Don Álvaro, o, La fuerza del Sino

Part 3

Chapter 33,233 wordsPublic domain

¡Qué asperezas! ¡Qué hermosa y clara luna! ¡¡¡La misma que hace un año vió la mudanza atroz de mi fortuna, y abrirse los infiernos en mi daño!!!

(_Pausa larga._)

No fué ilusion... aquel que de mí hablaba dijo que navegaba Don Álvaro, buscando nuevamente los apartados climas de Occidente. ¡Oh Dios!... ¿Y será cierto? Con bien arribe de su patria al puerto.

(_Pausa._)

¿Y no murió la noche desastrada en que yo, yo... manchada con la sangre infeliz del padre mio, le seguí... le perdí?... ¿Y huye el impío? ¿Y huye el ingrato?... ¿Y huye y me abandona?

(_Cae de rodillas._)

¡Oh Madre Santa de piedad! perdona, perdona, le olvidé. Sí, es verdadera, lo es mi resolucion. Dios de bondades, con penitencia austera, lejos del mundo en estas soledades, el furor expiaré de mis pasiones. Piedad, piedad, Señor, no me abandones.

(_Queda en silencio y como en profunda meditacion recostada en las gradas de la cruz, y despues de una larga pausa continúa:_)

Los sublimes acentos de ese coro de bienaventurados, y los ecos pausados del órgano sonoro, que cual de incienso vaporosa nube al trono santo del eterno sube, difunden en mi alma bálsamo dulce de consuelo y calma.

(_Se levanta resuelta._)

¿Qué me detengo pues?... corro al tranquilo, corro al sagrado asilo...

(_Va hácia el convento y se detiene._)

Mas ¿cómo á tales horas?... ¡Ah!... no puedo ya dilatarlo más, hiélame el miedo de encontrarme aquí sola. En esa aldea hay quien mi historia sabe. En lo posible cabe que descubierta con la aurora sea. Este santo prelado de mi resolucion está informado, y de mis infortunios... Nada temo. Mi confesor de Córdoba hace dias que las desgracias mias le escribió largamente... Sé de su caridad el noble extremo, me acogerá indulgente. ¿Qué dudo, pues, qué dudo?... Sed, oh Vírgen Santísima, mi escudo.

(_Llega á la portería y toca á la campanilla._)

ESCENA IV.

_Se abre la mirilla que está en la puerta, y por ella sale el resplandor de un farol que dá de pronto en el rostro de DOÑA LEONOR, y ésta se retira como asustada. El HERMANO MELITON habla toda esta escena dentro._

MELITON.

¿Quién es?

LEONOR.

Una persona á quien le interesa mucho, mucho, ver al instante al reverendo P. Guardian.

MELITON.

¡Buena hora de ver al P. Guardian!... La noche está clara, y no será ningun caminante perdido. Si viene á ganar el jubileo, á las cinco se abrirá la iglesia; vaya con Dios; él le ayude.

LEONOR.

Hermano, llamad al P. Guardian. Por caridad.

MELITON.

¡Qué caridad á estas horas! El P. Guardian está en el coro.

LEONOR.

Traigo para su reverencia un recado muy urgente del P. Cleto, definidor del convento de Córdoba, quien ya le ha escrito sobre el asunto de que vengo á hablarle.

MELITON.

¡Hola!... ¿del P. Cleto, el definidor del convento de Córdoba? Eso es distinto... iré, iré á decírselo al P. Guardian. Pero dígame, hijo, ¿el recado y la carta son sobre aquel asunto con el P. General, que está pendiente allá en Madrid?...

LEONOR.

Es una cosa muy interesante.

MELITON.

Pero ¿para quién?

LEONOR.

Para la criatura más infeliz del mundo.

MELITON.

¡Mala recomendacion!... Pero bueno; abriré la portería, aunque es contra regla, para que entreis á esperar.

LEONOR.

No, no, no puedo entrar... ¡¡¡Jesus!!!

MELITON.

Bendito sea su santo nombre... Pero ¿sois algun excomulgado?... Si no es cosa rara preferir el esperar al raso. En fin, voy á dar el recado, que probablemente no tendrá respuesta. Si no vuelvo, buenas noches: ahí á la bajadita está la villa, y hay un buen meson. El de la tia Colasa.

