El libro de las mil noches y una noche; t. 1
Part 2
El doctor J. C. Mardrus es quien acometió hace algunos años la empresa de dar á conocer al público europeo, con toda su frescura original, la magna obra del Oriente. Mardrus es árabe de nacimiento y francés de nacionalidad. Nació en Siria, hijo de una noble familia de musulmanes del Cáucaso que por haberse opuesto á la dominación rusa tuvieron que trasladarse á Egipto. Muchos de los cuentos que años después había de fijar para siempre con su pluma de traductor artista los escuchó de niño en el regazo de las domésticas mahometanas ó en las calles estrechas y sombreadas del Cairo. Después de haber estudiado la Medicina y viajado mucho por los mares Pérsico é Indico como médico de navío, sintió el propósito de condensar para siempre la grande obra literaria de su raza, conocida sólo en fragmentos y con irritantes amputaciones. A esta empresa enorme ha dedicado gran parte de su vida, escribiendo los relatos oídos en las plazas del Cairo, los cafés de Damasco y de Bagdad ó los aduares del Yemen, joyas literarias mantenidas únicamente por la tradición oral y que podían perderse. Como los poemas de los rapsodas que después figuraron bajo el nombre de Homero; como el Romancero del Cid y como todas las epopeyas populares, el gran poema árabe es de diversos autores, según ya hemos dicho, y distintos pueblos han colaborado en él á través de los siglos. Los cuentos sobrevivían sueltos, guardados por la memoria de los cuentistas populares y la pluma de los escribas públicos. El doctor Mardrus tuvo que peregrinar por todo el Oriente (Egipto, Asia Menor, Persia, Indostán), anotando viejos relatos y adquiriendo manuscritos, hasta completar en sus menores detalles la célebre obra. La frescura original, la ingenuidad de los primeros autores, han sido respetadas por Mardrus, pero realzándolas y adornándolas con su maestría de artista moderno. El doctor Mardrus es un notable escritor, y la celebridad literaria le acompaña doblemente en su hogar, pues está casado con la exquisita novelista francesa Lucía Delarue-Mardrus.
Para su trabajo le han servido de base las ediciones egipcias más ricas en expresiones de árabe popular, pero las ha enriquecido considerablemente con nuevos cuentos y escenas sacados de la tradición oral y de los valiosos manuscritos adquiridos en sus viajes.
AL PÚBLICO
Ahora sólo nos resta desear al lector que experimente el mismo placer que el gran novelista Stendhal, el cual deseaba olvidar dos cosas: _Don Quijote_ y los maravillosos relatos de LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE, para experimentar todos los años la voluptuosidad de leerlos por primera vez.
Debemos hacer al público una leal declaración.
Este libro no es para niños y mujeres. La moral de los árabes es distinta de la nuestra: sus costumbres son otras. Su carácter primitivo les hace ver como cosas naturales lo que para otros pueblos es motivo de escándalo. El amor lo cubren de pocos velos, y su vida social está basada en la poligamia.
Además, este libro es un libro antiguo, y los escrúpulos morales cambian con los siglos. Sirva de ejemplo nuestra propia literatura, en la que los más grandes autores del Siglo de Oro aparecen usando con naturalidad palabras que hoy se consideran inmorales y nadie se atreve á repetir.
* * * * *
Y empieza, lector, á recrearte en este incomparable poema novelesco, que unas veces hace reir y otras conmueve: armonioso conjunto de aventuras caballerescas, aventuras de amor y aventuras burlescas; escenas de erotismo, escenas de muerte, sublimes abnegaciones, vicios orientales, desordenadas fantasías y sutiles burlas del cuentista árabe para los seres celestes que intervienen en sus relatos deslumbradores.
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UNA PALABRA DEL TRADUCTOR A SUS AMIGOS
YO OFREZCO, _desnudas, vírgenes, intactas y sencillas_, _para mis delicias y el placer de mis amigos_,
ESTAS NOCHES ÁRABES _vividas, soñadas y traducidas sobre su tierra natal y sobre el agua._
_Ellas me fueron dulces durante los ocios en remotos mares, bajo un cielo ahora lejano.
Por eso las doy.
