Part 15
[Nota 324: Era el _chapín_--según Covarrubias--«calçado de las mugeres, con tres o quatro corchos: y algunas ay que llevan treze por dozena....» Dice Vélez _con plata_, porque acostumbraban poner a los chapines virillas de plata, tan anchas a las veces como indicó Tirso en el acto I de _La Huerta de Juan Fernández:_
«TOMASA. ...No gastara la mulata manto fino de Sevilla, _ni cubriera la virilla el medio chapín, de plata_....»
Y llegó a ser tan general lo de las _virillas de plata_, que los tenían con tal adorno hasta las cortesanas de medio pelo. Quevedo pinta con chapines de esta clase a una cortesana ociosa (Musa VI):
«A la jineta sentada sobre un bajo taburete, con su avantalillo blanco y su vestidillo verde, en valoncilla redonda y perlas con brazaletes, con apretador de vidro y rizas entrambas sienes, con herraduras de plata y faldellín de ribetes....»
Los chapines se ponían sobre los zapatos; pero, pues yendo las comediantas en sus jamugas, no los habían de llevar puestos, llevábanlos _colgando de los respaldares_, como dice el autor.]
[Nota 325: Refiérese a los cuellos que llamaron _valonas_. Los llevaban estos comediantes en los sombreros, para no ajarlos ni ensuciarlos por el camino.]
[Nota 326: Dice festivamente _ciclanes de estribos,_ para indicar que llevaban uno, y no dos. _«Ciclán_--Dice Oudin en su _Tresor--vn qui n'a qu'vn testicule, que nous disons leger d'vn grain.»_]
[Nota 327: Así, _le sirven_, en la edición original. El señor Bonilla añadió entre corchetes la _s_ que gramaticalmente falta; yo no, porque más bien que a supresión mecánica de una de dos letras iguales e inmediatas, hubo de deberse esta omisión a emplear el _le_ como dativo de plural, fenómeno sobre el cual, anotando el _Quijote_, llamé la atención más de una vez (II, 217, 6; III, 106, I; VII, 329, II, y VIII, 67, 3).]
[Nota 328: _Representantas_, como lo dijo Lope en el epígrafe de uno de sus sonetos, mal que pese a los feministas de hoy, que quieren que se diga _la consejero, la catedrático y_ aun la _maestro_. Cervantes decía _preguntanta (Quijote,_ II, 62).]
[Nota 329: _Recalcado_, como adverbio: _recalcadamente_. Otro autor, no recuerdo cuál (quizás Quevedo), llamó _hablar jeringado_ al hablar así, y está muy propiamente dicho, porque denota bien que salen las palabras premiosamente alquitaradas y como empujadas por el émbolo de una jeringa. _Recalcado_ y _jeringado_, lo mismo que en otras calendas, siguen hablando hoy los malos cómicos, dentro y fuera del teatro.]
[Nota 330: Los escritores de la última moda _(dernier cri_, suelen decir ellos) omitirían hoy la preposición y escribirían galicadamente: «... _que habían robado Lisboa, asombrado Córdoba y escandalizado Sevilla_, y que _habían de despoblar Madrid_....» Y es lo peor que, como todo se pega, menos lo bonito, hasta periódicos que siempre blasonaron de escribir a lo castizo han entrado por la pésima costumbre de prescindir de esa preposición en tales casos.]
[Nota 331: Probablemente sería persona de carne y hueso este _tundidor de Écija,_ poeta a ratos. A vivir todavía mi buen amigo ecijano don Manuel Ostos y Ostos, él, con aquella grande afición que siempre tuvo a la historia de su ciudad, buscaría y rebuscaría, hasta hallar noticias de este autor de loas mencionado por su ilustre paisano Luis Vélez de Guevara.]
[Nota 332: _Severo_, en la acepción de _grave, serio, mesurado_, como y indiqué en otro lugar (99, 8)[263].]
[Nota 333: Este verso, que en la edición original está impreso a renglón tirado, como prosa, es del conocidísimo romance de Nerón:
«Mira Nero de Tarpeya a Roma cómo se ardía; gritos dan niños e viejos, _y él de nada se dolía.»_]
[Nota 334: _Perdigado_ es, ciertamente, como dice el señor Bonilla con Covarrubias, «el que está señalado para hacer alguna justicia del». Pero, siendo eso, es también algo más: pruébalo el no convenir al _perdigado_ del texto la definición del _Tesoro. Perdigarse_ es, figuradamente, «disponerse a hacer bueno o malo», como dice Correas en su _Vocabulario de refranes_ ..., página 601 _a_, y _perdigar_, según el léxico de la Academia, «disponer o preparar una cosa para un fin». Ahora sí se entiende el lugar del texto.]
