Dramas (1 de 2): Hernani; El Rey se divierte; Los Burgraves
Part 9
Debo, señores, haceros notar aquí de paso que no entiendo traspasar con mi lenguaje ninguno de los respetos parlamentarios. Cumple á mi lealtad que se sepa bien cuál es el alcance exacto de mis palabras, cuando ataco al gobierno, uno de cuyos miembros ha dicho: _El rey reina y no gobierna_. No hay segunda intención en mi polémica. El día en que creyera que debía quejarme de una testa coronada, le dirigiría mi queja á ella misma, la miraría de frente y le diría: «Señor...» Entre tanto sólo á sus ministros me dirijo, sólo en los ministros recae mi palabra, por más que pueda parecer singular en un tiempo en que los ministros son inviolables y los reyes responsables.
Insisto y digo que el gobierno nos va quitando poco á poco todos los derechos y franquicias que nuestros cuarenta años de revolución nos habían dado, y cumple á la probidad de los tribunales detenerlo en esta vía fatal en beneficio suyo y en el nuestro. El poder actual carece especialmente de grandeza y valor en la manera mezquina con que hace esa peligrosa operación, que todos los gobiernos intentan á su vez con ceguedad extraña, y que consiste en reemplazar más ó menos rápidamente la constitución con la arbitrariedad, la libertad con el despotismo.
Cuando Bonaparte fué cónsul y cuando fué emperador quiso también el despotismo; pero obró de otra manera; entró en él de frente y á pié llano, sin emplear ninguna de las miserables precauciones con que hoy se escamotean una á una todas nuestras libertades, así las primogénitas como las segundonas, lo mismo las de 1789 como las de 1830. Napoleón no fué disimulado ni hipócrita; Napoleón no nos usurpó nuestros derechos uno tras otro prevaliéndose de nuestro abatimiento como ahora se hace; Napoleón nos lo usurpó todo de una vez, de un solo golpe, y con sólo una mano: el león no tiene las costumbres del zorro.
Á lo menos, señores, esto era grande. Como gobierno y como administración, el imperio fué ciertamente una época de intolerable tiranía; pero recordemos que nuestra libertad fué compensada largamente con gloria. La Francia de entonces, como la Roma de César, guardaba una actitud á la vez sumisa y soberbia. No era la Francia que nosotros queremos, libre, soberana dueña de sí misma; era la Francia esclava de un hombre y señora del mundo.
Entonces se nos quitaba la libertad, es cierto; pero se nos daba el más espléndido espectáculo. Napoleón decía: «Tal día á tal hora entraré en tal capital.» Y entraba el mismo día á la hora señalada. Los reyes se veían obligados á hacerle antesala; se derribaba una dinastía con un decreto del _Monitor_. Si se tenía el antojo de una columna se le hacía suministrar el bronce al emperador de Austria. Se arreglaba un poco arbitrariamente, lo confieso, la suerte de los cómicos franceses, pero databa el reglamento de Moscú. Se nos quitaban todas nuestras libertades, digo, existía la censura, se ponían nuestros libros en el majadero, se borraban nuestras obras dramáticas del cartel; pero á todas nuestras quejas se podían dar magníficas respuestas con una sola palabra; podían respondernos: _¡Marengo! ¡Jena! ¡Austerlitz!_
Aquello era grande, lo repito; pero hoy todo es pequeño. Vamos á la arbitrariedad como entonces; pero no somos colosos. Nuestro gobierno no es de los que pueden consolar á una gran nación de la pérdida de su libertad: en materia de arte deformamos las Tullerías; en materia de gloria dejamos que perezca Polonia. Esto no impide que nuestros hombrezuelos de Estado traten la libertad como si estuvieran tallados para déspotas, y pongan á Francia bajo sus plantas, como si tuvieran hombros poderosos á soportar el mundo. Á poco que esto continúe, á poco que rijan las leyes en proyecto, será completa la confiscación de todos nuestros derechos: hoy me quita mi libertad de poeta un censor; mañana me quitará un gendarme mi libertad de ciudadano: hoy se me destierra del teatro; mañana se me desterrará del país: hoy se me amordaza; mañana se me deportará: hoy se pone en estado de sitio la literatura; mañana se pondrá en estado de sitio la ciudad. De libertad, de garantías, de Constitución, de derecho público, nadie trata ya.
