Part 4
(_Se domina, se levanta y continúa con la más elevada pesadumbre_.) ¡Lo estoy!... Íbase la risa del niño por el monte abajo sin dejar de oirse... ¡todavía se oye!... y los ojos le relucían como un cristal, llenos de lágrimas, abiertos contra las nubes, mirando al sol... Dentro de ellos el alma fuese apagando como un cirio cuando se consume; hasta que se le nublaron los últimos ardores con una sombra muy fría, y toda la carne de la criatura se cuajó en cera mortal... (_Las mujeres sollozan; los hombres se muestran muy enternecidos_.) Eché a correr con el hijo que me quedaba y dejé allí solo al inocente... No le sirvieron estos brazos míos para nacer ni para morir... Una noche, hace ya nueve años, temiendo que pereciese de frío y de hambre, le abrí esa puerta y le calenté en ese llar... ¡Bendita sea la mujer que le remedió!... Pero Jesús traía consigo la condena, arrastraba una culpa, y luego de padecer toda su vida, tenía que morir de hambre y de frío, sin un regazo, sin un consuelo... ¡delante de mí!...
ESCENA VI
Dichos, IRENE, después MARCELA
IRENE
(_Llega en silencio cuando_ ANDRÉS _pronuncia las últimas palabras. Demuestra una ansiedad desgarradora_.) ¡Andrés... Andrés!... ¿Qué es lo que dices?
ANDRÉS
(_Con un grito inexplicable_.) ¡Irene!... ¿Tú?...
IRENE
(_Mirándole con suprema angustia_.) ¿Es verdad que dejaste a Jesús muerto en el monte, solo, encima de la nieve?
ANDRÉS
(_Bajando la cabeza al peso de toda su amargura_.) ¡Es verdad!
IRENE
(_Trastornada por la pena_.) ¡Ah! ¿Qué has hecho de él?... ¿Qué has hecho, di?
ANDRÉS
¡Lo quiso Dios!
IRENE
(_Desesperada_.) ¡Mi hijo... mi hijo! (ANDRÉS _hace un generoso movimiento para recibirla en sus brazos pero se detiene con un sollozo y_ LUISA _y_ CARMEN _la reciben en los suyos piadosamente_.)
LUISA
(_A_ IRENE _y_ ANDRÉS.) ¡Se os escapa a gritos el secreto!
MARCELA
(_Sin aparecer, llamando con ansia_.) ¡Luisa!... ¡Luisa!...
ANTONIO
¡Ahí viene Marcela!
ANDRÉS
(_Dominándose_.) Mucho la debo, pero algo se lo voy a pagar.
IRENE
(_En medio de su llanto_.) ¡Sí; con mi carne!...
ANDRÉS
(_Mordiendo la frase con pasión_.) ¡Y con la mía!
LUISA
(_Ha salido a recibir a_ MARCELA _que llega desolada, con la mantilla caída en los hombros_.) ¡Detente... aguarda!
MARCELA
(_Desasiéndose_.) ¡No... no!... ¿Dónde está Andrés?
ANDRÉS
(_Acogiéndola en un abrazo_.) ¡Aquí!
MARCELA
(_Mirando en torno suyo como una loca_.) ¿Pero qué sucede? ¿Dónde están los niños, dónde?
ANDRÉS
(_Solemnemente_.) ¡Salvé al hijo tuyo, mujer!
MARCELA
(_Convulsa_.) ¿Al mío?... ¿al mío?... ¿A cuál?
ANDRÉS
Al tuyo: ¡a Serafín!
MARCELA
(_Con un grito indecible_.) ¡Hijo de mi alma! (_Oculta la cara entre las manos con infinita desolación... Después de una pausa habla exaltadamente_.) ¡No, ese no es el mío, no; el mío es el otro, el otro!
IRENE
(_Absorta_.) ¿Qué dices?
ANDRÉS
(_Asombradísimo_.) ¿Cómo?
TODOS
(_Con vivísima ansiedad_.) ¿Qué?
MARCELA
(_A_ ANDRÉS.) Dime tú qué fué del infeliz. ¿Dónde está?... ¿No alienta?... ¿No le veré ya nunca, nunca?
ANDRÉS
(_Angustiado_.) ¡Vivo, nunca!
MARCELA
(_Abrumadísima_.) ¡Ah!
ANDRÉS
(_Siempre con voz opaca_.) Le alcanzaron la nieve y el mal... y le dobló la muerte allá arriba.
