El "error de diciembre" en 1994. Cómo convirtieron un problema en una crisis. Explicación de Carlos Salinas de Gortari a la crisis económica de 1994.

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Cuando se puso de moda en el ámbito internacional sacar lecciones del año de 1994 resultó conveniente agregar dos enseñanzas más. La primera tuvo que ver con la naturaleza de la crisis: como bien se ha dicho, se trató de la primera crisis financiera del siglo XXI. Cuando se tiene un déficit en cuenta corriente elevado y los indicadores principales de la economía eran estables (finanzas públicas en equilibrio, estabilidad de precios, incrementos en la productividad y ahorro en aumento), no cabía pensar que en nuestras economías abiertas, la estabilidad financiera y cambiaria fuera defendible sólo con altas reservas, política monetaria restrictiva y depreciación del tipo de cambio (Francia e Inglaterra, al principio de los noventa, demostraron que esto no era posible). Se requería, ante todo, de libertad de comercio y de una institución financiera internacional con la capacidad de recursos suficientes para vencer a los especuladores o las inestabilidades pasajeras. En la globalización las soluciones financieras tenían que ser de gran magnitud. De otra manera seguirían presentándose crisis recurrentes. La segunda lección fue que para anticipar esas crisis no bastaba elaborar diagnósticos y propuestas aparentemente adecuados; era necesario contar con un equipo humano con el talento, la capacidad y la coordinación adecuadas para instrumentar esas propuestas. Tan importante como saber qué se debía hacer era cómo hacerlo.

Los trabajos más serios sobre el tema demostraron también que la devaluación no era esperada en diciembre de 1994. Incluso, una vez que ocurrió, los sectores productivos tuvieron reacciones favorables en el mercado de valores. Los productores mexicanos no vieron la decisión como un hecho negativo aun 30 días después de ocurrida. Esto confirmó que fue el manejo subsecuente lo que provocó el pánico. Los inversionistas esperaban buenas noticias, no el mensaje de que la economía estaba fatal. No fue la situación que privaba a fines de noviembre de 1994 lo que causó la crisis, sino la forma como se manejó la devaluación y lo que vino después.90

Los análisis objetivos confirmaron que si bien existían problemas al momento del cambio de mandato, éstos no eran graves ni presagiaban una situación de crisis. El nuevo gobierno así lo reconoció en los documentos oficiales que envió la Congreso a mediados de diciembre. Esos mismos análisis dejaron ver que las equivocaciones cometidas a partir del 19 de diciembre y hasta principio de marzo siguiente fueron las que convirtieron los problemas en una crisis.

Al inicio de este capítulo reconocí insuficiencias y limitaciones en el manejo económico durante 1994. Pero el desastre nacional que provocó la crisis de 1995 exigía que se presentaran con objetividad los errores que se cometieron entre diciembre de 1994 y marzo de 1995. El "error de diciembre" fue el último de los grandes errores financieros del siglo XX, pero dio paso a una crisis de nuevo tipo en el siglo XXI. El costo social y económico que pagaron millones de familias y cientos de miles de empresas merecía una explicación objetiva y, sobre todo, veraz. No había manera de resarcirlos. Empero, debía evitarse que desaciertos así se volvieran a repetir. La única manera de lograrlo era exhibirlos con claridad. Mi propósito al relatarlos ha sido contribuir al conocimiento de la verdad.

