Ejemplar poético

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Ejemplar poético de Juan de la Cueva

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Ejemplar poético Ejemplar poético Juan de la Cueva

Epístola I

        Sobre el ingenio y arte disputaron

Palas y el fiero hijo de la Muerte

a quien del cielo por odioso echaron.

La sabia diosa su razón convierte

en decir que el ingenio sin el arte

es ingenio sin arte cuando acierte.

De estas dos causas seguiré la parte

por do el ingenio inspira, el arte adiestra

sin que de su propósito me aparte.

Si admite la deidad sagrada vuestra,

Fébeas cultoras de Helicón divino,

comunicarse a la bajeza nuestra.

Y adiestrándome vos por el camino

de la vulgar rudeza desviado,

a su brutez profana siempre indino,

llegaré al punto en que veréis cantado

lo que el Arte al ingenio perfecciona,

y de quien es, si ha de acertar, guiado.

Sujeto es que repuna y abandona

de la mortal graveza la ignorancia,

y con puros espíritus razona.

Entre ellos hace dulce consonancia,

de quien recibe el numeroso acento

que lo adorna de afectos, y elegancia.

Vos a quien Febo Apolo da su asiento

y las Musas celebran en su canto

y el vuestro escuchan con discurso atento;

en mi temor que dificulta tanto

la extraña empresa, y me promete cierto,

la caída en el vuelo que levanto:

por este perturbado mar incierto

naufragando mi nave va a buscaros,

pues sois mi norte, a que seáis su puerto.

No va cargada -gran Fernando- a daros

ricas piedras de Oriente, ni preciosos

aromas, con que pueda regalaros.

Dones son los que os lleva más gloriosos,

de más estima, y de mayor riqueza

para la eternidad más poderosos.

De esta segura suerte la grandeza

se adquiere con los números, que el vuelo

cortan al tiempo en su mortal presteza.

Estos, son los que igualan con el cielo

los nombres, y así deben adornarse

con esplendor cual su lustroso velo.

De muchas cosas deben apartarse,

y otras muchas seguir precisamente

y por ley unas y otras observarse.

El verso advierta el escritor prudente

que ha de ser claro, fácil, numeroso

de sonido, y espíritu excelente.

Ha de ser figurado, y copioso

de sentencias, y libre de dicciones

que lo hagan humilde u escabroso.

La elevación de voces y oraciones

sublimes, muchas veces son viciosas

y enflaquecen la fuerza a las razones.

Vanse tras las palabras sonorosas

la hinchazón del verso, y la dulzura,

tras las sílabas llenas, y pomposas.

Entienden que está en esto la segura

felicidad y luz de la poesía

y que sin esto es lo demás horrura,

Si el verso consta sólo de armonía

sonora, de razones levantadas, 65

ni fuerza a más, bien siguen esa vía.

Mas si las cosas han de ser tratadas

con puntual decoro del sujeto

faltaran, de ese modo gobernadas.

No explica bien el alma de un conceto

el que se va tras el galano estilo

a la dulzura del hablar sujeto.

Ni el que del vulgo sigue el común hilo

en término, y razones ordinarias

cual en su ditirámbica Grecilo.

Entrambas a dos cosas son contrarias

a la buena poesía, en careciendo

del medio, con las partes necesarias.

Caerá en el mismo yerro el que escribiendo

puramente en lenguaje castellano

se sale de él por escribir horrendo.

Cual ya dijo un poeta semi hispano

el centimano Gigans que vibraba,

que ni habló en romance, ni en romano.

Otro que de elevado se elevaba

dijo, el sonoro son y voz de Orfeo,

en mi espíritu interno modulaba.

Esta escabrosidad de estilo es feo,

sin ingenio, y sin arte, que es la llave

con que se abre el celestial museo.

Ha de ser el poeta dulce, y grave,

blando en significar sus sentimientos,

afectuoso en ellos, y suave.

Ha de ser de sublimes pensamientos,

vano, elegante, terso, generoso,

puro en la lengua, y propio en los acentos.

Ha de tener ingenio y ser copioso,

y este ingenio, con arte cultivallo,

que no será sin ella fructuoso.

Fruto dará, mas cual conviene dallo

no puede ser, que ingenio falto de arte

ha de faltar si quieren apretallo.

No se puede negar que no es la parte

más principal, y que sin arte vemos

lo que Naturaleza le reparte.

