El Jayón: Drama en tres actos

Part 2

Chapter 23,813 wordsPublic domain

¿Pues qué, sigue el tu hombre con la melancolía?

MARCELA

Y otra cosa además.

LUISA

Chismes y cuentos, de seguro. Desde que Irene volvió al pueblo te están mortificando entre unos y otros.

MARCELA

Si es ella misma que...

LUISA

¿Ella?

MARCELA

Sí; me ronda la casa, me persigue...

LUISA

(_Incrédula_.) Tú ves visiones.

MARCELA

No; que la tía Remedios la sorprendió ahora poco, ahí cerca...

LUISA

Pero el camino es de todo el mundo. Irene es vecina tuya.

MARCELA

Ya te dije que la encontré la otra tarde entre las escanillas.

LUISA

No importa... Sentiría un poco de curiosidad... Debes ponerte en su caso...

MARCELA

(_Muy alterada_.) Le tengo miedo.

LUISA

¿Miedo?

MARCELA

Sí.

LUISA

¿Piensas que va robarte el hijo?

MARCELA

¡Qué sé yo!

LUISA

¡Vamos, no estás en tus cabales!... Ya ves tú, a mí esa moza me da mucha lástima: tiene cara de hambre; está muy pobre, sola en el mundo, sin un consuelo, sin un arrimo... ¡y tan cerca de la dicha tuya!... ¡Su madre dicen que se murió de pena al ver a la hija deshonrada!

MARCELA

(_Muy conmovida_.) ¡No me lo mientes, no!

LUISA

A ti ya, ¿qué daño te puede hacer?

MARCELA

¡Bastante me hizo!... Estoy segura de que Andrés no la olvida, de que la quiere más que a mí; de que está prendado de ella como nunca; ¡para siempre!: ¡los primeros amores suelen retoñar!

LUISA

(_Maliciosa_.) ¡Juraría que eso te lo acaban de decir!

MARCELA

¡Puede ser!... Pero el amor que a mí me tuvo fué un capricho y ya se le pasó.

LUISA

¿Y en qué lo conoces?

MARCELA

(_Obstinada_.) En todo: debiendo ser feliz, está siempre sombrío, amargurado; si la nombran se altera, si la ve se aturde... ¡Esas son malas señales!

LUISA

¡No seas aprensiva! Si es verdad que Andrés volvió a buscarla fué sólo por compasión, sin dejar de quererte... ¡Así acabó de perderla!

MARCELA

¡Por eso la compadece más!

LUISA

Ahora, considerando lo que estás haciendo por esa criatura (_Indicando al niño_.) te venera lo mismo que a una imagen.

MARCELA

(_Muy huraña_.) No basta que me venere... si se acuerda de la otra... Además... yo no merezco esa veneración.

LUISA

(_Con asombro_.) ¿Qué dices?

MARCELA

(_Evadiéndose_.) Nada, nada... Te estoy entreteniendo... Iré a buscarte el delantal. (_Entra en la casa_.)

LUISA

(_Suspirante_.) Pues, señor, esta moza se consume: ¡tan guapa, tan buena!... Y la otra lo mismo... Todo por un hombre; ¡no tenemos remedio las mujeres!... Voy a ver a este crío infeliz. (_Se acerca a la cuna de Jesús_.) ¡Ay, qué ojos luce más implorantes!

MARCELA

(_Saliendo con el delantal en la mano_.) Estará despierto ¿verdad? Se pasa horas enteras con los ojos abiertos, sin moverse, sin quejarse: parece que escucha, que discurre y cavila... (_Entrega la prenda a_ LUISA.) Toma.

LUISA

Tú sí que cavilas, mujer.

MARCELA

(_Bajo su preocupación_.) El otro se despierta y se vuelve a dormir...

LUISA

Me voy. Ya es tarde y Antonio me estará esperando para cenar. (_Va anocheciendo_.)

