El Diablo Cojuelo

Part 12

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«CAROLA. ...Uno de la vecindad buscaba (aquesto es sin duda) de parte de la comadre _para cierto mal de madre unos cogollos de ruda_.»]

[Nota 169: _Y trescientas cosas más_ es frase tomada del bordoncillo de un antiguo disparatorio que empieza:

«Parió Marina en Orgaz, y tañeron, y cantaron, y bailaron y danzaron, _y trescientas cosas más.»_

Cayó en gracia esta frase, y los poetas la llevaron y la trajeron, como a la _Inés_ de _Yo te lo diré después_, y como un siglo antes habían llevado y traído a _la bella malmaridada_. Lope de Vega, en el acto III de _Los Novios de Hornachuelos:_

«BERRUECO. ...Un Barrabás sois vestido, una fantasma calzada, una arpía bautizada, y un camello con marido.... Longinos a pie, Caifás, capón molde de hacer monas, India de las Amazonas _y trescientas cosas_ más.»

Tirso de Molina, _Cautela contra cautela_, acto I:

«ENRIQUE. ¿No es bien nuevo amar a dos?

CHIRIMÍA. No, señor, ni amar a mil; porque tú tienes criado que en un mismo tiempo ha amado un salchichón, un pernil y una bota de hipocrás, dos de Candia, cuatro griegas, treinta fregonas gallegas _y trescientas cosas más, que es socorro y estribillo de poetas de repente_.»

El señor Foulché-Delbose publicó en la _Revue Hispanique_ (tomos IX, 261, y X, 234) un curioso estudio acerca de las _Coplas de Trescientas cosas más._]

[Nota 170: _Regatones_, que hoy más bien diríamos _regateadores_, aunque esta palabra falta en el _Diccionario. Regatear_--dice Covarrubias--, «procurar abaxar el precio de la cosa que compra es muy del _regatón»_.]

[Nota 171: _Si la podemos dar roma, no la demos aguileña_, dice el refrán, aludiendo a moza, y no a nariz, contra lo que opina el señor Bonilla. Es dicho de ruines de alma atravesada, y lo recuerda Cervantes en el _Quijote_ (II, 48): «... que yo he oído decir muchas veces y a muchos discretos, que si él [el diablo] puede, _antes os la dará roma que aguileña.»_]

[Nota 172: Refiérese a una de las muchas pendencias que se promovían en los _mandrachos_ o casas de juego sobre dar barato a los mirones que actuaban como jueces de las suertes dudosas.]

[Nota 173: Deslizáronsele aquí a Vélez dos versos endecasílabos:

«..._a una mujer de un sastre que ha jurado que los ha de coser a puñaladas.»_]

[Nota 174: Juega del vocablo _fuga_ en sus dos acepciones musical y de _huída_, y alude a la frecuencia con que huían los músicos callejeros al primer asomo de peligro, por lo cual dijo Lope de Vega en la silva III de _La Gatomaquia_:

«Los músicos, en viendo el belicoso duelo comenzado, huyeron como suelen; que no hay garzas que vuelen tan altas por los vientos, dicen que por guardar los instrumentos....»]

[Nota 175: Lo más corriente era llamar _caballero del milagro_, no a un sujeto como el que pinta Vélez, sino al que vivía bien, y hasta aparatosamente, sin que se le conociera renta, oficio ni beneficio. Lope de Vega, en el acto II de _El Caballero del milagro_:

«TRISTÁN. ¡Cosa es de ver la vida deste mozo! ¡Qué ricamente viste, y cómo gasta! ¿Cómo juega tan pródigo y reparte lo que tiene entre todos sus amigos, sin que le conozcan en su tierra dos florines de renta o patrimonio?

LOFRASO. Por eso es _caballero del milagro_.»]

[Nota 176: De la _piedra bezar_, «concreción calcárea que suele encontrarse en las vías digestivas y en las urinarias de algunos cuadrúpedos», escribió un curiosísimo tratado el doctor Nicolás Monardes, famoso médico y farmacólogo sevillano: _Dos libros, el vno que trata de todas las cosas que traen de nuestras Indias Occidentales, que sirven al vso de la Medicina, y el otro que trata de la Piedra Bezaar, y de la Yerua Escuerçonera_. Cito por la edición de Sevilla, Hernando Díaz, 1569, la más antigua de las tres de que poseo ejemplares. La príncipe de estos _Dos libros_ es también de Sevilla, 1565.]

