El Mulato Plácido o El Poeta Mártir

Part 8

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Incorporóse en su lecho repentinamente. Su rostro recobró la placidez i su mirada el destello que parecia comunicarle un golpe feliz del corazon. ¿I no será el mismo Arturo el cantor de las rejas? se dijo despejando las rubias guedejas que cubrian su frente. Comencé a recibir las flores i los versos despues de su llegada de España. A ser otro no se habria disfrazado la mañana de nuestra única entrevista. Un desconocido habria procurado mas bien hacerse conocer. Solo a Arturo le correspondia el papel de incógnito, para no perder un solo medio i una sola ocasion de tender las redes a mi cariño. Acaba él de leer una novela en que un amante a fin de poner a prueba el corazon de su querida se le presenta enmascarado en alta noche, finjiendo ser su rival. ¿Talvez ha hecho él otro tanto? ¡Ah! si así fuera yo amaria a Arturo locamente, por que el eco sonoro de esa voz, esas palabras ardientes, esos inspirados versos, el recuerdo de esas flores cojidas al borde de un abismo de misterio, han cautivado mi alma como al canario en su jaula.

¿Plácido será el mismo Arturo...? ¡A no dudarlo!

El 30 de julio de 1844 fué el dia señalado para el enlace de Berta.

XXIV

La política toca a las puertas del hogar.

Al magnánimo i heroico don Jerónimo Valdés le sucedió provisoriamente en el mando de la isla don Javier de Ulloa, que se hallaba en la Habana de Comandante Jeneral de Marina hasta la llegada del Teniente Jeneral don Leopoldo O'Donell. Este hombre en el que se despertó una avaricia febril, comerciaba ya ostencible ya clandestinamente con la _trata_ (comercio de negros) de los esclavos cubanos i con el contrabando de negros africanos, cuya inmigracion aumentó tan considerablemente, que los buques mercantes llegaban a las costas de la isla colmados de esa mercaderia de carne i libertad humana, cotizada a _una onza por cabeza_, i que a su vez colmaba de oro las arcas voraces de O'Donell.

El gobierno inglés pidió la ejecucion del tratado de 1817 i, con ella, la abolicion de la _trata_. El gobierno español dió una lei de pura forma, de aparente abolicion, ocultando entre los aparatos de la intriga individual, la accion oficial. I cuando en Cuba se supo que el parlamento inglés discutia un proyecto de lei contra la _trata_, cuando el Consul inglés Trumbull hizo sérias reclamaciones en el mismo sentido, centuplicóse la actividad comercial de O'Donell que envió centenares de buques a las costas del África para la importacion de ese negro i nefando comercio.

Los blancos ardian con el temor de que la sabrosa presa se les arrebatara de las garras. Los negros ardian de despecho i de indignacion por desacirse de ellas. La atmósfera política estaba inflamable, i el suelo movedizo. Una chispa encendería la hoguera. El sordo rumor de la rebelion, como el rumor de un cataclismo, aterrorizaba a los españoles i ensoberbecia a los esclavos. El blanco i el negro se miraban de reojo. El hombre libre miraba con miedo i de soslayo las cadenas del esclavo. Ya en este, ya en aquel _Injenio_ se amotinaban los negros tumultuosamente. Los esclavos se fugaban de la casa de sus amos, los asesinaban a veces i se manumitian de hecho. Habia en los campos una verdadera inundacion negrera. La inundacion se desbordaba. La crónica del crímen se escribia con sangre. Pero la _mano de hierro_ de la autoridad metropolitana tambien se empapaba en sangre. Este negro rebelde era colgado de los piés en una viga; aquel negro prófugo desollado a azotes en la plaza pública; este otro fusilado por un jesto o por una mirada. El negro habria envidiado aun la condicion del perro. En la noche se desataban las cadenas del perro; las del esclavo nó.

La hoguera del incendio alumbra en alta noche la oscuridad de la campiña ¿qué sucede? es la choza de un negro que ha sido entregada a las llamas, a las llamas en cuyo torno se alzan los clamores que se oyen desde lejos, de la madre i de los hijos, mientras el padre pide en su dolor que lo ultimen para evitar con su muerte el suplicio que le tortura el cuerpo, en su dolor por el recuerdo de sus pequeños hijos que le tortura el alma. ¡Desolacion i muerte por donde quiera!