MARCELA

Yo voy a recoger las cunas y a cerrar las puertas: hace frío.

LUISA

(_Asombrada_.) ¿Frío?

MARCELA

(_Estremecida_.) Sí; en cuanto se va el sol, siento un aire helado que no sé si baja del monte o sube del valle...

LUISA

Nada, hija, que estás perdiendo la salud.

MARCELA

(_Sombría_.) ¡Puede ser!

LUISA

Vaya, que no te mortifiques; que mires algo por ti, y hasta mañana. (_Sale_ LUISA.)

MARCELA

Vete con Dios...

ESCENA V

Se acentúa en el campo la sombra del crepúsculo. MARCELA; luego IRENE y ANDRÉS.

MARCELA

(_En actitud de profunda desolación_.) Sí; tengo frío, tengo miedo; ¡tengo una pesadumbre y unas ansias!...

IRENE

(_Llega despacio, con mucha timidez, vestida pobremente de negro y habla con la voz contenida y cobarde_.) ¡Marcela!

MARCELA

(_Con un grito de espanto_.) ¡Ah!... ¿Qué?

IRENE

¿Te causo miedo?

MARCELA

¡Venías tan callando!... (_Dominándose entre brusca y medrosa_.) ¿Qué quieres?

IRENE

No tengo trabajo ni qué comer... Sé que mañana segáis el alto de la Coteruca, y venía a pedirte un jornal.

MARCELA

(_Sin mirarla_.) Se lo diré... a mi marido, y ya te avisaré...

IRENE

(_Que no ha entrado en el portal_.) Dios te lo pague... con razón dicen que eres tan generosa... (_Vacilando_.) ¿Me dejas... dar un beso a los niños?

MARCELA

(_Se yergue muy altiva, con un ímpetu bárbaro de crueldad, y apunta hacia la cuna de Jesús, quedándose de pie junto a la de Serafín, con orgulloso gesto_.) Sí; entra, entra; mira; acércate más: ese desgraciado que no duerme ni llora... ¡ese es el jayón!... (IRENE _se acerca a la cuna señalada, y arrodillándose reverente, se inclina con suprema ternura a besar al niño. En la puerta del huerto aparece_ ANDRÉS _que observa a las dos madres_.)

TELÓN.

ACTO SEGUNDO

La misma decoración. Han pasado nueve años, nieva y es media tarde en el mes de febrero.

ESCENA PRIMERA

MARCELA, después LUISA

MARCELA

(_Con un chal obscuro atado a la cintura, se asoma al borde del portal en atisbo impaciente de la borrasca, muy afligida_.) ¡Virgen Santa!... Arrecia el temporal y Andrés no vuelve con los niños... ¡Buena locura haberlos dejado ir!... ¿Qué será de ellos, Señor?

LUISA

(_Envuelta en un mantón, con abarcas, llega muy arrebujada, llamando desde el camino_.) ¡Marcela!... ¿Dónde estás?

MARCELA

Aquí, ¿dónde quieres que esté? Clavada en esta linde, esperando que pase la cellisca, pidiéndole a Dios que «aquellos» vuelvan sin mal ninguno.

LUISA

(_Desembarazándose un poco del chal_.) Ya sabía yo que estarías así, con el alma en un hilo, hecha una calamidad... Por eso vine.

MARCELA

(_Agradecida_.) Hiciste bien.

LUISA

(_Mirándola con aire de reproche_.) No; si tú no vas a llegar a vieja: ¡lo digo yo!

MARCELA

(_Pesimista_.) ¡Poco me falta!

LUISA

(_Con indignación_.) Pues, hija, ¡te luciste! Vieja tú, a los treinta años, con una salud como un roble; con esa cara; con ese pelo... ¿qué diremos, entonces, las demás?

MARCELA

¡Ay Luisa, he sufrido tanto!...

LUISA

(_Animosa_.) Para todo da el tiempo.

MARCELA

¡Y lo que me espera!

