El libro de las mil noches y una noche; t. 3
Part 11
* * * * *
Después el tercer negro, llamado Bakhita, tomó la palabra, y dirigiéndose á sus dos compañeros, dijo:
Historia del negro Bakhita, tercer eunuco sudanés
«Sabed, ¡oh hijos de mi tío! que cuanto acabamos de oir es inocente y vano. Os voy á contar la causa de haberme quedado capón, y veréis que merecí peor castigo, pues he poseído á mi ama y he fornicado con el hijo de mi ama. Pero los detalles del fornicio son tan extraordinarios, tan prolijos en incidentes, que ahora sería muy largo su relato, pues he aquí, ¡oh primos míos! que se aproxima la mañana y nos va á sorprender la luz antes de abrir el hoyo y enterrar el cajón que hemos traído, y acaso nos comprometamos seriamente y nos expongamos á perder nuestras almas; de modo que hagamos el trabajo para el cual nos han enviado aquí, y después comenzaré á contaros los pormenores de mi fornicio y mi castración.»
* * * * *
Dicho esto, se levantó el negro Bakhita, y con él los otros dos, que ya habían descansado, y entre los tres, alumbrados por la linterna, se pusieron á cavar un hoyo. Cavaban Kafur y Bakhita, mientras que Sauab recogía la tierra en un capazo y la echaba fuera. Y así abrieron el hoyo, y luego de depositar en él el cajón lo taparon con tierra y apisonaron el suelo. Recogieron las herramientas y el farol, salieron de la _tourbeh_, cerraron la puerta y se alejaron rápidamente.
Y Ghanem ben-Ayub, que lo había oído todo desde lo alto de la palmera, vió cómo desaparecían á lo lejos. Y cuando pasó un gran rato, empezó á preocuparle lo que pudiera contener aquel cajón. Pero no se atrevió á bajar de la palmera y aguardó á que brillase la primera claridad del alba. Entonces descendió de la palmera y empezó á escarbar la tierra con las manos, no cesando hasta que logró sacar el cajón, después de grandes esfuerzos.
Cogió entonces una piedra y rompió el candado con que estaba cerrado el cajón. Y al levantar la tapa vió á una joven que parecía dormida, pues la respiración movía acompasadamente su pecho. Estaba indudablemente bajo la influencia del banj.
Era de una sin igual hermosura, con una tez delicada, suave y deliciosa. Estaba cubierta de alhajas, y llevaba al cuello un collar de oro con gemas preciosas, en las orejas arracadas de una sola piedra inapreciable, y en los tobillos y en las muñecas unas pulseras de oro cuajadas de brillantes. Aquello debía valer más que todo el reino del sultán.
Cuando Ghanem reconoció bien á la hermosa joven y se cercioró de que no había sufrido ninguna violencia de los eunucos que hasta allí la habían llevado para enterrarla viva, se inclinó hacia ella, la cogió en brazos y la depositó suavemente en el suelo. Y al respirar la joven el aire vivificador, adquirió su rostro nueva vida, exhaló un gran suspiro, tosió, y con estos movimientos se le cayó de la boca un pedazo de banj capaz de adormecer á un elefante dos noches seguidas. Entonces entreabrió los ojos, ¡unos ojos adorables! y dominada todavía por el banj, exclamó con una voz llena de dulzura: «¿Dónde estás, Riha? ¿No ves que tengo sed? ¡Tráeme un refresco! ¿Y tú, Zahra, dónde estás? ¿Y Sabiha? ¿Y Schagarad Al-Dorr? ¿Y Nur Al-Hada? ¿Y Nagma? ¿Y Subhia? ¿Y tú, sobre todo, Nozha, ¡oh dulce y gentil Nozha!? ¿En dónde estáis que no me respondéis?»[5]. Y como nadie contestase, la joven acabó por abrir completamente los ojos y miró en torno suyo. Y aterrada, clamó de este modo: «¿Quién me habrá sacado de mi palacio para traerme entre estos sepulcros? ¿Qué criatura podrá saber jamás lo que se oculta en el fondo de los corazones? ¡Oh tú, Retribuidor, que conoces los secretos más escondidos, tú sabrás distinguir á los buenos y á los malos el día de la Resurrección!
