El Marqués de Bradomín: Coloquios Románticos
Part 3
EL MARQUES DE BRADOMIN
Y tú...
EL ABAD
Señor Marqués, usted está tocado de ese terrible gusano de la burla. ¡Volterianismos! ¡Volterianismos de la Francia! Palabra de honor, señor Marqués, ¿no trae usted una misión del Rey?
EL MARQUES DE BRADOMIN
Palabra de honor, señor Abad, no la traigo.
EL ABAD
Sin duda tienen razón los que dicen que el Abad de Brandeso es un iluso.
Sonríe tristemente el blanco fantasma de la enferma. Se aparece allá en el fondo del mirador, con las manos cruzadas: Mira hacia el camino, un camino aldeano, solitario y luminoso bajo el sol que muere. Con romántica fatiga levanta su mano de sombra y señala á lo lejos.
LA DAMA
Xavier, mira allá un jinete.
EL MARQUES DE BRADOMIN
No veo nada.
LA DAMA
Ahora pasa La Fontela.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Sí, ya le veo.
LA DAMA
Es el tío Don Juan Manuel.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡El magnífico hidalgo del Pazo de Lantañón!
LA DAMA
¡Pobre señor! Estoy segura que viene á verte.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Se ha detenido y nos saluda quitándose el chambergo.
La figura del hidalgo se alza en medio del camino con el montecristo flotante. El caballo relincha noblemente, y el viento mueve sus crines venerables. Es un caballo viejo, prudente, reflexivo y grave como un pontífice. Don Juan Manuel se levanta sobre los estribos y deja oir su voz de tronante fanfarria que despierta un eco lejano.
DON JUAN MANUEL
¡Sobrina! ¡Sobrina! Manda abrir la cancela del jardín.
LA DAMA
Xavier, dile tú que ya van.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Ya van! ¡Ya van!.. No me ha oído.
EL ABAD
El privilegio de hacerse entender á tal distancia es suyo no más.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Ya van!
LA DAMA
Calla, porque jamás confesará que te oye.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Ya van!
EL ABAD
Es inútil.
LA DAMA
Míralo, se inclina acariciando el cuello del caballo.
DON JUAN MANUEL
¡Sobrina! ¡Sobrina!
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Es magnífico!
LA DAMA
Vuelve el caballo hacia el camino, y se va...
EL ABAD
Sin duda le ha parecido que no acudían á franquearle la entrada con toda la presteza requerida.
DON JUAN MANUEL
¡Sobrina! No puedo detenerme... Voy á Viana del Prior... Tengo que apalear á un escribano.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡De veras que es magnífico! Ya le tenía casi olvidado. ¡Y qué arrogante, á pesar de los años!
EL ABAD
Se conserva como cuando servía en la Guardia Noble de la Real Persona.
LA DAMA
Y si supieses qué existencia arrastra: Está casi en la miseria.
EL ABAD
Pero es siempre un gran señor. Vive rodeado de criados que no puede pagar, haciendo la vida de todos los mayorazgos campesinos: Chalaneando en las ferias, jugando en las villas y sentándose á la mesa de los curas en todas las fiestas.
LA DAMA
Desde que yo habito en este destierro es frecuente verle aparecer...
EL ABAD
También hace sus visitas á la rectoral. Ata su caballo á la puerta, y éntrase dando voces. Se hace servir vino, y bebe hasta dormirse en el sillón. Cuando se despierta, sea día ó noche, pide el caballo, y dando cabeceos sobre la silla, se vuelve á su Pazo de Lantañón.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Don Juan Manuel Montenegro es el último superviviente de una gran raza.
EL ABAD
Sí que lo es.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Hermano espiritual de aquellos aventureros hidalgos que se enganchaban en los tercios de Flandes ó de Italia por buscar lances de amor, de espada y de fortuna.
LA DAMA
Tú también eres de aquéllos.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Yo pude serlo, si no hubiera tenido la manía de leer. Los muchos libros son como los muchos desengaños: no dejan nada en el corazón.
