# El Diablo Cojuelo

## Part 9

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como recordó, andando el tiempo, el autor de _Reinar después de morir_--era hijo de Alonso Rodríguez Vélez y de doña Isabel de Dueñas, y se llamó indistintamente Diego de Dueñas y Diego Rodríguez de Dueñas mientras fué estudiante. Para graduarse de bachiller en Leyes en la Universidad de Sevilla (22 de septiembre de 1570), presentó los siguientes recaudos: casi seis meses que en la dicha facultad había cursado en Salamanca por los años de 1563, 64 y 65; dos cursos más, oídos en Sevilla, el último, desde 1.º de mayo de 1568 hasta 7 de mayo de 1569, y cinco lecciones de leyes que había leído. (Archivo universitario de Sevilla, libro 1.º de Diligencias y colaciones de grados menores, desde 1570 hasta 1574.) Este sujeto es, como columbré diez años ha, el mismo lincenciado Dueñas, poeta más que razonable, autor de once de las composiciones coleccionadas en Méjico, en 1577, bajo el título de _Flores de varia poesía_ (Biblioteca Nacional de Madrid, Ms. 2973), y el mismo a quien se refirió el licenciado Francisco Pacheco, jerezano como él, en su interesante composición intitulada _La sátira apologética en defensa del divino Dueñas_, escrita en 1569, anotada por mí y publicada en la _Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos_ (1907-1908). Trasladado a Écija desde su casamiento, allí vivió pobremente ejerciendo la abogacía y criando otros hijos, entre ellos, a Diego, nacido en 1586 y poeta como su padre y su hermano, vistiéndose y vistiendo a su familia de fiado, de lo cual es buena muestra cierta escritura que encontré en aquel archivo de protocolos, al buscar documentos cervantinos (Antonio Trapel, libro 1.º de 1588, fol. 1899), y componiendo de cuando en cuando tal cual epigrama latino, como el que hizo en elogio de don Alvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, para el _Comentario en breve compendio de disciplina militar_, escrito por el licenciado Mosquera de Figueroa (Madrid, Luis Sánchez, 1596).

Doña Francisca Negrete de Santander era hija del licenciado Diego de Santander, oriundo de la Montaña, y de doña María de Medina, vecinos de Écija. De estos Negretes y Santanderes, unos habían negociado en las Indias, y otros eran hombres de estudios, como lo demuestran los diversos datos que allegué: el doctor Pedro de Santander y su mujer doña Inés Melgarejo, vecinos de Sevilla, él hijo del doctor Negrete, se despacharon a la Nueva España, con los suyos, antes de mediar el siglo XVI (Archivo general de Indias, Licencias de pasajeros, 1534 y 1554 (43, 2, 1/5), relación núm. 74 del cuaderno 9.º). En 25 de septiembre de 1553, Diego Negrete de Santander, vecino de Sevilla, hijo de Bernardo Negrete de Santander y de Isabel Gómez Adalid, se despachó por mercader por tres años para Tierra Firme y Popayán (_Ibid._, al fin de la primera hoja). El bachiller Juan de Santander, natural de Écija, probó en 17 de marzo de 1554 haber ganado un curso de Medicina, «oyendo del doctor gudiel y del doctor ferrer» (Archivo universitario de Osuna, Pruebas de cursos, fol. 6 del cuaderno del dicho año), y en 4 de mayo de 1555 probó otro en la Universidad complutense (Archivo Universitario de Alcalá, hoy en el Histórico Nacional, Pruebas de cursos de 1540 a 1555, fol. 714 vto.). Con el nombre de Juan Antonio de Santander, se graduó en Medicina en la misma Universidad a 16 de mayo de 1555, y repitiendo en Osuna para licenciado, se le asignaron puntos, hizo el examen secreto y se le confirió el grado en 28 de agosto de 1568, doctorándose en 16 de mayo de 1569 (Registro 1.º de grados, fol. 22 del dicho año), a presencia del duque de Osuna don Pedro Girón, de su hijo don Juan, marqués de Peñafiel, de don Alonso Téllez Girón, hermano natural del Duque y de muchos doctores y maestros. En la propia Universidad se graduó de bachiller en Artes, a 28 de julio de 1587, Alonso de Santander (Registro 2.º de Grados, fol. 28 de este año), asimismo natural de Écija, a quien vuelvo a encontrar en Alcalá ganando un curso de Teología escolástica en 8 de mayo de 1590. (Archivo universitario de Alcalá, pruebas de cursos de 1590 a 1593, fol. 21 del dicho año.) Y, en fin, un Pedro de Santander figura, para la devolución de la blanca de carne, entre los dignidades, canónigos, racioneros y capellanes de la Iglesia Mayor de Sevilla, en el año de 1596 (Archivo Municipal de Sevilla, Libros de Propios, asientos de 12 de junio de 1597). Este prebendado, probable deudo de Luis Vélez de Guevara, fué quizás quien le hizo entrar de paje en el palacio de don Rodrigo de Castro, cardenal arzobispo de Sevilla.]