No hay blindaje financiero que resista un error como el de diciembre de 1994 Al final de mi gobierno las reservas internacionales y los apoyos externos representaban un importante "blindaje financiero". También existía una gran credibilidad y confianza en la política económica. Por eso en 1998 Sergio Aguayo escribió:

Salinas ha sido el presidente mexicano que más ha entusiasmado a la comunidad internacional... Un comentario aparecido en The Economist de 1993, aunque excesivo, captura el espíritu de la mayor parte de la comunidad internacional: “A pesar de lo controvertido de su principio (las elecciones de 1988), a más de cuatro años de iniciado su gobierno, el señor Salinas tiene derecho a ser aclamado como uno de los grandes hombres el siglo XX". 91

Sin embargo, esas reservas y esa confianza no podían ser suficientes, bajo ninguna circunstancia, ante errores como los que se cometieron a partir de diciembre de 1994. Por eso, como se puso de moda hablar de las “lecciones" de la crisis de 1995, me parece que haya algunos elementos que se podían agregar. Entre ellos, los siguientes:

No hay fondo financiero o "blindaje" que resista la ofensiva contra las reservas internacionales como la provocada por la información anticipada que se dio sobre la devaluación; en una situación así, mientras mayores sean las reservas, mayores serán las fugas. Contrario a lo que se ha afirmado, la fuga de reservas no se dio por la pérdida de confianza en las autoridades. En realidad, primero se fugaron las reservas y después vino la pérdida de la confianza. Éste es otro de los elementos clave que confirman que no hay blindaje suficiente ante un error como el de diciembre de 1994.

.Ningún blindaje financiero puede resistir la indecisión mostrada a la hora de poner en marcha una política correctora. La ineptitud del gobierno de Zedillo entre diciembre y marzo provocó la explosión de las tasas de interés y del tipo de cambio. Quienes pretendían frente a esos errores devaluar "un poco" terminaban en la necesidad de afrontar las consecuencias de devaluaciones mayúsculas.

En el caso de la deuda, para evitar la repetición de la crisis se requeriría un manejo muy cuidadoso. Baste pensar en la situación de los Tesobonos frente al Fobaproa. Si bien en noviembre de 1994 los Tesobonos ascendían a 16,000 millones de dólares, para el año 2000 la deuda de Fobaproa ascendía a casi 100,000 millones de dólares. Una diferencia enorme. En 1994 las reservas internacionales cubrían el monto de los Tesobonos. Para el 2000 las reservas no cubrían ese monto de deuda, por lo que, aquí sí, la carga y los condicionantes de esa deuda serian heredados al nuevo gobierno.

Era lo más deseable que el gobierno de Zedillo llegara al final de su responsabilidad sin una crisis cambiaría. Sin embargo, se anticipaba para ello que su sucesor estaría atento a los errores que Zedillo cometió al inicio de su gobierno, pues la única manera de protegerse contra una crisis como la de 1995 era evitar un error como el de diciembre de 1994. Por eso resultó indispensable precisar, como se ha hecho en este capítulo, los pasos que llevaron a ese desenlace tan oneroso para el pueblo de México.

En la campaña presidencial de 2000, el candidato del PAN a la presidencia y triunfador en la elección, Vicente Fox, afirmó durante una conferencia de prensa en Poza Rica, Veracruz:

A veces a mucha gente le ha dado por endiosar a quienes destruyen y luego reconstruyen. Pero no. Zedillo es el culpable directo del "error de diciembre" de 1994, que no venga con falsedades y diga que ha reconstruido al país. Zedillo falló. no cumplió y fue incapaz. 92

Se rechazó una propuesta que pudo haber evitado el "error de diciembre " No hay individuos providenciales. Es decir, que su sola presencia evite una crisis. Sin embargo, hay ocasiones en que una persona o un conjunto de ellas, en el lugar adecuado y en el momento preciso, pueden evitar que un problema se convierta en crisis. Eso pudo haber sucedido en México" en diciembre de 1994.

Como señalé anteriormente, a finales de noviembre de 1994, unos días después de la reunión que habíamos celebrado en la biblioteca de mi casa para analizar el mercado cambiara, fui portador de un mensaje de Pedro Aspe al presidente electo Zedillo. Los mercados ya se habían normalizado, pero se anticipaba que en diciembre volvería a recrudecer su inestabilidad, pues se sabía que la Tesorería de los Estados Unidos revisaría nuevamente sus tasas de interés para el 22 de diciembre. Por eso, Aspe me pidió que fuera el conducto para expresarle al presidente electo su disposición a permanecer unos cuantos meses en la Secretaría de Hacienda; ofreció entregar su renuncia por delante. Es decir, apoyaría a la nueva administración en el inicio, pero no la obligaría a mantenerlo en la Secretaría de Hacienda, pues Zedillo podría disponer en el momento que quisiera de la renuncia que entregaba por anticipado. Fue un gesto generoso que me apresuré a comentar con el presidente electo.