Y aunque es verdad que algunos conocemos

que con su ingenio sólo han merecido

nombre, lugar común les concedemos.

Que el nombre de poeta no es debido

sólo por hacer versos, ni el hacellos

dará más, que el hacello conocido.

Este renombre se le debe a aquellos

que con erudición, dotrina, y ciencia

les dan ornato que los hacen bellos.

Vístenlos de dulzura y elocuencia,

de varias y hermosas locuciones,

libres de la vulgar impertinencia.

Hablan por elegantes circuiciones,

usan de las figuras convenientes

que dan fuerza a exprimir sus intenciones.

Los poetas que fueren diligentes

observando la lengua en su pureza

formarán voces nuevas de otras gentes.

No a todos se concede esta grandeza

de formar voces, sino a aquel que tiene

excelente juicio, y agudeza.

Aquel que en los estudios se entretiene

y alcanza a discernir con su trabajo

lo que a la lengua es propio, y le conviene.

Cuál vocablo es común, y cuál es bajo,

cuál voz dulce, cuál áspera, cuál dura,

cuál camino es seguido, y cuál atajo:

Este tiene licencia en paz segura

de componer vocablos, y este puede

enriquecer la lengua culta y pura.

Finalmente, al que sabe, se concede

poder en esto osar, poner la mano,

y el que lo hace sin saber, excede.

Por este modo fue el sermón romano

enriquecido con las voces griegas,

y peregrinas, cual lo vemos llano.

Y si tú que lo ignoras, no te allegas

a seguir esto, y porque a ti te admira

lo menosprecias, y su efecto niegas,

lo propio dice el Sabio de Stagira

a quien Horacio imita doctamente

en dulce, numerosa y alta lira.

Si formaren dicción, es conveniente

que sea tal de la oración el resto

que autoridad le dé a la voz reciente.

No se descuide en la advertencia de esto,

y en cuáles son las letras con que suenan

bien, y con cuáles mal lo que es compuesto.

Vocablos propios muchos los condenan

por simples, mas las voces trasladadas

y ajenas, por dulcísimas resuenan.

Voces antiguas hacen sublimadas

con majestad y ser las oraciones,

si las palabras son bien inventadas.

La oración hacen grave las dicciones

inusitadas, y serás loado

si cuerdamente ordenas, y dispones.

Una cosa encomienda más cuidado

que en cualquiera sujeto que tratares

siga siempre el estilo comenzado.

Si fuera triste aquello que cantares

que las palabras muestren la tristeza

y los afectos digan los pesares.

Si de Amor celebrares la aspereza,

la impaciencia y furor de un ciego amante,

de la mujer la ira y la crueza:

este decoro has de llevar delante

sin mezclar en sus rabias congojosas

cosa que no sea de esto semejante.

Si de cosas tratares deleitosas

las razones es justo que lo sean;

si de fieras, sean fieras y espantosas.

Acomoda el estilo que en él vean

las cosas que tratares tan al vivo

que tu designo por verdad lo crean.

Pinta al Satúrneo Júpiter esquivo

contra el terrestre bando de Briareo

y al soberbio Jayán, en vano altivo.

Celosa a Juno, congojoso a Orfeo,

hermosa a Hebe, lastimada a Ino,

a Clito bello, y sin fe a Tereo.

No estará la virtud en su divino

trono entre el Ocio vil y Gula vana

por ser lugar a su deidad indino.

Ni la corona sacra de Ariadna

esmaltada de formas celestiales

estará bien ciñendo frente humana:

estas partes son todas principales

en el Arte, y si en ellas no se advierte

errarán en las cosas esenciales.

Y vendrá a sucederles de la suerte

que en la lira una cuerda destemplada

en disonancia las demás convierte.

En la salud del hombre deseada

una señal de muerte, en mil de vida,

basta para que muera y sea acabada.

Si la obra en que tienes consumida

con largo estudio, y con vigilia eterna

la mejor parte de tu edad florida;

si abstinente de Baco, y de la tierna

Venus, que los espíritus enciende

y las almas destempla, y desgobierna:

Si Apolo que te inspira, la defiende

si le faltó la parte de inventiva

de do el alma poética depende:

no puede ufana alzar la frente altiva

ni tú llamarte con soberbia Homero,

si le hace la fábula que viva.

De este yerro culparon al severo

Scalígero, y de esto anduvo falto

en su Arte Poética el primero.

