Part 2
cuántos vemos en santas alabanzas
que en las suyas resuenan hoy los cantos.
Y si la fatal suerte en sus mudanzas,
ínclito Duque, el vuelo refrenara
dejándonos lograr las esperanzas;
y vuestro fébeo padre se lograra
a la tebana y a la lesbia lira,
con la dulzura dél aventajara.
Mas a pesar de su implacable ira
vivirá en nuestra bética ribera
Fernando en cuanto el sol los orbes gira.
Nuestros antiguos de la edad primera
celebraron en él sus inmortales
proezas, sin que el nombre dellas muera.
Si estos versos acaban en vocales,
son más dulces, más tersos y elegantes
y apartándose de ellas no son tales.
Si dar quisieres a los consonantes
voces agudas, puedes, conociendo
los lugares y causas importantes.
Siempre es forzoso en ellos ir diciendo
nuevas cosas, y nunca se consiente
palabra ociosa el número supliendo.
La copla será buena puramente
que en agudeza acabe o en sentencia,
y la que no, por buena no se cuente.
No son de menos gloria y ecelencia
los antiguos romances, donde vemos
en el número igual correspondencia.
La antigüedad y propiedad tenemos
de nuestra lengua en ellos conservada
y por ellos lo antiguo conocemos.
Cantar en ellos fue costumbre usada
de los godos, los hechos gloriosos,
y dellos fue en nosotros trasladada.
Las rapsodias que usaron los famosos
griegos, fueron sin duda de esta suerte
y los areitos índicos llorosos.
Con ellos se libraban de la muerte
y la injuria del tiempo sus hazañas
y vivía el varón loable y fuerte.
Dellos los heredaron las Españas
casi en el mismo tiempo que cantaban
los regujíos en todas las montañas.
La mesma ley que guardan hoy guardaban
los antiguos, usar los disonantes,
y esto con gran veneración usaban.
Por viciosos tenían los consonantes,
y más si eran agudas las dicciones
y por buenas las voces más distantes.
Fueron siempre estas dos composiciones
tenidas en España en grande estima
hasta que entraron nuevas invenciones.
Llamo nuevas, que el número a la rima
del grave endecasílabo, primero
floreció, que en el Lacio, en nuestro clima.
El provenzal antiguo, el sacro ibero
en este propio número cantaron,
antes que dél hiciese el Arno, impero.
El Dante y el Petrarca lo ilustraron
y otros autores y esto les debemos,
a ellos que de nosotros lo tomaron.
La justa posesión que dél tenemos
que a la musa de Tajo y catalana
se atribuye, tampoco la apliquemos.
Primero fue el Marqués de Santillana
quien le restituyó de su destierro
y sonetos dio en lengua castellana.
He querido aclarar el ciego yerro
en que viven aquellos que ignorando
esto, siguen la contra yerro a yerro.
El que en ellos escribe irá notando
la variedad de suertes que hay en ellos
que van sujetos varios demandando.
Mas tienes de advertir en el hacellos
que tengan once sílabas y mires
la contextura que los hace bellos.
Y que siempre te guardes y retires
que en agudo no acabes el acento
Porque la una sílaba no tires.
Boscán dijo sin más conocimiento:
«aquella reina que en la mar nació»,
Y uso deste troncado abatimiento.
Y Garcilaso dijo y no advirtió:
«Amor, Amor, un hábito vestí»,
y don Diego en mil versos los usó.
Lo mesmo ahora habrá de ser de mí
que citando los versos que dijeron
incurro en los que siempre aborrecí.
Al verso que cortaron, e hicieron
los agudos el número diverso
de nueva otra advertencia le añidieron.
Que para ser cabal, ornado y terso
no hiera en la penúltima, y al hiere
hará de doce sílabas el verso.
De Lasso por ejemplo se refiere:
«El río le daba dello gran noticia»,
en que alargar el número se infiere.
«De mi muerte y tu olvido la noticia»
dijo el Conde de Gelves, y Malara
«Donde de mis desdichas no hay noticia».
Si, con esto tu ingenio se prepara
no te aconsejo que al cerebro apliques
cosa de cuantas la memoria aclara.
Deja los preparados alfeñiques
la alquermes cordial, las cornerinas;
no te acuerdes de jugos, ni alambiques.