(_Ciérrase la ventanilla, y Doña Leonor queda muy abatida._)

ESCENA V.

LEONOR.

¿Será tan negra y dura mi suerte miserable, que este santo prelado socorro y proteccion no quiera darme? La rígida aspereza y las dificultades que ha mostrado el portero me pasman de terror, hielan mi sangre. Mas no, si dá el aviso al reverendo Padre, y éste es tan docto y bueno cual dicen todos, volará á ampararme. ¡Oh Soberana Vírgen, de desdichados Madre: su corazon ablanda para que venga pronto á consolarme!

(_Queda en silencio: dá la una el reloj del convento: se abre la portería, en la que aparecen el P. Guardian y el H. Meliton con un farol: éste se queda en la puerta y aquel sale á la escena._)

ESCENA VI.

DOÑA LEONOR, el P. GUARDIAN, el H. MELITON.

GUARDIAN.

El que me busca ¿quién es?

LEONOR.

Yo soy, Padre, que queria...

GUARDIAN.

Ya se abrió la portería; entrad en el cláustro, pues.

LEONOR.

(_Muy sobresaltada._)

¡Ah!... imposible; Padre, no.

GUARDIAN.

¡Imposible!... ¿Qué decís?...

LEONOR.

Si que os hable permitís, aquí solo puedo yo.

GUARDIAN.

Si os envía el Padre Cleto, hablad, que es mi grande amigo.

LEONOR.

Padre, que sea sin testigo, porque me importa el secreto.

GUARDIAN.

¿Y quién?... Mas ya os entendí. Retiraos, fray Meliton, y encajad ese porton; dejadnos solos aquí.

MELITON.

¿No lo dije? Secretitos. Los misterios ellos solos, que los demás somos bolos para estos santos benditos.

GUARDIAN.

¿Qué murmura?...

MELITON.

Que está tan premiosa esta puerta... y luego...

GUARDIAN.

Obedezca, hermano lego.

MELITON.

Ya me la echó de guardian.

(_Ciérrase la puerta y váse._)

ESCENA VII.

DOÑA LEONOR, el P. GUARDIAN.

GUARDIAN.

(_Acercándose á Leonor._)

Ya estamos, hermano, solos. Mas ¿por qué tanto misterio? ¿No fuera más conveniente que entrárais en el convento? ¡No sé qué pueda impedirlo!... entrad, pues, que yo os lo ruego; entrad, subid á mi celda; tomareis un refrigerio, y despues...

LEONOR.

No, Padre mio.

GUARDIAN.

¿Qué os horroriza?... no entiendo...

LEONOR.

(_Muy abatida._) Soy una infeliz mujer.

GUARDIAN.

(_Asustado._)

¡Una mujer!... ¡Santo cielo! ¡Una mujer!... á estas horas, en este sitio... ¿qué es esto?

LEONOR.

Una mujer infelice, maldicion del universo, que á vuestras plantas rendida

(_Se arrodilla._)

os pide amparo y remedio, pues vos podeis libertarla de este mundo y del infierno.

GUARDIAN.

Señora, alzad. Que son grandes (_La levanta._) vuestros infortunios creo cuando os miro en este sitio, y escucho tales lamentos. Pero ¿qué apoyo, decidme, qué amparo prestaros puedo yo, un humilde religioso encerrado en estos yermos?

LEONOR.

No habeis, Padre, recibido la carta que el Padre Cleto...

GUARDIAN.

(_Recapacitando._)

¿El Padre Cleto os envía?...

LEONOR.

Á vos, cual solo remedio de todos mis infortunios, si benignos los intentos que á estos montes me conducen permitís tengan efecto.

GUARDIAN.

(_Sorprendido._)

¿Sois Doña Leonor de Vargas?... ¿Sois por dicha?... ¡Dios eterno!

LEONOR.

(_Abatida._) ¡Os horroriza el mirarme!

GUARDIAN.

