El Diablo Cojuelo

Part 18

Chapter 18 3,809 words Public domain Markdown

[Nota 454: Tratando de la Plaza de la Universidad y Colegio de Maese Rodrigo, dice don Félix González de León en su _Noticia artística, histórica y curiosa de todos los edificios públicos, sagrados y profanos de ... Sevilla, y de muchas casas particulares_ ... (Sevilla, 1844), tomo I, pág. 146: «La casa oriunda de los señores Vicentelos de Leca, hoy Condes de Cantillana, es otro de los edificios que están en esta plaza, como ya se dijo. Esta casa, comúnmente conocida por la _del Corzo_..., es una de las magníficas de esta gran población. Se entra por un patio zaguán en que, como en todas las principales, están las cocheras, caballerizas y cuartos de criados, y se pasa al patio, cuadrado, diáfano y alegre, con sus respectivos corredores bajos y altos formados de arcos sobre iguales y hermosas columnas de mármol. En él están las multiplicadas y amplias habitaciones, muchas de ellas, cubiertas sus paredes de ricos alicatados de buenos azulejos, y el piso de losas de Génova. Hay también ameno y delicioso jardín y las piezas del piso alto están cubiertas de muy costosos artesonados.»]

[Nota 455: Quiere decir que así como es forzoso a las personas cumplir con la parroquia, esto es, confesar y comulgar, a lo menos una vez en el año, así también era forzoso a los toros tarifeños y jarameños experimentar cada año los rejones del Conde de Cantillana. Es juego de palabras revesado, sobre irreverente.]

[Nota 456: Pedro de Medina, corregido y ampliado por el rondeño Diego Pérez de Mesa, _Primera y segunda parte de las grandezas y cosas notables de España_ (Alcalá de Henares, 1590), fol. 128 vto.: «Ay en Seuilla vna casa de moneda que a mi parecer es la mexor del mundo, y donde más moneda se labra. Porque ordinariamente andan labrando y batiendo la moneda ciento y ochenta hombres: de manera, que cada día se labran setecientos marcos de oro y plata. Haze admiracion ver los montones de moneda que en ella ay. Desta casa salen continuamente requas cargadas de oro y plata amonedada, como si fuesse otra mercaduría común.... Cárganse en esta ciudad [de mercaderías] para solamente las Indias más de cien naos cada año, y la mayor parte de las mismas naos vueluen cargadas de oro y plata y otras riquezas....»]

[Nota 457: De la antigua puente de barcas de Sevilla dijo Lope de Vega en el acto I de _La Esclava de su galán_, refiriéndose al casco de la ciudad y a su populoso y alegre barrio de Triana:

«ELENA. ... en esta puente de maderos graves, sin pies que toquen a su centro frío, mano que las dos partes divididas por una y otra orilla tiene asidas.»]

[Nota 458: Por estar el monasterio de las Cuevas a _la lengua del agua_, llamaban vulgarmente _espantaalbures_ a la campana con que sus monjes tocaban a maitines. Lope de Vega, en el acto III de _El Amigo hasta la muerte_:

«GUZMÁN. ...Cené y brindé por tu salud en tanto, incitado de almejas temerarias; pero apenas sonaba _espantaalbures_ (ya sabes que es campana de las Cuevas), cuando, llamando un envarado destos con seis esbirros, me metió en la cárcel.»]

[Nota 459: El señor Bonilla, por muy disculpable distracción, leyó _del Guadalquivir_. De ordinario no se ponía artículo a los nombres de los ríos, como indiqué en mis notas a _El Licenciado Vidriera (Novelas ejemplares de Cervantes_, tomo II, 9, 3, edición de _Clásicos Castellanos_).]

[Nota 460: No _todos_ los romances de moros; pero sí algunos, especialmente los de la serie de Gazul, incluída en el _Romancero general_. Al fol. 4, verbigracia:

«Por la playa de Sanlucar galan passeando viene el animoso Ganzul _(sic)_, de blanco, morado y verde. Quiérese partir el moro _a jugar cañas a Gelues_....»]

[Nota 461: En la edición príncipe, _da sus ilustres condes_, evidentemente por errata.]

[Nota 462: Estos dos versos están impresos corridamente, como prosa, en la edición original.]