Cuando le transmití esta propuesta al doctor Zedillo, su rechazo fue categórico. Zedillo adujo como razón el que Aspe se hubiera opuesto a la coordinación de Serra que había sugerido los días previos a su toma de posesión. A cambio de eso, me pidió que le transmitiera a Aspe la invitación a ser secretario de Comunicaciones y Transportes. Pero Aspe ya me había dicho que no buscaba un puesto, sino contribuir a una conducción estable de la economía. En realidad, pude apreciar que existía de parte de Zedillo una gran animadversión personal hacia Pedro Aspe. Me sorprendió, pues Aspe había sido quien invitó a Zedillo en 1987 a colaborar con él en la Secretaría de Programación y Presupuesto. Fue Aspe quien incorporó a Zedillo al gobierno federal.

Podía tratar de comprender las razones personales del desprecio de Zedillo a una propuesta tan importante como la de Aspe, pero me pareció, y me sigue pareciendo ahora, que hubiera sido mejor anteponer el interés superior de una transición económica ordenada a esos sentimientos personales tan cuestionables. Con ese rechazo aparentemente visceral se iniciarían los pasos que encaminaron a México hacia el fatídico "error de diciembre".

Algunos me han preguntado: si al final de mi gobierno no era necesaria una macrodevaluación, como la que ocurrió en 1995, ¿podría haberse evitado la que provocó el "error de diciembre"?. Cada gobierno enfrenta su circunstancia de acuerdo a su propia responsabilidad. Yo sólo puedo hablar de lo que al mío correspondió: Pero los hechos mostraron dos cosas: durante mi administración, cada vez que enfrentamos embates de inestabilidad cambiaria - ya lo largo del sexenio fueron más de diez ocasiones- logramos sortearlas sin recurrir a "devaluaciones traumáticas. Y lo segundo era que Pedro Aspe, como secretario de Hacienda, desarrolló un conjunto de acciones que gozaban de amplia credibilidad entre los inversionistas nacionales y extranjeros, lo que coadyuvó a fortalecer el uso de los diversos instrumentos de política económi.ca para contrarrestar los embates cambiarios y evitar así macrodevaluaciones.

Estoy convencido de que si Pedro Aspe hubiera permanecido como secretario de Hacienda al inicio del gobierno de Zedillo, no hubiera habido devaluación abrupta en diciembre de 1994 ni crisis en 1995. Con Aspe en Hacienda no se hubiera cometido el "error de diciembre" y Jaime Serra, el brillante secretario de Comercio de mi administración, no hubiera finalizado su carrera en el sector público de manera tan injusta. Pero lo más importante es que millones de familias mexicanas y miles de pequeñas y medianas empresas no hubieran padecido los estragos de la crisis de 1995. Lamentablemente para México, no se aceptó esa propuesta. 93

También estoy convencido de que, desde la Presidencia, Luis Donaldo Colosio habría invitado a Pedro Aspe a permanecer en la Secretaría de Hacienda. Mucho, mucho más de lo que se supone, ha padecido el país por la ausencia de Colosio y por el desplazamiento de Aspe.