[Nota 5: Así vino a decirlo Cervantes en la jorn. III de _La gran sultana doña Catalina de Oviedo_:

«... hidalgo, pero no rico: maldición del siglo nuestro; que parece que ser pobre al ser hidalgo está anexo.»]

[Nota 6: En 1902 envié desde Sevilla copia literal del acta de este grado a don Felipe Pérez y González, en cuyo citado libro, págs. 132 y siguientes, puede leerla el curioso.]

[Nota 7: _Las bodas de los Católicos Reyes de España don Felipe III y doña Margarita de Austria, celebradas en la insigne ciudad de Valencia. Por Luis Vélez de Santander._ Sevilla, 1599.]

[Nota 8: En uno de los reimpresos por mí (_Cinco poesías autobiográficas de Luis Vélez de Guevara_. Madrid, 1908, pág. 11):

«Esto es cuanto al Archiduque; cuanto a marciales papeles de servicios _de seis años_, escuchadme atentamente. Si busca Antonio de Losa soldados que a hablaros entren, que no sin causa el aplauso vuestro su atención merece, Saboya me vió y Milán; en los años diez y siete de mi edad, medié la pica al grabado peto fuerte_(a)_, con el tercio de Bretaña, siguiendo al Conde de Fuentes desde Baya de Zahona, por ambiciones de nieve, hasta que, treguas haciendo con Saboya los franceses, pasé a Nápoles, de donde a buscar en sus bajeles la caravana salí por todo el mar del Oriente, con don Pedro de Toledo, rayo español de Berzeli. De plomo, como de gorra, nos saludamos mil veces las turquescas escopetas con los cristianos mosquetes, descubrimos las montañas de la provincia que tiene el obelisco de Dios en prisión irreverente, hasta que el heroico brazo vuestro a rescatar se llegue, para que el número diez acrecentéis a los Nueve, y en la primera jornada de Argel fué mi coselete, espejo al sol, que, Narciso, por mi se negó a las fuentes, llegando a Valladolid la misma noche del viernes que, para dicha del mundo, vos nacéis y Cristo muere.»

_(a)_ Como veremos en seguida, no tenía diez y siete, sino veintiún años, cuando dejó su plaza de paje. Trascordóse, pues, Vélez, o, lo que más creo, le hizo escribir _diez y siete_ la fuerza del asonante.]

[Nota 9: En pleito promovido por don Jerónimo de Leyva en abril de 1604 ante el Provisor general del arzobispado de Sevilla, con motivo de haber presentado don Francisco de Acuña, canónigo de aquella Santa Iglesia, unas letras del Auditor de la Cámara de Su Santidad, por las cuales le subdelegaba plenariamente sus veces para averiguar si don Alonso de Ulloa había sido criado del cardenal don Rodrigo de Castro, declararon a tenor de cierto interrogatorio diversos testigos, entre ellos Luis Vélez de Santander, o sea nuestro Vélez de Guevara, y Lope de Vega Carpio. Mi querido amigo el docto cervantista don Adolfo Rodríguez Jurado, que halló este pleito, sacó a la luz pública la interesante declaración de Lope en el _Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras_ (septiembre de 1917), y me ha favorecido copiando para mí la declaración de Vélez, por la cual se viene en conocimiento de algunas cosas muy importantes para su biografía. Dijo «que es de hedad de veynte y cinco años poco más o menos», y respondiendo a la pregunta primera, que «conoció al Ilmo. don Rodrigo de Castro, arçobispo que fue de Sevilla, por queste testigo le sirvio de paje quatro años, que el postrero fue en el que murio el dicho cardenal, porque dos meses antes que muriera salió este testigo del su servicio....» A la segunda: «que sabe que el dicho don alonso de ulloa murió en la ciudad de toro por el mes de agosto del año pasado de seiscientos e tres, y este testigo le vido en valladolid quince días o veynte antes que muriese....» Y a la sexta: «queste testigo fue con el dicho cardenal a la dicha jornada de madrid, valencia y binaros, donde también fué el dicho don alonso de ulloa....»]