[Nota 463: Refiérese a la huerta del Alamillo, que estaba próxima a las Cuevas y, como este monasterio, a la orilla derecha del Guadalquivir. Eran famosos los _sábalos del Alamillo_, y Lope de Vega, en la jorn. I de _Los Vargas de Castilla_, los recordó por boca de Millán:

«Adiós, Sevilla soberbio..., pan de Gandul de mi vida, roscas de Utrera del cielo, alcaparrón como el puño, aceitunas como el cuerpo, _sábalos del Alamillo_....»]

[Nota 464: Así la edición príncipe; pero quizá es errata, por _los Zúñigas_.]

[Nota 465: _De Medina Sidonia_, quiere decir.]

[Nota 466: Cuando estos elogios salieron a luz, el duque don Gaspar Alonso de Guzmán el Bueno había dejado de merecerlos de todo en todo, por un hecho harto deplorable: por la traidora confabulación para separar a Portugal y Andalucía de la obediencia de Felipe IV. Véase resumida esta negra historia en mi libro intitulado _Pedro Espinosa_ (Madrid, 1906), págs. 313 y siguientes.]

[Nota 467: A don Francisco Zapata, conde de Barajas, se debió, en efecto, el saneamiento de aquella parte de la ciudad que se llamaba la Laguna, convertida por él en deleitosa alameda, hermoseada con tres copiosas fuentes, que en 1587, cuando Morgado publicó su _Historia de Sevilla_, regaban todo el año «los mil y setecientos árboles que, entre alisos, alamos blancos, naranjos, cipreses y árboles de parayso, fueron en esta Laguna plantados....» A la entrada de la nueva Alameda, sobre grandes pedestales, se colocaron dos esbeltas columnas, gruesas de catorce palmos en redondo y altas de cuatro estados, y encima de ellas, respectivamente, las estatuas de Hércules, fundador de la ciudad, y Julio César, que la cercó de murallas. Toda esta obra se acabó el año de 1574, y ha de reconocerse que salió mal su cuenta al Conde de Barajas, pues queriendo que la hermosa Alameda sirviese para honesto solaz y esparcimiento de Sevilla, no lo vió conseguido; antes cargó sobre ella, especialmente en las noches de la primavera y el verano, tal turba de mujeres perdidas y de mancebillos boquirrubios y hombres pícaros y arrufianados, que cuatro años despues, en 1578, Vicente Espinel, que vivió muy desbaratadamente una temporada en la ciudad del Betis, comenzó así la _Sátira contra las damas de Sevilla_:

«Invicto César, Hércules famoso, espeio y luz de valerosos pechos, patrones deste suelo venturoso, ya que permite el hado que estéis hechos de la Alameda vigilantes guardas, injusto premio a tan gallardos pechos....»

Y dijo después:

«Vuelva Zapata y su jardín reforme; que pues le hizo al culto de Diana, no es bien que en putería se transforme.»]

[Nota 468: _Disignio_, dicho un poco a la italiana; y aun enteramente en italiano _(disegno)_ lo escribió tal cual vez el sevillano Juan de la Cueva:

«... quel Francés furioso viene a nosotros con _diseños_ fieros.»]

[Nota 469: Era Tomasa, en lo tornajona, como la célebre Marica del romance de Quevedo:

«Tomando estaba sudores Marica en el hospital; _que el tomar era costumbre_ y el remedio era sudar.»]

[Nota 470: _Como unos hermanos_, es decir, como unos cuadrilleros de la Santa Hermandad que fuesen con requisitoria en busca de algún malhechor.]

[Nota 471: _Regalados_, en la acepción de _agradables_ y _deleitosos_ como dijo Lope de Vega:

«Pan de Sevilla, _regalado_ y tierno, masado por la blanca y limpia mano de alguna que os quisiera para yerno.»]

[Nota 472: Hasta ahora han sido inútiles cuantas diligencias se han practicado para averiguar por qué se llamara _de Gallegos_ este celebrado pan. Presumo que se apellidaría _Gallegos_ el panadero que lo fabricaba.]

[Nota 473: _En él,_ refiriéndose _al Prado_, y claro que no _al espejo_ como en rigor gramatical podría colegirse.]

