Dramas de Guillermo Shakspeare [vol. 4]

Part 16

Chapter 163,885 wordsPublic domain

LA CORTESANA (_á Antífolo de Éfeso._)--Señor, es necesario que me volváis este diamante.

ANTÍFOLO DE ÉFESO.--Helo aquí, tomadle, y muchas gracias por vuestra buena carne.

LA ABADESA.--Ilustre duque, dignaos daros la molestia de entrar con nosotros en esta abadía; oiréis la historia entera de nuestras aventuras. Y vosotros todos, que estáis reunidos en este lugar y que habéis sufrido algún perjuicio por las equivocaciones recíprocas de este día, venid, acompañadnos, y tendréis plena satisfacción. Durante veinticinco años enteros, he sufrido los dolores del alumbramiento, á causa de vosotros, hijos míos, y no es sino en esta hora cuando estoy al fin desembarazada de mi penoso fardo. El duque, mi marido, mis dos hijos y vosotros que marcáis la fecha de su nacimiento, venid conmigo á una fiesta de puerperio; á tan largos dolores debe suceder tal natividad.

EL DUQUE.--Con todo mi corazón; quiero apadrinar esta fiesta. (_Salen el duque, la abadesa, Ægeón, la cortesana, el mercader y el séquito._)

DROMIO DE SIRACUSA.--(_A Antífolo de Éfeso._) Mi amo, ¿iré á tomar vuestro equipaje á bordo?

ANTÍFOLO DE ÉFESO.--Dromio, ¿qué equipaje á bordo has embarcado?

DROMIO DE SIRACUSA.--Todos vuestros efectos, señor, que teníais en el albergue del Centauro.

ANTÍFOLO DE SIRACUSA.--Es á mí á quien quiere hablar: soy yo, quien soy tu amo, Dromio. Vamos, ven con nosotros: trataremos de arreglar eso más tarde: abraza á tu hermano y diviértete con él. (_Los dos Antífolos salen._)

DROMIO DE SIRACUSA.--Hay en la casa de vuestro amo una amiga gorda, que hoy en la comida me ha ENCOCINADO tomándome por vos. En lo sucesivo será mi hermana y no mi esposa.

DROMIO DE ÉFESO.--Me parece que sois mi espejo en lugar de ser mi hermano. Veo en vuestro rostro que soy un muchacho bonito. ¿Queréis entrar para ver su fiesta?

DROMIO DE SIRACUSA.--No es á mí, señor, á quien toca pasar el primero: sois el mayor.

DROMIO DE ÉFESO.--Es una cuestión: ¿cómo la resolveremos?

DROMIO DE SIRACUSA.--Tiraremos á la paja corta para decidirla. Hasta entonces, pasa tú delante.

DROMIO DE ÉFESO.--No, tengámonos así. Hemos entrado en el mundo como dos hermanos: entremos aquí mano en mano y no uno delante del otro. (_Salen._)

* * * * *

LAS ALEGRES COMADRES DE WINDSOR.

TRADUCCIÓN DE

JOSÉ ARNALDO MÁRQUEZ.

Ilustración de _P. Thumann_.

Grabados de _H. Günther_.

PERSONAJES.

SIR JOHN FALSTAFF.

FENTON.

POCOFONDO.--Juez de paz de campaña.

SLENDER, primo de Pocofondo.

Mr. FORD, } Caballeros residentes en Windsor. Mr. PAGE, }

GUILLERMO PAGE, menor, hijo de Mr. Page.

Dr. HUGH EVANS, cura galo.

EL DOCTOR CAIUS, médico francés.

EL POSADERO DE LA LIGA.

BARDOLF, } PISTOL, } Acompañantes de Falstaff. NYM, }

ROBIN, paje de Falstaff.

SIMPLE, criado de Slender.

RUGBI, criado del Doctor Caius.

SEÑORA FORD.

SEÑORA PAGE.

SEÑORITA ANA PAGE, su hija, enamorada de Fenton.

SEÑORA APRISA, criada del Dr. Caius.

CRIADOS DE PAGE, DE FORD, ETC.

La escena pasa en Windsor y sus alrededores.

ACTO I.

ESCENA I.

En Windsor, delante de la casa de Page.

