Part 2
124 Pa sacarme el entripao vi al mayor, y lo fi a hablar; yo me lo empecé a atracar, y como con poca gana le dije: tal vez mañana acabarán de pagar.
125 ¡Que mañana ni otro día!, Al punto me contestó: la paga ya se acabó; ¡siempre has de ser animal! Me raí y le dije: yo... no he recebido ni un rial.
126 Se le pusieron los ojos que se le querían salir, y ahi no más volvió a decir comiéndome con la vista: ¿y qué querés recibir si no has dentrao en la lista?
127 Esto sí que es amolar, dije yo pa mis adentros; van dos años que me encuentro y hasta aura he visto ni un grullo; dentro en todos los barullos pero en las listas no dentro.
128 Vide el pleito mal parao y no quise aguardar más... es güeno vivir en paz con quien nos ha de mandar; y reculando pa atrás me le empecé a retirar.
129 Supo todo el comendante y me llamó al otro día, diciéndome que quería aviriguar bien las cosas... que no era el tiempo de rosas, que aura a naides se debía.
130 Llamó al cabo y al sargento y empezó la indagación: si había venido al cantón en tal tiempo o en tal otro... y si había venido en potro, en reyuno o redomón.
131 Y todo era alborotar al ñudo, y hacer papel; conocí que era pastel pa engordar con mi guayaca; mas si voy al coronel me hacen bramar en la estaca.
132 ¡Ah, hijos de una...! ¡La codicia ojalá les ruempa el saco! Ni un pedazo de tabaco le dan al pobre soldao, y lo tienen, de delgao, más ligero que un guanaco.
133 Pero qué iba a hacerles yo, charabón en el desierto; más bien me daba por muerto pa no verme más fundido: y me les hacía el dormido aunque soy medio despierto.
V - Gringos en la frontera. La estaquiada.
134 Yo andaba desesperao, aguardando una ocasión que los indios un malón nos dieran, y entre el estrago hacérmeles cimarrón y volverme pa mi pago.
135 Aquello no era servicio ni defender la frontera; aquello era ratonera en que sólo gana el juerte: era jugar a la suerte con una taba culera.
136 Allí tuito va al revés; los milicos son los piones, y andan en las poblaciones emprestaos pa trabajar; los rejuntan pa peliar cuando entran indios ladrones.
137 Yo he visto en esa milonga muchos jefes con estancia, y piones en abundancia, y majadas y rodeos; he visto negocios feos a pesar de mi inorancia.
138 Y colijo que no quieren la barunda componer; para eso no ha de tener, el jefe que esté de estable, más que su poncho y su sable, su caballo y su deber.
139 Ansina, pues, conociendo que aquel mal no tiene cura, que tal vez mi sepoltura si me quedo iba a encontrar, pensé mandarme mudar como cosa más sigura.
140 Y pa mejor, una noche ¡qué estaquiada me pegaron! Casi me descoyuntaron por motivo de una gresca: ¡ahijuna, si me estiraron lo mesmo que guasca fresca!
141 Jamás me puedo olvidar lo que esa vez me pasó; dentrando una noche yo al fortín, un enganchao, que estaba medio mamao, allí me desconoció.
142 Era un gringo tan bozal, que nada se le entendía, ¡quién sabe de ande sería! Tal vez no juera cristiano, pues lo único que decía es que era papolitano.
143 Estaba de centinela y por causa del peludo verme más claro no pudo, y esa jue la culpa toda: el bruto se asustó al ñudo y fi el pavo de la boda.
144 Cuando me vido acercar: quién vivore-? Preguntó; ¿qué víboras?, Dije yo. ¡Ha garto!, Me pegó el grito, y yo dije despacito: ¡más lagarto serás vos!
145 Ahi no más, ¡cristo me valga!, Rastrillar el jusil siento: me agaché, y en el momento el bruto me largó un chumbo; mamao, me tiró sin rumbo, que si no, no cuento el cuento.
146 Por de contao, con el tiro se alborotó el avispero; los oficiales salieron y se empezó la junción; quedó en su puesto el nación, y yo fi al estaquiadero.
147 Entre cuatro bayonetas me tendieron en el suelo; vino el mayor medio en pedo y allí se puso a gritar: ¡pícaro, te he de enseñar andar reclamando sueldos!
148 De las manos y las patas me ataron cuatro cinchones; les aguanté los tirones sin que ni un ¡ay! Se me oyera, y al gringo la noche entera lo harté con mis maldiciones.