Los negros entretanto se asilaron en los bosques de Trinidad, como nubes de tempestad, para ir a despertar al Jenio de la Libertad que dormia a su sombra.

O'Donell sin embargo contemplaba risueño la sedicion que se fermentaba i que estaba próxima a estallar. Ella le daria ocasion de saciar su sed de pantera desplegando el terror i el terror le captaria el aprecio del gobierno peninsular i justificaria su inícuo enriquecimiento, a costa de las arcas fiscales i de la libertad humana. Revolvia el rio para pezcar i lo revolvia en sangre.

Bajo la bóveda estrellada del cielo i a la sombra de las ceibas i las palmeras dió la negrera su primer grito de independencia. (1844). Era el grito de un pueblo atribulado que llegó hasta el cielo.

XXV

Volvamos al seno de la familia de Manfredo. En el aislamiento en que ella vivia tenia cierta aparente indiferencia por los sucesos políticos que se desarrollaban a su alrededor. Familia honrada i buena tenia bastante simpatia por la debilidad, compasion por la desgracia de un pueblo víctima i, sobre todo, bastante cariño por Cuba, su patria adoptiva, para desear su emancipacion i su felicidad; familia española a su vez sentia tambien que su patria nativa perdiera el valioso patrimonio de la colonia cubana. A España le debia la cuna, a Cuba le deberia la tumba. En suelo español yacian las cenizas de sus abuelos; en tierra cubana descansarán sus propios restos i los de sus hijos. Veia en la España el prestijio del recuerdo, i en Cuba el halago de la esperanza. Esta lucha de afecciones contrarias tenia que enjendrar una vacilacion íntima que podria traducirse por indiferencia. I sobre todo, habia algo que absorvia i acongojaba la memoria de la familia i la entristecia sobre manera. Era el recuerdo de Gabriel. No saber nada de él; presentárseles ese recuerdo a la luz del incendio político; conocer su carácter impetuoso; ¡quererlo tanto! Gabriel era la preocupacion constante de la familia i el tenaz torcedor de Raquel. Lloraba sin consuelo al acordarse del camarero i aun los esclavos de la casa lloraban tambien.

Pero casi siempre el dolor i el consuelo se dan la mano.--Ocupábanse cierto dia en observar un retrato en lienzo de Raquel que acababa de entregarle un artista notable i Raquel, Berta i Arturo examinaban los perfiles, la luz, el colorido i las sombras. Aplaudian el conjunto i tachaban los detalles.

Quién encontraba el labio menos plegado que el orijinal; quién la mirada menos espresiva; quién notaba la pureza de tal faccion, la semejanza de tal otra, la propiedad del claro-oscuro.

A la sazon llegó el bendito cartero, con una carta de Gabriel escrita a Manfredo i que fué leida con el mas vivo interés.

Héla aquí:

"Señor de todo mi respeto i aprecio:

"He pensado señor en todos ustedes tanto como los he estrañado; i a dar gusto a mi corazon estaria ahora en Matanzas en compañia de ustedes si la horrible situacion política de Trinidad no me lo hubiera impedido. ¡En verdad es horrible señor! Mas de dos mil negros se han refujiado en los bosques proclamando su emancipacion, i a medida que ellos se desbordan suben de punto las exaciones oficiales. El mar embravecido es menos ajitado i ruidoso que la negrera en el seno de los bosques. Cada negro en el furor de su impotencia parece un tigre enjaulado.

"Yo comprendo señor que depositar en Ud. un secreto es lo mismo que abismarlo; i no creo por consiguiente indiscreto noticiarle de cuanto llegue a mis oidos, por reservado que sea. No le garantizo la verdad de mis referencias porque no me consta; pero en nombre de Dios i de la Libertad le ruego en todo caso que me guarde el secreto. Anoche estuve ocacionalmente en un _Injenio_ i algunos negros que estaban amotinados allí, ébrios de licor i de exaltacion, me contaron que el centro de accion era un complot negrero, un complot secreto. Que el primer dia que se reunieron los complotados juraron de rodillas i a la sombra de los manglares _vencer o morir_.

