Part 16
[Nota 374: En efecto, son las armas de Ecija un sol radiante, con la leyenda _Civitas solis vocabitur una_, tomada del _Libro de Isaías,_ XIX, 18.]
[Nota 375: Dice _pueblo de abril y mayo_ por la muchedumbre de flores que _pueblan_ en ese tiempo los prados andaluces.]
[Nota 376: De Garci Sánchez de Badajoz he hallado peregrinas noticias, y pronto las publicaré en el _Boletín de la Real Academia Española;_ de Juan Bermudo, de don Diego de Avalos, de Núñez de Navarro, de don Pedro Manuel Prieto, de tantos otros hombres eminentes que, como éstos, vieron la primera luz en Ecija, y de los modernos Pacheco, Mas y Prat, Giles, etcétera, acuérdese la _ciudad del sol_, ya que al presente cuenta con una juventud muy culta y activa.]
[Nota 377: Esta especie de cogerse en Ecija el algodón estaba muy sabida; porque la divulgaron Pedro de Medina y su ampliador Pérez de Mesa en la _Primera y segunda parte de las grandezas y cosas más notables de España_ (Alcalá de Henares, 1595), folio 128: «Cógese en ella [en Ecija] grande quantidad de algodón, de que se prouee mucha parte del reyno». Pero que sólo se cogiera el algodón en Ecija, no lo he visto sino en Florindo, _Addicion al libro de Eciia i svs grandezas_ (Sevilla, Luis Estupiñan, 1631), fol. 31, donde dice, tratando de la especial influencia del sol en las tierras ecijanas: «Porque me consta por vista de ojos que en Marchena i Sevilla se a sembrado algodón, i llega a tener capullo, i no a madurar, ni abrir, ni ser de provecho. Lo cual es cierto que nace de la falta de calor, requisito para su perfección. Y pues en Ecija es tan perfecto y tan bueno....» Durante la dominación árabe se cultivó mucho el algodón en aquella ciudad; tanto que por él la llamaron algún tiempo _Medina Alcotón_ (Varela y Escobar, _Bosquejo histórico de la ciudad de Ecija_, Sevilla, 1906, pág. 52).]
[Nota 378: El humanista Francisco Cascales, en su _Discurso de la ciudad de Cartagena_ (Valencia, Juan Chrysostomo Garriz, M.D.XCVIII) decía: «El campo, fertilíssimo, que de su bella gracia ofrece copiosissimamente caracoles, setas, hongos, criadillas, esparragos, salutíferas tortugas, infinidad de palmitos, grandes colmenares de buena miel y cera. A cuyo respeto dice bien el refrán: Cabritos y palmitos, miel y cera, de Cartagena». Pues bien, Ecija, a juzgar por el dicho de Vélez, se aventajaba a Cartagena con mucho. Mas ¿cuáles son los veinticuatro frutos que, «Sin sembrallos», da aquella campiña y vendía la gente necesitada? Probaré a enumerarlos, por los del campo de Osuna, mi pueblo natal, cuyo término linda con el de la _ciudad de las torres_. De primer intento anoto los frutos siguientes: setas, macucas o criadillas de tierra, espárragos, palmitos, uvas de palma o palmiches, moras de zarza, cardillos, tagarninas, morrillas o alcachofas de púas, higos chumbos, berros, alcaparras, alcaparrones, orégano, poleo, hinojos, almoradux, tomillo salsero, palo dulce o regaliz, flor de manzanilla. Son veinte, y para las cuatro que me faltan, se me ocurren el esparto, algunas hierbas tintóreas, como la gualda, y diversas plantas medicinales, como las malvas, la borraja, el culantrillo, etc.]
[Nota 379: Esta renombrada sima está a cinco kilómetros de la ciudad, en la falda oriental de la sierra. Tiene de profundidad 146 varas castellanas. Mencionáronla, entre otros autores, el cartujano don Juan de Padilla, en _Los doze triumphos de los doze Apostoles_ (1521); Gonzalo Gómez de Luque, en su _Celidon de Iberia_ (1583), y Cervantes, en _El Celoso extremeño (Novelas ejemplares_, 1613), en la _Adjunta al Parnaso (Viage del Parnaso_, 1614) y en el cap. XIV de la segunda parte del _Quijote_ (1615).]
