Part 3
cual de Píndaro fue y del Lesbio Alceo,
esta poesía mélica cantada.
Y si quieres que llegue tu deseo
adonde aspira, que es a la dulzura
del número, en que tantas fuerzas veo,
la suavidad le viene y la blandura
de nunca o, pocas veces las vocales
colidir, o juntar en su textura.
Donde en número casi son iguales
las vocales y graves consonantes,
dulces serán los versos y cabales.
Landísima es la L y cuando cantes
dulzuras, usa della, y dale asiento
que a las semivocales la adelantes.
De la R usarás cuando el violento
euro contrasta al boreas poderoso
con hórrido furor su movimiento.
La S al blando sueño y al sabroso
sosiego has de aplicar, y desta suerte
guarda el decoro a las demás cuidoso.
Y sobre todas una cosa advierte
que con tal armonía se concierte;
que el concurso de sílabas que usares
que en sus colocaciones y lugares,
regalen y deleiten los oídos,
que es propio de poetas singulares.
Estos advertimientos entendidos
en la ilustre canción prosigue, y mira
que la adornes de afectos encendidos.
De toda aquella novedad que admira
gracia, elegancia, lenidad, blandura
y voces que consuenen en la lira.
Con advertencia singular procura
que siempre levantada sea en concetos,
siempre agradable, y si empre con dulzura.
Usa en ella de muchos epitetos
que al verso dan dulzura, y hermosean,
y por ellos se expresan los afetos.
Los versos que los ánimos recrean
altos, y de la plebe desviados
les hace la perífrasis que sean.
Con ella son maníficos, y ornados
de jocunda belleza y lozanía,
cual deben ser en la canción usados.
Acomódase siempre esta poesía
a variedad de números, y extiende
a todos argumentos su armonía.
Divídese en estancias, y el que entiende
la gravedad de su cultura bella
con lasamiento ni durez la ofende.
Obligan al que hubiere de hacella
que veinte versos tenga cada estanza
no más, y nueve los menores della.
En esta ley ha habido tal mudanza
que de cinco hasta veinte las tenemos,
y una del Conde a veinte y tres alcanza.
Dicen que de alabanza carecemos
si una canción hacemos a un sujeto
y más de quince estanzas le ponemos.
Contra este ruscélico preceto
don Pedro de Guzmán hizo al Olvido
una canción, y traspasó el decreto.
Sin ser dél, ni sus leyes compelido
el culto Cangas hizo en tres canciones
la descripción de Pafo y la de Gnido.
Célebre fue y loada de varones
la del ingenioso y doto Sayas,
sin sujetarse a lacias opiniones.
Así, letor, cuando estos pasos vayas
no tengas miedo, que si haces esto
desmerezcas el lauro con sus vayas,
debes anteponer a lo propuesto
la variación de números que hacen
venusto este poema, y bien dispuesto.
En la estanza primera como aplacen
al gusto, o al oído en la textura
las rimas, de aquel modo las enlacen.
Mas ha de ser, que en esta ligadura
mudar no puedan consonancia della,
que es detestable objeto de censura.
De versos cortos tienes de hacella
con los endecasílabos mezclados
que he de ser dulce la hacen alta y bella.
Faltará a la canción do son usados
los cortos, o los largos, solamente
quien oídos le dé desocupados.
Canción de versos cortos, no consiente
majestad en estilo, porque aspira
a la dulzura de ellos conveniente.
Para las consonancias de la lira
es la de endecasílabos austera
poco agradable, y della se retira.
Así deben tejerse de manera
que la dulzura temple la aspereza
y consuene la dulce con la fiera.
Quieren también que gocen desta alteza
la sextina, y el nombre le conceden
de canción, igualándola en pureza.
Dar a una estanza solamente pueden
seis versos, con las voces diferentes,
que sin ninguna trabazón proceden.
Son al fin de los versos convenientes
dos sílabas, de nombres sustantivos
y aquí los verbos son impertinentes.
Concetos altos, pensamientos vivos.
Voces puras, sonoras, regaladas
demandan, con ilustres adjetivos.
Las consonancias dellas van trabadas
sexta y primera, quinta con segunda
cuarta y tercera, sin que sean trocadas.
Aquella será ilustre y más jocunda
que varïare más, y más dijere, 305
Y de terneza, y más conceto abunda.
Si doblar las estanzas te pluguiere
de seis en doce, no te dan licencia
que mudes voz ninguna que tuviere.