MARCELA
(_Delirante_.) ¡El castigo, el castigo!
ESCENA VII
Dichos, REMEDIOS y SERAFÍN
REMEDIOS
(_Llevando de la mano al niño, que viste blusa y pantalón largo y representa nueve años muy gentiles_.) Aquí tenéis al muchacho tan campante.
MARCELA
(_Mira al niño con extravío y le empuja al medio de la escena_.) Pues éste, éste es Jesús, el jayón... Te le devuelvo, Irene, toma: ¡no llores más por él!
IRENE
¿Que este es Jesús?... ¡Mi hijo!... ¿No me engañas?
ANDRÉS
(_A Marcela, con ansiosa inquietud_.) ¿Pero es verdad?
LUISA
(_Suplicante_.) ¡Marcela, por Dios!
MARCELA
(_A su marido_.) ¡Es verdad! (_A_ IRENE.) ¡No te engaño! (_Señalando al niño_.) Quise valerme de él contra ti, y no quiso el que todo lo puede!... Este niño es _el vuestro_, el saludable y dulce, el de los ojos verdes que embrujan como los tuyos. (_Habla con pasión y violencia, arrepentida y desesperada a un tiempo, mientras_ IRENE _se sacia mirando al hijo y le tiende los brazos_.) ¡Fíjate! Cuando Andrés le mira, es igual que si te mirase a ti.
IRENE
(_Mirando y abrazando al niño, que se resiste asustado_.) ¡Yo no pienso en Andrés!
MARCELA
(_Con lógica brutal_.) ¡La que se lleva al hijo se lleva al hombre!
IRENE
No; al hijo nada más; al hijo, sí; ¡ven! (_Muy codiciosa_.)
JESÚS
(_Lloroso, muy aturdido, queriendo irse con_ MARCELA.) ¡Madre!
ANDRÉS
(_Aparte_.) ¡No acabo de creerlo!
MARCELA
(_Echando al niño con brusquedad en brazos de_ IRENE.) ¡Esa es tu madre! (_A ella_.) ¡Tómale!... Te le doy y me quedo sola en el mundo, como estabas tú...
ANDRÉS
¡Calla, calla, te confiesas a voces!
MARCELA
(_Con infinita amargura_.) ¡Como los sentenciados a muerte! (_Haciendo un ademán de huída_.) Ahora... ¡adiós!
ANDRÉS
(_Adelantándose a detenerla_.) ¿Que te vas? ¿adónde?
MARCELA
(_Pugnando por soltar la mano con que la sujeta su marido_.) Por la nieve adelante, por los caminos altos donde las criaturas perecen de frío y pesadumbre...
IRENE
(_Aparte_.) ¡Como el hijo suyo!
ANDRÉS
(_Compasivo_.) ¡No, eso no!
MARCELA
(_Con obscura intención_.) Si cada alma vuelve a su estrella, yo quiero acercarme a la mía sola y en paz.
ANDRÉS
Y yo no puedo abandonarte.
MARCELA
(_Imperiosa, magnífica en su terrible desesperación_.) ¡Déjame, Andrés! Ya oíste mi culpa: no te acuerdes más de mí!
ANDRÉS
(_Muy sombrío_.) ¡No sé lo que oigo!
MARCELA
¡Sí; lo que no sabes lo adivinas!... Nada me preguntes ni me prometas: me duele tu caridad... ¡Quédate con ellos!
ANDRÉS
(_Vacilante_.) ¡Pero, aguarda!
MARCELA
¡No! ¡Quiero acabar de arrancarme el corazón! (_Volviéndose a la gente que escucha con murmullos de inquietud y compasión_.) Que nadie me siga: ¡Que nadie me busque!
ANDRÉS
(_Porfiando débilmente_.) ¡Marcela!
MARCELA
(_Empujándole hacia_ IRENE _y_ JESÚS _con un sollozo que más parece un rugido_.) ¡Quédate ahí! (_Huye desatinadamente, mientras_ IRENE _y_ ANDRÉS _se miran con infinita ansiedad_.)
IRENE
(_Dando un paso hacia el hombre como para retenerle, con descubierta pasión_.) ¡Andrés!...
TELÓN.