149 Yo no sé porqué el gobierno nos manda aquí a la frontera gringada que ni siquiera se sabe atracar a un pingo. ¡Si creerá al mandar un gringo que nos manda alguna fiera!
150 No hacen más que dar trabajo, pues no saben ni ensillar; no sirven ni pa carniar: y yo he visto muchas veces que ni voltiadas las reses se les querían arrimar.
151 Y lo pasan sus mercedes lengüetiando pico a pico hasta que viene un milico a servirles al asao- y eso sí, en lo delicaos, parecen hijos de rico.
152 Si hay calor, ya no son gente; si yela, todos tiritan; si usté no les da, no pitan por no gastar en tabaco, y cuando pescan un naco uno al otro se lo quitan.
153 Cuando llueve se acoquinan como perro que oye truenos. ¡Que diablos!, Sólo son güenos pa vivir entre maricas, y nunca se andan con chicas para alzar ponchos ajenos.
154 Pa vichar son como ciegos; no hay ejemplo de que entiendan, ni hay uno solo que aprienda, al ver un bulto que cruza, a saber si es avestruza, o si es jinete, o hacienda.
155 Si salen a perseguir después de mucho aparato, tuitos se pelan al rato y va quedando el tendal: esto es como en un nidal echarle güevos a un gato.
VI - Desertor. Las ruinas del rancho.
156 vamos dentrando recién a la parte mas sentida, aunque es todita mi vida de males una cadena: a cada alma dolorida le gusta cantar sus penas.
157 Se empezó en aquel entonces a rejuntar caballada, y riunir la milicada teniéndola en el cantón, para una despedición a sorprender a la indiada.
158 Nos anunciaban que iríamos sin carretas ni bagajes a golpiar a los salvajes en sus mesmas tolderías; que a la güelta pagarían licenciándolo al gauchaje;
159 que en esta despedición tuviéramos la esperanza; que iba a venir sin tardanza, según el jefe contó, un menistro o qué sé yo- que le llamaban don ganza;
160 que iba a riunir el ejército y tuitos los batallones, y que traiba unos cañones con más rayas que un cotín; ¡pucha!- Las conversaciones por allá no tenían fin.
161 Pero esas trampas no enriedan a los zorros de mi laya; que esa ganza venga o vaya, poco le importa a un matrero. Yo también dejé las rayas- en los libros del pulpero.
162 Nunca juí gaucho dormido; siempre pronto, siempre listo, yo soy un hombre, ¡qué cristo!, Que nada me ha acobardao, y siempre salí parao en los trances que me he visto.
163 Dende chiquito gané la vida con mi trabajo, y aunque siempre estuve abajo y no sé lo que es subir también el mucho sufrir suele cansarnos, ¡barajo!
164 En medio de mi inorancia conozco que nada valgo: soy la liebre o soy el galgo asigún los tiempos andan; pero también los que mandan debieran cuidarnos algo.
165 Una noche que riunidos estaban en la carpeta empinando una limeta el jefe y el juez de paz, yo no quise aguardar más, y me hice humo en un sotreta.
166 Me parece el campo orégano dende que libre me veo; donde me lleva el deseo allí mis pasos dirijo, y hasta en las sombras de fijo que donde quiera rumbeo.
167 Entro y salgo del peligro sin que me espante el estrago, no aflojo al primer amago ni jamás fi gaucho lerdo: soy pa rumbiar como el cerdo, y pronto caí a mi pago.
168 Volvía al cabo de tres años de tanto sufrir al ñudo resertor, pobre y desnudo, a procurar suerte nueva; y lo mesmo que el peludo enderecé pa mi cueva.
169 No hallé ni rastro del rancho: ¡sólo estaba la tapera! ¡Por cristo si aquello era pa enlutar el corazón! ¡Yo juré en esa ocasión ser mas malo que una fiera!
170 ¡Quién no sentirá lo mesmo cuando ansí padece tanto! Puedo asigurar que el llanto como una mujer largué: ¡ay, mi Dios: si me quedé más triste que jueves santo!
171 Sólo se oíban los aullidos de un gato que se salvó; el pobre se guareció cerca, en una vizcachera: venía como si supiera que estaba de güelta yo.
172 Al dirme dejé la hacienda que era todito mi haber; pronto debíamos volver, sigún el juez prometía, y hasta entonces cuidaría de los bienes, la mujer.
