Part 12
“No; algo había él visto... pero sin lo _otro_, sin lo de... _aquello_ de la patria, no irían. ¿Por qué no iban á otra parte, donde había _guita_, pero no había peligro, mala vida? ¿Por qué á ninguno se le ocurría ir á cambiar la miseria de su _tierra_ por el pan seguro de otras aventuras lejanas, por mar ó por tierra? En fin, que, por dentro, al _Queso_ le pasaba lo que á él, al Rana, le había pasado en su tiempo. ¿Qué era España? ¿Qué era la patria? No lo sabía. Música... El himno de Riego, la tropa que pasa, un discurso que se entendió á medias, jirones de frases patrióticas en los periódicos... Pelayo... El Cid... La francesada... El Dos de Mayo... El Rana, como otros camaradas, confundía los tiempos; no sabía si lo de Pelayo y lo de Covadonga había sido poco antes que lo de Daoiz ó por el mismo tiempo... Pero, en fin, ello era que... ¡viva España! y lo que sale de dentro sale de dentro... y, en fin, que en un arranque de... no sabía qué, pero contento, muy _ancho_, se había alistado... y allá había ido, mezclado con mucha gente honrada, siendo tanto como ellos, en cuanto era voluntario; y se había batido bien, y había perdonado, allá en la guerra, á los españoles de acá, á los _reaccionarios_ (hoy burgueses) que habían ido á despedir el batallón de la _Purísima_ por la carretera de Castilla arriba, y que iban diciendo, mientras acompañaban á los voluntarios:
--“Y además, ¡_qué limpia_! El batallón se lleva al Rana, se lleva á _Saltamontes_, se lleva á _Tarucos_... se llevaba... Sí, se los llevaba; ya no quedaban _perdis_ en el pueblo apenas; y los más se habían ido y no habían vuelto... ¡Qué limpia! Entre muchos pobres muy juiciosos, sin tacha, la picardía de la ciudad, era cierto; borrachos, jugadores, blasfemos, el escándalo de las plazuelas... ¡Pero allí todos iguales, todos voluntarios! Y el Rana y _Tarucos_ no iban sólo por el rancho y á la que saltara; no, señor... iban por una corazonada, por el himno de Riego, por lo de los moros y los mambises... y Pelayo y los franceses... y, en fin... como los otros... ¡Rayo en el burgués! ¿Qué limpia, eh? ¡Oh! ¡Pues si viérais morir en la manigua á los de las _barreduras_!...”
* * * * *
Sonó el pito del jefe. Se cerraron portezuelas, hubo abrazos, besos, lágrimas, carcajadas nerviosas, gritos locos. De repente silencio triste. En aquel silencio sonó de repente la voz del Rana que peroraba, sin que ya nadie le hiciera caso:
--Á ver, ¿dónde está el pueblo? ¿Dónde está el burgués, dónde está el obispo? ¿Y esas pesetas, señores de la Diputación? ¿Y esos cigarros, señor Alcalde?
Y entusiasmado con su propia arenga, el Rana, al arrancar el tren, tuvo una inspiración generosa.
Sacó del bolsillo interior de la levita de color de carretera una cajetilla de las más baratas, aún no mediada, y con gesto de soberana arrogancia, comenzó á arrojar pitillos á las ventanas de los coches que ya se movían...
--Toma, _Queso_; toma, _Viruela_..., toma tú, _Troncho_... ¡Viva Cuba española!
--¡Viva el Rana! gritaron los voluntarios que ya se alejaban... ¡Viva la integridad de la patria!
--¡Eso! ¡eso!--gritó nuestro hombre--¡viva la _ingratidad_ de la patria! Me _caso_ en el _tal_ del _Tal_... y blasfemó horriblemente, hasta que un guardia le puso la mano en el hombro, diciendo:
--Calla, Rana, si no quieres dormir el martes donde duermes el domingo...
El Rana miró de hito en hito, con gran desprecio, al guardia, y, sin blasfemar, exclamó:
--Oye, tú, dile al obispo... que es un... _trásfuga_... y que ¡viva Cuba española!
VERSOS DE UN LOCO
Mi criado me presentó una tarjeta que decía:
TEOPOMPO FILOTEO DE BELEM
y debajo, en letras más pequeñas:
POETA ESOTÉRICO ULTRATELÚRICO
y más abajo, en letras más pequeñas todavía:
_Ecce-Homo, 13, guardilla._
--Que pase, que pase--grité--ese Ecce-Homo de Belem ultratelúrico.
