Don Álvaro, o, La fuerza del Sino
Part 2
Indudable es que está de centinela...
LEONOR.
¡Curra!... ¿Qué suena?... ¿Escuchaste?
(_Con gran sobresalto._)
CURRA.
Pisadas son de caballos.
LEONOR.
¡Ay! él es... (_Corre al balcon._)
CURRA.
Si que faltase era imposible...
LEONOR.
¡Dios mio! (_Muy agitada._)
CURRA.
Pecho al agua, y adelante.
ESCENA VII.
_DON ÁLVARO en cuerpo, con una jaquetilla de mangas perdidas sobre una rica chupa de majo, redecilla, calzon de ante, etc., entra por el balcon y se echa en brazos de LEONOR._
D. ÁLVARO.
(_Con gran vehemencia._)
Ángel consolador del alma mia... ¿Van ya los santos cielos, á dar corona eterna á mis desvelos? Me ahoga la alegría... ¿Estamos abrazados para no vernos nunca separados? Antes, antes la muerte, que de tí separarme y que perderte.
LEONOR.
¡Don Álvaro! (_Muy agitada._)
D. ÁLVARO.
Mi bien, mi Dios, mi todo. ¿Qué te agita y te turba de tal modo? ¿Te turba el corazon ver que tu amante se encuentra en este instante más ufano que el sol?... ¡Prenda adorada!
LEONOR.
Es ya tan tarde...
D. ÁLVARO.
¿Estabas enojada porque tardé en venir? De mi retardo no soy culpado, no, dulce señora; hace más de una hora que despechado aguardo por los alrededores la ocasion de llegar, y ya temia que de mi adversa estrella los rigores hoy deshicieran la esperanza mia. Mas no, mi bien, mi gloria, mi consuelo, protege nuestro amor el santo cielo, y una carrera eterna de ventura, próvido á nuestras plantas asegura. El tiempo no perdamos. ¿Está ya todo listo? Vamos, vamos.
CURRA.
Sí: bajo del balcon, Antonio, el guarda, las maletas espera; las echaré al momento. (_Va hácia el balcon._)
LEONOR.
Curra, aguarda, (_Resuelta._) detente... ¡Ay Dios!... ¿no fuera, Don Álvaro, mejor?...
D. ÁLVARO.
¿Qué, encanto mio?... ¿Por qué tiempo perder?... La jaca torda, la que, cual dices tú, los campos borda, la que tanto te agrada por su obediencia y brío, para tí está, mi dueño, enjaezada, para Curra el obero. Para mí el alazan gallardo y fiero... ¡Oh, loco estoy de amor y de alegría! En San Juan de Alfarache, preparado todo, con gran secreto, lo he dejado. El sacerdote en el altar espera; Dios nos bendecirá desde su esfera: y cuando el nuevo sol en el oriente, protector de mi estirpe soberana, númen eterno en la region indiana, la regia pompa de su trono ostente, monarca de la luz, padre del dia, yo tu esposo seré, tú esposa mia.
LEONOR.
Es tan tarde... ¡Don Álvaro!
D. ÁLVARO.
Muchacha, (_Á Curra._) ¿qué te detiene ya? Corre, despacha; por el balcon esas maletas, luego...
LEONOR.
Curra, Curra, detente. (_Fuera de sí._) ¡Don Álvaro!
D. ÁLVARO.
¡¡¡Leonor!!!
LEONOR.
¡Dejadlo os ruego para mañana!
D. ÁLVARO.
¿Qué?
LEONOR.
Más fácilmente...
D. ÁLVARO.
(_Demudado y confuso._)
¿Qué es esto, qué, Leonor? ¿Te falta ahora resolucion?... ¡ay yo desventurado!
LEONOR.
¡Don Álvaro! ¡¡¡Don Álvaro!!!
D. ÁLVARO.
¡Señora!
LEONOR.
¡Ay! me partís el alma...
