El Jayón: Drama en tres actos

Part 3

Chapter 33,734 wordsPublic domain

¡Pero si ya está desnevando!

ELÍAS

¡Y que va por la posta!

MARCELA

(_Bajo su preocupación_.) ¿De modo que esta mañana hubo remolinos y ventisca?

MANUEL

¡Con fuerza!

MARCELA

¿A qué hora empezó?

ELÍAS

Sobre eso de las diez.

MARCELA

¿Y duró mucho?

ELÍAS

Hasta media tarde. Así que me amainó bajamos nosotros para acá. Ya rodaba la nube contra la llanura y en los pliegues del monte remanecía el ábrego.

MARCELA

En el valle escampó bien anochecido; ahora poco. (_Salen_ ANTONIO _y_ LUISA_. Él lleva en la mano, encendido, un farol pequeño, de cuatro vidrios, uno de los cuales gira para servir de puerta._ LUISA _lleva una jarra de loza con ramos de colores y un solo vaso_.)

LUISA

Aquí tenéis.

MARCELA

Sentaros. (_A_ LUISA.) Anda, sirve tú, ¿quieres? (_Se sienta_ ANTONIO.)

LUISA

Ahora mismo. (_Escancia y ofrece vino blanco a los pastores y luego a su marido. Beben mientras sigue la conversación; lían cigarrillos en hojas de maíz y los encienden en la mecha del farol, descolgándole del clavo donde_ ANTONIO _le habrá puesto en una viga próxima. Durante la escena, hasta el final del acto, se siguen sucediendo algunos truenos y relámpagos de la tormenta ya lejana_.)

MARCELA

Estarán cubiertos los caminos allá arriba, ¿eh?

MANUEL

¡Hazte cargo!

MARCELA

¿Y será fácil perderse?

MANUEL

A todo nevar, sí.

ANTONIO

Porque le envuelven a uno el viento y los copos, y se nubla el sentido.

ELÍAS

Hasta puede uno ahogarse, si se tercia.

LUISA

(_Con censura_.) ¡Tan grave lo ponéis!

MARCELA

(_A_ LUISA.) ¿Ves cómo yo tengo razón en afligirme?

ANTONIO

Dicen estos que no.

MANUEL

¡Quiá!

ELÍAS

Andrés no sale con los muchachos de la cabaña hoy.

MARCELA

Pero, ¿si salió antes que empezara a nevar?

ELÍAS

(_Muy complaciente_.) ¡Todo pudiera suceder!

MARCELA

(_Alarmadísima_.) ¿Cómo dices?

LUISA

¡Hombre, qué ocurrencia!

ANTONIO

¡Qué había de salir!

MANUEL

En lo tocante a eso...

MARCELA

¿Qué?

MANUEL

(_Con mucha parsimonia_.) ¡Sábelo Dios!

ANTONIO

¡Vaya una salida!

MARCELA

Sí; ¡Dios lo sabe! (_A los pastores_.) ¿Y no supisteis nada del nuestro invernal?

MANUEL

Nada, hija... Considera que el vuestro cae ponentino y el de nosotros cara al sur.

ELÍAS

¡Si hubiéramos barruntado que andaba por allí Andrés!

MARCELA

Pero la bajada al pueblo es la misma.

ANTONIO

Desde medio camino sí...

MARCELA

(_A los pastores_.) ¿Y no hallasteis huella ninguna?

LUISA

¡Marcela, no te mortifiques más!

MARCELA

¡No puedo remediarlo!

ELÍAS

Ni vimos alma viviente: ¡estaba el monte frío y solo como un muerto!

MANUEL

Y nos sucedió un caso.

ELÍAS

Es verdad.

MARCELA

¿Qué fué?

ANTONIO

No me lo habíais dicho.

ELÍAS

Vale poco la pena.

LUISA

A ver qué es ello.

MARCELA

¡Sí!