[Nota 474: Ocurren aquí, como en el tranco II (56, 3)[173] dos versos en decasílabos ocasionales:

«... _comen alas del viento por cebada, no quiero que dejemos a Sevilla_....»]

[Nota 475: El hallarse muy bien el Cojuelo en Sevilla conviene con lo que Santa Teresa de Jesús dijo de esta ciudad en el cap. XXV de su _Libro de las Fundaciones_: «No sé si la misma clima de la tierra, que he oído siempre decir _los demonios tienen más mano allí para tentar_, que se la debe de dar Dios, y en esto me apretaron a mí, que nunca me vi más pusilánime y cobarde en mi vida que allí me hallé: yo, cierto, a mí mesma no me conocía.»]

[Nota 476: _Alfaneques_ se llamaban unos halcones muy usados por los cazadores de cetrería, y _volar_ está dicho, no en la acepción germanesca de _hurtar_, como creyó el señor Bonilla, sino, aunque figuradamente, en la cinegética de hacer que el ave se levante y vuele. _Bretón_ sí está usado en la genérica y germanesca de _extranjero_. Así, la frase _alfaneque de volar una bolsa de bretón_ equivale a tercera a propósito para trasponer la bolsa de cualquier extranjero incauto desde la faldriquera de éste a las sonrosadas uñas de cualquiera doncellita de alquiler.]

[Nota 477: _Doncelliponiente_, a imitación de _barbiponiente_ o _barbipungente_, que se dice del mancebo a quien empieza a salir la barba, pero también del principiante en una facultad u oficio. Nuestro autor, pues, llama _doncelliponientes_ a las jóvenes aún poco experimentadas en la venta y reventa de su doncellez, y necesitadas, por tanto, de los sabios consejos de la experta mulata.]

[Nota 478: _Acuchillado_, esto es, abierta a trechos la tela y puestos en las aberturas piezas fusiformes de otro tejido, de color diferente de aquélla.]

[Nota 479: Llamaban y llamamos _cotonía_ a cierta tela hecha de hilo de _algodón._ Son tan añejos esta tela y su nombre, que nuestro vulgo, cuando quiere ponderar la antigüedad de un dicho o costumbre, suele decir: «Eso es más viejo que la _cotonía._»]

[Nota 480: _Ponleví_, del francés _pont levis, puente levadiza_. «Forma especial--dice el _Diccionario_ de la Academia--que se dió a los zapatos y chapines, según moda traída de Francia. El tacón era de madera, muy alto, inclinado hacia adelante y con disminución progresiva por su parte semicircular, desde su arranque hasta abajo.» A mi ver, huelga en esta definición la referencia a los chapines, pues éstos jamás tuvieron tacón; al contrario, el zapato con tacón vino a sustituírlos, dando, aunque sólo en el carcañal, la altura que el chapín daba a todo el pie. Al tacón solían llamar _talón._ Lope, en el acto I de _El Desprecio agradecido_:

«D. BERNARDO. Cien escudos tenéis ciertos por un zapatillo suyo.

INÉS. ¿Tan prestísimo?

D. BERNARDO. Soy tierno.

INÉS. Pues ¿para qué le queréis?

D. BERNARDO. Para traerle aquí dentro.

INÉS. Son _de ponleví: el talón_ os hará mal en el pecho.»

Como el _tacón,_ terminado en semicírculo pequeño, venía a acabar hacia la mitad del largo del zapato, tal como hoy, los pies mayores parecían diminutos, especialmente en la huella. El mismo Lope, en el acto I de _Las Bizarrías de Belisa_:

«TELLO. ...Hay enanas; las hay con larga trampa: unas con pie de apóstol, _consoladas del ponleví, que imprime poca estampa_.»]

[Nota 481: «_Escarpín_--dice el _Diccionario_ de autoridades--, funda pequeña de lienzo blanco con que se viste y cubre el pie, y se pone debaxo de la media o calza.»]

[Nota 482: _Tapetado_, según Covarrubias, es el cuero envesado, dado color negro. En el auto de _La Paciencia de Job_, de autor anónimo, dice el bobo a Satán:

«¿Mi hermano sois vos? Si tal ha parido mi madre, yo muera vestido y calzado: mi madre era blanca, vos sois _tapetado_....»