Sencillas, sonrientes y llenas de ingenuidad, como la musulmana Schahrazada, su madre suculenta que las dió á luz en el misterio; fermentando con emoción en los brazos de un príncipe sublime--lúbrico y feroz--, bajo la mirada enternecida de Alah, clemente y misericordioso._
_Al venir al mundo fueron delicadamente mecidas por las manos de la lustral Doniazada, su buena tía, que grabó sus nombres sobre hojas de oro coloreadas de húmedas pedrerías y las cuidó bajo el terciopelo de sus pupilas hasta la adolescencia dura, para esparcirlas después, voluptuosas y libres, sobre el mundo oriental, eternizado por su sonrisa._
_Yo os las entrego tales como son, en su frescor de carne y de roca._
_Sólo existe un método honrado y lógico de traducción: la «literalidad», una literalidad impersonal, apenas atenuada por un leve parpadeo y una ligera sonrisa del traductor. Ella crea, sugestiva, la más grande potencia literaria. Ella produce el placer de la evocación. Ella es la garantía de la verdad. Ella es firme é inmutable, en su desnudez de piedra. Ella cautiva el aroma primitivo y lo cristaliza. Ella separa y desata. Ella fija._
_La literalidad encadena el espíritu divagador y lo doma, al mismo tiempo que detiene la infernal facilidad de la pluma. Yo me felicito de que así sea; porque, ¿dónde encontrar un traductor de genio simple, anónimo, libre de la necia manía de su renombre?..._
_Las dificultades del idioma original, tan duras para el traductor académico, que ve en las obras la letra antes que el espíritu, se convierten entre los dedos del amoroso del balbuceo oriental en espirales tan bellas, que muchas veces no se atreve á desenlazarlas por miedo á que pierdan su originalidad._
_¡En cuanto á la acogida que tendrán estas joyas orientales!... El Occidente, amanerado y empalidecido por la asfixia de sus convencionalismos verbales, tal vez fingirá susto y asombro al oir el franco lenguaje--gorjeo simple, sonoro y juvenil--de estas muchachas sanas y morenas, nacidas en las tiendas del desierto, que ya no existen._
_Entienden poco de malicia las huríes._
_Y los pueblos primitivos, dice el Sabio, llaman las cosas por su nombre y no encuentran nunca condenable lo que es natural, ni licenciosa la expresión de lo natural. (Entiendo por pueblos primitivos todos aquellos que aún no tienen una mancha en la carne ó en el espíritu, y que vinieron al mundo bajo la sonrisa de la Belleza.)_
_Además, la literatura árabe ignora totalmente ese producto odioso de la vejez espiritual: la intención pornográfica. Los árabes ven todas las cosas bajo el aspecto hilarante. Su sentido erótico sólo conduce á la alegría. Y ríen de todo corazón, como niños, allí donde un puritano gemiría de escándalo._
_Todo artista que ha vagabundeado por Oriente y cultivado con amor los bancos calados de los adorables cafés populares en las verdaderas ciudades musulmanas y árabes: el viejo Cairo con sus calles llenas de sombra, siempre frescas; los zocos de Damasco, Sana del Yemen, Mascata ó Bagdad; todo aquel que ha dormido en la estera inmaculada del beduino de Palmira, que ha partido el pan y saboreado la sal fraternalmente en la soledad gloriosa del desierto con Ibn-Rachid, el suntuoso, tipo neto del árabe auténtico, ó que ha gustado la exquisitez de una charla de simplicidad antigua con el puro descendiente del Profeta, el cherif Hussein ben Ali ben Aoun, emir de la Meca santa, ha podido notar la expresión de las pintorescas fisonomías reunidas. Un sentimiento único domina á toda la asistencia: una hilaridad loca. Ella flamea con vitales estallidos ante las palabras gruesas y libres del heroico cuentista público que en el centro del café ó de la plaza gesticula, mima, se pasea ó brinca para dar mayor expresión á su relato en medio de los espectadores risueños... Y se apodera de vosotros la general embriaguez suscitada por las palabras y los sonidos imitativos, el humo del tabaco que hace soñar, la esencia afrodisíaca que parece flotante en el espacio, el sub olor discreto del haschich, último regalo de Alah á los hombres... Y os sentís navegantes aéreos en la frescura de la noche._