Castigo fue que vino de lo alto

que él criticó al Obispo de Cremona

y a él le dan por la inventiva asalto.

Así el que aspira a la Febea corona

observe la Poética imitante

que es la vía a la cumbre de Helicona.

Parte, ni fuerza tiene tan bastante,

ni más vida, ni esencia, cuanto tiene

de fábula, que en ella es lo importante.

Después de saber esto le conviene

al pierio Poeta usar bien de ello

como no exceda al Arte, ni disuene.

De tal modo es forzoso disponello

que nadie inore, y sea a todos claro

sin que la oscuridad prive entendello.

Ha de ser nuevo en la invención y raro,

en la historia admirable, y prodigioso

en la fábula, y fácil el reparo.

Ningún preceto hace ser forzoso

el escribir verdad en la poesía,

mas tenido en algunos por vicioso.

La obra principal no es la que guía

solamente a tratar de aquella parte

que de decir verdad no ¡se desvía.

Mas en saber fingilla de tal arte

que sea verisímil, y llegada

tan a razón, que de ella no se aparte.

Nicandro en su Triaca celebrada

dicen que no es poeta, y que Lucano

no lo fue en su Farsalia laureada.

Históricos los llama Quintiliano

porque tanto a la Historia se llegaron.

Poetas a Platón y Luciano.

Estos que en sus poesías se apartaron

de la inventiva son historiadores

y poetas aquellos que inventaron.

No se dan del Parnaso los honores

por solo hacer versos, aunque hagan

más que Favonio da a los Samios flores.

Cuando se alarguen más, y satisfagan

al común parecer, en careciendo

de intención, con poco honor les pagan.

Así, a los que este ingenio va encendiendo

son metrificadores, no poetas

cual fue Empedocles que lo fue siguiendo.

Di tú, que a la invención no te sujetas

y quieres que tu fama sea gloriosa,

¿sin ellas, cuáles obras hay perfetas?

Di, ¿cómo será especie de otra cosa

aquella que debajo no estuviere

de su género? o ¿cómo provechosa?

Cuando uno o más versos escribiere

dando poemas cada día diversos,

no es eso, lo que en esto se requiere.

Menos hace un poeta en hacer versos,

que en fingir, y fingiendo satisface,

y no fingiendo cuando sean más tersos.

Así, el que escribe al modo que le aplace

sin sujetarse a reglas ni precetos,

de estimación carece lo que hace.

Los versos de esta suerte más perfetos

son oro con alquimia, o sin quilates,

que valen, pero poco entre discretos.

No faltará quien llame disparates

esto que voy diciendo, no entendido,

ni tratado cual cumple que lo trates.

Y será tu razón, si en el oído

suenan bien, si la lengua es propia y pura,

alto el conceto, el verso bien medido.

Si de cualquier dición, común o dura,

se aparta, y va esmaltado de sentencias

y pone a cada paso una figura.

Si en las imitaciones, y licencias

poéticas, se hace lo posible,

déjennos ya estas críticas sentencias.

No tengas lo que digo por terrible,

ni lo que tú respondes por seguro,

ni a solo tu conceto por creíble,

Cuando tú hables en lenguaje puro,

cuando sea tu canto levantado,

cuando huya el vulgar y frasis duro.

¿Qué piensas tú que importa ese cuidado

si en lo que imitas perfección no guardas,

hermosura en lenguaje, y verso ornado?

¿Qué piensas tú que importa, cuando ardas

el corazón, y el alma, alambicando

el cerebro, tras ver lo que no aguardas?

Si en esas obras que te vas cansando

ni enseñas, ni deleitas, que es oficio

de los que siguen los que vas mostrando:

luego, razón será imputarle a vicio

al que de esto se aparta en su poesía

aunque se sueñe a Febo el más propicio.

En otro yerro incurre el que confía

en adornar los versos de dicciones

graves, dulces, que hagan armonía.

Si por subir de punto las razones

usa vocablos altos aplicados

en tiempos diferentes, y ocasiones.

Si los que son del tierno Aleman usados

en la dulzura de la blanda lira,

en la trompa de Homero son cantados.

Ni bien con ellos cantarán la ira

de Marte, ni de Amor los sentimientos

si del curso debido se retira.

A cada estilo apliquen sus acentos

propios, a su propósito y decoro,

no sólo tras la voz de los concentos.

