Ejemplar poético

Part 3

Chapter 33,596 wordsPublic domain (Wikisource)

cual de Píndaro fue y del Lesbio Alceo,

esta poesía mélica cantada.

Y si quieres que llegue tu deseo

adonde aspira, que es a la dulzura

del número, en que tantas fuerzas veo,

la suavidad le viene y la blandura

de nunca o, pocas veces las vocales

colidir, o juntar en su textura.

Donde en número casi son iguales

las vocales y graves consonantes,

dulces serán los versos y cabales.

Landísima es la L y cuando cantes

dulzuras, usa della, y dale asiento

que a las semivocales la adelantes.

De la R usarás cuando el violento

euro contrasta al boreas poderoso

con hórrido furor su movimiento.

La S al blando sueño y al sabroso

sosiego has de aplicar, y desta suerte

guarda el decoro a las demás cuidoso.

Y sobre todas una cosa advierte

que con tal armonía se concierte;

que el concurso de sílabas que usares

que en sus colocaciones y lugares,

regalen y deleiten los oídos,

que es propio de poetas singulares.

Estos advertimientos entendidos

en la ilustre canción prosigue, y mira

que la adornes de afectos encendidos.

De toda aquella novedad que admira

gracia, elegancia, lenidad, blandura

y voces que consuenen en la lira.

Con advertencia singular procura

que siempre levantada sea en concetos,

siempre agradable, y si empre con dulzura.

Usa en ella de muchos epitetos

que al verso dan dulzura, y hermosean,

y por ellos se expresan los afetos.

Los versos que los ánimos recrean

altos, y de la plebe desviados

les hace la perífrasis que sean.

Con ella son maníficos, y ornados

de jocunda belleza y lozanía,

cual deben ser en la canción usados.

Acomódase siempre esta poesía

a variedad de números, y extiende

a todos argumentos su armonía.

Divídese en estancias, y el que entiende

la gravedad de su cultura bella

con lasamiento ni durez la ofende.

Obligan al que hubiere de hacella

que veinte versos tenga cada estanza

no más, y nueve los menores della.

En esta ley ha habido tal mudanza

que de cinco hasta veinte las tenemos,

y una del Conde a veinte y tres alcanza.

Dicen que de alabanza carecemos

si una canción hacemos a un sujeto

y más de quince estanzas le ponemos.

Contra este ruscélico preceto

don Pedro de Guzmán hizo al Olvido

una canción, y traspasó el decreto.

Sin ser dél, ni sus leyes compelido

el culto Cangas hizo en tres canciones

la descripción de Pafo y la de Gnido.

Célebre fue y loada de varones

la del ingenioso y doto Sayas,

sin sujetarse a lacias opiniones.

Así, letor, cuando estos pasos vayas

no tengas miedo, que si haces esto

desmerezcas el lauro con sus vayas,

debes anteponer a lo propuesto

la variación de números que hacen

venusto este poema, y bien dispuesto.

En la estanza primera como aplacen

al gusto, o al oído en la textura

las rimas, de aquel modo las enlacen.

Mas ha de ser, que en esta ligadura

mudar no puedan consonancia della,

que es detestable objeto de censura.

De versos cortos tienes de hacella

con los endecasílabos mezclados

que he de ser dulce la hacen alta y bella.

Faltará a la canción do son usados

los cortos, o los largos, solamente

quien oídos le dé desocupados.

Canción de versos cortos, no consiente

majestad en estilo, porque aspira

a la dulzura de ellos conveniente.

Para las consonancias de la lira

es la de endecasílabos austera

poco agradable, y della se retira.

Así deben tejerse de manera

que la dulzura temple la aspereza

y consuene la dulce con la fiera.

Quieren también que gocen desta alteza

la sextina, y el nombre le conceden

de canción, igualándola en pureza.

Dar a una estanza solamente pueden

seis versos, con las voces diferentes,

que sin ninguna trabazón proceden.

Son al fin de los versos convenientes

dos sílabas, de nombres sustantivos

y aquí los verbos son impertinentes.

Concetos altos, pensamientos vivos.

Voces puras, sonoras, regaladas

demandan, con ilustres adjetivos.

Las consonancias dellas van trabadas

sexta y primera, quinta con segunda

cuarta y tercera, sin que sean trocadas.

Aquella será ilustre y más jocunda

que varïare más, y más dijere, 305

Y de terneza, y más conceto abunda.

Si doblar las estanzas te pluguiere

de seis en doce, no te dan licencia

que mudes voz ninguna que tuviere.

