Don Álvaro, o, La fuerza del Sino
Part 4
¡Qué carga tan insufrible es el ambiente vital, para el mezquino mortal que nace en signo terrible! ¡Qué eternidad tan horrible la breve vida! Este mundo ¡qué calabozo profundo, para el hombre desdichado á quien mira el cielo airado con su ceño furibundo! Parece, sí, que á medida que es más dura y más amarga, más extiende, más alarga el destino nuestra vida. Si nos está concedida solo para padecer, y debe muy breve ser la del feliz, como en pena de que su objeto no llena; ¡terrible cosa es nacer! Al que tranquilo, gozoso vive entre aplausos y honores, y de inocentes amores apura el cáliz sabroso; cuando es más fuerte y brioso, la muerte sus dichas huella, sus venturas atropella; y yo que infelice soy, yo que buscándola voy, no puedo encontrar con ella. Mas ¿cómo la he de obtener, ¡desventurado de mí! pues cuando infeliz nací, nací para envejecer? Si aquel dia de placer (que uno solo he disfrutado) fortuna hubiese fijado, ¡cuán pronto muerte precoz, con su guadaña feroz mi cuello hubiera segado! Para engalanar mi frente, allá en la abrasada zona con la espléndida corona del imperio de occidente, amor y ambicion ardiente me engendraron de concierto. Pero con tal desacierto, con tan contraria fortuna, que una cárcel fué mi cuna, y fué mi escuela el desierto. Entre bárbaros crecí, y en la edad de la razon, á cumplir la obligacion que un hijo tiene acudí: mi nombre ocultando fuí (que es un crímen) á salvar la vida, y así pagar á los que á mí me la dieron, que un trono soñando vieron, y un cadalso al despertar. Entonces risueño un dia, ¡uno solo, nada más! me dió el destino; quizás con intencion más impía. Así en la cárcel sombría mete una luz el sayon, con la tirana intencion de que un punto el preso vea el horror que le rodea en su espantosa mansion. ¡¡¡Sevilla!!! ¡¡¡Guadalquivir!!! ¡Cuán atormentais mi mente!... ¡Noche en que ví de repente mis breves dichas huir!... ¡Oh qué carga es el vivir!... Cielos, saciad el furor... Socórreme, mi Leonor, gala del suelo andaluz, que ya eres ángel de luz, junto al trono del Señor. Mírame desde tu altura sin nombre en extraña tierra, empeñado en una guerra, por ganar mi sepultura. ¿Qué me importa por ventura que triunfe Cárlos ó no? ¿Qué tengo de Italia en pró? ¿Qué tengo? ¡terrible suerte! Que en ella reina la muerte, y á la muerte busco yo. ¡Cuánto, oh Dios, cuánto se engaña el que elogia mi ardor ciego, viéndome siempre en el fuego de esta extranjera campaña! Llámanme la prez de España, y no saben que mi ardor solo es falta de valor, pues busco ansioso el morir por no osar el resistir de los astros el furor. Si el mundo colma de honores al que mata á su enemigo, el que lo lleva consigo ¿por qué no puede?...
(_Óyese ruido de espadas._)
D. CÁRLOS.
(_Dentro._) ¡¡¡Traidores!!!
VOCES.
(_Dentro._) ¡Muera!
D. CÁRLOS.
(_Dentro._) ¡Viles!
D. ÁLVARO.
(_Sorprendido._) ¡Qué clamores!
D. CÁRLOS.
(_Dentro._) ¡¡¡Socorro!!!
D. ÁLVARO.
(_Desenvainando la espada._)
Dárselo quiero, que oigo crujir el acero; y si á los peligros voy porque desgraciado soy, tambien voy por caballero.
(_Éntrase; suena ruido de espadas; atraviesan dos hombres la escena como fugitivos, y vuelven á salir Don Álvaro y Don Cárlos._)
ESCENA IV.
DON ÁLVARO y DON CÁRLOS, con las espadas desnudas.
D. ÁLVARO.
Huyeron... ¿Estais herido?
D. CÁRLOS.
Mil gracias os doy, señor; sin vuestro heróico valor de cierto estaba perdido; y no fuera maravilla: eran siete contra mí, y cuando grité me ví en tierra ya una rodilla.
D. ÁLVARO.
¿Y herido estais?
D. CÁRLOS.
(_Reconociéndose._)
Nada siento.
(_Envainan._)
D. ÁLVARO.
¿Quiénes eran?
D. CÁRLOS.
Asesinos.