Si mejor aconsejado el gobierno no se detiene en esta pendiente, mientras es tiempo aún, antes de poco tendremos todo el despotismo de 1807, menos la gloria; tendremos el imperio, sin el emperador.
Sólo me quedan que decir cuatro palabras, señores, y deseo que las tengáis presentes para deliberar. No ha habido en este siglo más que un grande hombre, Napoleón, ni más que una gran cosa, la libertad. Ya no tenemos al grande hombre; procuremos conservar la gran cosa.
EL REY SE DIVIERTE
PERSONAJES
FRANCISCO I. TRIBOULET. BLANCA. M. DE SAINT-VALLIER. SALTABADIL. MAGDALENA. CLEMENTE MAROT. M. DE PIENNE. M. DE GORDES. M. DE PARDAILLAN. M. DE BRION. M. DE MONTCHENU. M. DE MONTMORENCY. M. DE COSSÉ. M. DE LA TOUR-LANDRY. M.me DE COSSÉ. M.me BERARDA. UN GENTIL HOMBRE DE LA REINA. UN PAJE DEL REY. UN MÉDICO. Señores, pajes, gente del pueblo.
París, 152...
[Ilustración]
ACTO I
M. DE SAINT-VALLIER
Una fiesta nocturna en el Louvre. Sala magnífica llena de caballeros y damas engalanados. Antorchas, música, danzas, carcajadas.--Algunos sirvientes trayendo platos de oro y vajilla de esmalte; grupos de caballeros y damas yendo y viniendo por la escena.--La fiesta toca á su fin.--El alba blanquea ya las vidrieras. Reina cierta libertad que da á la fiesta carácter de orgía.--La arquitectura, los muebles y los trajes son del gusto del Renacimiento.
PERSONAJES
FRANCISCO I. TRIBOULET. M. DE SAINT-VALLIER. CLEMENTE MAROT. M. DE PIENNE. M. DE GORDES. M. DE BRION. M. DE MONTCHENU. M. DE MONTMORENCY. M. DE COSSÉ. M. DE LA TOUR-LANDRY. M.me DE COSSÉ. M. DE PARDAILLAN.
ESCENA I
EL REY, como lo pintó el Tiziano, M. DE LA TOUR-LANDRY
EL REY.--Conde, quiero terminar esta aventura. Sin duda que es mujer de oscuro linaje, de la clase media, pero encantadora.
LA TOUR.--¿Y soléis verla en la Iglesia?
EL REY.--En San Germán adonde voy todos los domingos.
LA TOUR.--Pues á estas horas, ya hará dos meses que eso dura.
EL REY.--Sí.
LA TOUR.--¿Y dónde vive?
EL REY.--En el callejón sin salida que llaman de Buci.
LA TOUR.--¿Cerca del palacio de Cossé?
EL REY (_con una señal afirmativa_).--Donde hay un gran muro.
LA TOUR.--¡Ah! Ya sé. ¿Y la perseguís, señor?
EL REY.--Sí, pero está siempre allí una vieja adusta que le guarda los ojos, la boca y hasta los oídos.
LA TOUR.--¿De veras?
EL REY.--Y lo más curioso es que por la noche entra en la casa un hombre misterioso, muy arrebujado en su capa, tan negra como las sombras.
LA TOUR.--¡Bah! Pues haced vos lo mismo.
EL REY.--¡Oh! La casa está muy bien cerrada para el prójimo.
LA TOUR.--Pero, cuando seguís á la dama ¿no hace seña alguna?
EL REY.--Sin presunción, comprendo por ciertas miradas que no le inspiro odio.
LA TOUR.--¿Sabe que la ama el rey?
EL REY.--No... voy disfrazado con una ropilla gris.
LA TOUR (_riendo_).--Estoy viendo que á la postre saldremos con que amáis con amor purísimo á alguna augusta Antonia, ama de cura.
(_Entran Triboulet y muchos señores._)
EL REY (_á La Tour_).--Silencio, que vienen. En amor hay que saber callar para conseguir. (_Á Triboulet que se acerca y oye estas últimas palabras._) ¿No es verdad?
TRIBOULET.--El misterio es el único asilo de las intrigas de amor, frágiles de suyo.