Y Quevedo, describiendo una _Boda de negros_ (Musa VI):

«Iba afeitada la novia todo el _tapetado_ gesto con hollín y con carbón y con tinta de sombreros.»]

[Nota 483: _Se subía a tocar_, es decir, a _tocarse_, a arreglar su tocado; pero, jugando del verbo _tocar_, añade lo de _tocar de la tarántula,_ por alusión a que se hacía _tocar_ o tentar el cabello por la _tarántula_ de sus dedos; que eso semejaban con el teclear por toda la cabeza. No hay aquí, pues, contra lo que imaginaron los señores Durán y Bonilla, referencia alguna a la música o tonada llamada _de la tarántula._]

[Nota 484: _Espejo de armar_, expresión que el léxico de la Academia da por anticuada, siendo así que se usó mucho en los siglos XVI y XVII, es--dice el _Diccionario_ de autoridades--«el que es de bastante grandor para poder verse en él todo el cuerpo humano u la mayor parte de él».]

[Nota 485: Leo _nigromancía_ (y no _nigromancia_, al uso de hoy), porque en el siglo XVII aún se pronunciaba así. Calderón, en la jorn. I de _El Jardín de Falerina_:

«LISIDANTE. Tú, que, sabia, la gran _piromancía_ escribes en pirámides de fuego....

MARFISA. Tú, que en el aire, a los conjuros ciego, das a las aves la _eteromancía_....

LISIDANTE. Tú, que en sepulcros la _nigromancía_ ejecutas....»]

[Nota 486: Visto que el _Diccionario_ de la Academia sólo dice que _echar las habas_ es «hacer hechizos o sortilegios», el señor Bonilla ha reparado muy justamente: «Pero claro es que los _hechizos_ o _sortilegios_ se podían hacer de muchas maneras, y una de ellas era _echando las habas_.» Y esto advertido, cita dos versos de Quevedo, que dicen:

«En mi vida _eché las habas_; antes me echaba a mí propia»,

y con ellos da por terminada su nota. Nos quedamos, por tanto, sin saber qué era _echar las habas_, aun después de ver bien rectificada la definición de la Academia.

_Echemos las habas_: quiero decir, veamos cómo y para qué se echaban, aunque esta nota exceda de la extensión que de ordinario tienen las del presente libro. Y para lograr bien nuestro propósito, tomemos por maestras a las mismas gitanas que poco antes del año 1633 (tiempo en que ya la Rufina María del texto practicaba esas habilidades) tenían por discípula, en la villa y corte de Madrid, a doña Antonia Mexía, la cual, pesarosa, después, de su aprendizaje, se denunció al Tribunal del Santo Oficio (Archivo Histórico Nacional, Inquisición de Toledo, legajo 91 de causas, número 176), manifestando, entre otras cosas: «Que las dichas gitanas le enseñaron _la suerte de las habas_ en esta manera...: que tomase nueue hauas, un poco de carbon, un grano de sal, un poco de çera, un ochauo, un poco de piedra lumbre, un poco de açufre, un poco de pan, un poco de paño colorado, un poco de paño açul, y que las dos de las hauas las señalase mordiendolas, o las más que quisiese, diciendo este es Juan (su marido), este es Francisco, y esta Catalina, y que si saliese la mordida, que es la persona que se quiere, junto al carbon, significa noche; si junto a la sal, gusto; junto a çera, martelo, que quiere deçir golpe, porraço o cosa semejante; junto al ochauo, que abrá dinero; junto a la piedra alumbre, con lo colorado, sangre; y junto a lo açul, çelos; y junto al açufre, si sale con la sal, oro, y si sale solo, pesadumbre; junto al pan, que abrá comida....»