No estragues la virtud con medicinas
y dietas, ni tomes de ordinario
eleboro, anacardo y mastiquinas.
Que no hará el jugoso letuario
que hagas buenos versos, sino el Arte,
que es la perfecta hierba y herbolario.
Como della tu escrito no se aparte
y te guíe el ingenio llanamente,
puedes entre estas musas ocuparte
El verso suelto pide diligente
cuidado en el ornato y compostura,
en que vicio ninguno se consiente.
Porque como la ley estrecha y dura
del consonante no le obliga o fuerza
con ningún atamiento, ni textura,
la elegancia y cultura en él es fuerza
que supla la sonora consonancia
con que el verso se ilustra y se refuerza.
Y así hará enfadosa disonancia
si aquella parte principal no llenan
de admiración, o cosas de importancia.
A cualquier verso lánguido condenan,
flaco, o infelice en número o estilo,
y del nombre de verso lo enajenan.
Siempre deben huir del común hilo,
desviarse de bajos pensamientos,
seguir la alteza y majestad de Esquilo.
Aplícanlos a heroicos argumentos
cual hacen al hexámetro latino,
no a tiernos y a llorosos sentimientos.
Esto rió el sofístico Aretino
en su pungiente epístola a Trebacio,
que una elegía hizo en ellos al de Urbino.
Donde se pone a disputar despacio
a quién, a dónde y cómo han de aplicarse
en que llenó un burlesco cartapacio.
No se pueden valer ni aprovecharse
de licencias poéticas, ni absuelven
vicios de impropiedad para excusarse.
Pobres son de concetos los que envuelven
muchas historias, fábulas, sentencias,
y en esto sus intentos se resuelven.
Llama pobreza, y llama impertinencias
amontonar gran copia de figuras,
aunque digan en ellas ecelencias.
Andan los que esto hacen tan a scuras
como aplicar los élegos llorosos
fuera de Venus, a discordias duras.
Son yerros tan impropios y viciosos
como vestir de púrpura a los ríos
y los reyes de cárbasos muscosos.
A éstos siguen otros desvaríos
que en vana ostentación hacen su asiento
de que Dios guarde los intentos míos.
Que es mostrar general conocimiento
de antigüedad, y cosas improbables
llevando la lección por fundamento.
Advierte, que el ser raras y agradables
al oído, si son dificultosas
y ascondidas, no pueden ser loables.
Después de ser cansadas y enfadosas
del modo que has oído, son pesadas,
confusas, sin provecho y enojosas.
Todas son cosas libres y excusadas
en el noble escritor, y dinamente
de los buenos ingenios condenadas.
Sigue en esto el decoro de prudente
y no estimes en tanto que te alaben
cuanto que el sabio junto a sí te asiente.
Esto sienten aquellos que bien saben,
y esto saben aquellos que bien sienten,
en quien Minerva y las virtudes caben.
Muchas cosas permiten y consienten
las licencias poéticas, y veo
muchas que no sé yo se exenten,
Y si no fuera licencioso y feo,
ajenos yerros pregonar, yo diera
más ejemplos que rayos da Cirreo.
Y por ventura algunos advirtiera
que el vulgo estima y loa la inorancia
que alguna obstinación se redujera.
Esto hace al sujeto repunancia,
y se ve más culpable en tratar dello
que en dejallo, aunque es justo y de importancia.
Lo que escribes importa disponello
que al tiempo, ni al lugar, id a la persona
falte el decoro ni al lenguaje bello.
Cuando en vulgar de España se razona
no mezcles verso extraño, como Lasso:
«Non essermi passato oltra la gonna».
Otro afligido en un lloroso paso
dijo sus desventuras lamentando:
«Debrían de la pietá romper un sasso»
Don Guillén de Casaus a don Fernando
en muerte de doña Angela su esposa
«In tristo humor vogli occhi consumando».
Cualquiera cosa destas es viciosa
no la debe usar el que no quiero
padecer la censura rigurosa.
El que verso elegíaco escribiere
debe considerar que la grandeza
trágica, ni la cómica, requiere.
Siga un medio entre ambas, que en la alteza
de estilo a la tragedia no se iguale
ni a la comedia imite en la llaneza.
Quien de estas dos proposiciones sale
hace que mude en género de efeto,
y los quilates no le da que vale.