Es ley, que no la ecenta preminencia,

encerrar en tres versos solamente

a los seis consonantes sin violencia.

Esto advirtiendo el doto, y el prudente,

Y el que menos noticia tiene dello

hará lo que es forzoso y conveniente.

Bien sé que habrá quien diga sin sabello,

después de habello visto que lo sabe

mejor que yo he sabido disponello.

Y que el aéreo síndico en quien cabe

la eolia toda en su porosa testa

haya por do lo escrito no se alabe.

Pudiera darle al síndico respuesta,

y al nosequé del coro patriarchesco,

que tanto haber un título le cuesta.

Y preguntar si es término burlesco

entre sacras deidades colocarse

y a sus lados pintarse al óleo y fresco.

Si es decoro decente figurarse

en sus ideas, profanas, por divinos,

y a divinos querer aventajarse.

Si es de espíritus puros o malinos

desanimar los justos y los sabios

con sus calificados desatinos.

Si es de sabios llamar a todos Babios;

y al más glorioso y de mayor estima

siempre en su ofensa calentar los labios.

Betis se injuria desto y se lastima

Híspalis, y ofendida pide al cielo

los tales lance en la volcánea sima.

¿Qué irritación es ésta? o ¿cuándo suelo

declarar tales vicios, ni ofenderme

de lo que es plaga general del suelo?.

Aquí, de mi razón pienso valerme

que contra maceadores censurantes

sola y desnuda puede defenderme.

Si en lengua pura, y versos elegantes.

numerosos, corrientes, tersos, puros,

ligados con forzosos consonantes;

sin sujetarme los precetos duros

del Arte, mis precetos acomodo

no por cansados términos, ni oscuros;

y en ello tengo dicho en nuevo modo

lo que al posible mío fue posible,

que no en todo se puede decir todo;

¿por qué de Vulgio la infestión horrible

ha de empavorecer mi pensamiento

ni retraerme de él su voz risible?

Vaya adelante mi honoroso intento

y al son ahora de la agreste Musa

cantemos el bucólico argumento.

Cantemos en el verso que rehusa

la alteza urbana a Ménalo agradable

que la zampoña y voz pastoral usa.

Del dios de Arcadia siempre fue loable

la fístula y los árcades famosos

por ella, y su alabanza perdurable.

Usáronla en sus cantos amorosos,

en sus luchas y juegos pastorales

entre bosques, y árboles frondosos.

En ella fue, y en verso humilde a Pales

la custodia encargada del ganado

de los partos, contagios y otros males.

En este verso no ha de ser cantado

el horrible Creonte, o crudo Atreo,

ni sujeto de Marte, o Jove airado.

Cantarán los pastores su deseo

a su rústico Pan o a Fauno antigo

sin salirse de Ménalo, o Liceo;

del fértil pasto, o del seguro abrigo,

del tiempo alegre, o desabrido invierno,

del cierzo odioso, o de favonio amigo.

Esto ha de ser en verso humilde y tierno.

que al sujeto sea clara semejanza,

sin voz que deje el pastoral gobierno.

Aquel será más dino de alabanza

que la silvestre musa ejercitare

entre redes, apriscos y labranza.

Y si al dardo y sabueso la aplicare

o al fugitivo amor de la ascondida

ninfa, y por él los montes lastimare,

con justa estimación será leída

la égloga, que destos argumentos

en ríos, prados, selvas fuere oída.

Y aunque se aplique a varios pensamientos

porque admite sujetos diferentes

el amatorio es fin de sus intentos.

El blanco adonde tiran las más gentes

es éste, y los antiguos que lo usaron

lo dieron por ejemplo a los presentes.

Entre las cosas que guardar mandaron

son, que hable el pastor con los pastores

en aquello que sólo ejercitaron.

De la caza si fueren cazadores;

si pescador, de nasas y garlitos;

si labrador, del campo y sus labores.

No han de ser sus rancores infinitos

ni sus pasiones con violento daño,

ni amor adulterado de apetitos.

En sus rabiosos celos no haya engaño

que administre venganza ni crueza,

ni suceso que cuenten por extraño.

Lo que trataren todo sea llaneza,

con propiedad conforme al ejercicio

guardando en él la erótica pureza.

Tiénese en una égloga por vicio

que una persona vaya, y otra venga,

aunque administren diferente oficio.

Tres personas no más quieren que tenga,

y éstas, que sin moverse de un asiento

digan aquello que a su fin convenga.

