El Diablo Cojuelo

Part 17

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[Nota 426: Los últimos lugares del itinerario de Córdoba a Sevilla, según el citado _Reportorio_ de Juan Villuga son:

«a la venta ronquera ij a la venta _peromingo_ j a la venta de lorsa media a las ventas de las talleras m a las ventas de torre blanca j a seuilla j.»

E igualmente en otras _Guías o Reportorios_ que no hicieron sino copiar a Villuga, con tal cual ligera modificación, verbigracia, la _Guía de caminos para ir y venir por todas las provincias de España_ que precede al _Nuevo estilo y formulario de escrivir cartas missivas, y responder en ellas en todos géneros, y especies de correspondencia a lo moderno_.... (Barcelona, Jayme Ossét, 1765).]

[Nota 427: _Senda de plata_ había llamado Lope de Vega al Guadalquivir (_La Esclava de su galán_, acto I):

«ELENA. Divídese Sevilla, como sabes, por este ilustre y caudaloso río, senda de plata por quien tantas naves le reconocen feudo y señorío.»

«A la verdad--dije en el discurso preliminar de mi edición crítica de _Rinconete y Cortadillo_ (pág. 15)--quien desde la esbelta torre de la Giralda mira hacia el río por el sitio del puente y de la del Oro, si ha leído alguna vez la comedia _El Diablo está en Cantillana_, del famoso ecijano Luis Vélez, no puede menos de recordar aquellos versos de la jornada I, en que, después de encarecer la nobleza y bizarría de Sevilla, alábala por otras excelencias y dice:

«... tan populosa, que, haciendo montes de soberbias casas, impedir quiso que el Betis tributase al mar de España; y él, rompiendo por en medio, parece que agora aparta de la una parte a Sevilla, de la otra parte a Triana, cuyos edificios bellos le presentan la batalla, y, a no estar en medio el río, pienso que escaramuzaran.»]

[Nota 428: _Vírgines_, a la latina, aún frecuente en el siglo XVII, como _imágines, volúmines_, etc.]

[Nota 429: Hoy, en Sevilla, y hasta en la misma Alcalá, que tiene por sobrenombre el nombre de este río, no es raro oír llamarle _Guadaira_, en lugar de _Guadaíra_, que es como ha de decirse y como se dijo por nuestros abuelos. En una _Relación_ del recebimiento de Felipe II en Sevilla (1570), por Gaspar Rodríguez:

«Alcalá de _Guadayra_ estaua y tambien Utrera; mostrandose placentera, con ojos alegres mira la gran ganancia que espera.»

Igualmente Tirso de Molina, en el acto II de _En Madrid y en una casa_:

«D.ª MANUELA. ...Aquella estancia, pues, que caudalosa de esquilmos de Amaltea, regalo a los sentidos, los recrea, en nombre y en efectos deleitosa, y por el logro que en sus ondas mira, el Betis ronda y baña _Guadaíra_, ocasionaba amena mis recreos.»]

