El Judas Tragico en la Union

Chapter 3

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Quiero referirme al motivo ocasional invocado por vía de explicación justificativa del alzamiento del 9 de marzo y asimismo al muy desagradable incidente mantenido el 18 de febrero con el Ministro de la Guerra por un grupo de “Cazadores Vascos”.

Ya se demostró anteriormente que si bien es admirable que éste-aunque hay razones para no creerlo-fue causado por el solo hecho de la falta de pago de sueldos atrasados o entrega de raciones equivalente no podría caber igual explicación para aquel desde que contra lo que asevera D. Manuel Herrera y Obes en su carta a Lamas, el diferendo entonces planteado siguió existiendo después de satisfecho por el Gobierno el perentorio reclamo que había dado lugar a su exteriorización.

Recuérdese lo expresado en la Orden General del Comando de fecha 10 de marzo que antes transcribí a este mismo efecto.

Pero hay más-y aquí voy a la prueba que ahora interesa especialmente-el hecho de elegir un prosaico reclamo de adeudos atrasados con miras ocultas más altas o más graves no era una novedad en el conturbado Montevideo de la época.

En efecto tenía precedentes y uno de ellos había sido bien cercano y bien dramático…

Aludo a la frustrada rebelión del Batallón 2º de Cazadores que comandaba el Coronel (Riverista) D. Benito Larraya de 16 y 17 de agosto de 1847, rebelión que si hubiese encontrado eco-como pudo esperar de los que seguían aún controlados por Jefes de la misma facción-habría volcado, de seguro, al Gobierno recién instalado y claramente contrario al Genera l Rivera y sus fieles Flores, Henrique Martínez, Rebollo, etc.

El día 16 apenas constituido el Ministerio antiriverista que sustituyó al integrado por Pereira (D. Gabriel Antonio), Barreiro (D. Miguel) y General Correa, se dispusieron medidas encaminadas a restar fuerzas al 2º de Cazadores, ordenándose al efecto por el Estado Mayor que se prepararan treinta soldados para pasar a la guarnición del Cerro. A esa orden respondió el Coronel Larraya excusándose del cumplimiento de la misma porque su Cuerpo carecía de efectivos suficientes. Ese fue sólo el principio. Al día siguiente, en efecto, (transcribo a D. Isidoro de María-Anales T. 4º P. 95 y sig):

“los oficiales del batallón, por intermedio de su Jefe, peticionaron al Gobierno (me pertenecen éste y los siguientes subrayados) 4 meses de sueldos devengados, para atender a sus necesidades, en razón de hacer ocho días que no se racionaba a la tropa y habérsele hecho entender por el Ministro saliente, que en lugar de raciones se les pagaría el sueldo en metálico”…El Comandante Larraya que por descontado estaba conforme con plantear una inesperada dificultad al Gobierno no demoró en elevar la Petición de sus Oficiales acompañándola de la siguiente comunicación:

“Elevo a manos de V.E. la presente solicitud que hacen a nombre de la tropa los señores oficiales del expresado (Batallón 2º de Cazadores) en la que piden se les abonen 4 meses de sueldos de sus devengados pues conocen que hay como atenderlos”.

“Yo creo muy justo se les socorra a unos soldados que tanto se han sacrificado por el sostén de esta causa; sin embargo de que enemigos de nosotros divulgan voces ofensivas a nuestro honor haciendo entender que el batallón trata de pasarse al enemigo, contra el que hemos combatido 54 meses. También pongo en conocimiento de V.E. que se han preso algunos individuos del Cuerpo empezando de este modo a hostilizarnos; como así mismo hace ocho días no se nos da ración de menestra y vino y diez y seis de leña; y hoy, por una orden verbal del Señor Ministro de la Guerra al Ayudante del Cuerpo se me dice que no se daba más ración al batallón; lo que pongo en conocimiento de V.E. Cantón de la derecha, Agosto 17 de 1847. Benito Larraya. Excmo. Señor Presidente de la República, don Joaquín Suárez”.