D. ÁLVARO.
Destrozado tengo yo el corazon... ¿Dónde está, dónde, vuestro amor, vuestro firme juramento? Mal con vuestra palabra corresponde tanta irresolucion en tal momento. Tan súbita mudanza... No os conozco, Leonor. ¿Llevóse el viento de mis delirios toda la esperanza? Sí, he cegado en el punto en que apuntaba el más risueño dia. Me sacarán difunto de aquí, cuando inmortal salir creía. Hechicera engañosa, ¿la perspectiva hermosa que falaz me ofreciste así deshaces? ¡Pérfida! ¿Te complaces en levantarme al trono del eterno, para despues hundirme en el infierno? ...¿Solo me resta ya?...
LEONOR.
(_Echándose en sus brazos._)
No, no, te adoro. ¡Don Álvaro!... ¡Mi bien!... vamos, sí, vamos.
D. ÁLVARO.
¡Oh mi Leonor!...
Curra.
El tiempo no perdamos.
D. ÁLVARO.
¡Mi encanto! ¡Mi tesoro!
(_Doña Leonor muy abatida se apoya en el hombro de Don Álvaro, con muestras de desmayarse._)
Mas ¿qué es esto?... ¡ay de mí!... ¡tu mano yerta! Me parece la mano de una muerta... Frio está tu semblante como la losa de un sepulcro helado.
LEONOR.
¡Don Álvaro!
D. ÁLVARO.
¡Leonor! (_Pausa._) Fuerza bastante hay para todo en mí... ¡Desventurado! La conmocion conozco que te agita, inocente Leonor. Dios no permita que por debilidad en tal momento sigas mis pasos, y mi esposa seas. Renuncio á tu palabra y juramento: hachas de muerte las nupciales teas fueran para los dos... Si no me amas, como te amo yo á tí... Si arrepentida...
LEONOR.
Mi dulce esposo, con el alma y vida es tuya tu Leonor; mi dicha fundo en seguirte hasta el fin del ancho mundo. Vamos, resuelta estoy, fijé mi suerte; separarnos podrá solo la muerte.
(_Van hácia el balcon, cuando de repente se oye ruido, ladridos, y abrir y cerrar puertas._)
LEONOR.
¡Dios mio! ¿Qué ruido es este? ¡¡¡Don Álvaro!!!
CURRA.
Parece que han abierto la puerta del patio... y la de la escalera...
LEONOR.
¿Se habrá puesto malo mi padre?...
CURRA.
¡Qué!, no señora, el ruido viene de otra parte.
LEONOR.
¿Habrá llegado alguno de mis hermanos?
D. ÁLVARO.
Vamos, vamos, Leonor, no perdamos ni un instante.
(_Vuelven hácia el balcon, y de repente se ve por él el resplandor de hachones de viento, y se oye galopar caballos._)
LEONOR.
Somos perdidos... Estamos descubiertos... imposible es la fuga.
D. ÁLVARO.
Serenidad es necesario en todo caso.
CURRA.
La Vírgen del Rosario nos valga, y las ánimas benditas... ¿Qué será de mi pobre Antonio? (_Se asoma al balcon y grita._) Antonio, Antonio.
D. ÁLVARO.
Calla, maldita, no llames la atencion hácia este lado; entorna el balcon. (_Se acerca el ruido de puertas y pisadas._)
LEONOR.
¡Ay desdichada de mí!... Don Álvaro, escóndete... aquí en mi alcoba...
D. ÁLVARO.
(_Resuelto._) No, yo no me escondo... No te abandono en tal conflicto. (_Prepara una pistola._) Defenderte y salvarte es mi obligacion.
LEONOR.
(_Asustadísima._) ¿Qué intentas? ¡ay! retira esa pistola que me hiela la sangre... Por Dios suéltala... ¿La dispararás contra mi buen padre?... ¿contra alguno de mis hermanos?... ¿Para matar á alguno de los fieles y antiguos criados de esta casa?
D. ÁLVARO.
(_Profundamente conmovido._) No, no, amor mio... la emplearé en dar fin á mi desventurada vida.
LEONOR.
¡Qué horror! ¡¡¡Don Álvaro!!!
ESCENA VIII.
_Ábrese la puerta con estrépito despues de varios golpes en ella, y entra el MARQUÉS en bata y gorra con un espadin desnudo en la mano, y detrás dos criados mayores con luces._
MARQUÉS.