_Allí nadie aplaude. Ese gesto bárbaro, inarmónico y feroz, vestigio indiscutible de razas ancestrales y antropófagas que danzaban en torno del poste de colores de la víctima, y del cual ha hecho Europa un signo de la horrible alegría burguesa amontonada bajo el gas ó la electricidad de las salas públicas, es completamente desconocido._
_El árabe, ante una música compuesta de notas de cañas y flautas, ante un lamento de_ kanoon, _un canto de muecín ó de almea, un cuento subido de color, un poema de aliteraciones en cascadas, un perfume sutil de jazmín, una danza de flor movida por la brisa, un vuelo de pájaro ó la desnudez de ámbar y perla de una abultada cortesana de formas ondulosas y ojos de estrella, responde en sordina ó á toda voz con un ¡ah! ¡ah!... largo, sabiamente modulado, extático, arquitectónico._
_Y esto se debe á que el árabe no es mas que un instintivo, pero afinado, exquisito. Ama la línea pura y la adivina con su imaginación cuando es irreal._
_Pero es parco en palabras y sueña... sueña._
* * * * *
_Y ahora, amigos míos..._
_Yo os prometo, sin miedo de mentir, que el telón va á levantarse sobre la más asombrosa, la más complicada y la más espléndida visión que haya alumbrado jamás sobre la nieve del papel el frágil útil del cuentista._
DOCTOR J. C. MARDRUS
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ESTE PRIMER VOLUMEN LO DEDICO A MI AMIGO
PAUL VALERY
A CAUSA DE E. T.
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¡AQUELLO QUE QUIERA ALAH!
¡EN EL NOMBRE DE ALAH EL CLEMENTE, EL MISERICORDIOSO!
¡LA ALABANZA A ALAH, AMO DEL UNIVERSO! ¡Y LA PLEGARIA Y LA PAZ PARA EL PRÍNCIPE DE LOS ENVIADOS, NUESTRO SEÑOR Y SOBERANO MOHAMED! Y, PARA TODOS LOS SUYOS, LA PLEGARIA Y LA PAZ SIEMPRE UNIDAS ESENCIALMENTE HASTA EL DÍA DE LA RECOMPENSA.
¡Y DESPUÉS!... QUE LAS LEYENDAS DE LOS ANTIGUOS SEAN UNA LECCIÓN PARA LOS MODERNOS, A FIN DE QUE EL HOMBRE APRENDA EN LOS SUCESOS QUE OCURREN A OTROS QUE NO SON ÉL. ENTONCES RESPETARÁ Y COMPARARÁ CON ATENCIÓN LAS PALABRAS DE LOS PUEBLOS PASADOS Y LO QUE A ÉL LE OCURRA, Y SE REPRIMIRÁ.
POR ESTO ¡GLORIA A QUIEN GUARDA LOS RELATOS DE LOS PRIMEROS COMO LECCIÓN DEDICADA A LOS ÚLTIMOS!
DE ESTAS LECCIONES HAN SIDO ENTRESACADOS LOS CUENTOS QUE SE LLAMAN «MIL NOCHES Y UNA NOCHE», Y TODO LO QUE HAY EN ELLOS DE COSAS EXTRAORDINARIAS Y DE MÁXIMAS.
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LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE
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HISTORIA DEL REY SCHAHRIAR Y DE SU HERMANO El REY SCHAHZAMAN
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Cuéntase--pero Alah es más sabio, más prudente, más poderoso y más benéfico--que en lo que transcurrió en la antigüedad del tiempo y en lo pasado de la edad, hubo un rey entre los reyes de Sassan, en las islas de la India y de la China[5]. Era dueño de ejércitos y señor de auxiliares, de servidores y de un séquito numeroso. Tenía dos hijos, y ambos eran heroicos jinetes, pero el mayor valía más aún que el menor. El mayor reinó en los países, gobernó con justicia entre los hombres, y por eso le querían los habitantes del país y del reino. Llamábase el rey Schahriar[6]. Su hermano, llamado Schahzaman[7], era el rey de Samarcanda Al-Ajam.
Siguiendo las cosas el mismo curso, residieron cada uno en su país, y gobernaron con justicia á sus ovejas durante veinte años. Y llegaron ambos hasta el límite del desarrollo y el florecimiento.
No dejaron de ser así, hasta que el mayor sintió vehementes deseos de ver á su hermano. Entonces ordenó á su visir que partiese y volviese con él. El visir contestó: «Escucho y obedezco.»