El conflicto estaba planteado y como se acaba de ver, en base de un modesto reclamo de sueldos y raciones tuvo de causa profunda la misma que había llevado particularmente a “Un Vizcaíno” a dirigir al Dr. Varela la ya conocida carta del 13 de enero, siempre y cuando mediaran otros posibles motivos de entidad a pesar de que vengo haciendo investigaciones en torno a la Guerra Grande desde hace muchos años…

Los Cazadores Vascos que eran entonces-según parece-alrededor de 400 constituían junto con los legionarios franceses e italianos y los negros de los Cuerpos de Línea los pilares fundamentales de la Defensa en la cual-como es bien sabido-el número de de soldados nacionales, al igual que el de habitantes de la ciudad, era mínimo.

Prevalecidos de esa ventaja de fuerza los extranjeros, todos, actuaban cada uno a su modo o con arreglo a las costumbres traídas de su propio País sin que-en general-les importara poco ni mucho que chocaran con las que se hallaban practicadas aquí: muy superiores por cierto en materia de mora social y de respeto a las autoridades.

Estos “extranjeros” se movían en Montevideo como en tierra conquistada y lamentablemente las autoridades civiles y militares tenían que sufrirlos sin reaccionar vigorosamente ante sus diarios desmanes, sus luchas de rivalidad, sus ataques a la población, pacífica, sus desobediencias, sus latrocinios, porque aparte de ser los más, eran excelentes soldados: audaces, incansables y valientes.

Por vía de prueba documental confirmatoria de lo que acabo de expresar voy a transcribir, en seguida-sin ningún comentario propio-la “impresión” que acerca de estos servidores extranjeros de Montevideo, franceses, italianos, vascos, canarios, ( todos al barrer) apuntó en su cartera justamente a fines de 1847 un observador imparcial-por ajeno enteramente.al espectáculo de luchas que entonces se desplegaba ante sus ojos.

Refiero al médico y explorador científico Dr. Amedée Monre quien de retorno a Francia después de haber viajado durante diez años por tierras de América y llevándose de ella un abultado cartapacio de “notas y observaciones”, comenzó a publicar en 1847 en la “Revué Espagnole et Portugaise” de París.

El Dr. Monre había penetrado al Continente-según ya quedó dicho-por el Río de la Plata y en sus primeras colaboraciones en la publicación citada aprovechó los datos y observaciones a su tiempo apuntados sobre Montevideo y Buenos Aires.

De su exposición extraigo lo que va a leerse:

“Veamos ahora lo más bajo de la escala social que acabamos de figurar. Existía (en Montevideo) en 1847, no existe más en 1857, una clase de gente ni buena ni agradable. Era lo que el mundo (me pertenece este subrayado y los que sigan) contenía de más abyecto y repugnante. Cada navío traía de Europa en esa época cuantos malandrines había en cada pueblo. Llegaban a Montevideo para entrar en la milicia local o presentarse al campo enemigo; irradiaban hasta Buenos Aires, Entre Ríos y el interior. Más de uno había abandonado su terruño y la Francia para no servir a su bandera; no hubiera sabido defenderla; venía a Sudamérica para hacerse soldado y enrolarse en medio de sus tropas que, por su presencia, se volvían pronto hordas indisciplinadas. Si bien eran valientes y temidos en los combates o en una heroica defensa, era necesaria una vigilancia de la autoridad local y mucha actividad para evitar los desórdenes parciales. Hasta usurpan a veces una dictadura plebeya, cuyos excesos sabían utilizar los partidos. El coraje de estos defensores ocasionales hacía echar un espeso velo sobre algunas infracciones al orden. Era principalmente entre los italianos, con su jefe Garibaldi a la cabeza, y entre los vascos franceses bajo el mando del coronel Thiebaut (es un error de información pues los Vascos en general-tanto españoles como franceses-tenían entonces por jefe, según ya se ha visto, al Coronel Brie) donde se reclutaba esta milicia extranjera mal vestida, mal disciplinada pero siempre brava y valerosa. (“Montevideo y Buenos Aires a Mediados del Siglo XIX”, p.39 y 40)