MANUEL

Pues, veníamos por el soto de la Cruz, cuando, en esto, va el serroján y echa un relincho que retumbó en la nieve por todas las camberas abajo. Y quien os dice que a tal tiempo, oímos unas voces como si fueran cosa del otro mundo.

MARCELA

¡Virgen de la Esperanza!

LUISA

¿Y qué hicisteis?

MANUEL

Pararnos a escuchar.

MARCELA

¿Entonces?

MANUEL

¡Todo estaba mudo, igual que antes!

MARCELA

¿Pero, aquel clamor?...

ANTONIO

La quejumbre del ábrego...

ELÍAS

O el eco del ijujú...

LUISA

¡Claro está!

MARCELA

¿No sería la voz de Andrés?

ELÍAS

¿Por aquellos rodales?

MARCELA

¿O el llanto de un niño?

LUISA

(_A_ MARCELA.) ¡Lo que tú amontonas, criatura!

MANUEL

¡Cosa muy amarga parecía!

MARCELA

(_Desolada_.) ¡Me consume el miedo!

ELÍAS

Para mi cuenta fueron los crujidos del invernal ruinoso.

ANTONIO

Justo: que se hundía al peso de la nieve.

MARCELA

¿Y no fuisteis allá?

ELÍAS

¿A qué habíamos de ir?

MARCELA

(_Dominada por su inquietud_.) Por si algún caminante se hubiera guarecido y demandara socorro.

ANTONIO

No, mujer; por el monte no transita ningún forastero.

ELÍAS

Y los del país no asubiamos en el soto de la Cruz.

MARCELA

(_A_ MANUEL_, que parece reservado_.) ¿Tú qué piensas, Manuel?

LUISA

(_A_ MANUEL _aparte_.) ¡No la atemorices!

MANUEL

(_Después de pensarlo_.) Pues... en finiquito: yo pienso... que todos tenéis razón.

ELÍAS

(_Riendo_.) Está bien.

ANTONIO

(A MARCELA.) Mira: el invernal ese que cruje y se está hundiendo, no es camino de Bustarredondo, ni semejante cosa.

MARCELA

(_Con recelo, a los pastores_.) ¿No?

ELÍAS

No; queda muy a trasmano.

MANUEL

¡Mucho!

LUISA

(_A_ MARCELA.) ¡Bien lo sabes tú!

MARCELA

(_Con desaliento_.) ¡No sé nada!

ELÍAS

(_Haciendo ademán de levantarse_.) Conque, Marcela, si no mandas más...

MANUEL

Sí; nos iremos.

ANTONIO

(_A su mujer_.) Y también nosotros.

LUISA

Sí. (_Todos se levantan_.)

MARCELA

(_Dominándose_.) ¿No queréis otro vaso de vino?

ELÍAS

Ya basta.

MANUEL

Se agradece.

ANTONIO

(_A_ MARCELA.) A la mañanuca temprano yo vendré por aquí a ver lo que se te ocurre.

LUISA

Y yo lo mismo. (_Vacilando_.) ¿Tendrás miedo esta noche?

MARCELA

Para la soledad no soy medrosa.

ANTONIO

(_A su mujer_.) Puedes quedarte con ella.

LUISA

Eso estaba cavilando.

MARCELA

No. (_Ante el ademán insistente de_ LUISA.) No he de ceder. Que mañana madrugues, eso sí. (_Los pastores han recogido sus cayados y aguardan en el corral.) (_LUISA _se pone el mantón_.)

MANUEL

(_Desde fuera_.) Si hacia el mediodía no ha bajado Andrés, iremos a buscarle.

ELÍAS

(_A_ MARCELA.) Tú dispones.

MARCELA

Gracias por todo... ¡Ah! llevaros el farol. (_Le descuelga y se le ofrece a la orilla del portal_.)

LUISA

¿Te íbamos a dejar a oscuras?

MARCELA

Encenderé el candil.

ELÍAS

No es menester luz, no.