[Nota 335: _De allá: de Dinamarca_, dicho irónicamente por alusión a Oriana, la fiel amada y amante de Amadis de Gaula, a la cual se suele llamar _la Doncella de Dinamarca_ en la historia de este caballero andante. Asimismo la recuerda Tomás en _La Ilustre fregona_ de Cervantes, a propósito de las desenvueltas mozas de la posada del Sevillano: «¡Mirad qué _doncellas de Dinamarca_ nos había ofrecido la suerte esta noche!»]
[Nota 336: Refiérese a Andrés de Claramonte y Corroy, famoso escritor y representante murciano.]
[Nota 337: En la edición príncipe, por errata, _entre los dos_.]
[Nota 338: _En la legua_, o, lo que es lo mismo, _entre los cómicos de la legua_, a la manera que se decía _en el siglo_ y _en la religión._]
[Nota 339: _Amarilis_, nombre con que era conocidísima la célebre comedianta María de Córdoba, mujer de Andrés de la Vega, autor de comedias, es decir, director y empresario de compañía.]
[Nota 340: La expresión es elíptica al par que hiperbólica: quiere decir que no sabría, no ya representar lo que representaba ella aun con lo más humilde: con su zapato; pero _ni mirarlo_ siquiera.]
[Nota 341: Se refiere, como dice el señor Bonilla, a la comedia del bizarro ingenio valenciano intitulada _Dido y Eneas_.]
[Nota 342: Devolviendo una imputación ofensiva, o rechazando una exigencia inadmisible, solía y suele añadirse, por énfasis _y tu alma_, o _y su alma_, bien que no lo registre el _Diccionario_. Véanse algunos ejemplos. Pérez de Montalván, en la jorn. I de _Santo Domingo en Soriano_:
«PIERRES. ...Pero llégate al difunto y pregúntale a qué viene.
CHOCOLATE. _Llegue el francés y su alma_.»
Don Francisco de Leiva, en la jorn. III de _La Dama presidente_:
«ANGELA. Otro criado....
MARTÍN. (Aquí entro yo.)
ANGELA. Que allá tuvisteis declara lo mismo.
CÉSAR. Ese es un borracho.
MARTÍN. _(¡Tú lo eres y tu alma_!)»
Nuestro Vélez mismo, en _La Sarna de los banquetes_, apud _Flor de entremeses y sainetes de diferentes autores_ (1657), página 20 de la edición de Menéndez y Pelayo, Madrid, 1903:
«TARJETA. ¿Habrá un jarro de agua?
CRIADO 1.º Y bueno.
TARJETA. _Pues bébale él y su alma_.»]
[Nota 343: Esta expresión es una de las más malas de entender que hay en _El Diablo Cojuelo_, con haber otras muy oscuras y difíciles. Por lo de Roncesvalles alude a la memorable batalla en que nuestro Bernardo del Carpio derrotó a los franceses y en que murieron los doce pares de Francia. _Molino del papel_ se llama al edificio donde, para fabricarlo, se comienza por moler y reducir a pasta los trapos de que se hace. ¿Habría _en Roncesvalles_ cuando se escribió _El Diablo Cajuelo_, o poco antes, algún _molino de papel_? Porque si se averiguara que lo hubo, sería fácil de entender la afirmación, ya claramente burlona, de que la venta, a no llegar el Ventero con la Hermandad, habría sido _un Roncesvalles del molino del papel_; esto es, una parodia de la batalla de Roncesvalles.]
[Nota 344: Con la _Hermandad_, o sea con algunos _cuadrilleros de la Santa Hermandad_, que, como es bien sabido, era una de las _tres santas_ de quienes se dijo: «Tres Santas y un Honrado traen al Reino agobiado».]
[Nota 345: _Tantos_, en la acepción de fichas o pedrezuelas menudas, propias para señalar los puntos que se ganan en ciertos juegos. Nuestro autor quiere decir que los jarros, tinajas y platos quedaron hechos tiestos menudos, tan pequeños como para servir de tantos a los jugadores. Lo mismo Quevedo, en la primera de sus jácaras (Musa V):
«Sobre el pagar la patente, nos venimos a encontrar yo y Perotudo el de Burgos: acabóse la amistad. _Hizo_ en mi cabeza _tantos_ un jarro que fué orinal y yo, con medio cuchillo le trinché medio quijar.»]