173 Después me contó un vecino que el campo se lo pidieron; la hacienda se la vendieron pa pagar arrendamientos, y qué sé yo cuantos cuentos; pero todo lo fundieron,
174 los pobrecitos muchachos, entre tantas afliciones, se conchabaron de piones; ¡mas qué iban a trabajar, si eran como los pichones sin acabar de emplumar!
175 Por ahi andarán sufriendo de nuestra suerte el rigor: me han contao que el mayor nunca dejaba a su hermano; puede ser que algún cristiano los recoja por favor.
176 ¡Y la pobre mi mujer, Dios sabe cuánto sufrió! Me dicen que se voló con no sé qué gavilán: sin duda a buscar el pan que no podía darle yo.
177 No es raro que a uno le falte lo que a algún otro le sobre si no le quedó ni un cobre sino de hijos un enjambre. Que más iba a hacer la pobre para no morirse de hambre?
178 ¡Tal vez no te vuelva a ver, prienda de mi corazón! Dios te dé su proteción ya que no me la dio a mí, y a mis hijos dende aquí les echo mi bendición.
179 Como hijitos de la cuna andarán por ahi sin madre; ya se quedaron sin padre, y ansí la suerte los deja sin naides que los proteja y sin perro que les ladre.
180 Los pobrecitos tal vez no tengan ande abrigarse, ni ramada ande ganarse, ni rincón ande meterse, ni camisa que ponerse, ni poncho con que taparse.
181 Tal vez los verán sufrir sin tenerles compasión; puede que alguna ocasión, aunque los vean tiritando, los echen de algún jogón pa que no estén estorbando.
182 Y al verse ansina espantaos como se espanta a los perros, irán los hijos de Fierro, con la cola entre las piernas, a buscar almas más tiernas o esconderse en algún cerro.
183 Mas también en este juego voy a pedir mi bolada; a naides le debo nada, ni pido cuartel ni doy: y ninguno dende hoy ha de llevarme en la armada.
184 Yo he sido manso primero, y seré gaucho matrero; en mi triste circunstancia, aunque es mi mal tan projundo, nací y me he criado en estancia. Pero ya conozco el mundo.
185 Ya les conozco sus mañas, le conozco sus cucañas; sé como hacen la partida, la enriedan y la manejan; deshaceré la madeja aunque me cueste la vida.
186 Y aguante el que no se anime a meterse en tanto engorro o si no aprétese el gorro y para otra tierra emigre; pero yo ando como el tigre que le roban los cachorros.
187 Aunque muchos creen que el gaucho tiene alma de reyuno, no se encontrará a ninguno que no le dueblen las penas; mas no debe aflojar uno mientras hay sangre en las venas
VII - Pelea con el moreno.
188 De carta de más me vía sin saber a donde dirme; mas dijeron que era vago y entraron a perseguirme.
189 Nunca se achican los males, van poco a poco creciendo, y ansina me vide pronto obligado a andar juyendo.
190 No tenía mujer ni rancho y a más, era resertor; no tenía una prenda güena ni un peso en el tirador
191 a mis hijos infelices pensé volverlos a hallar, y andaba de un lao al otro sin tener ni qué pitar.
192 Supe una vez por desgracia que había un baile por allí, y medio desesperao a ver la milonga fui.
193 Riunidos al pericón tantos amigos hallé, que alegre de verme entre ellos esa noche me apedé.
194 Como nunca, en la ocasión por peliar me dio la tranca. Y la emprendí con un negro que trujo una negra en ancas.
195 Al ver llegar la morena, que no hacía caso de naides, le dije con la mamúa: va-ca-yendo gente al baile.
196 La negra entendió la cosa y no tardó en contestarme, mirándome como a un perro: más vaca será su madre.
197 Y dentró al baile muy tiesa con más cola que una zorra, haciendo blanquiar los dientes lo mesmo que mazamorra.
198 !Negra linda!- Dije yo. Me gusta- pa la carona; y me puse a champurriar esta coplita fregona:
199 a los blancos hizo Dios, a los mulatos san pedro, a los negros hizo el diablo para tizón del infierno.
