Ejemplar poético

Part 2

Chapter 24,115 wordsPublic domain (Wikisource)

cuántos vemos en santas alabanzas

que en las suyas resuenan hoy los cantos.

Y si la fatal suerte en sus mudanzas,

ínclito Duque, el vuelo refrenara

dejándonos lograr las esperanzas;

y vuestro fébeo padre se lograra

a la tebana y a la lesbia lira,

con la dulzura dél aventajara.

Mas a pesar de su implacable ira

vivirá en nuestra bética ribera

Fernando en cuanto el sol los orbes gira.

Nuestros antiguos de la edad primera

celebraron en él sus inmortales

proezas, sin que el nombre dellas muera.

Si estos versos acaban en vocales,

son más dulces, más tersos y elegantes

y apartándose de ellas no son tales.

Si dar quisieres a los consonantes

voces agudas, puedes, conociendo

los lugares y causas importantes.

Siempre es forzoso en ellos ir diciendo

nuevas cosas, y nunca se consiente

palabra ociosa el número supliendo.

La copla será buena puramente

que en agudeza acabe o en sentencia,

y la que no, por buena no se cuente.

No son de menos gloria y ecelencia

los antiguos romances, donde vemos

en el número igual correspondencia.

La antigüedad y propiedad tenemos

de nuestra lengua en ellos conservada

y por ellos lo antiguo conocemos.

Cantar en ellos fue costumbre usada

de los godos, los hechos gloriosos,

y dellos fue en nosotros trasladada.

Las rapsodias que usaron los famosos

griegos, fueron sin duda de esta suerte

y los areitos índicos llorosos.

Con ellos se libraban de la muerte

y la injuria del tiempo sus hazañas

y vivía el varón loable y fuerte.

Dellos los heredaron las Españas

casi en el mismo tiempo que cantaban

los regujíos en todas las montañas.

La mesma ley que guardan hoy guardaban

los antiguos, usar los disonantes,

y esto con gran veneración usaban.

Por viciosos tenían los consonantes,

y más si eran agudas las dicciones

y por buenas las voces más distantes.

Fueron siempre estas dos composiciones

tenidas en España en grande estima

hasta que entraron nuevas invenciones.

Llamo nuevas, que el número a la rima

del grave endecasílabo, primero

floreció, que en el Lacio, en nuestro clima.

El provenzal antiguo, el sacro ibero

en este propio número cantaron,

antes que dél hiciese el Arno, impero.

El Dante y el Petrarca lo ilustraron

y otros autores y esto les debemos,

a ellos que de nosotros lo tomaron.

La justa posesión que dél tenemos

que a la musa de Tajo y catalana

se atribuye, tampoco la apliquemos.

Primero fue el Marqués de Santillana

quien le restituyó de su destierro

y sonetos dio en lengua castellana.

He querido aclarar el ciego yerro

en que viven aquellos que ignorando

esto, siguen la contra yerro a yerro.

El que en ellos escribe irá notando

la variedad de suertes que hay en ellos

que van sujetos varios demandando.

Mas tienes de advertir en el hacellos

que tengan once sílabas y mires

la contextura que los hace bellos.

Y que siempre te guardes y retires

que en agudo no acabes el acento

Porque la una sílaba no tires.

Boscán dijo sin más conocimiento:

«aquella reina que en la mar nació»,

Y uso deste troncado abatimiento.

Y Garcilaso dijo y no advirtió:

«Amor, Amor, un hábito vestí»,

y don Diego en mil versos los usó.

Lo mesmo ahora habrá de ser de mí

que citando los versos que dijeron

incurro en los que siempre aborrecí.

Al verso que cortaron, e hicieron

los agudos el número diverso

de nueva otra advertencia le añidieron.

Que para ser cabal, ornado y terso

no hiera en la penúltima, y al hiere

hará de doce sílabas el verso.

De Lasso por ejemplo se refiere:

«El río le daba dello gran noticia»,

en que alargar el número se infiere.

«De mi muerte y tu olvido la noticia»

dijo el Conde de Gelves, y Malara

«Donde de mis desdichas no hay noticia».

Si, con esto tu ingenio se prepara

no te aconsejo que al cerebro apliques

cosa de cuantas la memoria aclara.

Deja los preparados alfeñiques

la alquermes cordial, las cornerinas;

no te acuerdes de jugos, ni alambiques.