Entran el juez POCOFONDO, SLENDER y Sir HUGH EVANS.

POCOFONDO.

No tratéis de disuadirme, sir Hugh. Llevaré este asunto á la alta corte de justicia para lo criminal. Así valiera sir Juan Falstaff veinte como él, no ofenderá á Roberto Pocofondo, escudero.

SLENDER.--En el condado de Glocester, Juez de paz y _coram_.

POCOFONDO.--Sí, primo Slender, y _Cust-alorum_.

SLENDER.--Sí, y también _ratolorum_, gentilhombre de nacimiento, señor cura, que se firma _armígero_ en todos los actos, notas, recibos, mandatos y obligaciones: _armígero_.

POCOFONDO.--Sí, que lo hacemos y lo hemos hecho invariablemente en estos últimos trescientos años.

SLENDER.--Todos sus sucesores que han vivido antes que él, lo han hecho; y todos sus antepasados que han de venir después de él podrán hacerlo. Podrán exhibir los doce lucios en su casaca.

POCOFONDO.--Es una antigua casaca.

EVANS.--Sienta muy bien á una casaca antigua una docena de lucios. Lo uno se aviene muy bien con lo otro. Es un animal familiar al hombre: un emblema de amor.

POCOFONDO.--El lucio es pescado fresco: la casaca antigua es pescado salado.

SLENDER.--¿Puedo hacer tercio, primo?

POCOFONDO.--Sin duda alguna, si os casáis.

EVANS.--Pues si entra en tercio, de seguro que no podrá hacer sino mal tercio.

POCOFONDO.--De ninguna manera.

EVANS.--Por nuestra señora, que sí. Si él toma un tercio de vuestra casaca, no quedarán, en mi humilde juicio, sino los otros tercios para vos. Pero todo sale á lo mismo. Si el caballero Falstaff ha cometido algún desacato hacia vos, miembro soy de la iglesia y me emplearía de todo corazón en hacer mediar desagravios y avenimientos.

POCOFONDO.--No; la alta corte habrá de tomar noticia de esto. Hay rebelión.

EVANS.--No es propio que se le haga oir de tal asunto. En las rebeliones no hay temor de Dios y el Consejo preferirá oir hablar del temor de Dios más bien que de una rebelión. Considerad esto.

POCOFONDO.--¡Ah, por vida mía! Si fuese joven aún, esto acabaría á estocadas.

EVANS.--Más vale que sean los amigos y no la espada quien termine esto. Y además, tengo en la cabeza un proyecto que quizás tenga ventajosos resultados. Hay una Ana Page, hija del señor Jorge Page, que es una guapa doncella.

SLENDER.--¿La señorita Ana Page? Tiene cabellos castaños y habla tímidamente como cumple á una mujer.

EVANS.--De cuantas hay en el mundo, es ella precisamente la que podríais desear. Y su abuelo (guárdele Dios una resurrección feliz) en su lecho de muerte le dejó setecientas libras en dineros, y oro y plata, para cuando cumpla los diez y siete años. Sería cosa muy cuerda dejar vuestras disputas y procurar un matrimonio entre el señor Abraham y la señorita Ana Page.

POCOFONDO.--¿Setecientas libras le dejó su abuelo?

EVANS.--Sí, por cierto. Y su padre le dará aún mejor caudal.

POCOFONDO.--Conozco á la señorita: tiene buenas prendas.

EVANS.--Setecientas libras y esperanzas de heredar más, no son malas prendas.

POCOFONDO.--Bien. Busquemos al digno señor Page. ¿Está allí Falstaff?

EVANS.--¿Habré de deciros una mentira? Desprecio al mentiroso, como desprecio á uno que es falso, ó como desprecio á uno que no es sincero. El caballero sir Juan está allí y os ruego que os dejéis guiar por los que os quieren bien. Llamaré á la puerta y preguntaré por el señor Page (_golpea_). Hola! Dios bendiga vuestra casa! (_Entra Page._)

PAGE.--¿Quién llama?

EVANS.--He aquí, con la bendición de Dios y con vuestro amigo, al juez Pocofondo y al joven señor Slender, que acaso podrán contaros un cuento, si las cosas salen á gusto vuestro.