LA PRENSA Y EL ESTRENO DE «EL JAYÓN»
De "El Debate":
La Sra. Concha Espina figura en primera línea entre los novelistas españoles contemporáneos. En las columnas de _El Debate_ hemos rendido pleitesía a la alcurnia literaria de la egregia escritora al estudiar dos libros suyos: _Agua de nieve_ y _La Esfinge Maragata_. Hoy tenemos la satisfacción de volver a aplaudirla con motivo del estreno de su primera obra teatral, _El Jayón_.
La rutina suele clasificar a los publicistas inapelablemente. Al que lo encasilla entre los poetas no le reconoce aptitudes para la novela; al que lo diputa novelista, no lo aguanta dramaturgo. Diríase que la rutina es envidiosa y la ofenden la ductilidad y el proteísmo del talento ajeno. Por esta vez, la rutina habrá de resignarse con que una novelista ilustre haya triunfado en la escena de Eslava, desde la que hubo de saludar, al fin de los tres actos, a los espectadores que la aclamaban.
* * * * *
La Sra. Espina ha acertado a poner en su obra una intensidad emotiva extraordinaria; y como el arte esencialmente es emoción, se deduce que _El Jayón_ merece los aplausos con que fué acogido por el público. Añádase que los caracteres de Marcela, Irene, Andrés y Luisa están trazados con habilidad; que el diálogo es sobrio y el estilo primoroso, y se comprenderá que la crítica debe asociarse al fallo de la opinión.
* * * * *
En la autocrítica publicada en _La Tribuna_, afirma la autora:
«En este drama no trato de decir nada nuevo, de plantear problema alguno, ni mucho menos de resolverle. Aspiro sólo a llevar a la escena un pedazo palpitante de vida, un bloque de la cantera humana, labrado por mi corazón. Para darle forma no me preocuparon ardides técnicos, y me dejé conducir por la emoción y la realidad, creyendo que este camino, si no fácil y corto, es el único que logra llegar a un alto fin.»
Completamente de acuerdo con la teoría que este párrafo expone. La Sra. Espina ha conseguido realizar sus propósitos, y éstos son noblemente artísticos.
En la interpretación, la Srta. Morer, admirable de vis trágica, puso a contribución su gesto natural, fuerte, elegante y su voz privilegiada, cuyas vibraciones emocionan por sí mismas, aun descartado el contenido de lo que exprese. El Sr. Hernández, adusto, seco, pensativo o fogosamente dramático, según las exigencias de las situaciones. Muy bien las Sras. Peñaranda y Siria y la Srta. Almarche.
Mignoni ha pintado para _El Jayón_ dos bellas decoraciones.
RAFAEL ROTLLAN.
De "A B C":
La primera manifestación teatral del temperamento literario de Concha Espina ha respondido al prestigio de que goza desde hace mucho tiempo como novelista la ilustre autora de _La Esfinge Maragata_.
_El Jayón_, drama en tres actos, estrenado anoche en el teatro de Eslava, obtuvo un éxito franco, unánime, cordial y justísimo. No podía esperarse otra cosa de quien tan ponderadamente ha sabido interpretar momentos y sensaciones de un realismo doloroso y vivo, descubriendo la llaga de lo trágico, no con la grosera tenacidad de los gusanos, sino con la solícita atención de un psicólogo.
_El Jayón_ es un afortunado ensayo dramático. Concha Espina ha tenido el acierto, además, de mostrarse como dramaturgo femenino de sutiles y vibrantes percepciones estéticas y humanas.
Su primera obra escénica es, como la obra de una madre, la exaltación del más puro sentimiento de la maternidad, y esta postura sentimental tan simpática y tan excepcional en este ciclo literario en que la mujer propende a sentir como el hombre, fué acogida con visible complacencia por el público, sugestionado al mismo tiempo por la plasticidad del cuadro, del ambiente, de la luz local; la riqueza de la expresión en su poética rusticidad, y, finalmente, la tembladura de bondad, de sencillez, de almas buenas, que circula, como la sangre caliente y generosa por las venas, por todos los instantes del drama.
Es el jayón un niño prohijado, una criatura con paternidad adoptiva, según la lexicografía vulgar montañesa.
En la obra de la exquisita y gentil escritora, el jayón es un niño tullido, una lacra fisiológica, un rollito santo donde la Fatalidad se ha complacido en grabar una arruga deforme. Y este niño, hijo aparente del infortunio, cuando es el infortunio mismo, viene a ser el eje de la delicada trama, es como la línea de primer término de la linda, de la sugestiva acuarela dramática que ha compuesto Concha Espina.