No estragues la virtud con medicinas

y dietas, ni tomes de ordinario

eleboro, anacardo y mastiquinas.

Que no hará el jugoso letuario

que hagas buenos versos, sino el Arte,

que es la perfecta hierba y herbolario.

Como della tu escrito no se aparte

y te guíe el ingenio llanamente,

puedes entre estas musas ocuparte

El verso suelto pide diligente

cuidado en el ornato y compostura,

en que vicio ninguno se consiente.

Porque como la ley estrecha y dura

del consonante no le obliga o fuerza

con ningún atamiento, ni textura,

la elegancia y cultura en él es fuerza

que supla la sonora consonancia

con que el verso se ilustra y se refuerza.

Y así hará enfadosa disonancia

si aquella parte principal no llenan

de admiración, o cosas de importancia.

A cualquier verso lánguido condenan,

flaco, o infelice en número o estilo,

y del nombre de verso lo enajenan.

Siempre deben huir del común hilo,

desviarse de bajos pensamientos,

seguir la alteza y majestad de Esquilo.

Aplícanlos a heroicos argumentos

cual hacen al hexámetro latino,

no a tiernos y a llorosos sentimientos.

Esto rió el sofístico Aretino

en su pungiente epístola a Trebacio,

que una elegía hizo en ellos al de Urbino.

Donde se pone a disputar despacio

a quién, a dónde y cómo han de aplicarse

en que llenó un burlesco cartapacio.

No se pueden valer ni aprovecharse

de licencias poéticas, ni absuelven

vicios de impropiedad para excusarse.

Pobres son de concetos los que envuelven

muchas historias, fábulas, sentencias,

y en esto sus intentos se resuelven.

Llama pobreza, y llama impertinencias

amontonar gran copia de figuras,

aunque digan en ellas ecelencias.

Andan los que esto hacen tan a scuras

como aplicar los élegos llorosos

fuera de Venus, a discordias duras.

Son yerros tan impropios y viciosos

como vestir de púrpura a los ríos

y los reyes de cárbasos muscosos.

A éstos siguen otros desvaríos

que en vana ostentación hacen su asiento

de que Dios guarde los intentos míos.

Que es mostrar general conocimiento

de antigüedad, y cosas improbables

llevando la lección por fundamento.

Advierte, que el ser raras y agradables

al oído, si son dificultosas

y ascondidas, no pueden ser loables.

Después de ser cansadas y enfadosas

del modo que has oído, son pesadas,

confusas, sin provecho y enojosas.

Todas son cosas libres y excusadas

en el noble escritor, y dinamente

de los buenos ingenios condenadas.

Sigue en esto el decoro de prudente

y no estimes en tanto que te alaben

cuanto que el sabio junto a sí te asiente.

Esto sienten aquellos que bien saben,

y esto saben aquellos que bien sienten,

en quien Minerva y las virtudes caben.

Muchas cosas permiten y consienten

las licencias poéticas, y veo

muchas que no sé yo se exenten,

Y si no fuera licencioso y feo,

ajenos yerros pregonar, yo diera

más ejemplos que rayos da Cirreo.

Y por ventura algunos advirtiera

que el vulgo estima y loa la inorancia

que alguna obstinación se redujera.

Esto hace al sujeto repunancia,

y se ve más culpable en tratar dello

que en dejallo, aunque es justo y de importancia.

Lo que escribes importa disponello

que al tiempo, ni al lugar, id a la persona

falte el decoro ni al lenguaje bello.

Cuando en vulgar de España se razona

no mezcles verso extraño, como Lasso:

«Non essermi passato oltra la gonna».

Otro afligido en un lloroso paso

dijo sus desventuras lamentando:

«Debrían de la pietá romper un sasso»

Don Guillén de Casaus a don Fernando

en muerte de doña Angela su esposa

«In tristo humor vogli occhi consumando».

Cualquiera cosa destas es viciosa

no la debe usar el que no quiero

padecer la censura rigurosa.

El que verso elegíaco escribiere

debe considerar que la grandeza

trágica, ni la cómica, requiere.

Siga un medio entre ambas, que en la alteza

de estilo a la tragedia no se iguale

ni a la comedia imite en la llaneza.

Quien de estas dos proposiciones sale

hace que mude en género de efeto,

y los quilates no le da que vale.