POCOFONDO.--Señor Page, alégrome de veros. Huélguese vuestro buen corazón! Deseo que vuestra cacería mejore, pues no fué muerta como manda la ley. ¿Cómo está la buena señora Page? Os amo de corazón, así, de corazón.

PAGE.--Gracias, señor.

POCOFONDO.--Gracias, señor; por sí y por no, gracias.

PAGE.--Me alegro de veros, amiguito Slender.

SLENDER.--¿Cómo está vuestro lebrel leonado, señor? Me dijeron que había perdido en las carreras de Cotsale.

PAGE.--La cosa no pudo ser juzgada.

SLENDER.--No queréis confesarlo, no queréis confesarlo.

POCOFONDO.--¡No lo ha de querer! «Es culpa vuestra, es culpa vuestra.» Es un buen perro.

PAGE.--Perro de mala ralea, señor.

POCOFONDO.--Un buen perro, señor, un hermoso perro. ¿Qué más se puede decir? Es bueno y hermoso. ¿Está aquí el señor Juan Falstaff?

PAGE.--Está dentro. Quisiera poder hacer algo en bien de vosotros.

EVANS.--Así es como debe hablar un cristiano.

POCOFONDO.--Señor Page, él me ha ofendido.

PAGE.--Lo reconoce en cierto modo, señor.

POCOFONDO.--Si lo reconoce, no lo repara. ¿No es así, señor Page? Me ha ofendido; en todas veras me ha ofendido: en una palabra, me ha ofendido. Creedme, Roberto Pocofondo, escudero, lo ha dicho: se le ha ofendido.

PAGE.--Aquí viene sir Juan. (_Entran sir Juan Falstaff, Bardolfo, Nym y Pistol._)

FALSTAFF.--Y bien, señor Pocofondo: ¿váis á quejaros de mí al rey?

POCOFONDO.--Caballero: habéis golpeado á mis gentes, muerto mi caza y forzado las puertas de mi habitación.

FALSTAFF.--¿Pero no he besado á la hija de vuestro guardián?

POCOFONDO.--Se me da un ardite. Tendréis que responder de esto.

FALSTAFF.--Y respondo desde luégo: he hecho todo eso. Ya está respondido.

POCOFONDO.--Esto irá á dar al Consejo.

FALSTAFF.--Sería mejor para vos que el Consejo nada supiera. Se reirían de vos.

EVANS.--_Pauca verba_, sir Juan, buenas palabras.

FALSTAFF.--Buenas palabras! buenas coles! Slender, os rompí la cabeza: ¿qué tenéis contra mí?

SLENDER.--Por cierto, señor, tengo algo contra vos en la cabeza y contra vuestros ladrones de conejos, Bardolfo, Nym y Pistol. Me llevaron á la taberna, me emborracharon y en seguida me robaron el bolsillo.

BARDOLFO.--¿Á ti, queso de Banbury?

SLENDER.--Bien, eso no importa.

PISTOL.--¿Con esas nos sales, Mefistófeles?

SLENDER.--Bien, eso no importa.

NYM.--Tajarlo! digo, _pauca, pauca_, tajarlo! Eso me pide el gusto.

SLENDER.--¿Dónde está Simple, mi criado? ¿Lo sabéis, primo?

EVANS.--¡Paz, os ruego! Procuremos entendernos. Á lo que se me alcanza, hay tres árbitros en este asunto, á saber: el señor Page, _fidelicet_, señor Page: yo mismo, _fidelicet_ yo: y por fin y remate el tercero es mi posadero de la Liga.

PAGE.--Nosotros tres para entender del asunto y arreglarlo entre ellos.

EVANS.--Muy bien. Tomaré nota en mi libro memorandum, y después nos ocuparemos de la causa con toda la discreción que nos sea posible.

FALSTAFF.--Pistol!

PISTOL.--Soy todo orejas.

EVANS.--¡El diablo y su abuela! ¿Qué frase es esa «ser todo orejas»? Pues eso es afectación.

FALSTAFF.--Pistol, ¿robaste la bolsa del señorito Slender?

SLENDER.--Sí, por vida de mis guantes, que lo hizo, (ó no querría yo, á no ser cierto, volver jamás á mi gran cámara). Me robó siete monedas de á cuatro peniques y dos tablillas Edward para jugar al tejo, que me habían costado dos chelines y dos peniques cada una, en casa de Miller. Sí, por estos guantes!