[Nota 430: ¿De dónde pudo sacar Vélez de Guevara la errada noticia de que el Guadaíra, por medio de los caños de Carmona, surte de agua potable a Sevilla, y esto, tan enteramente, que aquel río es el único que no paga tributo al mar...? Presumo que lo tomaría, por inadvertencia, del epígrafe del capítulo en que Alonso Morgado, en su citada _Historia de Sevilla_, trata «De los caños de Carmona _y río que entra por ellos en Sevilla_, y se reparte en fuentes por toda la ciudad» (pág. 148 de la edición moderna). Morgado llamó figuradamente _río_ al gran caudal de agua que se conduce por los tales caños, y Vélez, que aunque había vivido en Sevilla mucho tiempo, no conocería bien los pormenores de su abastecimiento de aguas, vió el dicho epígrafe, y lo entendió a la letra. No lo hubiera entendido así a leer el muy raro libro del maestro Juan de Mallara intitulado _Recebimiento que hizo la muy noble y muy leal Ciudad de Seuilla, a la C.R.M. del Rey D. Philipe N.S.... Con vna breve descripcion de la Ciudad y su tierra_ (Sevilla, Alonso Escriuano, 1570), en cuyo fol. 132 dice, tratando de Alcalá de Guadaíra: «Entre las cosas que tiene de notar es la fuente de los caños que llaman de Carmona, no porque vengan de Carmona, sino porque desde Torreblanca hasta Sevilla vienen por el mesmo camino y calçada que van a Carmona. Ay vna peña leuantada en vn cerro, con vna profunda cueua a donde baxan por sus gradas, y halla se siempre allí vn manantial de agua tan gruesso como vn cuerpo de vn buey, que de tiempos sin memoria a esta nuestra edad ante de Romanos, y despues en todos los siglos esta fuente ha estado con el golpe de agua que aora tiene, sin apocarse o enturuiarse.... Esta sale por vna canal de piedra tosca. Tiene sus acequias, que duran mas de legua y media, yendo algun espacio por dentro de los montes, lleuando sus lumbreras a trechos, hasta que viene a dar en Torreblanca do passa vn molino, y despues va por vn lado del camino hasta la Cruz y allí buelue a mano yzquierda, y comiença a subir desde el suelo por arcos de vna vara, y dos, y estado, hasta otro molino donde se parte la tercia parte para la huerta del Rey, y de allí van los caños leuantandose todo lo que la ciudad tiene de baxa, llegando al peso y sitio de Seuilla. Subiendo por cima de la puerta donde está el repartimiento del agua, y de allí va por los muros que encaminan a la puerta de la Carne hasta el Alcaçar mucha desta agua; en fin, _es vn grande río_ [de esto debió de tomar su expresión figurada Alonso Morgado] que todo se consume dentro de la ciudad sin salir gota, ni bastar Guadalquiuir a no quitar la falta que estos caños hazen, quando ay algun impedimento en ellos. El principio desta agua en Alcalá está con grande guarda, y tiene su llaue....»]

[Nota 431: La _blanca_ valía medio maravedí, y no huelga advertirlo, porque muchas personas cultas, dejándose llevar por lo que suena el nombre, imaginan que la _blanca_ era una moneda de plata. Por alusión a su escasísimo valor se dijeron algunas frases, que registra Covarrubias en su _Tesoro_: «No aver _blanca_, no tener dinero. No valer vna _blanca_, valer poco. Pagar _blanca_ a _blanca_, muy poco a poco. De tres a _blanca_, cosa muy vil....»]

[Nota 432: Alude a la exención del fuero ordinario de cuantos estaban matriculados en la Universidad de Alcalá, como, generalmente, en cualquiera otra de las del reino.]

[Nota 433: El mismo Vélez de Guevara había llamado a Sevilla, en la jorn. I de _Más pesa el rey que la sangre_:

«Este _Cairo español_, esta _Babilonia castellana_, este ejército de almenas, este escándalo de casas....»

Y Ruiz de Alarcón, por boca del gracioso, en el acto II de _Ganar amigos_:

«¡Válgate Dios, confusión y embeleco de Sevilla!... Un hombre conozco yo que es tahur, y desde el día que a un desdichado inocente en el garito empestilla, se va al de otro barrio, que es como pasarse a Turquía: cursa en él hasta pegarle a otro blanco con la misma, y va visitando así por sus turnos las ermitas, y en acabando la rueda, se vuelve a la más antigua, donde, como los tahures se trasiegan cada día, o no va ya su acreedor, o él hace del que se olvida, o tiene conchas la deuda, del tiempo largo prescripta.»]

[Nota 434: Como escribe Covarrubias, _traer la barba sobre el hombro_ es «viuir recatado y con rezelo, como hazen los que tienen enemigos, que van bolviendo el rostro a vn lado y a otro....» Es uno de los modos de decir que proscribió Quevedo en la _Premática_ de 1600. Y Quiñones de Benavente, en su _Entremés de las Civilidades_:

«Dícenme por asombro: «Señor, _traé la barba sobre el hombro_.» No es buen consejo ése, porque si yo trajese la barba sobre el hombro solo un día cordero de _agnus Dei_ parecería.»

