Chapter 1
EL FUTURO DE LAS ISLAS FALKLAND Y DE SU PUEBLO
Dr. Lyubomir Ivanov Instituto de Matemáticas e Informática Academia de Ciencias de Bulgaria Sofia
thumb|center|270px| The Future of the Falkland Islands and Its People
El capítulo principal en el libro L.L. Ivanov et al, El Futuro de las Islas Falkland y de Su Pueblo. © Fundación Manfred Wörner, 2003 Impreso en Bulgaria por Doble T Editorial (en inglés) ISBN: 954-91503-1-3
Autores de los otros capítulos: Nusha Ivanova Prof. Carlos Escudé Ernest Spencer Prof. Howard Fergus Consejera Jan Cheek (Islas Falkland) John Ondawame Prof. Mark Sandford Consejero Mike Summers (Islas Falkland) Prof. Noel Cox Prof. Nora Femenia y El gobierno de Santa Helena
Traducción española de Emb. Lubomir Ivanov
1. Introducción
Antes de la guerra de las islas Falkland en 1982 poca gente, ni siquiera en Gran Bretaña, sabía de ellas. Hoy las islas son más conocidas pero en mi país igual que en otras partes las asocian principalmente con la Guerra Falkland y con el famoso conflicto territorial con Argentina.
Todavía antes de 1982 fui fascinado por las islas en el Atlántico Sur. Al inicio atrajo mi interés uno de los sitios más hermosos del mundo – las islas Georgias del Sur. Luego mis conocimientos de la región se vieron enriquecidos por las tres expediciones en el Antártico y el trabajo de campo en la base búlgara ¨San Clemente de Ójrid¨ en la isla de Livingston perteneciente a las islas Shetland del Sur. En los últimos cinco años he participado en una discusión en el Internet sobre el tema de las islas Falkland (Falkland-Malvinas Forum). Los amplios debates y análisis de los diferentes aspectos de la temprana historia de las islas Falkland lograron convencerme de que las fuentes argentinas se caracterizan por una interpretación errónea de la historia, sobre todo del período de 1820-1833, que muchas veces es reproducida ciegamente en otras publicaciones, inclusive británicas. En la discusión fueron presentadas algunas opiniones típicamente argentinas que, junto con su desarrollo, son una muestra de que la generación venidera en este país podría entender y valorar mejor las islas Falkland como un país vecino independiente.
Mi interés personal hacia los territorios de ultramar como las islas Falkland se debe a sus particularidades específicas, fuera de la norma. En la época de la globalización estos territorios van convirtiéndose cada vez más en puentes entre los grandes centros mundiales de poder e influencia. Es cierto que las islas Falkland están vinculadas a un centro principal de desarrollo económico, tecnológico y político como lo es Europa. Al mismo tiempo su disposición geográfica les permite desempeñar el papel de un puente adicional a otro centro potencial como lo es América del Sur. Además, la nación Falkland es una de las pocas naciones cuyo territorio es limítrofe con la Antártida. Estas ventajas únicas por su género ofrecen posibilidades de desarrollo que otras naciones no tienen.
A título de comparación, las posibilidades geopolíticas de Bulgaria están reducidas a la opción entre tres fuerzas regionales desiguales por su poderío, a saber Europa, Rusia y Turquía. Bulgaria, obviamente, se adherirá a la Unión Europea. Este es un proceso que comprende varias etapas, empezando por un convenio comercial, pasando por el convenio de asociación para llegar al final a la etapa de negociaciones sobre la adhesión. En cada etapa Bulgaria evalúa las ventajas y paga el precio respectivo. (Tras la adhesión de Bulgaria a la OTAN el 31 de marzo de 2004, en junio del mismo año fueron finalizadas con éxito las negociaciones sobre la adhesión a la Unión Europea fijando la fecha de la adhesión para el 1 de enero de 2007 – L.I.). Turquía también aspira a la adhesión a la Unión Europea sin estar tan preparada y en la medida en que todavía no es miembro de la Unión, tampoco está interesada en una adhesión más cercana de Bulgaria; lo mismo es válido de Rusia aunque este país no ha mostrado todavía un deseo de adhesión a la Unión Europea. (Dicho sea de paso, probablemente Argentina también sentiría la tentación de adherirse a la UE.) Rusia todavía pretende tratar a Bulgaria como parte de su área de influencia – ello se puede notar en la esfera del comercio, la privatización y las inversiones. La reintegración de Bulgaria a Europa Occidental no resultó fácil pero fue lograda por nuestro propio deseo. La consecuencia es la parte cada vez mayor de la Unión Europea en nuestro comercio exterior que ya supera el 50% mientras que en los últimos quince años la parte de Rusia y de las ex repúblicas soviéticas ha bajado respectivamente de un 60% a un 15%.