De su triunfo absoluto y clamoroso le hablarían anoche con clara elocuencia las ovaciones cerradas que le prodigó el entusiasmo de la concurrencia.
La Srta. Morer tuvo ocasión de contrastar sus admirables aptitudes, dando la máxima sensación de la ternura, de la abnegación, del sacrificio y, finalmente, del desgarrante dolor maternal, interpretando la figura dulce y bondadosa de Marcela, la madre del jayón, la madre secreta para todo el mundo, menos para sus entrañas laceradas por la suprema adversidad.
La Sra. Peñaranda y el Sr. Hernández se hicieron una vez más acreedores a la legítima complacencia con que el público de Eslava sabe justipreciar sus méritos artísticos indiscutibles.
Para los tres, como para sus estudiosos auxiliares, hubo muchos y merecidos aplausos.
Concha Espina fué llamada al palco escénico multitud de veces.
El decorado, de Mignoni, de justo verismo.
J. SAN GERMÁN OCAÑA.
De "El Sol":
Nosotros tenemos que recibir complacidos siempre cualquier ensayo escénico de los novelistas, seguros de que han de llevar a la dramática, con la sinceridad de sus análisis, graves preocupaciones de lenguaje y de estilo. En este último aspecto, principalmente, tiene un innegable valor la aparición ante la batería de una obra de Concha Espina, la interesante autora montañesa.
* * * * *
La sugestión innegable de esa fábula tiene aún menor importancia que la pintura del ambiente. La Sra. Espina ha llevado al teatro todo el color y todo el encanto descriptivo de la novela. Y, atenta al paso que daba, cuidó de conceder a los episodios una sobriedad plausible, que los hacía resaltar vivamente. El diálogo sostenía, en tanto, sus prestancias, y los actos se deslizaban bajo un innegable encanto literario.
* * * * *
El público aplaudió los tres actos del drama, reclamando en todos la presencia de la autora. Josefina Morer exteriorizó una vez más su alto temperamento dramático en la interpretación de Marcela. Y fué secundada con acierto por la Sra. Siria, y por los Sres. Hernández y Vega, especialmente.
De "La Vanguardia", de Barcelona:
Otra producción no sólo interesante por sí misma, sino reveladora de aptitudes dramáticas ciertas ha sido _El Jayón_, primer trabajo escénico de la insigne novelista Concha Espina. Se trata de una bella narración publicada ya y adaptada perspicazmente al teatro por su autora. El público percibía con claridad los dos elementos indispensables: el ambiente montañés que envuelve el episodio, y la curiosa experimentación del amor maternal que se intenta realizar. Así la potencialidad de la fábula destacaba sus vigores y la emoción surgía eficazmente. El dolor de aquella madre que en lejano día señalara al hijo legítimo como espurio, como hallado, como el _jayón_, avergonzado del raquitismo y de la fealdad del niño, adquiere una alta significación en el momento de perecer el muchacho víctima de un accidente fortuito. El verdadero _jayón_, el muchacho sano y hermoso se salva. Quien perece es el muchacho aquel que todos creían no era el de la triste. Ved por lo apuntado cómo en el drama de la Sra. Espina asoma mejor que una Fatalidad ciega o una Fatalidad hecha de determinismos, una decisiva acción providencial, pronta a ejercer sus justicias inexorables. La sencillez de los personajes que conocemos, el tono misterioso, recogido y apacible de la obra y la necesidad que tienen aquellos campesinos humildes del amparo constante de lo alto, concluyen de establecer las condiciones especiales de _El Jayón_. Y todo esto forma un conjunto organizado cuyas finalidades idealistas arriban sin mengua de la realidad viva y palpitante. Prueba, además, que la insigne autora de _La Esfinge Maragata_ y de _La Rosa de los Vientos_ puede caminar por la escena. Y a la par afirmaba, con el ejemplo ante nosotros, que no son tan insondables como se cree los abismos separadores de la novela y de la dramática.
JOSÉ ALSINA.
De "El Liberal":
«El Jayón», por Concha Espina.
La excelente novelista y escritora ha demostrado con ese su primer ensayo teatral que tiene todas las condiciones de un buen dramaturgo.
_El Jayón_ es una obra dramática, trágica más bien, llena de emoción y de fuerza, cuyo fondo es hondamente patético. Y que por la forma y el ambiente--escenas de la montaña santanderina--está llena de verdadera poesía real.
Fué muy aplaudida.