Bien que esto último ya se lo tiene Quevedo en el prólogo de su _Cuento de cuentos_: «_Andar la barba sobre el hombro_, quien lo tuviere por buen consejo lo pruebe, y andará hecho corderito de _agnus dei_.»]

[Nota 435: Este edificio, que aun hoy subsiste, es la famosa _Casa de Pilatos_, visitadísima de cuantos curiosos van a Sevilla, por las notables riquezas artísticas que contiene. De este nombre ha inducido recientemente un escritor italiano, Rosadi, que Pilatos fué natural de Sevilla, pues tenía y aun tiene casa en ella(!!!). La Casa de Pilatos fué edificada por don Fadrique Enríquez de Ribera, marqués de Tarifa y duque de Alcalá, cuando volvió de Tierra Santa en 1520. Devotísimo de la Pasión de Jesucristo, hizo en Sevilla una _Vía Sacra_, que empezando en su nuevo palacio, que recuerda la fortaleza de la Torre Antonia, residencia del gobernador militar de Roma en Jerusalén, terminaba en el monumental humilladero de la llamada Cruz del Campo.]

[Nota 436: Esto no era ni es así enteramente: no se nombraba _el Candilejo_ a la calle en que está _la cabeza del Rey don Pedro_, pues, como dice Pérez y González, «la _calle del Candilejo_ llamábase antes _de los Cuatro Cantillos_, y a la _Cabeza del Rey don Pedro_ le decían _calle del Velador_». El suceso de marras, tan universalmente conocido, que holgaría el contarlo una vez más, ocurrió junto a la esquina que forman ambas calles. Y añade el docto escritor sevillano que, contra lo que creyeron algunos historiógrafos hispalenses, «sábese hoy de modo cierto que la primitiva cabeza que mandó hacer y poner el rey don Pedro (y que era sólo una cabeza como cortada y separada del cuerpo por el hacha del verdugo) no era de piedra. Según testimonio de quien la poseyó, recogido por el canónigo doctor don Ambrosio de la Cuesta en un tomo de _Memorias históricas sevillanas_, la cabeza era «de barro, cocida y pintada, con el pelo corto, que sólo le cubría el cuello, cortado alrededor y cercenado por la frente como entonces se usaba, sin bigotes ni barbas, el rostro algo abultado y en la cabeza un bonete redondo, traje de aquel tiempo». En dichas _Memorias_ léese también que «cuando desapareció aquella cabeza, la Ciudad acordó que se hiciese una efigie de piedra, que representase la persona del rey don Pedro en traje e insignias reales y se pusiesen las armas de Castilla y León en un escudo a costa de la Ciudad y se colocase en un nicho el bulto del Rey, de medio cuerpo».

De todo ello trató eruditamente don José Gestoso en su _Sevilla monumental y artística,_ tomo III, pág. 396, y a esta obra remite Pérez y González, y yo con él. En las frecuentes investigaciones que hice durante mucho tiempo en el Archivo Municipal de Sevilla, encontré, examinando las actas capitulares (escribanía segunda), diversas noticias referentes a la nueva _Cabeza del rey don Pedro_: Cabildos de 30 de julio y 24 de septiembre de 1599: Peticiones del escultor Marcos de Cabrera para que se le pague su hechura.--Cabildo de 15 de octubre de 1604: «... y la echura de la caueza del Rey don Pedro que está en poder del jurado Juan de Perea se ponga en el sitio que está mandado.»--Cabildos de 10 de septiembre de 1607 y 26 de septiembre de 1608: Nuevo acuerdo de que se ponga en el Candilejo, como estaba prevenido.--Cabildo de 19 de agosto de 1609: Propuso don Fernando de Ulloa que se pusiera en el sitio en que está mandado la cabeza del Rey don Pedro.--Cabildos de 17 y 20 de octubre de 1612: Otros acuerdos sobre lo mismo. La piedra de que se hizo tal busto se había pagado en 1598. (Libros de Propios, 8 de junio de aquel año.)]

[Nota 437: _Cal_, por _calle_, como más adelante (tranco X) _cal de Tintores_. Y fueron tan para en uno, a las veces, la calle y su nombre, que se escribieron como una sola palabra (_Caldebayona, Calderredes_), y aun olvidando que el _cal_ no era del nombre, rebautizaron en Osuna, mi pueblo natal, la _cal de Negros_ o _Caldenegros_, llamándola _calle de Caldenegros_.]