LA DAMA
Dejan al menos los recuerdos, porque tú estás aquí.
EL ABAD
¡Carabel! ¡Capitán!
LA DAMA
¿Nos abandona usted, señor Abad?
EL ABAD
Por breves momentos, contando con su venia. Esta visita no es solamente para saludar á nuestro ilustre Marqués, lo es también para tomar un libro que recuerdo haber visto en la biblioteca del Palacio: «El Florilegio de Nuestra Señora»: una colección de sermones. Tengo encargo de predicar en la fiesta de Santa María de Andrade, que este año se celebra con gran solemnidad.
LA DAMA
La biblioteca entera está á su disposición.
EL ABAD
¡Gracias! ¡Mil gracias!
El Abad sale seguido de sus galgos como de dos acólitos, y en el corredor, ya oscuro, se desvanecen el balandrán y el cloqueo campesino de sus zuecos. Un reloj de cuco da las seis.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Ese reloj, sin duda, acuerda el tiempo del fundador.
LA DAMA
¡Qué temprano anochece! Las seis todavía.
El Marqués de Bradomín se acerca á la sombra romántica que se destaca sobre el fondo luminoso de una vidriera, y en silencio le besa una mano. Se oye un tenue suspirar.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Lloras!
LA DAMA
No debimos volver á vernos.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Lo que nunca debimos fué separarnos.
LA DAMA
Tú, cuándo tienes que irte?
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Yo? ¡Cuando tú me dejes!
LA DAMA
¡Ay!.. Cuando yo te deje. No te dejaría nunca. Si supieses la soledad de mi vida durante esos años tan largos que estuvimos sin vernos.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Mi pobre Concha! Una de esas vidas silenciosas y resignadas que miran pasar los días con una sonrisa triste y lloran de noche en la oscuridad.
LA DAMA
¡Es cierto!
EL MARQUES DE BRADOMIN
Y si yo te contase la mía.
LA DAMA
Tú no tienes que contarme la tuya. Mis ojos la han seguido desde lejos, y la saben toda. ¡Qué vida, Dios mío! Aquel pelo tan negro ya es todo blanco.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Ay, Concha, son las penas!
LA DAMA
No, ¡no son las penas!.. Otras cosas son! Tus penas no pueden igualarse á las mías, y yo no tengo blanca la cabeza.
Con una blandura lenta, de caricia sensual, la mano del Marqués de Bradomín retira el alfilerón de oro que sujeta la crencha de la dama, y la ola de seda olorosa y negra rueda sobre los hombros.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Ahora tu frente brilla como un astro bajo la crencha negra. ¿Te acuerdas cuando quería que me azotases con la madeja de tu pelo?
LA DAMA
Me acuerdo de todas tus locuras... Xavier, he recibido una carta, tengo que enseñártela.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Una carta? ¿De quién?
LA DAMA
De tu prima Isabel. Viene con las niñas.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Isabel Bendaña?
LA DAMA
Sí.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Pero tiene hijas Isabel?
LA DAMA
No, son mis hijas.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Tus hijas! En otro tiempo me querían mucho.
LA DAMA
Y tú también las querías.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Qué tienes?
LA DAMA
Nada.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Lloras?
LA DAMA
No.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Las pequeñas están con su padre.
LA DAMA
No. Las tengo educándose en el convento de la Enseñanza.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Ya serán unas mujeres.
LA DAMA
Sí, están muy altas.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Antes eran preciosas. No sé ahora.
LA DAMA
Como su madre.
EL MARQUES DE BRADOMIN
No, como su madre, nunca.
LA DAMA
Tienes razón. No quiera Dios hacerlas tan desgraciadas.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Qué distinta pudo haber sido nuestra vida! Hoy siento un cruel remordimiento por haberte escuchado cuando me suplicaste que te olvidase y que no te viese más. No comprendo cómo obedecí tu ruego. Fué sin duda porque vi tus lágrimas.