En su lloroso y lamentable afecto
en sentimientos tristes y afliciones,
en miserias de amor, en llanto, aprieto,
en quejas y afligidas narraciones,
en congojosas iras y gemidos
se aplican en las trágicas acciones.
En las comedias pueden ser oídos
entre el celo rabioso y la mudanza
de la astuta ramera a sus rendidos.
En alegres favores de privanza,
en fríos desdenes, en astucias viles
de siervo, o en afetos de venganza.
Sin que trates de Alcestes ni de Aquiles
en el sublime estilo, ni lo abatas
a Sosia, o Davo, en condición serviles.
Las voces deste verso han de ser gratas
al oído, no duras ni afetadas
ni ajenas de la elegia de que tratas.
Han de ser las elegias lastimadas,
blandas, tiernas, suaves, tersas, claras,
sin ser de historia o fábula ofuscadas.
Si por descuido en esto no reparas
no le das a la elegia lo que debes
y le quitas el ser, y tú disparas.
Y pues tratamos della, porque lleves
más entera noticia y puedas dalla
no así, cual piensan, con razones leves.
Has de saber que en la elegía se halla
que abraza el verso lírico, y el blando
epigrama, do puedes procuralla.
Mas advierte que yéndola buscando
hallarás conocida diferencia,
aunque a la una y otra esté abrazando.
De su esplendor consiste la ecelencia
en la estrechez del consonante asido
a la tercera rima en asistencia.
El decoro guardando que has oído
hará florida, ilustre y agradable
la elegía, y a tu nombre esclarecido.
Dejando ya el estilo lamentable
al misivo la pluma enderecemos
que no es menos difícil que loable.
Y lo primero que advertir debemos
que la epístola abunda de argumentos
varios, donde ampliamente la ocupemos.
Sirve para amorosos sentimientos
casi como la elegía, si levanta
más el estilo, voz y pensamiento.
Cosas en ella de placer se canta,
sucesos en viajes dilatados
y a varias digresiones se adelanta.
Son a chacota y mofas dedicados
los versos della y pueden si agradare
ser en mordientes sátiras usados.
Ha de tener quien della se encargare
fácil dispusición, copiosa vena,
ingenio que ni inore ni repare.
De imitaciones vaya siempre llena
puestas en su lugar precisamente,
que de otra suerte es tanto que disuena.
Dicen si van en parte diferente
que son puertas sacadas de su quicio
que ni adornan, ni sirven a la gente.
Pocos advierten de excusar un vicio
cometido de muchos escritores
que se alzan con todo este ejercicio.
Y sin que se censuren son censores
de fáciles descuidos y usan ellos
epítetos y frasis de oradores.
De quien se dice, y bien, que el no entendellos
hace esa micelánea, y no es tan leve
que haya dispensación para absolvellos.
El propio nombre inoro que se debe
al que el que ajenas obras conocidas
de otros autores aplicarse atreve.
Y con dos o tres sílabas movidas,
y una dición de su lugar trocada
las da en su nombre para ser leídas.
El que esto hace, y no repara en nada
y de ajenos trabajos se aprovecha
hace lo que la esponja en agua echada;
que tomada en la mano, si se estrecha
da el humor propio que tenía cogido
sin dar cosa, aunque da, de su cosecha.
Al que de oficio tiene estar rendido
a hurtar el conceto, o pensamiento,
o el verso ya del otro referido,
le sucede de modo que al hambriento
que come lo contrario y lo dañoso
a su salud, aunque le dé contento.
Que en comiéndolo queda muy gustoso
saboreando el gusto al apetito,
sin entender que hay más que aquel reposo.
Así, el que hurta del ajeno escrito,
aunque luego le agrada y le recrea,
le ofende al noble honor tan vil delito.
Hace que el vulgo libremente vea
su cortedad de ingenio, y manifieste
por suya aquella obcenidad tan fea.
Y justamente hace que le cueste
las plumas que le quiten y la fama,
sin que remedio a reparalle preste.
Dios libre a mis amigos desta llama,
y a los demás a gracia reducidos
vayan por donde la razón los llama.
Tres modos hay por donde son regidos
los que en ajenas obras ponen mano
y son con fuertes leyes compelidos.
Unos imitan del sermón romano,
otros hurtan, y otros puramente
traducen de otra lengua en castellano.
La imitación en tiempo conveniente
es lícita, y licencia permitida
al ingenio más alto y ecelente.