200 Había estao juntando rabia el moreno dende ajuera; en lo escuro le brillaban los ojos como linterna.
201 Lo conocí retobao, me acerqué y le dije presto: po-r-rudo que un hombre sea nunca se enoja por esto.
202 Corcovió el de los tamangos y creyéndose muy fijo: ¡más porrudo serás vos, gaucho rotoso!, Me dijo.
203 Y ya se me vino al humo como a buscarme la hebra, y un golpe le acomodé con el porrón de ginebra.
204 Ahi nomás pegó el de hollín mas gruñidos que un chanchito, y pelando el envenao me atropelló dando gritos.
205 Pegué un brinco y abrí cancha diciéndoles: caballeros, dejen venir ese toro. Solo nací- solo muero.
206 El negro, después del golpe, se había el poncho refalao y dijo: vas a saber si es solo o acompañado.
207 Y mientras se arremangó, yo me saqué las espuelas, pues malicié que aquel tío no era de arriar con las riendas.
208 No hay cosa como el peligro pa refrescar un mamao; hasta la vista se aclara por mucho que haiga chupao.
209 El negro me atropelló como a quererme comer; me hizo dos tiros seguidos y los dos le abarajé.
210 Yo tenía un facón con s, que era de lima de acero; le hice un tiro, lo quitó y vino ciego el moreno;
211 y en el medio de las aspas un planazo le asenté, que lo largué culebriando lo mesmo que buscapié.
212 Le coloriaron las motas con la sangre de la herida, y volvió a venir jurioso como una tigra parida.
213 Y ya me hizo relumbrar por los ojos el cuchillo, alcanzando con la punta a cortarme en un carrillo.
214 Me hirvió la sangre en las venas y me le afirmé al moreno, dándole de punta y hacha pa dejar un diablo menos.
215 Por fin en una topada en el cuchillo lo alcé, y como un saco de güesos contra un cerco lo largué.
216 Tiró unas cuantas patadas y ya cantó pal carnero: nunca me puedo olvidar de la agonía de aquel negro.
217 En esto la negra vino con los ojos como ají y empezó la pobre allí a bramar como una loba. Yo quise darle una soba a ver si la hacía callar, mas pude reflesionar que era malo en aquel punto, y por respeto al dijunto no la quise castigar.
218 Limpié el facón en los pastos, desaté mi redomón, monté despacio y salí al tranco pa el cañadón.
219 Después supe que al finao ni siquiera lo velaron, y retobao en un cuero, sin rezarle lo enterraron.
220 Y dicen que dende entonces, cuando es la noche serena suele verse una luz mala como de alma que anda en pena.
221 Yo tengo intención a veces, para que no pene tanto, de sacar de allí los güesos y echarlos al camposanto.
VIII - El ser gaucho es un delito.
222 otra vez en un boliche estaba haciendo la tarde; cayó un gaucho que hacia alarde de guapo y peliador; a la llegada metió el pingo hasta la ramada, y yo sin decirle nada me quedé en el mostrador.
223 Era un terne de aquel pago que naides lo reprendía, que sus enriedos tenía con el señor comendante; y como era protegido, andaba muy entonao, y a cualquier desgraciao lo llevaba por delante.
224 ¡Ah pobre! Si él mismo creiba que la vida le sobraba; ninguno diría que andaba aguaitándolo la muerte. Pero ansí pasa en el mundo, es ansí la triste vida: pa todos está escondida la güena o la mala suerte.
225 Se tiró al suelo; al dentrar le dio un empellón a un vasco, y me alargó un medio frasco diciendo: beba cuñao. Por su hermana, contesté. Que por la mía no hay cuidao.
226 ¡Ah, gaucho!, Me respondió; ¿de que pago será crioyo? ¿Lo andará buscando el hoyo? Deberá tener güen cuero; pero ande bala este toro no bala ningún ternero.
227 Y ya salimos trenzaos porque el hombre no era lerdo, mas como el tino no pierdo, y soy medio ligerón, le dejé mostrando el sebo de un revés con el facón.
228 Y como con la justicia no andaba bien por allí, cuanto pataliar lo vi, y el pulpero pegó el grito, ya pa el palenque salí como haciéndome chiquito.
229 Monté y me encomendé a Dios, rumbiando para otro pago, que el gaucho que llaman vago no puede tener querencia, y ansí de estrago en estrago vive llorando la ausencia.
230 éL andaba siempre juyendo, siempre pobre y perseguido, no tiene cueva ni nido como si juera maldito; porque el ser gaucho- ¡barajo!, El ser gaucho es un delito.