En su lloroso y lamentable afecto

en sentimientos tristes y afliciones,

en miserias de amor, en llanto, aprieto,

en quejas y afligidas narraciones,

en congojosas iras y gemidos

se aplican en las trágicas acciones.

En las comedias pueden ser oídos

entre el celo rabioso y la mudanza

de la astuta ramera a sus rendidos.

En alegres favores de privanza,

en fríos desdenes, en astucias viles

de siervo, o en afetos de venganza.

Sin que trates de Alcestes ni de Aquiles

en el sublime estilo, ni lo abatas

a Sosia, o Davo, en condición serviles.

Las voces deste verso han de ser gratas

al oído, no duras ni afetadas

ni ajenas de la elegia de que tratas.

Han de ser las elegias lastimadas,

blandas, tiernas, suaves, tersas, claras,

sin ser de historia o fábula ofuscadas.

Si por descuido en esto no reparas

no le das a la elegia lo que debes

y le quitas el ser, y tú disparas.

Y pues tratamos della, porque lleves

más entera noticia y puedas dalla

no así, cual piensan, con razones leves.

Has de saber que en la elegía se halla

que abraza el verso lírico, y el blando

epigrama, do puedes procuralla.

Mas advierte que yéndola buscando

hallarás conocida diferencia,

aunque a la una y otra esté abrazando.

De su esplendor consiste la ecelencia

en la estrechez del consonante asido

a la tercera rima en asistencia.

El decoro guardando que has oído

hará florida, ilustre y agradable

la elegía, y a tu nombre esclarecido.

Dejando ya el estilo lamentable

al misivo la pluma enderecemos

que no es menos difícil que loable.

Y lo primero que advertir debemos

que la epístola abunda de argumentos

varios, donde ampliamente la ocupemos.

Sirve para amorosos sentimientos

casi como la elegía, si levanta

más el estilo, voz y pensamiento.

Cosas en ella de placer se canta,

sucesos en viajes dilatados

y a varias digresiones se adelanta.

Son a chacota y mofas dedicados

los versos della y pueden si agradare

ser en mordientes sátiras usados.

Ha de tener quien della se encargare

fácil dispusición, copiosa vena,

ingenio que ni inore ni repare.

De imitaciones vaya siempre llena

puestas en su lugar precisamente,

que de otra suerte es tanto que disuena.

Dicen si van en parte diferente

que son puertas sacadas de su quicio

que ni adornan, ni sirven a la gente.

Pocos advierten de excusar un vicio

cometido de muchos escritores

que se alzan con todo este ejercicio.

Y sin que se censuren son censores

de fáciles descuidos y usan ellos

epítetos y frasis de oradores.

De quien se dice, y bien, que el no entendellos

hace esa micelánea, y no es tan leve

que haya dispensación para absolvellos.

El propio nombre inoro que se debe

al que el que ajenas obras conocidas

de otros autores aplicarse atreve.

Y con dos o tres sílabas movidas,

y una dición de su lugar trocada

las da en su nombre para ser leídas.

El que esto hace, y no repara en nada

y de ajenos trabajos se aprovecha

hace lo que la esponja en agua echada;

que tomada en la mano, si se estrecha

da el humor propio que tenía cogido

sin dar cosa, aunque da, de su cosecha.

Al que de oficio tiene estar rendido

a hurtar el conceto, o pensamiento,

o el verso ya del otro referido,

le sucede de modo que al hambriento

que come lo contrario y lo dañoso

a su salud, aunque le dé contento.

Que en comiéndolo queda muy gustoso

saboreando el gusto al apetito,

sin entender que hay más que aquel reposo.

Así, el que hurta del ajeno escrito,

aunque luego le agrada y le recrea,

le ofende al noble honor tan vil delito.

Hace que el vulgo libremente vea

su cortedad de ingenio, y manifieste

por suya aquella obcenidad tan fea.

Y justamente hace que le cueste

las plumas que le quiten y la fama,

sin que remedio a reparalle preste.

Dios libre a mis amigos desta llama,

y a los demás a gracia reducidos

vayan por donde la razón los llama.

Tres modos hay por donde son regidos

los que en ajenas obras ponen mano

y son con fuertes leyes compelidos.

Unos imitan del sermón romano,

otros hurtan, y otros puramente

traducen de otra lengua en castellano.