[Nota 10: Añadió al _Vélez_ el _Guevara_ y omitió el apellido materno, bien que en Écija siguieron llamándole _Vélez de Dueñas_, como a su padre. En 1630, año en que escribía el licenciado Andrés Florindo su _Addicion al libro de Eciia y svs grandezas_ (Sevilla, Luis Estupiñán, 1631), aún le nombraba así (fol. 4): «Otro insigne Cavallero desta Ciudad, de excelente ingenio, mui universal en todas historias (otro don Alonso de Ercilla, o Luis _Vélez de Dueñas_)....»]

[Nota 11: Como nota el señor Cotarelo, Vélez de Guevara siempre hizo caso omiso de este primer matrimonio, al cual tampoco se refirió su hijo don Juan en la carta dirigida a Pellicer que publicó el señor Paz y Melia; pero en la canción que Salcedo Coronel dedicó a la muerte de nuestro poeta (_Cristales de Helicona_, Madrid, Diego Díaz de la Carrera, 1649-1650, folio 31 vto.) hay una tan clara y circunstanciada alusión a este enlace, que no sé cómo se desvirtúe:

«Coronado de aplausos y victorias volviste a España, que fiel previno en agradables lazos de Himeneo refrenar la inquietud de tu destino. Ingrato el esplendor a tus memorias ardió en las teas que encendió el deseo, y entre infaustos gemidos sin aseo, al tálamo condujo temerosa pronuba Juno a tu querida esposa, que en dulce nudo apenas se vió a tu firme voluntad unida, cuando, de acerbo golpe interrumpida, sulcó estigias arenas: Eurídice feliz fuera, si el llanto no impidiera la fuerza de tu canto.»

¿Qué enlace fué éste? ¿Tuvo acaso más de arrebatado y soldadesco que de sacramental?]

[Nota 12: 24 de septiembre de 1608. Véase la partida matrimonial en el citado libro de Pérez y González, pág. 192.]

[Nota 13: Bautizado a 9 de febrero de 1611 (Pérez y González, obra citada, pág. 193). A este hijo y a la unión de que fué dichoso fruto se refirió Salcedo Coronel en la estancia que sigue a la transcrita poco ha:

«Segunda vez a más fecundos lazos rendiste la cerviz aún no domada, gustoso de tu mismo vencimiento, por quien, dichosamente dilatada, conseguiste en recíprocos abrazos la virtud que inspiró sagrado aliento, hijo, en fin, que formó tu entendimiento aún más que la común naturaleza, porque lograse con igual grandeza, agradecido el mundo, fénix que del primero renaciese y tus doctas cenizas ofreciese al templo en que facundo Apolo, por cien bocas espirante, tus alabanzas dignamente cante.»]

[Nota 14: Pérez y González, obra citada, pág. 196.]

[Nota 15: También le señaló pensión el Marqués de Peñafiel: cuatrocientos ducados en cada un año, desde 1.º de enero de 1622; pero amén de salir de ordinario inciertas las mercedes de los señores de aquel tiempo, en las manos de Luis Vélez no había dinero, presente o futuro, que no se volviera sal y agua.]

[Nota 16: A estos memoriales me he referido en la nota última de la pág. IX.]

[Nota 17: Pérez y González, obra citada, pág. 203.]

[Nota 18: Sólo producían lo poco en que las compraban los autores de compañía o las corporaciones que las habían encargado: seiscientos reales, u ochocientos a lo sumo. Por lo menos de seiscientos no creía Jerónimo Dalmao, en 1616, que Luis Vélez se prestase a componer cierta comedia a lo divino _(Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos_, 1878). Y don Pedro Calderón, en la jorn. I de _Nadie fíe su secreto_, comedia anterior al año 1651, hizo decir a dos de sus interlocutores:

«D. ARIAS. Aquí la doncella vive....