LA DAMA
No quieras engañarme una vez más. Yo creí siempre que volverías.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Por qué entonces me suplicaste que me fuese?
LA DAMA
No sé... Tal vez por eso.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Y no volví porque esperaba que tú me llamases. ¡Ah!.. El demonio del orgullo.
LA DAMA
No, no fué el orgullo. Fué otra mujer. Hacía mucho tiempo que me traicionabas con ella. ¡Cuando lo supe creí morir!
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Sin embargo, qué segura has estado siempre de mi cariño y cómo lo dice la carta con que me has llamado!
LA DAMA
No era de tu cariño, era de tu compasión. ¡Qué pena cuando adiviné por qué no habías vuelto! Pero no he tenido para ti un solo día de rencor.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Ya nada podrá separarnos.
LA DAMA
Nada... Pero tenemos que ser prudentes, Xavier. Si viene Isabel con mis hijas, soló te pido que á su llegada no te hallen aquí. Yo les diré que estás en Lantañón cazando con nuestro tío. Tú vienes una tarde, y sea porque hay tormenta, ó porque le tenemos miedo á los ladrones, te quedas aquí, como nuestro caballero. No te ofendes, ¿verdad?
EL MARQUES DE BRADOMIN
No.
LA DAMA
Sí que te ofendes. Desde ayer estoy dudando, sin atreverme á decírtelo.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Y tú crees que engañaremos á Isabel?
LA DAMA
No lo hago por Isabel, lo hago por mis pequeñas, que son unas mujercitas.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Y después, qué será lo que nos separe?
LA DAMA
¡Mi muerte! ¡Nada más que mi muerte! Tu amor tiene en mi alma raíces tan profundas como esos árboles que vemos desde aquí. Nada podrá separarnos, Xavier, nada, si no es tu olvido.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Desgraciadamente no sé olvidar.
Sus manos se estrechan en silencio. Están sentados en el fondo del mirador, desde donde distinguen el jardín iluminado por la luna, los cipreses mustios destacándose en el azul heráldico, coronados de estrellas, y una fuente negra con aguas de plata. En medio de aquel recogimiento resuenan en el corredor las madreñas de Florisel. El paje entra con una lámpara encendida.
FLORISEL
Santas y buenas noches.
LA DAMA
¡Ay!.. Llévate esa luz.
FLORISEL
Consideren que es malo tomar la luna.
En el fondo del jardín la fuente canta como un pájaro escondido y le cuenta á la luna su prisión en el laberinto. Una sombra cruza por delante de los cristales y la voz poderosa del hidalgo de Lantañón se eleva sobre el rumor de la fuente, despertando los ecos del jardín.
DON JUAN MANUEL
¡Sobrina! ¡Sobrina!
LA DAMA
¡Ahí está!.. Verás cómo viene á invitarnos para la fiesta, que es mañana.
Sale presurosa por una puerta de vieja tracería. Sobre el dintel, prisioneros en su jaula de cañas, silban una vieja riveirana los mirlos que cuida Florisel. En el silencio del anochecer aquel ritmo, alegre y campesino, evoca el recuerdo de las felices danzas célticas á la sombra de los robles.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Por qué es malo tomar la luna, Florisel?
FLORISEL
Ya lo sabe el señor mi Marqués.
EL MARQUES DE BRADOMIN
No lo sé.
FLORISEL
Por las brujas.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Deja entonces la luz. Oye, ¿quieres acompañarme al Pazo de Lantañón?
FLORISEL
¿Tiene pensado ir allá el señor mi Marqués?
EL MARQUES DE BRADOMIN
Hoy mismo.
FLORISEL
¡No estará como en el Pazo de Brandeso! Cierto que en toda esta tierra no se halla un caballero como el señor padrino.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Pues entonces?..
FLORISEL
Pero no hay allí un horno de pan siempre lleno.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Eres un sabio, Florisel. Vete.