El veredicto internacional: el TLC salvó a la economía mexicana de la crisis de 1995 Se ha recordado que las crisis del último año de los presidentes Echeverría (1976)y López Portillo (1982) fueron causadas por un endeudamiento externo que financió aumentos espectaculares en el gasto público; la deuda provino de bancos extranjeros. Esas crisis requirieron más de dos años para que la producción industrial empezara a recuperar su crecimiento; y como las exportaciones de manufacturas no pasaban de representar el 30% del total, a pesar de que el peso sufrió una considerable devaluación (600% en 1983) el país tomó mucho tiempo enrecobrarse. 94

Por contra, a pesar del “ error de diciembre" de 1994, la crisis mexicana se resolvió con una rapidez que asombró al mundo. Durante 1995, en sólo siete meses, la producción industrial mexicana empezó a recuperarse; para el primer trimestre de 1996 el PIB registró tasas positivas y las exportaciones mexicanas de manufacturas lograron en sólo 18 meses ser las mayores de América Latina. 95 Cuando a finales de 1997 surgieron las terribles crisis asiáticas, los expertos internacionales afirmaron que ellas no tendrían una recuperación tan rápida como la nuestra, pues la mexicana fue una crisis financiera de corta duración". 96

La rapidez de la recuperación de la economía mexicana sorprendió a los analistas internacionales. ¿Cómo se recuperó tan rápido? Algunos autores pretendieron que esa recuperación derivó del enorme paquete financiero de 1995 y de la "firme respuesta de las autoridades fiscales y financieras mexicanas". 97 En realidad, la evidencia y los estudios analíticos comprobaron que si bien estos factores contribuyeron a la recuperación, no pudieron explicar ni su rapidez ni su amplitud. ¿Cómo se recuperó la economía mexicana después del "error de diciembre"?

La respuesta estuvo en el crecimiento espectacular de las inversiones y de nuestras exportaciones. En lenguaje coloquial, puede decirse que esas exportaciones jalaron hacia arriba a la inversión en ese sector y con ella al resto de la economía; gracias a eso la producción mexicana volvió a crecer.

Sidney Weintrab escribió:

México empezó a salir de su depresión de 1995 a mediados de 1996, mientras que la recuperación después de 1982 tardó casi cinco años... lo que (esta vez) salvó a México fue que sus exportaciones a los Estados Unidos aumentaron... El TLC fue el responsable, indiscutiblemente, del aumento del comercio en dos sentidos entre los Estados Unidos y México... El TLC fue un medio para que México contara con la garantía de un mercado estadounidense abierto. 98

Lo anterior fue confirmado por estudios realizados por instituciones internacionales. La OCDE tituló su reporte sobre México para 1997: "Una recuperación basada en las exportaciones". En el documento podía leerse el siguiente párrafo:

Las exportaciones de bienes y servicios han sido el factor determinante de la actividad económica después del colapso del peso, pues se elevaron 36% en volumen en 1995, casi el doble del crecimiento en 1994, el año en que el TLC entró en operación....La recuperación del crecimiento económico ha sido apoyada.....por el crecimiento notable de las exportaciones y la fuerte inversión de empresas vinculadas al comercio exterior. 99

También en 1997 el Financial Times confirmó que la recuperación fue producto del estímulo del TLC. El diario londinense señaló que ese año el PIB mexicano había aumentado más de 5% el primer trimestre, debido a las mayores exportaciones. Incluso la industria de la Construcción, una de las más afectadas por la grave recesión de 1995, mostraba un importante repunte, gracias a que se levantaron nuevas edificaciones para albergar a las empresas orientadas a la exportación. El Financial Times concluyó: "Esta recuperación vino más rápido y más fuerte que cualquiera anterior... y el motivo que lo explica es la reforma estructural y la liberalización del comercio." I00

Dos años después, en 1999, el Financial Times volvió a publicar un artículo sobre el evidente crecimiento de las inversiones a lo largo del país. Después de hacer un reportaje sobre un nuevo centro textil en el estado de Morelos, señaló:

La difusión de esas empresas intensivas en mano de obra ha contribuido a convertir a México en una de las naciones más dinámicas del mundo en desarrollo. Las exportaciones han pasado de 31,000 millones de dólares en 1988 a 118,000 millones el año pasado, más que la suma combinada de las tres economías más grandes de América del Sur... la mayor parte de la explicación está en el TLC, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. 101