[Nota 346: Como una parte del producto de los teatros, en Madrid y en muchos pueblos, se aplicaba al sostenimiento de las casas de beneficencia, cuando estas mismas no eran propietarias de los coliseos, y las de la Corte necesitaban siempre esta importante ayuda de costa, cuidábase de que no faltaran compañías, requiriendo de orden del Consejo de Castilla a tales o cuales comediantes de los que andaban por otras regiones de España, para que acudiesen a Madrid, y hasta despachando algún alguacil que los condujese. Vea el curioso el citado libro de Pérez y González, págs. 87 y siguientes.]
[Nota 347: Sabido es que de los camaleones cree el vulgo que se mantienen del aire.]
[Nota 348: En lo _del mayor Mecenas_ se refiere nuestro autor al Conde Duque de Olivares, hijo, en efecto, de don Diego López de Haro, quinto marqués del Carpio.]
[Nota 349: Aunque la edición príncipe estampa _gamenosas_, y así, dicho de esas mismas dehesas, recuerdo haberlo leído en la comedia _El amigo hasta la muerte_, de Lope de Vega, ha de leerse _gamonosos,_ de _gamón (asphodelus ramosas_), planta espontánea por la cual se dijo «Año de _gamones_, año de montones», bien que otros, burlándose del vaticinio refranesco, lo modifican así: «Año de _gamones_, año de hambrones» (pág. 5 de mi libro intitulado _Los Refranes del Almanaque_; Sevilla, 1896).]
[Nota 350: Esta fábula de la antigüedad había sido creída por hombre de tan buen entendimiento como Ambrosio de Morales, pues dijo en Las _Antigvedades de las civdades de España_ (Alcalá de Henares, Juan Núñez de Lequerica, M.D.LXXV), fol. 32: «De tal manera son celebrados sobre todos los del mundo [los caballos españoles], que nadie les sale a la competencia. No es en ellos encarecimiento fabuloso de nuestros cauallos, aunque a Iustino le parezca tal, que las yeguas en Portugal y cerca de Lisboa se empreñauan del viento. Que clara verdad es de Plinio, que lo pudo ver estando acá, y de Marco Varron, que dize ser cosa aueriguada, y trae sus conueniencias, para que a nadie parezca estraña ni impossible. Más de propósito lo prueua con razones naturales Columela, y como español, que bien lo sabía, lo da por cosa manifiesta, y en que nadie dudaua.... El potrico que desta preñez nacía sacaua la ligereza de su padre el viento; mas no era de prouecho, pues jamás passaua de tres años.»]
[Nota 351: Los cordobeses llaman _Campo de la Verdad_ al barrio del Espíritu Santo, unido a lo demás de la población por un antiquísimo puente de diez y seis arcos bajo el cual corre el Guadalquivir. Cuéntase que tal nombre se originó de una frase dicha por don Alonso Fernández de Córdoba en 1367, cuando don Pedro I de Castilla fué sobre aquella ciudad, auxiliado por el Rey de Granada (Don Teodomiro Ramírez de Arellano, _Paseos por Córdoba,_ Córdoba, 1873-1877, tomo III, págs. 370 y siguientes). Por el nombre de este barrio y por otras particularidades de topografía y nomenclatura local, se dijo festivamente que los cordobeses tienen _la Verdad en el Campo, la Salud en el Cementerio, la Caridad en el Potro y el punto en un cuerno_. Esto último se refiere a un altar llamado _del punto_, inmediato a un gran colmillo de elefante (cuerno según el vulgo) que, como símbolo de la fortaleza, pende de la bóveda de una de las naves de la Iglesia Catedral.]
[Nota 352: Así el texto en la edición príncipe; pero probablemente falta una palabra: _a la Colonia Patricia_, diría el original, porque éste fué el nombre de la Córdoba romana, según vemos en sus monedas autónomas de aquella época.]
[Nota 353: Acerca del significado de _acto positivo_ quedó nota en el tranco III (83, 4)[230].]