(_Furioso._) Vil seductor... hija infame.
LEONOR.
(_Arrojándose á los piés de su padre._) ¡¡¡Padre!!! ¡¡¡Padre!!!
MARQUÉS.
No soy tu padre... aparta... Y tú, vil advenedizo...
D. ÁLVARO.
Vuestra hija es inocente... Yo soy el culpado... Atravesadme el pecho. (_Hinca una rodilla._)
MARQUÉS.
Tu actitud suplicante manifiesta lo bajo de tu condicion...
D. ÁLVARO.
(_Levantándose._) ¡Señor marqués!... ¡señor marqués!...
MARQUÉS.
(_Á su hija._) Quita, mujer inícua. (_Á Curra, que le sujeta el brazo._) Y tú, infeliz... ¿osas tocar á tu señor? (_Á los criados._) Ea, echaos sobre ese infame, sujetadle, atadle...
D. ÁLVARO.
(_Con dignidad._) Desgraciado del que me pierda el respeto. (_Saca una pistola y la monta._)
LEONOR.
(_Corriendo hácia Don Álvaro._) ¡Don Álvaro!... ¿qué vais á hacer?
MARQUÉS.
Echaos sobre él al punto.
D. ÁLVARO.
Ay de vuestros criados si se mueven; vos solo teneis derecho para atravesarme el corazon.
MARQUÉS.
¿Tú morir á manos de un caballero? no, morirás á las del verdugo.
D. ÁLVARO.
¡Señor marqués de Calatrava!... Mas ¡ah! no: teneis derecho para todo... Vuestra hija es inocente... más pura que el aliento de los ángeles que rodean el trono del Altísimo. La sospecha á que puede dar orígen mi presencia aquí á tales horas concluya con mi muerte; salga envolviendo mi cadáver como si fuera mi mortaja... Sí, debo morir... pero á vuestras manos. (_Pone una rodilla en tierra._) Espero resignado el golpe, no lo resistiré; ya me teneis desarmado.
(_Tira la pistola, que al dar en tierra se dispara y hiere al marqués, que cae moribundo en los brazos de su hija y de los criados, dando un alarido._)
MARQUÉS.
Muerto soy... ¡ay de mí!...
D. ÁLVARO.
¡Dios mio! ¡arma funesta! ¡noche terrible!
LEONOR.
¡Padre! ¡¡¡padre!!!
MARQUÉS.
Aparta; ¡sacadme de aquí... donde muera sin que esta vil me contamine con tal nombre!
LEONOR.
¡Padre!...
MARQUÉS.
Yo te maldigo.
(_Cae Leonor en brazos de Don Álvaro, que la arrastra hácia el balcon._)
FIN DE LA JORNADA PRIMERA.
JORNADA SEGUNDA.
_La escena es en la villa de Hornachuelos y sus alrededores._
ESCENA PRIMERA.
_Es de noche, y el teatro representa la cocina de un meson en la villa de Hornachuelos. Al frente estará la chimenea y el hogar. Á la izquierda la puerta de entrada: á la derecha dos puertas practicables. Á un lado una mesa larga de pino, rodeada de asientos toscos, y alumbrado todo por un gran candilon. EL MESONERO Y EL ALCALDE aparecerán sentados gravemente al fuego, LA MESONERA de rodillas guisando. Junto á la mesa, EL ESTUDIANTE cantando y tocando la guitarra. EL ARRIERO, que habla, cribando cebada en el fondo del teatro. EL TIO TRABUCO tendido en primer término sobre sus jalmas. LOS DOS LUGAREÑOS, LAS DOS LUGAREÑAS, LA MOZA y uno de los ARRIEROS, que no habla, estarán bailando seguidillas. El otro ARRIERO, que no habla, estará sentado junto al estudiante, y jaleando á las que bailan. Encima de la mesa habrá una bota de vino, unos vasos y un frasco de aguardiente._
ESTUDIANTE.
(_Cantando en voz recia al son de la guitarra, y las tres parejas bailando con gran algazara._)
Poned en estudiantes vuestro cariño, que son como discretos agradecidos.
Viva Hornachuelos, vivan de sus muchachas los ojos negros.