[Nota 177: Dice _preñada de medio ojo_ para indicar que ocultaba su preñez, como ocultaban el rostro las que _se tapaban de medio ojo_. De éstas habrá ocasión de tratar en las notas del tranco IX.]

[Nota 178: De _tate_ se hacía festivamente una persona, anteponiéndole _Pero_, que es, a la vez que conjunción, nombre propio (_Per, Pero, Pedro_). Calderón, en la jornada II de _El médico de su honra_:

«COQUÍN. _(Aparte.) ...Pero ¡tate!_ (que es un _Pero_ muy honrado del celebrado linaje de los _Tates_ de Castilla), porque el Rey está delante.»]

[Nota 179: _Pocas cosas_ equivale a _cosas menudas_ o _de poco momento_. Cervantes, _Quijote_, I, 20: «... y no querría que _pocas cosas_ penase mi ánima en el otro mundo.» Calderón, en su _Entremés de las Carnestolendas_:

«VEJETE. Hombre, ¿comes, o engulles?

GRACIOSO. ¡Lindo chasco! _Pocas cosas_, señor, nunca las masco.»]

[Nota 180: _Murciégalo_ (de _mur_ y _caeculus_) como aún lo dice el vulgo, más etimológicamente que los que, con una metátesis innecesaria decimos _murciélago._]

[Nota 181: _Quien_, haciendo a plural, cosa frecuentísima en nuestros escritores de los siglos XVI y XVII.]

[Nota 182: Como recuerda el señor Bonilla, llamaron _los Siete Durmientes_ «a siete hermanos que se dice sufrieron martirio en Éfeso, en tiempo del emperador Decio. Habiéndose ocultado estos hermanos en una caverna, fueron emparedados en ella de orden del Emperador; ciento noventa y seis años después se les encontró dormidos en el mismo sitio (Véase la _Leyenda áurea_ de Jacobo de Vorágine)». Tirso de Molina, en el acto I de _La Villana de la Sagra_:

«CARRASCO. ...Nunca de dormirme acabo; mas con vinos excelentes, si son siete los durmientes, yo seré _durmiente octavo_.»]

[Nota 183: Es decir, _que dirá que no lo siente_. Juega del vocablo _sentir_, en dos de sus acepciones.]

[Nota 184: «_Vistas_--dice el _Diccionario_ de autoridades--llaman los vestidos y tocador que los novios envían a sus futuras esposas.»]

[Nota 185: Contra lo que ligeramente pudiera imaginarse, _pared y medio_ no es errata por _pared en medio_. «Error de caja» lo creyó el señor Fitzmaurice-Kelly al encontrar esa expresión en el capítulo XIX de la primera parte del _Quijote_. A los ejemplos que cité en nota del dicho capítulo podrían agregarse muchos otros: cuantos acertara a desear el más descontentadizo.]

[Nota 186: _Del gallo_, es decir de la hora en que canta el gallo, queriendo ya venir el día.]

[Nota 187: Porque de Judas se dice que fué despensero, y los despenseros acaparaban muchos mantenimientos para venderlos a precios elevadísimos. Es frecuente en nuestros escritores festivos la alusión al oficio de Judas. Quevedo, por ejemplo, en su romance de _Los Borrachos_ (Musa VI):

«...Y yo, que en diez y seis años que tengo de _despensero, aun no he podido ser Judas_ y vender a mi maestro.»

Lope, aludiendo a la costumbre de ahorcar un pelele el Jueves Santo, figurando a Judas:

«MENDOZA. Y ¿qué importa que una dama tenga el cuerpo diligente..., las caderas como en Flandes, las piernas como un jinete, si el rostro puede ser molde de hacer diablos para el jueves en que _al despensero_ cuelgan que afrentó los calabreses?»

«Los despenseros de los monasterios--dije en el discurso preliminar de mi edición crítica de _Rinconete y Cortadillo_--tomaban el pescado por cargas, diciendo ser para aquéllos, y revendíanlo después entre sus parroquianos; acordó el cabildo [de Sevilla] que se hablara a los priores y guardianes para que corrigiesen el abuso; pero no se logró la enmienda.»]