Es ley, que no la ecenta preminencia,
encerrar en tres versos solamente
a los seis consonantes sin violencia.
Esto advirtiendo el doto, y el prudente,
Y el que menos noticia tiene dello
hará lo que es forzoso y conveniente.
Bien sé que habrá quien diga sin sabello,
después de habello visto que lo sabe
mejor que yo he sabido disponello.
Y que el aéreo síndico en quien cabe
la eolia toda en su porosa testa
haya por do lo escrito no se alabe.
Pudiera darle al síndico respuesta,
y al nosequé del coro patriarchesco,
que tanto haber un título le cuesta.
Y preguntar si es término burlesco
entre sacras deidades colocarse
y a sus lados pintarse al óleo y fresco.
Si es decoro decente figurarse
en sus ideas, profanas, por divinos,
y a divinos querer aventajarse.
Si es de espíritus puros o malinos
desanimar los justos y los sabios
con sus calificados desatinos.
Si es de sabios llamar a todos Babios;
y al más glorioso y de mayor estima
siempre en su ofensa calentar los labios.
Betis se injuria desto y se lastima
Híspalis, y ofendida pide al cielo
los tales lance en la volcánea sima.
¿Qué irritación es ésta? o ¿cuándo suelo
declarar tales vicios, ni ofenderme
de lo que es plaga general del suelo?.
Aquí, de mi razón pienso valerme
que contra maceadores censurantes
sola y desnuda puede defenderme.
Si en lengua pura, y versos elegantes.
numerosos, corrientes, tersos, puros,
ligados con forzosos consonantes;
sin sujetarme los precetos duros
del Arte, mis precetos acomodo
no por cansados términos, ni oscuros;
y en ello tengo dicho en nuevo modo
lo que al posible mío fue posible,
que no en todo se puede decir todo;
¿por qué de Vulgio la infestión horrible
ha de empavorecer mi pensamiento
ni retraerme de él su voz risible?
Vaya adelante mi honoroso intento
y al son ahora de la agreste Musa
cantemos el bucólico argumento.
Cantemos en el verso que rehusa
la alteza urbana a Ménalo agradable
que la zampoña y voz pastoral usa.
Del dios de Arcadia siempre fue loable
la fístula y los árcades famosos
por ella, y su alabanza perdurable.
Usáronla en sus cantos amorosos,
en sus luchas y juegos pastorales
entre bosques, y árboles frondosos.
En ella fue, y en verso humilde a Pales
la custodia encargada del ganado
de los partos, contagios y otros males.
En este verso no ha de ser cantado
el horrible Creonte, o crudo Atreo,
ni sujeto de Marte, o Jove airado.
Cantarán los pastores su deseo
a su rústico Pan o a Fauno antigo
sin salirse de Ménalo, o Liceo;
del fértil pasto, o del seguro abrigo,
del tiempo alegre, o desabrido invierno,
del cierzo odioso, o de favonio amigo.
Esto ha de ser en verso humilde y tierno.
que al sujeto sea clara semejanza,
sin voz que deje el pastoral gobierno.
Aquel será más dino de alabanza
que la silvestre musa ejercitare
entre redes, apriscos y labranza.
Y si al dardo y sabueso la aplicare
o al fugitivo amor de la ascondida
ninfa, y por él los montes lastimare,
con justa estimación será leída
la égloga, que destos argumentos
en ríos, prados, selvas fuere oída.
Y aunque se aplique a varios pensamientos
porque admite sujetos diferentes
el amatorio es fin de sus intentos.
El blanco adonde tiran las más gentes
es éste, y los antiguos que lo usaron
lo dieron por ejemplo a los presentes.
Entre las cosas que guardar mandaron
son, que hable el pastor con los pastores
en aquello que sólo ejercitaron.
De la caza si fueren cazadores;
si pescador, de nasas y garlitos;
si labrador, del campo y sus labores.
No han de ser sus rancores infinitos
ni sus pasiones con violento daño,
ni amor adulterado de apetitos.
En sus rabiosos celos no haya engaño
que administre venganza ni crueza,
ni suceso que cuenten por extraño.
Lo que trataren todo sea llaneza,
con propiedad conforme al ejercicio
guardando en él la erótica pureza.
Tiénese en una égloga por vicio
que una persona vaya, y otra venga,
aunque administren diferente oficio.
Tres personas no más quieren que tenga,
y éstas, que sin moverse de un asiento
digan aquello que a su fin convenga.
No quieren que se encuentre en argumento
una con otra, y esto estrechan tanto,
que dicen que ni en voz, ni en pensamiento.