[Nota 438: _Borciguinería_, por asimilación de vocales, en lugar de _Borceguinería_. Esta fué una de las muchas calles que tomaron su nombre del repartimiento hecho por San Fernando, porque la señaló para los fabricantes de borceguíes. Los modernos, sin tener en cuenta la venerable antigüedad del nombre, lo han sustituído por el de _Mateos Gago_.]

[Nota 439: _El Atambor_, como dice don Félix González de León en su _Noticia histórica del origen de los nombres de las calles de Sevilla_ (Sevilla, 1839), pág. 127, era una plazoleta muy pequeña, situada en la Borceguinería. La llamarían _el Atambor_ por alusión a su figura y aun quizás a su reducido espacio. En ella, al mediar el siglo XVI, había un arquillo con una imagen: en 1547 Juan Alemán, deudo propincuo del autor del _Guzmán de Alfarache_, arrendó a Bernardino de Morales unas casas «que son el arquillo de la ymagen del _atambor_». (Archivo de protocolos de Sevilla, García de León, libro 3.º de 1547, fol. 2554.) En esta plazuela tuvieron su antigua casa los condes de Gelves, hasta que trasladaron su morada a la collación de la Magdalena.]

[Nota 440: _Calles_, y no _calle_, porque se refiere a la propiamente llamada _del Agua_ y a la inmediata _del Chorro_, ambas de la collación de Santa Cruz y pertenecientes a la antigua Alhamía de Sevilla. Cerca de ellas, como dice González de León, está el muro de la ciudad por donde pasan las aguas de los Caños de Carmona que van al vecino Alcázar.]

[Nota 441: «La calle del Agua--dice el señor Bonilla--distaba mucho de ser recatada, y este vocablo, como advierte el señor Pérez y González (obra citada, pág. 113), está empleado por Vélez con intención satírica.» Y copia, para demostrarlo, un texto de Cristóbal de Chaves en que se habla de cierto rufián que sacó una doncella y «la puso _en el lugar más público de Sevilla,_ que era una calle que la llaman _del Agua_, donde había otras muchas mujeres que vivían como las del partido». Pero nótese que el mismo texto alegado demuestra que Pérez y González y Bonilla no estuvieron en lo cierto. La _casa pública_ se llamó así, no porque estuviese en sitio muy _público_ o transitado, sino por la condición de sus mujeres. Al contrario, estaba, en todas las ciudades y villas, y bien se alcanza por qué, en los lugares más escondidos y secretos. Aún hoy no hay mejor medio para lograr que se mude a otra casa una mujer de mala nota que tenerle muy alumbrada la calle, cosa que retrae a los que hubieran de buscarla. El vicio requiere oscuridad, cuando todavía no ha llegado al límite de la desvergüenza.]

[Nota 442: _Aplopejía_, metátesis vulgar de _apoplejía._]

[Nota 443: La historia de los amores de _Vireno_ y _Olimpia_ y del consiguiente abandono de ella, está contada por Ludovico Ariosto en los cantos IX y X del _Orlando furioso_. En el _Romancero general_ hay un romance (fol. 41 vto.) en que Olimpia, ya abandonada, se lamenta de la deslealtad de su amante:

«Svbida en vn alta roca donde bate el mar insano, del engañoso Bireno Olimpia se quexa en vano. Traidor tirano.»

Y Altisidora, en el _Quijote_ (II, 57), apostrofa en burlas al desdeñoso Caballero manchego, diciéndole:

«_Cruel Vireno_, fugitivo Eneas, Barrabás te acompañe, allá te avengas.»

La frase _de mala mano_, que falta en el _Diccionario_ de la Academia, se decía de los malos pintores y de sus obras, y de ahí se pasó a decirlo figuradamente de otras muchas cosas, equivaliendo a _de mala calidad_ o _de poco mérito._ Véanse algunos ejemplos. _Quijote_, II, 52: «Las nuevas deste lugar son que la Berrueca casó a su hija _con un pintor de mala mano...._» Lope de Vega, en el acto I de _Santiago el Verde_, por boca de Celia, refiriéndose a que se solían pintar buenas manos en los retratos:

«Los pintores dan en eso, porque, por lo menos, digan _que es de buena mano el lienzo_.»