Y Ghanem, que seguía de pie, avanzó algunos pasos y dijo: «¡Oh soberana de la hermosura, cuyo nombre debe ser más dulce que el jugo del dátil, y cuya cintura es más flexible que la rama de la palmera! ¡Yo soy Ghanem ben-Ayub, y aquí no hay en realidad palacios ni tumbas, sino un esclavo tuyo, que soy yo, y á quien el Clemente sin límites puso cerca de ti para librarte de todo mal y resguardarte de todo dolor! Acaso así, ¡oh la más deseada! te dignes mirarme con agrado.»
Y la joven, en cuanto se cercioró de la realidad de cuanto veía, dijo: «¡No hay más Dios que Alah, y Mohamed es el enviado de Alah!» Después se volvió hacia Ghanem, le miró con sus ojos resplandecientes, y puesta la mano en el corazón dijo con su voz deliciosa: «¡Oh favorable joven! ¡Aquí me tienes, despertando entre lo desconocido! ¿Puedes decirme quién me ha traído hasta aquí?» Y Ghanem respondió: «¡Oh señora mía! Te han traído tres negros eunucos y te traían metida en un cajón.» Y le contó toda la historia: cómo le había sorprendido la noche fuera de la ciudad, cómo había sacado á la joven del cajón, y cómo, á no ser por él, habría perecido ahogada bajo la tierra. Después le rogó que le contase su historia y el motivo de su aventura. Pero ella dijo: «¡Oh joven! ¡Glorificado sea Alah, que me ha puesto en manos de un hombre como tú! Pero ahora te ruego que me ocultes en el cajón y vayas en busca de alguien que pueda llevarlo á tu casa. Allí verás cuán provechoso es para ti, pues tendrás toda clase de delicias. Y te podré contar mi historia y ponerte al corriente de mis aventuras.»
Y Ghanem quedó encantado al oirla, y salió inmediatamente en busca de un arriero, y como ya era entrado el día y brillaba el sol en todo su esplendor, la cosa no fué difícil. Volvió, pues, en seguida con un arriero, y como había cuidado de meter á la joven en el cajón, le ayudó á cargarlo en el mulo, y emprendieron á toda prisa el camino de su casa. Y durante el viaje comprendió Ghanem que el amor á la joven había penetrado en su corazón, y se vió en el límite de la dicha al pensar que pronto sería suya aquella hermosura que vendida en el zoco habría valido diez mil dinares de oro, y que llevaba encima incalculables riquezas en joyas, pedrería y telas preciosas. Y estos pensamientos tan gratos hacían que sintiera impaciencia por llegar cuanto antes. Y al fin llegó, y él mismo ayudó al arriero á descargar el cajón y llevarlo al interior de la casa.
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y discretamente interrumpió su relato.
PERO CUANDO LLEGÓ LA 40.ª NOCHE
Ella dijo:
He llegado á saber, ¡oh rey afortunado! que Ghanem llegó sin contratiempo á su casa, abrió el cajón y ayudó á salir á la joven. Ésta examinó la casa, y vió que era muy hermosa, con alfombras de vivos y alegres matices, y tapices de mil colores que alegraban la vista, y muebles preciosos, y otras muchas cosas. Y vió también muchos fardos de mercancías y paños de gran valor, y pilas de sedería y brocados, y jarrones llenos de vejigas de almizcle. Entonces comprendió que Ghanem era un mercader de los principales, dueño de numerosas riquezas. Quitóse el velillo con que había cuidado de taparse el rostro, y miró atentamente al joven Ghanem. Y le pareció muy hermoso, y le amó, y le dijo: «¡Oh Ghanem! Ya ves que delante de ti me descubro. Pero tengo mucho apetito, y te ruego que me traigas algo que comer.» Y Ghanem contestó: «¡Sobre mi cabeza y mis ojos.»