"Un pardo amigo mio me contó tambien que en su bandera tienen escrita esta divisa: "Igualdad ante la lei e instruccion para la raza oscura." Que tres hombres humildísimos por su condicion i por su oficio encabezaban la rebelion: el labrador Pimienta, el dentista Dodge i otro artesano cuyo nombre supuesto si mal no recuerdo es Plácido. Segun entiendo este último maneja el timon de la conspiracion. Ignoro si es pardo o blanco; pero lo cierto es que sus versos son un clarin de guerra que inspiran a todos admiracion, i a los negros un frenético entusiasmo. Impresos o manuscritos en hojas sueltas de papel circulan de mano en mano, como las valiosas monedas con las que ha de rescatarse la libertad............

Le fué imposible a Manfredo continuar la lectura, a pesar del ahinco con que leia la carta i de la ansiedad con que se le escuchaba. Berta que estaba apoyada con las manos entrelazadas en el hombro de su padre, inclinó la frente sobre las manos i las bañó con sus lágrimas. Manfredo volvió el rostro sorprendido, como interpelando con la mirada las lágrimas de su hija.

El nombre de Plácido habia atravesado el alma de Berta como la fria hoja de un puñal. Tenia el mismo nombre que el tributario de las flores de su ventana; era tambien poeta. Es indudable que el conspirador era el amante, i talvez el amante sea víctima de la rebelion. Juró morir si cosechaba un desengaño lejos de recojer una esperanza de amor; hé ahí las ideas que nublaban el pensamiento i angustiaban el corazon de esa mujer. El grito de su conciencia atribulada le decia: "¡si muere, tu eres culpable de su muerte!..." I sin embargo, el dia de sus bodas se aproximaba ya. ¡Martirio horrible!.. ¡Amar a un hombre i tener que encadenarse a otro! ¡ser ya tarde para entregar el alma a quien supo adueñarse de ella! ¡Saber que estaba lejos! ¡Imajinárselo envuelto en los horrores de la guerra! ¡Cuántos combates ocultos se trababan en las profundidades de ese corazon!

Raquel a su turno doblegada de dolor lloraba sin consuelo, alzando a cada momento los ojos con una mirada que parecia una plegaria i murmurando a cada instante: ¡pobre Gabriel!

Arturo ciego de lo ocurrido i vendado por su próxima felicidad, se limitaba a prodigar sus consuelos a la madre i a la hija.--Manfredo paralizado al principio, se redujo a repetir con cierta impaciente gravedad: ¿temen Uds. por la suerte de Gabriel? ¿lloran por él? ¿I a qué, Dios santo, anticipar esos temores?

Continuó la lectura:

"......Todo el mundo lo compara señor, a ese poeta i conspirador Plácido con el mulato Ogier, primera víctima de la sublevacion de Haití.

"El tribunal dicen que está mui dividido, porque, aun en ese nido de panteras, hai seres humanos, cuyas manos tiemblan de dar sentencias sangrientas contra la inocencia i la justicia. Se han dictado sin embargo _tres mil sentencias_ contra individuos de color. Pero ante la injusticia aun los verdugos vacilan. Hai tan poca imparcialidad i legalidad contra los conspirados, que algunos fiscales han sido castigados por la autoridad; dos han fugado i dos se han suicidado.--El mismo secretario del tribunal, don Pedro Zalazar ha sido condenado a presidio.

"Estremece la naturaleza tanto horror. ¡Dios nos asista! ¡Que tantos torrentes de sangre no sean estériles! Hé ahí señor los votos del desvalido camarero de su casa que vé el martirio de su patria, como el ave desalada que a pesar de sus violentos impulsos no puede alzar el vuelo, i que solo vive suspirando en el aislamiento i el silencio por la ausencia en que está de Ud. i de su querida familia.

"Desespero, señor, por volver a su lado i a la vez me llora sangre el corazon al ver escarnecida esta vírjen de la que hemos nacido i en cuyo seno vivimos.

"¡Quién estuviera en Matanzas! me digo algunas veces; ¡quién fuera Pimienta! ¡quién fuera Plácido! me digo otras. Pero no, mi señor, venceré el contajio del entusiasmo patriótico i resignado en lo posible, regresaré al seno de su familia, tan pronto como disminuyan a lo menos los peligros de un viaje, en medio de este torvellino revolucionario.