ESCENA II
EL REY, TRIBOULET, M. DE GORDES.--Muchos señores lujosamente vestidos. Triboulet con su traje de bufón, como lo pintó Boniface. El rey contempla un grupo de damas que pasan.
LA TOUR.--¡Qué preciosa es M.me de Vendosme!
GORDES.--No lo son menos la de Alba y la de Montchevreuil.
EL REY.--Pero la de Cossé las aventaja á todas.
GORDES.--Bajad la voz, señor... que oye el marido.
(_Indicándole á Mr. de Cossé, que pasa por el fondo.--Mr. de Cossé, bajo y ventrudo, uno de los cuatro gentiles hombres más gordos de Francia, dice Brantôme._)
EL REY.--¿Y á mí qué?...
GORDES.--Iría á decirlo á Diana.
EL REY.--¿Y á mí qué...?
(_Va al fondo á hablar con otras damas que pasan._)
TRIBOULET (_á Gordes_).--Va á enojar á Diana de Poitiers, á quien no habla hace ocho días.
GORDES.--¿Si irá á enviársela á su marido?
TRIBOULET.--Creo que no.
GORDES.--Ha pagado el perdón de su padre y en paz.
TRIBOULET.--Á propósito de Saint-Vallier. ¿Qué capricho tuvo ese viejo estrafalario de casar á su hija Diana, tan hermosa y angelical, con un senescal jorobado?
GORDES.--Es un loco. Me hallé en el mismo cadalso, cuando recibió el perdón; estaba más cerca de él que de ti ahora, y no le oí decir más que estas palabras. «¡Dios guarde al rey!» Es loco de remate.
EL REY (_pasando con la de Cossé_).--¡Cruel! ¿Os vais?
MAD. DE COSSÉ (_suspirando_).--Á Soissons, adonde me lleva mi esposo.
EL REY.--¿No es una mengua que cuando vuestros bellos ojos inflaman todos los corazones, y fuerzan á las damas á que vigilen celosas á sus amantes; cuando príncipes y señores, todos os miran con amoroso anhelo, cuando deslumbráis á la corte con el esplendor de vuestra hermosura, vayáis como astro humilde á lucir en un cielo de provincia despreciando señores y príncipes?
MAD. DE COSSÉ.--Calmaos.
EL REY.--Ah, no. ¡Capricho original!... ¡apagar la luz en medio del baile!
(_Entra Mr. de Cossé._)
MAD. DE COSSÉ.--Aquí viene mi celoso, señor.
(_Se aparta del rey._)
EL REY.--¡Mal demonio se lo lleve! (_Á Triboulet._) No por eso he dejado de echarle á su mujer una tirada de versos. ¿Te ha enseñado Marot los últimos que he compuesto?
TRIBOULET.--Yo no leo versos vuestros, señor. Los versos de los reyes son siempre muy malos.
EL REY.--¡Qué chusco!
TRIBOULET.--Pase que los haga la plebe; pero un rey... Á las hermosas cortejadlas vos y que haga Marot los versos. Un rey que versifica abdica.
EL REY (_con entusiasmo_).--¡Ah! Rimar para las hermosas exalta el corazón. He de poner alas á mi torreón real.
TRIBOULET.--Sería convertirle en molino de viento.
EL REY.--Si no viera allí á M.me de Coislin, te mandaba azotar.
(_Corre hacia la de Coislin á quien dirige algunas galanterías._)
TRIBOULET (_aparte_).--Sigue, sigue el viento que te lleva hacia esa también.
GORDES (_acercándose á Triboulet y haciéndole notar lo que pasa en el fondo_).--Mira en la otra puerta á la de Cossé. Apuesto lo que quieras á que va á dejar caer un guante para que el rey lo recoja.
TRIBOULET.--Estemos á la mira.
(_M.me de Cossé, que ve con despecho las atenciones del rey á la de Coislin, deja caer en efecto su ramo, que el rey corre á recoger, y luégo entabla con la dama un coloquio al parecer muy tierno._)
GORDES (_á Triboulet_).--¿No lo dije?
TRIBOULET.--¡Magnífico!
GORDES.--¡Ya le cogió otra vez!
TRIBOULET.--La mujer es un diablo perfeccionado.