Y corrió al zoco, compró un cordero asado, una bandeja de pasteles en casa del confitero Hadj Soleimán, el más ilustre de los confiteros de Bagdad, otra bandeja de halaua y almendras, alfónsigos y frutas de todas clases, y cántaros de vino añejo, y por último, flores de todas clases. Lo llevó á su casa, puso la fruta en grandes copas de porcelana y las flores en preciosos jarrones, y todo lo colocó delante de la joven. Entonces ésta le sonrió, y se arrimó mucho á él, y le echó los brazos al cuello, le besó y le hizo mil caricias, y le dijo frases llenas de cariño. Y Ghanem sintió que el amor penetraba cada vez más en su cuerpo y en su corazón. Después ambos se dedicaron á comer y beber, y se amaron, por ser los dos de la misma edad y de igual belleza. Cuando llegó la noche, se levantó Ghanem y encendió lámparas y candelabros, pero más que la luz de las bujías iluminaba la sala el esplendor de sus rostros. Luego trajo instrumentos músicos, y fué á sentarse al lado de la joven, y siguió bebiendo y jugando con ella juegos muy agradables, riendo muy dichoso y cantando canciones apasionadas y versos inspirados. Y así fué aumentando la pasión que se tenían. ¡Bendito y glorificado sea Aquel que une los corazones y junta á los enamorados!
Y no cesaron los juegos hasta que apareció la aurora, y como el sueño había acabado por pesar sobre sus párpados, se durmieron uno en brazos de otro, pero sin hacer aquel día nada definido.
Apenas se despertó Ghanem, corrió al zoco para comprar viandas, legumbres, frutas, flores y vinos, todo lo necesario para pasar el día. Lo llevó á casa, se sentó al lado de la joven y se pusieron á comer muy á gusto, hasta saciarse. Después llevó Ghanem bebidas, y empezaron á beber, hasta que se colorearon sus mejillas y sus ojos se pusieron más negros y brillantes. Entonces el alma de Ghanem deseó besar á la joven y acostarse con ella. Y le dijo: «¡Oh soberana mía! Permíteme que te bese en la boca, para que refresque el fuego de mis entrañas.» Y ella contestó: «¡Oh Ghanem! aguarda á que esté ebria, y entonces permitiré que me beses la boca, pues no me daré cuenta de lo que hagan tus labios.» Y como empezaba á embriagarse, se puso de pie, se despojó de sus ropas, y sólo dejó sobre su cuerpo una camisa transparente y sobre sus cabellos un finísimo velo de seda blanca con lentejuelas de oro.
Al verla así, creció el deseo de Ghanem, y dijo: «¡Oh dueña mía, permíteme gustar tu boca!» Y la joven contestó: «¡Por Alah! Eso no te lo puedo permitir, á pesar de que te amo, pues me lo impide una cosa que está escrita en la cinta de mi calzón, y que no puedo enseñarte ahora.» Pero Ghanem, por la misma dificultad con que tropezaba, sintió que los deseos se desbordaban en su corazón, y acompañándose con el laúd, cantó estas estrofas:
_¡Imploré un beso de su boca; de su boca, tormento de mi corazón; un beso que curase mi enfermedad!_
_Y me dijo: «¡Oh, no! ¡Eso nunca!» Y yo dije: «¡Pues ha de ser!»_
_Y ella contestó: «¡Un beso! ¡Eso ha de darse voluntariamente! ¿Me darías á la fuerza un beso en mis labios sonrientes?»_
_Y le dije: «¡No creas que un beso dado á la fuerza carece de voluptuosidad!» Y me respondió: «¡Un beso á la fuerza no sabe bien más que en la boca de las pastoras de las montañas!»_
Y después que hubo cantado, sintió Ghanem que aumentaba su locura, y sus transportes, y el fuego de sus entrañas. Y la joven nada le concedía, aunque no dejaba de expresarle que compartía su pasión. Y así siguieron hasta que se hizo de noche: Ghanem enormemente excitado, y ella sin acceder. Por fin, Ghanem se levantó y encendió las lámparas, alumbrando espléndidamente el salón, y fué á echarse á los pies de la joven. Y pegó los labios á aquellos pies tan maravillosos, que le parecieron dulces como la leche y tiernos como la manteca. Y luego subió hasta las piernas, y aún más arriba, entre los muslos. Y parecía comerse toda aquella carne sabrosa, que olía á almizcle, á rosa y á jazmín. Y la joven se estremecía toda, como se estremece la gallina dócil agitando las alas. Y Ghanem gritó enloquecido: «¡Oh dueña mía! ¡Ten piedad de este esclavo tuyo, vencido por tus ojos, muerto por tu carne! Desde que viniste he perdido la tranquilidad.» Y sintió que las lágrimas bañaban sus ojos. Entonces la joven contestó: «¡Por Alah! ¡Oh dueño mío, oh luz de mis ojos! ¡Te quiero con toda la pulpa de mi carne! Pero sabe que nunca podré entregarme á ti, ni que me poseas del todo.» Y Ghanem exclamó: «¿Y quién te lo impide?» Y ella dijo: «Esta noche te explicaré el motivo, y entonces me disculparás.» Pero al hablar así, se dejó caer á su lado y le echó los brazos al cuello y le dió millares de besos, prometiéndole mil locuras. Y estos juegos duraron hasta el amanecer, pero la joven nada dijo respecto á la causa que le impedía entregarse.