[Nota 380: A la celebridad de los melones de Guadix aludía el guadijeño Ginés, en la jorn. III de _La Niña de Gómez Arias_, de Calderón:
«Pues ¿hasme gozado a mi, ni yo te he desagradado siendo _melón de Guadix_ de mala calaña, para que tu me vendas así?»]
[Nota 381: Del doctor Mira de Amescua (así firmaba él, y no _Mescua_) y de su arcedianato di algunas noticias hasta entonces ignoradas en mi libro acerca de Pedro Espinosa (págs. 91-96) y otras en mi folleto intitulado _El apócrifo «secreto de Cervantes_» (Madrid, 1916), págs. 60-64.]
[Nota 382: Esta fuente databa de principios del último tercio del siglo XVI: don Manuel Varela y Escobar (_Bosquejo histórico de la ciudad de Ecija_, pág. 107) vió y copió una inscripción por la cual consta que reinando Felipe II, año de 1567, «Ecija, truxo el agua y mandó hazer las fuentes». De las ninfas trató don Juan M.ª Garay y Conde en sus _Breves apuntes histórico-descriptivos de la ciudad de Ecija_ (Ecija, 1851), pág. 436, diciendo: «A un estremo de este paseo [del de la Plaza Mayor] se encuentra una hermosa fuente, circundada también de arbolado y asientos de piedra: su mar es un gran polígono de nueve varas de diámetro y una de profundidad; cuatro ninfas de altura más que natural y de buena escultura, que se dicen las Amazonas, dan un caño de agua por medio de un cantarillo, y este lindo grupo sostiene un gran tazón de jaspe de una sola pieza, con dos varas y media de diámetro y cuatro caños a su borde....» ¿Qué ha sido de esta fuente? Al hacerse en 1866 la reforma de la Plaza Mayor, fué desmontada y «sus piedras o bloques de jaspe encarnado, con las ninfas y demás componentes de la obra fueron enterrados al lado Sur de la Plaza, a poca distancia y profundidad de donde antes se levantaba, y allí yacen esperando que una mano caritativa y amante del arte y del embellecimiento de la ciudad las desentierre y erija de nuevo....» Esto me dicen de Ecija, y yo escribí a don Eduardo García de Castro, actual alcalde de aquella ciudad, que, pues tal fuente, cualquiera que sea su mérito, debe conservarse en sitio céntrico y muy transitado, por haber hecho mención de ella un ecijano tan ilustre en una tan famosa novela, celebraría poder asentar en mis notas a _El Diablo Cojuelo_ «que la Ecija de hoy, lejos de ser la que ayer _enterraba_ sus preseas más estimables, por cierto sin reemplazarlas con otras mejores o tan buenas, enmienda antiguos yerros y vuelve por el buen nombre de su cultura». Las respuestas han sido dos: la primera, «Allá veremos»; y la segunda, «No hay consignación para _exhumar_ la fuente». ¡Pero la hubo para _inhumarla_! Repare en ello, por su honra, _la ciudad del sol_: ¡es una vergüenza tener enterrado ese monumento!]
[Nota 383: Quizá son auténticamente de ciego estas seguidillas, y no obra de Vélez de Guevara; a lo menos, muy de ciegos era acabar sus relaciones con algún villancico contra el Diablo Cojuelo, a juzgar por lo que, refiriéndose a un ciego relacionista, dice Rojas Zorrilla en la jorn. I de _El más impropio verdugo por la mas justa venganza_:
«COSME. Para un ciego en verso y prosa era «relación famosa (diciendo a voces) que trata como, dando testimonio de corazón paladín, vn mancebo florentín peleó con el demonio, y, haciendo a su ardor lisonjas, a arrojarle se dispuso por una escala que puso a un monasterio de monjas; y después, dando en el suelo, volvió a acometellas bravo; _con un villancico al cabo contra el Diablillo Cojuelo_.»]
[Nota 384: En nota del tranco IV (107, 6)[278] vimos cómo Quevedo en _Las Zahurdas de Plutón_ pinta a las dueñas convertidas en ranas, y cierto es que se las tenía por lo peor y más abominable del mundo. En un ejemplar apostillado de mano (letra del siglo XVII) del libro intitulado _Vida política de todos los estados de mugeres_, de fray Juan de la Cerda, diciendo el autor, al folio 394, con referencia a unas palabras de cierta mujer que estaba en el cielo, «y así lo hizo la devota _dueña_», el apostillador, sin parar mientes en que esta palabra estaba usada en la acepción de _matrona_, escribió al margen: «¿_Dueñas_ en la gloria?, linda cosa».]