(_Afectuoso._) No, hija mia, no por cierto. Ni permita Dios que nunca tan duro sea mi pecho, que á los desgraciados niegue la compasion y el respeto.

LEONOR.

¡Yo lo soy tanto!

GUARDIAN.

Señora, vuestra agitacion comprendo. No es extraño, no. Seguidme, venid. Sentaos un momento al pié de esta cruz; su sombra os dará fuerza y consuelos.

(_Lleva el Guardian á Doña Leonor, y se sientan ambos al pié de la cruz._)

LEONOR.

¡No me abandoneis! Oh, Padre.

GUARDIAN.

No, jamás; contad conmigo.

LEONOR.

De este santo monasterio desde que el término piso, más tranquila tengo el alma, con más libertad respiro. Ya no me cercan, cual hace un año, que hoy se ha cumplido, los espectros y fantasmas que siempre en redor he visto. Ya no me sigue la sombra sangrienta del padre mio, ni escucho sus maldiciones, ni su horrenda herida miro, ni...

GUARDIAN.

¡Oh! no lo dudo, hija mia; libre estais en este sitio de esas vanas ilusiones, aborto de los abismos. Las insidias del demonio, las sombras á que dá brío para conturbar al hombre, no tienen aquí dominio.

LEONOR.

Por eso aquí busco ansiosa dulce consuelo y auxilio, y de la reina del cielo bajo el régio manto abrigo.

GUARDIAN.

Vamos despacio, hija mia: el Padre Cleto me ha escrito la resolucion tremenda que al desierto os ha traido; pero no basta.

LEONOR.

Sí basta: es inmutable... lo fío, es inmutable.

GUARDIAN.

¡Hija mia!

LEONOR.

Vengo resuelta, lo he dicho, á sepultarme por siempre en la tumba de estos riscos.

GUARDIAN.

¡Cómo!...

LEONOR.

¿Seré la primera?... No lo seré, Padre mio. Mi confesor me ha informado de que en este santo sitio, otra mujer infelice vivió muerta para el siglo. Resuelta á seguir su ejemplo vengo en busca de su asilo: dármelo sin duda puede la gruta que la dió abrigo, vos la proteccion y amparo que para ello necesito, y la Soberana Vírgen su santa gracia y su auxilio.

GUARDIAN.

No os engañó el Padre Cleto, pues diez años ha vivido una santa penitente en este yermo tranquilo, de los hombres ignorada, de penitencias prodigio. En nuestra iglesia sus restos están, y yo los estimo como la joya más rica de esta casa, que aunque indigno, gobierno, en el Santo nombre de mi Padre San Francisco. La gruta que fué su albergue, y á que reparos precisos se le hicieron, está cerca en ese hondo precipicio. Aún existen en su seno los humildes utensilios que usó la santa; á su lado un arroyo cristalino brota apacible...

LEONOR.

Al momento llevadme allá, Padre mio.

GUARDIAN.

¡Oh, Doña Leonor de Vargas! ¿Insistís?

LEONOR.

Sí, Padre, insisto. Dios me manda...

GUARDIAN.

Raras veces Dios tan grandes sacrificios exige de los mortales. Y, ¡ay de aquel que de un delirio en el momento, hija mia, tal vez se engaña á sí mismo! Todas las tribulaciones de este mundo fugitivo, son, señora, pasajeras; al cabo encuentran alivio. Y al Dios de bondad se sirve, y se le aplaca lo mismo en el cláustro, en el desierto, de la córte en el bullicio, cuando se le entrega el alma con fé viva y pecho limpio.

LEONOR.

No es un acaloramiento, no un instante de delirio quien me sugirió la idea que á buscaros me ha traido. Desengaños de este mundo, y un año ¡ay Dios! de suplicios, de largas meditaciones, de continuados peligros, de atroces remordimientos, de reflexiones conmigo, mi intencion han madurado y esfuerzo me han concedido para hacer voto solemne de morir en este sitio. Mi confesor venerable, que ya mi historia os ha escrito, el Padre Cleto, á quien todos llaman santo, y con motivo, mi resolucion aprueba, aunque cual vos al principio trató de desvanecerla con sus doctos raciocinios, y á vuestras plantas me envía para que me deis auxilio. No me abandoneis, oh Padre, por el cielo os lo suplico; mi resolucion es firme, mi voto inmutable y fijo, y no hay fuerza en este mundo que me saque de estos riscos.