Siguieron haciendo las mismas cosas incompletas todos los días y todas las noches, durante un mes. Y su amor aumentaba. Pero cierta noche entre las noches, estando tendido Ghanem al lado de la joven, ebrios de vino y de excitación, Ghanem aventuró la mano por debajo de la fina camisa, y pasándola suavemente por el vientre de la joven, le acariciaba la piel, que se estremecía á cada contacto. Luego deslizó la mano lentamente hasta el ombligo, que se abría como una copa de cristal, y con los dedos le hizo cosquillas en los armoniosos pliegues. Y la joven se estremeció toda, y se incorporó bruscamente, repuesta de su embriaguez, y llevándose la mano al calzón, vió que estaba bien sujeto con la cinta de borlas de oro. Ya tranquilizada, se quedó otra vez medio dormida. Y Ghanem paseó de nuevo su mano á lo largo de aquel vientre juvenil, aquella maravilla de carne, y llegó á la cinta del calzón, y tiró de ella rápidamente para libertar de su prisión al jardín de delicias. Pero la joven se despertó entonces, se sentó en la cama, y dijo á Ghanem: «¿Qué intentas, ¡oh luz de mis entrañas!?» Y él respondió: «Poseerte, amor mío, tenerte por completo, ver cómo compartes mis delicias.» Y ella contestó: «Escúchame, ¡oh Ghanem! Voy á explicarte al fin mi situación, revelándote mi secreto. Ahora comprenderás por qué me he resistido á que me atravesaras deliciosamente con tu virilidad.» Y Ghanem dijo: «Te escucho.» Y la joven, recogiéndose un poco la camisa, sacó la cinta del calzón, y dijo: «¡Oh mi señor! lee lo que ahí está escrito.» Y Ghanem cogió el extremo de la cinta, y en la trama vió bordadas unas letras de oro que decían: ¡SOY TUYA Y TÚ ERES MÍO, DESCENDIENTE DEL TÍO DEL PROFETA!
Y al leer estas palabras bordadas con letras de oro en el extremo de la cinta, retiró en seguida la mano, y dijo: «Explícame qué significa todo esto.»
Y la joven dijo:
«Sabe, ¡oh mi señor! que soy la favorita del califa Harún Al-Rachid. Las palabras escritas en la cinta de mi calzón prueban que pertenezco al Emir de los Creyentes, al cual debo reservar el sabor de mis labios y el misterio de mi carne. Me llamo Kuat Al-Kulub[6], y desde mi infancia me criaron en el palacio del califa. Llegué á ser tan hermosa, que el califa se fijó en mí y comprobó mis perfecciones, debidas á la generosidad del Señor. Y le impresionó tanto mi belleza, que sintió un gran amor hacia mí, y me destinó un aposento en palacio para mí sola, poniendo á mis órdenes diez esclavas muy simpáticas y serviciales. Y me regaló todas las alhajas y joyas con que me encontraste en el cajón. Y me prefirió á todas las mujeres de palacio, y hasta olvidó á su esposa El Sett-Zobeida. Así es que Sett-Zobeida me tomó un odio inmenso.