ANTONIO

La nieve nos alumbra.

ELÍAS y MANUEL

Buenas noches.

MARCELA

Que descanseis.

LUISA

(_Volviendo unos pasos atrás._) A ver si te acuestas y duermes.

MARCELA

(_A media voz_.) ¡Ay, pídele a Dios por mí!

LUISA

(_En el mismo tono_.) Sosiégate, mujer, ten confianza...

ANTONIO

(_Ya en el camino esperando a_ LUISA.) ¿Vamos?

LUISA

(_A su marido_.) Allá voy. (_A_ MARCELA _abrazándola_.) Adiós...

MARCELA

Adiós... (_Desaparecen en el campo_.)

ESCENA VII

MARCELA, luego IRENE

MARCELA permanece al borde del portal con el farol en la mano, inmóvil, aterrados los ojos. No se sabe si escucha o aguarda. La noche se aclara con la nieve; brillan algunos relámpagos; suena el toque de las oraciones.

MARCELA

(_Sale de su quietud con un largo suspiro y se santigua_.) ¡Las oraciones! ¡Si yo pudiera rezar!... ¡Y un poco he desahogado el corazón que se me quería partir! (_Apaga el farol y le deja en el suelo_.) No me hace falta luz: ¿para qué? He de estarme en esta orilla de cara al cielo y a la nieve, esperando, esperando... ¿Qué espero?... Aquí se me figura que sufro, más cerca del inocente que sufre... más lejos del castigo... ¡Aquellas voces del soto de la Cruz! (_Levanta la cabeza, mira al campo y se estremece. Una sombra enlutada va acercándose con sigilo._ MARCELA _se recoge al fondo del portal_.) ¡Ah...! ¡Una sombra, Dios mío!... La sombra de una mujer... No es un fantasma, no: bien cierta la descubro... Es «ella»... siempre «ella»... Padece por la misma criatura que yo; la empuja hacia mí esta misma inquietud que me consume... ¡Nos come un solo penar! (_Con vehemente impulso de compasión, llamando, ensordecida la voz_.) ¡Irene... Irene!

IRENE

(_Estremecida, adelantándose_.) ¡Marcela! ¿Eres tú?

MARCELA

Ven.

IRENE

(_Acercándose dudosa_.) ¿Es verdad que me llamas?... ¿Estás ahí?

MARCELA

Te llamo: aquí estoy.

IRENE

¡No te veo!

MARCELA

Porque llegas de la claridad... En cambio a mi se me hace que vienes toda llena de luz. (_Sale a recibirla_.)

IRENE

(_Pasándose las manos por los ojos_.) Me ciega la blancura de la nieve... ¿Estás sola?

MARCELA

Sí.

IRENE

(_Trémula, con la voz tapada_.) ¿Han vuelto?

MARCELA

(_Con tono igual_.) ¡No!

IRENE

¿Y qué hacías?

MARCELA

Esperar... ¿y tú?

IRENE

Yo también.

MARCELA

Esperaremos juntas.

IRENE

¡Si me dejas!

MARCELA

Ven. (_Al salir a buscarla atisba otra vez el celaje_.) Has traído la bonanza. Ya se afinan las nubes... Repara cómo se hiende el cielo y las estrellas se asoman a ese retal azul...

IRENE

(_Fijándose donde_ MARCELA _dice_.) Parece que se miran y que tiemblan...

MARCELA

(_Muy conmovida_.) ¡Lo mismo que nosotras! (_Luce un relámpago; a su resplandor las dos mujeres se miran temblorosas con suprema ansiedad_.)

IRENE

¡Marcela!

MARCELA

(_Tendiéndole la mano_.) ¡Ven!

TELÓN

ACTO TERCERO

Una cocina montañesa con el llar en el suelo, gran campana, espetera brillante, de cobre, colmada botijera y bancos rústicos de nogal. Hay varios taburetes de la misma madera, una puerta lateral que comunica con el interior, y otra grande, abierta sobre el portal con una ventana pequeña en la misma dirección. Ha pasado la noche y ha salido el sol encima de la nieve: su luz debe asomarse a la escena.