Partió, pues, y llegó felizmente por la gracia de Alah; entró en casa de Schahzaman, le transmitió la paz[8], le dijo que el rey Schahriar deseaba ardientemente verle, y que el objeto de su viaje era invitarle á visitar á su hermano. El rey Schahzaman contestó: «Escucho y obedezco.» Dispuso los preparativos de la partida, mandando sacar las tiendas, sus camellos y sus mulos, y que saliesen sus servidores y sus auxiliares. Nombró á su visir gobernador del reino, y salió en demanda de las comarcas de su hermano.
Pero á medianoche recordó una cosa que había olvidado; volvió á su palacio apresuradamente, y encontró á su esposa tendida en el lecho abrazada con un negro, esclavo entre los esclavos. Al ver tal cosa, el mundo se oscureció ante sus ojos. Y se dijo: «Si ha sobrevenido tal aventura cuando apenas acabo de dejar la ciudad, ¿cuál sería la conducta de esta libertina si me ausentase algún tiempo para estar con mi hermano?» Desenvainó inmediatamente el alfanje, y acometiendo á ambos, les dejó muertos sobre los tapices del lecho. Volvió á salir, sin perder una hora ni un instante, y ordenó la marcha de la comitiva. Y viajó de noche, hasta avistar la ciudad de su hermano.
Entonces éste se alegró de su proximidad, salió á su encuentro, y al recibirlo, le deseó la paz. Se regocijó hasta los mayores límites del contento, mandó adornar en honor suyo la ciudad, y se puso á hablarle lleno de efusión. Pero el rey Schahzaman recordaba la aventura de su esposa, y una nube de tristeza le velaba la faz. Su tez se había puesto pálida y su cuerpo se había debilitado. Al verle de tal modo, el rey Schahriar creyó en su alma que aquello se debía á haberse alejado de su reino y de su país, y lo dejaba estar sin preguntarle nada. Al fin, un día, le dijo: «Hermano, tu cuerpo enflaquece y tu cara amarillea.» Y el otro respondió: «¡Ay, hermano, tengo en mi interior como una llaga en carne viva!» Pero no le reveló lo que le había ocurrido con su esposa. El rey Schahriar le dijo: «Quisiera que me acompañases á cazar á pie y á caballo, pues así tal vez se esparciera tu espíritu.» El rey Schahzaman no quiso aceptar, y su hermano se fué solo á la cacería.
Había en el palacio unas ventanas que daban al jardín, y habiéndose asomado á una de ellas el rey Schahzaman, vió cómo se abría una puerta para dar salida á veinte esclavas y veinte esclavos, entre los cuales avanzaba la mujer del rey Schahriar en todo el esplendor de su belleza. Llegados á un estanque, se desnudaron y se mezclaron todos. Y súbitamente la mujer del rey gritó: «¡Oh Massaud!» Y en seguida acudió hacia ella un robusto esclavo negro, que la abrazó. Ella se abrazó también á él, y entonces el negro la echó al suelo, boca arriba, y la gozó. A tal señal, todos los demás esclavos hicieron lo mismo con las mujeres. Y así siguieron largo tiempo, sin acabar con sus besos, abrazos, copulaciones y cosas semejantes hasta cerca del amanecer.
Al ver aquello, pensó el hermano del rey: «¡Por Alah! Más ligera es mi calamidad que esta otra.» Inmediatamente, dejando que se desvaneciese su aflicción, se dijo: «¡En verdad, esto es más enorme que cuanto me ocurrió á mí!» Y desde aquel momento volvió á comer y beber cuanto pudo.
A todo esto, el rey, su hermano, volvió de su excursión, y ambos se desearon la paz íntimamente. Luego el rey Schahriar observó que su hermano el rey Schahzaman acababa de recobrar el buen color, pues su semblante había adquirido nueva vida, y advirtió también que comía con toda su alma después de haberse alimentado parcamente en los primeros días. Se asombró de ello, y dijo: «Hermano, poco ha te veía amarillo de tez y ahora has recuperado los colores. Cuéntame qué te pasa.» El rey le dijo: «Te contaré la causa de mi anterior palidez, pero dispénsame de referirte el motivo de haber recobrado los colores.» El rey replicó: «Para entendernos, relata primeramente la causa de tu pérdida de color y tu debilidad.» Y se explicó de este modo: «Sabrás, hermano, que cuando enviaste tu visir para requerir mi presencia, hice mis preparativos de marcha, y salí de la ciudad. Pero después me acordé de la joya que te destinaba y que te di al llegar á tu palacio. Volví, pues, y encontré á mi mujer acostada con un esclavo negro, durmiendo en los tapices de mi cama. Los maté á los dos, y vine hacia ti, muy atormentado por el recuerdo de tal aventura. Este fué el motivo de mi primera palidez y de mi enflaquecimiento. En cuanto á la causa de haber recobrado mi buen color, dispénsame de mencionarla.»