Y á los pocos minutos se presentó un hombre que ni pintado para representar el _presidente_ graciosísimo de _Su Excelencia_, de Vital Aza.
Tenía un aire de familia con todos esos _trovadores errantes_ que andan por ahí cantando la Marsellesa y enseñando los codos. Era la imagen del romanticismo, como le vestiría su enemigo el clasicismo, de buena gana. Usaba melena, la noble, la irreemplazable melena, con símplica audacia. Por toga pretexta llevaba el conocido gabán de verano, largo, gris, raído, como tenía que ser. Por caridad y buen gusto no quise mirarle las botas.
Supongo que traería pantalones, pero no conservo conciencia de su color ni corte.
De todas maneras, á las pocas palabras, aquel hombre pálido (no faltaba más) me había hecho olvidarme de todo lo material, de todo lo sensible. Había sonreído, había hecho reverencias, se había santiguado dos veces de prisa, había pasado la mano por el lomo, con cariño, á un gato de porcelana que tengo junto á mi mesa de escribir y me había hablado, sin dejarme meter baza, de Budha, de Lao-Tseu, del etíope que Renán nos describe, creo que en _San Pablo_, y que va meditando el Evangelio á su manera; de Verlaine, de Caran d’Ache, de San Agustín, del gallo de Sócrates y del gallo de San Pedro...
Cuando yo iba á decirle que me mareaba, ya no estaba allí el buen hombre; pero quedaba su espíritu en forma de cuaderno verde, de unas cien hojas, doradas por el canto. Abrí y leí en la primera página: _Estambres_ y _Pistilos_. La letra era clara, las tes muy grandes. Dí vuelta á la hoja y leí:
DEDICATORIA
Aunque usté no lo crea, señor obispo, aunque parezco hereje me quiere Cristo.
Otra hoja, y leo:
PISTILOS
Soy la ameba redonda, la femenina, la de fe y esperanzas y gelatina.
En una nota dice: Advierto al lector idiota é indocto que no debe reirse de lo que no entienda.
Otra hoja:
ESTAMBRES
Aunque sé que estoy loco rematado, porque tal como fué todo lo cuento, hasta el mismo doctor me halla curado las veces que no digo lo que siento.
PISTILOS
Cuando tengo en un sueño una esperanza, se la agradezco á Dios sin hipoteca; que es el poeta la gallina clueca que no quiere empollar á Sancho Panza.
Otra hoja:
ESTAMBRES
Hay siempre una impostura en hablar claro; no se puede ser claro sin mentira... ve oscuro y algo raro; divaga, ama y delira...
PISTILOS
Por santa castidad, el pensamiento no debe bautizar sus invenciones: son bastardas, después del nacimiento, llevando un apellido, las nociones.
Otra hoja:
ESTAMBRES
Era en lo oscuro: sobre mi pecho sentí una mano; en las tristezas del pobre lecho me visitaba Dios Soberano.
* * * * *
Era la mano de luz; caricia de lo Infinito, callado premio, misterio--madre.-- Lloro en espíritu por la delicia que al miserable dulce bohemio le otorga el Padre.
* * * * *
Y desde entonces, siempre en lo oscuro, siento la mano sobre mi pecho; mas su contacto va siendo duro, peso terrible me hunde en el lecho.
* * * * *
Pero la mano, que ya es de plomo, entre dolores, sin saber cómo, siempre acaricia. La pasión fuerte que tanto oprime, siempre es delicia.
¡Ya en torno mío nombran la muerte los cuchicheos de la estulticia... mientras _me arranca_ del cuerpo inerte mano con alas de la _Justicia_!
Otra hoja:
PISTILOS
Me paso toda la noche contando miles de estrellas, y si está el cielo nublado me pongo á _cantar_ la cuenta. Así hace el hombre en la vida, si ama á Dios y en Dios espera; goza la dicha que pasa... y pasada... _cantando_ la recuerda.
ESTAMBRES
Ha de ser en el cielo una sorpresa de los santos sin fin inocentones, ver llegar á montones una y otra remesa de ateos, sin saberlo, santurrones.
PISTILOS
Cuando en el fondo del abismo frío deja de ver á Dios el pensamiento, al ir á maldecirme por impío, la caridad, en un escalofrío, con el perdón, me vuelve el sentimiento de que un ángel sonríe al lado mío.