ESCENA PRIMERA

LUISA y ANTONIO

LUISA

(_Trajinando_.) ¡Qué cosas se ven en este mundo!... ¡Mira que llegar yo aquí al amanecer y encontrarme a Irene y a Marcela juntas en un mismo banco!

ANTONIO

(_Con alguna suficiencia, mientras pasea y fuma_.) Las mujeres sois así: tan repentinas para aborrecer como para perdonar.

LUISA

Ellas no se aborrecen...

ANTONIO

Pues esa es la cuestión; que en los quebraderos de esta casa todo el personal es de valía... Marcela una venturada que no hay más que pedirle; ya lo estamos viendo; mejor criatura no cabe. Andrés, bueno a carta cabal, amigo de los pobres y pronto a sacarnos de un apuro al que más y al que menos... ¡Da en cara verle padecer el humor de la melancolía!

LUISA

(_Cavilosa_.) ¡Sí; llevas razón!

ANTONIO

Y si vamos a Irene, otra infeliz. Desde el percance aquel no ha vuelto a dar qué hablar ni ese es el camino... Ella trabaja, sola y enferma, dale que dale, y puja con la vida siempre clavando los ojos en este llar, donde le recogieron al hijo.

LUISA

¡Por ahí duele! (_Acabó de ordenar la cocina y atiende con mucho interés a la conversación: hablan en voz discreta_.)

ANTONIO

¿Y van a estar los tres como en el Purgatorio, talmente, hasta el sin fin de los años?

LUISA

(_Desanimada_.) ¡Qué sé yo!

ANTONIO

¡Es el sino de las personas, no digas!... Nacen con la negrura de un desvelo, como quien saca una pinta en la piel, y arrastran aquella nube hasta que vuelven a la tierra.

LUISA

¡Será... será! (_Pausa_.)

ESCENA II

Dichos y MARCELA

MARCELA

(_Saliendo del interior, siempre con aire inquieto_.) ¡Qué largas se me van a hacer las horas de aquí al mediodía!

ANTONIO

Paréceme que antes no pueden venir. Porque Andrés aguardará a que el sol caliente para traer a los muchachos poco a poco.

LUISA

Y si no llegan a eso de las doce, suben a buscarlos.

ANTONIO

(_A_ MARCELA.) No sé si habrán subido ya; porque todo el pueblo está pendiente de tus cavilaciones.

MARCELA

Nos queréis bien.

ANTONIO

Merecido estará.

LUISA

(_A_ MARCELA.) ¿Por qué no te acuestas un rato y yo me quedo aquí a la mira?

MARCELA

No estoy cansada... Después de calentarme a la lumbre maté el frío y el sueño y no me importaría quedarme en vela otra noche.

LUISA

¡Gastas recia salud!

MARCELA

¡Si la pudiera repartir!...

ANTONIO

(_A_ MARCELA.) Ya que no mandas ninguna cosa voy a soltar el ganado y volveré más tarde.

LUISA

Es lo mejor.

MARCELA

Sí; comeréis con nosotros.

ANTONIO

Hasta luego. (_Sale despacio_.)

LUISA

(_A_ ANTONIO.) ¿Sabes qué hora es?

ANTONIO

(_Deteniéndose en la puerta a mirar hacia delante quitándose el sol con la mano_.) Las ocho dadas, que ya cayó la sombra en la cerca del maestro.

ESCENA III

MARCELA y LUISA

MARCELA

Entonces, si te puedes quedar aquí voy un rato a la iglesia. Se me hará el tiempo más corto y aprovecharé la blandura que siento en el corazón.

LUISA

Yo te aguardo lo que necesites, y contenta, porque te veo más animosa.

MARCELA

¡Qué buena eres conmigo!

LUISA

Si te sirvo de algo no haré más que corresponderte.