[Nota 188: _Por partes de,_ y no por _por parte de_, como habría enmendado Clemencín si hubiese editado la presente novelita. _Por partes de_, o _de partes de_, solía decirse antaño, como demostré en mis notas al _Quijote_ (IV, 267, 4).]

[Nota 189: Pregunta el señor Bonilla: «¿Querrá decir Vélez que el padre de ese niño era infiel (judío o moro)?» No, ciertamente--respondo--, sino que ese niño, por partes de su padre, podía pretender tal beca como hijo de clérigo. Sabido es que, según la creencia vulgar, el Antecristo ha de ser hijo de un clérigo y una monja, y por éstas dijo Quevedo en una de sus _premáticas:_ «Condenamos en los galanes de monjas los _antecristos pensamientos_....»]

[Nota 190: Debiera decir Vélez _el domingo de cuasi ración_, para que recordase mejor el de _Cuasimodo_, al cual quiso referirse.]

[Nota 191: Llamaban _letuario, lectuario, electuario_, a cierto género de conserva, ya medicinal o ya simplemente alimenticia, como la que solía tomarse al par que el aguardiente. Quevedo, _Vida del buscón llamado don Pablos...,_ libro II, cap. II: «Pasamos adelante, y en una esquina, por ser de mañana, tomamos dos tajadas de _letuario_ y aguardiente de una picarona....» Las mujeres que vendían el _letuario_ acostumbraban a pregonarlo por las calles en las primeras horas de la mañana. Lope de Vega, en unas décimas de la _Justa poética en la beatificación de San Isidro_, refiriéndose a esas horas:

«...La mula el médico ensilla, da la purga el boticario, _pregónase el letuario_....»]

[Nota 192: Contra lo que dijo Durán y copió Bonilla, el juego de _salga la parida_ no consiste en gritar los muchachos «ese refrán(?) cuando observan que la luna llena, atravesando grupos de nubes, va apareciendo clara en los sitios despejados». _Salga la parida_, como dice el _Diccionario_ de autoridades, es «juego común con que se divierten los muchachos estrechándose y apretándose entre sí para echar a alguno del corro, en cuyo lugar admiten otro».]

[Nota 193: Llama _píldora_ al mundo, por lo esférico.]

[Nota 194: Llaman _cruzado_, según el léxico de la Academia, a la «mudanza que hacen los que bailan, formando una cruz y volviendo a ocupar el lugar que antes tenían».]

[Nota 195: Ocasionales o no, ocurren aquí dos versos octosílabos aconsonantados:

«... _haciendo un cruzado al son de su misma confusión.»_]

[Nota 196: Llama a los coches _ballenas_, recordando la de Jonás, porque tragan y vomitan personas.]

[Nota 197: ¡Qué exacta alusión a las cien mil falsedades, engañifas y _cumplo-y-mientos_ propios del trato cortesano!]

[Nota 198: _Haciéndose cocos a ellos mismos_, o _a sí mismos_, que diríamos hoy, esto es, gustando de sí propios y recreándose en sus ademanes y miraduras, como unos Narcisos. _Hacer cocos_ se dijo de _cocar_, que significa _agradar, captar la benevolencia_.]

[Nota 199: El señor Bonilla sospecha que _de riñón_ sea errata, por _de piñón._ No hay tal cosa: la boquita que llamaban _de piñón_ era naturalmente pequeña, como aquella a que se refiere el _Romancero general,_ fol. 253:

«Vna boca, chica era; que con _vn piñón_ se mide, segura de que haya otra que assi enamore y cautiue»;

pero el texto se refiere a una boca achicada artificiosamente. Quien ve el riñón de un corderillo, ve una boca de esas frunciditas y amaricadas. Para persuadirse de que no hay la errata que sospechó Bonilla basta parar la atención en que a esta calle de espejos que pinta Vélez nadie iba a verse como era, sino a estudiar gestos; uno de ellos, el fruncimiento de labios. Quevedo, en _El Entremetido y la Dueña y el Soplón_, mencionó una de estas bocas estudiadamente fruncidas: «Y al punto, muy esparrancado de ojos, decía: «No hay sino dejar correr; Dios lo remedie, que tal y cual, lo del camino carretero: sí por sí, no por no»; y al decir «ello dirá», _ponía una boquita escarolada_, como le dé Dios la salud.»]