D. ÁLVARO.
¿Cómo osaron tan vecinos de un militar campamento?...
D. CÁRLOS.
Os lo diré francamente; fué contienda sobre el juego. Entré sin pensarlo ciego en un casuco indecente...
D. ÁLVARO.
Ya caigo, aquí á mano diestra...
D. CÁRLOS.
Sí.
D. ÁLVARO.
Que extrañe perdonad, que un hombre de calidad, cual vuestro esfuerzo demuestra, entrára en tal gazapon, donde solo va la hez, la canalla más soez, de la milicia borron.
D. CÁRLOS.
Solo el ser recien llegado puede, señor, disculparme: vinieron á convidarme, y accedí desalumbrado.
D. ÁLVARO.
¿Conque há poco estais aquí?
D. CÁRLOS.
Diez dias há que llegué á Italia; dos solo que al cuartel general fuí. Y esta tarde al campamento con comision especial llegué de mi general, para el reconocimiento de mañana. Y si no fuera por vuestra espada y favor mi carrera sin honor ya terminada estuviera. Mi gratitud sepa, pues, á quién la vida he debido, porque el ser agradecido la obligacion mayor es para el hombre bien nacido.
D. ÁLVARO.
(_Con indiferencia._) Al acaso.
D. CÁRLOS.
(_Con expresion._) Que me deis vuestro nombre á suplicaros me atrevo. Y para obligaros, primero el mio sabreis. Siento no decir verdad: (_Aparte._) soy Don Félix de Avendaña, que he venido á esta campaña solo por curiosidad. Soy teniente coronel, y del general Briones ayudante: relaciones tengo de sangre con él.
D. ÁLVARO.
¡Qué franco es, y qué expresivo! (_Aparte._) me cautiva el corazon.
D. CÁRLOS.
Me parece que es razon que sepa yo por quién vivo, pues la gratitud es ley.
D. ÁLVARO.
Soy... Don Fadrique de Herreros, capitan de granaderos del regimiento del Rey.
D. CÁRLOS.
(_Con gran admiracion y entusiasmo._)
¿Sois... ¡grande dicha es la mia! del ejército español la gloria, el radiante sol de la hispana valentía?
D. ÁLVARO.
Señor...
D. CÁRLOS.
Desde que llegué á Italia, solo elogiaros y prez de España llamaros por donde quiera escuché. Y de español tan valiente anhelaba la amistad.
D. ÁLVARO.
Con ella, señor, contad, que me honrais muy altamente. Y segun os he encontrado contra tantos combatiendo bizarramente, comprendo que sereis muy buen soldado. Y la gran cortesanía que en vuestro trato mostrais, dice á voces que gozais de aventajada hidalguía.
(_Empieza á amanecer._)
Venid, pues, á descansar á mi tienda.
D. CÁRLOS.
Tanto honor será muy corto, señor, que el alba empieza á asomar.
(_Se oye á lo lejos tocar generala á las bandas de tambores._)
D. ÁLVARO.
Y por todo el campamento, de los tambores el son convoca á la formacion. Me voy á mi regimiento.
D. CÁRLOS.
Yo tambien, y á vuestro lado asistiré en la pelea, donde os admire y os vea como á mi ejemplo y dechado.
D. ÁLVARO.
Favorecedor y amigo, si sois cual cortés valiente, yo de vuestro arrojo ardiente seré envidioso testigo. (_Vánse._)
ESCENA V.
_El teatro representa un risueño campo de Italia, al amanecer; se verá á lo lejos el pueblo de Beletri y varios puestos militares; algunos cuerpos de tropas cruzan la escena, y luego sale una compañía de infantería con EL CAPITAN, EL TENIENTE y EL SUBTENIENTE: DON CÁRLOS sale á caballo con un ordenanza detrás, y coloca la compañía á un lado, avanzando una guerrilla al fondo del teatro._
D. CÁRLOS.
Señor capitan, permanecereis aquí hasta nueva órden; pero si los enemigos arrollan las guerrillas, y se dirigen á esa altura donde está la compañía de Cantabria, marchad á socorrerla á todo trance.
CAPITAN.
Está bien, cumpliré con mi obligacion. (_Váse Don Cárlos._)
ESCENA VI.
CAPITAN.
Granaderos, en su lugar, descanso. Parece que lo entiende este ayudante. (_Salen los oficiales de las filas y se reunen mirando con un anteojo hácia donde suena rumor de fusilería._)
TENIENTE.
Se va galopando al fuego como un energúmeno, y la accion se empeña más y más.