Dejad á los soldados, que es gente mala, y así que dan el golpe vuelven la espalda.
Viva Hornachuelos, vivan de sus muchachas los ojos negros.
MESONERA.
(_Poniendo una sarten sobre la mesa._) Vamos, vamos, que se enfria... (_Á la criada._) Pepa, al avío.
ARRIERO.
(_El del cribo._) Otra coplita.
ESTUDIANTE.
(_Dejando la guitarra._) Abrenuncio. Antes de todo la cena.
MESONERA.
Y si despues quiere la gente seguir bailando y alborotando, váyanse al corral ó á la calle, que hay una luna clara como de dia. Y dejen en silencio el meson, que si unos quieren jaleo, otros quieren dormir. Pepa, Pepa... ¿no digo que basta ya de zangoloteo?...
TIO TRABUCO.
(_Acostado en sus arreos._) Tia Colasa, usted está en lo cierto. Yo por mí, quiero dormir.
MESONERO.
Sí, ya basta de ruido. Vamos á cenar. Señor alcalde, eche su merced la bendicion, y venga á tomar una presita.
ALCALDE.
Se agradece, señor Monipodio.
MESONERA.
Pero acérquese su merced.
ALCALDE.
Que eche la bendicion el señor licenciado.
ESTUDIANTE.
Allá voy, y no seré largo, que huele el bacallao á gloria. _In nomine Patri et Filii et Spiritu Sancto._
TODOS.
Amen.
(_Se van acomodando alrededor de la mesa, todos ménos Trabuco._)
MESONERA.
Tal vez el tomate no estará bastante cocido, y el arroz estará algo duro... Pero con tanta babilonia no se puede...
ARRIERO.
Está diciendo comedme, comedme.
ESTUDIANTE.
(_Comiendo con ansia._) Está exquisito... Especial; parece ambrosía.
MESONERA.
Alto allá, señor bachiller; la tia Ambrosia no me gana á mí á guisar, ni sirve para descalzarme el zapato, no señor.
ARRIERO.
La tia Ambrosia es más puerca que una telaraña.
MESONERO.
La tia Ambrosia es un guiñapo, es un paño de aporrear moscas; se revuelven las tripas de entrar en su meson, y compararla con mi Colasa no es regular.
ESTUDIANTE.
Ya sé yo que la señora Colasa es pulcra, y no lo dije por tanto.
ALCALDE.
En toda la comarca de Hornachuelos no hay una persona más limpia que la señora Colasa, ni un meson como el del señor Monipodio.
MESONERA.
Como que cuantas comidas de boda se hacen en la villa pasan por estas manos que ha de comer la tierra. Y de las bodas de señores, no le parezca á usted señor bachiller... Cuando se casó el escribano con la hija del regidor...
ESTUDIANTE.
Conque se le puede decir á la señora Colasa, _tu das mihi epulis accumbere divum_.
MESONERA.
Yo no sé latin, pero sé guisar... Señor alcalde, moje siquiera una sopa.
ALCALDE.
Tomaré, por no despreciar, una cucharadita de gazpacho, si es que lo hay.
MESONERO.
¿Cómo que si lo hay?
MESONERA.
¿Pues habia de faltar donde yo estoy?... Pepa (_Á la moza._) anda á traerlo. Está sobre el brocal del pozo, desde media tarde, tomando el fresco. (_Váse la moza._)
ESTUDIANTE.
(_Al arriero que está acostado._) Tio Trabuco, hola, tio Trabuco, ¿no viene usted á hacer la razon?
TIO TRABUCO.
No ceno.
ESTUDIANTE.
¿Ayuna usted?
TIO TRABUCO.
Sí señor, que es viérnes.
MESONERO.
Pero un traguito...
TIO TRABUCO.
Venga. (_Le alarga el mesonero la bota, y bebe un trago el tio Trabuco._) ¡¡¡Jú!!! Esto es zupia. Alárgueme usted, tio Monipodio, el frasco del aguardiente para enjuagarme la boca. (_Bebe y se acurruca._)
(_Entra la moza con una fuente de gazpacho._)
MOZA.
Aquí está la gracia de Dios.
TODOS.
Venga, venga.
ESTUDIANTE.