FALSTAFF.--¿Es verdad esto, Pistol?

EVANS.--No: es falso, si es una ratería.

PISTOL.--¡Ah! Eres un forastero montaraz! Sir Juan, amo mío, reto á combate á este sable de hoja de lata. Aquí, en tus labios está la mentira: hez y escoria, mientes!

SLENDER.--Pues por estos guantes, que entonces era el otro.

NYM.--Andad con cuidado y dejaos de bromas, señor mío, que si os acomoda tratarme como á ratero, á mí me acomodará atraparos á mi modo. Y esto es lo que hay en el caso.

SLENDER.--Pues entonces, por este sombrero, quien tiene la culpa es aquel de la cara colorada; pues aunque no puedo acordarme de lo que hice cuando me embriagasteis, con todo no soy enteramente un asno.

FALSTAFF.--¿Qué decís vosotros, Scarlet y Juan?

BARDOLFO.--Por mi parte, lo que digo es que el caballero bebió hasta perder los cinco sentimientos.

EVANS.--Los cinco sentidos, se dice. ¡Santo Dios! ¡Qué ignorancia!

BARDOLFO.--Y estando achispado, le arreglaron las cuentas, como dicen, y así se acabó el cuento.

SLENDER.--Sí, y entonces hablaste en latín pero no importa. Nunca, jamás me emborracharé mientras viva otra vez, sino en honrada y buena sociedad, á causa de este percance. Si me emborracho, me emborracharé con los que tienen temor de Dios, y no con ebrios bribones.

EVANS.--Que Dios me juzgue, como es cierto que ese es un propósito de virtud.

FALSTAFF.--Oís, señores, que todos esos cargos han sido negados. ¿Lo oís? (_Entra Ana Page, trayendo vino, seguida por la Sra. Ford y la Sra. Page._)

PAGE.--No, hija. Llévate el vino. Beberemos allá dentro.

(_Sale Ana Page._)

SLENDER.--¡Oh cielos! Esta es la señorita Ana Page.

PAGE.--¿Cómo va, señora Ford?

FALSTAFF.--Por vida mía, señora Ford, sois muy bien venida. Con vuestro permiso, buena señora.

(_La besa._)

PAGE.--Esposa mía, da la bien venida á estos caballeros. Venid, tenemos un buen pastel caliente de cacería para la comida. Vamos, señores, que ahogaremos en el vino todo resentimiento.

(_Salen todos menos Pocofondo, Slender y Evans._)

SLENDER.--Daría cuarenta chelines por tener aquí mi libro de canciones y sonetos. (_Entra Simple._) ¡Cómo! Simple ¿dónde habéis estado? Tendré que ser mi propio sirviente, ¿no es así? ¿Ni tenéis tampoco á la mano el libro de los enigmas, por supuesto?

SIMPLE.--¡El libro de los enigmas! ¿Pues no lo prestasteis á Alicia Pocapasta en la fiesta última de Todos Santos, quince días antes del San Miguel?

POCOFONDO.--Venid, primo, venid. Os estamos aguardando. Una palabra al oído, primo. Hay, como quien dice, una oferta, una especie de oferta muy á lo lejos, hecha por sir Hugh. ¿Entendéis?

SLENDER.--Sí, y me encontraréis razonable. Si ha de ser así, haré lo que esté puesto en razón.

POCOFONDO.--Pero entendedme bien.

SLENDER.--Lo hago, señor.

EVANS.--Prestad oído á sus consejos, señorito Slender. Ya os describiré el asunto si tenéis capacidad para ello.

SLENDER.--Haré como diga mi primo Pocofondo. Perdonadme, pues él es juez de paz en su país, aunque yo no sea aquí sino un cualquiera.

EVANS.--Pero no se trata de eso. Se trata de lo concerniente á vuestro matrimonio.

POCOFONDO.--Sí; este es el punto vital de la cuestión.

EVANS.--Por cierto que lo es. Es el punto vital de la señorita Ana Page.

SLENDER.--Pues siendo así, me casaré con ella si se me pide en debida forma.