Los “Cazadores Vascos” no formaban dentro del Montevideo de 1848 una fuerza más importante pero tampoco menos que las respectivamente constituidas por los legionarios de Thiebaut y Garibaldi. Aquellos no serían ni más cultos ni más educados y respetuosos y obedientes a las leyes y autoridades, que estos pero tampoco lo eran menos y –por otra parte-los nativos de España poseían-interesa destacarlo ahora-un cierto orgullo de nacionalidad que no admitía desaires…Cercana y buena prueba de ello había palpado Montevideo en las noches del 4 y 5 de octubre con motivo de las celebraciones del 17 aniversario del canje de las ratificaciones de la Convención Preliminar de Paz de 1828. Entonces, entre los números programados por los empresarios de esta fiesta que-dicho sea de pasada-incluía una atractiva rifa que “según las malas lenguas” era su negocio, se había incluido una quema de fuegos artificiales en la Plaza Constitución que al efecto fue convenientemente iluminada y adornada con alegorías transparentes y tablados en los cuales podrían bailar los concurrentes también autorizados por la Policía para comparecer vestidos de máscara.

Y bien; a la hora fijada para el encendido de los transparentes y el comienzo de la quema de los fuegos de artificio, la Plaza desbordaba de público y gran parte del mismo según un testigo presencial de la celebración se formaba con soldados que sin permiso se habían alejado de las “Líneas” situadas respectivamente a 15 y 25 cuadras de distancia. ¡Qué orden! ¡Qué obediencia a las disposiciones del Comando Superior!

Pero reflexiones a un lado: ¿Cómo se inició y continuó la fiesta? El General Iriarte que fue el testigo presencial a que antes referí permitiéndome imaginar que la columbraba desde el balcón de la casa de D. Santiago Vázquez porque a ésta concurría noche a noche: “Un grupo de españoles quemó un transparente de la Plaza en que se representaba a la América trozando las cadenas del régimen colonial y hollando con sus plantas un león.

Sin que tratemos de disculpar este desorden-continúa-que por el contrario tiene el carácter de un verdadero atentado, es forzoso reconocer que ha sido el colmo de la imprudencia por parte de la policía encargada de las fiestas, permitir la representación pública y simbólica de un recuerdo que necesariamente debía lastimar la susceptibilidad nacional de los españoles, cuyo número es considerable en Montevideo y muy crecido el que contribuye a su defensa con las armas en la mano y con sus bienes”…

“Preciso era no haber olvidado que en el ejército hay cuerpo compuesto de españoles en su casi totalidad” (Es precisamente el caso de los “Cazadores Vascos” que si bien alistaba algunos franceses también contaba con muchos gallegos, catalanes y canarios)

“Parece que algunos españoles-prosigue Iriarte-elevaron hoy (5 de octubre) una queja al gobierno, y éste los satisfizo diciéndoles que hasta después del suceso no había tenido conocimiento de la causa que lo motivaba. Se reemplazó el transparente quemado por otro que únicamente contenía lo siguiente: en la parte superior la leyenda: “América Libre”, y después un “Sol” y en la parte inferior: “25 de Mayo”.

Pero véase que con esta rectificación no se conformaron los violentos y ejecutivos triunfadores de la jornada del 4 pues a pesar de ella en la noche del 5 no solamente repitieron-ya sin motivo visible-su anterior “hazaña” sino que la agravaron ahora ¡ofendiendo a los Orientales…!

Cuenta en efecto el mismo General Iriarte:

“Esta noche, poco después de las nueve, y cuando se acabaron de quemar los fuegos de artificio, un grupo considerable de españoles armados, pertenecientes algunos a los Cuerpos de la Guarnición, asaltaron la Plaza, subieron al tablado de la música donde se elevaba la columna transparente de que ya hemos hablado, la hicieron pedazos, rompieron los faroles y cuantos objetos de adorno allí había, enrojaron (¿enlodaron?) la bandera Oriental y arrebataron otra española para pasearla en triunfo por la plaza y por las calles de la ciudad, vociferando el “viva a España” y los muera consiguientes y alusivos al caso. El escándalo pues-cierra Iriarte-ha sido completo y la sangre se ha derramado, en la refriega murió un teniente de artillería Macedonio Larrosa, y hubo un herido”. (“Memorias Iriarte”, pág. 193 y 194. Vol. “Juan Manuel de Rosas y la Intervención”, etc.)