[Nota 200: _Roncando_, como los ojos de aquella Mari Pérez de quien dijo Quevedo (Musa VI):

«Tus dos ojos, Mari Pérez, _de puro dormidos, roncan_, y duermen tanto, que sueñan que es gracia lo que es modorra.»

Cuanto a ojos, como a todo lo del mundo, cambian las modas, y por esto decía Calderón, en la jorn. II de _Eco y Narciso_:

«BATO. ...Vn tiempo que se dieron en usar _ojos dormidos_, no había hermosura despierta y todo era mirar bizco....»

Pero si Vélez aprendió en Quevedo lo de _roncar los ojos_, de puro dormidos, una poetisa, doña Catalina Clara, aprendió de Vélez lo de _roncar hermosura_, pues escribió, retratando a cierta dama:

«Sus ojos, que _hermosura están roncando_, dormidos saben más que otros velando, y dice en ellos cada niña airosa: _Nigra sum, sed formosa_.»]

[Nota 201: _De Gloria Patri_ quiere decir, como notó el señor Pérez y González en su citada obra, págs. 23 y 24, «inclinados como fieles que pronuncian o escuchan el _Gloria Patri_».]

[Nota 202: Sobre las _maretas_ quedó nota páginas atrás (8, 1)[47].]

[Nota 203: _Para desacreditar la naturaleza_, porque le hacen poquísimo favor carilindos que no acaban de semejar hombres ni mujeres; y _para desacreditar el rentoy_, porque no parece sino que están jugando a este juego, en que los compañeros se entienden por medio de gestos y señas, a lo cual se refirió don Antonio Hurtado de Mendoza en estas seguidillas de la segunda parte del _Entremés de Micer Palomo_:

«De las damas de hogaño, ¿qué te parece? --Capadillo, pues juegan con seis y siete. --¿Y de las que se atapan en la comedia? _--Al rentoy, pues te muelen haciendo señas.»_]

[Nota 204: El nombre de _damas cortesanas_ era uno de los muchos que se solían dar a las mujeres públicas. Así, en una representación de los Alcaldes de Casa y Corte al Rey (11 de enero de 1617): «Señor: Los Alcaldes dicen que de estar las mugeres de mala vida _que llaman damas cortesanas_ alojadas en las calles principales desta corte y con libertad de vivir donde quieran sean seguido y siguen muy grandes inconuinientes....» (Archivo Histórico Nacional, Libros de gobierno de la Sala de Alcaldes, tomo VII, fol. 470.)]

[Nota 205: _Albillas_, como las uvas llamadas así, o _tempranillas_ por otro nombre. _Tempranillas_ asimismo llama el vulgo andaluz a las muchachas que, sobre cuajarse pronto de mujeres, dan a entender, por la demasiada viveza y libertad con que miran y hablan, que, jovencillas y todo, no les pesaría dejar de ser solteras.]

[Nota 206: En Bonilla, _e Giron,_ sin duda por errata.]

[Nota 207: _Vuelven las aguas_..., dice el refrán, que Vélez acomodó aquí a su propósito.]

[Nota 208: A la _plazuela de los Herradores_, aun hoy llamada así, concurrían los que alquilaban sus servicios. En los antedichos Libros de gobierno de la Sala de Alcaldes he visto un auto del año 1621 por el cual se mandó que los mozos de sillas (los que conducían las sillas de manos) asistiesen en la _plazuela de Herradores_ y llevasen el correón al hombro. Y Tirso de Molina, en el acto III de _Por el sótano y el torno_, hace decir a Santillana, escudero viejo, cuando se dispone a dejar de servir a su ama, porque le ha reprendido:

«¡Miren, porque la doy luz de amantes embustidores! _Plazuela habrá de Herradores_ y puerta de Santa Cruz: no me han de faltar dos reales y señoras de alquiler.»]

[Nota 209: _Damas de achaque_, o sea que se achacan o atribuyen falsamente la damería.]

[Nota 210: Poco después dice de quiénes habían de ser pasto tales libros: respectivamente, de pajes y doncellas.]