El Marqués de Bradomín, con una vaga sonrisa en los labios irónicos, coge el libro donde leía al comienzo de la tarde, y se sienta cerca de la lámpara. Florisel, sale apagando el ruido de sus madreñas, y al abrir la puerta surge en la sombra la prócer figura del viejo Mayorazgo de Lantañón.
DON JUAN MANUEL
¿Dónde se halla el Marqués de Bradomín? Mala tarde, sobrino.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Mala, tío!
DON JUAN MANUEL
¿Tú leyendo? Sobrino, lo mejor para quedarse ciego. ¡Sabes que es nieve lo que cae!
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Llegó usted hasta Viana?
DON JUAN MANUEL
No. Llegué hasta mis molinos, que están ahí cerca. Recordé que tenía que sacar de pila á uno de los hijos del molinero. Con ese son cincuenta y siete los ahijados que tengo.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Al escribano de Viana no le ha visto usted?
DON JUAN MANUEL
No... Pero está sentenciado. ¿Y qué librote es ese? Sobrino, has heredado la manía de tu abuelo, que también se pasaba los días leyendo. ¡Así se volvió loco!
EL MARQUES DE BRADOMIN
Yo por ahora me defiendo.
DON JUAN MANUEL
Pero no hay que fiarse. Vive Dios que vengo aterido. ¡Marqués de Bradomín, se acabó la sangre de Cristo en el palacio de Brandeso?
EL MARQUES DE BRADOMIN
Presumo que no. Voy á llamar.
DON JUAN MANUEL
No te muevas. Andará por ahí algún criado. ¡Arnelas!.. ¡Florisel!.. ¡Brión!.. Uno cualquiera.
EL MARQUES DE BRADOMIN
No habrán oído.
DON JUAN MANUEL
¡Cómo! ¿Crees tú eso posible?
FLORISEL
¿Qué mandaba, señor padrino?
Florisel posa en el suelo del umbral su monterilla de paño pardo, y presuroso y humilde corre á besar la mano del viejo linajudo que, con empaque de protección soberana, acaricia la tonsurada cabeza del rapaz.
DON JUAN MANUEL
Súbeme del tinto que se coge en La Fontela. Ya ves cómo habían oído, Marqués de Bradomín... Te aseguro que ese vino de La Fontela es el mejor vino de la comarca. ¿Tú conoces el del Condado? El de La Fontela es mejor. Y si lo hiciesen escogiendo la uva, sería el mejor del mundo. ¡Ese vino! ¿O acaso están haciendo la vendimia?
FLORISEL
Voy, señor padrino.
Vuelven á resonar en el corredor las madreñas del paje, que aparece todo trémulo, con un jarro talavereño que coloca sobre la mesa. Don Juan Manuel se despoja del montecristo, y toma asiento en un sillón.
DON JUAN MANUEL
¿Tú vas á catarlo?
EL MARQUES DE BRADOMIN
Ya lo he catado.
DON JUAN MANUEL
¿Y cuál es tu opinión?
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡La de usted!
DON JUAN MANUEL
Muchos así debía beberse mi sobrina. No estaría entonces como está. ¿La habrás hallado muy acabada?
El Marqués de Bradomín insinúa un gesto sentimental, y el viejo linajudo vuelve á llenarse el vaso. Casi al mismo tiempo una mano invisible empuja la puerta, que se abre lentamente, y sobre la negrura del fondo albea el ropón monacal de la Señora del Palacio.
LA DAMA
El tío Don Juan Manuel quiere que le acompañes. ¿Te lo ha dicho? Mañana es la fiesta del Pazo, San Rosendo de Lantañón. Dice el tío que te recibirán con palio.
DON JUAN MANUEL
Ya sabes que desde hace tres siglos es privilegio de los Marqueses de Bradomín ser recibido con palio en las feligresías de San Rosendo de Lantañón, Santa Baya de Cristanilde y San Miguel de Deiro. Los tres curatos son presentación de tu casa. ¿Me equivoco, sobrino?