MANUEL MACHADO.
De "La Acción":
Concha Espina es una escritora que goza de grandes simpatías entre las damas. El arte de sus novelas y la ejemplaridad que resplandece en la vida de esta mujer iluminan su personalidad con los prestigios más ingentes. Concha Espina ha sabido ser una gran escritora y una dama amante de su hogar, términos no antitéticos, pero, en realidad, no muy avenidos en la vida corriente y moliente. Por eso sus lectores muestran hacia su autora predilecta, tanta simpatía como admiración.
_El Jayón_ es el primer intento teatral de la Sra. Espina. Nadie lo diría al ver el dominio técnico de que da gallardas muestras esta escritora en el drama estrenado anoche en Eslava.
En _El Jayón_, a través de una trama simplicísima y de gran fuerza patética, Concha Espina exalta con toda la vehemencia de su corazón femenino, dotado de una gran sensibilidad, el sentimiento de la maternidad, que es eje y esencia del drama.
No queremos hurtar a nuestros lectores el interés que en ellos ha de despertar el argumento del drama. Por eso, contrariando nuestros deseos, nos abstenemos de relatar las incidencias del asunto.
Hay en esta primera obra de Concha Espina verdaderos alardes de sagacidad psicológica, que delatan un gran temperamento dramático en la ilustre escritora. La acción de la obra se desarrolla en la montaña santanderina, y los personajes, a pesar de su rusticidad, se expresan con la sobria elegancia de lenguaje que es característica en aquella comarca castellana. Sorprenden en _El Jayón_, la fluidez y naturalidad del diálogo y la elevación literaria de los giros, por cuyo extremoso celo merece sinceros plácemes esta ilustre autora.
El interés del drama no desmaya un solo instante. La obsesión amarga de que están embargados los personajes de la obra se transmite al público, poniendo en tensión sus nervios en espera del desenlace. Y éste sobreviene, sencillo, noble y patético, coronando con los rigores de la adversidad definitiva la gama de torturas en que han venido consumiéndose las almas.
El público rindió pródigos homenajes a Concha Espina, la cual hubo de salir a escena al final de cada jornada, requerida por los insistentes aplausos.
Josefina Morer, en la protagonista de la obra, puso de relieve sus grandes aptitudes para los papeles dramáticos. La bella y gentil actriz, que es todavía una niña, si, como es de esperar, persevera en el estudio, será muy pronto una de las figuras culminantes de nuestra escena.
Asimismo merecen un sincero aplauso el Sr. Hernández, que cada día añade mayores perfecciones a su arte, y la Sra. Siria, siempre ajustada y excelente actriz.
ALBERTO MARÍN ALCALDE.
De "El Universo":
Las delicadezas del estilo de Concha Espina no son nuevas para nuestros lectores.
Esta escritora, quizás la más espiritual de las de su sexo, ha triunfado en el cuento, en la novela y en el comentario sentimental, con estilo propio, y con triunfos tan rotundos como generales. Sus artículos, gustados por el público y consagrados, como sus novelas, por la crítica, la han granjeado una reputación literaria de las más sólidas.
Pero si como creadora de las más bellas farsas poéticas es estimada por los lectores, quizás las exquisiteces de su estilo, por lo raras y escogidas, por lo depuradas literariamente, la han conquistado, en el mundo de los artistas una personalidad sobre todas original.
Concha Espina, aplaudida y mimada del público por toda su labor anterior, va ahora al teatro con una obra dramática de ambiente rústico.
En declaración autocrítica nos dice la ilustre autora que en su nuevo drama no pretende ni enseñar ni demostrar nada, y que el público está libre de todo intrincado problema moral de complicada solución.
El ensayo dramático de la ilustre autora de _La Esfinge Maragata_ pertenece a lo que pudiéramos llamar teatro poético. _El Jayón_ es la poética exaltación de la maternidad y el canto a las sublimes y misteriosas profundidades y siniestros de las montañas. Allá arriba, en las cimas donde las ventiscas y las tempestades se forjan, la nieve entierra, quitando antes el último suspiro, al jayón.
* * * * *
El diálogo, que es el oro puro de esta narración novelesca, tiene primores poéticos y de estilo verdaderamente espléndidos.
El lenguaje florido de aquellas montañesas toma color con la acción, y nos sabe más a mieles que en las lecturas.
La Srta. Moner, en primer lugar, y Hernández, prestan el calor de su arte sincero y conmovedor a aquellas ternísimas escenas sentimentales.