LUISA

Mira, si te pones de pésame me vuelvo a mi casa.

MARCELA

(_Sentándose y poniéndole otra silla_.) ¡Si supieras lo que estoy padeciendo!

LUISA

(_Sentándose_.) Pero criatura, atiéndete a razones: Andrés salió con los muchachos ayer a media tarde.

MARCELA

Sí; estaba el día nublado y sereno.

LUISA

¡Ya lo sé!... Pensaban dar la vuelta hoy, tal como a estas horas.

MARCELA

Eso mismo.

LUISA

Y como nieva, y como en el invernal están asubio, con torta caliente y leche abundante... ¡pues no vuelven hasta que mejore el tiempo!

MARCELA

(_Sin persuadirse_.) Es que Jesús está cada día peor... Yo creo que tiene calentura: no come, no duerme... y tiemblo por él.

LUISA

¿No decís que el monte le prueba, y que el médico le manda subir?

MARCELA

Por eso subió; porque arriba duerme y come algo más, y Andrés le lleva a menudo.

LUISA

(_Convencida_.) Pues habrá dormido y habrá cenado anoche.

MARCELA

¡Pero el frío le hace mucho daño!

LUISA

Tendrán buena lumbre. Además ha calentado un poco la tarde. Mira: ya me sobra el mantón. (_Echándole para atrás sobre la silla_.) Todo eso que ves (_Señalando hacia fuera)_ no va a durar ni veinticuatro horas. Va a saltar el ábrego y a barrer la nevada en un periquete.

MARCELA

(_Que permanece ensimismada_.) ¡Ay, tú me animas!

LUISA

A eso he venido.

MARCELA

Pero no sabes...

LUISA

¿Qué es ello, di?: vamos a ver.

MARCELA

(_Con voz sorda_.) No... no.

LUISA

Bueno: pues no lo dices y en paz.

MARCELA

(_Pasándose las manos por la frente_.) ¡Dios mío! (_Para esconder su pensamiento se levanta y vuelve a escrudiñar los horizontes_.) Cunde la nieve; se rasan las veredas... todas las lejuras parecen una sola mortaja... (LUISA _se asoma también a mirar_.) Oye, oye los frémitos del aire, los clamores del agua en el fondo de la hoz...

LUISA

(_Le interrumpe_.) Sí, Marcela, sí; ya veo, ya oigo... Cuando hay un temporal aquí, en el mes de febrero, suele suceder que cae la nieve; que la tierra parece mismamente una difunta; que el viento muge igual que un toro; que el río se pone ronco de dar voces...

MARCELA

Tú lo dices así porque no tienes un hijo en medio de la borrasca.

LUISA

¡Mujer, ni tú tampoco! El tu muchacho, valiente y robusto, que salta y brinca lo mismo que un rebeco, está con su padre en la cabaña; no en medio de la sierra...

MARCELA

(_Confusa_.) Pero Andrés se verá muy mal con el otro, enfermo...

LUISA

El otro... el otro...

ESCENA II

Dichas y REMEDIOS

REMEDIOS aparece en el camino con la falda por la cabeza, descubriendo un refajo rojo. Lleva abarcas y una toquilla cruzada a la cintura.

REMEDIOS

¡Eh, Marcela, aquí estoy yo!

MARCELA

(_Asomándose a encontrarla_.) Pase, pase, tía Remedios.

LUISA

Venga con Dios.

REMEDIOS

(_Dejando caer el vestido_.) ¡Ah, tienes buena compaña! Pues, hijuca, lleguéme acá pensando que estarías sola.

MARCELA

Se lo agradezco. (_Acerca otra silla para_ REMEDIOS _y las tres se sientan_.)

REMEDIOS

Y a saber si habían venido los del invernal. (_Saca de una gran faltriquera una media empezada y unos espejuelos que se pone y comienza a tejer_.)

MARCELA

¡No fuera malo!