Parece, señor alcalde, que esta noche hay mucha gente forastera en Hornachuelos.
ARRIERO.
Las tres posadas están llenas.
ALCALDE.
Como es el jubileo de la Porciúncula, y el convento de San Francisco de los Ángeles que está aquí en el desierto, á media legua corta, es tan famoso... viene mucha gente á confesarse con el P. Guardian, que es un siervo de Dios.
MESONERA.
Es un santo.
MESONERO.
(_Toma la bota y se pone de pié._) Jesus por la buena compañía, y que Dios nos dé salud y pesetas en esta vida, y la gloria en la eterna. (_Bebe._)
TODOS.
Amen. (_Pasa la bota de mano en mano._)
ESTUDIANTE.
(_Despues de beber._) Tio Trabuco, tio Trabuco, ¿está usted ya con los angelitos?
TIO TRABUCO.
Con las malditas pulgas y con sus voces de usted, ¿quién puede estar sino con los demonios?
ESTUDIANTE.
Queríamos saber, Tio Trabuco, si esa personilla de alfeñique que ha venido con usted, y que se ha escondido de nosotros, viene á ganar el jubileo.
TIO TRABUCO.
Yo no sé nunca á lo que van ni vienen los que viajan conmigo.
ESTUDIANTE.
Pero... ¿es gallo, ó gallina?
TIO TRABUCO.
Yo de los viajeros no miro más que la moneda, que ni es hembra ni es macho.
ESTUDIANTE.
Sí, es género epiceno, como si dijéramos hermafrodita... Pero veo que es usted muy taciturno, tio Trabuco.
TIO TRABUCO.
Nunca gasto saliva en lo que no me importa: y buenas noches, que se me va quedando la lengua dormida, y quiero guardarle el sueño; sonsoniche.
ESTUDIANTE.
Pues señor, con el tio Trabuco no hay emboque. Dígame usted, nostrama, (_Á la mesonera._) ¿por qué no ha venido á cenar el tal caballerito?
MESONERA.
Yo no sé.
ESTUDIANTE.
Pero, vamos, ¿es hembra ó varon?
MESONERA.
Que sea lo que sea, lo cierto es que le ví el rostro, por más que se lo recataba, cuando se apeó del mulo, y que lo tiene como un sol; y eso que traia los ojos de llorar y de polvo, que daba compasion.
ESTUDIANTE.
¡Oiga!
MESONERA.
Sí señor; y en cuanto se metió en ese cuarto, volviéndome siempre la espalda, me preguntó cuánto habia de aquí al convento de los Ángeles, y yo se lo enseñé desde la ventana, que como está tan cerca se ve clarito, y...
ESTUDIANTE.
¡Hola, conque es pecador que viene al jubileo!
MESONERA.
Yo no sé. Luego se acostó; digo, se echó en la cama vestido, y bebió antes un vaso de agua con unas gotas de vinagre.
ESTUDIANTE.
Ya, para refrescar el cuerpo.
MESONERA.
Y me dijo que no queria luz, ni cena, ni nada, y se quedó como rezando el rosario entre dientes. Á mí me parece que es persona muy...
MESONERO.
Charla, charla... ¿Quién diablos te mete en hablar de los huéspedes?... Maldita sea tu lengua.
MESONERA.
Como el señor licenciado queria saber...
ESTUDIANTE.
Sí, señora Colasa; dígame usted...
MESONERO.
(_Á su mujer._) ¡Chiton!
ESTUDIANTE.
Pues señor, volvamos al tio Trabuco. Tio Trabuco, tio Trabuco. (_Se acerca á él y le despierta._)
TIO TRABUCO.
¡Malo!... ¿Me quiere usted dejar en paz?
ESTUDIANTE.
Vamos, dígame usted, esa persona ¿cómo viene en el mulo, á mujeriegas ó á horcajadas?
TIO TRABUCO.
¡Ay qué sangre!... De cabeza.
ESTUDIANTE.
Y dígame usted, ¿de dónde salió usted esta mañana, de Posadas ó de Palma?
TIO TRABUCO.
Yo no sé sino que tarde ó temprano voy al cielo.
ESTUDIANTE.