[Nota 385: _Dando barato_, es decir, repartiendo entre los concurrentes algo de lo que traían entre manos. Algunos _baratos_ de esta clase quedaron en proverbio, como _el barato de Juan del Carpio_, que aporreó a su mujer pidiéndole barato, y _el barato de Cordobilla_, que explica así Correas (_Vocabulario de refranes_..., pág. 88 _a_): «Vno que se llamaba Cordovilla alumbró toda una noche a unos que jugaban, porque le diesen barato, y después tuvieron enfado y diéronle con el candelero».]
[Nota 386: _A vedar que ... no les valiese.... Hoy lo_ diríamos sin ese _no_ que en lo antiguo acompañaba a los verbos de negación o privación.]
[Nota 387: _Aunque se retrujesen_, quiere decir. El _si_ suele equivaler a _aunque_, como noté en diversos lugares del _Quijote_ (II, 216, 10; VIII, 125, 10, etc.).]
[Nota 388: Según advirtió Pérez y González (págs. 56 y 57 de su tan citado libro), el mismo Vélez explicó este pasaje en la jorn. I de _El Diablo está en Cantillana_, de donde es el siguiente diálogo:
«PERAFÁN. ¿Cómo dejas a Sevilla?
RODRIGO. Como siempre: buena y brava, dime un filo en el Corral de los Olmos, y una mandria tuvo un no sé qué conmigo, sobre si pasa o no pasa: llevó una mohada a cuenta, siguióme la gurullada, no pude tomar iglesia ni embajador, y en _las ancas de la mula de un doctor_ me salvé con linda gracia.
PERAFÁN. ¿En las ancas de la mula de un doctor?
RODRIGO. Pues dime, ¿hay casa de embajador, hay iglesia, hay torre, hay tierra del Papa, de preeminencias mayores, pues hay médico que acaba de matar cuarenta enfermos y no hay quien le pida nada en poniéndose en la silla? _Pues lo mismo son las ancas_; que el platicante más zurdo, en asiendo la gualdrapa, _aunque mate, es como asirse_ _de una iglesia a las aldabas_; que hay aquestos privilegios en las mulas doctoradas.»]
[Nota 389: _Alguaciles chanflones_, como _doncella chanflona_ en el tranco I (18, 5)[76], donde quedó nota.]
[Nota 390: Pérez y González creyó errata _resolución:_ «Debe ser _revolución;_ inquietud, alteración, alboroto».]
[Nota 391: Los buenos neblíes eran de Noruega, tierra donde apenas luce el sol; pero el Cojuelo era neblí de otra Noruega aún más obscura: del infierno.]
[Nota 392: Aquí supone nuestro autor que el Genil y el Guadalquivir se juntan o casan por _el vicario de las aguas_, como habló del _vicario Responso_ en el tranco I, donde quedó nota (17, 2)[71].]
[Nota 393: Pues en el uso actual _camarada_ sólo significa _compañero,_ y con tal significado ocurre poco después, podría parecer que no hace buen sentido esta expresión. _Camarada_, en este lugar, significa _compañía._]
[Nota 394: _Tender la raspa_, o _tender raspa_, es acostarse para dormir o descansar. Quevedo, en una de sus jácaras:
«Llegamos a Babilonia un miércoles por la noche; _tendí raspa_ en el mesón de Catalina de Torres.»]
[Nota 395: El _ferreruelo_ o _herreruelo_ era una capa sin capilla.]
[Nota 396: Como advierte Covarrubias, _dar papilla_ a uno, o _papillas_, es «engañarle o tratarle como a niño». «No piense vuesa merced _darme papilla_», dice un ventero en el _Quijote_ (I, 32).]
[Nota 397: Díjolo, verbigracia, el maestro Valdivielso, en el auto de _El Hospital de los locos_:
«LUZBEL. Tres partes había de estrellas encima la impírea bola, siendo yo de las más bellas; _mas derribé con la cola la tercera parte dellas_.»]