Habiéndose ausentado un día el califa para luchar con uno de sus lugartenientes que se había rebelado, se aprovechó de ello Zobeida para combinar un plan contra mí. Sobornó á una de mis doncellas, y llamándola un día á sus habitaciones, le dijo: «Cuando tu señora Kuat Al-Kulub esté durmiendo, le pondrás en la boca este pedazo de banj, después de haberle echado otra dosis en la bebida. Si lo haces te recompensaré, y te daré la libertad y muchas riquezas.» Y la esclava, que antes lo había sido de Zobeida, contestó: «Lo haré, porque la adhesión que te tengo es tan grande como mi cariño.» Y muy alegre por la recompensa que la aguardaba, vino á mi aposento y me dió una bebida compuesta con banj. Y apenas la hube probado, caí en tierra, y me dieron convulsiones, y me sentí transportada á otro mundo. Y al verme dormida, fué la esclava á buscar á Sett-Zobeida, que me metió en ese cajón y mandó llamar á los tres eunucos. Y los gratificó espléndidamente, lo mismo que á los porteros del palacio. Y así me sacaron de noche para llevarme á la _tourbeh_, adonde Alah te había conducido. Porque á ti, ¡oh amor de mis ojos! debo el haberme salvado de la muerte. Y también gracias á ti me encuentro en esta casa tan generosa.
Pero lo que más me preocupa es lo que el califa haya pensado al volver y no encontrarme. Y también me atormenta no poder entregarme á ti completamente, á pesar de sentirte palpitar en mis entrañas. Y todo por estar sujeta por lo que dice esta cinta de oro. Tal es mi historia. Ahora sólo te pido discreción y que nadie conozca mi secreto.»
Cuando Ghanem hubo oído la historia de Kuat Al-Kulub, y supo que era favorita y propiedad del Emir de los Creyentes, retrocedió hasta el fondo de la sala y ya no se atrevió á levantar sus miradas hacia la joven, pues se había convertido para él en cosa sagrada. Y así, fué á sentarse en un rincón y comenzó á reconvenirse, pensando cuán poco le había faltado para ser un criminal y lo audaz que había sido sólo con tocar la piel de Kuat. Y comprendió lo imposible de su amor y cuán desgraciado era. Y acusó al Destino por los golpes tan injustos que le reservaba. Pero no dejó de someterse á los designios de Alah, y dijo: «¡Glorificado sea Aquel que tiene razones para herir con el dolor el corazón de los buenos y apartar la aflicción del corazón de los viles!» Y después recitó estos versos del poeta:
_¡El corazón enamorado no disfrutará la alegría del reposo mientras lo posea el amor!_
_¡El enamorado no tendrá segura su razón mientras viva la belleza en la mujer!_
_Me han preguntado: «¿Qué es el amor?» Y yo he dicho: «¡El amor es un dulce de sabroso jugo, pero de pasta amarga!»_
Entonces la joven se acercó á Ghanem, le estrechó contra su seno, le besó, y por todos los medios, menos uno, procuró consolarle. Pero Ghanem ya no se atrevía á corresponder á las caricias de la favorita del Emir. Se sometía á lo que ella le hiciese, pero sin devolver beso por beso ni abrazo por abrazo. Y la favorita, que no esperaba este cambio tan rápido, al ver á Ghanem tan excitado antes y ahora tan respetuoso y tan frío, multiplicó sus caricias. Y con la mano quiso incitarle á que compartiese su pasión, que se encendía más cada vez con aquel apartamiento. Y así les sorprendió la mañana. Ghanem se apresuró á marchar al zoco, para comprar las provisiones del día. Y permaneció allí una hora comprando mejores cosas que los demás días, por haberse enterado del rango de su invitada. Compró todas las flores del mercado, los mejores carneros, los pasteles más frescos, los dulces más finos, los panes más dorados, las cremas más exquisitas y las frutas más sabrosas, y todo lo llevó á la casa y se lo presentó á Kuat Al-Kulub. Pero apenas le vió, corrió á él la joven, y llena de deseos, restregó su cuerpo contra el suyo, le miró con ojos negros de pasión y húmedos de ansiedad, y le sonrió insinuante, diciéndole: «¡Cuánto has tardado, querido mío, deseado de mi corazón! ¡Por Alah! La hora de tu ausencia me ha parecido un año. Comprendo que ya no me puedo reprimir. Mi pasión ha llegado á su límite y me consume toda. ¡Oh Ghanem! ¡Cógeme! ¡Poséeme! ¡Me muero!» Pero Ghanem se resistió, y le dijo: «¡Alah me libre, mi buena señora! ¿Cómo el perro ha de usurpar el sitio del león? ¡Lo que es del amo no puede pertenecer al esclavo!» Y se escapó de entre las manos de la joven, y se acurrucó en un rincón, muy triste y preocupado. Pero ella fué á cogerle de la mano, y le llevó á la alfombra, obligándole á sentarse á su lado y á comer y beber con ella. Y tanto le dió de beber, que le embriagó, y entonces ella se echó encima de él, y se pegó á su cuerpo, y ¡quién sabe lo que haría con Ghanem sin que él se enterase! Luego cogió el laúd y cantó estas estrofas:
_¡Mi corazón está destrozado, hecho trizas! ¡Rechazada en mi amor, ¿podré vivir así mucho tiempo!?_
_¡Oh tú, amigo mío, que huyes como la gacela, sin que yo sepa la causa ni haya cometido delito! ¿Ignoras que la gacela se vuelve algunas veces para mirar?_
_¡Ausencia! ¡Separación! ¡Todo se ha juntado contra mí! ¿Podrá soportar mucho tiempo mi corazón la pesadumbre de tanto infortunio?_
Al oir estos versos, se despertó Ghanem y lloró muy conmovido, y ella también lloró al verle llorar, pero no tardaron en ponerse á beber de nuevo, y estuvieron recitando poesías hasta la noche.