¿Por qué?
TIO TRABUCO.
Porque ya me tiene usted en el purgatorio.
ESTUDIANTE.
(_Se rie._) ¡Ah, ah, ah!... ¿Y va usted á Extremadura?
TIO TRABUCO.
(_Se levanta, recoge sus jalmas y se va con ellas muy enfadado._) No señor; á la caballeriza, huyendo de usted, y á dormir con mis mulos, que no saben latin, ni son bachilleres.
ESTUDIANTE.
(_Se rie._) ¡Ah, ah, ah, ah! Se afufó... Hola, Pepa, salerosa, ¿y no has visto tú al escondido?
MOZA.
Por la espalda.
ESTUDIANTE.
¿Y en qué cuarto está?
MOZA.
(_Señala la primera puerta de la derecha._) En ese...
ESTUDIANTE.
Pues ya que es lampiño, vamos á pintarle unos bigotes con tizne... Y cuando se despierte por la mañana reiremos un poco. (_Se tizna los dedos y va hácia el cuarto._)
ALGUNOS.
Sí... sí.
MESONERO.
No, no.
ALCALDE.
(_Con gravedad._) Señor estudiante, no lo permitiré yo, pues debo proteger á los forasteros que llegan á esta villa, y administrarles justicia como á los naturales de ella.
ESTUDIANTE.
No lo dije por tanto, señor alcalde...
ALCALDE.
Yo sí. Y no fuera malo saber quién es el señor licenciado, de dónde viene y adónde va, pues parece algo alegre de cascos.
ESTUDIANTE.
Si la justicia me lo pregunta de burlas ó de veras, no hay inconveniente en decirlo, que aquí se juega limpio. Soy el bachiller Pereda, graduado por Salamanca, _in utroque_, y hace ocho años que curso sus escuelas, aunque pobre, con honra, y no sin fama. Salí de allí hace más de un año, acompañando á mi amigo y protector el señor licenciado Vargas, y fuimos á Sevilla, á vengar la muerte de su padre el marqués de Calatrava, y á indagar el paradero de su hermana, que se escapó con el matador. Pasamos allí algunos meses, donde tambien estuvo su hermano mayor, el actual marqués, que es oficial de Guardias. Y como no lograron su propósito, se separaron jurando venganza. Y el licenciado y yo nos vinimos á Córdoba, donde dijeron que estaba la hermana. Pero no la hallamos tampoco, y allí supimos que habia muerto en la refriega que armaron los criados del marqués, la noche de su muerte, con los del robador y asesino, y que éste se habia vuelto á América. Con lo que marchamos á Cádiz, donde mi protector, el licenciado Vargas, se ha embarcado para buscar allá al enemigo de su familia. Y yo me vuelvo á mi universidad á desquitar el tiempo perdido, y á continuar mis estudios, con los que, y la ayuda de Dios, puede ser que me vea algun dia gobernador del Consejo ó arzobispo de Sevilla.
ALCALDE.
Humos tiene el señor bachiller, y ya basta; pues se ve en su porte y buena explicacion que es hombre de bien, y que dice verdad.
MESONERA.
Dígame usted, señor estudiante, ¿y qué, mataron á ese marqués?
ESTUDIANTE.
Sí.
MESONERA.
¿Y lo mató el amante de su hija y luego la robó?... ¡Ay! cuéntenos su merced esa historia, que será muy divertida: cuéntela su merced...
MESONERO.
¿Quién te mete á tí en saber vidas ajenas? ¡Maldita sea tu curiosidad! Pues que ya hemos cenado, demos gracias á Dios, y á recogerse. (_Se ponen todos en pié, y se quitan el sombrero como que rezan._) Eh, buenas noches; cada mochuelo á su olivo.
ALCALDE.
Buenas noches, y que haya juicio y silencio.
ESTUDIANTE.
Pues me voy á mi cuarto. (_Se va á meter en el del viajero incógnito._)
MESONERO.
Hola, no es ese, el de más allá.
ESTUDIANTE.
Me equivoqué.