CAMPOAMOR
PISTILOS
Escribe versos en la _ceniza_; saca del polvo, de los gusanos, y de la nada, que se desliza, viento sin aire, por bosques vanos de tallos huecos, veta cañiza, saca la idea de sus cantares; médula amarga de tristes huesos; sin corazones, suspiros; besos sin labios; saca los cañizares del esqueleto; la catadura de desnudeces de sepultura; saca del fondo de noble rima sarcasmos místicos que causan grima... Pasión perenne firma en la arena cuando á las dunas va la mar llena, y con los rayos tenues de luna rubrica pactos de la fortuna; ve del cerebro las telarañas y le enternecen las musarañas que ve la lógica de lo Infinito en palimpsestos de lo no escrito...
NÚÑEZ DE ARCE
ESTAMBRES
Como Dios sacó el mundo de la nada, de allí saca también la poesía... Escribe con perfecta simetría; y así, tiene por plectro... la _plomada_. Todo á la ley de _gravedad_ lo fía.
Cansado de leer disparates, incoherencias, tal vez congruentes en el fondo de un cerebro enfermo, arrojé el cuaderno con tedio... y no volví á pensar en el poeta loco... hasta que en persona se me presentó al día siguiente:
--Vengo á recoger mis _Pistilos_...--me dijo, sonriendo con lástima.
--Ahí los tiene; verá usted que no se los he separado de los _estambres_.
Don Teopompo recogió el cuaderno, le dió un beso, hizo sobre él la señal de la cruz, y se lo metió debajo del brazo.
Y sin más, sin hablar palabra, _sin preguntarme nada_, hizo una reverencia y dió media vuelta.
No pude contenerme. El orgullo de aquel _imbécil_ me sublevó; irritó mi amor propio.
--Pero hombre--exclamé--¿no venía usted á conocer mi opinión? ¿Á que le dijera?...
--¡Oh! Nada de eso. Enseño mis versos á todos los literatos vulgares que quieren recibirme. Es una oferta. Me he impuesto esa penitencia y la voy cumpliendo por el mundo adelante. Unos se burlan de mí, otros hasta me insultan; otros, los más tolerantes callan... y yo sigo. Hay que matar el _hombre viejo_, el de la vanidad, el del _buen éxito_, el del aplauso, el que quiere ser admirado sin ser comprendido.
--Pero aunque no sea por vanidad, sino por amor á sus ideas, usted querrá hacer propaganda, fundar escuela...
--¡Ah, señor! La escuela está fundada. Es la escuela del flato. Esta poesía, con la debilidad cerebral que revela, es hija del hambre...
--De modo que usted... por dinero... ¡por mucho dinero! ¿Tal vez renunciara á la escuela, á esa poesía?...
--¡Oh, tanto dinero podía ser!
--¿Á qué llama usted mucho?
--Eso depende del momento... histórico.
--En el actual momento...
--Bastante dinero son cinco duros.
* * * * *
La herida fué leve; libré al arte de una escuela contagiosa, y aún hoy, por mi conciencia de _crítico_, ostento con orgullo la cicatriz de las 25 pesetas.
NUEVO CONTRATO
FAUST (_erwachend_).--¿Bin ich dem abermals betrogen?...
(GOETHE.--_Fausto._)
FAUSTO
Despertando.
¿Qué es esto? ¿Engañado otra vez? ¿Ha sido todo un sueño? ¿No he visto yo al diablo? Y todo lo demás... ¡Válgame Dios qué cosas he soñado!... ¿Y Margarita, mi Gretchen?... ¿Sueño también? ¿Fué verdad lo que soñaba,
«porque todo se acabó y esto sólo no se acaba?»
¿Amé? ¿Amo á Gretchen? ¡Ay... no!... Amo el amor. Amo la sombra de la noche. Todo sueño... Luego no he vendido el alma al diablo... Luego soy libre... ¡Oh!... qué... ¿felicidad? ¡No! Estoy como estaba. ¿Por qué no me alegro? Soy libre. Sí; mas ¿para qué? Vuelta á empezar... Ah, Filosofía, Jurisprudencia y Medicina, y, ¡por mi desgracia!, Teología. Todo lo he profundizado... etc., etc., etc. En fin, lo que ustedes saben por Goethe, ó, á lo menos, por la ópera de Gounod... Estamos frescos. ¡Otra vez en el mundo! ¡Y cómo está el mundo! ¡Qué de filosofías nuevas ó renovadas; es decir, las nubes de antaño, que vuelven con nueva electricidad!... ¡Oh, angustia del pensar!... ¡Náuseas de silogismo, introspección, neurastenia!... Felices los necios pseudofilósofos, que aseguran que no se puede saber nada del fondo de las cosas... y se llaman sabios; ellos, á lo menos, descansan sobre sus fórmulas y nomenclaturas; sobre sus hipótesis y relativismos como sobre almohada de lana de los carneros de Panurgo... Ya saben lo que sabía el diablo, aquel Mefistófeles con quien yo soñé, que decía...