La sentencia de otro proceso inquisitorial, dictada en 1638, acaso en los mismos días en que Vélez de Guevara revelaba las aficiones hechicerescas de Rufina, nos permite ver en funciones a Isabel Bautista, natural de Sevilla, quizá trianera como la mulata huéspeda del Cojuelo y de don Cleofás (Inquisición de Toledo, legajo 82, núm. 26): «... sacó una bolsilla colorada con unas habas, y las echó, y entre ellas un poco de paño azul, y alumbre, y un poco de carbon, y un medio real, y otro pedazo de grana, diciendo que el paño azul significaba celos, y el alumbre, y el carbón, noche, y el medio real, que les habían de dar plata, y echó vn maravedí, que significaba que les habían de dar cuartos, y el paño de grana, alegría, todo lo qual echó sobre vn paño colorado, y las dichas habas traya a la mano halagándolas «hijitas mias, decid la verdad», y luego las soltaba, y en cayendo las habas las decía: «Rociadas con el rocio del cielo», y hablaba entre dientes, que no se le entendía lo que decía, y volvió a decir: «Vosotras decid la verdad, que la decis más que el Evangelio»; y a la dicha muger le dijo señalando vnas habas: «Este es tu padre, esta eres tú y esta tu madre; ya viene por el camino; muy pronto le verás», señalando entre las habas y las demás cosas el camino que decía por donde venía.» La propia Isabel Bautista había declarado en su confesión «... que era verdad que echó las habas, y que eran nueve pares, todas señaladas cuál era macho y hembra; que echaba además una haba partida y que las palabras que decía entre dientes eran santas y buenas, porque decía:

«Con San Pedro y San Pablo y el apostol Santiago y con el bienaventurado San Cebrian, suertes echasteis en la mar; muertas las echasteis, vivas las sacasteis; así me saqueis vivas y verdaderas estas suertes. Si fulano ha de venir, salga en camino»;

que era hacer camino las habas, apartándose unas de otras, que era que venía la persona que esperaban, y si se juntaban, era que no venía, y si salía el haba junto al carbón, era que venía de noche, y si junto al paño colorado, era alegría, y si junto a la sal, que habían de tener gusto, y si junto al ochavo, que le darían dineros, y si salía el haba junto al haba partida, era ropa que le habían de dar....» También solían echar entre las demás cosas un pedazo de yeso blanco, que significaba dolor, y un cantillo redondo de haba, que representaba a la iglesia. Algunas echadoras de habas, antes de empezar a practicar con ellas, las bautizaban, metiéndolas en las pilas del agua bendita de tres templos, y el conjurarlas antes de echarlas era constante, metiéranlas o no en la boca. Doña Catalina Márquez de Avalos, mujer del capitán Francisco Alonso de la Serna (Madrid), compareciendo a delatarse de su voluntad en 1631 (Inquisición de Toledo, leg. 90, núm. 161), manifestó, entre otras cosas, que decía a las habas, teniéndolas en la boca:

«Hijas amadas, hijas queridas, por el labrador que os sembró, por la tierra en que estuvistes, por San Pedro, por San Pablo, por el apostol Santiago, por el mar, por las arenas, por San Cebrian, que echó suertes en la mar, que ansí como le salieron ciertas y verdaderas, ansí me digáis lo que os quiero preguntar.»]

[Nota 487: Para el señor Bonilla, _andar el cedazo_ es «lo mismo que _adivinar por tela de cedazo_», especie que quiso justificar con el _Diccionario_ de autoridades, según el cual es «el ejercicio de la arte mágica, cuando el demonio hace que los profesores de esta diabólica ciencia, mirando por un cedazo, vean las cosas que están muy distantes, ocultas, o por venir, a lo cual llamó la gentilidad _coscinomancia_». Pero no sólo ahí está la frase con que el señor Bonilla intentó explicar lo de _andar el cedazo: «adivinar por tela cedaço_--dice Covarrubias, art. _cedaço_--es dezir lo que claramente se ve y se entiende ser assi, porque como dize otro Proverbio, muy ciego es el que no ve por tela de cedaço.» Con todo esto, pues _ver_ uno una cosa _por tela de cedazo_ significa, según el léxico actual de la Academia, «verla o entenderla confusamente, o juzgarla, no como es en sí, sino como se la presenta su pasión o preocupación», voy a demostrar que en este punto el _Diccionario_ de autoridades y cuantos le han seguido _vieron por tela de cedazo_. Con acudir a nuestra literatura bastaría, y aun sobraría mucho, para convencerse de que _andar el cedazo_ no es ni lejano pariente de _adivinar_, ni de _ver, por tela de cedazo_, y aun el mencionárselo casi siempre con el _echar las habas_ da, por sí solo, clara sospecha de ser otra especie de sortilegio. Cervantes, en la cantaleta del acto I de _El Rufián dichoso_:

«...La que en darse a sí excedió a las godeñas más francas; _la que echa por cinco blancas las habas y el cedacillo_....»