EVANS.--Pero ¿podéis amar á la mujer? Debemos exigir que lo digáis con vuestros labios; porque muchos filósofos pretenden que los labios son una parte de la boca; por tanto, ¿podéis, sí ó no, inclinar vuestra buena voluntad hacia la doncella?

POCOFONDO.--Primo Abraham Slender, ¿podéis amarla?

SLENDER.--Así lo espero. Haré lo que cumple á uno que quiere obrar en razón.

EVANS.--No, por Dios y sus santos y sus esposas; debéis decir positivamente si podéis inclinar hacia ella vuestros deseos.

POCOFONDO.--Tenéis que hacerlo. ¿Queréis, siendo buena la dote, casaros con ella?

SLENDER.--Haré aún mucho más que eso, por cualquiera razón, primo, si lo queréis.

POCOFONDO.--No; comprendedme, comprendedme, amable primo mío. Lo que hago es por seros grato, primo. ¿Podéis amar á la doncella?

SLENDER.--La tomaré por esposa á petición vuestra, señor. Si no hay mucho amor al principio, con el favor del cielo podrá disminuir cuando nos conozcamos mejor después de casados y que haya habido ocasión de conocerse el uno al otro. Espero que con la familiaridad crecerá el menosprecio; pero si decís «casaos con ella,» con ella me caso. Á eso estoy disuelto disolutamente.

EVANS.--Muy juiciosa respuesta; salvo la falta en las palabras «disuelto disolutamente,» que quisieron significar «resuelto absolutamente.» Pero su sentido era bueno.

POCOFONDO.--Sí, creo que fué buena la intención de mi primo.

SLENDER.--Y si no, que me ahorquen.

(_Vuelve á entrar Ana Page._)

POCOFONDO.--He aquí á la hermosa señorita Ana. Querría por vos volver á la juventud, señorita Ana.

ANA.--La comida está en la mesa. Mi padre desea el honor de vuestra compañía.

POCOFONDO.--Estoy á sus órdenes, bella señorita Ana.

EVANS.--La voluntad de Dios sea bendecida! No faltaré al benedícite. (_Salen Pocofondo y sir Hugh Evans._)

ANA.--¿Tenéis á bien, caballero, pasar adelante?

SLENDER.--No; gracias os doy por ello muy de corazón. Estoy muy bien.

ANA.--Os espera la comida, señor.

SLENDER.--No tengo hambre, os doy las gracias. Vé, criado, pues todo tú eres mi sirviente, vé á servir á mi primo Pocofondo. (_Sale Simple._) Un juez de paz puede alguna vez quedar obligado á su amigo por un sirviente. No tengo á mi servicio sino tres criados y un muchacho, hasta que muera mi madre: pero ¿qué importa? Sin embargo, vivo como si fuera un caballero de cuna pobre.

ANA.--No entraré sin vos, señor. No se sentarán á la mesa hasta que hayáis llegado.

SLENDER.--Á fe mía, no comeré. Os agradezco, sin embargo, como si comiera.

ANA.--Os suplico, señor, que entréis.

SLENDER.--Me agradaría más pasear aquí. Os doy las gracias. El otro día, jugando á la esgrima, con espada y daga, con un profesor de armas, me lastimé la cara. Habíamos apostado en tres asaltos un plato de ciruelas guisadas. Desde entonces no puedo soportar el olor de las viandas calientes. ¿Por qué ladran vuestros perros? ¿Hay osos en la ciudad?

ANA.--Pienso que sí, señor. He oído hablar de ellos.

SLENDER.--Me agrada bastante la diversión de cazarlos; pero en ella soy tan pronto en enfadarme como el hombre que más en Inglaterra. Un oso suelto os intimida ¿no es verdad?

ANA.--Ciertamente que sí, señor.

SLENDER.--Eso para mí es ahora como comer y beber. Veinte veces he visto suelto á Sakerson, y lo he cogido de la cadena; pero os aseguro que las mujeres han gritado y chillado tanto, que era sobre toda ponderación. En verdad las mujeres no pueden sufrirlos. Son animales bastante feos y rudos.

(_Vuelve á entrar Page._)

PAGE.--Venid, querido señor Slender, venid. Os esperamos.

SLENDER.--No quiero comer nada. Os doy las gracias, señor.