Se dirá acaso-después de leída la anterior información del General Iriarte-que no hay aquí ninguna prueba positiva y concreta de la intervención de los “Cazadores Vascos” en el planteamiento y desarrollo del lamentable episodio y de ahí podrá querer deducir alguno-empedernido en prejuicios –que no es del todo convincente la demostración que me propuse al traerlo a colación.

Reconozco desde luego el hecho de la no individualización de los “Cazadores Vascos” considerado aisladamente puede o debe originar dudas, pero, obsérvese que ellas no caben en buena lógica histórica si se contempla en general el relato del memorialista.

Por el hecho de estar especificados como “Vascos”, ¿no eran también españoles-Isabelinos o Carlistas-en su gran mayoría los “Cazadores” del Coronel Brie? ¿Y no les tocaba entonces en parte, reaccionar contra el imprudente intento de humillar públicamente a su Nación? Además cuando el General Iriarte atestigua allí expresamente que en el ejército de la Defensa “hay Cuerpos compuestos de españoles en su casi totalidad” : ¿no está acusando-por ventura-a los “Cazadores Vascos” que formaban en efecto el más fuerte y definido de ellos?

Desde mayo de 1846 hasta junio o julio de 1847 los “Vascos” del Batallón de Brie estuvieron ausentes de las trincheras de Montevideo pues el General Rivera los seleccionó-y a fe que con ojo certero-para que lo siguiesen a la campaña del Litoral llevada a cabo durante dicho lapso.

Vueltos a esta Plaza, sin duda más endurecidos en la tarea militar pero no menos indisciplinados y levantiscos que antes, se les ve pasar inadvertidos, cumpliendo trabajos de pura rutina hasta enero de 1848. Entonces, con motivo de las elecciones de Alcalde Ordinario iniciadas justamente el 1º de aquel mes reaparecieron sindicándose en escándalo que obliga en cierto modo al recuerdo del trágico 10 de enero de 1875 por el lugar y el motivo que lo provocó.

Herrera y Obes se lo relataba a Lamas en carta de fecha 4 en los siguientes términos:

“Volviendo a las elecciones le diré que después de un día agitadísimo, a las seis de la tarde se presentaron ante la mesa (receptora de votos) 25 vascos con papeletas de una tercera lista que también andaba (circulando) y a los palos y trompadas dispersaron a todos los salientes y a los que componían la mesa lo que ha dado lugar a protestas, reclamaciones”, etc.

Como los Legionarios Italianos y como los Franceses también los “Cazadores Vascos” tenían perfil propio y ¡por las buenas o por las malas lo hacían reconocer y respetar!

SEXTA PARTE: Continúa Exposición del Dr. Felipe Ferreiro

He dado por seguro-y quizá también lo haya afirmado explícitamente-que la carta ultimátum que dirigió un Vizcaíno al Dr. Varela desde las Fortificaciones el 13 de enero de 1848 es la misma a que hizo solemne referencia D. Juan N. Madero en su Declaración de la Indagatoria Judicial prestada recién el 23 de marzo.

La evidencia inequívoca de mi aserto surge-como se verá en seguida-de los propios datos relacionados por este desprejuiciado colaborador à l´envers de la justicia.

Expresó-en efecto-D. Juan N. Madero que la carta anónima de su referencia le fue enviada al doctor Varela “desde la línea” y que la misma “había sido encontrada en las abanzadas”

Ahora bien; hasta aquí se registran un dato preciso y dos deliberadamente confusos o vagos y que –por otra parte-el Juez Instructor pudo y debió intentar aclarar. Aquél, es el relativo a que la carta era anónima; éstos, son el que establece concretamente que la misma fue remitida al destinatario de su rótulo “desde la línea” y el que informa que ella había sido “encontrada en las abanzadas”.