Y Castillo Solórzano, en el _Entremés del Casamentero_:

«MUJER. ¿Un poeta en crepúsculo? Bien dijo: que hay versos que, con ser _de mala mano_, por escuros parecen del Ticiano.»]

[Nota 444: Alude nuestro autor a la vulgar creencia de que el avestruz digiere el hierro. A lo propio se refirió Rojas Zorrilla en la jorn. I de _El Desafío de Carlos Quinto_:

«D.ª LEONOR. Ea, don Luis, vuelve en ti; tu brazo la pica empuñe; el coselete en tu pecho al Otomano deslumbre; _digiere aquel hierro ardiente_ _que el tiro de bronce escupe, y sean para sus balas tus entrañas avestruces_.»]

[Nota 445: A ser esto así, se habría acrecentado su peso en ocho arrobas desde el tiempo en que Morgado escribió su _Historia de Sevilla_, pues dijo en ella (pág. 317 de la reimpresión): «En lo que menos se imagina, se manifiesta también la gran magestad y riqueza de la Sancta Iglesia. Pues ¿quién dirá que el Cirio Pascual (que a su tiempo se pone en la Capilla Mayor muy dorado y labrado) tiene de peso _setenta y seys arrobas de cera_?»]

[Nota 446: De este famoso candelero dice Morgado en su _Historia_ _de Sevilla_ que «es la mayor parte de bronze», y que lo juzgan «por el más curioso y que más tiene que ver (con quinze figuras de Sanctos de bulto por el alto) que otro ninguno. El qual por su mucho peso tiene en los assientos sus ruedas de bronze, con que lo llevan dende la sachristia, donde se guarda, al choro por las semanas sanctas». Con hipérbole andaluza trató del cirio pascual y del tenebrario de la Catedral de Sevilla aquel _cicerone_ que figura en _Los Antoios de meior vista_ de Rodrigo Fernández de Ribera (fol. 6 de la edición príncipe): «¿A visto v.m., dijo, un Candelero de Tinieblas, en que se ingieren las velas con que se dicen? Pues dos mil i sietecientos i treinta i seis quintales, docientas arrobas i diez libras de bronce tiene, i creo que cinco onças. Poco cree v.m. de tanto peso, repliqué yo. Pero todo me le [e]chó encima quando me lo acabó de decir, i sin dejarme respirar, aunque dejó el Candelero, prosiguió: Pues si v.m. aguarda a la Pasqua Florida, que bien podrá por esto solo (i era por san Iuán), verá un Cirio, que de solo cera, sin el pavilo, que es de algodon de la India de Portugal, i se trae para solo esto cargada una nave.... Ahorrele la traída de la cera, i quedeme a descansar entre tanto algodon....»]

[Nota 447: De esta famosa custodia dice Morgado (pág. 313 de su _Historia de Sevilla_) que Juan de Arfe tardó seis años en hacerla, y añade: «Tiene de altor tres varas y media, sin la Cruz de vna quarta que lleva por remate. Tiene de peso mil y trezientos marcos, que hazen veynte y seys arrobas de plata, y de costa treynta y seys mil ducados, con todas hechuras....»]

[Nota 448: El antiguo monumento de la Catedral de Sevilla, al cual--dice Morgado (pág. 314)--«con razonable conjetura se le da el nombre de Templo de Salomón..., es de forma octógona, con quatro vistas principales, de a nueve pies de coluna a coluna, y otras quatro vistas menores con la mitad de claro de las mayores».]

[Nota 449: Nuestro autor juega del vocablo, por el doble significado de _lonja_, y alude a que la de Sevilla, como San Lorenzo del Escorial, fué traza de Juan de Herrera. La universidad de mercaderes sevillanos acordó en 1585 levantar este soberbio edificio frente a la puerta de San Cristóbal, de la Catedral, y en él se empezó a negociar a 14 de agosto de 1598.]