GUARDIAN.

Sois muy jóven, hija mia; ¿quién lo que el cielo propicio aún os puede guardar sabe?

LEONOR.

Renuncio á todo, lo he dicho.

GUARDIAN.

Acaso aquel caballero...

LEONOR.

¿Qué pronunciais?... ¡Oh martirio! Aunque inocente, manchado con sangre del padre mio está, y nunca, nunca...

GUARDIAN.

Entiendo. Mas de vuestra casa el brillo, vuestros hermanos...

LEONOR.

Mi muerte solo anhelan vengativos.

GUARDIAN.

¿Y la bondadosa tia que en Córdoba os ha tenido un año oculta?

LEONOR.

No puedo, sin ponerla en compromiso abusar de sus bondades.

GUARDIAN.

¿Y qué, más seguro asilo no fuera, y más conveniente, con las esposas de Cristo, en un convento?...

LEONOR.

No, Padre; son tantos los requisitos que para entrar en el cláustro se exigen... y... ¡oh! no, Dios mio, aunque me encuentro inocente, no puedo, tiemblo al decirlo, vivir sino donde nadie viva y converse conmigo. Mi desgracia en toda España suena de modo distinto, y una alusion, una seña, una mirada, suplicios pudieran ser que me hundieran del despecho en el abismo. No, jamás... Aquí, aquí solo; si no me acogeis benigno, piedad pediré á las fieras que habitan en estos riscos, alimento á estas montañas, vivienda á estos precipicios. No salgo de este desierto; una voz hiere mi oido, voz del cielo que me dice: aquí, aquí; y aquí respiro.

(_Se abraza con la cruz._)

No, no habrá fuerzas humanas que me arranquen de este sitio.

GUARDIAN.

(_Levantándose y aparte._)

¡Será verdad, Dios eterno! ¿Será tan grande y tan alta la proteccion que concede vuestra Madre Soberana á mí, pecador indigno, que cuando soy de esta casa humilde prelado, venga con resolucion tan santa otra mujer penitente á ser luz de estas montañas? ¡Bendito seais, Dios eterno, cuya omnipotencia narran estos cielos estrellados, escabel de vuestras plantas! (_Pausa._) ¿Vuestra vocacion es firme?... (_Á Leonor._) ¿Sois tan bienaventurada?...

LEONOR.

Es inmutable, y cumplirla la voz del cielo me manda.

GUARDIAN.

Sea, pues, bajo el amparo de la Vírgen soberana.

(_Extiende una mano sobre ella._)

LEONOR.

(_Arrojándose á las plantas del P. Guardian._)

¿Me acogeis?... ¡Oh Dios!...¡ Oh dicha! ¡Cuán feliz vuestras palabras me hacen en este momento!...

GUARDIAN.

(_Levantándola._)

Dad á la Vírgen las gracias. Ella es quien asilo os presta á la sombra de su casa. No yo, pecador protervo, vil gusano, tierra, nada. (_Pausa._)

LEONOR.

Y vos, tan solo vos, oh padre mio, sabreis que habito en estas asperezas, no otro ningun mortal.

GUARDIAN.

Yo solamente sabré quien sois. Pero que avise es fuerza á la comunidad de que la ermita está ocupada, y de que vive en ella una persona penitente. Y nadie, bajo precepto santo de obediencia, osará aproximarse de cien pasos, ni ménos penetrar la humilde cerca que á gran distancia la circunda en torno. La mujer santa, antecesora vuestra, solo fué conocida del prelado, tambien mi antecesor. Que mujer era lo supieron los otros religiosos cuando se celebraron sus exequias. Ni yo jamás he de volver á veros: cada semana, sí, con gran reserva, yo mismo os dejaré junto á la fuente la escasa provision: de recogerla cuidareis vos... Una pequeña esquila, que está sobre la puerta con su cuerda calando á lo interior, tocareis solo de un gran peligro en la ocasion extrema, ó en la hora de la muerte. Su sonido, á mí ó al que cual yo prelado sea, avisará, y espiritual socorro jamás os faltará... No, nada tema. La Vírgen de los Ángeles os cubre con su manto, será vuestra defensa el ángel del Señor.