Si es de idioma ajeno deducida
en el nuestro, o imitándola en concreto,
o siendo a su propósito vestida.
Puede el más doto y puede el más discreto
en sus obras usar de imitaciones,
entre sabios tenidas por preceto.
Del hurtar, sin que usemos de razones
que de nuevo lo aclaren, están claras
del uso dél las bajas condiciones.
Y (a) sí tú, que lo sigues y lo amparas
con adotiva musa, que alimenta
la vana ostentación con que la aclaras,
mira que ese furor icareo intenta
en ese vuelo tu mortal ruina
y abatimiento, en vez de honrosa cuenta.
Es el modo tercero la divina
tradución, tan difícil cuan gloriosa
al que observa el decoro a su dotrina.
Su ley es inviolable, y religiosa,
tratada con lealtad y verdad pura,
que ni pueden quitar ni añadir cosa.
Una ececión mitiga esta ley dura
que obliga al que traduce, aunque se aparte
de la letra, siguiendo su escritura,
a conservar y aun mejorar con arte
la grandeza, primor y la ecelencia,
original, sin ofender la parte.
También se le concede por licencia
que no se obligue a voz ni a consonancia,
sino al conecto, al número y sentencia.
Al espíritu, frases y elegancia
y propiedad de lengua, levantando
el estilo en las partes de importancia.
Desto los arquetipos desgustando
promulgan una ley precisa y justa
al imitante con rigor mandando:
que si Leusin de imitaciones gusta
no adjudique por suyo lo imitado,
pues no dispensa tal la ley augusta.
Y danles mandamiento rubricado
de Apolo, a Colindón, y a Magancino,
poéticos malsines del juzgado,
que vayan cada cual por su camino,
y al que no les hiciere manifiesto:
ejecuten la ley del descamino.
Mudando ya deste discurso puesto,
vuelvo al final propósito que sigo
temiendo en tantas burlas ser molesto.
Y entre las cosas de importancia digo
que use el poeta cándidas razones
si aceto quiere ser, y a Febo amigo,
que el concurso de hórridas diciones
huya, y evite encuentro de vocales
que sonar hacen mal las oraciones.
Los poetas que aspiran a inmortales
condenan el echar a un sustantivo
tres adjetivos, aunque sean iguales.
Cual el que dijo, en un dolor esquivo:
«Amor cruel, indómito, tirano,
por quien en muerte acerba y cruda vivo».
Otro dijo: mi mal ha hecho ufano
«la dulce, alegre y fresca primavera,
con hoja, flor y fruto soberano».
Otro dijo: «¡Ay, Amor, qué hay en tu esfera
sulfúreo ardiente, horrible, eterno fuego
donde mis ansias crecen sin que muera!»
Al censor de estos términos me llego,
y así se lo aconsejo a cualquier hombre,
y si fuere mi amigo se lo ruego,
que de ellos huya, y que también se asombre
como de ver fantasmas, por vicioso,
el gerundio poner jamás por nombre.
No faltará un sofista curioso
que desentrañe a Servio y a Donato
y diga que el gerundio es poderoso
a levantar el verso, y darle ornato,
y que lo hace grave, concluyendo
que sin razón lo infamo y lo maltrato.
Y habrá mil apoetados que leyendo
esto dirán que son triviales cosas
y que las pueden enseñar durmiendo.
Que tienen mil autores y mil glosas
de donde las tomé y queriendo vello
no verán maravillas milagrosas.
Que dellos sabrán esto sin sabello,
y que dellos dirán en sus corrillos
que dellos puede Apolo, desprendello,
que dellos inflamando los carrillos
los llenarán cual Bóreas de aire vano
que al Pindo aun sea difícil resistillos.
Y a la cordura dándole de mano
darán voces diciendo ciegamente:
«Cuanto ha dicho está escrito en castellano.
Ya sabemos el río desta fuente
que es donde el cisne se baño de Apolo
con que se fertiliza su corriente».
Al que supiere le respondo sólo
por sólo responder, no respondiendo
a los que Esgueva hacen a Pactolo.
Y estoy de su metáfora riendo
dina por cierto del nativo tronco
que va musas y grajas revolviendo.
Y aplican a este coro un cisne ronco
sin ver que la dulzura de su canto
es graznar en estilo zafio y bronco.