SUBTENIENTE.
Y me parece que ha de ser muy caliente.
CAPITAN.
(_Mirando con el anteojo._) Bien combaten los granaderos del Rey.
TENIENTE.
Como que llevan á la cabeza á la prez de España, al valiente Don Fadrique de Herreros, que pelea como un desesperado.
SUBTENIENTE.
(_Tomando el anteojo y mirando con él._) Pues los alemanes cargan á la bayoneta y con brío; á Dios, que nos desalojan de aquel puesto. (_Se aumenta el tiroteo._)
CAPITAN.
(_Toma el anteojo._) Á ver, á ver... ¡Ay! si no me engaño, el capitan de granaderos del Rey ha caido ó muerto ó herido; lo veo claro, claro.
TENIENTE.
Yo distingo que se arremolina la compañía... y creo que retrocede.
SOLDADOS.
Á ellos, á ellos.
CAPITAN.
Silencio. Firmes. (_Vuelve á mirar con el anteojo._) Las guerrillas tambien retroceden.
SUBTENIENTE.
Uno corre á caballo hácia allá.
CAPITAN.
Sí, es el ayudante... Está reuniendo la gente y carga... ¡con qué denuedo!... nuestro es el dia.
TENIENTE.
Sí, veo huir á los alemanes.
SOLDADOS.
Á ellos.
CAPITAN.
Firmes, granaderos. (_Mira con el anteojo._) El ayudante ha recobrado el puesto, la compañía del Rey carga á la bayoneta y lo arrolla todo.
TENIENTE.
Á ver, á ver. (_Toma el anteojo y mira._) Sí, cierto. Y el ayudante se apea del caballo, y retira en sus brazos al capitan Don Fadrique. No debe de estar más que herido; se lo llevan hácia Beletri.
TODOS.
Dios nos le conserve, que es la flor del ejército.
CAPITAN.
Pero por este lado no va tan bien.--Teniente, vaya usted á reforzar con la mitad de la compañía las guerrillas que están en esa cañada; que yo voy á acercarme á la compañía de Cantabria: vamos, vamos...
SOLDADOS.
Viva España, viva España, viva Nápoles. (_Marchan._)
ESCENA VII.
_El teatro representa el alojamiento de un oficial superior; al frente estará la puerta de la alcoba practicable y con cortinas. Entra DON ÁLVARO herido y desmayado en una camilla llevada por cuatro granaderos, EL CIRUJANO á un lado, y DON CÁRLOS á otro lleno de polvo y como muy cansado; un soldado traerá la maleta de Don Álvaro y la pondrá sobre una mesa, colocarán la camilla en medio de la escena, mientras los granaderos entran en la alcoba, á hacer la cama._
D. CÁRLOS.
Con mucho, mucho cuidado, dejadle aquí, y al momento entrad á arreglar mi cama.
(_Vánse á la alcoba dos de los soldados y quedan otros dos._)
CIRUJANO.
Y que haya mucho silencio.
D. ÁLVARO.
(_Volviendo en sí._)
¿Dónde estoy? ¿dónde?
D. CÁRLOS.
(_Con mucho cariño._) En Beletri, á mi lado, amigo excelso. Nuestra ha sido la victoria, tranquilo estad.
D. ÁLVARO.
¡Dios eterno! Con salvarme de la muerte, ¡qué gran daño me habeis hecho!
D. CÁRLOS.
No digais tal, Don Fadrique, cuando tan vano me encuentro de que salvaros la vida me haya concedido el cielo.
D. ÁLVARO.
Ay Don Félix de Avendaña, ¡qué gran mal me habeis hecho!
(_Se desmaya._)
CIRUJANO.
Otra vez se ha desmayado; agua y vinagre.
D. CÁRLOS.
(_Á uno de los soldados._)
Al momento.
¿Está de mucho peligro? (_Al cirujano._)
CIRUJANO.
Este balazo del pecho, en donde aún tiene la bala, me dá muchísimo miedo: lo que es las otras heridas no presentan tanto riesgo.
D. CÁRLOS.
(_Con gran vehemencia._)
Salvad su vida, salvadle; apurad todos los medios del arte, y os aseguro tal galardon...
CIRUJANO.
Lo agradezco: para cumplir con mi oficio no necesito de cebo, que en salvar á este valiente interes muy grande tengo.
(_Entra el soldado con un vaso de agua y vinagre. El Cirujano le rocía el rostro, y le aplica un pomito á las narices._)
D. ÁLVARO.
(_Vuelve en sí._) ¡Ay!