LEONOR.

Mas mis hermanos... ó bandidos tal vez...

GUARDIAN.

Y ¿quién pudiera atreverse, hija mia, sin que al punto sobre él tronára la venganza eterna? Cuando vivió la penitente antigua en ese mismo sitio, á donde os lleva gracia especial del brazo omnipotente, tres malhechores con audacia ciega llegar quisieron al albergue santo; al momento una horrísona tormenta se alzó, enlutando el indignado cielo, y un rayo desprendido de la esfera hizo ceniza á dos de los bandidos, y el tercero, temblando, á nuestra iglesia acogióse, vistió el escapulario abrazando contrito nuestra regla, y murió á los dos meses.

LEONOR.

Bien: ¡oh Padre! pues que encontré donde esconderme pueda á los ojos del mundo, conducidme, sin tardanza llevadme...

GUARDIAN.

Al punto sea, que ya la luz del alba se avecina. Mas antes entraremos en la iglesia; recibireis mi absolucion y luego el pan de vida y de salud eterna. Vestireis el sayal de San Francisco, y os daré avisos que importaros puedan para la santa y penitente vida, á que con gloria tanta estais resuelta.

ESCENA VIII.

GUARDIAN.

¡Hola!... Hermano Meliton. ¡Hola!... despierte le digo; de la iglesia abra el postigo.

MELITON.

(_Dentro._) ¿Pues qué, ya las cinco son?...

(_Sale bostezando._)

Apostaré á que no han dado. (_Bosteza._)

GUARDIAN.

La iglesia abra.

MELITON.

No es de dia.

GUARDIAN.

¿Replica?... Por vida mia...

MELITON.

¿Yo?... en mi vida he replicado. Bien podia el penitente hasta las cinco esperar; difícil será encontrar un pecador tan urgente. (_Váse._)

GUARDIAN.

(_Conduciendo á Leonor hácia la iglesia._)

Vamos al punto, vamos; en la casa de Dios, hermana, entremos, su nombre bendigamos, en su misericordia confiemos.

FIN DE LA JORNADA SEGUNDA.

JORNADA TERCERA.

_La escena es en Italia, en Beletri y sus alrededores._

ESCENA PRIMERA.

_El teatro representa una sala corta, alojamiento de oficiales abandonados. En las paredes estarán colgados en desórden uniformes, capotes, sillas de caballos, armas, etc.; en medio habrá una mesa con tapete verde, dos candeleros de bronce con velas de sebo, los cuatro oficiales alrededor, y uno de ellos con la baraja en la mano, y habrá otras sillas desocupadas._

PEDRAZA.

(_Entra muy de prisa._) ¡Qué frio está esto!

OFICIAL 1.º

Todos se han ido en cuanto me han desplumado: no he conseguido tirar una buena talla.

PEDRAZA.

Pues precisamente va á venir un gran punto, y si ve esto tan desierto y frio...

OFICIAL 1.º

¿Y quién es el pájaro?

TODOS.

¿Quién?

PEDRAZA.

El ayudante del general, ese teniente coronel que ha llegado esta tarde con la órden de que al amanecer estemos sobre las armas. Es gran aficionado, tiene mucho rumbo, y á lo que parece es blanquito. Hemos cenado juntos en casa de la coronela, á quien ya le está echando requiebros, y el taimado de nuestro capellan le marcó por suyo. Le convidó con que viniera á jugar, y ya lo trae hácia aquí.

OFICIAL 1.º

Pues señores, ya es este otro cantar. Ya vamos á ser todos unos... ¿Me entienden ustedes?

TODOS.

Sí, sí, muy bien pensado.

OFICIAL 2.º

Como que es de plana mayor, y será contrario de los pobres pilíes.

OFICIAL 4.º

Á él, y duro.

OFICIAL 1.º

Pues para jugar con él tengo baraja preparada, más obediente que un recluta, y más florida que el mes de Mayo. (_Saca una baraja del bolsillo._) Y aquí está.