La imitación en tiempo conveniente

es lícita, y licencia permitida

al ingenio más alto y ecelente.

Si es de idioma ajeno deducida

en el nuestro, o imitándola en concreto,

o siendo a su propósito vestida.

Puede el más doto y puede el más discreto

en sus obras usar de imitaciones,

entre sabios tenidas por preceto.

Del hurtar, sin que usemos de razones

que de nuevo lo aclaren, están claras

del uso dél las bajas condiciones.

Y (a) sí tú, que lo sigues y lo amparas

con adotiva musa, que alimenta

la vana ostentación con que la aclaras,

mira que ese furor icareo intenta

en ese vuelo tu mortal ruina

y abatimiento, en vez de honrosa cuenta.

Es el modo tercero la divina

tradución, tan difícil cuan gloriosa

al que observa el decoro a su dotrina.

Su ley es inviolable, y religiosa,

tratada con lealtad y verdad pura,

que ni pueden quitar ni añadir cosa.

Una ececión mitiga esta ley dura

que obliga al que traduce, aunque se aparte

de la letra, siguiendo su escritura,

a conservar y aun mejorar con arte

la grandeza, primor y la ecelencia,

original, sin ofender la parte.

También se le concede por licencia

que no se obligue a voz ni a consonancia,

sino al conecto, al número y sentencia.

Al espíritu, frases y elegancia

y propiedad de lengua, levantando

el estilo en las partes de importancia.

Desto los arquetipos desgustando

promulgan una ley precisa y justa

al imitante con rigor mandando:

que si Leusin de imitaciones gusta

no adjudique por suyo lo imitado,

pues no dispensa tal la ley augusta.

Y danles mandamiento rubricado

de Apolo, a Colindón, y a Magancino,

poéticos malsines del juzgado,

que vayan cada cual por su camino,

y al que no les hiciere manifiesto:

ejecuten la ley del descamino.

Mudando ya deste discurso puesto,

vuelvo al final propósito que sigo

temiendo en tantas burlas ser molesto.

Y entre las cosas de importancia digo

que use el poeta cándidas razones

si aceto quiere ser, y a Febo amigo,

que el concurso de hórridas diciones

huya, y evite encuentro de vocales

que sonar hacen mal las oraciones.

Los poetas que aspiran a inmortales

condenan el echar a un sustantivo

tres adjetivos, aunque sean iguales.

Cual el que dijo, en un dolor esquivo:

«Amor cruel, indómito, tirano,

por quien en muerte acerba y cruda vivo».

Otro dijo: mi mal ha hecho ufano

«la dulce, alegre y fresca primavera,

con hoja, flor y fruto soberano».

Otro dijo: «¡Ay, Amor, qué hay en tu esfera

sulfúreo ardiente, horrible, eterno fuego

donde mis ansias crecen sin que muera!»

Al censor de estos términos me llego,

y así se lo aconsejo a cualquier hombre,

y si fuere mi amigo se lo ruego,

que de ellos huya, y que también se asombre

como de ver fantasmas, por vicioso,

el gerundio poner jamás por nombre.

No faltará un sofista curioso

que desentrañe a Servio y a Donato

y diga que el gerundio es poderoso

a levantar el verso, y darle ornato,

y que lo hace grave, concluyendo

que sin razón lo infamo y lo maltrato.

Y habrá mil apoetados que leyendo

esto dirán que son triviales cosas

y que las pueden enseñar durmiendo.

Que tienen mil autores y mil glosas

de donde las tomé y queriendo vello

no verán maravillas milagrosas.

Que dellos sabrán esto sin sabello,

y que dellos dirán en sus corrillos

que dellos puede Apolo, desprendello,

que dellos inflamando los carrillos

los llenarán cual Bóreas de aire vano

que al Pindo aun sea difícil resistillos.

Y a la cordura dándole de mano

darán voces diciendo ciegamente:

«Cuanto ha dicho está escrito en castellano.

Ya sabemos el río desta fuente

que es donde el cisne se baño de Apolo

con que se fertiliza su corriente».

Al que supiere le respondo sólo

por sólo responder, no respondiendo

a los que Esgueva hacen a Pactolo.

Y estoy de su metáfora riendo

dina por cierto del nativo tronco

que va musas y grajas revolviendo.

Y aplican a este coro un cisne ronco

sin ver que la dulzura de su canto

es graznar en estilo zafio y bronco.