MEFISTÓFELES
Hablando desde un fonógrafo que hay sobre la mesa.
No poseo la omnisciencia, pero sé muchas cosas.
FAUSTO
Incorporándose asustado.
¡Oh! ¿Qué es esto? ¡Otra vez!... Alucinación... Sueño repetido... Idea fija...
MEFISTÓFELES
En el fonógrafo.
No sabes si sueñas ó no; no puedes distinguir la realidad del ensueño... Á eso ha llegado la ciencia humana, á no saber si duerme ó está en vela... ¡Ja, ja, ja!
FAUSTO
Esa carcajada... Yo la he oído otras veces... Sí... ¿Dónde?...
MEFISTÓFELES
En la ópera, en la serenata de Mefistófeles... Á ver, acaba. ¿Es verdad que estoy yo aquí, ó no?
FAUSTO
No sé... No sé...
MEFISTÓFELES
Pregunta á Kant...
FAUSTO
No sabe...
MEFISTÓFELES
Pregunta á Spencer...
FAUSTO
¡Psche!... Ése sabe demasiado. Dice que está seguro de que una realidad está ante él...
MEFISTÓFELES
¿Y no es ésa la última moda?
FAUSTO
Mira, estos metafísicos novísimos
Señalando una revista.
le prueban á Spencer que de lo que está seguro es de que ve la realidad como cosa segura... pero de que lo sea, no.
MEFISTÓFELES
De modo, que no podemos entendernos; ¿no puedes responder de que yo te hablo en efecto?
FAUSTO
No sé si puedo ó no puedo responder.
MEFISTÓFELES
Ni eso. ¡Oh, ciencia humana!
FAUSTO
No hay otra, y á lo menos es leal.
MEFISTÓFELES
Oye, deja los metafísicos; toma esa otra revista, lee ese artículo científico, no filosófico; su autor sabe las cosas como el diablo, relativamente. Mira lo que dice: que “la vigilia se distingue del sueño en que durante el sueño no tenemos conciencia, soslayada del resto del universo, y en la vigilia acompaña á la conciencia del objeto particular de la atención la de sus relaciones con los demás”... Reflexiona... ¿Qué ves?
FAUSTO
¡Oh, sí! Me acompaña la conciencia de los demás en relación discreta, no continua; veo en mí fenómenos de conciencia concomitantes... Pero la prueba no me parece segura.
MEFISTÓFELES
Otra cosa. ¿Quién soy yo?
FAUSTO
El diablo.
MEFISTÓFELES
¿Crees en el diablo?
FAUSTO
No.
MEFISTÓFELES
Pues cree... _quia absurdum_.
FAUSTO
Supongamos que está ahí...
MEFISTÓFELES
Ésa es la fija. Todo para ahí. Querer es reconocer; ya lo dicen nuestros filósofos de ahora...
FAUSTO
Pero como pueden equivocarse...
MEFISTÓFELES
¿Vuelta á empezar? No le des vueltas; cree, mientras nos entendemos. Primero es vivir, después, filosofar. Vengo á un negocio; cuestión de derecho; un contrato; y estas cosas serias necesitan una metafísica positiva; sin _fas_ no hay _jus_. Aunque me esté mal el decirlo, sin Dios no hay justicia. Ten fe hasta que firmes.
FAUSTO
¿De qué se trata, de venderte el alma? ¡Pero entonces esto es una idea fija! Deliro...
MEFISTÓFELES
No, no te asustes. Ahora no es eso. ¡Infeliz, qué más quisieras tú que poder vender el alma! Señal de que creías en ella. Pero como eres honrado... por herencia, por evolución ¿á que no te atreves á vender lo que no sabes si tienes ó no tienes?
FAUSTO
¿Qué quieres entonces?
