Chapter 3
Alejandro se sintió entonces inquieto, sin darse cuenta de la causa, o no queriendo dársela tal vez. Por lo visto, el remordimiento principiaba a agitar su conciencia. Ello es que se puso muy triste su alma, en tanto que su rostro sonreía. Por consiguiente, aprovechó el resto de la noche en reconciliarse con la Baronesa... -Los criminales gustan de estar juntos.
La Baronesa, que era materialista, aunque se fingía a sí misma que lo ignoraba, firmó las paces al momento.
-Quédate el último... -le dijo como ocho días antes.
Y Alejandro se quedó.
. . . . . . . . . .
Ocho días después hubo también baile en casa de la Baronesa.
Pero no asistió Casimira.
El Coro de Ángeles se rió de su ausencia.
-¡La aburrimos! -indicó Elisa.
-¡Se habrá mirado al espejo! -añadió Matilde.
-¡Se habrá retratado al daguerrotipo5! -profirió Mariana.
-¡Se habrá casado con un ciego! -murmuró Consolación.
-¡O se habrá metido monja! -exclamó Elena.
-¡O se habrá muerto! -dijo la Baronesa, sonriéndose de una manera indefinible.
Entonces empezó un rigodón, dando fin a estos comentarios.
Alejandro lo bailó con la Baronesa.
Elisa se burlaba de Alejandro y de sí propia, bailando con un majadero.
Y nadie volvió a acordarse de Casimira.
- VII - Moraleja
¡Casimira! ¡Ah! ¡Casimira!
No habléis nunca de libertad al prisionero.
No habléis de sus hijos a la madre, que los lloró difuntos y que por misericordia de Dios sobrevivió al pesar.
No habléis a los ciegos de la belleza de la luz y de los colores.
Dejad tranquilo al que duerme. No lo despertéis jamás.
Respetad la santa ignorancia de los niños.
No enteréis a los pobres de sus derechos sociales si no podéis satisfacerlos.
No hagáis ostentación de vuestro lujo delante de los miserables.
No turbéis la dolorosa tranquilidad del corazón de una fea.
¡Paz a los muertos!
. . . . . . . . . .
¡Casimira! ¡Ah! ¡Casimira!
El Coro de Ángeles la creyó indigna de ser feliz.
El Coro de Ángeles le robó su felicidad.
El Coro de Ángeles se rió de su desdicha.
¡Casimira ha muerto!
Murió de una caída del cielo a la tierra. -¿No lo habíais sospechado?
Ella peregrinaba tranquila por este valle de miserias.
Alejandro la levantó..., la sublimó al empíreo.
El Coro de Ángeles -vosotras, niñas, a quienes me dirijo- la empujasteis, precipitándola otra vez contra la tierra.
Ha muerto, pues, asesinada.
«Estos delitos no se hallan penados en ningún código» -diría Balzac.
¡Pero a bien que Dios está en los cielos! -decimos nosotros.
Por de pronto, Alejandro y Elisa han sido bien castigados.
Nacieron tan idóneos para agradarse y para ser el uno la ventura del otro, como si estuvieran destinados a vivir perpetuamente unidos; pero una mujer infernal se atravesó entre ellos, separándolos para siempre. ¡La Baronesa, no sólo manchó con sus besos a Alejandro, haciéndole indigno de la adoración de Elisa, sino que acabó por rebajar el carácter de Elisa, induciéndola a casarse con no sé qué pobre hombre! -Desde entonces Elisa y Alejandro se huyen. Su amor instintivo se ha convertido en rencor y soberbia, y su mutua predestinación en adversidad. Desean odiarse, y no pueden, y el tiempo que pasa los convence más y más de que ni la dicha ni el olvido calmarán nunca la desesperación de sus divorciadas existencias.
La misma Baronesa ha encontrado su merecido, pues reemplazó a Alejandro con un capitán de caballería, que, al decir de personas autorizadas, suele pegar prosaicas palizas a la pobre señora.
En cuanto a Casimira, podéis estar seguros de que su cuerpo no es ya más feo ni más bonito que cualquiera otro de los que la tierra pudre y devoran los gusanos, mientras que su alma, purificada por el martirio, luce en la Gloria su imperecedera hermosura rodeada de verdaderos Coros de Ángeles.
Madrid.-1858.http://es.wikisource.org/wiki/El_coro_de_%C3%A1ngeles
Categoría:Cuentos amatorios Categoría:Cuentos de Pedro Antonio de Alarcón Categoría:Cuentos Categoría:Literatura española (Títulos)