Febo se agrada y su piério coro

que se use en la lírica terneza

el verso dulce, fácil y sonoro.

Y por el consiguiente a la grandeza

heroica, aplica los vocablos fieros

con que se sinifique su fiereza.

Peregrinos vocablos, y extranjeros

sirven a su propósito, y mezclallos

permitido, es también con los íberos.

Mas deben con tal orden aplicallos

que su economía y su decoro sea

en el nuevo idioma trasladallos.

El que en este propósito desea

alabanza, guardando los precetos

junte al provecho aquello que recrea.

Y tome solamente los sujetos

a que su ingenio más se aficionare

sin que en ellos violente los efetos.

Vaya por donde el mismo le guiare

sin torcer, ni hacelle repunancia

que imposible será si no acertare.

El ingenio da fuerza a la elegancia

es la fuente, y el alma a -la inventiva,

y sin él, todo hace disonancia.

Mas importa advertir, que cuando esquiva

un sujeto, que huyan de forzallo,

que de acertar, formándolo, se priva.

Cual acontece al marcial caballo

revolver rehusando la carrera

sin poder arte o fuerza gobernallo:

Mas si el diestro jinete considera

la causa oculta, y con mudalle el puesto

hace lo que al apremio no hiciera.

Claro tenemos el ejemplo de esto

en el que hizo el «Sueño» a la viuda,

y a Venus el jardín tan deshonesto.

Que siempre fue su Musa tosca y muda,

en no siendo lasciva y descompuesta,

y en siendo obcena, fácil fue y aguda.

Otra Musa siguió los pasos de ésta

y de su mala inclinación el uso

cual en sus torpes obras manifiesta;

que ninguna de muchas que compuso

de sujetos de ingenio y regalados

dejó de dar molestia y ser confuso;

y como fuesen versos aplicados

a pullas, que era el centro de su ingenio,

fue admirable y los versos extremados.

Yo conocí un poeta cuyo genio

se aplicó siempre a varios argumentos,

y en especial a los que el dato Ennio.

Astro no dio favor a sus intentos,

ni jamás hizo cosa en que no viesen

lánguidos versos, bajos pensamientos.

Y como sus amigos le advirtiesen

del bruto estilo, y zafia compostura,

y los propios escritos lo dijesen:

echó de ver que toda su escritura

era sin arte y llena de rudeza,

sin medida, ni buena contextura.

Que las cosas comunes sin alteza

en lugares sublimes colocaba,

y las sublimes las ponía en bajeza.

Que en los sagrados épicos usaba

concetos ordinarios, inorando

la majestad que en ellos demandaba.

Que nos les iba a sus escritos dando

hermosura con flores y figuras,

que en variedad los fuesen esmaltando.

Que las diciones ásperas y duras

no supo corregir, y usando de ellas

las nuevas ofuscó y dañó las puras.

Sin alcanzar, después de no entendellas,

consistir la ecelencia a la Poesía

en variedad de elocuciones bellas.

En esta congojosa fantasía

su triste y laso espíritu rendido

a mil perturbaciones le ofrecía.

Lleno de confusión, entristecido,

rompió el silencio, levantando al Cielo

la voz diciendo, de dolor movido:

¡Oh, tú, Deidad que el tenebroso velo

de la caliginosa sombra ahuyentas

con luz divina, esclareciendo el suelo.

¡Oh, tú que los espíritus alientas

y con tu influjo celestial inspiras

las que en tu solio y a tu lado asientas:

Y coronando de laurel sus liras,

su gloria haces cual la tuya eterna,

y hombres y orbes con su canto admiras.

Si el mío tu sacro espíritu gobierna,

si en mis escritos invoqué tu nombre,

y en la dulzura de mi Musa tierna:

dime, ¡ay de mí!, ¿por qué no hallo un hombre,

ya que tú desdeñas de escucharme,

que en oyendo mis versos no se asombre?

¿Dejo de trabajar, y fatigarme

en el cómico y trágico argumento,

y en las sátiras libres desvelarme?

¿Dejo de hacer notorio el sentimiento

de mis ansias, en élegos llorosos,

y en líricos suaves mí tormento?

¿Dejo de celebrar héroes famosos

en verso heroico, a Marte consagrado,

y en épicos, oráculos gloriosos?