EL MARQUES DE BRADOMIN
No se equivoca usted, tío.
LA DAMA
No le pregunte usted. Es un dolor, pero el último Marqués de Bradomín no sabe una palabra de esas cosas.
DON JUAN MANUEL
Eso lo sabe. Debe saberlo.
LA DAMA
Estoy segura que ni siquiera conoce el origen de la casa de Bradomín.
DON JUAN MANUEL
No hagas caso. Tu prima quiere indignarte.
LA DAMA
¡Supiera al menos cómo se compone el blasón de la noble casa de Montenegro!
DON JUAN MANUEL
¡Eso lo saben los niños más pequeños!
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Como que es el más ilustre de los linajes españoles!
DON JUAN MANUEL
Españoles y tudescos, sobrino. Los Montenegros de Galicia descendemos de una emperatriz alemana. Es el único blasón español que lleva metal sobre metal: espuelas de oro en campo de plata. El linaje de Bradomín también es muy antiguo. Pero entre todos los títulos de tu casa, Marquesado de San Miguel, Condado de Barbanzón y Señorío de Padín, el más antiguo y esclarecido es el señorío. Se remonta hasta Don Roldán, uno de los doce pares. Don Roldán ya sabéis que no murió en Roncesvalles, como dicen las Historias.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Yo confieso que no sabía nada.
LA DAMA
Sí, señor.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Ah! ¿Tú lo sabías? Es sin duda un secreto de familia.
LA DAMA
¡Naturalmente!
DON JUAN MANUEL
Como yo también desciendo de Don Roldán, por eso conozco bien esas cosas. Don Roldán pudo salvarse, y en una barca llegó hasta la Isla de Sálvora, y atraído por una Sirena, naufragó en aquella playa, y tuvo de la Sirena un hijo que, por serlo de Don Roldán, se llamó Padín, y viene á ser lo mismo que Paladín. Ahí tienes por qué una Sirena abraza y sostiene tu escudo en la iglesia de Lantañón. Puesto que tienes la manía de leer, en el Pazo te daré un libro antiguo, pero de letra grande y clara, donde todas estas historias están contadas muy por largo. Pero, si hemos de irnos, vámonos aprovechando este claro del tiempo.
EL MARQUES DE BRADOMIN
No sé si está mi yegua ensillada. ¿Usted monta un caballo?
DON JUAN MANUEL
Sí, pero no te asustes por eso. Mi caballo lo tuvo catorce años el Abad de Andrade, y cumple el voto de castidad mejor que su antiguo amo. ¡Adiós, sobrina!
LA DAMA
¡Adiós, tío! ¡Xavier! ¿hasta cuándo?
EL MARQUES DE BRADOMIN
Tú que me destierras debes decirme cuándo puedo volver.
LA DAMA
Si ellos llegan hoy, tú mañana mismo. Ya lo sabes.
Había salido el viejo linajudo, y la dama, furtiva y amorosa, se alza en la punta de los pies para alcanzar los labios del Marqués de Bradomín.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Mi vida!
LA DAMA
¿Vendrás mañana, Xavier?
EL MARQUES DE BRADOMIN
Sí.
LA DAMA
¿Me lo juras?
EL MARQUES DE BRADOMIN
Sí.
Tras los cristales del mirador, el jardín aparece lleno de sombra, y en el cielo, triste y otoñal, se perfila la luna como borrosa moneda de plata. Al pie de la fuente, un criado espera con los caballos del diestro. Se ve la figura de Don Juan Manuel que baja por un tortuoso camino de mirtos. El Marqués de Bradomín se desprende blandamente de la dama y sale. La dama, apoyada en el arco de la puerta, le despide agitando su mano blanca. Después, cuando la sombra se desvanece en la noche del jardín, sale á la escalinata para seguir viéndola un momento más. En la otra puerta, aquella que comunica con el palacio, aparece el Abad de Brandeso.
