History of Phosphorus

Chapter 2

Chapter 22,232 wordsPublic domain

ANARETO ¡Enrico, Enrico! A reprenderos me aplico vuestro loco pensamiento, siendo la muerte instrumento que tan cierto os pronostico. Hoy os han de ajusticiar, ¡y no os queréis confesar! ¡Buena cristiandad, por Dios! Pues el mal es para vos y para vos el pesar. Aqueso es tornar venganza de Dios, que el poder alcanza del empíreo cielo eterno. Enrico, ved que hay infierno para tan larga esperanza. Es el quererte vengar de esa suerte pelear con un monte o una roca, pues cuando el brazo le toca, es para el brazo el pesar. Es, con dañoso desvelo, escupir el hombre al cielo presumiendo darle enojos, pues que le cae en los ojos lo mismo que arroja al cielo. Hoy has de morir: advierte que ya está echada la suerte; confiesa a Dios tus pecados, y ansí, siendo perdonados, será vida lo que es muerte. Si quieres mi hijo ser, lo que te digo has de hacer. Sino (de pesar me aflijo) ni te has de llamar mi hijo, ni yo te he de conocer.

ENRICO Bueno está, padre querido; que más el alma ha sentido (buen testigo dello es Dios) el pesar que tenéis vos, que el mal que espero afligido. Confieso, padre, que erré; pero yo confesaré mis pecados, y después besaré a todos los pies para mostraros mi fe. Basta que vos lo mandéis, padre mío de mis ojos.

ANARETO Pues ya mi hijo seréis.

ENRICO No os quisiera dar enojos.

ANARETO Vamos, porque os confeséis.

ENRICO ¡Oh, cuánto siento el dejaros!

ANARETO ¡Oh, cuánto siento el perderos!

ENRICO ¡Ay ojos! Espejos claros, antes hermosos luceros, pero ya de luz avaros.

ANARETO ¡Vamos, hijo!

ENRICO A morir voy: todo el valor he perdido.

ANARETO Sin juicio y sin alma estoy.

ENRICO Aguardad, padre querido.

ANARETO ¡Qué desdichado que soy!

ENRICO Señor piadoso y eterno, que en vuestro alcázar pisáis cándidos montes de estrellas, mi petición escuchad. Yo he sido el hombre más malo que la luz llegó a alcanzar de este mundo; el que os ha hecho más que arenas tiene al mar, ofensas; mas, Señor mío, mayor es vuestra piedad. Vos, por redimir al mundo, por el pecado de Adán, en una cruz os pusisteis pues merezca yo alcanzar una gota solamente de aquella sangre real. Vos, Aurora de los cielos; Vos, Virgen bella, que estáis de paraninfos cercada, y siempre amparo os llamáis de todos los pecadores: yo lo soy, por mí rogad. Decidle que se le acuerde a su sacra Majestad de cuando en aqueste mundo empezó a peregrinar. Acordadle los trabajos que pasó en él por salvar los que inocentes pagaron por ajena voluntad. Decidle que yo quisiera, cuando comience a gozar entendimiento y razón, pasar mil muertes y más antes que haberle ofendido.

ANARETO Adentro priesa me dan.

ENRICO ¡Gran Señor! ¡Misericordia! No puedo deciros más.

ANARETO ¡Que esto llegue a ver un padre!

ENRICO La enigma he entendido ya de la voz y de la sombra: (Para sí.) la voz era angelical y la sombra era el demonio.

ANARETO Vamos, hijo.

ENRICO ¿Quién oirá ese nombre, que no haga de sus dos ojos un mar? No os apartéis, padre mío, hasta que hayan de expirar mis ojos.

ANARETO No hayas miedo. Dios te dé favor.

ENRICO Sí hará, que es mar de misericordia, aunque yo voy muerto ya.

ANARETO Ten valor.

ENRICO En Dios confío. Vamos, padre, donde están los que han de quitarme el ser que vos me pudisteis dar.