231 Es como el patrio de posta; lo larga éste, aquél lo toma, nunca se acaba la broma; dende chico se parece al arbolito que crece desamparao en la loma.
232 Le echan la agua del bautismo aquél que nació en la selva; busca madre que te envuelva, le dice el fraire y lo larga. Y dentra a cruzar el mundo como burro con la carga.
233 Y se cría viviendo al viento como oveja sin trasquila; mientras su padre en las filas anda sirviendo al gobierno, aunque tirite en invierno, naides lo ampara ni asila.
234 Le llaman gaucho mamao si lo pillan divertido, y que es mal entretenido si en un baile lo sorprienden; hace mal si se defiende y si no, se ve- fundido.
235 No tiene hijos ni mujer, ni amigos ni protetores, pues todos son sus señores sin que ninguno lo ampare: tiene la suerte del güey, y ¿donde irá el güey que no are?
236 Su casa es el pajonal, su guarida es el desierto; y si de hambre medio muerto le echa el lazo a algún mamón, lo persiguen como a plaito, porque es un gaucho ladrón.
237 Y si de un golpe por ahi lo dan güelta panza arriba, no hay un alma compasiva que le rece una oración; tal vez como cimarrón en una cueva lo tiran.
238 Él nada gana en la paz y es el primero en la guerra; no le perdonan si yerra, que no saben perdonar, porque el gaucho en esta tierra sólo sirve pa votar.
239 Para el son los calabozos, para el las duras prisiones, en su boca no hay razones aunque la razón le sobre; que son campanas de palo las razones de los pobres.
240 Si uno aguanta, es gaucho bruto; si no aguanta es gaucho malo. ¡Dele azote, dele palo, porque es lo que él necesita! De todo el que nació gaucho ésta es la suerte maldita.
241 Vamos suerte, vamos juntos dende que juntos nacimos; y ya que juntos vivimos sin podernos dividir- yo abriré con mi cuchillo el camino pa seguir
IX - Matreriando. La lucha con la partida.
242 matreriando lo pasaba ya a las casas no venía; solía arrimarme de día, mas, lo mesmos que el carancho, siempre estaba sobre el rancho espiando a la polecía.
243 Viva el gaucho que ande mal, como zorro perseguido, hasta que al menor descuido se lo atarasquen los perros, pues nunca le falta un yerro al hombre más alvertido.
244 Y en esa hora de la tarde en que tuito se adormece, que el mundo dentrar parece a vivir en pura calma, con las tristezas del alma al pajonal enderiece.
245 Bala el tierno corderito al lao de la blanca oveja, y a la vaca que se aleja llama el ternero amarrao; pero el gaucho desgraciao no tiene a quien dar su oveja.
246 Ansí es que al venir la noche iba a buscar mi guarida, pues ande el tigre se anida también el hombre lo pasa, y no quería que en las casas me rodiara la partida.
247 Pues aun cuando vengan ellos cumpliendo con su deberes, yo tengo otros pareceres, y en esa conduta vivo: que no debe un gaucho altivo peliar entre las mujeres.
248 Y al campo me iba solito, más matrero que el venao, como perro abandonao a buscar una tapera, o en alguna vizcachera pasar la noche tirao.
249 Sin punto ni rumbo fijo en aquella inmensidá, entre tanta escuridá anda el gaucho como duende; allí jamás lo sorpriende dormido, la autoridá.
250 Su esperanza es el coraje, su guardia es la precaución, su pingo es la salvación, y pasa uno en su desvelo, sin más amparo que el cielo ni otro amigo que el facón.
251 Ansí me hallaba una noche contemplando las estrellas, que le parecen más bellas cuanto uno es más desgraciao, y que Dios las haiga criao para consolarse en ellas.
252 Les tiene el hombre cariño y siempre con alegría ve salir las tres marías; que si llueve, cuanto escampa, las estrellas son la guía que el gaucho tiene en la pampa.
253 Aquí no valen dotores, sólo vale la esperiencia; aquí verían su inocencia ésos que todo lo saben, porque esto tiene otra llave y el gaucho tiene su cencia.
254 Es triste en medio del campo pasarse noches enteras contemplando en sus carreras las estrellas que Dios cría, sin tener más compañía que su delito y las fieras.
255 Me encontraba como digo, en aquella soledá, entre tanta escuridá, echando al viento mis quejas, cuando el grito del chajá me hizo parar las orejas.