[Nota 450: Así, _Adtlante_, en la edición príncipe, y aun pudo decir _Adlante_, sin la _t_, porque así solía y suele pronunciarlo el vulgo. En otro lugar (tranco X) leeremos _ridmo_, por _ritmo_.]

[Nota 451: Acerca del _Retiro_, o _Buen Retiro_, el curioso puede ver el interesante capítulo que le dedicó Mesonero Romanos en _El Antiguo Madrid_, tomo II, págs. 161-175. Para una nota baste decir que la fundación de este real sitio se empezó el año de 1631, por lo que se llamó _el Gallinero_, junto a la huerta de San Jerónimo; que en 1632 se terminaron la plaza y cuerpo principal del palacio; que en octubre del mismo año se efectuó en ella algún juego de cañas, y que de entonces en adelante el Retiro fué lugar de frecuentes y fastuosos divertimientos cortesanos, entre los cuales tuvieron preferencia las representaciones de obras de los más celebrados autores de aquel tiempo: Calderón de la Barca, Mendoza, Solís, etc. De los antiguos edificios del Retiro sólo uno resta en pie: el vulgarmente llamado _el Casón,_ donde al presente está instalado el Museo de Reproducciones Artísticas.]

[Nota 452: Muchas ediciones leyeron _enjauladas_, siguiendo a la de Zaragoza, 1671. En la de Vigo, 1902, el señor Bonilla declaró que «_enjaguadas_ está por _purificadas_ o _depuradas_», e intentó apoyarlo en Covarrubias y el _Diccionario_ de autoridades. Pérez y González, entendiendo que en el pasaje del texto «ni el _enjaguar_ ni el _enjuagar_ ni el _enjaular_ encajan», conjeturó que se trataba de una errata y que debía leerse _amen-guadas_ donde la edición príncipe estampó _enja-guadas_, «y cuando menos--añadió--, el sentido de la frase quedará completo y claro, sin necesidad de meter las grandezas en jaulas como si fueran loros, ni de echarlas en lavaderos como si se tratara de ropa sucia». En su edición de 1910 Bonilla insiste en que «_enjaguadas_ (metátesis de _enjuagadas_) encaja perfectamente en el texto», pues al decirse del Real Salón del Buen Retiro que «todas las admiraciones vienen cortas, y las mayores grandezas _enjaguadas_», se da a entender «que toda alabanza era escasa, y que las mayores grandezas se encontraban allí _mejoradas, depuradas, purificadas,_ elevadas a un grado superior».

Creo que serán contados los que acompañen al señor Bonilla en la persuasión de que, entendido como él propone, queda claro el sentido del pasaje, y por ello he de probar a explicarlo. _Enjaguar_, de donde por metátesis se dijo _enjuagar_, proviene de _ex aquare_, y ante todas cosas significa _ensaguar_, o _enaguar_, esto es, _aguar_, una de cuyas acepciones vulgares, regístrela o no el _Diccionario_, equivale a aminorar de calidad alguna cosa, como sucede al vino cuando se agua. Entendido así, está clara la expresión, y se conserva el paralelismo o correlatividad que existe (siquiera no la viese el señor Bonilla) entre la afirmación de que «todas las admiraciones vienen cortas», y la otra afirmación de que «las mayores grandezas [vienen] _enjaguadas_», o _aguadas_, que es como decir, _bastardeadas_, o _desmejoradas: frustradas_; que esta acepción, figuradamente, suele tener el verbo _aguar_, y así se dice _se aguó la fiesta; me aguaron el contento_. Quien dude que _enjaguar o ensaguar_ significa ante todo _aguar_, vea si _ensangostar_ y _ensanchar_ (de _ex angustare_ y _ex ampliare_) no significan respectivamente _angostar_ y _anchar_, verbo este último que, como _enanchar_, se usa en Andalucía y en algunas repúblicas hispanoamericanas.]

[Nota 453: De la enormidad de riquezas que solían pasar por la Casa de la Contratación de Indias dije algo en el discurso preliminar de mi edición crítica de _Rinconete y Cortadillo_, pág. 11.]