LUISA

Ya le digo yo, que vendrán así que escampe.

REMEDIOS

¡Eso es!... Y en el ínterin, no te apures, que buena cabaña tienen.

MARCELA

(_Sin tranquilizarse_.) ¿Y si les ha cogido fuera la nevisca, ya en el retorno, es un suponer?

LUISA

(_Impaciente_.) ¿Y si llega el día del juicio final?

MARCELA

¡Ay, Dios mío!

REMEDIOS

(_Sacando de la faltriquera un mazo de algodón_.) Miray, y si no hacéis nada, devanarme esta madeja.

LUISA

(_Cogiendo el mazo y desdoblándole_.) Venga; no nos ha de sobrar mucha luz, por eso no traje labor.

MARCELA

Yo no puedo hacer nada: me sería imposible.

LUISA

(_Alargándole la madeja para que le ayude_.) ¿Ni tener aquí?

MARCELA

¡Ni eso!

LUISA

¡Válgame el Señor! (_Se levanta, cuelga la madeja en el respaldo de la silla y se pone a devanar_.)

REMEDIOS

(_A_ LUISA.) Bien considero lo que padece esta infeliz, que el que tiene un hijo solo, está siempre si le ve o no le ve.

LUISA

Yo, ¡como no tengo ninguno!

REMEDIOS

¡Y no estarás conforme!

LUISA

¡Qué remedio me queda!

MARCELA

¡Dichosa de ti!

REMEDIOS

(_Suspirando_.) ¡Ay, una sola he criado yo, de seis que tuve, y quisiera meterla en un fanal!

LUISA

Tú, Marcela, no has pensado siempre como ahora.

MARCELA

Tienes razón.

LUISA

Esperaste a Serafín como si fuera el premio gordo.

MARCELA

Mucho más: hubiese dado media vida por él.

LUISA

Como tardaba en venir, toda te volvías ofertas y peregrinaciones...

REMEDIOS

¡No sabe una lo que pide!

MARCELA

(_Evocadora_.) Sí; me puse muchas veces en cruz a los pies de la Virgen de la Esperanza, y fuí sola, cuando llenó la luna, a beber agua en la fuente del argomal...

REMEDIOS

Dicen que tiene mucha virtud.

LUISA

(_Incrédula_.) Puede ser.

REMEDIOS

(_A_ LUISA.) ¿Tú no has hecho la prueba?

LUISA

No, señora; yo no.

MARCELA

(_Embargada en sus recuerdos_.) Una noche, la última que fuí, campaba la luna, para mi cuenta, más grande y más luciente... Era por el mes de mayo; estaban las árgomas en flor, olía todo el valle a madurez y un malvís cantaba como un loco en el ansar... (_Ni_ LUISA _devana ni_ REMEDIOS _teje_.) Llegué a la fuente, me hinqué a beber en la misma boca del manantío, y al levantarme vi una mujer a mi lado.

REMEDIOS

¡Te quedarías como lela!

LUISA

¿No sería tu sombra?

MARCELA

Una sombra muerta me pareció... pero estaba viva... Tenía los ojos del color del bosque; los pasos, chitos; el habla, muda...

REMEDIOS

No digas más: ya sabemos quién era.

LUISA

¿Y qué hiciste?

MARCELA

Eché a correr sin buscar el sendero. El vestido se me enganchaba en las púas de la ramazón, y pensaba yo que «la otra» corría detrás de mí; que me quería detener, que me iba a matar... rodé por la tierra, volví a levantarme...

REMEDIOS

Sólo de oirlo se me acorta el resuello, muchachas.

LUISA

Y se pone un ñudo en el corazón.

MARCELA

Pasaron nueve años, y tengo patente en el alma, como si fuera hoy, aquella noche blanca de luna y de miedo, llena de flores amarillas, que me tiraban de la ropa... (_Va anocheciendo. Se oyen pasos en el corral._ LUISA, _que sigue de pie, se asoma a ver quién llega, sin soltar el ovillo que devana_.)