La Sra. Siria y Ricardo de la Vega, en papeles episódicos, admirables de carácter.
Hidalgo y los demás intérpretes, muy bien.
Concha Espina salió a escena al final de todos los actos a recibir los aplausos numerosos y entusiastas.
FEDERICO LEAL.
De "El Fígaro":
Los intérpretes del drama.
El drama estrenado anoche por la compañía que acaudilla D. Gregorio Martínez Sierra no va a los artistas del teatro Eslava. Sinceramente estimamos que merece otra interpretación más de emoción, de más nervio, que la que le dieron, con la mejor intención, la Srta. Morer, la Sra. Peñaranda y Paco Hernández, principales intérpretes de _El Jayón_.
Y es que, acostumbrados al género diametralmente opuesto que cultiva el director artístico del teatro, no sienten, no viven, no cultivan el drama intenso que con tan buena fe les ha entregado la Sra. Espina, de quien teníamos un alto concepto literario por sus novelas y cuentos, y a la que debemos desde ahora una mayor consideración escénica.
Esta misma opinión nuestra sustentaba el público que acudió al estreno del drama, otorgando con afecto prolongados aplausos a la autora y reclamando su presencia en escena al finalizar cada uno de los tres actos en que la obra está desarrollada.
«El Jayón».
_El Jayón_, el niño hallado sin padres, recogido por caridad, es al contrario de lo que estamos acostumbrados a ver en teatros, el motivo del drama íntimo que ahoga la felicidad del matrimonio montañés, eje de la obra.
Este hijo del amor adúltero, hijo del marido y de una moza del valle, es encontrado una noche de nieve y de frío junto a la puerta de la casa del padre.
La esposa, que sospecha la tragedia de aquel hombre, acoge con amor a la criatura y procura hermanarla con su hijo, el legítimo, recién nacido también. Pero un día descubre que éste es defectuoso, enfermizo, contrahecho, y en un arranque de orgullo, sintiéndose humillada, vencida, viendo al _jayón_ fuerte y sano, cambia a los niños de cuna para no avergonzarse ante la gente del fracaso de su amor.
Y como un castigo ultrahumano, fingiendo siempre, eternamente dolorida, ve sucumbir, poco a poco, a su hijo verdadero, hasta que una noche trágica, también de fríos y nieves, perdidos en la montaña, el padre de los dos niños abandona, muerto, helado, al enfermo, para salvar al otro sano...
Este es el drama fatal, sombrío, en el que interviene, como una sombra acusadora, la madre del _jayón_, errante y triste, para recobrarlo al final, en una escena de extremada intensidad, de un agobio profundo, dislacerante, amargo.
El drama.
Se desarrolla fácilmente, sin complicaciones, muy ponderado y muy interesante. Un momento, cuando acaba la obra, pesa algo, por la extensión del momento que, una vez expuesto, no debiera prolongarse con la desesperación y el dolor de la madre.
Literariamente merece algo más que el ligero comentario que podríamos hacerle. A nuestro juicio, modestísimo, hace tiempo que no se representaba una comedia tan fácilmente dialogada ni tan elegante de expresión.
Sin perder un momento el ambiente rústico, sin un alarde, se escucha con verdadera complacencia por el buen gusto de la escritora, que, a no ser mujer, seguramente hubiese alcanzado los honores de la Academia hace tiempo.
Presentación.
Así como los efectos escénicos del acto primero nos causaron una impresión de espanto, de desesperación, por los tonos chillones del decorado, por la falsedad absoluta del paisaje, por la colocación, en general, en cambio tenemos que confesar el acierto del escenógrafo Mignoni al presentar la misma, exacta decoración de paisaje en el segundo, con un efecto de nieve verdaderamente originalísimo. El decorado del tercer acto es de escasa, nula originalidad. Su indumentaria, aceptable nada más.
JOSÉ MAIRAL.
De "La Correspondencia de España":
«_El Jayón_, nos dice su autora, es un drama rústico, amargo, lo mismo que la vida, fatal como un _karma_ que se cumple.
Se desarrolla entre pasiones desnudas, entre criaturas buenas, en un medio primitivo, dentro del cual intervienen los elementos, con sus voces y su poder misterioso, como un personaje más. No está hecho a la medida de ningún actor», etc.
Esto nos dice la Sra. Espina, y aun algo más, y en verdad no nos defrauda.