"Que no se aflijan por mi ni la señora Raquel ni la señorita Berta, i que, lo mismo que Ud. señor, cuenten siempre con el cariño respetuoso de su humilde servidor i camarero.

GABRIEL DE LA CONCEPCION VALDÉS.

_Trinidad, julio 10 de 1844._"

Ayes i suspiros interrumpieron mas de una vez la lectura; i cuando ella concluyó, Raquel i Berta derramaban un diluvio de lágrimas. Arturo agotó en vano todos los recursos del consuelo, i Manfredo los de la refleccion.

--¿A qué atormentarse tanto? agregó el primero por la suerte de un hombre al que ¡si bien quieren mucho, no les toca de cerca!

--¡Era tan bueno! repuso Raquel, ocultando el semblante lloroso entrambas manos.

--¡I le queremos tanto! agregó Berta. ¡Como no hemos de llorar por él cuando hace tantos años a que le conocemos! ¡cuando ha vivido en casa cobrándonos tanto cariño!

--Pero Berta, fíjese que se trata de un simple camarero i no de un hermano, dijo Arturo.

Raquel le contestó con cierta desazon: Eso nó, Arturo; porque puede uno llorar por la muerte del perro de la casa. I Gabriel era el compañero de nuestros sufrimientos i el partícipe de nuestras alegrias.

--Si es así....

--¡Ah! no le estrañe Arturo tanto llanto i dolor, agregó Manfredo. Mi hija es de las que borra con sus lágrimas las pájinas de una novela. Yo la he sorprendido muchas veces con un libro abierto sobre las faldas i el rostro mas contristado i lloroso que el de una Magdalena. ¿No es cierto, hija mia?

--Bueno es el sentimentalismo, pero no cuando se hace una enfermedad, contestó Arturo.

--Esa enfermedad la contajian las novelas i los versos. ¡I mi hija es tan aficionada a ellos!

--Es que el corazon no se manda papá.

--I en verdad que ya habia notado la desicion de mi prima a la poesia. ¡Linda aficion! Toda mujer de corazon es aficionada a lo bello. ¡I la poesia dice tanto al corazon! Quiere decir que tenemos que leer muchos versos, Berta. ¿No es verdad? dijo Arturo aproximándose a ella con ternura i delicadeza. Allá en Madrid, cuando respiremos en un mismo hogar, pasaremos bellos dias de campo leyendo versos.

Berta lloraba sin contestar.

--Aquel poeta cuyos versos leimos no há mucho tiempo, aquella tarde en el huerto, ¿no era tambien Plácido?

--Sí Arturo.

--¿I será el mismo?

--No lo sé; dijo, i parecia que sus labios exalaban una queja mas bien que una palabra.

XXVI

Fácil es comprender la ansiosa impaciencia con que Arturo esperaba el 30 de julio. Verse ese dia en los brazos de Berta; reclinar sobre su pecho la frente de esa mujer; ser el primero i el último que estamparia en sus vírjenes labios el ósculo ardiente de su amor; confundir el calor de sus manos entrelazadas, de sus miradas confundidas i de sus _dos_ corazones convertidos en _uno_, ¡era la mas risueña esperanza colmando la felicidad!

Ayudaba personalmente a los tapiceros a arreglar la alcoba nupcial. Cada dia le agregaba un nuevo adorno. Mármoles, espejos, tapices de brocado i terciopelo, cortinas de seda, adornos bronceados, brillaban por todas partes, i en el centro un tálamo de nogal dorado, cubierto como por una nube encarnada de rojas colgaduras. ¡Cuánto sonreian sus ojos i palpitaba su corazon al contemplarlo! ¡Cuántas imájenes doradas cruzaban acariciando su imajinacion enardecida con el calor de la esperanza! Si la felicidad que se realiza es mas dulce, la felicidad que se espera es mas seductora. La primera, tiene la sombra de la realidad; la segunda, la sonrosada luz de la imajinacion.

XXVII.