D. CÁRLOS.
Ánimo, noble amigo, cobrad ánimo y aliento: pronto, muy pronto curado y restablecido y bueno volvereis á ser la gloria, el norte de los guerreros. Y á vuestras altas hazañas el Rey dará todo el premio que merece. Sí, muy pronto lozano otra vez, cubierto de palmas inmarchitables y de laureles eternos, con una rica encomienda se adornará vuestro pecho, de Santiago ó Calatrava.
D. ÁLVARO.
(_Muy agitado._)
¿Qué escucho? ¿Qué? ¡Santo cielo! ¡Ah!... no, no de Calatrava: jamás, jamás... ¡Dios eterno!
(_Se desmaya._)
CIRUJANO.
Ya otra vez se desmayó: sin quietud y sin silencio no habrá forma de curarle. Que no le hableis más os ruego.
(_Á Don Cárlos.--Vuelve á darle agua y á aplicarle el pomito á las narices._)
D. CÁRLOS.
(_Suspenso aparte._)
El nombre de Calatrava ¿qué tendrá? ¿qué tendrá... tiemblo, de terrible á sus oidos?...
CIRUJANO.
No puede esperar más tiempo. ¿Aún no está lista la cama?
D. CÁRLOS.
(_Mirando á la alcoba._)
Ya lo está.
(_Salen los dos soldados._)
CIRUJANO.
(_Á los cuatro soldados._)
Llevadle luego.
D. ÁLVARO.
¡Ay de mí! (_Volviendo en sí._)
CIRUJANO.
Llevadle.
D. ÁLVARO.
(_Haciendo esfuerzos._)
Esperen. Poco, por lo que en mí siento, me queda ya de este mundo, y en el otro pensar debo. Mas antes de desprenderme de la vida, de un gran peso quiero descargarme. Amigo, (_Á Don Cárlos._) un favor tan solo anhelo.
CIRUJANO.
Si hablais, señor, no es posible...
D. ÁLVARO.
No volver á hablar prometo. Pero solo una palabra, y á él solo, que decir tengo.
D. CÁRLOS.
(_Al Cirujano y soldados._)
Apartad, démosle gusto dejadnos por un momento.
(_Se retira el Cirujano y los asistentes á un lado._)
D. ÁLVARO.
Don Félix, vos solo, solo, (_Dale la mano._) cumplireis con lo que quiero de vos exigir. Juradme por la fé de caballero, que hareis cuanto aquí os encargue, con inviolable secreto.
D. CÁRLOS.
Yo os lo juro, amigo mio; acabad, pues.
(_Hace un esfuerzo Don Álvaro como para meter la mano en el bolsillo y no puede._)
D. ÁLVARO.
¡Ah!... no puedo. Meted en este bolsillo que tengo aquí al lado izquierdo sobre el corazon, la mano.
(_Lo hace Don Cárlos._)
¿Hallais algo en él?
D. CÁRLOS.
Sí, encuentro una llavecita...
D. ÁLVARO.
Es esa.
(_Saca Don Cárlos la llave._)
Con ella abrid, yo os lo ruego, á solas y sin testigos, una caja que en el centro hallareis de mi maleta. En ella con sobre y sello un legajo hay de papeles; custodiadlos con esmero, y al momento que yo espire los dareis, amigo, al fuego.
D. CÁRLOS.
¿Sin abrirlos?
D. ÁLVARO.
(_Muy agitado._)
Sin abrirlos, que en ellos hay un misterio impenetrable... ¿Palabra me dais, Don Félix, de hacerlo?
D. CÁRLOS.
Yo os la doy con toda el alma.
D. ÁLVARO.
Entonces tranquilo muero. Dadme el postrimer abrazo, y adios, adios.
CIRUJANO.
(_Enfadado._) Al momento á la alcoba. Y vos, Don Félix, si es que teneis tanto empeño en que su vida se salve, haced que guarde silencio: y excusad tambien que os vea, pues se conmueve en extremo.
(_Llévanse los soldados la camilla; entra tambien el Cirujano, y Don Cárlos queda pensativo y lloroso._)
ESCENA VIII.
D. CÁRLOS.
¿Ha de morir... ¡qué rigor! tan bizarro militar? Si no le puedo salvar será eterno mi dolor. Puesto que él me salvó á mí, y desde el momento aquel que guardó mi vida él, guardar la suya ofrecí.
(_Pausa._)
Nunca ví tanta destreza en las armas, y jamás otra persona de más arrogancia y gentileza. Pero es hombre singular; y en el corto tiempo que le trato, rasgos noté que son dignos de extrañar.