Si me atrevo a hablar y hablo tanto,
es porque los poetísimos entiendan
que no es para aquí cisne tan maganto.
Y si sus ojos con estambre vendan,
que es a lo jumental, conozcan desto
que otros métodos hay de donde aprendan.
De los primeros tiene Horacio el puesto
en números y estilo soberano
cual en su Arte al mundo es manifiesto.
Scalígero hace el paso llano
con general enseñamiento y guía;
lo mismo el doto Cintio y Biperano.
Maranta es ejemplar de la poesía,
Vida el norte, Pontano el ornamento,
la luz Minturno, cual el sol del día.
Estos, y otros con divino aliento,
enseñen lo que el cisne no ha cantado
ni le pudo pasar por pensamiento.
Y habiendo de esto tanta copia dado
que llenar pueden dello mil Parnasos
y a Febo laurear con lo enseñado,
Acuden todos a colmar sus vasos
al oceano sacro de Stagira
donde se afirman los dudosos pasos,
se eterniza la trompa y tierna lira.
Epístola III
        Voces me da el temor de mi osadía
que remita tan célebre sujeto
al autor sacro de la luz del día.
Tiéneme en esto la razón sujeto
con los ejemplos que me trae delante
que testimonio dan de mi defeto.
Que no fue tanto el amador constante
oponerse al stigio y duro encuentro
y enternecer el muro de diamante:
ni entrar Alcides al tartáreo centro,
ligar el can, quitar de la cadena
el amigo, que opreso tenían dentro;
cuánto mi Musa de temores llena
emprender cosa que el poder humano
repuna, y el divino le condena.
Mas este miedo vergonzoso allano,
gran Señor, con teneros de mi parte
y el premio espero conseguir ufano.
Y en los versos que ahora ofrece el Arte
del cómico, y bucólico, y el claro
trágico, igual al épico de Marte.
Con tan felice y tan seguro amparo
bien puedo proseguir, sin que me impida,
el cobarde temor del vulgo avaro.
Es preceto por ley establecida
que hable pura, casta y propiamente
el poeta, y en lengua conocida.
Que no mezcle vocablo diferente
con mudar letras, o añadir diciones,
sino cual pide el Arte, y, se consiente.
Sea griego, o latino, o de naciones
bárbaras, aplicado y bien dispuesto
es usado de célebres varones.
Mas no se entiende que ha de ser compuesto
de esclavón y germano, y mixturado
de aquella suerte en otra lengua puesto.
Esto, del modo que ha de ser usado
con la decencia y culto que conviene
en otra parte queda ya tratado.
Y en esta digo es justo se condene
el que corrompe voces naturales
cual hizo Aldricio así escribiendo a Irene:
«Eres oficinaria de mis males,
indómita, crüel, lisonginosa,
de corruscantes ojos penetrales.»
Otro dijo en un ansía congojosa:
«ay me, que por estar alonjinada
manipulando estoy mi faz llorosa.»
Otro al de Gelves, «en la fuerte espada
ecedes al más ínclito herostano»,
de Heros, ved si hay voz tan mal formada.
De suerte, que hablando en castellano
si de extranjera voz se aprovecharen
no huyendo lo impuro es ser profano.
A los que desta el paso desviaren
van caminando a ser reprehendidos.
y a despeñarse cuando bien se amparen.
De dos archipoetas conocidos
una murmuración oí a un poeta
(porque usaban vocablos ascondidos.
Sclopetum llamaban la escopeta,
estapeda decían al estribo,
famélica curante a la dieta.
Al maldiciente le decían cancivo,
a la casa común de la vil gente
público alojamiento del festivo.
Carnes prívium, llamaban comúnmente
a las carnestolendas, y así usaban
de aquesta afectación impertinente.
A los propios vi un día que negaban
la diferencia en todos los sujetos
y unas voces al alto y bajo daban.
Al épico y al cómico en concetos
hacían iguales, y reían negando
el arte, y despreciaban los precetos.
Cual el vulgar sacrílego inorando,
con brutez, de las armas la destreza
y su infalible afeto no alcanzando,
aplica el buen suceso a la presteza,
o a la determinada confianza,
negando del preceto la certeza.
de modo, que por esta semejanza
al fuerte Sayas se opondrá Segura
y el vulgar diestro al único Carranza.