En la tarde del 20 de julio de ese mismo año, estaban todos los de la casa reunidos en el salon principal. Berta tarareando en el piano una de aquellas saladas _habaneras_ que tienen todo el sabor nacional i refunden en sí tan admirablemente, la alegria mas risueña i el mas quejumbroso sentimiento. Arturo hojeaba con cierto embelezo el papel de música estendido en el atril del piano; Manfredo i Raquel conversaban al parecer apasiblemente en un sofá inmediato.

Si el pasado se reproduce por el recuerdo, el porvenir se anticipa a veces con la imajinacion i el deseo hasta rozarse con el presente, especialmente en la vida de las ideas i del sentimiento. I así como dos viejos esposos hacen renacer _sus tiempos_, como los llaman, encarnándolos en sus recuerdos, avanzan los novios hácia la felicidad que vá a llegar, la miran con los ojos del alma i se anticipan a gozar de la delicia de sus intimidades. Ven el sol al través de la aurora. Se miran entre sí como los esposos del dia siguiente.

Arturo veia ya en Berta no solo la prometida de su corazon, sino la compañera vinculada a su existencia. La acariciaba con su mirada mientras ella exalaba en el canto de una _habanera_ los ecos dulcísimos de su voz que resonaban como una lluvia de cuentas que cayeran sobre el cristal.

Así adormecia esa mujer con el hechizo de su belleza i encantaba con la majia de sus gracias i de su voz, esas horas tan dulces para Arturo que las veia deslizarse como la corriente cuyo curso se encamina sobre flores a la felicidad. Pero, ¿quién ha interpelado el lecho del reposo? ¿quién ha sorprendido en el silencio de la velada la lágrima furtiva? ¿quién ha visto la ilusoria quimera, el fantasma de la realidad, la vision de la congoja cruzando en tropel por la soledad de aquella vijilia alumbrada con el resplandor de la fantasia..?

¡Mientras se derrama a torrentes la luz de la apariencia engañosa en torno de una vida, se encuentra el alma humana en un completo eclipse! ¡Mientras el rostro de Berta resplandecia a veces como la mañana de un bello dia, las profundidades de su corazon encerraban una noche perdurable....! ¡Suele ser la sonrisa la máscara del dolor!

Sonó repentinamente la campanilla de la puerta. Manfredo iba a salir, pero Arturo se le anticipó con lijereza, diciéndole: no se moleste tio, iré yo a ver quién es, i salió precipitadamente.

Un hombre de humilde aspecto, algo encorvado por la edad, con el sombrero lijeramente abollado, un gruezo baston bajo el brazo i un rollo de papeles en la mano se paseaba a lo largo de la reja de la calle.--Era una de esas _ejecuciones con levita_ que vomitan los tribunales, que se llaman procuradores i que todo el mundo mira como a pájaros de mal agüero.

Conversó un momento con Arturo, i éste a las primeras palabras que cambió con aquel llevó la mano a la frente dando un paso atrás i quedando despues indesiso i pensativo. Iba a regresar al salon para participarle a Manfredo disimuladamente lo ocurrido. Pero a la sazon se aproximó éste a la puerta i Arturo le llamó haciéndole una señal con la mano. Manfredo que lo comprendió todo, acudió a su encuentro con el rostro mas sombrio que el de la muerte. I en efecto, ¡llevaba la muerte en el alma! Empeñóse entre los tres una conversacion ajitada. Inútil fué que Arturo, en actitud amenazante, pusiera la mano sobre el hombro del siniestro recien-llegado para imponerle silencio. Levantó este la voz i puso en alarma la familia que salió i se apercibió del misterioso asunto, de la sentencia de muerte contra su fortuna, escrita en esa hoja de papel que traia en la mano ese verdugo de la tranquilidad.

Manfredo habia perdido al juego el último resto de su fortuna. Tiempo hacia que sus acreedores, los amigos de la vísqera, le ejecutaban sin conmiseracion; i era llegado el caso de pagar su deuda, de grado o por fuerza. La casa, en cuyo valor no tenia sino una parte, debia ser rematada en subasta pública. Las deudas exedian a su haber. Su familia debia quedar literalmente en la calle, en brazos de la miseria. Los propósitos mas siniestros cruzaron por su mente, como pasó Verther por la cabeza de Goethe. El supremo remedio de la suprema debilidad; el único crímen que no dá lugar a arrepentimiento fué su única esperanza.