(_Pausa._)
Y de Calatrava el nombre ¿por qué así le horrorizó cuando pronunciarlo oyó?... ¿Qué hallará en él que le asombre? ¡Sabrá que está deshonrado!... Será un hidalgo andaluz... ¡Cielos!... ¡Qué rayo de luz sobre mí habeis derramado en este momento!... Sí. ¿Podrá ser este el traidor, de mi sangre deshonor, el que á buscar vine aquí?...
(_Furioso y empuñando la espada._)
¿Y aún respira?... No, ahora mismo á mis manos... ¿Dónde estoy?...
(_Corre hácia la alcoba y se detiene._)
¿Ciego á despeñarme voy de la infamia en el abismo? Á quien mi vida salvó, y que moribundo está, ¿matar inerme podrá un caballero cual yo?
(_Pausa._)
¿No puede falsa salir mi sospecha?... Sí... ¿Quién sabe?... Pero ¡cielos! esta llave todo me lo va á decir.
(_Se acerca á la maleta, la abre precipitado, y saca la caja poniéndola sobre la mesa._)
Salid, caja misteriosa, del destino urna fatal, á quien con sudor mortal toca mi mano medrosa: me impide abrirte el temblor que me causa el recelar que en tu centro voy á hallar los pedazos de mi honor.
(_Resuelto y abriendo._)
Mas no, que en tí mi esperanza, la luz, que me dá el destino está para hallar camino que me lleve á la venganza.
(_Abre y saca un legajo sellado._)
Ya el legajo tengo aquí. ¿Qué tardo el sello en romper?...
(_Se contiene._)
¡Oh cielos! ¡Qué voy á hacer! ¿Y la palabra que dí? Mas si la suerte me dá tan inesperado medio de dar á mi honor remedio, el perderlo ¿qué será? Si á Italia solo he venido á buscar al matador de mi padre y de mi honor, con nombre y porte fingido, ¿qué importa que el pliego abra, si lo que vine á buscar á Italia, voy á encontrar? Pero no, dí mi palabra. Nadie, nadie aquí lo ve... ¡Cielos! lo estoy viendo yo. Mas si él mi vida salvó, tambien la suya salvé. Y si es el infame indiano, el seductor asesino, ¿no es bueno cualquier camino por donde venga á mi mano? Rompo esta cubierta, sí, pues nadie lo ha de saber... Mas ¡cielos!, ¿qué voy á hacer? ¿y la palabra que dí?
(_Suelta el legajo._)
No, jamás. ¡Cuán fácilmente nos pinta nuestra pasion una infame y vil accion como accion indiferente! Á Italia vine anhelando mi honor manchado lavar; ¿y mi empresa he de empezar el honor amancillando? Queda, oh secreto, escondido, si en este legajo estás, que un medio infame, jamás lo usa el hombre bien nacido.
(_Registrando la maleta._)
Si encontrar aquí pudiera algun otro abierto indicio, que sin hacer perjuicio á mi opinion, me advirtiera...
(_Sorprendido._)
¡Cielos!... le hay... esta cajilla,
(_Saca una cajita como de retrato._)
que algun retrato contiene,
(_Reconociéndola._)
ni sello, ni sobre tiene, tiene solo una aldabilla. Hasta sin ser indiscreto reconocerla me es dado: nada de ella me han hablado, ni rompo ningun secreto. Ábrola, pues, en buen hora, aunque un basilisco vea: aunque para el mundo sea caja fatal de Pandora.
(_La abre, y exclama muy agitado._)
¡Cielos!... no... no me engañé, esta es mi hermana Leonor... ¿para qué prueba mayor?... Con la más clara encontré. Ya está todo averiguado; Don Álvaro es el herido. Brújula el retrato ha sido que mi norte me ha marcado. ¿Y la infame... me atribulo, con él en Italia tiene?... Descubrirlo me conviene con astucia y disimulo. ¡Cuán feliz será mi suerte si la venganza y castigo solos de un golpe consigo, á los dos dando la muerte!... Mas... ¡ah!... no me precipite mi honra, cielos, ofendida. Guardad á este hombre la vida para que yo se la quite.
(_Vuelve á colocar los papeles y el retrato en la maleta. Se oye ruido, y queda suspenso._)
ESCENA IX.
_El CIRUJANO, que sale muy contento._
CIRUJANO.
Albricias pediros quiero; ya le he sacado la bala,
(_Se la enseña._)
y no es la herida tan mala cual me pareció primero.