No quieren que se encuentre en argumento

una con otra, y esto estrechan tanto,

que dicen que ni en voz, ni en pensamiento.

La que en una persona en gozo o llanto

concluye su argumento, es más gustosa,

y la de dos, en diferente canto.

Quieren también que sea ley forzosa

que no pase de diez el que hiciere

églogas, y no sé el que dio en tal cosa.

Y si un auto de Apolo no exhibiere

al eglógrafo absuelvo, porque inoro

en qué delito incurra el que ecediere.

Esto es lo del otro cita o moro,

que promulgó la bárbara herejía

contra España, que ilustra el cintio coro,

diciendo que no estaba la poesía,

del Pirineo acá, bien entendida,

sin dar otra razón que su osadía.

Quedara esta inorancia establecida

entre la gente, ajena de cordura;

de invidia, y odio, y deslealtad regida.

Si Apolo que su propio honor procura

en nuestra dota España no tuviera

trasladado su espíritu y dulzura.

Esto diga del Tajo la ribera

fertilizado con el sacro Lasso,

cual del céfiro alegre primavera.

O el mantuano Dauro que el Parnaso

con abundante vena de oro riega,

y al Tebro y Arno les impide el paso.

Y tú ¡oh, fecundo Betis!, cuya vega

enriqueció la sacra musa albana

que a los confines celestiales llega.

Sed aquí el testimonio al que profana

la española deidad, pues a la vuestra

no se puede negar que es soberana.

Y si no fuere a mi deseo siniestra

la inevitable suerte, y me dejare

gozar el aura de la vida nuestra;

haré que el pensamiento desampare

la oscura Pafo, y siga el claro Delo

por do la amada Erato lo llevare;

y con voz libre del común recelo

que se oirá ribombar en Elicona

subiré, España, tu alabanza al cielo.

Y a despecho del bando que pregona

cosa tan desviada de lo cierto,

te ornará Febo y te honrará Belona.

Y primero del orden y concierto

faltarán los efetos naturales,

y en dar su luz Apolo será incierto.

Pacerán juntos peces y animales

por los montes, las aves y serpientes

en perpetua amistad serán iguales.

Que el nombre tuyo y letras ecelentes

borre la invidia, ni la sacra fama

deje de celebrar de gente en gentes.

Si de ti la bucólica se ama,

y quieres hacer églogas, conviene

otra nueva advertencia que te llama.

Gran parte de ella de su ser contiene

del común uso y trato la desvías,

y el origen te enseña de do viene.

Compónense de odas y elegías;

de coros de tragedias, y de algunas

partes líricas, y otras poesías.

Si destas soledades te importunas,

y ya huyendo quieres desviarte

de las montañas, prados y lagunas,

dellas, si gustas, quiero acompañarte,

al cómico teatro, adonde veas

la fábula ingeniosa recitarte.

Dirás que ni la quieres ni deseas.

que no son las comedias que hacemos

con las que te entretienes y recreas.

Que ni a Ennio ni a Plauto conocemos,

ni seguimos su modo ni artificio,

ni de Nevio ni Accio lo hacemos.

Que es en nosotros un perpetuo vicio

jamás en ellas observar las leyes

ni en persona, ni en tiempo, ni en oficio

Que en cualquier popular comedia hay reyes,

y entre los reyes el sayal grosero

con la misma igualdad que entre los bueyes.

A mí me culpan de que luí el primero

que reyes y deidades di al tablado

de las comedias traspasando el fuero.

Que el un acto de cinco le he quitado,

que reducí los actos en jornadas,

cual vemos que es en nuestro tiempo usado.

Si no te da cansancio y desagradas

desto, oye cuál es el fundamento

de ser las leyes cómicas usadas.

Y no atribuyas este mudamiento

a que faltó en España ingenio y sabios

que prosiguieran el antiguo intento.

Mas siendo dinos de mojar los labios

en el sacro licor aganipeo,

que enturbian Mevios y corrompen Babios;

huyendo aquella edad del viejo ascreo

que al cielo dio y al mundo mil deidades

fantaseadas de él, y de Morfeo;

introdujimos otras novedades,

de los antiguos alterando el uso,

conformes a este tiempo y calidades.

Salimos de aquel término confuso

de aquel caos indigesto, a que obligaba

el primero que en plática las puso.

Huimos la observancia que forzaba

a tratar tantas cosas diferentes

en término de un día que se daba.

Ya fueron a estas leyes obedientes

los sevillanos cómicos, Guevara,

Gutierre de Cetina, Cozar, Fuentes.