Temeroso de empañar el lustre de su familia ante el pretendiente de la mano de su hija sepultó el secreto en el sijilo mas profundo. A haberlo traslucido habria comprometido talvez el porvenir de su hija. Porque bien podia un hombre opulento, soberbio i caballerezco como Arturo, verse obligado aun a destiempo a renunciar a la pasion mas encarnizada, siendo inspirada por la hija de la cómica i el jugador. Porque el amor pasa i la deshonra queda, porque el decoro se sobrepone aun al delirio del amor.

Padres e hijos estaban entregados en brazos de la desesperacion mas completa. Cada uno llevaba un puñal atravezado en el alma. Manfredo el torcedor del remordimiento. La madre la imájen de Gabriel; la hija el melancólico recuerdo de Plácido i el suplicio de su enlace con Arturo.

¡El ánjel de la adversidad batia sus alas sobre ese hogar! las batia pero las plegaba a la vez.

Arturo despues de desplegar la ternura mas esquisita por Berta i el cariño mas solícito por Manfredo, llamó a éste a su habitacion. Largo rato conversaron encerrados en él. Berta i Raquel esperaban ansiosas el desenlace de aquella escena. El temor inmotivado i la esperanza vaga luchaban en sus conjeturas. Detrás de la ansiedad vino el sociego.

Arturo, bajo su palabra de honor, se comprometió con Manfredo a pagar su última deuda, rescatar el valor completo de la casa i asignar a su familia una pension mensual, tan luego como recibiera una libranza de España. Acordaron tambien, para el entretanto, pedir un plazo a los acreedores, obligándose a pagarles el interés corriente.

Un abrazo ferviente i lágrimas de gratitud coronaron la entrevista.

Una vez recobrada de ese modo la estabilidad de la familia, Arturo i Berta partirian para España seis meses despues de su matrimonio, llevando consigo a Alberto para que se educase en los mejores colejios de Madrid.

La gratitud que es el mas noble de los sentimientos inspiraba o hacia, en cierto modo, las veces de la fatalidad del amor en el corazon de Berta. I comenzó a vacilar su sentimiento como la péndola de un reloj, entre el pasado i el presente, entre la esperanza que se realiza i el recuerdo que se aleja, entre el ideal que se vá i la ventura que llega.

¡Habia sin embargo en _el interior_ de su existencia íntima un vacio que no se reemplaza, la vaguedad de un deseo que no se robustece pero que no se olvida, una sombra que no oscurece i una luz que no alumbra i cuya espresion podria decirse que era una sonrisa amarga o una lágrima risueña...! ¡Triste alegria!

El corazon se presenta a veces velado ante la conciencia. I si ésta interpelase sus latidos, no sabria darle cuenta de ellos, como el ojo del ciego que está abierto pero que no tiene mirada. ¡Pobre corazon si se descorre el velo..! ¡Pobre ciego si llega a ver..!

Pero sea de eso lo que fuere. Era ya el 23 de julio i el sol del 30 de ese mismo mes debia alumbrar la alianza nupcial de Arturo. ¡Ojalá que ese sol lleno de felicidad no se pusiera jamás!

Ese mismo dia recibió Manfredo la siguiente carta de Gabriel:

"Mi respetado i querido señor:

Sin embargo de que ignoro si mi noticiosa carta anterior llegó a su poder, tengo el gusto de saludar a Ud. i besar su mano con mis recuerdos, lo mismo la de su esposa i de su hija.

La delacion soplada al oido de las autoridades ha conjurado, señor, la rebelion. Ha sido sorprendida en alta noche la casa de uno de los complotados (don Jorje Lopez) que era el teatro principal de las conspiraciones.--De ese modo se ha cortado de un golpe el nudo de las maquinaciones. Por todas partes se levanta un cadalso i se dicta una sentencia de muerte. Las puertas de los presidios tragan reos a centenares. Infinidad de personas distinguidas han sido pasadas por las armas, las mas veces por meras sospechas de conspiracion, como los señores José de la Cruz Caballero, Domingo Delmonte i Felix Manuel Tanco; lo mismo que los cabecillas Pimienta i Dogde. Dicen que _Plácido_ ha fugado.