Si me atrevo a hablar y hablo tanto,

es porque los poetísimos entiendan

que no es para aquí cisne tan maganto.

Y si sus ojos con estambre vendan,

que es a lo jumental, conozcan desto

que otros métodos hay de donde aprendan.

De los primeros tiene Horacio el puesto

en números y estilo soberano

cual en su Arte al mundo es manifiesto.

Scalígero hace el paso llano

con general enseñamiento y guía;

lo mismo el doto Cintio y Biperano.

Maranta es ejemplar de la poesía,

Vida el norte, Pontano el ornamento,

la luz Minturno, cual el sol del día.

Estos, y otros con divino aliento,

enseñen lo que el cisne no ha cantado

ni le pudo pasar por pensamiento.

Y habiendo de esto tanta copia dado

que llenar pueden dello mil Parnasos

y a Febo laurear con lo enseñado,

Acuden todos a colmar sus vasos

al oceano sacro de Stagira

donde se afirman los dudosos pasos,

se eterniza la trompa y tierna lira.

Epístola III

        Voces me da el temor de mi osadía

que remita tan célebre sujeto

al autor sacro de la luz del día.

Tiéneme en esto la razón sujeto

con los ejemplos que me trae delante

que testimonio dan de mi defeto.

Que no fue tanto el amador constante

oponerse al stigio y duro encuentro

y enternecer el muro de diamante:

ni entrar Alcides al tartáreo centro,

ligar el can, quitar de la cadena

el amigo, que opreso tenían dentro;

cuánto mi Musa de temores llena

emprender cosa que el poder humano

repuna, y el divino le condena.

Mas este miedo vergonzoso allano,

gran Señor, con teneros de mi parte

y el premio espero conseguir ufano.

Y en los versos que ahora ofrece el Arte

del cómico, y bucólico, y el claro

trágico, igual al épico de Marte.

Con tan felice y tan seguro amparo

bien puedo proseguir, sin que me impida,

el cobarde temor del vulgo avaro.

Es preceto por ley establecida

que hable pura, casta y propiamente

el poeta, y en lengua conocida.

Que no mezcle vocablo diferente

con mudar letras, o añadir diciones,

sino cual pide el Arte, y, se consiente.

Sea griego, o latino, o de naciones

bárbaras, aplicado y bien dispuesto

es usado de célebres varones.

Mas no se entiende que ha de ser compuesto

de esclavón y germano, y mixturado

de aquella suerte en otra lengua puesto.

Esto, del modo que ha de ser usado

con la decencia y culto que conviene

en otra parte queda ya tratado.

Y en esta digo es justo se condene

el que corrompe voces naturales

cual hizo Aldricio así escribiendo a Irene:

«Eres oficinaria de mis males,

indómita, crüel, lisonginosa,

de corruscantes ojos penetrales.»

Otro dijo en un ansía congojosa:

«ay me, que por estar alonjinada

manipulando estoy mi faz llorosa.»

Otro al de Gelves, «en la fuerte espada

ecedes al más ínclito herostano»,

de Heros, ved si hay voz tan mal formada.

De suerte, que hablando en castellano

si de extranjera voz se aprovecharen

no huyendo lo impuro es ser profano.

A los que desta el paso desviaren

van caminando a ser reprehendidos.

y a despeñarse cuando bien se amparen.

De dos archipoetas conocidos

una murmuración oí a un poeta

(porque usaban vocablos ascondidos.

Sclopetum llamaban la escopeta,

estapeda decían al estribo,

famélica curante a la dieta.

Al maldiciente le decían cancivo,

a la casa común de la vil gente

público alojamiento del festivo.

Carnes prívium, llamaban comúnmente

a las carnestolendas, y así usaban

de aquesta afectación impertinente.

A los propios vi un día que negaban

la diferencia en todos los sujetos

y unas voces al alto y bajo daban.

Al épico y al cómico en concetos

hacían iguales, y reían negando

el arte, y despreciaban los precetos.

Cual el vulgar sacrílego inorando,

con brutez, de las armas la destreza

y su infalible afeto no alcanzando,

aplica el buen suceso a la presteza,

o a la determinada confianza,

negando del preceto la certeza.

de modo, que por esta semejanza

al fuerte Sayas se opondrá Segura

y el vulgar diestro al único Carranza.