El ingenioso Ortiz, y aquella rara

musa, de nuestro astrífero Mejía,

y del Menandro, bético Malara.

Otros muchos que en esta estrecha vía

obedeciendo el uso antiguo fueron

en dar luz a la cómica poesía.

Y aunque alcanzaron tanto, no ecedieron

de las leyes antiguas que hallaron

ni aun en una figura se atrevieron.

Entiéndese que entonces no mudaron

cosa de aquella ancianidad primera

en que los griegos la comedia usaron.

O por ser más tratable o menos fiera

la gente, de más gusto o mejor trato,

de más sinceridad que en nuestra era;

que la fábula fuese sin ornato,

sin artificio, y corta de argumento,

no la escuchaban con desdén ingrato.

El pueblo recebía muy contento

tres personas no más en el tablado

y a las dos solas explicar su intento.

Un gabán, un pellico y un cayado;

un padre, una pastora, un mozo bobo,

un siervo astuto y un leal criado.

Era lo que se usaba, sin que el robo

de la espartana reina conociesen

ni más que el prado ameno, el sauce o pobo.

Tuvo fin esto, y como siempre fuesen

los ingenios creciendo y mejorando

las artes, y las cosas se entendiesen,

fueron las de aquel tiempo desechando,

eligiendo las propias y decentes

que fuesen más al nuestro conformando.

Esta mudanza fue de hombres prudentes

aplicando a las nuevas condiciones

nuevas cosas que son las convenientes.

Considera las varias opiniones,

los tiempos, las costumbres que nos hacen

mudar y variar operaciones.

Estas cosas no sé si te desplacen

por ser contra tu gasto su extrañeza

aunque en probable ejemplo satisfacen,

Oyelas con el ánimo y pureza

que se te ofrecen, que razones justas

con la verdad se templa su aspereza.

Si del sujeto comenzando gustas

y a él se inclina tu afición dichosa

y con el mío el modo tuyo ajustas,

confesarás que fue cansada cosa

cualquier comedia de la edad pasada,

menos trabada y menos ingeniosa

Señala tú la más aventajada

y no perdones griegos ni latinos

y verás sí es razón la mía fundada.

No trato yo de sus autores dinos

de perpetua alabanza que estos fueron

estimados con títulos divinos.

No trato de las cosas que dijeron

tan fecundas, y llenas de ecelencia

que a la mortal graveza prefirieron.

Del arte, del ingenio, de la ciencia

en que abundaron con felice copia

no trato, pues lo dice la experiencia.

Mas la invención, la gracia y traza es propia

a la ingeniosa fábula de España,

no cual dicen los émulos impropia.

Cenas y actos suple la maraña

tan intrincada, y la soltura della,

inimitable de ninguna extraña.

Es la más abundante y la más bella

en facetos enredos y en jocosas

burlas, que darle igual es ofendella.

En sucesos de historia son famosas,

en monásticas vidas ecelentes,

en afectos de amor maravillosas.

Finalmente los sabios, y prudentes

dan a nuestras comedias la ecelencia

en artificio y pasos diferentes.

Esto sabido, importa la advertencia

del modo que han de ser, y a que te obliga

el decoro que enseña la experiencia.

Y para que bien logres tu fatiga

el argumento que siguieres sea

nuevo, y que nadie en su vulgar lo diga.

Decir lo que otro dijo es cosa fea

en el propio idioma, aunque se aparte,

si deja rastro o luz por do se vea.

Con extrañeza en todo has de mostrarte

admirable, vistiendo las figuras

conforme al tiempo, a la edad y al arte.

Al viejo avaro, envuelto en desventuras.

al mancebo, rabiando de celosa,

al juglar decir mofas y locuras.

Al siervo sin lealtad, y cauteloso,

a la dama amorosa o desabrida,

ya con semblante alegre, ya espantoso.

A la tercera astuta y atrevida,

al lisonjero envuelto en novedades,

y al rufián dar cédulas de vida.

Los efetos aplica a las edades,

si no es que dando algún ejemplo quieras

trocar la edad, oficio y calidades.

Entre las cosas que prometen veras

no introduzcas donaires, aunque dellos

se agrade el pueblo, si otro premio esperas.

Los versos han de ser sueltos y bellos

en lengua y propiedad, siempre apartados

que en la trágica alteza puedan vellos.

Si te agradare pueden ser llegados

al satírico estilo, en que tuvieron

por principio los cómicos osados.

Guarda el decoro que jamás perdieron

en dar conforme al caso que tratares

el estilo, y el verso, cual hicieron.