EL ABAD
¿Da su permiso mi ilustre amiga doña María de la Concepción? ¿Da su permiso mi ilustre..?
LA DAMA
Adelante, señor Abad. ¿Por qué se detiene en la puerta? ¿Ha encontrado usted el libro que buscaba?
EL ABAD
Después de mucho revolver, al cabo di con él.
LA DAMA
¿No se lo lleva usted?
EL ABAD
Solamente quería compulsar una cita.
LA DAMA
¡Yo suponía que se había usted ido cuánto hace!
EL ABAD
¡Cómo, sin despedirme de usted y de nuestro Marqués!
LA DAMA
¡Nuestro Marqués es el que acaba de irse! Mañana es San Rosendo de Lantañón, y el tío Don Juan Manuel vino á invitarle.
EL ABAD
¡Aquí, Carabel! ¡Aquí, Capitán! Ese viaje me afirma en mis sospechas, porque yo creo siempre que trae una misión del Rey.
LA DAMA
¿No le ha oído usted?
EL ABAD
A pesar de sus protestas. ¿Usted lo duda?
LA DAMA
No lo dudo... Lo sé.
EL ABAD
¡Que la trae!
LA DAMA
Que no, señor Abad.
EL ABAD
En tal supuesto...
LA DAMA
Sé todo lo que va usted á decirme.
EL ABAD
Ya no es un caso de conciencia donde el bien de la Iglesia debe considerarse antes que ninguna otra cosa. La estancia del señor Marqués de Bradomín en el palacio de Brandeso...
LA DAMA
Cuanto usted pueda decirme, cuanto me he dicho yo. Pero le quiero, él es mi vida, y su ausencia me mataba. He procurado olvidarle. Hubiera querido envejecer en una noche, despertarme un día arrugada, caduca, de cien años, con el corazón frío! Y mi pobre corazón, cada amanecer más lleno de su amor, sólo vivía de recuerdos!..
EL ABAD
Y después de haber sufrido y resistido tanto, bastó una hora de depresión aprovechada por Satanás...
LA DAMA
No, después de haber sufrido tanto, quise ser feliz, y ahora nada hay que pueda hacerme renunciar á mi amor.
DOÑA MALVINA
Señorita, la noche se queda muy oscura. ¿Le parece que vaya alguno de los criados con un farol al desembarcadero del río, para esperar á las niñas?
LA DAMA
¿A qué hora llegará la barca?
DOÑA MALVINA
Ayer llegó muy de noche.
EL ABAD
Tiene mejor viento que ayer. ¿Vienen hoy las niñas?
LA DAMA
Hoy las espero. Hace ya dos días que están en Viana con su padre.
Se oyen los ladridos de un perro, y se divisa una sombra que adelanta por el jardín. Trae un faro en la mano, y la humosa llama de aceite tras los vidrios empañados, ilumina con temblona claridad aquel sendero entre viejos mirtos, y los pies descalzos del hombre que llega. Es una figura negra que apenas se destaca sobre el fondo misterioso del jardín. Los ladridos del perro le hacen detenerse, y explora en torno con el farol en alto. Toda la figura se ilumina: El traje de aguas y el sudeste con que cubre su cabeza le anuncian como un marinero.
EL MARINERO
¡Hagan favor de atar el perro!
DOÑA MALVINA
¿Quién es?
EL MARINERO
Abelardo, el patrón de la barca.
LA DAMA
¿Quién ha dicho? ¡Ya están ahí!..
DOÑA MALVINA
No vienen las niñas.
EL ABAD
Habrán temido al mal tiempo.
EL MARINERO
¡Santas y buenas noches tenga la señora y la compañía!
LA DAMA
¿Cómo no han venido mis hijas?
EL MARINERO
Cuando ya ibamos á largar llegó un criado mozo con esta carta.
