El Judas Tragico en la Union

Chapter 1

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EL JUDAS TRAGICO

Primera parte: Exposición del Dr. Luis Bonavita ( Mr. Ferdinand Pontac)

Acto Primero

A quien por vez primera oí hablar del hecho extraño, fue al general Visillac, casado con una hermana de mi padre y fanático por todo cuanto tuviere sabor añejo.

Acercábase al siglo guardando intacta la memoria visual, y así fue como un día de 1936, cuando aún yo no había comenzado a atesorar pequeñas y grandes cosas de mi Restauración, Visillac, que pasó en ella su infancia mientras su padre estuvo al frente de la comisaría local, me llevó a recorrer los viejos lugares, reconocibles o perdidos, gozándose en evocar los que surgían de entre la niebla de sus recuerdos. Hechos y hombres pasaron en tropel, dejándome un sentimiento indefinible, que habría de fijar para siempre mi vocación histórica.

Estiraba la mano hasta tocar los muros. Mimaba los cercos de Fontgibell, ladrillo, tuna y piedras que para él cantaban. Desfiló cuanto existía entonces; la plaza con sólo un ombú en el rincón norteño, frente a la arcada de los fondos de Marexiano, por donde se colaba en las noches Retentén para dormir vestido sobre una pila de cueros; el circo Olímpico, donde el inglés don Pablo repetía incansablemente su pantomima de “los dos toneleros burlados y el ladrón sutil”; el frontón en que, zaguero sin izquierda, maravillaba el vasco Ereño con la sotana recogida hasta la cintura; la mesa del “Café de los Federales” donde conoció a Lavalleja. Y un muro, al que el muchacho Visillac no quiso acercarse más cuando supo que la manea que colgaba de un clavo en esa pared de pesadilla estaba forrada con piel de hombre…

Escudriñó un instante la calle Plata, y dijo:

“Creo que antes se le llamó “callecita de la luna”.

Luego, recostándose apenas contra el buzón de la esquina para examinar fijamente la arquitectura colonial frente a la cual nos habíamos detenido, me dijo midiendo las palabras, mientras se apretaba las sienes con sus dedos largos y amarillentos, como si esperara retener así el recuerdo que pugnaba por escaparse:

-“Frente a esta pared vi fusilar un judas”

No sospechó nunca el general el significado de ese castigo extraño cumplido en acto público.

El pueblo y la soldadesca estaban apeñuscados en torno al patíbulo, mientras disipábase el humo de la descarga y prorrumpía el populacho en broncos gritos cuyos ecos fueron a perderse en la tahona de Sico y los molinos de Pelayo.

De esos alaridos uno solo guardaba el fiel oído:

-“¡Mueran los salvajes unitarios!”…

Ignorando entonces el pasado de mi pueblo, no sospeché yo tampoco el origen de ese odio volcándose en la efigie. Sólo atiné a preguntar:

“¿Qué edad tendría entonces, tío Pepe?

Y él contestó:

-“Ocho años.”

Y no se habló más, ese día.

Por la noche tuve la sensación de haber asistido al rojo alumbramiento de la Restauración, en la que no nací pero bien saben los míos que es el lugar donde desearía terminar mi jornada.

Cuando los Gracos hablaban al pueblo se hacían acompañar por un tocador de flauta, deliciosa y oculta. A ésta yo la siento aún, endulzando las palabras de Visillac, que me rodean todavía. La oigo cantar, sobre sus labios ya sellados.

En marzo de 1848- ocho años iba a cumplir entonces el muchacho memorioso que nació en la Aguada el día de San Pedro –apareció este suelto en “El Comercio del Plata”:

“Con un sentimiento fácil de comprender, pero sin dolor ninguno, tenemos que anunciar a los lectores nuestra propia muerte, e invitarlos a nuestros funerales que deben tener lugar en la costa del Miguelete, si es que el señor Presidente de aquellas chacras lo permite. El día 7 del corriente fuimos solemnemente fusilados en la calle de la Restauración, habiendo aprobado don Manuel Oribe la sentencia, según hemos tenido noticia cierta. Nuestros lectores tendrán de hoy en adelante, que prestar a cuanto les digamos, más atención, pues nuestra voz vendrá de otro mundo, y la voz del otro mundo es siempre voz de verdad”.

Escribió estas líneas el doctor Florencio Varela, cuando le restaban trece días de vida.