Cuando su hermano oyó estas palabras, le dijo: «Por Alah te conjuro á que me cuentes la causa de haber recobrado tus colores.» Entonces el rey Schahzaman le refirió cuanto había visto. Y el rey Schahriar dijo: «Ante todo, es necesario que mis ojos vean semejante cosa.» Su hermano le respondió: «Finge que vas de caza, pero escóndete en mis aposentos, y serás testigo del espectáculo: tus ojos lo comprobarán.»
Inmediatamente, el rey mandó que el pregonero divulgase la orden de marcha. Los soldados salieron con sus tiendas fuera de la ciudad. El rey marchó también, se ocultó en su tienda y dijo á sus jóvenes esclavos: «¡Que nadie entre!» Luego se disfrazó, salió á hurtadillas y se dirigió al palacio. Llegó á los aposentos de su hermano, y se asomó á la ventana que daba al jardín. Apenas había pasado una hora, cuando salieron las esclavas, rodeando á su señora, y tras ellas los esclavos. E hicieron cuanto había contado Schahzaman, pasando en tales juegos hasta el asr[9].
Cuando vió estas cosas el rey Schahriar, la razón se ausentó de su cabeza, y dijo á su hermano: «Marchemos para saber cuál es nuestro destino en el camino de Alah, porque nada de común debemos tener con la realeza hasta encontrar á alguien que haya sufrido una aventura semejante á la nuestra. Si no, la muerte sería preferible á nuestra vida.» Su hermano le contestó lo que era apropiado, y ambos salieron por una puerta secreta del palacio. Y no cesaron de caminar día y noche, hasta que por fin llegaron á un árbol, en medio de una solitaria pradera, junto al mar salado. En aquella pradera había un manantial de agua dulce. Bebieron de ella y se sentaron á descansar.
Apenas había transcurrido una hora del día, cuando el mar empezó á agitarse. De pronto brotó de él una negra columna de humo, que llegó hasta el cielo y se dirigió después hacia la pradera. Los reyes, asustados, se subieron á la cima del árbol, que era muy alto, y se pusieron á mirar lo que tal cosa pudiera ser. Y he aquí que la columna de humo se convirtió en un _efrit_[10] de elevada estatura, poderoso de hombros y robusto de pecho. Llevaba un arca sobre la cabeza. Puso el pie en el suelo, y se dirigió hacia el árbol y se sentó debajo de él. Levantó entonces la tapa del arca, sacó de ella una caja, la abrió, y apareció en seguida una encantadora joven, de espléndida hermosura, luminosa lo mismo que el sol, como dijo el poeta:
_¡Antorcha en las tinieblas, ella aparece y es el día! ¡Ella aparece y con su luz se iluminan las auroras!
¡Los soles irradian con su claridad y las lunas con las sonrisas de sus ojos!
¡Que los velos de su misterio se rasguen, é inmediatamente las criaturas se prosternan encantadas á sus pies!
¡Y ante los dulces relámpagos de su mirada, el rocío de las lágrimas de pasión humedece todos los párpados!_
Después que el efrit hubo contemplado á la hermosa joven, le dijo: «¡Oh soberana de las sederías! ¡Oh tú, á quien rapté el mismo día de tu boda! Quisiera dormir un poco.» Y el efrit colocó la cabeza en las rodillas de la joven y se durmió.