2. Las Islas Falkland Hoy
A diferencia de la mayoría de los territorios de ultramar (excepto Groenlandia y Guayana francesa) las islas Falkland no son exactamente un ¨miniestado¨. Su territorio es igual al de Ulster y su zona económica exclusiva es más grande que la de Gran Bretaña. Su superficie terrestre ofrece un espacio suficiente para el desarrollo de la agricultura (inclusive de la agricultura ecológica) y de la construcción de poblaciones igual que buenas condiciones para el desarrollo del turismo. Las islas gozan de un número envidiable de buenos puertos naturales y sus aguas son ricas en pescado y calamares, en el territorio continental hay yacimientos considerables de petróleo. Son a la vez una de las puertas hacia la vecina Antártida. (Debido a su presencia en la isla de Livingston Bulgaria aparece como vecino de las islas Falkland.)
Uno de los activos más importantes de todo estado son sus recursos humanos, inclusive su potencial demográfico (en las islas Falkland este recurso crece a un buen ritmo pero todavía es pequeño), igual que el fundamento de su sociedad cívica y su estructura política. Llama la atención la práctica democrática de las islas Falkland, la información y la participación de la sociedad y más que nada las altas normas y la calidad del gobierno estatal ejercido los Consejeros (miembros de la Asamblea Legislativa de las islas Falkland). Una de las principales ventajas de su relación con Gran Bretaña es el actual sistema democrático de gobierno de las islas Falkland que garantiza una gestión democrática responsable y sostenible del país. El gobierno de las islas Falkland, desde la legislación hasta las patrullas pesqueras, va convirtiéndose en una actividad cada vez más compleja que los isleños y los políticos elegidos por ellos ejercen de una manera justa, madura y eficiente. Mientras tanto cada vez más cargos son ocupados por nativos y no por gente contratada del extranjero. Es por ello que el perfeccionamiento de la democracia en las islas Falkland resulta una clave para garantizar la prosperidad y el bienestar ulterior del país.
La estructura constitucional de las islas asegura un nivel de autogobierno que supera con creces el autogobierno de Escocia, por ejemplo, con la propiedad exclusiva sobre los recursos naturales de las islas (inclusive todos los yacimientos de petróleo y los eventuales ingresos de ellos) igual que con su propia política de inmigración. No obstante, la práctica de gobierno ha tenido un considerable desarrollo también después de la aprobación de la Constitución en 1985. Este desarrollo, inclusive la necesidad, subrayada a menudo por los gobernadores de las islas Falkland, de que la institución del gobernador sea liberada de la obligación ¨esquizofrénica¨ de representar tanto Puerto Stanley ante Londres como Londres ante Puerto Stanley, debería encontrar un lugar adecuado en la revisión de la Constitución que está en proceso de realización.
Naturalmente, la estrucutura constitucional real podría ser mejorada en varios aspectos:
(1) La elección de un Primer ministro y un gabinete de ministros con la responsabilidad de ministros;
(2) El nombramiento de gobernadores ciudadanos de las islas Falkland (y no funcionarios de Foreign Office), señalados por el Primer ministro de las islas Falkland y nombrados por la Reina;
(3) Convenios razonables con Gran Bretaña que den garantías de que Foreign Office actuaría en su política exterior respecto a las islas Falkland previo acuerdo del gobierno de las islas;
(4) La conclusión eventual de un convenio legal global que regule las relaciones de las islas Falkland con Gran Bretaña similar a la forma de regular las relaciones entre los Estados Unidos y las islas Marianas del Norte en su Pacto de libre asociación o a la forma de regular las relaciones entre Holanda europea, las Antillas holandesas y Aruba en la Carta del Reino de los Países Bajos.
No hablemos de que tanto el alcance como el ritmo de un desarrollo evolutivo así tienen que ser determinados por las mismas islas Falkland. Más concretamente, la vacilación evidente de los líderes políticos de las islas Falkland en asumir una responsabilidad ministerial en esta etapa remitiría probablemente esta reforma a otra revisión de la Constitución en el futuro. Sin embargo, la democracia exige categóricamente la división de los poderes y la separación del poder ejecutivo del legislativo. Si no, las asambleas públicas de Puerto Stanley seguirán desempeñando el papel de una especie de ¨control parlamentario¨ similar a los Problemas parlamentarios en la Cámara de los Comunes y la Cámara de los Lores en Westminster.