Mientras Visillac aseguróme haber presenciado en su infancia, en la calle Real de la Restauración, y en medio de alaridos de odio y muerte la ejecución de un judas, tenía él también, voz de verdad.

Pero era una voz que, por desconocimiento del pasado de mi pueblo, no tuvo, cuando la escuché, resonancia alguna, ni pudo tenerla tampoco para don Rafael Cufré que escuchaba junto a mí el relato lejano sin percibir, claro está, el encantamiento de su deliciosa flauta escondida.

Ahora sí, tendrá esa voz otra resonancia en mi espíritu.

Acto segundo

Con estas palabras comencé hace once años una serie de quince trabajos sobre el asesinato del doctor Florencio Varela.

Y sin esperar la continuación del estudio recién iniciado, alguien atacó de inmediato “El judas trágico”, al que consideró “bien trabado literariamente”, pero al que negó en absoluto el menor mérito histórico.

En el diario en que escribe totalizó luego diez artículos de dos columnas para demostrar lo que pretendía.

“Los judas se quemaban o destripaban o fusilaban antes en los sábados santos, después de oído el alborozo de las campanas que a vuelo pregonaban aleluyas”.

Eso afirmó mi impugnador hace once años.

Agregó que “en otros días podía la indignación popular personificar en muñecos trágicos o grotescos a sus enemigos y pasearlos y zarandearlos por calles y plazas hasta que resultasen hechos piltrafas, pero aquellos para nadie se confundían con judas, sino que aparecían individualizados directamente”.

Reconoció luego que el hecho que impugnaba no ocurrió en sábado santo, lo que es verdad porque tuvo lugar en el carnaval. De ahí que pudo estampar entonces, en el segundo capítulo de su refutación estas palabras definitivas:

-“Aunque el doctor Bonavita después de leernos-si lo hace- insista en sostener lo contrario, afirmamos categóricamente, con segura conciencia, que el dato que un día de 1936 le trasmitió oralmente el general Visillac, y en esencia se contiene en su frase: “Frente a esta pared vi fusilar un judas”, no tiene nada que ver con el episodio popular con quien lo identifica en su relato.”

Sí, doctor Felipe Ferreiro. Tiene mucho que ver con el asesinato del director de “El Comercio del Plata”. Pasados once años de haber asegurado categóricamente, con segura conciencia, lo que afirmó en 1948, en un diario de la mañana, yo me permito ahora sostenerle a mi vez, que el dato de Visillac se relaciona directamente con el crimen de Andrés Cabrera.

No pude hacerlo hasta ahora, porque recién ahora dispongo del invalorable “Diario” de Antuña, que me aclara una a una tantas oscuridades del Sitio de Montevideo.

Del “Diario” de ese hombre, figura consular del Cerrito, entresaco estas palabras:

“Año 1848”

“7 de Marzo”

“Los vizcaínos voluntarios de Oribe se divierten con dos comparsas de máscaras, una que trenza cintas bailando alrededor de un palo; otra que es de estudiantes y canta la estudiantina. Además figuran aprisionar a Florencio Varela y a Thiebaut con su ayudante; los juzgan, los condenan a muerte y los fusilan. Esto iban a hacer hoy en el Cuartel General, y el Presidente impidió que se llevara la “chance” tan adelante.”

Y termina de esta manera esta anotación de Antuña, que como nos llega del otro mundo, debe tener tal vez, voz de verdad: “¿Tendrá la política alguna parte en estos escrúpulos?”

Así, pues, el muñeco paseado el 7 de marzo por las calles de la Restauración y del Cerrito estaba perfectamente individualizado. Tenía el nombre en el pecho. De no ser así ¿cómo lo hubiera reconocido al doctor Varela el redactor del “Diario”?

Como el señor Presidente no quiso que lo fusilaran en el Cerrito, se le fusiló en nuestro pueblo de la Restauración, contra la pared del “Almacén del Sol”, reconocida por el general Visillac cuando se acercaba al siglo, con la memoria intacta. No lo consigna Antuña, pero lo afirma Florencio Varela en su periódico en 10 de marzo, trece días antes de que cumplieran en él, el mandato de su ejecución.

Y con esto queda terminado por mi parte, el pequeño diferendo sostenido con el escritor compatriota.