[Nota 354: Escribí preguntando por este antiguo mesón a don Enrique Romero de Torres, mi docto y amable _paisano_ (porque él es natural de Córdoba y yo soy cordobés adoptivo), y ha satisfecho mi curiosidad, comunicándome que por el libro primero de padrones de confesiones de aquella iglesia catedral (1604-1609) consta que el _Mesón de las Rexas_ era la segunda casa de la calle de la Herrería, hoy núm. 83 de la del Cardenal González. Y añadió mi amigo en su carta: «La casa es muy hermosa y por su aspecto debió de ser uno de los mejores mesones de aquella época; está situada cerca de la Puerta del Puente y en la vía principal de Córdoba, que era desde esta puerta hasta la que llamaban Puerta Nueva (que ya no existe), y que constituía la carretera de Sevilla a Madrid.» En el _mesón de las Rejas_ solían hospedarse las compañías de comediantes que representaban en Córdoba: allí se alojaban en 1610 Pedro de Castro y Jerónima de la Fuente, de la compañía del famoso Granados, cuando se desposaron. (Véanse mis _Aportaciones para la historia del histrionismo español en los siglos_ XVI y XVII, Madrid, 1914, pág. 34.)]
[Nota 355: De la _Corredera_, sita en el barrio de San Pedro, dijo, entre otras cosas, el citado autor de los _Paseos por Córdoba,_ tomo II, pág. 105: «Su nombre es el que en general se daba en muchas poblaciones al punto en que, por su extensión, se celebraban los actos más concurridos, y en particular las corridas de toros, cintas y cañas. Tiene una superficie de siete mil cuatrocientas noventa y seis varas cuadradas, es cuadrilonga y mide trescientos sesenta y dos pies de longitud por ciento treinta y ocho de latitud en la parte inferior, o sea el Arco bajo, y ciento cincuenta y seis en la superior; los balcones llegan, en sus tres filas, a cuatrocientos treinta y cinco, y los arcos de sus portales a cincuenta y nueve....»]
[Nota 356: Esta _línea_ y estos ángulos son términos de lo que aún al mediar el siglo XVII se llamaba _nuevo arte de la destreza_, debido principalmente a los estudios y las obras de Jerónimo de Carranza y don Luis Pacheco de Narváez, su continuador.]
[Nota 357: Alude Vélez--como dice Bonilla--al diestro retratado por Quevedo en su donosísima _Historia de la vida del buscón llamado don Pablos_. Quevedo, acérrimo enemigo de Pacheco de Narváez, se burlaba de su _nueva destreza_; no así Cervantes, que en el _Quijote_ (II, 19) la ensalza y hace quedar vencido por ella al bachiller Corchuelo.]
[Nota 358: Este _pensar_, o _creer_, siempre usado en pretérito y ante infinitivo y equivalente a _imaginar_, es popularísimo en Andalucía, donde a menudo se oye: «_Pensé_ morirme»; _«Creí_ reventar de risa». Cervantes lo usó con frecuencia en el _Quijote: «Pensó_ perder el juicio» (II, 23); «_me pensé_ caer muerta de puro gozo» (II, 52).]
[Nota 359: Llamaban _espadas negras_, porque tiraban a ese color, a las de hierro, sin lustre ni corte, que servían para los ejercicios de esgrima, y a las cuales, a fin de que no hiriesen con la punta, se les ponían en ella botones de cuero, dichos comúnmente _zapatillas_. Tirso, en el acto II de _La Huerta de Juan Fernández:_
«TOMASA. ...Dele al gusto puerta franca; quiera bien, que eso me alegra; ensaye en la _espada negra_ tretas que logre en la _blanca_.»]
[Nota 360: Dirigía los juegos de esgrima un maestro de destreza, con un _montante_, o espada grande de dos manos, con el cual, atravesándolo entre los luchadores cuando era menester, ponía fin a la contienda. También lo usaba, como dice el texto, haciendo ademán de _barrer los pies a los mirones_, para que, dando algunos pasos atrás, agrandasen la palestra.]
[Nota 361: _Aplauso_, equivaliendo a _solemnidad_ o _pompa_, acepción no registrada en el _Diccionario_.]
[Nota 362: El _vellorí o vellorín,_ era según el _Diccionario_ de autoridades, un «paño entrefino de color pardo ceniciento, u de lana sin teñir». Vélez llama _vellorí_ a la pendencia, por alusión al color de las espadas, a las cuales, seguidamente y por la misma razón, da el nombre de _mulatas_.]