Nadie que esté más o menos al corriente de la distribución de las defensas de Montevideo en 1848, puede ignorar que entonces no había una línea sino dos líneas establecidas: la Interior o de trincheras y la Exterior que por estar marginada de Fuertes era comúnmente llamada de Fortificaciones.

En cuanto a la confusión o vaguedad de las manifestaciones de D. Juan N. Madero por lo que respecta al hecho-según él-de haberse encontrado en “las abanzadas” –lo que vale tanto como decir, arrojada del campo enemigo-aquélla resulta palmariamente de las faltas de las referencias complementarias indispensables para respaldar su dicho, que desnudo de las mismas queda como en el aire.

¿Quién había encontrado la carta? ¿Qué soldado? ¿Qué oficial? ¿De qué Cuerpo? ¿Cómo llegó a manos del Dr. Varela sin haber pasado-previamente-por los controles del Comando Militar?

Dijo ante el Juez Instructor D. Juan N. Madero que en la carta anónima de su referencia “le prevenían” (al Dr. Varela) que si no se desdecía de lo que había publicado contra el Presidente Oribe “dos días antes”, lo habían de matar “antes de ocho días”.

Ahora bien; al igual que en el caso ya analizado, aquí, el cuñado y socio del doctor Varela omitió –con toda deliberación desde luego-fijar aunque fuera aproximadamente la fecha en que-según el anónimo-El Comercio del Plata había publicado contra el Presidente Oribe “dos días antes” del envío de su carta ultimátum.

Véase en efecto que si es admisible, aunque sería chocante, que una carta careciera de data, o que D. Juan N. Madero la hubiera olvidado, no es en cambio posible-de ninguna manera-que actuando con buena fe dejase de individualizar el artículo o suelto del Dr. Varela cuya retractación se exigía bajo amenaza de muerte.

¿Quién iba a aceptar entonces-y quién puede aceptar hoy mismo-la posibilidad de que si por ventura él no había leído el día de su publicación el artículo o suelto de referencia, lo haya dejado de leer así que-dos días después de salido-llegó a manos del Dr. Varela y también, por lo mismo, a las suyas?

D. Juan N. Madero, lógicamente, necesariamente compareció a declarar en la Indagatoria Judicial-en la que de antemano sabía que no habrían repreguntas ni se le solicitarían aclaraciones-al indigno y doble objeto de colocar en el “Expediente” la quilla de las imputaciones al General Oribe, allí obrantes y excluir a los “Vascos”, a “libro cerrado”, de toda sospecha en la preparación y ejecución del crimen.

Si el declarante no se detenía a identificar por su fecha de publicación el artículo o suelto de El Comercio del Plata” a que hizo referencia y tampoco a establecer la data de la carta anónima “encontrada en las abanzadas” : ¿De qué podían valer sus precisiones relativas al plazo de ocho días que se le daba en aquélla al Dr. Varela para “desdecirse de lo que había publicado contra el Presidente Oribe dos días antes”?

¿Quién ignora-en efecto- que casi podría decirse sin exageración que en El Comercio del Plata desde su aparición en 1845 día por día los ataques y acusaciones más ofensivas y agraviantes al General Oribe?

¿Y cómo manejarse entonces para dar con el artículo o suelto del Dr. Varela que precisamente a los dos días de aparecido suscitó la tremenda reacción relatada bajo juramento de decir la verdad por D. Juan N. Madero?

¡A la vista está! El desaprensivo cuñado y socio del Dr. Varela no se atrevió –y tampoco podía-ir más lejos de lo que fue en sus manifestaciones para dejar villanamente mezclado el nombre del General Oribe en las actuaciones iniciales del Proceso de Andrés Cabrera. Otros, basándose en su testimonio que por veraz no necesitaba respaldo documental vendrían después a ensanchar la brecha que dejó abierta. Su verdad, que hasta ahora nadie-que yo sepa-se había detenido a analizar pudo perdurar con holgura hasta 1920. Entonces se desplomó para siempre y véase que la parte principal en la culpa de este arrasamiento la vino a tener el propio D. Juan N. Madero por haberse dado el lujo de precisar en su declaración que el Oribista anónimo a que allí refiere prevenía al Dr. Varela que si no se desdecía de lo que había publicado contra el Presidente Oribe dos días antes, lo habían de matar antes de ocho días.