MEFISTÓFELES
Otra cosa, Fausto ¿qué preferirías, saber ó gozar?
FAUSTO
Saber. Ahora saber. Verdad ó sueño, lo que nos pasó la otra vez me tiene escarmentado. Estoy convencido de ello; en el fondo de lo que soy, que no sé lo que es, sé que hay orgullo. Mi orgullo rechaza el gozar empírico, la vida de fenómeno en fenómeno, carrera eterna; sensación sin fin, á través de lo inagotable... ¡Infierno de cansancio y de hastío y de humillación! ¡Lo infinito paso á paso! Oh, no; tanto vale lo mucho como lo poco: sólo vale el todo. Quiero lo absoluto. Lo absoluto ó nada. No quiero sentir, sin saber por qué, ni para qué. Quiero ver si el gozar es una puerilidad indigna de mí. La verdad me dirá lo que me conviene. Antes de tener la absoluta verdad no puedo racionalmente saber lo que es preferible. Luego es preferible, para escoger la verdad. ¿Por qué te ríes, Mefistófeles?
MEFISTÓFELES
Lo sabrás cuando sepas la verdad absoluta. He aquí el contrato: aunque la psicología moderna no admite esos símbolos clásicos é inocentes que ponen el sentimiento en el corazón y la inteligencia en el cerebro, tú y yo, como hacen los juristas, usaremos un lenguaje metafórico y atrasado.
FAUSTO
Explícate.
MEFISTÓFELES
Por arte del diablo, mía, tendrás en la cabeza la ciencia y en el corazón el sentir, si prefieres gozar, amar, tu cerebro irá perdiendo vigor, y pasará toda la vida al corazón... Si prefieres, como dices, ante todo, saber la verdad, la absoluta verdad, en tu cerebro irá entrando la clarividencia, la conciencia te dirá el último íntimo secreto de la realidad..., pero el corazón, que irá dando jugo al cerebro para que vea claro, se te irá secando; se pondrá como una piedra. Al fin, no sentirás, no amarás. Escoge.
FAUSTO
Ya lo he dicho.
MEFISTÓFELES
Pues dicho... y hecho. Comienza el encanto. Perdona si el aparato de la brujería es el de siempre: decoraciones gastadas de comedia de magia muy repetida. El infierno es viejo, antiguo régimen; seguimos empleando el aceite hirviendo, sapos y culebras, murciélagos, ratas, vestiglos... Por eso las pesadillas siguen siendo como en la Edad Media. Ya no me oye... medita... sueña... ¡Demontre, qué olvido! No le he obligado á firmar antes... ¿Firmará después?... ¡Ja, ja, ja! ¡Vaya una equivocación! ¿Pues no he creído que era yo el Mefistófeles de la Ópera?
Firmar ¿para qué? El contrato lo perfeccionará la fuerza de las cosas... Con hacer lo que quiso, ya ha hecho lo que en vano querrá después deshacer...
FAUSTO
Volviendo en sí.
¡Oh luz! ¡Oh luz! Todo claro... Todo evidente... ¡Qué de mundos da la idea! ¡Qué procesión, qué sacra teoría de sistemas... los sistemas filosóficos de miles de millones de sistemas solares... Y todo sin fatiga, sin hastío; todo preparado por todo... ni un pensamiento inútil. ¡Santa Armonía! Y por fin... la verdad, el principio, la regla absoluta... ¡Ya lo sé todo! Y en el todo ¡qué sencillez! ¡Sacrosanta cenidad sencilla, humilde! ¿Cuál será el secreto del universo? ¿Una novedad? ¡No! Hasta los cursis lo habían dicho. Mefistófeles, ¿no lo sabes? No; tú, por alambicado y retorcido y relativista no lo sabrás. El secreto de la realidad, el fondo del ser, el primer móvil es el amor. Amar, sentir, eso es todo. La ciencia absoluta nos dice eso nada más: sentid, amad... Á ver, el corazón, Mefistófeles, ¡venga el corazón! ¡Me lo has robado, venga; no ha habido pacto; yo no he firmado nada! ¡Mi corazón!...
MEFISTÓFELES
Ahí lo tienes, entre pecho y espalda.
FAUSTO
¡Ah, sí, aquí está! ¡Una piedra!
MEFISTÓFELES
¿Qué importa? Ya lo sabes todo; hasta sabes por qué antes yo me reía.