[Nota 363: _Cuarto círculo_ es un término de la destreza, que yo no he de definir, porque estas y otras voces técnicas que ocurren poco después se encuentran en cualquier diccionario. A estos círculos y a Pacheco de Narváez se refería el anónimo autor del _Entremés del Estudiante_:
«PEROTE. Rebano y corto en _círculos pachecos_ varas y plumas como cardos secos.»]
[Nota 364: _Movimiento accidental_ es otro término de la llamada pomposamente _esgrima científica y filosofía de las armas_.]
[Nota 365: Dice Covarrubias, en el artículo _tvmba_ de su _Tesoro_: «Del ilustre linage de los Castillas se cuenta que en el entierro que tienen en Santa Clara de Valladolid dentro del coro de las Monjas, quando alguno dellos muere, se oyen muchos golpes que se dan en la tumba que está sobre la boueda do se entierran: y cuentan que en cierta ocasión, despues de auer oido estos golpes passó mas de vn año que no se supo quien era muerto, hasta que con vna armada que vino de las Indias se entendió auer muerto allá vn cauallero de la casa, el mesmo día que las Religiosas auian oido los golpes de la tumba....»]
[Nota 366: Si nuestros periodistas no hubieran olvidado que en castellano tenemos la palabra _riza_, que significa «destrozo o estrago que se hace en una cosa», y la frase _hacer riza_, equivalente a «causar gran destrozo y mortandad en una acción de guerra», es seguro que no acudirían a cercado ajeno por la palabra _razzia_ ni por la frase _hacer razzia_, con lo cual lograrían tres cosas buenas: hablar en castellano, ahorrarse comillas o letra cursiva, y evitar que algún malpensado sospeche que el decir _razzia_ es indicio de no conocer la palabra _riza_. ¿Ejemplos del uso de este vocablo? Hailos en abundancia; pero bástame citar dos. Lope de Vega, en el canto VIII de _La Dragontea:_
«... y como tero que la frente eriza, en ellos _hace_ sanguinosa _riza_.»
El padre Baltasar Gracián, en _El Criticón,_ primera parte, crisi V: «... de modo que en los más principales, como más lucidos, _auían hecho_ las fieras mayor _riza_».]
[Nota 367: Porque tales desbragados quedaron de suerte, que dejaron ver aquello en que dió el sol al don Bueso del antiguo romance.]
[Nota 368: Sobre la frase _muy falsos_ quedó nota en el tranco V (123, 4)[315].]
[Nota 369: Modifica por donaire el conocidísimo refrán _Siempre quiebra la soga por lo más delgado_.]
[Nota 370: _Por barba_, como dice nuestro _Diccionario_, equivale a «por cabeza, o por persona». Así, como pudieran decir unos soldados cristianos, convidándose a matar moros, _¡A moro por barba!,_ dijeron valientemente unos aficionados a la mesa: _«¡A perdiz por barba_, y caiga el que caiga!»]
[Nota 371: _¡Favor a la justicia_!, porque éste era de ordinario el grito de alguaciles y corchetes, cuando no clamaban «_¡Favor al Rey!_», de lo cual vino el decirse que tales ministros siempre llevaban el Rey en el cuerpo.]
[Nota 372: _Coger, dar, hacer_ o _tomar puntas_ es volar el ave de cetrería de un lado para otro, en diversas direcciones, pero subiendo siempre, en espera de sazón para caer sobre el animal en que quiere hacer presa.]
[Nota 373: Para Covarrubias, _rollo_ era «la picota o horca hecha de piedra en forma redonda, quasi _rótulo»._ El _Diccionario_ de la Academia lo define: «Columna de piedra ordinariamente rematada por una cruz, y que en lo antiguo era insignia de la jurisdicción de la villa». El rollo de Ecija, fué, como afirma Vélez, celebradísimo, y así, decía cierto poeta apicarado del _Romancero general_ (fol. 470 vto.):
«De Cordoua he visto el Potro, que ha engendrado pocos asnos; también la fuente del Toro, que hizo a Lazarillo cauto; _de Ezija he visto el rollo, que el mundo celebra tanto_, el Arenal de Seuilla y Corral de los Naranjos.»
Don C. Bernaldo de Quirós nombra como aún existente el _rollo de Ecija_, en su interesante librito intitulado _La Picota_ (Madrid, 1907), pág. 13; pero ni lo describió, ni lo dió a conocer como otros, por medio del grabado, bien que no hubiera podido efectuarlo, por lo que ahora diré.