LUISA

Aquí viene Antonio.

REMEDIOS

(_A_ MARCELA, _volviendo a su labor_.) ¡No sé cómo lograste el hijo, con el susto y la caída!

MARCELA

(_Aparte_.) ¡Lograrse! ¡Más se logró el de «ella»!

ESCENA III

Dichas y ANTONIO

ANTONIO con abarcas y tapabocas y un paraguas grande, de color, abierto.

LUISA

(_Esperando a su marido al borde del portal_.) ¿Venías a buscarme?

ANTONIO

No; vengo a preguntar por Andrés.

LUISA

No ha llegado.

MARCELA

(_Levantándose muy impaciente. Va al encuentro de_ ANTONIO.) ¿Sabes tú algo de ellos?

ANTONIO

Ni una palabra. Pero oí decir que bajaban ahora dos pastores con el serroján, y acerquéme por si habían traído algún mandado.

LUISA

No hemos visto a nadie. (_Vuelve a devanar_.)

MARCELA

¿Qué pastores dices?

ANTONIO

Manuel y Elías, de la cabaña de Cos.

LUISA

Y el serroján será Cándido, ¿eh?

ANTONIO

El mismo.

REMEDIOS

(_Sin dejar su calceta_.) ¡Diez años hace que espera subir hasta pastor!

MARCELA

(_Siempre muy preocupada_.) ¿Y a qué vienen?

ANTONIO

A buscar harina para la borona por si se cierra el tiempo a nevar.

MARCELA

(_A_ LUISA.) ¿Lo ves?

LUISA

(_A su marido_.) Está empeñada en que va a durar la tormenta hasta el verano.

ANTONIO

Pues yo barrunto que será cuestión de pocas horas; ahí ves tú.

LUISA

(_A_ MARCELA.) ¡Claro, mujer!

MARCELA

Entonces, ¿por qué bajan con una tarde así?

ANTONIO

Porque se equivocaron, si a mano viene... En el monte se hacen las horas siglos y parecen los temporales el cuento de nunca acabar.

MARCELA

¿Habrán pasado por Bustarredondo?

ANTONIO

Camino derecho no lo es...

MARCELA

(_Con recelo_.) ¿No dijiste que podrían traerme alguna razón?

ANTONIO

¡Como poder...!

LUISA

(_A_ ANTONIO.) ¡No la metas en confusiones!

ANTONIO

Es que podían. En la sierra todo está cercano, al respetive... Si se enciende una fogata en el tu invernal (_A_ MARCELA_)_ los otros invernales se dan por entendidos y los pastores se ponen al habla; se ayudan, si lo han menester...

MARCELA

(_Que escucha recelosa_.) Yo voy a hablar con esos hombres.

REMEDIOS

¡Ay, qué súpita eres!

LUISA

Pero, ¿qué te van a decir?

ANTONIO

Si es por eso, iré yo.

MARCELA

(_Resuelta_.) No; yo misma. Voy de un pronto y vuelvo a escape.

ANTONIO

Y, ¿adónde?

LUISA

¡Eso digo!

MARCELA

Adonde estén.

REMEDIOS

¿Vas a buscarlos por todo el lugar?

ANTONIO

Habrán ido cada uno a su casa o, juntos, a la taberna.

LUISA

(_A_ REMEDIOS.) Cándido puede ser que esté con Flora, tía Remedios, que, por lo visto, la corteja de viuda también.

REMEDIOS

¡Dióle por ahí...!

MARCELA

(_Coge el mantón de_ LUISA.) Me voy; llevo tu chal.

LUISA

(_A su marido_.) Anda, hombre; vete tú.

ANTONIO

(_Deteniendo a_ MARCELA.) Voy ahora mismo.

MARCELA

Es que me quedo más conforme si los hablo yo.

ANTONIO

Te los traigo aquí.