M. Ferdinand PONTAC

SEGUNDA PARTE: Exposición del Dr. Felipe Ferreiro

Acto primero

El Doctor Luis Bonavita vuelve sobre un tema de la “SAGA ANTIORIBISTA” desarrollado por el mismo en 1948 y cuyas conclusiones –implícitas y explícitas- me permití entonces examinar y refutar desde las columnas de “EL DEBATE”.

En el escrito de referencia-breve y redactado en cautivante estilo- el Dr. Bonavita asociaba COMO SI REALMENTE SE COMPLEMENTARAN para hacer prueba definitiva de que el asesinato de Florencio Varela fue tramado en el Cerrito-y por disposición de Oribe, con su beneplácito- dos antecedentes que la misma lógica histórica se niega a vincular sin desconocerles por eso veracidad a ninguno de ellos.

Uno de ese ambo surgía de una conversación mantenida en 1936 con su venerable deudo, General Visillac, mientras, sin otro objeto que pasear, recorría con éste las calles de la Unión. Entonces, decía, al llegar ambos a la del Plata (hoy Laborde), el viejo soldado escudriñó un instante y enseguida dijo: - “CREO QUE ANTES SE LLAMÓ CALLECITA DE LA LUNA”.

“Luego (continuaba el Dr. Bonavita) recostándose apenas contra el buzón de la esquina para examinar fijamente la arquitectura colonial frente a las cuales nos habíamos detenido, me dijo midiendo las palabras, mientras se apretaba las sienes con sus dedos largos y amarillentos, como si esperara retener así el recuerdo que pugnaba por escaparse”:

“FRENTE A ESA PARED (el subrayado me pertenece) VI FUSILAR UN JUDAS”.

El General Visillac no le aclaró a su acompañante si este Judas que había visto fusilar en la “callecita de la luna” ante una multitud ululante era puramente simbólico o individualizaba a alguna persona. Tampoco le requirió esa aclaración su sobrino e interlocutor, cosa que es bien explicable desde que éste, todavía por entonces, no había sido picado por el “DULCE” aguijón de los estudios históricos. En cambio, lo que allí quedó precisado-por una feliz precaución del Dr. Bonavita- es que el fusilamiento de dicho Judas había ocurrido en 1848.

En efecto, el General Visillac había nacido en Las Piedras el 29 de junio de 1840 y preguntado por su distinguido sobrino acompañante cuántos años tendría cuando le tocó ser testigo de ese episodio que acababa de referirle, le contestó sin demora: “OCHO AÑOS”. El otro antecedente a que hemos aludido anteriormente como parte básica de la conclusión a que, en su escrito, se propuso arribar el Dr. Bonavita, consiste en un breve y ya bien divulgado “SUELTO”, que se registró en la 2ª página, 3ª columna de “EL COMERCIO DEL PLATA”, de fecha 10 de marzo de 1848.

He aquí su texto:

“Con un sentimiento fácil de comprender, pero sin dolor ninguno, tenemos que anunciar a los lectores nuestra propia muerte e invitarlos a los funerales que deben tener lugar en la costa del Miguelete si es que el señor Presidente de aquellas chacras lo permite. El día 7 del corriente fuimos solemnemente fusilados en la calle de la Restauración, HABIENDO APROBADO DON MANUEL ORIBE LA SENTENCIA SEGÚN HEMOS TENIDO NOTICIA CIERTA” (el subrayado me pertenece). “Nuestros lectores (cierra) tendrán de hoy en adelante, que prestar a cuanto le digamos, más atención, pues nuestra voz vendrá del otro mundo, y la voz del otro mundo es siempre voz de verdad”.

Acto segundo

Y bien; las mismas objeciones históricas que hace diez años me permití oponer a los razonamientos y conclusiones establecidos por el Dr. Bonavita, subsisten integralmente- y si cabe, aún fortificados-, después de la lectura de su nueva y brillante página del pasado domingo. Expresé en aquella oportunidad- y el Dr. Bonavita ahora lo recuerda transcribiéndome – que:

“Aunque el Dr. Bonavita después de leernos-si lo hace- insista en sostener lo contrario, afirmamos categóricamente, con segura conciencia, que el dato que un día de 1936 lo trasmitió oralmente el General Visillac, y en esencia se contiene en su frase: “ Frente a esta pared vi fusilar un Judas”, NO TIENE NADA QUE VER CON EL EPISODIO POPULAR CON QUIEN ( el Dr. Bonavita) LO IDENTIFICA EN SU RELATO”.