(_El rey estrecha el talle de la dama y le besa la mano, y mientras ella ríe y departe con él alegremente, entra su esposo por la puerta del fondo. Gordes se lo indica á Triboulet. Mr. de Cossé se detiene mirando el grupo de su esposa y del rey._)
GORDES (_á Triboulet_).--¡El marido!
MAD. DE COSSÉ.--Separémonos. (_Se deshace de los brazos del rey y huye._)
TRIBOULET.--¿Qué viene á hacer aquí ese barrigudo?
(_El rey se acerca á un aparador del fondo y pide de beber._)
MR. DE COSSÉ (_Adelantándose pensativo. Aparte._)--¿Qué se dirían?
(_Se acerca con viveza á La Tour que le hace una seña._)
LA TOUR (_misteriosamente_).--¿Sabéis que vuestra esposa es bellísima?
(_Mr. de Cossé se desvía de repente y se dirige á Gordes que parece quiere decirle algo._)
GORDES.--¿En qué estáis pensando? ¿Por qué miráis de reojo tantas veces?
(_Desvíase otra vez el interpelado y se encuentra cara á cara con Triboulet, quien se lo lleva con reservado ademán á un extremo del fondo, mientras Gordes y La Tour se desternillan de risa._)
TRIBOULET (_bajo á Cossé_).--¡Cómo andáis tan cariacontecido, señor mío! (_Suelta una carcajada y vuelve la espalda al desdichado marido, que sale furioso._)
EL REY (_volviendo_).--¡Oh! ¡Cuán feliz soy! Á mi lado, Hércules y aun el mismo Júpiter Olímpico no son sino fatuos ridículos. Estas mujeres están encantadoras y yo... soy dichoso. ¿Y tú?
TRIBOULET.--¿Yo?... Yo me río al paño del baile, de los juegos y de los amoríos. Yo critico y vos gozáis; vos sois dichoso como un rey, y yo como un jorobado.
EL REY.--¡Día de júbilo el día en que mi madre me concibió riendo! (_Mirando á Mr. de Cossé que sale._) Sólo ése agua la fiesta. ¿Qué te parece?
TRIBOULET.--¡Necio y ofensivo!
EL REY.--No importa. Excepto ese celoso, todo me agrada. ¡Poderlo todo, quererlo todo, poseerlo todo!... ¡Triboulet, Triboulet! ¡Qué gusto estar en el mundo y qué bueno es vivir! ¡Oh dicha!
TRIBOULET.--Ya lo creo, señor; ¡estáis ebrio!
EL REY.--Pero allá descubro... ¡Ah! ¡Qué ojos, qué brazos tan hermosos!
TRIBOULET.--¿Los de M.me de Cossé?
EL REY.--Ven á hacernos pantalla.
(_Cantando._)
¡Vivan los domingos de mi buen París, las mujeres rubias...
TRIBOULET.--...y los hombres chispos!
ESCENA III
M. DE GORDES, M. DE PARDAILLAN, joven paje rubio, M. DE VIC, CLEMENTE MAROT, en traje de ayuda de cámara del rey. Después M. DE PIENNE; uno ó dos caballeros más. De vez en cuando M. DE COSSÉ, que se pasea serio y pensativo.
MAROT (_saludando á Gordes_).--¿Qué se miente esta noche?
GORDES.--Nada... que la fiesta es magnífica y que el rey se divierte.
MAROT.--¡Ah! ¡Gran noticia! ¿El rey se divierte? ¡Diablo!
MR. DE COSSÉ (_á espaldas de ellos_).--Gran desgracia, digo yo, porque un rey que se divierte es un rey peligroso. (_Pasa adelante._)
GORDES.--Ese pobre gordinflón lleva la muerte en el alma.
MAROT.--Parece que el rey asedia mucho á su esposa.
(_Gordes se da por entendido; entra Mr. de Pienne._)
GORDES.--Aquí está nuestro caro duque. (_Se saludan._)
PIENNE (_con misterio_).--Noticia, amigos míos. Oíd una cosa capaz de turbar al más prudente; una cosa admirable, risible, inverosímil...
GORDES.--Sepamos.