(Vanse. Cambio de lugar. Nos hallamos de nuevo en el monte.)

PAULO Cansado de correr vengo por este monte intrincado: atrás la gente he dejado que a ajena costa mantengo. Al pie de este sauce verde quiero un poco descansar, por ver si acaso el pesar de mi memoria se pierde. Tú, fuente, que murmurando vas, entre guijas corriendo. en tu fugitivo estruendo plantas y aves alegrando: dame algún contento ahora, infunde al alma alegría con esa corriente fría y con esa voz sonora. Lisonjeros pajarillos, que no entendidos cantáis, y holgazanes gorjeáis entre juncos y tomillos: dad con picos sonorosos y con acentos suaves gloria a mis pesares graves y sucesos lastimosos. En este verde tapete jironado de cristal, quiero divertir mi mal, que mi triste fin promete.

(Echase a dormir y sale EL PASTORCILLO que se vio en la segunda jornada, deshaciendo la corona de flores que antes tejía.)

PASTORCILLO Selvas intrincadas. verdes alamedas, a quien de esperanzas adorna Amaltea. Fuentes que corréis murmurando apriesa, por menudas guijas, por blandas arenas. Ya vuelvo otra vez a mirar la selva, y a pisar los valles, que tanto me cuestan. Yo soy el pastor que en vuestras riberas guardé un tiempo alegre cándidas ovejas. Sus blandos vellones entre verdes felpas jirones de plata a los ojos eran. Era yo envidiado, por ser guarda buena de muchos zagales que ocupan la selva; y mi mayoral, que en ajena tierra vive, me tenía voluntad inmensa, porque le llevaba cuando quería verlas, las ovejas blancas como nieve en pellas. Pero desde el día que una, la más buena, huyó del rebaño, lágrimas me anegan. Mis contentos todos convertí en tristezas, mis placeres vivos en memorias muertas. Cantaba en los valles canciones y letras; Mas ya en triste llanto, funestas endechas. Por tenerla amor, en esta floresta aquesta guirnalda comencé a tejerla. Mas no la gozó, que, engañada y necia, dejó a quien la amaba con mayor firmeza. Y, pues, no la quiso, fuerza es que ya vuelva por venganza justa hoy a deshacerla.

PAULO Pastor, que otra vez te vi en esta sierra, si no muy alegre, no con tal tristeza: el verte me admira.

PASTORCILLO ¡Ay, perdida oveja! ¡De qué gloria huyes y qué mal te allegas!

PAULO ¿No es esa guirnalda la que en las florestas entonces tejías con gran diligencia?

PASTORCILLO Esta misma es; mas la oveja, necia, no quiere volver al bien que le espera, y así la deshago.

PAULO Si acaso volviera, zagalejo amigo, ¿no la recibieras?

PASTORCILLO Enojado estoy; mas la gran clemencia de mi mayoral dice que, aunque vuelvan, si antes fueron blancas, al rebaño negras, que las dé mis brazos, y sin extrañeza requiebros las diga y palabras tiernas.

PAULO Pues es superior, fuerza es que obedezcas.

PASTORCILLO Yo obedeceré; pero no quiere ella volver a mis voces, en sus vicios ciega. Ya de aquestos montes en las altas peñas, la llamé con silbos y avisé con señas. Ya por los jarales, por incultas selvas la anduve a buscar: ¡qué dello me cuesta! Ya traigo las plantas de jaras diversas y agudos espinos rotas y sangrientas. No puedo hacer más.

PAULO En lágrimas tiernas baña el pastorcillo las mejillas bellas. Pues te desconoce, olvídate de ella, y no llores más.