Al mismo tiempo que habla, el marinero se descubre y del sudeste saca la carta que entrega á la señora. Doña Malvina acerca el velón, y alumbra mientras lee la dama.
LA DAMA
«Mamá Concha: No vamos, porque está papá muy grave, que le ha repetido el ataque y dicen que no debemos abandonarlo en estos momentos. Nosotras, las dos, tenemos muchos deseos de verte. Como aquí estamos solas, y ni siquiera conocemos á los criados, no hacemos sino llorar. Papá no habla, y dicen que no conoce á nadie; pero á nosotras nos mira con unos ojos tan tristes que parece que nos conoce.» ¡Pobres hijas! ¡Lo que estarán sufriendo, allí solas las dos! ¡Mis ángeles queridos! ¿Cuándo sales con la barca?
EL MARINERO
Ahora. Apenas si nos queda marea.
DOÑA MALVINA
¿Quiere usted que vaya yo al lado de las niñas?
LA DAMA
Quiero ir yo.
DOÑA MALVINA
¡Usted, señorita!
EL ABAD
Es un deber de madre, y también de esposa.
LA DAMA
¿Y acaso puedo yo volver á entrar en aquella casa? ¡Qué hacer, Dios mío!.. ¡Pobres hijas, solas al lado de su padre que se muere! ¡Y tal vez maldiciéndome! Iré, iré, aun cuando hayan de arrojarme los criados.
Sale en medio de un aguacero, cubierta con largo capuchón. Todos la siguen, y como una procesión de sombras se les ve alejarse por el jardín, entre los altos mirtos. Desaparecen con la luz del farol, y el perro sigue ladrando en la noche.
ASÍ TERMINA LA JORNADA SEGUNDA
JORNADA TERCERA
[Ilustración]
El viejo jardín en una tarde otoñal y dorada. Dos palomas se arrullan posadas en la piedra de armas, y los vencejos, que revolotean sobre la torre señorial, trazan en el azul signos de quimera con la punta negra del ala. De tiempo en tiempo, un estremecimiento recorre el jardín y luego todo vuelve á quedar en silencio de misterio: El misterio de los mirtos centenarios, de las fuentes abandonadas, de las rosas que se deshojan en los rosales... Doña Malvina, la dueña, hace calceta sentada en un banco de piedra y atisba por encima de los espejuelos hacia la puerta del jardín, donde acaba de aparecerse el señor Abad de Brandeso.
EL ABAD
Acaban de contarme que llegó esta mañana toda la familia. ¿Cómo han sido esas paces, Doña Malvina?
DOÑA MALVINA
Dios Nuestro Señor que dispone todas las cosas. Ya conoce aquella súbita resolución que tomó la señorita al leer la carta de las niñas. Llegamos á Viana caladas de agua y muertas de miedo. Yo durante el camino no hice otra cosa que rezar... Las olas montaban por encima de la barca. ¡Y qué serenidad la señorita! Solamente la vi temblar cuando llegamos á la puerta de su casa. Estaba pálida como una muerta. Pensé que iba á caerse. Sin pronunciar una sola palabra subió las escaleras y abrazó á las niñas, que salieron á recibirla. Crea que me daba miedo verla tan pálida, con los ojos secos. Tomó á las niñas de la mano y siguió con ellas...
EL ABAD
¡El trance habrá sido al entrar en la alcoba donde estaba el marido enfermo!
DOÑA MALVINA
Llegó, le besó las manos de rodillas, y entonces por primera vez lloró... Las niñas también lloraban, como si las inocentes comprendiesen.
EL ABAD
¿Y el marido?
DOÑA MALVINA
No la conoció.
EL ABAD
¿Y ahora?
DOÑA MALVINA
Lo mismo. Solamente conoce al criado que le acompañaba siempre.
EL ABAD
Ya llevaba mucho tiempo desmemoriado. Ultimamente habrá tenido noticia de la llegada del ilustre Marqués de Bradomín.
DOÑA MALVINA