3. Autodeterminación
El derecho a la autodeterminación es un principio firme en el derecho internacional contemporáneo. La práctica de su ejercicio, sin embargo, es un proceso más bien político que jurídico. La Carta de la ONU, basada en este mismo principio, no tiene adjunta una relación de naciones/pueblos lo que deja abierto el problema práctico fundamental: ¿quién es el que tiene y quién es el que no tiene derecho a la autodeterminación? Para que haya autodeterminación, en cada caso concreto debe haber en primer lugar una comunidad de personas que se consideren a sí mismas como una nación/un pueblo, en segundo lugar ellas deben declarar su derecho a la autodeterminación igual que la posibilidad de elegir su preferida forma de autogobierno, y al final, aunque no por su importancia, este derecho declarado debe ser reconocido por el gobierno central respectivo.
A menudo este proceso ha sido acompañado de dificultades y trabas; basta recordar la autodeterminación de los pueblos kurdo, palestino, tibetano y de Timor. Ello no tiene nada que ver con su número como erróneamente consideran algunos; los kurdos en realidad son más de 20 millones. Al mismo tiempo el dominio neozelandés de Tokelau cuya población es dos veces menos numerosa que la de las islas Falkland, tiene su derecho a la autodeterminación, reconocido tanto por Nueva Zelanda como por la ONU.
Los habitantes de las islas Falkland son una nación al igual que los de Escocia, Gales o Inglaterra, ni hablar del pueblo de Tokelau. Algo más, su derecho a la autodeterminación está ya oficialmente reconocido y garantizado por el gobierno británico mediante el proceso de confirmación de la Constitución Falkland en 1985. Este acto de transferencia de las prerrogativas de Londres a Puerto Stanley significa que en el futuro todas las decisiones referentes a las islas Falkland deberían tomarse por los mismos isleños siendo este un proceso definitivo. Una vez reconocida/cedida la autodeterminación, no puede haber vuelta atrás.
Sin embargo la autodeterminación fue lograda también con los esfuerzos decididos y abnegados de los mismos isleños siendo el momento clave el rechazo y el bloqueo exitoso de parte de las islas de los intentos en los años 70 del siglo pasado de imponerles la llamada ¨solución de cesión- arrendamiento¨ en que la soberanía debía ser cedida a Argentina y el gobierno británico debía mantenerse por un período limitado de transición que durara unos decenios (al ejemplo de Hong Kong).
Hay que subrayar que la autodeterminación de las islas Falkland es un problema interno por un lado del pueblo falkland representado por el gobierno elegido por él que ejerce la soberanía de las islas, y por otro, del gobierno británico que ejerce la soberanía de las islas Falkland a nivel internacional. Ni Argentina, ni la ONU podrían ser parte en estas relaciones bilaterales.
Todo reconocimiento de la autodeterminación de las islas Falkland por terceros como la ONU es deseable pero sin tener en absoluto una importancia decisiva. Este reconocimiento llegará inevitablemente en el contexto de los acontecimientos políticos más globales como resultado de los cuales la práctica de la autodeterminación se desarrolla en el mundo entero, aunque no se debe descartar la posibilidad de que se siga ejerciendo una presión sobre el Comité de la ONU para la descolonización con vistas a que reconozca este derecho y deje de actuar a dos velocidades.
La participación de la ONU es útil en países como Sahara Occidental o Timor Oriental donde sin esta organización no podría haber una autodeterminación. Sin embargo, todos los demás territorios no autogobernados que actualmente son objeto de observación de parte del Comité de la ONU para la descolonización ejercen su derecho a la autodeterminación sin ningún apoyo de parte de la ONU. La comparación de las clasificaciones anuales, elaboradas por la organización Freedom House, entre los ¨descolonizados¨ (los 16 territorios actualmente objeto de descolonización de parte de la ONU) y sus descolonizadores (los 24 países miembros del Comité para la descolonización) demuestra que los primeros son tres veces más democráticos que los segundos. Y junto con ello mucho más ricos.