Si en esto, como sabes, he gastado

mi alegre juventud, y en alabanza

de dioses cien mil himnos he cantado,

¿por qué permites sin hacer mudanza

que en tan infame abatimiento vea

de mis largos trabajos la esperanza,

y que no hay sabio ni hay vulgar que lea

mis obras, que no vuelva el rostro dellas

el que más las alaba y lisonjea?

¿Es justo así que sufra escarnecellas?

¿Es justo así ver yo menospreciallas?

¿Es justo así que dejes tú ofendellas?

Si no es justo, y tú debes amparallas,

como deidad suprema y retor suyo,

acude, ¡oh, sacro Apolo!, a remediallas.

Acude a este sufragáneo tuyo,

acude, Apolo, a la infelice suerte

en que en tan triste deshonor concluyo.

Revélame algún arte con que acierte

a hacerme estimar y ser de aquellos

a quien tu aliento en otro ser convierte.

Ya podiste sacar alguno dellos

de oficios viles de alquilada gente,

y preferir los cómicos más bellos.

Y de un sueño podiste solamente

hacer poeta al que guardaba cabras

y que en tu coro junto a ti se asiente.

Estas no son quimeras, ni palabras;

cosas son pregonadas y sabidas

que en tus divinas oficinas labras.

Cosas son a ti Bolo concedidas,

y a quien ofrezco humilde y congojoso

estas húmidas lágrimas vertidas.

Esto diciendo, le juntó un sabroso

sueño los blancos párpados, quedando

a su dulzor rendido con reposo.

Y estuvo de esta suerte reposando

lo que la oscura sombra cubrió el mundo,

con Febo, según dijo, consultando.

Y resultó de allí, que en su profundo

sueño, le reveló el conocimiento

de aquello en que su ingenio era fecundo.

Sacudió el perezoso encogimiento

que tenía sus nervios impedidos

con la dulzura del netáreo aliento.

Revolvió sus papeles conocidos

de tantos años, con afanes tantos

sustentados a fuerza y defendidos.

Y dijo, ya no quiero más quebrantos

en esta ceguedad, sirva el anillo

de Ciges que deshaga estos encantos.

El ingenio que supo mal regillo,

arrebatado de él, cativo y ciego

por tantos disparates, di en seguillo;

ahora que a la sacra luz me llego

estas obras que hice sin seguilla,

contra mi natural, mueran en fuego.

Sin más hablar, ¡oh, extraña maravilla!

que un hombre así con su opinión casado

poder tan fácilmente reducilla:

Y cuanto tenía escrito y trabajado

por este parecer que eligió solo

sin dejar hoja, al fuego fue entregado.

Y por acuerdo, cual decía, de Apolo

siguió lo que en su ingenio le ditaba,

y lo demás que le dañó, dejólo.

Y de tal modo desde allí observaba

las leyes de su ingenio, que ninguna

por ocasión ni fuerza traspasaba.

conociendo contraria su fortuna

de lo que fue, huyó constantemente

cuanto el ingenio con hastío repuna.

dio en hacer coplas de plebeya gente

sin majestad heroica ni artificio,

en que su natural era ecelente.

A Séneca dejó el lloroso oficio

de la tragedia, a Plauto y a Cecilio

de la vulgar comedia el ejercicio.

Cantar las armas remitió a Virgilio,

al de Ascra de Dioses -y labores,

a quien dio Apolo celestial auxilio.

La lírica dulzura y los amores

a Horacio y a Tibulo, y al fogoso

Juvenal murmurar vicios y honores.

Y un argumento humilde, aunque gracioso,

eligió, que su ingenio lo dispuso,

en que ecedió al más alto y generoso,

Libre del Caos que le traía confuso,

cantó, en heroico plectro la ecelencia

de la Tarasca, con ingenio infuso.

Cantó su natural y descendencia,

el origen, la causa, el fundamento

de hacer en Sevilla su asistencia.

Por qué sale en tal fiesta y con qué intento

se le entregó a la gente que la tiene

a su cargo, y dó fue su alojamiento.

Esto vistió de cuanto en sí contiene

un heroico poema, sin faltalle

parte de cuantas observar conviene.

De aquí nació seguille, y estimalle,

y entre los más ilustres escritores

la Tarascana nombre eterno dalle.

Mereció conseguir estos honores

porque siguió su ingenio y dejó aquello

que fue ocasión de todos sus errores.