PIENNE (_agrupándolos en torno de sí_).--¡Silencio! Venid, maese Clemente. (_Á Marot que ha ido á hablar con otros._)
MAROT (_acercándose_).--¿Qué hay, señor?
PIENNE.--Sois un gran necio.
MAROT.--Grande no me creía yo de ningún modo.
PIENNE.--He leído en vuestra composición sobre el sitio de Peschière estos versos relativos á Triboulet:
_Un loco de cabeza desmochada_ _tan cuerdo á treinta años, á fe mía,_ _como el en que nació dichoso día._
Repito que sois un gran necio.
MAROT.--Lléveme Cupido, si os comprendo.
PIENNE.--En buen hora. Amigos míos... adivinadlo, si podéis. Caso extraordinario el que ocurre á Triboulet.
PARDAILLAN.--¡Qué! ¿se le ha caído la joroba?
COSSÉ.--¿Le han hecho condestable?
MAROT.--Á dicha ¿lo han servido asado á la mesa?
PIENNE.--No, es cosa más chusca todavía. Triboulet tiene... Adivinad lo que tiene. Es increíble.
GORDES.--¿Un duelo con Gargantúa?
PIENNE.--No.
PARDAILLAN.--¿Un mono más feo que él?
PIENNE.--No.
MAROT.--¿El bolsillo repleto de escudos?
COSSÉ.--¿Un empleo de perro de asador?
GORDES.--¿Un alma por ventura?
PIENNE.--Apuesto ciento contra diez á que no lo adivináis. Triboulet el bufón, Triboulet el deforme, Triboulet... ¡á ver quién acierta!... algo exorbitante es...
MAROT.--Su joroba.
PIENNE.--No. Apuesto mil contra diez. Está amancebado.
(_Todos se echan á reir._)
MAROT.--¡Qué chistoso está el duque!
PARDAILLAN.--¡Vaya un cuento!
PIENNE.--Señores, lo juro por mi honor; he de enseñaros la casa de la dama. Todas las noches va allá, arrebujado en negra capa, con aspecto sombrío y altivo como un poeta en ayunas. Rondando no lejos del palacio de Cossé, he descubierto el secreto y suplico que lo guardéis, que quiero darle un chasco.
MAROT.--¡Asunto de rondó! ¡Triboulet transformado por la noche en Cupido!
PARDAILLAN (_riendo_).--¡Una mujer para Triboulet!
MAROT (_riendo_).--Yo creo que, si algún otro Bedfort desembarcara en Calais, tendría la doncella todo lo que es menester para echar á los ingleses.
(_Ríen. Viene Mr. de Vic. Mr. de Pienne se pone el dedo en los labios con ademán de reserva._)
PARDAILLAN (_á Pienne_).--¿Por qué el rey sale también todos los días al oscurecer y solo, como buscando aventuras?
PIENNE.--Vic nos dirá eso.
VIC.--Lo que puedo afirmar desde luego, es que el rey se divierte mucho.
COSSÉ.--¡Ah! ¡No me habléis de eso!
VIC.--Pero ¿qué me importa á mí de qué lado empuja el viento sus caprichos, y si sale de noche disfrazado, ó si entra ó no por alguna ventana?
COSSÉ (_moviendo la cabeza_).--Los viejos cortesanos, señores, saben que un rey toma siempre en casa agena cuanto le place. ¡Ay del que tiene hermana, esposa ó hija que le agrade! Un poderoso de buen humor no piensa más que en hacer daño. Motivos hay para temer. Boca que se ríe, enseña los dientes.
VIC (_bajo á los otros_).--¡Qué miedo le tiene al rey!
PARDAILLAN.--No le teme tanto su mujer.
MAROT.--Eso es lo que le espanta.
GORDES.--No tenéis razón, Cossé. Conviene que el rey se mantenga alegre, pródigo y contento.
PIENNE (_á Gordes_).--Soy de tu opinión, conde: un rey aburrido es como un verano de lluvias.
PARDAILLAN.--Ó un amor sin querellas.
VIC.--Un jarro lleno de agua.
MAROT (_bajo_).--El rey vuelve con el Cupido de Triboulet.
(_Entran el rey y Triboulet. Los cortesanos se retiran respetuosamente._)
ESCENA IV
Los mismos, el REY, TRIBOULET
TRIBOULET (_como continuando una conversación_).--¡Sabios en la corte! ¡Rara monstruosidad!