La que en una persona en gozo o llanto
concluye su argumento, es más gustosa,
y la de dos, en diferente canto.
Quieren también que sea ley forzosa
que no pase de diez el que hiciere
églogas, y no sé el que dio en tal cosa.
Y si un auto de Apolo no exhibiere
al eglógrafo absuelvo, porque inoro
en qué delito incurra el que ecediere.
Esto es lo del otro cita o moro,
que promulgó la bárbara herejía
contra España, que ilustra el cintio coro,
diciendo que no estaba la poesía,
del Pirineo acá, bien entendida,
sin dar otra razón que su osadía.
Quedara esta inorancia establecida
entre la gente, ajena de cordura;
de invidia, y odio, y deslealtad regida.
Si Apolo que su propio honor procura
en nuestra dota España no tuviera
trasladado su espíritu y dulzura.
Esto diga del Tajo la ribera
fertilizado con el sacro Lasso,
cual del céfiro alegre primavera.
O el mantuano Dauro que el Parnaso
con abundante vena de oro riega,
y al Tebro y Arno les impide el paso.
Y tú ¡oh, fecundo Betis!, cuya vega
enriqueció la sacra musa albana
que a los confines celestiales llega.
Sed aquí el testimonio al que profana
la española deidad, pues a la vuestra
no se puede negar que es soberana.
Y si no fuere a mi deseo siniestra
la inevitable suerte, y me dejare
gozar el aura de la vida nuestra;
haré que el pensamiento desampare
la oscura Pafo, y siga el claro Delo
por do la amada Erato lo llevare;
y con voz libre del común recelo
que se oirá ribombar en Elicona
subiré, España, tu alabanza al cielo.
Y a despecho del bando que pregona
cosa tan desviada de lo cierto,
te ornará Febo y te honrará Belona.
Y primero del orden y concierto
faltarán los efetos naturales,
y en dar su luz Apolo será incierto.
Pacerán juntos peces y animales
por los montes, las aves y serpientes
en perpetua amistad serán iguales.
Que el nombre tuyo y letras ecelentes
borre la invidia, ni la sacra fama
deje de celebrar de gente en gentes.
Si de ti la bucólica se ama,
y quieres hacer églogas, conviene
otra nueva advertencia que te llama.
Gran parte de ella de su ser contiene
del común uso y trato la desvías,
y el origen te enseña de do viene.
Compónense de odas y elegías;
de coros de tragedias, y de algunas
partes líricas, y otras poesías.
Si destas soledades te importunas,
y ya huyendo quieres desviarte
de las montañas, prados y lagunas,
dellas, si gustas, quiero acompañarte,
al cómico teatro, adonde veas
la fábula ingeniosa recitarte.
Dirás que ni la quieres ni deseas.
que no son las comedias que hacemos
con las que te entretienes y recreas.
Que ni a Ennio ni a Plauto conocemos,
ni seguimos su modo ni artificio,
ni de Nevio ni Accio lo hacemos.
Que es en nosotros un perpetuo vicio
jamás en ellas observar las leyes
ni en persona, ni en tiempo, ni en oficio
Que en cualquier popular comedia hay reyes,
y entre los reyes el sayal grosero
con la misma igualdad que entre los bueyes.
A mí me culpan de que luí el primero
que reyes y deidades di al tablado
de las comedias traspasando el fuero.
Que el un acto de cinco le he quitado,
que reducí los actos en jornadas,
cual vemos que es en nuestro tiempo usado.
Si no te da cansancio y desagradas
desto, oye cuál es el fundamento
de ser las leyes cómicas usadas.
Y no atribuyas este mudamiento
a que faltó en España ingenio y sabios
que prosiguieran el antiguo intento.
Mas siendo dinos de mojar los labios
en el sacro licor aganipeo,
que enturbian Mevios y corrompen Babios;
huyendo aquella edad del viejo ascreo
que al cielo dio y al mundo mil deidades
fantaseadas de él, y de Morfeo;
introdujimos otras novedades,
de los antiguos alterando el uso,
conformes a este tiempo y calidades.
Salimos de aquel término confuso
de aquel caos indigesto, a que obligaba
el primero que en plática las puso.
Huimos la observancia que forzaba
a tratar tantas cosas diferentes
en término de un día que se daba.
Ya fueron a estas leyes obedientes
los sevillanos cómicos, Guevara,
Gutierre de Cetina, Cozar, Fuentes.