LÁZARO. Ni la oigas ni la veas, señor, hasta que se haga; que son como las comedias: sin saber si es buena o mala, _ochocientos reales cuesta la primera vez_; mas luego dan por un real ochocientas. Déjala imprimir primero; que comedias y doncellas, como estén dadas al molde, las hallarás por docenas.»]

[Nota 19: Lope, en una de sus cartas al duque de Sessa (Barrera, Adiciones a la _Nueva biografía de Lope de Vega_, página 616): «Hablaré, pues V. Ex.ª lo manda, a Vallejo; que, en fin,

Mi sotana sin reparos tiene, por ser de probecho, quatro bocas en el pecho, mas todas para alabaros. Y no es por ynportunaros al hablar en mi sotana, pues tengo por cosa llana, según es agradecida, que si os alaba rompida, mexor os alabe sana.

_Parece cosa de Luis Vélez;_ mas, Señor, V. Ex.ª tubo la culpa; que yo me havía remitido a la onrra portuguesa, que en Castilla llaman bayeta.»]

[Nota 20: Pérez Pastor, _Bibliografía Madrileña,_ tomo III, pág. 509.]

[Nota 21: Pérez y González, obra citada, pág. 207.]

[Nota 22: Pérez y González, obra citada, pág. 210.]

[Nota 23: A fines del año 1851 un señor Pianitzky, pensando en traducir al ruso _El Diablo Cojuelo_, pidió explicaciones a la Academia Española acerca de ciertas dudas que se le habían ofrecido. Dado encargo al académico don Agustín Durán para que respondiese, este señor, por abril del año siguiente, dió cuenta de haberlo cumplido, en la medida de sus fuerzas. Pero ¡cómo lo cumplió, Dios santo! Hago gracia al lector de los demás trámites de aquel desdichado asunto: baste decir, para que los manes de Durán no se irriten demasiado, que en aquella ocasión durmió Homero a pierna suelta, y durmieron con él cuantos pusieron las manos, o formulariamente hicieron que las ponían, que es lo más probable, en las empecatadas _ilustraciones_ de Durán. Aquella larga serie de lamentables yerros, que el lector curioso puede examinar en el departamento de manuscritos de la Biblioteca Nacional (Ms. 13881)--pues a ella fueron a parar, con la del, por otra parte, meritísimo colector de nuestros romances, los borradores de su inverosímil trabajo--, convidaba, ¿qué digo convidaba?, requería a volver por la honra del malparado Vélez, y, en general, por los fueros de nuestro idioma; el señor Bonilla no resistió a tentación tan plausible, y es de justicia reconocer que en mucha parte logró su intento, explicando bien muchas cosas de que Durán no había sabido darse acertada cuenta.]

[Nota 24: Nota de la pág. VIII de la introducción: «Tuve entonces [en 1902] la fortuna (que por tal la disputo) de hallar un erudito y amable crítico en la persona del señor don Felipe Pérez y González, el cual publicó en _La Ilustración Española y Americana_ y reunió después en un volumen (_El Diablo Cojuelo_, Madrid, 1903) algunas _notas_ acerca de mis Comentarios, que inmerecidamente declaró «dignos de aplauso y alabanza». La disconformidad en que estoy con algunas de sus apreciaciones no obsta para que reconozca la exactitud de otras, ni para que aproveche con gratitud sus enseñanzas, como aprovecharé y agradeceré siempre las que se me den con fundamento. Aspiro constantemente a realizar trabajos útiles, pero jamás tuve la ridícula pretensión de que fuesen perfectos.»]

[Nota 25: Santiago de Chile, Imprenta de San José, 1915, página 15.]

[Nota 26: Pág. 190 de la edición de Zaragoza, s.i., 1697.]

[Nota 27: Tomo IV, pág. 386, 13.]

[Nota 28: Sin lugar ni año, pero en Sevilla, hacia 1630.]

[Nota 29: Archivo Histórico Nacional, Inquisición de Toledo, legajo 91 de causas, núm. 176, fol. 85.]

[Nota 30: _Ibid_., legajo 94, núm. 226.]

[Nota 31: Archivo Histórico Nacional, Inquisición de Valencia, legajo 25 de causas, núm. 1.]