PASTORCILLO Que lo haga es fuerza. Volved, bellas flores, a cubrir la tierra, pues que no fue digna de vuestra belleza. Veamos si allá en la tierra nueva la pondrán guirnalda tan rica y tan bella. Quedaos, montes míos, desiertos y selvas, adiós, porque voy con la triste nueva a mi mayoral. Y cuando lo sepa (aunque ya lo sabe), sentirá su mengua, no la ofensa suya, aunque es tanta ofensa. Lleno voy a verle de miedo y vergüenza: lo que ha de decirme, fuerza es que lo sienta. Dirame: «Zagal, ¿ansí las ovejas que yo os encomiendo guardáis?» ¡Triste pena!, yo responderé... No hallaré respuesta. si no es que mi llanto la respuesta sea.

(Vase.)

PAULO La historia parece de mi vida aquesta. De este pastorcillo, no sé lo que sienta; que tales palabras fuerza es que prometan oscuras enigmas... Alas, ¿qué luz es ésta que a la luz del sol sus rayos se afrentan?

(Suena música y se ven dos ángeles que llevan al cielo el alma de ENRICO.)

Música celeste en los aires suena, y a lo que diviso, dos ángeles llevan un alma gloriosa a la excelsa esfera. Dichosa mil veces, alma, pues hoy llegas donde tus trabajos fin alegre tengan.

(Encúbrese la apariencia. PAULO prosigue diciendo.)

Frutas y plantas agrestes, a quien el hielo corrompe, ¿no veis cómo el cielo rompe ya sus cortinas celestes? Ya rompiendo densas nubes y estos transparentes velos, alma, a gozar de los cielos feliz y gloriosa subes. Ya vas a gozar la palma que la ventura te ofrece: ¡triste del que no merece lo que tú mereces, alma!

(Aparece GALVÁN.)

GALVÁN Advierte, Paulo famoso, que por el monte ha bajado un escuadrón concertado de gente y armas copioso que viene sólo a prendernos. Sino pretendes morir, solamente, Paulo, huir es lo que puede valernos.

PAULO ¿Escuadrón viene?

GALVÁN Eso es cierto; ya se divisa la hilera, con su caja y su bandera. No escapas de preso o muerto si aguardas.

PAULO ¿Quién la ha traído?

GALVÁN Villanos, si no me engaño (como hacemos tanto daño en este monte escondido), de aldeas circunvecinas se han juntado.

PAULO Pues matarlos.

GALVÁN ¡Qué! ¿Te animas a esperarlos?

PAULO Mal quién es Paulo imaginas.

GALVÁN Nuestros peligros son llanos.

PAULO Sí, pero advierte también que basta un hombre de bien para cuatro mil villanos.

GALVÁN Ya tocan; ¿no lo oyes?

PAULO Cierra y no receles el daño, que antes que fuese ermitaño supe también qué era guerra.

(Sale EL JUEZ con VILLANOS armados.)

JUEZ Hoy pagaréis las maldades que en este monte habéis hecho.

PAULO En ira se abrasa el pecho. Soy Enrico en las crueldades.

UN VILLANO ¡Ea, ladrones, rendíos!

GALVÁN Mejor nos está el morir, mas yo presumo que huir, que para eso tengo bríos.

(Huye GALVÁN y le siguen muchos VILLANOS. PAULO se entra luchando con los demás. Vanse todos.)

PAULO (Dentro.) Con las flechas me acosáis y con ventajas reñís; más de doscientos venís para veinte que buscáis.

JUEZ (Dentro.) Por el monte va corriendo.

(Baja PAULO por el monte, rodando, lleno de sangre.)

PAULO Ya no bastan pies ni manos; muerte me han dado villanos; de mi cobardía me ofendo. Volveré a darles la muerte; pero no puedo, ¡ay de mí! El cielo a quien ofendí se venga de aquesta suerte.

PEDRISCO (Sin ver a PAULO, que está moribundo en el suelo.) Como en las culpas de Enrico no me hallaron culpado, luego que públicamente los jueces le ajusticiaron, me echaron la puerta afuera y vengo al monte. ¿Qué aguardo? ¿Qué miro? La selva y monte anda todo alborotado. Allí dos villanos corren, las espadas en las manos. Allí va herido Fineo, y allí huyen Celio y Fabio, y aquí, ¡qué gran desventura!, tendido está el fuerte Paulo.