D. CÁRLOS.
(_Le abraza fuera de sí._)
¿De veras?... Feliz me haceis: por ver bueno al capitan, tengo, amigo, más afan del que imaginar podeis.
FIN DE LA JORNADA TERCERA.
JORNADA CUARTA.
_La escena es en Beletri._
ESCENA PRIMERA.
_El teatro representa una sala corta, de alojamiento militar._
DON ÁLVARO y DON CÁRLOS.
D. CÁRLOS.
Hoy que vuestra cuarentena dichosamente cumplís, de salud ¿cómo os sentís? ¿Es completamente buena?... ¿Reliquia alguna notais de haber tanto padecido? ¿Del todo restablecido, y listo y fuerte os hallais?
D. ÁLVARO.
Estoy como si tal cosa; nunca tuve más salud, y á vuestra solicitud debo mi cura asombrosa. Sois excelente enfermero: ni una madre por un hijo muestra un afan más prolijo, tan gran cuidado y esmero.
D. CÁRLOS.
En extremo interesante me era la vida salvaros.
D. ÁLVARO.
Y ¿con qué, amigo, pagaros podré interes semejante? Y aunque gran mal me habeis hecho en salvar mi amarga vida, será eterna y sin medida la gratitud de mi pecho.
D. CÁRLOS.
¿Y estais tan repuesto y fuerte, que sin ventaja pudiera un enemigo cualquiera?...
D. ÁLVARO.
Estoy, amigo, de suerte, que en casa del coronel he estado ya á presentarme, y de alta acabo de darme ahora mismo en el cuartel.
D. CÁRLOS.
¿De veras?
D. ÁLVARO.
¿Os enojais, porque ayer no os dije acaso que iba hoy á dar este paso? Como tanto me cuidais que os opusiérais temí: y estando sano, en verdad, vivir en la ociosidad no era honroso para mí.
D. CÁRLOS.
¿Conque ya no os duele nada, ni hay asomo de flaqueza en el pecho, en la cabeza, ni en el brazo de la espada?
D. ÁLVARO.
No... Pero parece que algo, amigo, os atormenta, y que acaso os descontenta el que yo tan bueno esté.
D. CÁRLOS.
¡Al contrario!... Al veros bueno, capaz de entrar en accion, palpita mi corazon del placer más alto lleno. Solamente no quisiera que os engañara el valor, y que el personal vigor en una ocasion cualquiera...
D. ÁLVARO.
¿Quereis pruebas?
D. CÁRLOS.
(_Con vehemencia._) Las deseo.
D. ÁLVARO.
Á la descubierta vamos de mañana, y enredamos un rato de tiroteo.
D. CÁRLOS.
La prueba se puede hacer, pues que estais fuerte, sin ir tan lejos á combatir, que no hay tiempo que perder.
D. ÁLVARO.
No os entiendo... (_Confuso._)
D. CÁRLOS.
¿No tendreis, sin ir á los imperiales, enemigos personales con quien probaros podreis?
D. ÁLVARO.
¿Á quién le faltan?--Mas no lo que me decís comprendo.
D. CÁRLOS.
Os lo está á voces diciendo más la conciencia que yo. Disimular fuera en vano... vuestra turbacion es harta... ¿Habeis recibido carta de Don Álvaro el indiano?
D. ÁLVARO.
(_Fuera de sí._)
¡Ah traidor!... ¡Ah fementido! violaste infame un secreto, que yo débil, yo indiscreto, moribundo... inadvertido...
D. CÁRLOS.
¿Qué osais pensar?... Respeté vuestros papeles sellados, que los que nacen honrados se portan cual me porté. El retrato de la infame, vuestra cómplice, os perdió, y sin lengua me pidió que el suyo y mi honor reclame. Don Cárlos de Vargas soy, que por vuestro crímen es de Calatrava marqués: temblad, que ante vos estoy.
D. ÁLVARO.
No sé temblar... Sorprendido, sí, me teneis...
D. CÁRLOS.
No lo extraño.
D. ÁLVARO.
Y usurpar con un engaño mi amistad, ¿honrado ha sido? ¡Señor marqués!...
D. CÁRLOS.
De esa suerte no me permito llamar, que solo he de titular despues de daros la muerte.
D. ÁLVARO.
Aconteceros pudiera sin el título morir.
D. CÁRLOS.
Vamos pronto á combatir, quedemos ó dentro ó fuera. Vamos donde mi furor...
D. ÁLVARO.