(_Vánse el alcalde y los lugareños: entra el estudiante en su cuarto: la moza, el arriero y la mesonera retiran la mesa y bancos, dejando la escena desembarazada. El mesonero se acerca al hogar, y queda todo en silencio y solos el mesonero y la mesonera._)
ESCENA II.
MESONERO.
Colasa, para medrar en nuestro oficio, es forzoso que haya en la casa reposo, y á ninguno incomodar. Nunca meterse á oliscar quiénes los huéspedes son. No gastar conversacion con cuantos llegan aquí. Servir bien, decir _no_ ó _sí_, cobrar la mosca, y ¡chiton!
MESONERA.
No, por mí no lo dirás, bien sabes que callar sé. Al bachiller pregunté...
MESONERO.
Pues eso estuvo de más.
MESONERA.
Tambien ahora extrañarás que entre en ese cuarto á ver si el huésped há menester alguna cosa, marido, pues es, sí, lo he conocido, una afligida mujer.
(_Toma un candil y entra la mesonera muy recatadamente en el cuarto._)
MESONERO.
Entra, que entrar es razon, aunque temo á la verdad que vas por curiosidad, más bien que por compasion.
MESONERA.
(_Saliendo muy asustada._)
¡Ay, Dios mio! Vengo muerta; desapareció la dama; nadie he encontrado en la cama, y está la ventana abierta.
MESONERO.
¿Cómo? ¿cómo?... Ya lo sé... La ventana al campo dá, y como tan baja está, sin gran trabajo se fué.
(_Andando hácia el cuarto donde entró la mujer, quedándose él á la puerta._)
Quiera Dios no haya cargado con la colcha nueva.
MESONERA.
(_Dentro_) Nada, todo está aquí... ¡desdichada! hasta dinero ha dejado... Sí, sobre la mesa un duro.
MESONERO.
Vaya entonces en buen hora.
MESONERA.
(_Saliendo á la escena._)
No hay duda, es una señora, que se encuentra en grande apuro.
MESONERO.
Pues con bien la lleve Dios, y vámonos á acostar, y mañana no charlar, que esto quede entre los dos. Echa un cuarto en el cepillo de las ánimas, mujer, y el duro véngame á ver; échamelo en el bolsillo.
ESCENA III.
_El teatro representa una plataforma en la ladera de una áspera montaña. Á la izquierda precipicios y derrumbaderos. Al frente un profundo valle atravesado por un riachuelo, en cuya márgen se ve á lo lejos la villa de Hornachuelos, terminando el fondo en altas montañas. Á la derecha la fachada del convento de los Ángeles de pobre y humilde arquitectura. La gran puerta de la iglesia cerrada, pero practicable, y sobre ella una claraboya de medio punto por donde se verá el resplandor de las luces interiores; más hácia el proscenio la puerta de la portería, tambien practicable y cerrada; en medio de ella una mirilla ó gatera que se abra y se cierre, y al lado el cordon de una campanilla. En medio de la escena habrá una gran cruz de piedra tosca y corroida por el tiempo, puesta sobre cuatro gradas que puedan servir de asiento. Estará todo iluminado por una luna clarísima. Se oirá dentro de la iglesia el órgano, y cantar maitines al coro de frailes, y saldrá como subiendo por la izquierda DOÑA LEONOR, muy fatigada y vestida de hombre, con un gaban de mangas, sombrero gacho y botines._
LEONOR.
Sí... ya llegué... Dios mio, gracias os doy rendida.
(_Arrodíllase al ver el convento._)
En tí, Vírgen Santísima, confío; sed el amparo de mi amarga vida. Este refugio es solo el que puedo tener de polo á polo. (_Álzase._) No me queda en la tierra más asilo y resguardo que los áridos riscos de esta sierra; en ella estoy... Aún tiemblo y me acobardo...
(_Mira hácia el sitio por donde ha venido._)
¡Ah!... nadie me ha seguido. Ni mi fuga veloz notada ha sido. ... No me engañé, la horrenda historia mia escuché referir en la posada... Y ¿quién, cielos, sería aquel que la contó? ¡Desventurada! Amigo dijo ser de mis hermanos... ¡Oh cielos soberanos!... ¿Voy á ser descubierta? Estoy de miedo y de cansancio muerta.
(_Se sienta._)