MARCELA

Me sirves de mucho. Desde ayer puedo rezar y no se me endurecen los pensamientos, cerrados en la esclavitud... Es como si te diese un poco de este peso que me agobia.

LUISA

Me lo diste y se me aposentó aquí. (_Señalándose el pecho_.)

MARCELA

Pues con llevarlo tú me alivias. Me consuela saber que tengo a quién decirle hasta dónde se me hunde la compasión y la ternura por Jesús; como le quiero de un modo diferente a las otras madres que en el hijo disfrutan bienandanzas y goces... En mí todo el amor es una cuita que me consume... un dolor que me parte las entrañas...

LUISA

¡Así será para Irene!

MARCELA

¡Te acordaste de ella!, ¿verdad? ¿Qué haré yo, Luisa?

LUISA

¡Bien lo considero!...

MARCELA

Muchas veces en tantos años de padecer, tuve tentaciones de confesar a gritos mi culpa, que a todos nos aflige.

LUISA

¡Es un caso muy fuerte!

MARCELA

(_Con pasión_.) ¡Y está Andrés por el medio!

LUISA

Pero él es tu marido.

MARCELA

(_Sordamente_.) ¡Por gratitud!

LUISA

¡No, mujer!

MARCELA

¡Por Serafín!

LUISA

¿No dices que quiere más al otro?

MARCELA

En el hijo dañado le tira la pasión; en el saludable el orgullo...

LUISA

Andrés es bueno...

MARCELA

Sí, pero no la olvida; no la puede olvidar, ¡y si supiera!...

LUISA

¿Y cómo anoche la diste arrimo?

MARCELA

No te lo sé decir... Toda la lástima y el sentimiento subiéronse a mi boca de un pronto. «Estaba» ahí esperando como yo: la llamé y vino. Juntas lloramos y yo sentí consuelo al cobijarla. Pero si nos hallaste juntas... ¡nos apartaban muchas cosas!...

LUISA

¡Se te haría la noche un siglo!

MARCELA

Al revés... se me pasó como un vuelo. Las penas se me pasmaron aturdidas y ya no supe si yo era yo.

LUISA

Estarías trasoñada.

MARCELA

Estuve con los ojos abiertos como ahora.

LUISA

(_Con mucho interés_.) ¿Y ella?

MARCELA

Ella, igual.

LUISA

¿Hablasteis?

MARCELA

(_Con voz sorda_.) No: lloramos.

LUISA

¿Y no te dió recelo su mirada como otras veces?

MARCELA

Ninguno: con el llanto se le apagó la lumbre de los ojos...

LUISA

Parece mentira... Ahí en la soledad oscura, yo lo que tú me traspaso de miedo.

MARCELA

Había mucha luz. Como está creciendo la luna, quebró las nubes y se puso cada vez más blanca la noche... Según el ábrego iba deshaciendo la nieve, llenóse el valle con el vocerío de la riada...

LUISA

(_Interrumpiéndola_.) ¡Ya lo creo! Estaban rotos los azutes del ansar y los saetines del molino.

MARCELA

Y bajaban despeñados los chortales del monte. ¿Los oíste?

LUISA

¡Qué había de hacer!

MARCELA

(_Con honda evocación_.) Pues yo no sabía si aquel llorar tan grande era de Irene o mío, o de todas las tristezas de la vida juntas.

LUISA

Es que soñabas sin dormir.

MARCELA

Con todo y eso, no se me despertaron las agonías tan duras como ayer y ahora parece que se me derrite un poco la pesadumbre con el sol.

LUISA

(_Alentándola_.) Sí, Marcela, a ver si te recobras: Dios te ayudará.

MARCELA

(_Con alguna esperanza_.) ¡Ay!, mucho se lo tengo que pedir... Voy a buscar la mantilla. (_Entra en la casa_.)