La anotación del diario del “DIARIO” de don Francisco Solano Antuña, que ahora reproduce el Dr. Bonavita y que yo leí cuidadosamente hace muchos años, cuando dicho precioso documento estaba en poder de la finada Doña Pilar de Herrera y de Arteaga-confirma en parte y en parte rectifica el “SUELTO”- sarcásticamente irónico- del Dr. Varela, pero ( léase bien) no conmueve, no roza siquiera-no puede rozar- mis argumentaciones y la veracidad de lo que sostuve y debo seguir sosteniendo.

Véase el texto del Dr. Antuña:

“7 DE MARZO, los vizcaínos “Voluntarios de Oribe” (se refiere al famoso batallón que comandaba Artagaveitia) se divierten con dos comparsas de máscaras ( ese día era martes de Carnaval) una que trenza cintas bailando alrededor de un palo ( danza vasca tradicional), otra que es de estudiantes y canta la estudiantina. Además figuran aprisionar a Florencio Varela y a Thiebaut con su ayudante: los juzgan, los condenan a muerte y los fusilan. ESTO IBAN A HACER HOY EN EL CUARTEL GENERAL (el subrayado me pertenece), Y EL PRESIDENTE IMPIDIO QUE SE LLEVARA LA “CHANCE” TAN ADELANTE”.

Hasta ahí la información impecablemente objetiva. Enseguida la pluma del Dr. Antuña destilando un veneno contra Oribe que se acusa a cada momento a todo lo largo del “DIARIO” (¿no lo ha notado Dr. Bonavita?) agrega la reflexión siguiente: “TENDRA LA POLITICA ALGUNA PARTE EN ESTOS ESCRUPULOS?”

¡Por supuesto! Le contestaríamos al diarista si lo tuviéramos cerca. La política en su sentido elevado: la que priva a los hombres educados de propiciar o compartir celebraciones –aunque ingenuas- expresivas de odio o de reacción desbordada…

Pero-se preguntará-¿por qué causa? – suya especial-¿por qué motivo?- particular de ellos- ¿habían coincidido los Vascos de Oribe ( apoyados por los Canarios según versión circulante en ese entonces en Montevideo) en la realización de tamaña manifestación pública y solidaria de malquerencia, de ojeriza, de hostilidad, de abominación al Dr. Varela?

Más tarde, y en capítulo aparte, responderé condignamente a la anterior pregunta. En el momento no puedo hacerlo porque tendría que alejarme demasiado del tema concreto que me ha reclamado.

Contra la promesa de prueba a rendir en tal oportunidad adelanto desde ahora-no hay inconveniente en hacerlo- la afirmación categórica de que los Vascos, no solamente los “VOLUNTARIOS DE ORIBE” sino en general, todos los Vizcaínos de dentro y fuera de Montevideo acababan de ser juzgados y ofendidos pública y gruesamente, en su raza, en su lengua, y hasta en sus viejas y ardientes convicciones políticas de Carlistas, por el redactor de “EL COMERCIO DEL PLATA”.

Vuelvo a mi asunto. La información consignada por el Dr. Antuña en su “DIARIO” no refuerza sino que, a ojos vista, permite restar valor histórico a la conjetura formulada y defendida por el Dr. Bonavita.

Obsérvese por de pronto que después de haber leído ese texto no se podrá sostener –ni siquiera insinuar sospecha- de que directa o indirectamente Oribe tuvo algo que ver con el fusilamiento del Dr. Varela ideado y llevado a cabo por los “Vascos” en la calle “ANCHA”. La afirmación vertida por éste en su “SUELTO”, del 10 de marzo, de que aquél había “APROBADO LA SENTENCIA”, de su condena resulta terminantemente desmentida en los hechos que relata el Dr. Antuña. Recuérdese:

“ESTOS – dice refiriéndose a los Vascos en comparsa-IBAN A HACER HOY EN EL CUARTEL GENERAL” (la pantomima de aprisionar a Varela, juzgarlo y fusilarlo).

“Y EL PRESIDENTE IMPIDIO QUE SE LLEVARA LA CHANCE TAN ADELANTE”.