EL REY.--Vé á decir eso á mi hermana de Navarra, que quiere rodearme de sabios.
TRIBOULET.--Acá para _inter nos_, yo he bebido menos que Vuestra Majestad. Por consiguiente, señor, para juzgar bien de las cosas en todas sus causas y efectos, tengo sobre vos una ventaja inmensa, y aun dos: no estar alegre, ni ser rey. Antes que sabios, señor, traed aquí la peste, la fiebre... etcétera.
EL REY.--El consejo es un poco ligero. Mi hermana quiere rodearme de sabios.
TRIBOULET.--Pues para ser vuestra hermana, muy mal os quiere. No hay animal, ni cuervo, ni lobo, ni pájaro, ni buey, ni aun poeta, ni mahometano, ni teólogo, ni regidor flamenco, ni oso, ni perro, más feo, más desgreñado, más repulsivo, más encaperuzado de absurdos, más arisco, más sucio y más lleno de viento que ese asno enalbardado que llaman un sabio. ¿Os faltan placeres, poder, conquistas, mujeres en flor para perfumar vuestros festines?
EL REY.--¡Ah! Mi hermana Margarita me dijo una noche en voz baja que las mujeres no iban á satisfacerme eternamente, y que cuando me hastiara...
TRIBOULET.--¡Absurda medicina! ¡Recetar sabios á quien se hastía! La reina Margarita, bien lo sabéis, está siempre por los remedios radicales.
EL REY.--Pues bien, ¡fuera sabios!; pero cinco ó seis poetas...
TRIBOULET.--Señor, siendo vos lo que sois, temería más á un poeta emborronado de rimas, que Belcebú un hisopo empapado en agua bendita.
EL REY.--Cinco ó seis no más.
TRIBOULET.--No más ¿eh? Pues si esto es toda una recua, una academia, un corral... ¿No tenemos harto y más con Marot, aquí presente, para envenenarnos con otros?
MAROT.--Muchas gracias. (_Aparte._) Callárase el bufón y le tendría más cuenta.
TRIBOULET.--Las mujeres, señor, son el cielo, la tierra, todo. Y vos tenéis mujeres. Dejadme en paz y no penséis en los sabios.
EL REY.--No creas tampoco que esa idea me quite el sueño. (_Carcajadas en un grupo del fondo._) ¡Hola! Aquellos galanes se burlan de ti.
TRIBOULET.--No, sino de otro loco. (_Se les acerca el bufón y vuelve._)
EL REY.--¡Bah! ¿De quién?
TRIBOULET.--Del rey.
EL REY.--¿De veras? ¿Y qué dicen?
TRIBOULET.--Pues dicen que sois un avaro; que no se hace nada por ellos, porque dinero y favores van á parar á Navarra.
EL REY.--Sí, veo allá á Montchenu, Brion y Montmorency.
TRIBOULET.--Exactamente.
EL REY.--Son insaciables estos cortesanos: he hecho al uno almirante, al otro condestable, á Montchenu mayordomo de palacio. ¿Qué más quieren?
TRIBOULET.--Todavía, y es muy justo, podríais hacerles algo.
EL REY.--¿Qué?
TRIBOULET.--Hacedlos ahorcar.
PIENNE (_Á los tres señores que están aún en el fondo. Riendo._)--Señores, ¿habéis oído lo que dice Triboulet?
BRION.--Sí, por cierto. (_Mirando al bufón con ira._)
MONTMORENCY.--Me la pagará.
MONTCHENU.--¡Miserable!
TRIBOULET (_al Rey_).--Pero, señor, á veces tendréis vacío el corazón, sin la compañía de una mujer, cuyos ojos os digan que no, mientras su corazón os dice que sí.
EL REY.--¿Qué sabes tú de eso?
TRIBOULET.--Ser amado sólo por corazones deslumbrados y desvanecidos, tanto es como no ser amado.
EL REY.--¿Qué sabes tú si hay en este mundo quien me ame por mí mismo?
TRIBOULET.--¿Sin conoceros?
EL REY.--Sin conocerme. (_Aparte._) Con esto no comprometo á mi beldad del callejón sin salida.
TRIBOULET.--¿Es villana?