LUISA

(_Sola_.) Y yo a sacar unos cántaros de agua y a gobernar allá dentro. (_Hay un silencio, mientras el cual_ LUISA _dispone los cántaros_.)

MARCELA

(_Sale con la mantilla en la mano y se la va poniendo_.) Si algo ocurre te acercas a llamarme, ¿eh?

LUISA

Vete sin cuidado. (_Se va_ MARCELA.) ¡Pobre criatura! ¡Lo que ella pena y se martiriza por el amor del su hombre!... Y él, tan amargo y sobrecogido como si la ventura le supiera a hieles. ¡Qué vida, Señor!

ESCENA IV

CARMEN y LUISA

CARMEN

(_Llega con un cántaro y un botijo a sacar agua también. Habla con tono de misterio y emoción_.) Una que va por ahí delante, ¿es Marcela?

LUISA

Lo será, porque acaba de salir.

CARMEN

Víla al doblar la cerca del maestro y no pude fijarme bien. ¿Iba a la parroquia?

LUISA

Eso mismo.

CARMEN

Entonces, ¿no sabéis lo que pasa?

LUISA

(_Con inquietud_.) No..., ¿qué?

CARMEN

Pues dicen que bajó Andrés con un muchacho sólo entre los brazos y que al otro le dejó muerto encima de la nieve.

LUISA

(_Muy apurada_.) ¿Cuándo? ¿Quién lo dice?

CARMEN

El serroján lo habló en la mi cambera.

LUISA

Pero, ¿dónde están?

CARMEN

Venía Cándido de casa de Flora y decía que estaban allí; que llegaban aterecidos y los querían fortalecer un poco, antes que los viese Marcela.

LUISA

¿Será verdad?... ¡Era lo que faltaba!... ¿Y cuál niño dicen que pereció?

CARMEN

Eso no lo sé.

LUISA

¡Ay, no quisiera encontrarme aquí!

CARMEN

Yo me vine a buscar agua para enterarme de si era cierto.

LUISA

(_Perpleja_.) ¿Y qué hago yo ahora?... No; a Marcela no la llamo hasta saber...

CARMEN

(_Mirando hacia el camino_.) ¡Ahí vienen!

LUISA

(_En la misma actitud_.) ¡Andrés!... ¡Si parece más viejo!... ¿Qué habrá sucedido?

ESCENA V

Dichas, ANDRÉS, MANUEL, ELÍAS; después ANTONIO.

ANDRÉS

(_Con la cabeza descubierta. En zapatos; traje de pana con remonta. Aspecto de fatiga y desesperación. A_ LUISA.) ¿Marcela?

LUISA

(_Temblando_.) No está.

ANDRÉS

¿Cómo?...

LUISA

Fué a la iglesia y vendrá en seguida... Pero, ¿qué te pasa?

ANDRÉS

(_Se deja caer en una silla, con la frente entre las manos. Todos le rodean en actitud solícita y penosa_.) ¡El jayón!... (_Con amarguísimos acentos_.) No era más que eso..., ¡un pobre jayón!...

LUISA

(_A los pastores_.) ¿Qué dice?

CARMEN

(_Comprendiéndolo_.) ¡Es Jesús el que ha perecido!

ELÍAS

Sí.

LUISA

¡Virgen de los Dolores!

MANUEL

¡Y del mal, el menos!

ANDRÉS

(_Levantando la cabeza; saturada la voz de amargura_.) ¡Eso es!... Un niño sin padres, raquítico, inútil, para nada sirve en el mundo.

MANUEL

Hombre, eso no... (_Alusivo_.) Bien consideramos la pena tuya.

ELÍAS

(_En el mismo tono_.) Y conocemos que él y tú... ¡Claro está!

CARMEN

(_Corroborando_.) ¡Las cosas de la vida!...

LUISA

(_Aparte_.) ¡El hijo de las dos madres!...

ANTONIO

(_Llega buscando a_ ANDRÉS _y le abraza contristado_.) Andrés: supe ahora mismo la desgracia...