Pero para arrimar a mis actuales cominos hay algo mucho más importante todavía en esta información del Dr. Antuña y ello consiste en la puntualización –hecha inequívocamente- de que la jornada de los “Vascos” del 7 de marzo –en aquel año día martes de Carnaval- juntamente con el Dr. Varela también fueron “puestos contra el muro” –acaso por exigencias de la mascarada – el Coronel Thiebaut y su Ayudante. Ahora bien; si el 7 de marzo de 1848 era martes de Carnaval, ¿en qué fecha cayó ese año el “Sábado Santo” o “de Gloria”, DIA CLASICO Y UNICO PARA LA COSTUMBRE TRADICIONAL DE CASTIGAR CON LA MUERTE A JUDAS Y A LOS JUDAS CONTEMPORANEOS?

No hay como equivocarse. En aquél año el “Sábado Santo” o “de Gloria” fue el 25 de abril, vale decir, PASADO MAS DE UN MES DEL ALEVOSO, LAMENTABLE Y REAL ASESINATO DEL DR. VARELA.

Siendo así: ¿cabe seguir suponiendo que el Judas que vio fusilar el General Visillac en la callecita de la Luna era materialmente una representación del infortunado redactor de “EL COMERCIO DEL PLATA”? ¿Se pretenderá todavía insistir en el error excusando esa insistencia en el falaz argumento de que aquel viejo soldado-que desde luego no identificó al Judas de su recuerdo con ninguna persona conocida-ignoraba o podía haber olvidado que en el tiempo de referencia los Judas solamente se sacrificaban los “Sábados Santos” o “de Gloria”? Pero, por otra parte, si se quisiera recurrir a este extremo-que no lo creo- ¿acaso no seguiría siendo imposible la buscada compaginación desde que el General Visillac sólo vio fusilar a un muñeco y en la información del Dr. Antuña, - divulgada por el Dr. Bonavita- de la pantomima de los “Vascos” se ejecutaron a tres simultáneamente?

Acto tercero

No agregaré a los expuestos más razonamientos y consideraciones. Sinceramente pienso que ya he evidenciado plenamente que no falté a la verdad cuando en 1948 afirmé que el fusilamiento del Judas atestiguado por el General Visillac “no tiene nada que ver con el episodio popular con quien (el Dr. Bonavita) lo identifica”.

Valiéndome de sus propias y últimas palabras expresadas el pasado domingo, diré pues, “queda terminado por mi parte el pequeño diferendo sostenido con el escritor compatriota”.

OTROSI –DIGO: Que en la sección “HACE CIEN AÑOS” de “EL PAIS”, correspondiente al 27 del corriente mes se recoge-por coincidencia feliz para mí- el ilustrativo “suelto” que como broche voy a transcribir –en la parte que aquí interesa- extraído del “BOLETIN DE LA UNION, de 27 de Mayo de 1858.

“Antes, en el tiempo de españoles y portugueses-cuando fueron los años- se quemaban muñecos públicamente y en cualquier fecha que representaban personas o personajes por gracia del odio o del desprecio particular o general que habían despertado. POR SEMANA SANTA (me pertenece el subrayado) ESOS MUÑECOS HACIAN EL PAPEL DE JUDAS a quien se les hacía arder como premio de su traición a Jesús y de su vida inicua. Hoy aún se sigue esta costumbre pero muy de lejos en lejos. Se conserva firme en los Sábados Santos”…

TERCERA PARTE: Continúa Exposición del Dr. Felipe Ferreiro

Acto primero

El 7 de marzo de 1848-para ser más preciso martes de Carnaval-en la calle “ANCHA” de la Unión (hoy “8 de Octubre” y entonces General Artigas) ante una multitud expectante-abigarrada disímbola-que crecía y crecía por momentos, un fuerte núcleo de mocetones “VIZCAINOS”, integrantes en su mayor parte del “BATALLON DE VOLUNTARIOS DE ORIBE”, después de levantar un rústico tablado procedieron al cumplimiento del programa que se habían propuesto entonces desarrollar.

Primeramente un breve “divertissement”. Treparon a aquel unos cuantos miembros de la comparsa-vestidos a la usanza nacional de boina y faja roja, y camisa, pantalón y alpargatas blancas-y luego de afirmar un alto mástil en medio del tablado, al son de tambores y “CHISTUS” bailaron –como danza de ritual-siguiendo el acompasado ritmo de su monótona música el milenario “CINTA-DANTZA” que el público congregado aplaudió en entusiasmo delirante.