En 1999, la economía mexicana creció alrededor de 5%; la mitad de esa tasa de crecimiento fue resultado del dinamismo de nuestras exportaciones. Y la otra parte, de inversiones estimuladas por la actividad exportadora. También se estimó que más de un millón de nuevos empleos -la mitad de los creados en México entre 1995 y 1999- provinieron de actividades ligadas a las exportaciones ya la inversión extranjera directa. En promedio, esos empleos pagaban salarios superiores en 30% a los que se devengaban en empleos similares en industrias no exportadoras. 102

La administración de Zedillo pudo utilizarlas reformas estructurales realizadas entre 1983 y 1994, la reducción de la deuda lograda por mi administración y el TLC para corregir las insuficiencias heredadas y enfrentar sus graves errores iniciales. Las bases establecidas a lo largo de varios años de continuas reformas permitieron evitar que la crisis provocada por el "error de diciembre" se convirtiera en una de larga duración. 103

No faltó quien señalara que si bien el TLC promovió un significativo aumento sobre las exportaciones también alentó las importaciones hacia México y en consecuencia, en el balance, el efecto sobre el crecimiento habría sido reducido. Pronto tuvieron la respuesta.

Para 2000, un connotado grupo de economistas internacionales confirmó la importancia del TLC en la recuperación mexicana tras la crisis provocada por el tristemente célebre "error de diciembre" de 1994. Este grupo publicó sus conclusiones en un documento titulado Mexico: Five Years after the Crisis. l04 y estaba integrado por los siguientes: Joseph Stiglitz, quien fuera jefe de economistas del Banco Mundial y del Consejo de Asesores Económicos del presidente de Estados Unidos; Guillermo Perry, jefe de economistas del Banco Mundial y Director para América Latina y el Caribe; también de esa institución los economistas Daniel Lederman y Ana María Menéndez. Los autores concluyeron que las exportaciones mitigaron el efecto de la crisis de 1995, pero la inversión fue el factor decisivo en la recuperación económica posterior. ¿Por qué creció tanto la inversión? Los autores respondieron que después de la devaluación:

Se dio un efecto sustitución a favor de los bienes comerciables, los cuales en el caso de México tienen un efecto multiplicador sobre la inversión que es mucho mayor que el de los bienes no comerciables.... la recuperación fue estimulada por el elevado efecto multiplicador del sector de bienes comerciables, la reducción en las tasas de interés domésticas y las bajas tasas de interés en Estados Unidos. 105

Lo anterior significó que el aumento de la inversión fue lo que produjo la recuperación económica tan rápida. La explicación a ese aumento de inversión provino del TLC: el crecimiento de las exportaciones que alentó el Tratado produjo un enorme estímulo sobre las inversiones en México. En particular, Stiglitz afirmó:

México se recuperó debido al crecimiento de sus exportaciones hacia los Estados Unidos, gracias a la dinámica de la economía norteamericana y gracias al TLC... México no se recuperó [como lo argumentó el Director del FMI, Michel Camdessus] porque el FMI lo haya forzado a fortalecer su débil sistema financiero, el cual se ha mantenido débil años después de la crisis. l06

Es decir, la recuperación no derivó de los apoyos del FMI ni de la "ayuda" externa. En todo caso, esos apoyos impidieron la volatilidad provocada por la pérdida de las reservas. Pero sin el TLC y sin las reformas estructurales que promovimos, no hubieren habido recuperación económica tan rápida. 107

Además, la diversificación de las exportaciones y los nuevos mercados que abrió el TLC fortalecieron la capacidad de la economía mexicana para enfrentar choques externos. 108 El TLC y las reformas estructurales llevadas a cabo entre 1983 y 1994 y su continuación en los años siguientes, permitieron que una crisis como la que México sufrió durante 1995 se revirtiera en un tiempo récord.