ANDRÉS

(_Con honda intención_.) Una desgracia, sí... aunque no lo parezca.

ANTONIO

¿Quién lo había de pensar? Ibamos a subir a buscarte sólo por tu mujer. (_Mirando alrededor_.) ¿Dónde está ella?

CARMEN

Yo iré a llamarla.

LUISA

(_Deteniéndola con viva ansiedad_.) No vayas, no... Ahora viene...

ANDRÉS

¡A tiempo llegará!

ANTONIO

(_A los pastores_.) ¿Dónde le encontrasteis vosotros?

ELÍAS

Vímosle bajar por la calzada y fuimos a ayudarle.

MANUEL

Venía con cara de difunto, cargado con el hijo.

ANTONIO

¿Y Serafín?

ELÍAS

La tía Remedios le está aliñando para traérsele a su madre.

LUISA

(_Aparte_.) ¡Pobre Marcela!

ANTONIO

(_A_ ANDRÉS, _que permanece absorto en un dolor sombrío_.) Pero ¿cómo fué eso?

ANDRÉS

¡Por mi culpa!

ANTONIO

A ver: dilo.

MANUEL

Sí, hombre, cuenta. (_Todos se preparan a escuchar con mucho interés_.)

ANDRÉS

¿Qué voy a deciros? No vale para contado. (_Pausa_.) Cuando ayer barrunté la nieve en los cielos y en el aire, quise venir antes que reventara la nube, creyendo que había lugar...

ELÍAS

¿Y salisteis?

ANDRÉS

Esa fué mi torpeza. Jesús no había querido almorzar. Ardía y temblaba, y me entró la prisa de traerle. Como a la hora de camino, en la mitad del monte, nos alcanzó la lluvia de través, un cierzo helado que se volvía nevasca, todo envuelto en huracanes. Entonces quise volverme al invernal... Pero ya estaban rasas las veredas: nos cegaba la nieve; perdí el tino y erré el sendero.

MANUEL

¡No hay mucho que asombrarse!

ELÍAS

¡El temporal aturde al más valiente!

ANTONIO

¡El monte es cosa muy seria!

ANDRÉS

(_Con la voz traspasada por el desaliento_.) ¡Para qué voy a contaros más!

ANTONIO

Sí: acaba.

CARMEN

¿Cómo fué lo del niño?

LUISA

¡Dilo pronto, Andrés!

ANDRÉS

¡Que le roían la tristeza y la enfermedad y no pudo resistir como el otro!... Fuí tirando por ellos monte arriba igual que un orate, pensando acertar con la cabaña. Puse en los hombros a Jesús y llevé de la mano a Serafín no sé qué tiempo... Era todo el aire una pura cellisca y la tormenta rodaba con tronidos y relámpagos.

MANUEL

¡Pues no bregaste tú poco!

ELÍAS

Sí; que empezó a tronar a media tarde.

ANDRÉS

¡Y a escampar también!

ELÍAS

Eso.

ANDRÉS

Pero ¿sabéis dónde estábamos a aquella hora?

MANUEL

¿Dónde?

ANDRÉS

En el soto de la Cruz.

MANUEL

(_Alteradísimo_.) ¿En el invernal?

ANDRÉS

Sí.

ELÍAS

¿Y diste unas voces?

ANTONIO

¡Marcela acertó!

LUISA

¡Fué una corazonada!

ANDRÉS

(_A los pastores, muy asombrado_.) ¿De qué sabéis?...

MANUEL

¿Oíste el ijujú?

ANDRÉS

(_Levantándose, con tremenda ansiedad_.) Me lo pareció: ¿erais vosotros?

ELÍAS

(_Desolado_.) Sí; ¿cómo íbamos a pensar que eras tú?

ANDRÉS

Pero ¿escuchasteis mi grito?

MANUEL

¡El tuyo fué; no le tuvimos por cosa humana!

ELÍAS

Contamos que al hundirse gemía el invernal...