Cherillo mereció de no hacello

la poca estimación, y la memoria

que en tal abatimiento fue a ponello.

De la gloriosa Atenas la vitoria

contra Jerjes cantó, de ingenio opreso

y cómo, opreso así, le dio la gloria.

Tenga el poeta en la memoria impreso

esto, y con este ejemplo no se aparte

de lo que tengo del ingenio expreso,

quél es la forma y la materia el Arte.

Epístola II

        Con nueva voz y, espíritu divino

aspirado de vos, prosigo el canto

que de toda alabanza haréis dino.

Y entre las musas del Pierio santo

en igual armonía el nombre vuestro

la mía celebre, sin dudoso espanto.

Bien conozco cuán próspero y cuán diestro

tengo el cielo en teneros de mi parte

cual bien en mi empezada labor muestro.

Algunos quieren que llamemos Arte

esta que llamo epístola, y algunos

dicen que de estos títulos se aparte.

Poético Ejemplar me dicen unos

que se diga, y no sé cómo es posible

no ser tales renombres importunos.

Por ellos considero, y veo visible

vibrar la horrible lanza al pecho mío

que a Lycambe la muerte dio terrible,

y no por eso han de hallar vacío

en que sus vanos silogismos puedan

caber, ni su insolente desvarío.

Que cuando a mi trabajo se concedan

la gloria que los sabios le conceden;

los que dejan de serlo, no lo vedan.

Ni puedes más del modo que proceden,

que tocar en la haz con sucias heces,

mientras los tiempos desta suerte rueden.

Y en cuanto que los rígidos jueces

llenos de austeridad, y oscuro estilo

de la Parca letal toman las veces.

Y aunque Minerva labre el sutil hilo

y sea labor de su divina mano

lo profanan y entregan a su filo.

Yo que con vuestro aliento surco ufano

el proceloso mar de su fiereza

donde es inútil el remedio humano.

Acudo a que me ayude la grandeza

de vuestra excelsitud, para que cante

de nuestro español verso la belleza.

De nuestro español verso el elegante

método, el armonía y la dulzura

a la griega y latina semejante.

En qué verá el que sabe de escritura

ser capaz de admitir cuántos sujetos

ofrece la poética letura.

Y los que fueren dotos y discretos

halláranse en las coplas castellanas

aptas para explicar altos concetos.

En noble antigüedad en las grecianas

liras se halla, en el trocaico verso

que es el nuestro, y lo propio en las romanas.

Esto es notorio en todo el universo,

esto dicen los sabios escritores

y esto hace y conoce el más adverso.

Esto vemos cantar de los mayores

que su número y sílabas guardaron,

cual hizo Anacreón y otros autores.

Los poetas modernos le aplicaron

la consonancia propia que tenía

en la lengua vulgar que le hallaron.

Deste género vemos cada día

algunas coplas hechas en Italia,

faltas de su donaire y gallardía.

Que a sola España concedió Castalia

por natural, cantar en su idioma

liras de Marte y fuegos de Acidalia.

Y el que en el suyo fuera deste toma

trabajo de escrebir, es propiamente

corneja, que ni es cuervo ni paloma.

A imitación del lacio diligente

nuestros números sacros resonaron

en la gálica lira en voz ardiente.

De amor los blandos juegos celebraron

con más feliz espíritu que fueron

los italos y más se levantaron.

Mas en la perfección en que pusieron

nuestros mayores esta compostura

a todas las naciones prefirieron.

En ninguna se halla la dulzura

que en la nuestra, la gracia y la terneza,

la elegancia, el donaire y hermosura.

Si aplicallo quisieres a la alteza

heroica, cual ya hizo Juan de Mena,

bien lo puedes fiar de su grandeza.

Si a pasiones de amor, si a llanto y pena,

con Garci-Sánchez puedes conformarte

cuya musa de gloria el mundo llena.

Si a fábulas quisieres aplicarte,

a cartas, epitafios y otras cosas,

Don Diego en él nos ha enseñado el arte.

Baltasar del Alcázar en graciosas

epigramas lo usó, y el numeroso

Burguillos en sus dulces y altas glosas.

El singular en gracia, el ingenioso

Lope de Rueda, el cómico tablado

hizo ilustre con él, y deleitoso.

El gran Pedro Mejía, el extremado

Juan Iranzo, en las justas de los santos

en que fue el uno y otro laureado.

En este verso celebraron tantos