FEMINISMO
Jesús Murias de Paredes era natural del pueblo de su apellido; pero aquel horizonte era estrecho para él, según dijo en una elegía, sin tener en cuenta que el horizonte de Murias, á pesar de lo de Paredes, es bastante ancho. Quería él decir que en Murias no se podía ser vate sin ponerse en ridículo y despertar sospechas de las autoridades civiles, eclesiásticas y militares. El cura le tenía por hereje, el alcalde por vago, y el cabo de la Guardia civil por _avanzado_. No le querían bien. Además, en su pueblo natal se moría de hambre. No tenía oficio ni beneficio; no tenía más que lira, y ésa rota; por lo menos, así lo rezaban mil y mil pasajes de las poesías inéditas de Murias.
Azares de la suerte, que no es del caso recordar, le llevaron á Valladolid. Allí el horizonte era más ancho, pero el hambre la misma. En un periódico, cuya principal misión era llevar la cuenta del mercado de cereales, le admitieron los versos, que se publicaban entre cebada y centeno, como quien dice. Vamos, que la sección que había de quedar en barbecho, porque el periódico se escribía _á tres hojas_, se la dejaban á él. Lo que no hacían era pagarle. No faltaba más.
Lo que sí consiguió, que un impresor de la calle de Cantarranas (parecía alusión) le publicara algunas de aquellas poesías en una colección que parecía el _Fleury_, por fuera. Mal papel, y cubierta de cartulina áspera, amarilla, como la del _Astete_. El libro se llamaba _Ecos del Pisuerga_.
Pues como si hubiera tirado al Pisuerga los ecos.
Nadie se enteró. Él no se dió por vencido, y cogió otra porción de inspiraciones y las imprimió en otro _libro de doctrina_ con este título: _Ecos de la Esgueva_. Dirán ustedes: ¡eso es inverosímil! Si él no pagaba la impresión, porque no tenía con qué, ¿cómo iba á encontrar impresor que le pagara la _segunda salida_? En Valladolid hay gente así. Como Zorrilla era de la provincia, en cuanto ven por allí un poeta, sea ó no de la tierra, se dicen algunos: ¡otra te pego! ¡Otro don José! Y le protegen. El de Cantarranas veía en la figura de Murias y hasta en su dulce nombre--el dulce nombre de Jesús--_una garantía de éxito_, según la frase favorita del impresor. Jesús tenía aspecto de tísico, el valor de su melena, desaliñada y de un castaño sucio (sucios tenía todos los colores de su cuerpo y traje); usaba barba corrida... de la vergüenza de sus pocos pelos; pocos y mal avenidos. En fin, así eran los poetas, ó no debían ser, según el librero impresor, y estaba seguro de que el chico le había de hacer ganar dinero, en cuanto le diera la mano algún crítico de Madrid, uno de aquellos _sacerdotes_ á quienes don Nicomedes Niceno--el impresor editor--tenía por más Merlines cuantos más _palos_ pegaban.
Decirle á Niceno que tal crítico “no se casaba con nadie”, era nombrarle un fetiche á quien él adoraría en adelante. Decidió mandar á Madrid--que tiene la exclusiva de los _sacerdotes_ críticos--á su protegido; no para que los críticos se casaran con él, sino para que no le _repudiaran_ antes de _conocerle_. Empezaba entonces á llamar algo la atención un abogadillo sin pleitos, chiquitín, bilioso, miope, que escribía de crítica y de cuanto Dios crió en prosa y en verso, en un papel satírico. ¡La sátira! la sátira le atraía como el abismo al impresor de Cantarranas; él, que era un hombre optimista, no se sentía capaz de tener hígados satíricos en su vida; pero, aun con cierto horror nativo al género, se sentía seducido, como en un vértigo de humorismo, por los escritores que empleaban la ironía, aunque fuera la de menos grados; y si llegaban al sarcasmo, como Aquiles ante el cadáver de Héctor, don Nicomedes gozaba de una voluptuosidad que él confesaba ser diabólica. Á pesar de que era incapaz de querer mal á nadie, y de que á él todos los versos y toda prosa que tuviese la ortografía académica le parecían bien, en cuanto veía maltratado á un literato por un crítico satírico, declaraba fuera de la ley al imbécil intruso, y sin compasión alguna le veía en las garras del ogro sardónico, sarcástico y cáustico, ó estanquero, como diría _El vecino de enfrente_, de Blasco.