Estas dos precisiones formuladas por el declarante obligan-en efecto-inexorablemente a identificar la carta anónima de su relato con la de Un Vizcaíno que transcribí en el capítulo III de esta exposición hallada en el citado año en las circunstancias y lugar que allí expresé. Véase si no. La carta ultimátum de Un Vizcaíno le fija al Dr. Varela al igual que la invocada por D. Juan N. Madero el plazo de ocho días para la retractación que exige de lo que había escrito en agravio “de los que descienden de Mendibure, Menchaca y Allende”.

En la misma carta no se indica expresamente que el artículo o suelto que motiva la reación de Un Vizcaíno fue publicado dos días antes pero (¡tanto mejor para la identificación!) se fija como fecha de su expedición el 13 de enero de 1848 y justamente en la edición de EL Comercio del Plata del 11, vale decir de “dos días antes” fue que apareció el artículo que en seguida –y sólo en la parte que ahora interesa-voy a sacar del olvido:

“Empeñada la lucha (se viene refiriendo-con intención de justificarlo-al armamento de los extranjeros combatientes en la Defensa) la fortuna ha favorecido a nuestros enemigos. Muchos, muchísimos de los valientes defensores de Montevideo han sucumbido con gloria. Su número es hoi reducido; mientras que, Rosas, dueño absoluto de 13 provincias argentinas, ha podido estar constantemente llenando los claros que el cañón de Montevideo hacía en sus filas. Nosotros somos hoi pocos, ellos son muchos, el elemento extrangero que hai de nuestro lado establece el equilibrio. ¿Es acaso por eso menos nuestro el derecho o mayor la justicia de ellos?

De nuestro lado hai pocos nacionales; del lado de ellos no hai ninguno. En nuestro campo hai extrangeros al lado de los nacionales; en el de ellos no hai nacionales todos son extrangeros. (!!!)

Los extrangeros que nos ayudan (nótese que se olvida deliberada e imprudentemente de los “Cazadores Vascos”) hablan francés e italiano. Dos hermosas lenguas, por cierto, que no pueden darnos sino progreso y civilización.

Los extrangeros que ayudan a Oribe son Vascos escapados de las filas de D. Carlos, o hablan el castellano de las pampas. Unos y otros (cierra brutalmente) representan el atraso y la barbarie.”

Este es el párrafo del Dr. Varela que provocó la carta ultimátum de Un Vizcaíno. ¡Este es el párrafo que dio motivo sustancial a los Cazadores Vascos para su alzamiento en rebeldía del 9 de marzo! ¡Este es el párrafo que llevó a los Voluntarios de Oribe a la realización del simulacro de fusilamiento que verificaron el martes de Carnaval-7 de marzo- en la calle Ancha de la Restauración!

Por lo demás-y termino-la carta ultimátum de Un Vizcaíno no fue escrita en el campo sitiador ni encontrada, por lo tanto, “en las abanzadas” como declaró Juan N. Madero. Basta leer con cuidado su texto para ver claro que la redacción de la misma pertenece a un Vasco que estaba lejos de sus compatriotas servidores del General Oribe con las armas en la mano. Pero hay más aún; dicha carta –como se recordará- aparece fechada el 13 de enero en la Línea de Fortificaciones y ese día justamente los Cazadores Vascos cumplieron el servicio de la Gran Guardia, que se localizaba en el centro de dicha Línea. La prueba documental de ello quedó fijada en el ya muchas veces citado Diario del Coronel Lista que escuetamente dice al respecto: “A las seis salieron (de la Línea Interior) por el Portón del Centro 370 pertenecientes al Regimiento de Cazadores Vascos de Servicio de la Gran Guardia por 24 horas”

FELIPE FERREIRO

OBRA CONSULTADA

"Panegíricos periodísticos en el Río de la Plata-Discusiones memorables", Manuel Azaña- Horacio Haddad- Editorial Clavel, Buenos Aires, 1949