Como para estudiar las cosas de un pueblo debe empezarse--y Pero Grullo patrocinaría esta verdad--por consultar los libros que de aquel pueblo tratan, eso hice yo, y tomando el intitulado _¡¡Alfajores de Ecija_!! (Sevilla, 1909), de mi difunto amigo don Manuel Ostos, leí en la pág. 68: «Potente y grande debía ser la curia ecijana, cuando el signo de la Justicia en Ecija, el altar en que se ofrecían los sacrificios a la diosa Justicia, _el Rollo_, con su hijillo _el Rolluelo_, que aún existe, o _Mesa del Rey,_ como a los restos del _Rollo_ denominábamos los ecijanos hace treinta años, tenía resonancia universal....» Y en otro libro del mismo malogrado autor (cuyo mérito no supieron apreciar los ecijanos tanto como debieran, quizá, y sin quizá, porque _nemo propheta est in patria sua_), en su _Bartolomé de Góngora_ (Sevilla, 1913), pág. 84, volvió a recordar _el Rolluelo_, en unos renglones en que rebosa el amor a la patria chica, y que no resisto al deseo de copiar, por honrar a un ecijano moderno en las notas del libro de un ecijano antiguo: «¿Puede existir--decía Ostos--algo menos artístico que _El Rolluelo_, y que más nos recuerde la bárbara época en que usaban ese _pimponote_ para colgar los restos de los pobres reos que eran descuartizados?... Cuando cansados de zascandilear por la capital nos metemos en el tren y tras parada y parada llegamos molidos y maltrechos a las angosturas de la Argamasilla, lo primero que hace un buen ecijano es asomarse a la ventanilla de su departamento, y, ojo avizor, desde ella va señalando los caseríos, los predios, los accidentes del terreno que señalan la proximidad de Ecija: «_El Rolluelo_ ... La Casilla Alta ... El pozo de la Argamasilla ... Las arquillas del agua ...» Y luego, al minuto, si es de noche, se exclama: «Ya se ven las luces»; y si es de día: «Ya se ven las torres...: El Carmen ... La Victoria ... San Gil ... Santa María....» Y más adelante (pág. 69), por unos _Apuntes de lo ocurrido en Ecija desde el día 23 de Septiembre de 1868_, se viene en conocimiento de que el día 20 de octubre el Ayuntamiento acordó derribar, entre otras cosas, «_la Mesa del Rey_, o _el Rollo_, donde se descuartizaba en la antigüedad a los ahorcados para poner los miembros por los caminos». Y poco después: «Día veintisiete, se echa abajo _el Rollo_ o _Mesa del Rey_.» No existía, pues, el famoso _rollo de Ecija_ cuando el señor Bernaldo de Quirós escribió y publicó su libro.
Deseoso de más noticias, las pedí a mi antiguo y culto amigo donjuán de los Reyes Sotomayor, quien, con amabilidad y presteza que cordialmente le agradezco, respondió a mi interrogatorio en unas cuartillas que quisiera yo publicar íntegras; pero que no podré sino extractar, porque ya esta nota va siendo demasiado larga. El _Rollo_ se elevaba cerca de la margen derecha del Genil, a la salida del puente, en dirección a Córdoba. Consistía en una gran columna de granito azul y negro, como de cinco a seis varas de altura, y de unas tres cuartas de diámetro. En su parte superior tenía una losa de piedra tosca, blanca, caliza, como de una vara en cuadro, puesta a modo de plato o bandeja, y sobre esta losa se veía un león sentado sobre sus patas traseras, que con las garras sujetaba contra su cuerpo, mirando al norte, el escudo de la ciudad de Ecija. ¡El escudo--glosaré yo--a que se refirió Vélez de Guevara diciendo: «Esta es Ecija, la más fértil población de Andalucía, _que tiene aquel sol por armas a la entrada de esa hermosa puente!»_ La menguada cultura de unos ecijanos destruyó, por culpas del _rollo_--¡como si cupiera culpa en las cosas! y ¡como si el _rollo no fuera emblema_ glorioso de libertad y de autonomía municipal!--, destruyó, decía, aquel escudo de piedra nombrado y celebrado por el insigne autor de _La Luna de la Sierra_. Derruido todo el monumento, la columna quedó tendida y medio enterrada a un lado de la carretera general de Madrid á Cádiz, y en tal estado continúa a la hora presente.]