PAULO ¿Volvéis, villanos, volvéis? La espada tengo en la mano. No estoy muerto; vivo estoy, aunque ya de aliento falto.

PEDRISCO Pedrisco soy, Paulo mío.

PAULO Pedrisco, llega a mis brazos.

PEDRISCO ¿Cómo estás ansí?

PAULO ¡Ay de mí! Muerte me han dado villanos. Pero ya que estoy muriendo, saber de ti, amigo, aguardo qué hay del suceso de Enrico.

PEDRISCO En la plaza le ahorcaron de Nápoles.

PAULO Pues ansí, ¿quién duda que condenado estará al infierno ya?

PEDRISCO Mira lo que dices, Paulo; que murió cristianamente confesado y comulgado, y abrazado con un Cristo, en cuya vista, enclavados los ojos, pidió perdón, y misericordia, dando tierno llanto a sus mejillas, y a los presentes espanto. Fuera de aquesto, en muriendo resonó en los aires claros una música divina; y para mayor milagro y evidencia más notoria, dos paraninfos alados se vieron patentemente, que llevaban entre ambos el alma de Enrico al cielo.

PAULO ¡A Enrico, el, hombre más malo que crió naturaleza!

PEDRISCO ¿De aquesto te espantas, Paulo, cuando es tan piadoso Dios?

PAULO Pedrisco, eso ha sido engaño: otra alma fue la que vieron, no la de Enrico.

PEDRISCO ¡Dios santo, reducidle Vos!

PAULO Yo muero.

PEDRISCO Mira que Enrico, gozando está de Dios: pide a Dios perdón.

PAULO ¿Y cómo ha de darlo a un hombre que le ha ofendido como yo?

PEDRISCO ¿Qué estás dudando? ¿No perdonó a Enrico?

PAULO Dios es piadoso...

PEDRISCO Es muy claro.

PAULO Pero no con tales hombres. Ya muero, llega tus brazos.

PEDRISCO Procura tener su fin.

PAULO Esa palabra me ha dado Dios: si Enrico se salvó, también yo salvarme aguardo. (Muere.)

PEDRISCO Lleno el cuerpo de lanzadas quedó muerto el desdichado. Las suertes fueron trocadas. Enrico, con ser tan malo, se salvó, y éste al infierno se fue, por desconfiado. Cubriré el cuerpo infeliz cortando a estos sauces ramos. (Lo hace.) Mas, ¿qué gente es la que viene?

(El JUEZ entra con VILLANOS, que traen preso a GALVÁN.)

JUEZ Si el capitán se ha escapado, poca diligencia ha sido.

UN VILLANO Yo lo vi caer rodando, pasado de mil saetas, de los altivos peñascos.

JUEZ Un hombre está aquí: prenderle.

PEDRISCO ¡Ay, Pedrisco desdichado!, esta vez te dan carena. (Aparte. Señalando a GALVÁN.)

OTRO VILLANO Este es criado de Paulo y cómplice en sus delitos.

GALVÁN Tú mientes como villano; que sólo lo fui de Enrico, que de Dios está gozando.

PEDRISCO (Aparte a GALVÁN.) Y yo, Galvanito hermano, no me descubras aquí, por amor de Dios.

JUEZ (A GALVÁN.) Si acaso me dices dónde se esconde el capitán que buscamos, yo te daré libertad. ¡Habla!

PEDRISCO Buscarle es en vano cuando es muerto.

JUEZ ¿Cómo muerto?

PEDRISCO De varias flechas y dardos pasado le hallé, señor, con la muerte agonizando en aqueste mismo sitio.

JUEZ ¿Y dónde está?

PEDRISCO Entre estos ramos le metí.