PAGE.--Nada, no podéis hacer lo que queráis. Venid, venid.

SLENDER.--No, os lo suplico. Id delante.

PAGE.--Vamos, señor; adelante.

SLENDER.--Señorita Page, id vos primero.

ANA.--De ningún modo yo, señor. Os ruego que sigáis.

SLENDER.--En verdad, no iré primero, en verdad, no. Sería haceros agravio.

ANA.--Os lo suplico, señor.

SLENDER.--Prefiero faltar á los buenos modales que á las conveniencias. Os hacéis agravio, en verdad.

(_Salen._)

ESCENA II.

La misma.

Entran sir HUGH EVANS y SIMPLE.

EVANS.--Id á averiguar á dónde es la casa del doctor Caius. Allí vive una señora Aprisa, que le sirve de nodriza ó de ama seca, ó de cocinera, lavandera y planchadora.

SIMPLE.--Está bien, señor.

EVANS.--Aguardad, que hay mejor. Dadle esta carta; porque es mujer muy del conocimiento de la señorita Ana Page; y la carta es para pedirle que haga presentes á esta señorita los deseos de vuestro amo. Id desde luégo, os lo encarezco. Yo iré á acabar mi comida, pues faltan aún las manzanas y el queso.

(_Salen._)

ESCENA III.

Cuarto en la posada de la Liga.

Entran FALSTAFF, el POSADERO, BARDOLFO, NYM, PISTOL y ROBIN.

FALSTAFF.--Posadero mío de la Liga...

POSADERO.--¿Qué dice mi enredista matasiete? Hablad con discreción y finura.

FALSTAFF.--En verdad, posadero mío, que tengo que despedir á algunos de mis secuaces.

POSADERO.--Despedidles, mi valeroso Hércules: echadles; que tomen el portante. Al trote, al trote.

FALSTAFF.--Me cuesta el albergue diez libras por semana.

POSADERO.--Eres un emperador, César, Czar y cavilante. Tomaré á Bardolfo. Escanciará los barriles y manejará sus llaves. ¿Está bien dicho, bravo Héctor?

FALSTAFF.--Hacedlo en buen hora, amigo posadero.

POSADERO.--Está dicho. Que me siga. Quiero ver la espuma y la cal. No tengo más que una palabra. Sígueme.

FALSTAFF.--Bardolfo, vé con él. Es buen oficio el de mozo de taberna. Una capa vieja hace un nuevo coleto, y un criado gastado hace un nuevo mozo de taberna. Vete. Adios.

BARDOLFO.--Es un género de vida que deseaba, y he de prosperar en él.

(_Sale Bardolfo._)

PISTOL.--¡Oh miserable bohemio! ¿Y quieres manejar las espitas?

NYM.--En borrachera fué engendrado. ¿No es natural su gusto? No tiene una mente heróica, y de allí el que tenga aquel instinto.

FALSTAFF.--Me alegro de haberme desembarazado de tal caja de yesca. Sus robos eran demasiado descarados. Su manera de hurtar se parece al canto de un mal aficionado: no guarda tiempo ni compás.

NYM.--Lo exquisito es robar en un solo minuto de descanso.

PISTOL.--Sutileza, que no robo, es el nombre que dan á esto las gentes sensatas. ¡Robo! Mala peste cargue con la palabra.

FALSTAFF.--Bien, señores, pero estoy ya en el último apuro. Es necesario que me ingenie, que aguce el majín para encontrar medios. Tiene que ser.

PISTOL.--Los buitres jóvenes necesitan alimento.

FALSTAFF.--¿Quién de vosotros conoce á Ford, de esta ciudad?

PISTOL.--Conozco al individuo. No es de mala sustancia.

FALSTAFF.--Honrados muchachos míos, voy á deciros lo que tengo en perspectiva.

PISTOL.--Las dos yardas ó más que tenéis de circunferencia.

FALSTAFF.--Nada de bromas ahora, Pistol. En verdad que me veo con el agua á las narices; y a pesar de mis dos yardas de redondez no puedo redondearme. Así, estoy por ver de medrar y no de quedarme con un palmo de narices. En una palabra: me propongo enamorar á la esposa de Ford. Entreveo disposición de su parte. Discurre, trincha, dirige miradas tentadoras. Puedo interpretar la acción de su estilo familiar, y la más sólida expresión de su conducta, puesta en buen inglés, dice: «Soy de sir Juan Falstaff.»

