil.

Hace diez años que casó con Antonia, aquella mujer tan pálida y demacrada, que hoy no es ni sombra de sí misma: durante algun tiempo, en que las obras no escasearon, vivieron tranquilos y felices en una modesta buhardilla, estrecha, pero cómoda y ventilada.

Aunque alguno que otro año, por el invierno, faltó el trabajo á Pablo; como economizaban el verano, podian ir tirando hasta alcanzar el buen tiempo: pero el verano último, fué este atacado de unas calenturas tifóideas, que le tuvieron durante muchos dias á las puertas de la muerte y de las que logró al fin salvarse, gracias á los desvelos y cuidados de su buena Antonia y á los eficaces remedios que se le administraron.