La recuperación económica no pudo evitar la crisis bancaria: Fobaproa Cuando la crisis mexicana parecía que se iba a prolongar, las culpas se pusieron en el pasado. Cuando la recuperación fue más rápida de lo anticipado y se presentaron otras crisis en Rusia y en el sureste asiático, el gobierno de Zedillo se presentó como el milagroso salvador de la crisis, pero ocultó que él mismo la había generado, con sus errores a partir de diciembre de 1994. Entonces pretendió que las reformas estructurales del pasado, en que se basaba la recuperación, no le merecían más que vilipendio y descrédito, al haber alentado la descalificación en bloque de un gobierno al que el nuevo presidente le debía todo.

Sin embargo, un saldo más amargo radicaba en que la crisis de 1995 tuvo un efecto devastador sobre los deudores; la explosión de las tasas de interés, que en unos meses pasaron de 15% a casi 110%, provocó su insolvencia. Esta situación arrastró a los bancos, que encontraron imposible cobrar esos adeudos cuando la economía se encontraba en una recesión espectacular y los sueldos y salarios se habían desplomado en términos reales.

Otro error mayúsculo se cometió en el ámbito legal; el gobierno permitió que muchos que podían pagar no cubrieran sus adeudos, y sólo castigó a los que quería perseguir políticamente. La discrecionalidad en la aplicación de la ley sumó costos enormes al rescate bancario.

Como se señaló antes, en diciembre de 1994, al iniciarse el gobierno de Zedillo, el costo de recuperación de la cartera vencida era de 50,000 millones de pesos (5% del PIB y equivalía a 14, 700 millones de dólares). Sin embargo, era un costo potencial, pues tenía muchos activos como respaldo que permitían una recuperación posterior. Después del "error de diciembre" y de la descomunal alza de tasas de interés, la cartera vencida explotó. Recuérdese que los reportes internacionales confirmaron el desmesurado aumento de las tasas de interés como el responsable de la quiebra de los bancos. Para finales del periodo de Zedillo, su gobierno asumió la deuda de la cartera de los bancos, cuyo costo alcanzaba casi un millón de millones de pesos ( 15% del PIB y era equivalente a más de 90,000 millones de dólares). I09 Esta deuda fue asumida por el Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa), un fideicomiso que muchos sectores de la población asociaron con crisis y corrupción. 110

Después de la crisis de 1995, el salvamento de los bancos era inevitable. Sin duda hubieron muchos créditos indebidos y otros ilegales que podían estar en ese Fideicomiso; pero la mayoría de las carteras vencidas provino de la explosión de las tasas de interés. Resultaron incobrables porque era imposible que los acreditados las cubrieran a esas tasas y porque a muchos no se les aplicó lo que mandaba la ley para que las pagaran. Al no poder cobrarlas, los bancos quebraron. Tenían que salvarse las instituciones bancarias donde estaban depositados los ahorros de millones de mexicanos. Fobaproa incluyó 800,000 deudores agropecuarios, 212,000 pequeños y medianos empresarios y 456,000 deudores hipotecarios. Más que una crisis de bancos con deudores insolventes, fue de toda la economía mexicana. Por eso se señaló con razón: Junto a los abusivos, existen centenares de miles de mexicanos cuyas deudas se volvieron de tal manera inmanejables debido a la crisis de los años recientes -o incluso. cuyas deudas fueron colocadas en el Fobaproa sin su consentimiento. 111

Sin embargo, el salvamento debió haberse hecho de manera transparente, con criterios claramente establecidos; los bancos intervenidos por el gobierno debieron subastarse bajo reglas claras y rendido cuentas de manera transparente y pública, y la atención a los deudores en cartera vencida haberse hecho bajo reglas imparciales. Debieron haber publicado Libros Blancos de cada operación. Y, de manera específica, debió rendirse cuentas sobre los errores que provocaron la quiebra masiva de los bancos mexicanos. Nada de eso se hizo. 112