[Nota 398: _Del Galileo_, antepuesto el artículo al nombre propio, a la manera italiana.]
[Nota 399: Acerca de este hombre extravagante, sus aficiones y su museo, puede verse el libro de don Emilio Cotarelo, intitulado _Don Juan de Espina_, Madrid, 1908.]
[Nota 400: Así, _óbtica,_ en la edición príncipe, tal como el vulgo solía y suele pronunciarlo. «Conocida es--dice don Rufino José Cuervo (_Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano_, §756 de la 6.ª edición, París, 1914)--la repugnancia que tiene el castellano a usar las explosivas sordas en fin de sílaba. ... y hoy es comunísimo pronunciar ... con _b optar, opción, aptitud_.»]
[Nota 401: Para hacer su chiste, Vélez de Guevara, por boca del Cojuelo, confunde el _camino de Santiago de Compostela_, que es el aludido en el refrán, con el otro _camino de Santiago_ o _Vía láctea._ Es curiosa la conjetura de Faria y Sousa acerca del nombre vulgar castellano de la _Vía láctea._ Dice, comentando una octava de los _Lusiadas_, de Camoens: «En griego se llama _Galaxia_, que vale _vía de leche_, i es lo que el vulgo llama _Camino de Santiago_; que devia principiarse en dezir _Camino de Galicia,_ por corrupción de _Galaxia_.»]
[Nota 402: _De posta_, equivalente a _de centinela_. Rey de Artieda, en un soneto de los _Discvrsos, epístolas_ y _epigramas de Artemidoro_ (Zaragoza, Angelo Tavanno, 1605), fol. 104, usa las dos formas, _hacer centinela_ y _hacer la posta_:
«Como a su parecer la bruxa vuela y vntada se encarama y precipita, assi un soldado, dentro vna garita, esto pensaua, _haziendo centinela_....
* * * * *
Con esto, se acabó de _hazer la posta_, y hallóse en cuerpo, con la pica al hombro.»]
[Nota 403: Pues el Diablillo era cojo, píntalo nuestro autor velando sobre un solo pie, como cuentan de la grulla, que, en efecto, duerme con un pie levantado, y añaden que la que está de centinela para avisar a las demás de cualquier peligro tiene sujeta una piedra en ese pie, a fin de no dormirse; de donde dijo Mateo Alemán en su _Guzmán de Alfarache_, parte II, libro II, cap. IX: «No hay duda que siempre continuaba velando su honestidad, _como la grulla, la piedra del amor de Dios levantada del suelo_....»]
[Nota 404: _Parecer_, significando, más bien que _ver, notar_ o _advertir_.]
[Nota 405: _Grosura_, en una acepción no registrada en el léxico de la Academia, es, como dice Covarrubias, «lo interno y estremo de los animales; conuiene a saber, cabeça, pies, y manos, y asadura». En las condiciones que se pusieron para el obligado de la carne en la villa y corte de Madrid, año de 1624, hay una referente a los despojos, que dice (Libros de Gobierno de la Sala de Alcaldes, tomo XIV, fol. 732): «Con condición que no sea obligado a dar despojos de carnero, que se entiende cabezas y asaduras y vientres, los sábados de cada semana que fueren _de grossura_ más de tan solamente al Rey y Reyna nuestros señores y al señor ynfante y a los señores del Consejo Real....»]
[Nota 406: Dice el señor Bonilla «que se recomendaban como remedios de ella [de la opilación] _comer barro_....» No sé de dónde pudo sacar tal especie, cuando precisamente el _comer barro_ era causa de aquella enfermedad. Zabaleta, en _El día de fiesta por la tarde_, capítulo referente a _El estrado_: «Apéanse a este tiempo de vn coche en la puerta de la casa vna muger mayor, que tiene el marido en vn govierno en las Indias, y vna hija suya donzella _opilada_, tan sin color como si no viuiera. Nadie juzgará que salia del coche para la visita, sino para la sepultura. _Comía_ esta doncella _barro_, linda golosina. ¿Quánto diera esta moça por estar enterrada, por tener la boca llena de tierra? Dios hizo a esta muger de barro, y ella con el barro se deshaze.» Quevedo, en su musa VI, tiene un soneto dirigido _A Amarili, que tenía unos pedazos de búcaro en la boca, y estaba muy al cabo, de comerlos_.]