MANUEL

¡Que aullaba el viento!...

ANDRÉS

(_Entre dolido y desesperado_.) ¡No me disteis socorro!

MANUEL Y ELÍAS

(_Muy afligidos, abrazándole_.) ¡Andrés!

ANTONIO

(_Con cierta pavura_.) El monte es así, como una madriguera...

MANUEL

(_En el mismo tono_.) ¡Igual que una sima!...

ELÍAS

(_A_ ANDRÉS.) Repara que tampoco tú fiaste en nuestra voz.

ANDRÉS

(_Muy abatido_.) Tampoco; asubié en la cabaña porque ya no podía Serafín andar ni yo mismo debatirme contra la fatiga y la inquietud. Esperaba allí una ayuda de Dios: ¡llegó el milagro y no tuve fe!... Respondí con un grito a otro apagado entre la nieve y el vendaval; pero respondí sin confianza, como quien sueña o tiene calentura, y no hallé amparo...

ANTONIO

(_Profético_.) ¡Es el destino de cada cual!

LUISA

(_Llorosa_.) ¡Qué lástima!

CARMEN

(_Lo mismo_.) Da mucha compasión.

ANDRÉS

(_Vuelve a sentarse, caído en su quebranto_.) ¡Sí; la suerte suya!... ¡Tenía que morirse a las inclemencias del cielo, según había nacido!

LUISA

¿Fué allí en el invernal?

ANDRÉS

Ni eso siquiera. Toda la noche padeció sin lamentarse, con los ojos más despiertos que nunca, mientras Serafín, deshambrido y cansado, acabó por dormirse. Bajo las hendeduras abiertas a los temporales no les hallé apenas el abrigo de un rincón y ni un puñado de rozo o de escamonda para mullirles una cama. Quise darles calor con mi cuerpo y no logré que Jesús dejara de temblar...

MANUEL

A lo menos tuviste luna.

ANDRÉS

Sí; muy grande y muy amarilla; ¡más triste que las mismas tinieblas!...

LUISA

¿Y después?

ANDRÉS

De amanecida empezó a crujir la techumbre con señales de hundirse. Saqué a los niños fuera, de un brazado, y se vino abajo lo que quedaba del invernal.

ANTONIO

¡Miray que es mala suerte!

MANUEL

¡Apañado estuvo!

LUISA

(_A_ ANDRÉS, _apremiante_.) ¿Y qué?

ANDRÉS

Era en el valle de noche, pero hacía bonanza y ya en las cumbres quería salir el sol. Cobré ánimo, tomé rumbo de cara a la llanura y volví a cargar con Jesús; ya no le ardían más que los ojos y parecíame que estaba mejor. Pero Serafín, al despertar, sintió hambre y empezó a dolerse, muy cansado y lloroso. Y va y me dice:--Me quieres menos que a Jesús; por eso le llevas siempre a él... (_Con la voz muy ensordecida_.) ¡Tenía razón!... Yo entonces preguntéle al dañado. ¿Puedes andar? Y fué y contestó:--Sí. Le posé y cargué al otro... Al poco tiempo rodaba en la nieve Jesús detrás de mí. Conté que se había resbalado y quise levantarle, pero no se movía; estaba yerto. Me hinqué al lado suyo; le llamé:--¡Jesús... Jesusín!... y comenzó a reirse... ¡ja ja ja!... (_Ríe de un modo siniestro_.)

LUISA

(_Con asombro mientras todos se alarman_.) ¿A reirse?

ANDRÉS

(_Poseído por la profunda emoción de su relato, se obsesiona con el recuerdo de la risa fatal, y la repite aunque con la mano sobre la boca la quiere contener_.) ¡Ja ja ja!... Así ríen los que se hielan. (_Sigue riendo_.)

CARMEN

¡Se trascorda!

ANTONIO

(_Asustado_.) Pero, hombre; ¿estás en ti?

ANDRÉS