OFICIAL 3.º

¡Qué fino es usted, camarada!

OFICIAL 1.º

No hay que jugar ases ni figuras. Y al avío, que ya suena gente en la escalera. Tiro, tres á la derecha, nueve á la izquierda.

ESCENA II.

DON CÁRLOS DE VARGAS y el CAPELLAN.

CAPELLAN.

Aquí viene, compañeros, un rumboso aficionado.

TODOS.

Sea, pues, muy bien llegado.

(_Levantándose y volviéndose á sentar._)

D. CÁRLOS.

Buenas noches, caballeros. ¡Qué casa tan indecente! (_Aparte._) Estoy, vive Dios, corrido, de verme comprometido á alternar con esta gente.

OFICIAL 1.º

Sentaos.

(_Se sienta Don Cárlos, haciéndole todos lugar._)

CAPELLAN.

Señor capitan, (_Al banquero._) ¿y el concurso?

OFICIAL 1.º

Se afufó (_Barajando._) en cuanto me desbancó. Toditos repletos van. Se declaró un juego eterno que no he podido quebrar, y siempre salió á ganar una sota del infierno. Veinte y dos veces salió y jamás á la derecha.

OFICIAL 2.º

El que nunca se aprovecha de tales gangas soy yo.

OFICIAL 3.º

Y yo en el juego contrario me empeñé, que nada ví, y ya solo estoy aquí para rezar el rosario.

CAPELLAN.

Vamos.

PEDRAZA.

Vamos.

OFICIAL 1.º

Tiro.

D. CÁRLOS.

Juego.

OFICIAL 1.º

Tiro, á la derecha el as, y á la izquierda la sotita.

OFICIAL 2.º

Ya salió la muy maldita. Por vida de Barrabás...

OFICIAL 1.º

Rey á la derecha, nueve á la izquierda.

D. CÁRLOS.

Yo lo gano.

OFICIAL 1.º

¡Tengo apestada la mano! (_Paga._) Tres onzas, nada se debe. Á la derecha la sota.

OFICIAL 4.º

Ya quebró.

OFICIAL 3.º

Pegarle fuego.

OFICIAL 1.º

Á la izquierda siete.

D. CÁRLOS.

Juego.

OFICIAL 2.º

Solo el verlo me rebota.

D. CÁRLOS.

Copo.

CAPELLAN.

¿Con carta tapada?

OFICIAL 1.º

Tiro, á la derecha el tres.

PEDRAZA.

¡Qué bonita carta es!

OFICIAL 1.º

Cuando sale descargada. Á la izquierda el cinco.

D. CÁRLOS.

(_Levantándose y sujetando la baraja._)

No, con tiento, señor banquero,

(_Vuelve su carta._)

que he ganado mi dinero, y trampas no sufro yo.

OFICIAL 1.º

¿Cómo trampas?... ¿Quién osar?...

D. CÁRLOS.

Yo; pegado tras del cinco está el caballo, buen brinco le hicísteis, amigo, dar.

OFICIAL 1.º

Soy hombre pundonoroso, y esto una casualidad...

D. CÁRLOS.

Esta es una iniquidad, vos un taimado tramposo.

PEDRAZA.

Sois un loco, un atrevido.

D. CÁRLOS.

Vos un vil, y con la espada...

TODOS.

Esta es una casa honrada.

CAPELLAN.

Por Dios no hagamos ruido.

D. CÁRLOS.

(_Echando á rodar la mesa._)

Abreviemos de razones.

TODOS.

(_Tomando las espadas._)

Muera, muera el insolente.

D. CÁRLOS.

(_Sale defendiéndose._)

¿Qué puede con un valiente una cueva de ladrones?

(_Vánse acuchillando, y dos ó tres soldados retiran la mesa, las sillas y desembarazan la escena._)

ESCENA III.

_El teatro representa una selva en noche muy oscura. Aparece al fondo DON ÁLVARO, solo, vestido de capitan de granaderos, se acerca lentamente, y dice con gran agitacion._

DON ÁLVARO, solo.