Para colmo los mismos ¨descolonizadores¨ administran territorios como Tibet (China), Papua Occidental o Irian Jaya (Indonesia), Cahemira (India) y Chechenia (Rusia) donde la democracia es escasa y la autodeterminación denegada. Naturalmente, los 16 territorios ¨no autogobernados¨, llamados así por la ONU, aspiran a adoptar las altas normas de sus respectivas fuerzas ¨administradoras¨, es decir, las fuerzas de Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia y Nueva Zelanda y no las de Cuba, Irak, China, Congo, Irán, Siria, Venezuela y otros miembros del Comité.
A pesar de todo, el Comité de la ONU para la descolonización podría ser útil en la preparación de los pueblos de los territorios de ultramar de Gran Bretaña en cuanto a las demás posibilidades legales existentes de autodeterminación aparte de la independencia y la total integración con lo cual compensar la insistencia poco tolerante de Foreign Office de que toda cesión de más poderes se haga sólo en el contexto de un gráfico de independencia.
La pretensión argentina de soberanía tampoco podría ser una traba para la autodeterminación de las islas Falkland. Pretensiones así suelen darse antes de la autodeterminación y seguir existiendo durante cierto tiempo después de la obtención del derecho a la autodeterminación como lo muestran los ejemplos de Mayotte, Belice, Kuwait y Guayana.
Cuando las islas Comores ejercieron su derecho a la autodeterminación (la independencia de Francia) en 1974, la isla Mayotte eligió otra variante y a partir de entonces representa una colectividad territorial con Francia por la cual siguen pretendiendo las islas Comores. Belice obtuvo su independencia en 1981 siendo todavía objeto de una pretensión de soberanía de parte de Guatemala que posteriormente fue reducida y hoy comprende sólo parte de Belice del Sur. Al obtener su independencia en 1961 Kuwait fue objeto de una pretensión de soberanía de parte de Irak que siguió existiendo hasta 1994. Antes de la declaración de la independencia de Guayana en 1966 Venezuela pretendía por dos tercios de su territorio (la zona de Essequibo), una pretension que oficialmente no ha sido abandonada.
Hay dos variantes posibles para la solución definitiva de la pretensión territorial de Argentina:
La primera solución – que por su esencia se está aplicando a partir de la guerra Falkland en adelante – es la anulación paulatina de esta pretensión hasta el momento en que ella se convertiría (si esto no es todavía un hecho real) en puramente imaginaria sin ninguna importancia práctica como lo es por ejemplo la pretensión de Siria por la provincia turca de Iskenderun (Alexandretta) o la pretensión de Guatemala por Belice, o la pretensión de Venezuela por Essequibo. Tradicionalmente, la pretensión por las Malvinas tiene un valor simbólico para los argentinos (como si fuera parte poco menos que de su identidad nacional) por encima de todas las ventajas materiales que podrían obtenerse como resultado de una solución racional por vía de las negociaciones.
En el transcurso del tiempo estas prioridades de Argentina podrían cambiar en unísono con el desarrollo de los ánimos sociales pero también es de esperar que la disposición de las islas Falkland de hacer concesiones materiales disminuya en el futuro. En otras palabras, hasta el momento el enfoque de Argentina era un ejemplo típico de una estrategia perdedora del tipo ¨demasiado poco, demasiado tarde¨, en que uno de los países siempre ofrece algo que antes hubiera sido aceptable pero ya no lo es.
La segunda opción consiste en solucionar el problema por vía de las negociaciones. Para Argentina ello significaría abandonar su pretensión a cambio de ciertas concesiones de parte de las islas Falkland, por ejemplo el establecimiento definitivo de límites de sus zonas económicas exclusivas en el mar con cambios razonables a favor de Argentina. En todos los casos, el Convenio sobre el derecho marítimo sugiere un acuerdo similar referente a la delimitación definitiva aunque si Argentina no sale con una propuesta realista que sea aceptable para las islas Falkland, los límites existentes de hecho en este momento resultarían definitivos. (Hay que decir que los límites establecidos ya comprenden concesiones considerables para Argentina no siguiendo el principio de la línea media.) Además en la etapa actual Argentina no aspira a otras formas existentes de solución como el arbitraje o la sentencia del Tribunal Internacional de la ONU, evidentemente porque es consciente de las deficiencias legales de su pretensión.
4. Experiencia Extranjera
Antes de señalar algunas variantes para la autodeterminación de las islas Falkland que podrían surgir como resultado del desarrollo político actual de las islas, sería correcto mencionar en breve algunas líneas similares de desarrollo en otros territorios de ultramar autónomos o asociados.