PISTOL.--La ha estudiado bien: la ha traducido bien: de la honestidad al inglés.

NYM.--Hondo me parece el fondeadero. ¿Morderá ahí el ancla?

FALSTAFF.--Corre la voz de que es ella quien maneja los cordones de la bolsa de su marido. Tiene legiones de ángeles en oro sellado.

PISTOL.--Que llaman á otros tantos diablos. «Á ella, muchacho!» es lo que digo yo.

NYM.--El buen humor toma creces: excelente cosa. Poned de buen humor conmigo á esos ángeles.

FALSTAFF.--Aquí tengo una carta que le he escrito; y he aquí otra para la esposa de Page, que acaba de ponerme ahora mismo los ojos dulces y ha examinado minuciosamente y como persona experta cuanto puede haber en mí. Sus miradas, como rayos de oro, brillaban revisando ya mi pié, ya mi majestuoso talle.

PISTOL.--Entonces podéis decir que el sol brillaba sobre el estercolero.

NYM.--Te felicito por esa jovialidad.

FALSTAFF.--¡Oh! Pues recorrió todo mi exterior con intención tan manifiesta, que el fuego del deseo en sus ojos parecía quemarme como un lente puesto al sol. He aquí otra carta para ella. También ella maneja la bolsa: es una región de la Guayana: toda oro y liberalidades. Explotaré á una y otra, y serán mi tesorería. Las tendré como á mis Indias Orientales y Occidentales, y comerciaré con ambas. Vé y lleva tú esta carta á la señora Ford; tú, esta á la señora Page. Prosperaremos, muchachos, prosperaremos.

PISTOL.--¿Y he de volverme un Mercurio, un Pandarus de Troya, yo que llevo un acero al cinto? No: vaya todo al diablo!

NYM.--No quiero bajezas en la broma. Ea! Tomad la carta. Yo he de conservar una conducta reputable.

FALSTAFF.--Aquí, muchacho (_á Robin._) Lleva tú estas cartas, y sal como mi bajel hacia esas playas doradas. Y vosotros ¡bribones! fuera de aquí! lejos! Pasad como el granizo. Trabajad, surcad el suelo con los talones, buscad albergue, marchaos! Falstaff quiere acomodarse al espíritu de la época, y medrar á la francesa ¡bribones! para mí y para mi paje galoneado.

(_Salen Falstaff y Robin._)

PISTOL.--Que los buitres te roan las entrañas! Siempre son buenos los dados cargados y la botella, porque arriba y abajo seducen al rico y al pobre. Yo tendré llenos de testones los bolsillos, mientras tú carecerás de ellos, vil turco frigio!

NYM.--Algo me bulle en la cabeza, como sugerido por el deseo de venganza.

PISTOL.--¿Quieres vengarte?

NYM.--Por el cielo y su estrella.

PISTOL.--¿Por astucia, ó por acero?

NYM.--Con uno y otra. Yo conversaré con Page sobre la fantasía de este amor.

PISTOL.--Y yo revelaré igualmente á Ford, cómo Falstaff, vil bribón, tratará de seducir á su paloma, robarle su oro y deshonrar su lecho.

NYM.--No desmayará mi encono. Induciré á Page á que se sirva del veneno: haré que lo posean los celos, porque la sublevación del ánimo altivo es peligrosa. Tal es mi verdadero anhelo.

PISTOL.--Eres el Marte de los descontentos, y yo te secundo. Vamos adelante.

(_Salen._)

ESCENA IV.

Cuarto en casa del doctor Caius.

Entran la señora APRISA, SIMPLE y RUGBI.

APRISA.--¿Oyes, Juan Rugbi? Te ruego que vayas á la puerta-ventana, y veas si puedes divisar á mi señor, el señor doctor Caius, en camino hacia aquí; pues á fe mía, que si llega y encuentra á alguien en la casa, ya tendrán que pagarlo la paciencia de Dios y el idioma del rey.

RUGBI.--Voy á hacer de centinela.

(_Sale._)