[Nota 32: Archivo Histórico Nacional, Inquisición de Toledo, legajo 83 de causas, núm. 41.]

[Nota 33: Inquisición de Toledo, legajo 86 de causas, número 73.]

[Nota 34: El señor Bonilla, al opinar en esto contra Pérez y González, opinó también contra sí, pues en su edición de 1902, página XXVII, había dicho: «Podemos concluír, pues, que _El Diablo Cojuelo,_ empezado hacia 1630, hubo de terminarse después del mes de febrero de 1637, fecha de las mencionada fiestas»; refiriéndose a las celebradas en el Retiro, en que Luis Vélez, como presidente, leyó el mismo soneto que don Cleofás lee en la Academia Sevillana (tranco IX de la presente edición) y, con leves variantes, las mismas _Premáticas y ordenanzas_ que lee en otra junta de la sobredicha Academia (tranco X.)]

[Nota 35: También yo caí en la tentación de hacer sobre ello algunas pesquisas, y a este fin, pues al principio del tranco IX se nombra como asistente de Sevilla al Conde de Salvatierra, averigüé cuándo tomó posesión de este cargo y cuándo cesó en su ejercicio, por si lo uno o lo otro diese alguna luz para el pleito. No la da: su asistencia duró desde el día 24 de abril de 1634 hasta el 3 de julio de 1642, en que dió posesión al Conde de la Puebla del Maestre, y haciéndome el razonamiento que en el texto queda, sobreseí en la investigación.]

[Nota 36: Córdoba, Salvador de Cea, 1630. 4 hs. sin foliar.]

[Nota 37: Verbigracia, en un pasaje del tranco I y en otro del IX.]

[Nota 38: Página 237 de mi edición crítica de _Rinconete y Cortadillo_ (Sevilla, 1905). A mayor abundamiento, vea el curioso, porque es concluyente y _definitivo_--como dicen ahora--algo de lo que advirtió el sabio maestro Menéndez y Pelayo para explicar por qué en la hermosa edición académica de las _Obras de Lope de Vega_ no había de copiar servilmente los antiguos textos: «...Publíquense enhorabuena--observaba--con estricto rigor paleográfico (y no de otro modo deben publicarse) todos los monumentos literarios anteriores a la era de los Reyes Católicos; pero séanos lícito disfrutar, como de cosa familiar y doméstica, de todo el tesoro de nuestras letras clásicas, y no nos empeñemos en ahuyentar a las gentes de la lección de nuestros autores de la edad de oro, presentándolos en textos de aspecto repulsivo, sólo para que algún filólogo tenga el placer de saber a ciencia cierta que Calderón, en _El Mágico prodigioso_ escribió (verso 754), _hedad_ con _h_.»]

[Nota 39: _Naveta_, en su antigua acepción de _gaveta_ o cajoncillo corredizo de una papelera o escritorio: _vne leyette d'vn cabinet ou d'autre chose_, definió César Oudin en _Le Tresor des devx langves espagnolle et françoise_. (Sírvome de la edición de París, M.DC.XLV.)]

[Nota 40: Llamaban _mosqueteros_, como dice el _Diccionario_ de la Academia, a los que en los antiguos corrales de comedias las veían de pie desde la parte posterior del patio. Y a silbar a los cómicos llamaban, consiguientemente, _mosquetear_, verbo que falta en el dicho léxico. Ruiz de Alarcón, en el acto I de _Mudarse por mejorarse_:

«REDONDO. ...Representante afamado has visto, por sólo errar vna sílaba, quedar a silbos _mosqueteado_.»

A lo que parece, o era reciente el silbar en el teatro cuando el admirable poeta mejicano escribió _Todo es ventura_, o se había introducido de nuevo esa grosera costumbre, pues en el acto I dicen dos interlocutores:

«DUQUE. ¿Tú, Fabio?

FABIO. Yo, en la comedia.

DUQUE. ¿Pareció bien?

FABIO. No, señor, con ser divino su autor; porque si no se remedia _esta nueva introdución de los silbos_, es forzoso que pierda el más ingenioso a los versos la afición.»]