256 Como lumbriz me pegué al suelo para escuchar; pronto sentí retumbar las pisadas de los fletes, y que eran muchos jinetes conocí sin vacilar.
257 Cuando el hombre está en peligro no debe tener confianza; ansí tendido de panza puse toda mi atención y ya escuché sin tardanza como el ruido de un latón.
258 Se venían tan calladitos que yo me puse en cuidao; tal vez me hubieran bombiao y ya me venían a buscar; mas no quise disparar, que eso es de gaucho morao.
259 Al punto me santigüé y eché de giñebra un taco; lo mesmito que el mataco me arroyé con el porrón; si han de darme pa tabaco, dije, ésta es güena ocasión.
260 Me refalé las espuelas, para no peliar con grillos; me arremangué el calzoncillo, y me ajusté bien la faja, y en una mata de paja probé el filo del cuchillo.
261 Para tenerlo a la mano el flete en el pasto até, la cincha le acomodé, y, en un trance como aquél, haciendo espaldas en él quietito los aguardé.
262 Cuando cerca los sentí, y que ahi no más se pararon, los pelos se me erizaron y, aunque nada vían mis ojos, no se han de morir de antojo, les dije, cuando llegaron.
263 Yo quise hacerles saber que allí se hallaba un varón; les conocí la intención y solamente por eso es que les gané el tirón, sin aguardar voz de preso.
264 Vos sos un gaucho matrero, dijo uno, haciéndose el güeno. Vos mataste un moreno y otro en una pulpería, y aquí está la polecía que viene a ajustar tus cuentas; te va alzar por las cuarenta si te resistís hoy día.
265 No me vengan, contesté, con relación de dijuntos; ésos son otros asuntos; vean si me pueden llevar, que yo no me he de entregar, aunque vengan todos juntos.
266 Pero no aguardaron más y se apiaron en montón; como a perro cimarrón me rodiaron entre tantos; ya me encomendé a los santos, y eché mano a mi facón.
267 Y ya vide el fogonazo de un tiro de garabina, mas quiso la suerte indina de aquel maula, que me errase, y ahi no más lo levantase lo mesmo que una sardina.
268 A otro que estaba apurao acomodando una bola, le hice una dentrada sola y le hice sentir el Fierro, y ya salió como el perro cuando le pisan la cola.
269 Era tanta la aflición y la angurria que venían, que tuitos se me venían, donde yo los esperaba; uno al otro se estorbaba y con las ganas no vían.
270 Dos de ellos que traiban sables más garifos y resueltos, en las hilachas envueltos enfrente se me pararon, y a un tiempo me atropellaron lo mesmo que perros sueltos.
271 Me fui reculando en falso y el poncho adelante eché, y en cuanto le puso el pie uno medio chapetón, de pronto le di un tirón y de espaldas lo largué
272 al verse sin compañero el otro se sofrenó; entonces le dentré yo, sin dejarlo resollar, pero ya empezó a aflojar y a la pu-n-ta disparó.
273 Uno que en una tacuara había atao una tijera, se vino como si juera palenque de atar terneros, pero en dos tiros certeros salió aullando campo ajuera.
274 Por suerte en aquel momento venía coloriando el alba y yo dije: si me salva la virgen en este apuro, en adelante le juro ser más güeno que una malva.
275 Pegué un brinco y entre todos sin miedo me entreveré; hecho ovillo me quedé y ya me cargó una yunta, y por el suelo la punta de mi facón les jugué.
276 El más engolosinao se me apió con un hachazo; se lo quité con el brazo; de no, me mata los piojos; y antes de que diera un paso le eché tierra en los dos ojos.
277 Y mientras se sacudía refregándose la vista, yo me le fui como lista y ahi no más me le afirmé, diciéndole: Dios te asista, y de un revés lo voltié.
278 Pero en ese punto mesmo sentí que por las costillas un sable me hacía cosquillas y la sangre me heló; dende ese momento yo me salí de mis casillas.
279 Di para atrás unos pasos hasta que pude hacer pie; por delante me lo eché de punta y tajos a un criollo; metió la pata en un hoyo, y yo al hoyo lo mandé.
280 Tal vez en el corazón le tocó un santo bendito a un gaucho, que pegó el grito y dijo: ¡Cruz no consiente que se cometa el delito de matar a un valiente!
281 Y ahi no más se me aparió, dentrándole a la partida; yo les hice otra embestida pues entre dos era robo; y el Cruz era como lobo que defiende su guarida.