El ingenioso Ortiz, y aquella rara
musa, de nuestro astrífero Mejía,
y del Menandro, bético Malara.
Otros muchos que en esta estrecha vía
obedeciendo el uso antiguo fueron
en dar luz a la cómica poesía.
Y aunque alcanzaron tanto, no ecedieron
de las leyes antiguas que hallaron
ni aun en una figura se atrevieron.
Entiéndese que entonces no mudaron
cosa de aquella ancianidad primera
en que los griegos la comedia usaron.
O por ser más tratable o menos fiera
la gente, de más gusto o mejor trato,
de más sinceridad que en nuestra era;
que la fábula fuese sin ornato,
sin artificio, y corta de argumento,
no la escuchaban con desdén ingrato.
El pueblo recebía muy contento
tres personas no más en el tablado
y a las dos solas explicar su intento.
Un gabán, un pellico y un cayado;
un padre, una pastora, un mozo bobo,
un siervo astuto y un leal criado.
Era lo que se usaba, sin que el robo
de la espartana reina conociesen
ni más que el prado ameno, el sauce o pobo.
Tuvo fin esto, y como siempre fuesen
los ingenios creciendo y mejorando
las artes, y las cosas se entendiesen,
fueron las de aquel tiempo desechando,
eligiendo las propias y decentes
que fuesen más al nuestro conformando.
Esta mudanza fue de hombres prudentes
aplicando a las nuevas condiciones
nuevas cosas que son las convenientes.
Considera las varias opiniones,
los tiempos, las costumbres que nos hacen
mudar y variar operaciones.
Estas cosas no sé si te desplacen
por ser contra tu gasto su extrañeza
aunque en probable ejemplo satisfacen,
Oyelas con el ánimo y pureza
que se te ofrecen, que razones justas
con la verdad se templa su aspereza.
Si del sujeto comenzando gustas
y a él se inclina tu afición dichosa
y con el mío el modo tuyo ajustas,
confesarás que fue cansada cosa
cualquier comedia de la edad pasada,
menos trabada y menos ingeniosa
Señala tú la más aventajada
y no perdones griegos ni latinos
y verás sí es razón la mía fundada.
No trato yo de sus autores dinos
de perpetua alabanza que estos fueron
estimados con títulos divinos.
No trato de las cosas que dijeron
tan fecundas, y llenas de ecelencia
que a la mortal graveza prefirieron.
Del arte, del ingenio, de la ciencia
en que abundaron con felice copia
no trato, pues lo dice la experiencia.
Mas la invención, la gracia y traza es propia
a la ingeniosa fábula de España,
no cual dicen los émulos impropia.
Cenas y actos suple la maraña
tan intrincada, y la soltura della,
inimitable de ninguna extraña.
Es la más abundante y la más bella
en facetos enredos y en jocosas
burlas, que darle igual es ofendella.
En sucesos de historia son famosas,
en monásticas vidas ecelentes,
en afectos de amor maravillosas.
Finalmente los sabios, y prudentes
dan a nuestras comedias la ecelencia
en artificio y pasos diferentes.
Esto sabido, importa la advertencia
del modo que han de ser, y a que te obliga
el decoro que enseña la experiencia.
Y para que bien logres tu fatiga
el argumento que siguieres sea
nuevo, y que nadie en su vulgar lo diga.
Decir lo que otro dijo es cosa fea
en el propio idioma, aunque se aparte,
si deja rastro o luz por do se vea.
Con extrañeza en todo has de mostrarte
admirable, vistiendo las figuras
conforme al tiempo, a la edad y al arte.
Al viejo avaro, envuelto en desventuras.
al mancebo, rabiando de celosa,
al juglar decir mofas y locuras.
Al siervo sin lealtad, y cauteloso,
a la dama amorosa o desabrida,
ya con semblante alegre, ya espantoso.
A la tercera astuta y atrevida,
al lisonjero envuelto en novedades,
y al rufián dar cédulas de vida.
Los efetos aplica a las edades,
si no es que dando algún ejemplo quieras
trocar la edad, oficio y calidades.
Entre las cosas que prometen veras
no introduzcas donaires, aunque dellos
se agrade el pueblo, si otro premio esperas.
Los versos han de ser sueltos y bellos
en lengua y propiedad, siempre apartados
que en la trágica alteza puedan vellos.
Si te agradare pueden ser llegados
al satírico estilo, en que tuvieron
por principio los cómicos osados.
Guarda el decoro que jamás perdieron
en dar conforme al caso que tratares
el estilo, y el verso, cual hicieron.