[Nota 407: _Tomar el acero_, como dice el _Diccionario_ de autoridades, era «remedio que se da a los que están opilados, que se compone del acero, de diversas maneras preparado».]
[Nota 408: Llamó _Minotauro_ la mitología clásica al monstruo que nació de la unión de Pasifae, mujer de Minos, con un toro. Según Apolodoro, Higinio y otros, tenía de hombre el cuerpo y de toro la cabeza. Matóle Teseo en el famoso laberinto de Creta.]
[Nota 409: _Chisme_, femenino, como en el tranco I, donde quedó nota (23, 4)[88].]
[Nota 410: _Baraja_, en su acepción de _contienda_ o _reyerta_; de donde se dijo _barajar_, «reñir, altercar o contender unos con otros».]
[Nota 411: En la edición príncipe, por mera errata, que copió el señor Bonilla, _coredores_.]
[Nota 412: Sabidísimo es que este asno no era _de oro_, aunque se llamara así al libro en que de él se trata, cosa que parece haber olvidado Vélez de Guevara al hacerlo, por su nombre, cabalgadura del riquísimo Creso.]
[Nota 413: _Velicómen_, palabra que intrigó grandemente al señor Bonilla en su primera edición de _El Diablo Cojuelo_, y que antes que Vélez había usado Quevedo en _La Hora de todos_, significa _copa_ o vaso, del alemán _Wilkommenbecher_. No todos se habían olvidado del texto del Señor de la Torre de Juan Abad: el maestro Cávia, después de cenar con unos amigos, como otros que llegaron les preguntasen qué hacían, respondió:
«Ya repletos los abdómenes, alzamos los _velicómenes._»]
[Nota 414: _Selvajes_, que hoy, menos etimológicamente, decimos _salvajes_.]
[Nota 415: _Correspondientes_, dicho por lo que ahora llamamos _corresponsales_. Castillo Solórzano, _La Garduña de Sevilla y anzuelo de las bolsas_, cap. IV: «Había Marquina tomado por una deuda a un _correspondiente_ suyo, que había quebrado, una heredad fuera de la ciudad....»]
[Nota 416: Entre las diversas marcas con que solía herrarse a los esclavos en los siglos XVI y XVII, era la más frecuente la de una S y un clavo, para indicar _esclavo_. Gestoso, en su interesante artículo sobre _La compraventa de los esclavos en Sevilla_, apud _Curiosidades antiguas sevillanas_ (Sevilla, 1910), págs. 83 y siguientes, reseña algunos documentos en que hay referencias a esta marca. Indicaré uno: en el testamento de Pedro García de Quesada (9 de marzo de 1520) se menciona «vn esclabo moro del cabo, de hedad de quinze a diez y seys años herrado en la cara, en vn carrillo con vna _S_, y en otro vn clavo, que se dize abrahem....» La S y el clavo pasaron pronto a la literatura. Baltasar del Alcázar, pág. 5 de mi edición de sus _Poesías_ (Madrid, 1910):
«Pusome en el alma _el clavo_, su dulce nombre _y la S_, porque ninguno pudiese saber de quién soy esclavo.»
Lope de Vega, en la jorn. III de los _Trabajos de Jacob_:
«RUBÉN. Señor, todos queremos, pues es justo, quedar por tus esclavos: _eses_ imprima _y clavos_ en todos nuestros rostros hierro adusto....»
Y, figuradamente, se dijo _echar_ a uno _una ese y un clavo_ en la acepción de tenerle cautivada con beneficios su voluntad. Así en _La Pícara Justina_: «Por cierto, señora, en lo que toca al ofrecerme el empréstito, usted _me ha echado una ese y un clavo,_ y una argolla, y un virote, y una cadena, y unos grillos....»]
[Nota 417: _Girándula_ es, como dice Covarrubias, «cierta rueda llena de cohetes, que dando bueltas a la redonda, y girándose, despide de sí rayos de fuego a modo de cometa, con muy grandes tronidos».]
[Nota 418: Dice _cohetes voladores_ para diferenciarlos de los _rastreros_, también llamados _buscapiés._]
[Nota 419: El mejor _brocado_ era _de tres altos_, como dije en mis notas al _Quijote_ (V, 186, 20).]