EL REY.--¿Por qué no?
TRIBOULET (_con viveza_).--¡Cuidado con ello! Mucho arriesgáis. Los hombres de esta clase suelen ser altivos romanos; cuando se toca á lo suyo quedan en las manos las señales. ¡Cuidado con ello! Contentémonos, locos y reyes, como somos, con las esposas y hermanas de los cortesanos.
EL REY.--Sí, yo me contentaría con la mujer de Cossé.
TRIBOULET.--Tomáosla.
EL REY.--Fácil es decirlo, pero no hacerlo.
TRIBOULET.--Robémosla esta misma noche.
EL REY.--¿Y el conde? (_Indicando á Mr. Cossé._)
TRIBOULET.--Á la Bastilla.
EL REY.--¡Oh! no.
TRIBOULET.--Pues para arreglar vuestras cuentas, hacedlo duque.
EL REY.--Es celoso como un plebeyo, y negándose á todo se lamentaría á voz en grito.
TRIBOULET (_pensativo_).--¡Qué hombre tan embarazoso!... No hay más que pagarle ó desterrarlo. (_Mr. de Cossé que se ha acercado por detrás escucha la conversación. Triboulet se da una palmada en la frente y dice con alegría:_) Hay un medio sencillo, cómodo, facilísimo en que debiera ya haber pensado.
EL REY.--¿Qué hemos de hacer con Cossé?
TRIBOULET.--Pues... cortarle la cabeza. (_El interesado retrocede con espanto._) ¡Fingimos una conspiración con España ó Roma!...
COSSÉ.--¡Ah! ¡Satanás!
EL REY (_riendo y halagando á Cossé_).--¡Por mi fe de caballero! ¿Qué has dicho? ¡Cortar esta cabeza! Mírala bien y dime de qué nacen tus malos pensamientos.
TRIBOULET.--No son malos ni buenos los que nacen ahí.
COSSÉ.--¡Cortarme la cabeza!
TRIBOULET.--¡Y qué!... no hay para alarmarse tanto.
EL REY.--No le desesperes.
TRIBOULET.--¡Qué diablos! Para qué es ser rey si hay que tropezar á cada paso con algún obstáculo, sin satisfacer el menor capricho.
COSSÉ.--¡Cortarme la cabeza! Estoy consternado.
TRIBOULET.--Pero es muy sencillo. ¿Por qué no?
COSSÉ.--¿De veras? ¡Ah! Yo te castigaré, gran pícaro.
TRIBOULET.--No os temo. Rodeado de poderosos á quienes hago la guerra, nada temo, caballero, porque no tengo sobre los hombros otra cosa que arriesgar que la cabeza de un loco. Lo único que puedo temer es que mi joroba me éntre en el cuerpo y como á vos me caiga en la barriga, lo cual me afearía mucho.
[Ilustración]
COSSÉ (_echando mano á la espada_).--¡Miserable!
EL REY.--Deteneos, conde. Vente, loco. (_Se aleja riendo con Triboulet._)
GORDES.--El rey se desternilla de risa.
PARDAILLAN.--Poco necesita para eso.
MAROT.--Es curioso un rey que se divierte en persona.
(_En cuanto se alejan el rey y el bufón se acercan los cortesanos otra vez y persiguen á Triboulet con miradas de odio._)
BRION.--Venguémonos del bufón.
TODOS.--¡Hum!
MAROT.--Está acorazado. ¿Por dónde lo heriríamos?
PIENNE.--Bien lo sé yo. Todos tenemos con él algún resentimiento y podemos vengarnos todos. Esta tarde, entre dos luces, acudid bien armados al callejón sin salida de Buci, junto al palacio de Cossé. Ni una palabra más de esto.
MAROT.--Ya caigo.
PIENNE.--¿Estamos de acuerdo?
TODOS.--Sí.
PIENNE.--Que vienen. ¡Silencio!
(_Vuelven Triboulet y el rey rodeado de damas._)
TRIBOULET (_solo y aparte_).--¿Á quién haré ahora una mala jugada? ¿Al rey?... ¡Pardiez!
UN HUJIER (_Entrando. Bajo á Triboulet._)--El señor de Saint-Vallier, un anciano vestido todo de negro, quiere ver al rey.