Esto es ajeno todo de cordura
sin proporción, ni buen conocimiento
hacer tan ciega y bárbara mixtura.
Y si no me llevara el pensamiento
arrebatado a empresa de más gloria
no dejara indiciso este argumento.
Mas volviendo al discurso y la memoria
de las composiciones, se me ofrece
la que ilustra la fábula y la historia.
Esta es la rima otava en quien florece
la heroica alteza y épica ecelencia,
y en dulzura a la lírica engrandece.
Hácense con alguna diferencia
respondiendo las voces terminadas
con variación distinta en su cadencia.
Mas en poema, aquellas son usadas
en que el Bocacio su Teseida canta
de quien primero fueron inventadas.
En variar sujetos se adelanta
a cuantas composturas hoy tenemos,
y en estilo se abaja, o se levanta.
No desdeña que en cuentos la apliquemos
ni en comedias en largas narraciones,
ni en las tragedias tristes della usemos.
En glorias amorosas, en pasiones,
en burlas, veras, mofas, risa, llanto,
elogios, epitafios, descripciones:
a todo se acomoda, y en su canto
parece bien, guardando propiamente
el decoro, que en ella importa tanto.
Dureza de diciones no consiente
ni letras que le causen aspereza
ni del verso detengan la corriente.
Pide soltura, y quiere la presteza
en el decir, sin que le ocupe cosa;
hermosura en los versos y pureza.
No guarda ley en acabar forzosa,
cuando quiere, y del modo que le agrada,
puede con facultad licenciosa.
Esta licencia no será otorgada
al soneto, que es lícito y no puede
alterar de su cuenta limitada.
Y cuando en esto alguna vez ecede,
y aumenta versos, es en el burlesco,
que en otros, ni aun burlando se concede.
Esto usó con donaire truhanesco
el Bernia, y por su ejemplo ha sido usado
este épodo, o cola, que aborrezco.
Sólo en aquel sujeto es otorgado,
mas en soneto grave, o amoroso,
por sacrílego insulto es detestado.
Tiénese de tratar con generoso
espíritu, y huir que en él se hallo
dición humilde, ni vocablo ocioso.
Con armonía tienes de adornalle,
en las rimas con gracia y hermosura,
toda pureza y, elegancia dalle.
Huir de toda oscuridad procura,
y de escrebir de modo diferente
que se habla, y hablar en lengua puro.
Usar licencia en él no se consiente
ni cosa alguna que al oír ofenda,
ni, a los números sea desconveniente.
Entre algunos poetas hay contienda
sobre si el verso puede o no cortarse,
y hay quien nos diga en contra y quien defienda.
Y tantos pareceres oigo darse,
con tanta variedad, y diferencia,
que hay duda a cuál huir, o a cuál llegarse.
Y tengo por vulgar impertinencia
no hacello, y hacello con eceso
condenaré, si vale mi sentencia.
Así, el que se desvela y trata en eso
y del Ruscelli observa los precetos,
que sobre el caso escribe un gran proceso:
Guardando la ecelencia a los sonetos,
el debido candor, y exornaciones
a la dispusición de los concetos:
no se ate a seguir observaciones
que el uso,,y natural le irán mostrando,
y de dotos escritos las leciones.
Desta incisión por ley van condenando
al que en el primer verso en los cuarteles
o en los tercetos della fuere usando.
Y condénanlo a penas tan crueles
que como a heresiarca lo relajan
los acroes del señor de los laureles.
Por este modo en la unión se encajan
y del influjo apolíneo se envisten
y al néctar dulce con acíbar cuajan.
Huyen los que este inepto coro asisten.
siguen los que en el ménalo dichoso
en paz sabrosa la ambición resisten.
Donde puedes quieto, y con reposo
consonar con las musas blandamente
y con Apolo el verso numeroso.
Y lo que el ciego Dipsas no consiente
con rudeza, o crueldad, será admitido
del que es menos severo y más prudente.
No estés del temor desto enflaquecido,
ni a tu lira le niegues la sonora
canción, de afeto y ánimo encendido.
Canta la causa en ella, y causadora
de la ardiente pasión del ciego amante
que el desdén ama, y la crueza adora.
En estilo sublime y elegante,
en oración pulida y castigada
numerosa, y de espíritu constante;
limpia, eficaz, y en voces regalada