[Nota 420: Esta pintura de la instabilidad de la fortuna trae a la memoria aquella otra muy notable de Lope, en el acto II de _Porfiando vence amor_:
«FABIO. ¿Sabes cómo es la fortuna? Como un baile de comedia: ella toca, y bailan todos; ya están aquestos aquí, y ya los otros allí, mudándose de mil modos. Donde aquél tiene la cara, éste las espaldas tiene; uno pasa, y otro viene, y hasta el fin ninguno para. Nadie tiene lugar cierto donde le piensa tener, porque todo viene a ser desconcertado concierto. Aquí dos bailando están, y cuando suelen volver el rostro, ya la mujer baila con otro galán. El que en este sitio estaba, ya no está; que siempre vi andar de aquí para allí hasta que el baile se acaba.»]
[Nota 421: Popularizado sobremanera aquel romance sobre la muerte de don Beltrán en Roncesvalles, en que se lee:
«_Con la mucha polvareda, perdimos a don Beltrane_...»,
se hizo esta frase topiquillo vulgar y con frecuencia nuestros poetas la acomodaron festivamente en sus versos, más o menos variada. Así, por ejemplo, Lope de Vega, en la jorn. II de _El Buen vecino_:
«BITONTO. ...Que son bastantes indicios desto el haberme dejado, entre el marcial alarido y la confusa arboleda de las armas, sin sentido, _con la mucha polvareda, como don Beltrán perdido_.»
Tirso de Molina, en el acto I de _Desde Toledo a Madrid_:
«CARREÑO. ...Hasta que en una vereda, _con la grande polvareda, perdimos a don Beltrane_: digo que a Madrid perdimos de vista....»
Y, en fin, dejando atrás muchas otras citas, Quevedo, en su romance sobre los cuellos (Musa VI):
«Los polvos azules truje del rebelado Flamenco, _y con la gran polvareda, perdimos a don Dinero_.»]
[Nota 422: Refiérese, como nota el señor Bonilla, al título de ciudad concedido a Carmona por Felipe IV en 1630.]
[Nota 423: Juega de la voz _sereno_, adjetivo en una parte y sustantivo en otra: _que nunca le tuvo_, es decir, que por ser Carmona de cielo tan _sereno_, no se conoce en ella el _sereno_ o humedad atmosférica propia de la noche. A esto atribuye seguidamente el no padecerse allí el catarro.]
[Nota 424: De la frase de comedimiento _no conocer_ a uno _sino para servirle_ traté en nota del tranco II (38, 14)[133].]
[Nota 425: Aunque hoy, generalmente, llamamos _la Giralda_ a la torre de la Catedral de Sevilla, este nombre no es sino el de la esbelta y por todos estilos _airosa_ figura que le sirve de remate y veleta: una hermosa imagen de la Victoria. He aquí lo que de ella y de la torre dijo Alonso Morgado en su _Historia de Sevilla_... (Sevilla, Andrea Pescioni y Juan de León, 1583), pág. 285 de la reimpresión hecha por la efímera Sociedad del «Archivo Hispalense» (Sevilla, 1887): «...Toda ella [la torre] es quadrada, y cado un lienço en igual proporción de cincuenta pies de ancho y en vn mismo nivel de quadro, sin desmenguar ni crecer por la parte de afuera poco ni mucho en toda la altura donde vemos las campanas.... Desde el suelo hasta en altura de ochenta y siete pies es todo raso y sin alguna moldura. Mas desde allí hasta lo más alto, sube por medio de cada lienço vna orden de ventanas, y tantas galanterias, que hazen hermosissima la vista....» Trata después del cuerpo de campanas, y añade: «... y luego vna bola dorada de cinco pies de altura, y encima vna Victoria, que es vna hermosa imagen de bronze, en que se remata [la torre], dorada y a partes encarnada, do lo ha menester, que tiene de altura quatro varas y media de medir, y de peso veynte y ocho quintales, con vn ramo en la mano derecha, tambien de bronze, que pesa dos quintales, que en tanta distancia de altura le da mucha gracia. Y en la mano yzquierda, vna grande vela de quatro quintales, y también de bronze, que denota y señala qualquiera viento que corra y sople, tras la qual se va la misma Victoria con tanta facilidad y ligereza como si fuera vna pluma: tal es el artificio maravilloso sobre que está puesta.»]