Si a rey, legado alguno le enviares
diferencia el estilo al ordinario,
que es vicio si a los dos los igualares.
No debes ser en esto voluntario
sino mirallo bien, porque es defeto,
y en la comedia nuestra necesario.
Cuando hagas comedia, ve sujeto
al arte, y no al autor que la recita,
no pueda el interés más que el sujeto.
Con el cuidado que es posible evita
que no sea siempre el fin de casamiento
ni muerte si es comedia se permita.
Porque debes tener conocimiento
que es la comedia un poema activo,
risueño, y hecho para dar contento.
No se debe turbar con caso esquivo
aunque el principio sea rencilloso,
el fin sea alegre sin temor nocivo.
La comedia es retrato del gracioso
y risueño Demócrito, y figura
la tragedia de Eráclito lloroso.
Tuvo imperio esta alegre compostura
hasta que Tifis levantó el estilo
a la grandeza trágica y dulzura.
Siguió en nueva invención el propio hilo
añidiéndole ornatos, y enseñando
a los farsantes, el discreto Esquilo.
Desterró el uso prisco mejorando
las personas, haciéndolas honestas,
y a no representar satirizando.
Y no parando su invención en éstas,
sobre el teatro puso las aciones,
haciéndolas al pueblo manifiestas.
En efeto enseñó a dotos varones
el hacer y saber representallas,
testando las antiguas opiniones.¡
De aquella suerte la tragedia hallas
en que las hizo su inventor primero
aunque algunos osaron mejorallas.
No traspasando el inviolable fuero
de los actos, y cenas, y el decoro
de las personas, y el suceso fiero.
Sófocles añidió el lloroso coro,
lamentando desdichas miserables,
entre reales púrpuras y oro.
Fueron en aquel tiempo así agradables,
mas en el nuestro en todo se ha mudado
si no es en los sucesos espantables.
El maestro Malara fue loado
porque en alguna cosa alteró el uso
antiguo, con el nuestro conformado.
En el teatro mil tragedias puso
con que dó nueva luz a la rudeza
della apartando el término confuso.
Aplica al verso trágico la alteza
épica, y dale lírica dulzura
con affectos suaves, sin dureza.
Con epitetos adornar procura
tus versos, que al poeta hermosean,
y al orador ofenden la escritura.
En la tragedia alguna vez afean
los sucesos contados de otra suerte
dando ocasión que la verdad no crean,
Y si en este preceto no se advierte
la Historia en que se funda la tragedia
se ofusca, y, de lo cierto se divierte.
De fábula procede la comedia
y en ella es invención licenciosa
cual vemos en Naharro y en Heredia.
El cómico no puede usar de cosa
de que el trágico usó, ni (a) un solo un nombre
poner, y ésta fue ley la más forzosa.
Si quieres que se estime, y que se nombre
tu musa, y que a las musas dinamente
te hagan de mortal, inmortal hombre;
hállete el vulgo siempre diferente
en lenguaje, pues hablan los poetas
en otra lengua que la ruda gente.
Procura que tus obras, sean secretas
antes que las divulgues, si no quieres
que sean a nuevo poseedor sujetas.
Si por la vía hercúlea acaso fueres,
ten cuenta en una grata que hay en ella
do Ciso baila a Baco y danza a Ceres.
Del círculo oriental la forma bella
jamás aquí fue vista la presencia
ni de su extremidad pudieron vella.
Con otra luz traída con la ciencia
de un fantástico y nuevo Prometeo
sienten de Apolo menos el ausencia.
Aquí la lira celestial de Orfeo,
en menosprecio, con Vulchin consuena;
Mulcio es Píndaro aquí; Agas, Museo.
Está de voces disonantes llena
del poeta Cleón siciliano,
que de torpezas ambos orbas llena.
Agido, el que cantó en sermón greciano
al macedonio príncipe la horrible
idolatría, con discurso vano,
es quien preside aquí, con el terrible
y detestable Momo y Zoilo injusto,
émulos de visible y de invisible.
De aquí digo que huigas, si tu gusto
no es querer peligrar, probando el daño
que no reserva al escritor de Augusto.
Si te parece que es consejo extraño,
mira el efeto bien, y verás cierto
que ni te lisonjeo, ni te engaño.
Ni cosa ajena de verdad te advierto.
Esta obra se encuentra en dominio público . Esto es aplicable en todo el mundo debido a que su autor falleció hace más de 100 años. La traducción de la obra puede no estar en dominio público. ( Más información... )
 
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