LUISA

Muy bien.

REMEDIOS

¡Así se hace!

MARCELA

(_Cediendo_.) ¿Y no tardarás?

ANTONIO

De la que los tope doy la vuelta.

MARCELA

Bueno, pues anda, sí... (ANTONIO _recoge el paraguas y sale_.)

ESCENA IV

Dichas menos ANTONIO

REMEDIOS

(_Acomodando sus gafas y su labor en la faltriquera_.) Y yo, muchachas, voy a dejaros; porque cavilo que ese mozón igual se me cuela donde la hija, y se quedó sola.

MARCELA

Además se está haciendo tarde para usted.

LUISA

(_Devanando las últimas vueltas de la madeja_.) Sí; que van los caminos muy malos. Ya está el ovillo hecho.

REMEDIOS

(_Coge la mano que le ofrece_ MARCELA _para levantarse_.) ¡Aúpa!... ¡Ay, hija, estoy muy torpe! (_Se cubre otra vez la cabeza con la falda, ayudada por_ MARCELA.)

LUISA

¿Conque el bueno de Cándido sigue pretendiendo a Flora?

REMEDIOS

No sé qué te diga, mujer. Es como si hubiera nacido de suyo con esa condición; serroján y cortejo de la mi muchacha: de ahí no sale... Pasaron los años, ella se cansó de esperar y casóse con otro. Ahora enviuda, con dos rapaces, y ya le tienes ahí.

MARCELA

Se conoce que la quiere.

REMEDIOS

¿Sabrálo él...?

LUISA

(_A_ REMEDIOS, _dándole el ovillo_.) Tenga.

REMEDIOS

Dios te lo pague. (_Le mete en la faltriquera_.) Y tú, hijuca (_A_ MARCELA_)_, no te apures; que ni al hombre ni al hijo tuyo les puede suceder ningún percance. Son fuertes y sanotes; conque, si alguno lo pasa mal, será el jayón...

MARCELA

(_Sin poderse contener_.) ¡No le llame usted así!

REMEDIOS

Al fin y al cabo nada te toca, y un ser tan ruino poco vale...

MARCELA

(_Aparte_.) ¡Dios de mi alma!

REMEDIOS

Tú bastante sufriste por causa «de otros»... que tienen muchas culpas que pagar.

MARCELA

(_Abstraída, desesperada_.) ¡Culpas...! ¡culpas...!

REMEDIOS

Vaya, adiós.

LUISA

Adiós, y tenga cuidado dónde pisa. (_Va con ella hasta el corral._ MARCELA _se deja caer en una silla y se cubre la cara con las manos_.)

REMEDIOS

(_Alejándose despacio_.) Sí; que la nieve resbala mucho.

LUISA

¡Ahinque bien las abarcas...!

ESCENA V

LUISA y MARCELA

LUISA

(_Vuelve al portal y queda muy sorprendida ante la actitud de_ MARCELA.) Pero, ¿vas a llorar ahora?

MARCELA

(_Con desolación_.) ¿Tú sabes lo que me ha dicho esa mujer?

LUISA

Nada nuevo.

MARCELA

(_Exaltada_.) Nada nuevo, ¿verdad?

LUISA

¡Claro que no!

MARCELA

(_Con impulso irrefrenable_.) Aquel hijo que aguardé tres años, de rodillas a la vera del altar y de la fuente, aquel hijo que había de servir de orgullo a Andrés y me iba a vengar para siempre de «la otra»... es Jesús, ¿sabes?... Es Jesús, el niño maltrecho y ruin, ese que vale poco, ese a quien llamáis con desdeño el jayón...

LUISA

(_Con asombro inmenso_.) Pero... ¿qué dices?

MARCELA

(_Delirante lanzada a la confidencia como en un vértigo_.) Que los cambié en la cuna, que sentí el bochorno de confesar por mío al jorobado, al que mira todo el mundo con burlas o con lástima, y mentí... los troqué... ¡Soy una criminal!