Y Ghanem fué á sacar los colchones de las alacenas de la pared, y se dispuso á hacer la cama. Pero en vez de hacer una, como las demás noches, cuidó de hacer dos, distante una de otra. Y Kuat Al-Kulub, muy contrariada, le dijo: «¿Para quién es ese segundo lecho?» Y él contestó: «Uno es para mí, y otro para ti; y desde esta noche hemos de dormir de esta manera, pues lo que es del amo no puede pertenecer al esclavo, ¡oh Kuat Al-Kulub!» Pero ella replicó: «Amor mío, desprecia esa moral atrasada. Disfrutemos del placer que pasa junto á nosotros y que mañana estará ya lejos. Todo lo que ha de suceder sucederá, pues cuanto escribió el Destino tiene que cumplirse.» Pero Ghanem no quiso someterse, y Kuat Al-Kulub sintió que aumentaba su pasión, más ardiente. Y dijo: «¡Por Alah! No acabará esta noche sin que nos hayamos acostado juntos.» Pero Ghanem contestó: «¡Líbreme Alah de ello!» Y ella suplicó: «¡Ven, Ghanem; toda mi carne se abre para ti; mi deseo te llama á gritos! ¡Ghanem de mis entrañas! ¡Toma esta boca florida, toma este cuerpo que maduraste con tu deseo!» Y Ghanem decía: «¡Alah me libre!» Y ella gritaba: «¡Oh Ghanem! ¡Toda mi piel está bañada del deseo, y mi desnudez se ofrece á tus caricias! ¡Oh Ghanem! ¡El olor de mi piel es más dulce que el del jazmín! ¡Toca y huele, huele y te embriagarás!» Pero Ghanem insistía: «Lo que es del amo no puede pertenecer al esclavo.»
Entonces lloró la joven, cogió el laúd y se puso á cantar:
_¡Soy hermosa y esbelta! ¿Por qué huyes de mí? ¡Nada falta á mi hermosura, pues estoy llena de maravillas! ¿Por qué me abandonas?_
_¡He incendiado todos los corazones y he quitado el sueño á todos los párpados! ¡Soy flor de fuego, y nadie me ha cogido!_
_¡Soy una rama, y las ramas han nacido para que las cojan, las ramas flexibles y floridas! ¡Soy la rama florida y flexible! ¿No quieres cogerme?_
_¡Soy la gacela, y las gacelas nacieron para la caza, las gacelas finas y amorosas! ¡Soy la gacela fina y amorosa, oh cazador! ¡Nací para tus redes! ¿Por qué no me coges en ellas?_
_¡Soy la flor, y las flores nacieron para ser aspiradas, las flores delicadas y olorosas! ¡Soy la flor delicada y olorosa! ¿Por qué no quieres aspirarme?_
Pero Ghanem, aunque más enamorado que nunca, no quiso faltar al respeto debido al califa, y á pesar de los grandes deseos de la joven, todo siguió lo mismo durante un mes. Esto en cuanto á Ghanem y á Kuat Al-Kulub, favorita del Emir de los Creyentes.