En segundo término la sorpresa…Una pantomima sobre motivos de actualidad cuyo argumento refiere, en extracto, un contemporáneo vecino del pueblo en los siguientes términos:

(Los Vizcaínos “VOLUNTARIOS DE ORIBE”) “figuran aprisionar a Florencio Varela y a Thiebaut con su Ayudante: los juzgan, los condenan a muerte y los fusilan” (Diario Intimo del Dr. Antuña)

Acto segundo

Las mentes de esta resonante función-de pura cepa eúskara-comenzaron a circular en Montevideo seguramente el jueves 9 de marzo pues las ediciones de “EL COMERCIO DEL PLATA” se componían e imprimían en la tarde del día anterior al de salida (era diario de la mañana) y fue en la del 10 cuando apareció el suelto más que informativo, de desahogo personal que transcribí en EL DEBATE el pasado domingo. Para que el lector se cerciore de esta verdad voy a reproducirlo nuevamente:

“Con un sentimiento fácil de comprender, pero sin dolor ninguno, tenemos que anunciar a los lectores nuestra propia muerte e invitarlos a los funerales que deben tener lugar en la costa del Miguelete si es que el señor Presidente de aquellas chacras lo permite. El día 7 del corriente fuimos solemnemente fusilados en la calle de la Restauración, habiendo aprobado don Manuel Oribe la sentencia según hemos tenido noticia cierta.

Nuestros lectores (cierra) tendrán de hoy en adelante, que prestar a cuanto le digamos, más atención, pues nuestra voz vendrá del otro mundo, y la voz del otro mundo es siempre voz de verdad”.

Obsérvese bien; ni el menor detalle sobre el modo y forma de l simulacro de ejecución. Ningún recuerdo para Thiebaut y su Ayudante: compañeros en el sacrificio. Total omisión de referencias a los “VIZCAINOS”, promotores, organizadores, y realizadores de la mascarada que condenaba a la trilogía y la había “puesto contra el muro”…

Y no se diga que tanta imprecisión y silencio eran deliberados. No; en su edición del viernes 17 de marzo-y aquí va la evidencia de que no lo eran- “EL COMERCIO DEL PLATA” volvió, como de pasada, sobre el tema al finalizar un artículo de réplica a otros dos del “DEFENSOR” de fechas 9 y 13 de marzo expresando:

“Por nuestra parte tenemos una queja muy formal de “EL DEFENSOR”. Ni la misma muerte nos libera de sus ultrajes. DESDE QUE NOS FUSILARON SUS AMIGOS EN LA CALLE “ANCHA” CREIAMOS QUE NUESTRAS CENIZAS SERIAN RESPETADAS. Pero no es así, “EL DEFENSOR” continúa cebándose en nuestra memoria”, etc., etc.

Es claro que los “VIZCAINOS” del Cerrito eran amigos del diario en contienda con el Dr. Varela y en tal sentido ningún reparo cabe hacer a su afirmación, pero, ¿Acaso no eran igualmente amigos suyos- aparte de millares de orientales y argentinos-muchos ingleses, muchos franceses, muchos italianos, muchos españoles, muchos portugueses, muchos americanos, y muchos canarios?

¿Y por qué entonces se eludía otra vez la sindicación expresa? ¿Por qué el redactor de “EL COMERCIO DEL PLATA”, renunciaba a enfrentarse, lisa y llanamente-en reacción lógica-con los “VIZCAINOS” que días atrás en público simulacro lo habían condenado a muerte y luego fusilado?

¡Salta a la vista! El Dr. Varela por razones personales o políticas o por lo que fuere prefería no identificar a sus jueces y ejecutores en efigie de la calle “ANCHA”, de la Restauración.

¿A qué cálculo previsor podía obedecer esta ambigüedad tan extraña a la línea de conducta seguida hasta entonces por “EL COMERCIO DEL PLATA”? ¿Por qué no escandalizó? ¿Por qué renunció una y otra vez-y ahora teniendo buena causa propia –a reeditar sus ya clásicas demostraciones de que en el Cerrito “imperaba la barbarie” y sobre todo a “DESCUBRIR” abiertamente a sus directos agresores?

¡Misterio! Sin duda alguna, el mismo misterio que llevó a “EL CONSERVADOR” –el otro diario entonces importante de la ciudad –a no ocuparse de la tragicómica y resonante mascarada de los “VOLUNTARIOS DE ORIBE”.

¡No era prudente “HACER OLA…”! ¿Por qué? Tengo la clave de tal misterio y puedo y voy a esclarecerlo de inmediato.