LUISA

¿Te has vuelto loca?

MARCELA

No, Luisa; estoy en mi sana razón.

LUISA

(_Sentándose al lado de_ MARCELA.) Pero... ¿cómo pudiste?...

MARCELA

Yo sola conocí la desgracia de mi criatura. Tenían los niños tres meses cada uno; eran como dos mellizos de semejantes y únicamente yo los diferenciaba, cuando un día palpé en el pecho de Serafín las costillas viciosas, los huesos retorcidos... Nublé de espanto.

LUISA

¿Y, entonces?

MARCELA

Llamé al médico. Le examinó con señales de compadecerse mucho, y sin decir el mal que tenía, va y me pregunta:--Este niño, ¿cuál es? Yo conocí que le iba a sentenciar para siempre, y como la comedianta que representa una mentira, salté y repuse:--Este es el jayón.

LUISA

¡Te creyó a pies juntos!

MARCELA

Igual que al Evangelio. Aun quiso echarme flores tratándome de generosa y buena porque criaba yo misma al infeliz... Y le sentenció a padecer doblado y enfermo, toda la vida...

LUISA

¡Vaya un trance!

MARCELA

(_Con desesperada tristeza_.) Desde aquella hora, Serafín, el pobre hijo de mi alma, se llamó Jesús, y ya solo fué mío en las entrañas obscuras de mi corazón...

LUISA

¡Te creímos todos!

MARCELA

Y el primero Andrés... Así empezó mi castigo... Tuve que cuidar al niño ajeno como si fuera el mío, y esconder para el otro el amor y la misericordia...

LUISA

No lo escondiste mucho...

MARCELA

¡Por eso me creisteis llena de virtudes y me ensalzasteis más!

LUISA

¡Dabas un ejemplo tan noble!

MARCELA

Sí; ¡mintiendo...! Andrés me mira como a las efigies de los santos... (_Con infinita amargura_.) sin conseguir «olvidarla»... Por bien agradecido huye de Irene y quisiera tratar al hijo sano con todas las finuras, creyendo que me premia... A veces le registra los ojos con afán... (_Clavando mucho la mirada_.) así... así... como un loco... Es que los tiene lo mismo que su madre, verdes, tristes, pungidos de penas y de brasas... ¿te has fijado?

LUISA

En que son muy hermosos; pero en la semejanza no... ¡Cómo se me iba a ocurrir...!

MARCELA

Pues el padre los teme y los busca sin saber por qué... Debe pensar que engendró en mí un hijo lleno de la pasión de la otra, dueño de aquellos ojos y de aquella mirada... En tanto se me oculta para consolar al enfermo imaginando que es el de «ella» y que me duele ese cariño.

LUISA

Por desgraciado le prefiere.

MARCELA

¡Y también porque en él la sigue queriendo todavía!...

LUISA

Tú discurres demasiado. Al cabo del tiempo, Andrés no se acuerda de Irene, que está, la pobre, acabada, consumida...

MARCELA

(_Con sombría expresión_.) ¡No; que le quedan los ojos!

LUISA

¿Querías que estuviese ciega?

MARCELA

(_Misteriosa_.) Pero los tiene llenos de lumbre, llenos de esperanza... le viven, allá en la hondura, unos secretos que Andrés no puede olvidar.

LUISA

(_Fascinada_.) ¿Y tú los descubriste?

MARCELA

No, no... parecen cosa de brujería...

LUISA

(_Con la misma inquietud_.) ¡Cosa de sortilegio!

MARCELA

Es como si otras almas que sufrieron de amores y de olvidos se asomaran al semblante de esa mujer, para rogar clemencia.

LUISA

(_Levantándose y sacudiendo la obsesión_.) La mitad de lo que hablas es porque la compadeces y porque...

MARCELA

(_Interrumpiendo_.) Sí, dilo, dilo: porque tengo remordimientos...