Esto es ajeno todo de cordura

sin proporción, ni buen conocimiento

hacer tan ciega y bárbara mixtura.

Y si no me llevara el pensamiento

arrebatado a empresa de más gloria

no dejara indiciso este argumento.

Mas volviendo al discurso y la memoria

de las composiciones, se me ofrece

la que ilustra la fábula y la historia.

Esta es la rima otava en quien florece

la heroica alteza y épica ecelencia,

y en dulzura a la lírica engrandece.

Hácense con alguna diferencia

respondiendo las voces terminadas

con variación distinta en su cadencia.

Mas en poema, aquellas son usadas

en que el Bocacio su Teseida canta

de quien primero fueron inventadas.

En variar sujetos se adelanta

a cuantas composturas hoy tenemos,

y en estilo se abaja, o se levanta.

No desdeña que en cuentos la apliquemos

ni en comedias en largas narraciones,

ni en las tragedias tristes della usemos.

En glorias amorosas, en pasiones,

en burlas, veras, mofas, risa, llanto,

elogios, epitafios, descripciones:

a todo se acomoda, y en su canto

parece bien, guardando propiamente

el decoro, que en ella importa tanto.

Dureza de diciones no consiente

ni letras que le causen aspereza

ni del verso detengan la corriente.

Pide soltura, y quiere la presteza

en el decir, sin que le ocupe cosa;

hermosura en los versos y pureza.

No guarda ley en acabar forzosa,

cuando quiere, y del modo que le agrada,

puede con facultad licenciosa.

Esta licencia no será otorgada

al soneto, que es lícito y no puede

alterar de su cuenta limitada.

Y cuando en esto alguna vez ecede,

y aumenta versos, es en el burlesco,

que en otros, ni aun burlando se concede.

Esto usó con donaire truhanesco

el Bernia, y por su ejemplo ha sido usado

este épodo, o cola, que aborrezco.

Sólo en aquel sujeto es otorgado,

mas en soneto grave, o amoroso,

por sacrílego insulto es detestado.

Tiénese de tratar con generoso

espíritu, y huir que en él se hallo

dición humilde, ni vocablo ocioso.

Con armonía tienes de adornalle,

en las rimas con gracia y hermosura,

toda pureza y, elegancia dalle.

Huir de toda oscuridad procura,

y de escrebir de modo diferente

que se habla, y hablar en lengua puro.

Usar licencia en él no se consiente

ni cosa alguna que al oír ofenda,

ni, a los números sea desconveniente.

Entre algunos poetas hay contienda

sobre si el verso puede o no cortarse,

y hay quien nos diga en contra y quien defienda.

Y tantos pareceres oigo darse,

con tanta variedad, y diferencia,

que hay duda a cuál huir, o a cuál llegarse.

Y tengo por vulgar impertinencia

no hacello, y hacello con eceso

condenaré, si vale mi sentencia.

Así, el que se desvela y trata en eso

y del Ruscelli observa los precetos,

que sobre el caso escribe un gran proceso:

Guardando la ecelencia a los sonetos,

el debido candor, y exornaciones

a la dispusición de los concetos:

no se ate a seguir observaciones

que el uso,,y natural le irán mostrando,

y de dotos escritos las leciones.

Desta incisión por ley van condenando

al que en el primer verso en los cuarteles

o en los tercetos della fuere usando.

Y condénanlo a penas tan crueles

que como a heresiarca lo relajan

los acroes del señor de los laureles.

Por este modo en la unión se encajan

y del influjo apolíneo se envisten

y al néctar dulce con acíbar cuajan.

Huyen los que este inepto coro asisten.

siguen los que en el ménalo dichoso

en paz sabrosa la ambición resisten.

Donde puedes quieto, y con reposo

consonar con las musas blandamente

y con Apolo el verso numeroso.

Y lo que el ciego Dipsas no consiente

con rudeza, o crueldad, será admitido

del que es menos severo y más prudente.

No estés del temor desto enflaquecido,

ni a tu lira le niegues la sonora

canción, de afeto y ánimo encendido.

Canta la causa en ella, y causadora

de la ardiente pasión del ciego amante

que el desdén ama, y la crueza adora.

En estilo sublime y elegante,

en oración pulida y castigada

numerosa, y de espíritu constante;

limpia, eficaz, y en voces regalada