Las islas Normandas (que en realidad representan hoy dos unidades estatales independientes – Jersey y Guernesey) no son exactamente unidades autogobernadas del Reino Unido pero sí tienen una relación estrecha y categóricamente no colonial con Gran Bretaña conservando su autodeterminación y autonomía local. Al igual que las islas Falkland, ellas no tienen un sistema de partidos políticos aunque Guernesey se orienta hacia la forma ministerial de gobierno. Vale la pena mencionar el hecho de que una característica fundamental de los territorios de ultramar del Reino Unido como su total autonomía financiera poseen hasta los territorios estrechamente relacionados con Gran Bretaña y dependientes de la Corona como las islas Normandas y la isla de Man.
La enseñanza de Gibraltar – que está por ser asimilada – consiste en que el gobierno británico no está más en condiciones de dominar la voluntad libre de los territorios de ultramar de Gran Bretaña. Esta enseñanza influirá sobre el futuro de otros territorios de ultramar independientemente de la especificidad del caso de Gibraltar. (Geográficamente Gibraltar está en Europa, es parte de la Unión Europea etc.) Las contradicciones actuales en el caso de Gibraltar en realidad están en la base de la necesidad de regular las relaciones entre el Reino Unido y sus territorios de ultramar sobre la base de un tratado que garantice más concretamente el hecho de que Foreign Office es el ministerio de asuntos exteriores de Gibraltar que representa a Gibraltar ante terceros países como España y no al revés.
En un aspecto más amplio la conducta indignante de Foreign Office respecto a Gibraltar no se corresponde ni con la orientación principal de la política exterior del Reino Unido, ni con la voluntad del Parlamento de Gran Bretaña; ellos envían señales erróneas que podrían estimular el resurgimiento de diferentes conflictos territoriales en el mundo entero.
La nueva constitución de Gibraltar, aprobada hace poco por la Asamblea del país, preve un estatuto similar al de un territorio bajo la dependencia de la Corona como el de las islas Normandas más una eventual representación en Westminster y en el Parlamento Europeo. La integración autónoma (devolved integration) con Gran Bretaña cobra cada vez más popularidad en Gibraltar; según un sondeo reciente de la opinión pública la mayoría de los gibraltareños apoyan esta idea. La fórmula fundamental de esta variante es el pleno autogobierno encargándose el gobierno del Reino Unido de los asuntos exteriores y la defensa, la ciudadanía (pero no de la inmigración) y las divisas, similar a las relaciones entre Holanda, las Antillas holandesas y Aruba. Un detalle importante sería la posibilidad de que estas relaciones sean interrumpidas unilateralmente por Gibraltar y no por Gran Bretaña.
En el mismo Reino Unido con el autogobierno de Escocia y el País de Gales llega el turno de cierto autogobierno de Inglaterra introduciendo en estos momentos una legislación que daría la posibilidad de realizar un referéndum en las regiones de Inglaterra en cuanto a las asambleas electorales aunque con poderes legislativos y financieros más modestos que los de Escocia y el País de Gales. Lo interesante es que los partidarios de la idea de una asamblea de Yorkshire o de un parlamento inglés invocan el derecho a la autodeterminación!
Sin embargo, es poco probable que el Reino Unido se convierta en una federación estándar ya que la descentralización en sus marcos está acompañada de una considerable asimetría con distinto grado de autogobierno y ordenamientos constitucionales muy diferentes para Inglaterra, Escocia, el País de Gales, Ulster, la isla de Man, las islas Normandas y los territorios de ultramar. La asimetría se ve reforzada por territorios de ultramar como Georgias del Sur o Akrotiri y Dhekelia que en esta etapa no tienen población local que sea un sujeto de autogobierno igual que otros como la isla de la Ascensión o Chagos (territorio británico en el Océano Índico conocido por la base en la isla de Diego García) que se encuentran en etapas intermedias de su desarrollo político.
Hay que señalar que incluso en federaciones clásicas como los Estados Unidos hay (aparte de los cincuenta estados que componen la federación) componentes asimétricos como Puerto Rico, Guam, las islas Marianas del Norte, Samoa americana, la parte americana de las islas Virginia y el mismo distrito federal de Columbia (¨Imposición fiscal sin representación¨). La mayoría de los mencionados eligen solos gobernadores que son los jefes de sus gobiernos y tienen también sus representantes elegidos sin derecho al voto en el Congreso de los Estados Unidos.