[Nota 211: No tachará de defectuosa la expresión _le preguntó ... que le dijese_ quien esté advertido de que, como _preguntar_ significa _demandar_ y _demandar_ y _pedir_ son una cosa misma, solía decirse _preguntar_ por _pedir_, de lo cual hay en el _Quijote_ muchos ejemplos (I, 137, 10; III, 85, 19, etc.)]

[Nota 212: Dice _de media talla_, como pudiera decir _de medio pelo_, o _de medio mogate_.]

[Nota 213: Bien explica esto don Fernando de Loreña en su _Entremés de los Relojes_ (Biblioteca Nacional, Ms. 17237):

«D.ª TORRE. Mira quién llama aquí, doña Escalera.

QUITERIA. ¿Quién es doña Escalera?

D.ª TORRE. Vna criada.

QUITERIA. ¿Con don?

D.ª TORRE. Sí, _que autoriza una donada_.»

Del uso y abuso de los _dones_ traté largamente en mi estudio sobre _El retrato de Cervantes_ (Madrid, 1917), págs. 30-53.]

[Nota 214: Por _el tusón de las damas_ (que también se llamaba _damas_, a secas, a las _damas cortesanas_) ha de entenderse la categoría de las que entre ellas eran de mayor calidad, a las cuales llamaban _tusonas_.]

[Nota 215: _Quererse volver al paño_, frase que no registra el _Diccionario_, pero que oí muchas veces en Andalucía, se dice de las alhajas muy limpias y brillantes, legítimas o falsas, por alusión al paño en que las tenía envueltas el platero o quincallero cuando las vendió.]

[Nota 216: _Don extravagante_, como _clérigo extravagante_, que se dice de aquel que vive sin incorporarse a la clerecía de ninguna diócesis.]

[Nota 217: La _ginebra_ está bien definida en el _Diccionario_ académico. Es el mismo grosero instrumento que los andaluces llamamos _carrasquiña._]

[Nota 218: El _castrapuercos,_ instrumentillo compuesto de algunos cañutos, es ni más ni menos que la zampoña con que suelen representar al Dios Pan. En el _Diccionario_ de la Academia, como en el de autoridades y en el Tesoro de Covarrubias, _castrapuercas:_ pero en el _Trésor_ de Oudin, _«Castra puercos, vn sifflet de chastreur_». También se llamaba _castrador_, y debe tomarlo en cuenta la Academia Española, bajo la fe de Quevedo y Salas Barbadillo. El primero dijo en un romance referente a los bailes del vulgo:

«Suéltales las seguidillas y a ejecutor de la vara, y a la capona, que en llaves hecha _castradores_ anda.»

Y el segundo, en el _Entremés del Prado de Madrid, y Baile de la Capona_:

«Para el baile previnieron las cuerdas de una guitarra, sin ver que a un baile capón vn _castrador_ le bastaba.»]

[Nota 219: Iba narrando Vélez de Guevara, y súbitamente y sin preparación deja la palabra a don Cleofás. Estos cambios bruscos de la persona que habla, y aun de la persona a quien se habla, no escasean en nuestros escritores del buen tiempo, como de Cervantes hice notar en diversos lugares del _Quijote_ (I, 10, 17; II, 136, 8; IV, 259, 21; VI, 70, 3, etc.)]

[Nota 220: «Entre los muchos--dije en otra ocasión--que han escrito acerca de los arbitristas, plaga que infestó a España en los siglos XVI y XVII, merece mención señalada don Antonio Cánovas del Castillo, que trató de ellos en sus _Problemas contemporáneos_ (Madrid, 1884), tomo I, págs. 305-328.... Mi querido amigo don Agustín G. de Amezúa, en su edición crítica de _El Casamiento engañoso y el Coloquio de los Perros_, páginas 147-151 y notas 349-351, cita algunos arbitrios notables por su extravagancia....»]

[Nota 221: Así en la edición original. A escribir hoy, de seguro habría dicho Vélez: «... que tiene en la mano el retrato de su dama....»]