Entonces la joven levantó la cabeza hacia la copa del árbol y vió ocultos en las ramas á los dos reyes. En seguida apartó de sus rodillas la cabeza del efrit, la puso en el suelo, y les dijo por señas: «Bajad, y no tengáis miedo de este efrit.» Por señas, le respondieron: «¡Por Alah sobre ti! ¡Dispénsanos de lance tan peligroso!» Ella les dijo: «¡Por Alah sobre vosotros! Bajad en seguida, si no queréis que avise al efrit, que os dará la peor muerte.» Entonces, asustados, bajaron basta donde estaba ella, que se levantó para decirles: «Traspasadme con vuestra lanza de un golpe duro y violento; si no, avisaré al efrit.» Schahriar, movido de espanto, dijo á Schahzaman: «Hermano, sé el primero en hacer lo que ésta manda.» El otro repuso: «No lo haré sin que antes me des el ejemplo tú, que eres mayor.» Y ambos empezaron á invitarse mutuamente, haciéndose con los ojos señas de copulación. Pero ella les dijo: «¿Para qué tanto guiñar los ojos? Si no venís y me obedecéis, llamo inmediatamente al efrit.» Entonces, por miedo al efrit hicieron con ella lo que les había pedido. Cuando los hubo agotado, les dijo: «¡Qué expertos sois los dos!» Sacó del bolsillo un saquito y del saquito un collar compuesto de quinientas setenta sortijas con sellos, y les preguntó: «¿Sabéis lo que es esto?» Ellos contestaron: «No lo sabemos.» Entonces les explicó la joven: «Los dueños de estos anillos me han poseído todos junto á los cuernos insensibles de este efrit. De suerte que me vais á dar vuestros anillos.» Lo hicieron así, sacándoselos de los dedos, y ella entonces les dijo: «Sabed que este efrit me robó la noche de mi boda; me encerró en esa caja, metió la caja en el arca, le echó siete candados y la arrastró al fondo del mar, allí donde se combaten las olas. Pero no sabía que cuando desea alguna cosa una mujer no hay quien la venza. Ya lo dijo el poeta:
_¡Amigo: no te fíes de la mujer; ríete de sus promesas! ¡Su buen ó mal humor depende de los caprichos de su vulva!_
_¡Prodigan amor falso cuando la perfidia las llena y forma como la trama de sus vestidos!_
_¡Recuerda respetuosamente las palabras de Yusuf! ¡Y no olvides que Eblis hizo que expulsaran á Adán por causa de la mujer!_
_¡No te confíes, amigo! ¡Es inútil! ¡Mañana, en aquella que creas más segura, sucederá al amor puro una pasión loca!_
_Y no digas: «¡Si me enamoro, evitaré las locuras de los enamorados!» ¡No lo digas! ¡Sería verdaderamente un prodigio único ver salir á un hombre sano y salvo de la seducción de las mujeres!_
Los dos hermanos, al oir estas palabras, se maravillaron hasta más no poder y se dijeron uno á otro: «Si éste es un efrit, y á pesar de su poderío le han ocurrido cosas más enormes que á nosotros, esta aventura debe consolarnos.» Inmediatamente se despidieron de la joven y regresaron cada uno á su ciudad.
* * * * *
En cuanto el rey Schahriar entró en su palacio, mandó degollar á su esposa, así como á los esclavos y esclavas. Después ordenó á su visir que cada noche le llevase una joven que fuese virgen. Y cada noche arrebataba á una su virginidad. Y cuando la noche había transcurrido mandaba que la matasen. Así estuvo haciendo durante tres años, y todo eran lamentos y voces de horror. Los hombres huían con las hijas que les quedaban. En la ciudad no había ya ninguna doncella que pudiese servir para los asaltos de este cabalgador.
En esta situación, el rey mandó al visir que, como de costumbre, le trajese una joven. El visir, por más que buscó, no pudo encontrar ninguna, y regresó muy triste á su casa, con el alma transida de miedo ante el furor del rey. Pero este visir tenía dos hijas de gran hermosura, que poseían todos los encantos, todas las perfecciones y eran de una delicadeza exquisita. La mayor se llamaba Schahrazada, y el nombre de la menor era Doniazada[11].
La mayor, Schahrazada, había leído los libros, los anales, las leyendas de los reyes antiguos y las historias de los pueblos pasados. Dicen que poseía también mil libros de crónicas referentes á los pueblos de las edades remotas, á los reyes de la antigüedad y sus poetas. Y era muy elocuente y daba gusto oirla.
Al ver á su padre, le habló así: «¿Por qué te veo tan cambiado, soportando un peso abrumador de pesadumbres y aflicciones?... Sabe, padre, que el poeta dice: «¡Oh tú que te apenas, consuélate!... Nada es duradero, toda alegría se desvanece y todo pesar se olvida.»