LUISA

¡Mujer!

MARCELA

(_Atendiendo a rumores del camino_.) Se oyen pasos: viene gente.

LUISA

(_Asomándose al corral_.) ¡Si ya es de noche!

MARCELA

(_Observando también_.) Y ha dejado de nevar.

LUISA

Sin duda Antonio vuelve con los pastores.

MARCELA

(_Estrechando las manos de su amiga_.) ¡Guárdame el secreto, por Dios!

LUISA

Descuida, mujer.

MARCELA

¡Nadie en el mundo lo sabe más que tú! (_Llega_ ANTONIO _con los pastores_.)

ESCENA VI

Dichas, ANTONIO, ELÍAS y MANUEL.

Los dos últimos llevan zajones a estilo del país, cayados y abarcas.

ANTONIO

(_A_ MARCELA.) Aquí tienes a éstos.

ELÍAS

Buenas noches.

MANUEL

Dios os guarde.

MARCELA

Ya disimularéis el incomodo...

ELÍAS

¡Bah! ¡Siendo cosa tuya y de Andrés!

MANUEL

¡Lástima fuera!

MARCELA

¿Y el serroján?

ANTONIO

Está en casa de Flora y dijo, dice: Dile que no puedo ir.

LUISA

¡Qué zoquete!... Pero no os quedéis al raso. (_Viéndoles a la orilla del portal_.) Adelante. Voy a encender luz.

MANUEL

(_A_ LUISA.) Déjalo: se ve bastante así.

MARCELA

No, no; os vais a sentar. Ahora sacaré un farol. (_Entran bajo el techado y se sientan todos menos las mujeres_.)

LUISA

Yo entro por él. (_A su marido_.) Alúmbrame tú.

ANTONIO

Voy. (_Sin levantarse enciende la mecha con mucha calma._ LUISA _aguarda de pie_.)

MARCELA

(_A los pastores_.) Conque no pasasteis por Bustarredondo ¿verdad? (_Sentándose_.)

ELÍAS

No.

MANUEL

No es camino ni menos pensarlo.

MARCELA

¡Tengo una inquietud!... Quería saber si es muy recio allá arriba el temporal.

MANUEL

Pues... no sé qué decirte. (ANTONIO _alumbra a su mujer y entran en la casa_.)

MARCELA

¡Ay, Dios mío; será tremendo!

ELÍAS

De todas suertes ya pasó lo peor.

MARCELA

(_Ansiosa_.) ¿Si?

MANUEL

¡Toma! Como que saltó el ábrego ¿no le oyes bufar? (_Se oye un trueno sordo_.)

MARCELA

(_Escuchando_.) Me parece que lo que oigo es un trueno.

ELÍAS

Eso mismo es.

MARCELA

Entonces vuelve la tormenta.

MANUEL

Al contrario, se va hacia la costa.

ELÍAS

El viento la sorbe. (_Luce un relámpago_.)

MARCELA

(_Se santigua_.) ¡Virgen santa!

MANUEL

Todo ese aparato es música celestial.

MARCELA

¿Y en el monte cayó mucha nieve?

ELÍAS

¡Bastante!

MARCELA

¿Como cuanta?

MANUEL

Era nevasca, ¿sabes? de esa que cae en torbellinos y le ciega a uno.

MARCELA

¡Eso temía yo!

ELÍAS

Fué esta mañana; de repente: mostróse el cielo gacho y turbio y empezó una cellisca que tenía que ver.

MARCELA

¡Ay, Señor! (_Se levanta y se acerca a la puerta por donde entraron_ LUISA _y_ ANTONIO.) ¡Luisa!

LUISA

(_Desde dentro_.) Allá vamos.

MARCELA

Trae un jarro de vino; haz el favor: ya sabes dónde está. (_Volviendo a sentarse_.) ¡Yo no vivo de incertidumbre!

MANUEL