Si a rey, legado alguno le enviares

diferencia el estilo al ordinario,

que es vicio si a los dos los igualares.

No debes ser en esto voluntario

sino mirallo bien, porque es defeto,

y en la comedia nuestra necesario.

Cuando hagas comedia, ve sujeto

al arte, y no al autor que la recita,

no pueda el interés más que el sujeto.

Con el cuidado que es posible evita

que no sea siempre el fin de casamiento

ni muerte si es comedia se permita.

Porque debes tener conocimiento

que es la comedia un poema activo,

risueño, y hecho para dar contento.

No se debe turbar con caso esquivo

aunque el principio sea rencilloso,

el fin sea alegre sin temor nocivo.

La comedia es retrato del gracioso

y risueño Demócrito, y figura

la tragedia de Eráclito lloroso.

Tuvo imperio esta alegre compostura

hasta que Tifis levantó el estilo

a la grandeza trágica y dulzura.

Siguió en nueva invención el propio hilo

añidiéndole ornatos, y enseñando

a los farsantes, el discreto Esquilo.

Desterró el uso prisco mejorando

las personas, haciéndolas honestas,

y a no representar satirizando.

Y no parando su invención en éstas,

sobre el teatro puso las aciones,

haciéndolas al pueblo manifiestas.

En efeto enseñó a dotos varones

el hacer y saber representallas,

testando las antiguas opiniones.¡

De aquella suerte la tragedia hallas

en que las hizo su inventor primero

aunque algunos osaron mejorallas.

No traspasando el inviolable fuero

de los actos, y cenas, y el decoro

de las personas, y el suceso fiero.

Sófocles añidió el lloroso coro,

lamentando desdichas miserables,

entre reales púrpuras y oro.

Fueron en aquel tiempo así agradables,

mas en el nuestro en todo se ha mudado

si no es en los sucesos espantables.

El maestro Malara fue loado

porque en alguna cosa alteró el uso

antiguo, con el nuestro conformado.

En el teatro mil tragedias puso

con que dó nueva luz a la rudeza

della apartando el término confuso.

Aplica al verso trágico la alteza

épica, y dale lírica dulzura

con affectos suaves, sin dureza.

Con epitetos adornar procura

tus versos, que al poeta hermosean,

y al orador ofenden la escritura.

En la tragedia alguna vez afean

los sucesos contados de otra suerte

dando ocasión que la verdad no crean,

Y si en este preceto no se advierte

la Historia en que se funda la tragedia

se ofusca, y, de lo cierto se divierte.

De fábula procede la comedia

y en ella es invención licenciosa

cual vemos en Naharro y en Heredia.

El cómico no puede usar de cosa

de que el trágico usó, ni (a) un solo un nombre

poner, y ésta fue ley la más forzosa.

Si quieres que se estime, y que se nombre

tu musa, y que a las musas dinamente

te hagan de mortal, inmortal hombre;

hállete el vulgo siempre diferente

en lenguaje, pues hablan los poetas

en otra lengua que la ruda gente.

Procura que tus obras, sean secretas

antes que las divulgues, si no quieres

que sean a nuevo poseedor sujetas.

Si por la vía hercúlea acaso fueres,

ten cuenta en una grata que hay en ella

do Ciso baila a Baco y danza a Ceres.

Del círculo oriental la forma bella

jamás aquí fue vista la presencia

ni de su extremidad pudieron vella.

Con otra luz traída con la ciencia

de un fantástico y nuevo Prometeo

sienten de Apolo menos el ausencia.

Aquí la lira celestial de Orfeo,

en menosprecio, con Vulchin consuena;

Mulcio es Píndaro aquí; Agas, Museo.

Está de voces disonantes llena

del poeta Cleón siciliano,

que de torpezas ambos orbas llena.

Agido, el que cantó en sermón greciano

al macedonio príncipe la horrible

idolatría, con discurso vano,

es quien preside aquí, con el terrible

y detestable Momo y Zoilo injusto,

émulos de visible y de invisible.

De aquí digo que huigas, si tu gusto

no es querer peligrar, probando el daño

que no reserva al escritor de Augusto.

Si te parece que es consejo extraño,

mira el efeto bien, y verás cierto

que ni te lisonjeo, ni te engaño.

Ni cosa ajena de verdad te advierto.

Esta obra se encuentra en dominio público . Esto es aplicable en todo el mundo debido a que su autor falleció hace más de 100 años. La traducción de la obra puede no estar en dominio público. ( Más información... )

 

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