[Nota 222: El gramático pedante y engreído, para quien no hay en el mundo cosa que valga dos maravedís sino sus gramatiquerías, fué siempre odiado por los escritores. El señor Bonilla recuerda lo que contra ellos dijo el doctor Suárez de Figueroa en su _Plaza universal de todas ciencias y artes_ (1615). Y antes que Suárez, Barahona de Soto, en su _Angélica,_ maltrató á los finchados gramaticones al incluírlos en la relación de aquellas gentes que Zenagrio, en la morada de Gleoricia, no se digna de mirar:

«Tanto del soez _gramático_ arrogante que, porque punta y coma sus diciones y ordena lo de atrás para adelante, no estima los gravísimos varones....»

Yo dije a un consumado gramático, veinte años ha: «¿Qué hará usted con toda su gramática, si no tiene nada que decir que interese al público? Usted posee un admirable libro de cocina, cierto; pero, vacía la despensa, ¿de qué pueden servirle sus excelentes fórmulas culinarias?»]

[Nota 223: Como _ropa_, según una de las acepciones que registra Covarrubias, es «la vestidura suelta que traemos sobre la que está ceñida y junta al cuerpo», llamóse _ropa_, especialmente, a la talar, y _plazas de ropa_ a los oficios o puestos en que se vestía toga o garnacha. Quevedo, en una de sus jácaras (Musa V), jugando de los verbos _bogar_ y _abogar_.

«Por buen supuesto te tienen, pues te envían a _bogar; ropa_ y _plaza_ tienes cierta, y a subir empezarás.»

Y _ropas_, a secas, se llamó también a los oidores, como se echa de ver por otra jácara de Quevedo, en que dice un jaque encarcelado:

«Porque no pueda salir, me engarzaron en las cormas, y siempre mandan que siga: ¿Quién entenderá las _ropas_?»]

[Nota 224: El señor Bonilla, después de recordar con Covarrubias que _pastel_ se dijo de _pasta_, y «es como una empanadilla hojaldrada, que tiene dentro carne picada o pistada», añade: «Los había de a real, de a cuatro, de a ocho, de a medio real, etcétera.» Y don Américo Castro, anotando en la _Vida del Buscón,_ de Quevedo (pág. 89 de la edición de _Clásicos Castellanos_), aquel pasaje en que dice: «pero yo entiendo que los pasteleros desta tierra nos consolarán, acomodándole a [un ahorcado] en los de a cuatro», comentó: _«los de a cuatro_: pastel de a cuatro reales.» El señor Bonilla, antes de revisar en las pruebas su nota, pudo hacerse estas preguntas: «¿Cómo un avariento, por ahorrar, había de gastar cuatro reales en un pastel para su comida?» Pues ¿no era el pastel, según el invocado Covarrubias, «refugio de los que no pueden hazer olla?» Y el costo de la olla aun para dos personas, que no para una, ¿llegaba, ni con mucho, a _cuatro reales_? La Gerarda de _La Dorotea_ de Lope (acto V, escena II), teniendo convidada, gastaba en su olla: «una libra de carnero, catorze marauedis; media de baca, seis, son veinte; de tozino, vn quarto, otro de carbón, de peregil y cebollas dos marauedis, y quatro de aceitunas, es vn real cabal»: ¿había, pues, de gastar el avariento cuatro reales en un pastel para sí solo, cuando, aunque se considere que _La Dorotea_ se refiere a tiempo muy anterior al en que se alteraron los valores de la moneda de vellón, al escribir Zabaleta _El día de fiesta por la tarde_; publicado en 1659, «una libra de carnero valía once cuartos, y un pan cinco, y media azumbre de vino siete, veintitrés cuartos en junto, o sea once menos que el pastel de Vélez de Guevara?» Y esto preguntado, o parte de ello, la bien acreditada diligencia del señor Bonilla le habría abierto camino para averiguar cuánto costaba un _pastel de a cuatro_ en el tiempo en que el escritor ecijano escribió su novela.

Pues otro tanto digo del señor Castro, y aun digo más: que pudo preguntarme sobre ese punto, como me preguntó sobre muchos otros. Esto, amén de que buena respuesta tenía en el capítulo XI del mismo libro I de _El Buscón,_ donde un verdugo, un animero, un mulato y otros sujetos de esta laya comen, entre todos, después de algunas cosas de bodegón, «cinco _pasteles de a cuatro_. ¿Habían de gastar _veinte reales_ en el postrecillo...?»