Tirso de Molina, en el acto 1 de _En Madrid y en una casa_:

«MAJUELO. ¡Lo de Toledo ha sabido también! ¡Vive Dios que _ha habido haba y cedazo_!»

Y Ruiz de Alarcón, en el acto II de _La Cueva de Salamanca_:

«LUCÍA. ¿Hay alguna que no tenga, si ausente o celosa está, un poco de _echar las habas_ y un mucho de conjurar _el cedacillo_, el rosario (que de eso les sirve ya) el chapín y la tijera, espejo de agua o cristal....»

Pero si estos ejemplos indican sobradamente que lo _del cedazo_ era un sortilegio, que jamás podría hacerse mirando al través de la tela, estotras citas demostrarán muy claro que tal sortilegio se hacía _moviendo_ o _moviéndose, el cedazo_, cosa que ya se echaba de ver por la expresión _andar el cedazo_, usada por Vélez de Guevara. Agustín de Rojas, en el libro I de _El Viaje entretenido_, cuenta que las hechicerías de una vieja su amiga vinieron a parar en que la encorozaron, y después, ida a Antequera, «cogiéronla _haciendo bailar un cedazo y echando unas habas_, y diéronle otros doscientos tocinos». Mateo Alemán dice en su _Guzmán de Alfarache_, parte II, libro III, cap. III: «Respóndame por vida de sus ojos..., si pasando la raya sin rebozo ni temor de Dios, _no dejó cedazo con sosiego, ni habas en su lugar, que todo no lo hizo bailar_, por malos medios y con palabras detestadas y prohibidas por nuestra santa religión....» Y, en fin, Quevedo, en el soneto referente a una hechicera antigua, que deja sus herramientas a otra reciente (Musa VI):

«Esta redoma rebosando babas, _el cedazo que sabe hacer corvetas_, estas que se metieron a profetas, con poco miramiento, siendo _habas_....»

Ahora bien, ¿quiere el lector ver qué corvetas eran las que sabía hacer el cedazo de la vieja de Quevedo? Pues sin ninguna clase de hechicería nos lo va a revelar María López, que era vecina de Malagón por los años de 1625; la cual, dando su declaración en causa contra Ana Hernández (Inquisición de Toledo, legajo 88, núm. 117), manifestó que esta Ana le pidió un cedazo y unas tijeras, y preguntándole para qué los quería, dijo que tenía un mozo en Almagro y deseaba saber si la esperaba o si había de venir; «y tomó las tisseras y las hincó en el aro del çedazo la una punta, asiendo en la mano el anillo de la misma punta de la tissera, y la otra tissera puesta en cruz, colgando el çedazo dellas, y diciendo unas palabras que esta declarante no entendió, anduvo el çedazo muy reçio a la redonda, y le dixo la susodicha: «Yo me voy mañana, que me esperan»; y quando no era ansi lo que quería, se estaba quedo el çedazo».

Las palabras que María López no había entendido eran el conjuro propio del sortilegio. Tengo hasta cuatro o cinco versiones de él, halladas en otros tantos procesos inquisitoriales; pero las dejo a un lado, prefiriendo una recogida de la tradición oral en nuestros días, de boca de ciertos gitanos errantes, por mi buen amigo don Pedro Díaz Cassou, excelente folklorista murciano, con el nombre de _Orasión der seaso_. Dice así:

«San Simón, suerte quiero arcansá, que me digas la berdá, las tijeras están agarrás; en er seaso están clavás; personas que reselo boy a nombrá; que ande er seaso si la sospecha es berdá. San Simón que lo sabe lo declarará. Entro y consiento en er pauto creminá.»

¿Está ahora bien claro que _andar el cedazo y adivinar por tela de cedazo_ son dos cosas distintas, aunque el cedazo sea un solo cedazo verdadero?]

[Nota 488: Ruiz de Alarcón, en el acto I de _Mudarse por mejorarse_, explicaba así la razón del nombre de esta calle:

«LEONOR. ¡_Calle Mayor_! ¿Tan grande es, que iguala a su nombre y fama?

D.ª CLARA. Diréte por qué se llama _la calle Mayor_.

LEONOR. Di, pues.