[Nota 41: Vélez de Guevara fué muy dado a buscar el donaire acomodando a su intento los modismos y refranes vulgares, por medio del trueque de una o más de sus palabras. Así, iremos viendo, verbigracia, en el curso de esta novela, _Dar gato por demonio, Irse al infierno en coche y en alma, Preñada de medio ojo, Astrólogo regoldano, Lo que es del diablo, el diablo se lo ha de llevar, Si Dios me tiene de sus consonantes, Siempre quiebra la soga por lo más forastero, Salud y consonantes, Servir a su Majestad con dos comedias en Orán,_ meras modificaciones de los refranes y frases _Dar gato por liebre, Irse al infierno en cuerpo y alma, Tapada de medio ojo, Castaña regoldana, Lo que es del agua, el agua se lo lleva, Si Dios me tiene de su mano, Siempre quiebra la soga por lo más delgado, Salud y gracia_, y _Servirá su Majestad con dos lanzas en Orán_. Tales acomodamientos pertenecen, sin duda, a la clase de _chistes baratos_; quiero decir que cuestan poco al ingenio de su inventor. Por fortuna, Vélez de Guevara tiene, y sabe lucirlos, méritos de muchos más quilates que estas gracias frías.]

[Nota 42: Lo de haber nacido _para número de los demás_ puede ser reminiscencia de aquel verso de una de las epístolas de Horacio:

«Nos numeri sumus, _fruges consumere nati_.»

Análogamente Ruiz de Alarcón, en el acto I de _La verdad sospechosa_:

«D. GARCÍA. Quien vive sin ser sentido, quien _sólo el número aumenta_ y hace lo que todos hacen, ¿en qué difiere de bestia?»]

[Nota 43: Sabidísimo es que se llamaba _corral de comedias_, como dice el _Diccionario_ comúnmente llamado _de autoridades_, «la casa, patio o theatro donde se representan las comedias. Diósele este nombre--añade--porque ordinariamente están descubiertos».]

[Nota 44: _Las bocas abiertas_, especie de ablativo absoluto, frecuentemente usado por nuestros escritores.]

[Nota 45: Llamóse _corchetes_, figuradamente, a ciertos ministros inferiores de la justicia, servidores de los alguaciles, porque, en frase de Covarrubias, _Tesoro de la lengua castellana, o española,_ «asen como estos ganchuelos».]

[Nota 46: _Con lo mío me haga Dios merced_, decíase para indicar que no se deseaba nada allegado con riesgo o por mal camino. Así lo dijeron, simple o socarronamente, aquellos benéficos forajidos de la Sierra de Cabrilla que partían con el robado lo que éste llevaba. De ellos dice Luque Fajardo (_Fiel desengaño_ _contra la ociosidad y los juegos, Madrid, 1606,_ fol. 291) que, habiendo tropezado con ellos un labrador «y como no llevase más de quinze reales, que eran expensas de su viaje, hecha la quenta cabian a siete y medio; no se hallaua a la sazon trueque de vn real, y el buen labrador (que diera aquella cantidad, y otra de más momento, por verse fuera de sus manos) rogauales encarecidamente tomassen ocho reales, porque él se contentaua con siete.--De ninguna manera (respondieron ellos): _con lo que es nuestro nos haga Dios merced_».]

[Nota 47: _Mareta_, en la acepción figurada que registra el léxico de la Academia: «Rumor de muchedumbre que empieza a agitarse, o bien a sosegarse después de agitación violenta».]

[Nota 48: En los prólogos se ha solido llamar al lector _cándido, benévolo, pío_ y otras cosas a este tono, y Vélez juega de las dos acepciones del primero de estos vocablos, oponiendo a _cándido,_ que etimológicamente significa _blanco_, el adjetivo _moreno_, cosa parecida a estotro donaire que por los años de 1612 había usado Quevedo en el prólogo de _El Mundo por de dentro_: «Al lector, como Dios me lo deparare, _cándido_ o _purpúreo, pío_ o _cruel, benigno_ o _sin sarna_.»]

[Nota 49: Dice _de la jineta de los consonantes_ por lo encogido que va el poeta sujetándose al metro y la rima; _y la brida de la prosa,_ porque en ella se extiende el ingenio libremente. Sabidísimo es que el que cabalgaba a la jineta llevaba encogidas las piernas, y estiradas a todo su largo el que cabalgaba a la brida.]

