Discusion Del Dictamen De Las Reformas Constitucionales A Los A

Chapter 13

Chapter 133,401 wordsPublic domain

Que siempre ha sido quehacer democrático masivo y plebeyo, no ocurrencia o benevolencia elitista, señorial o burocrática. Que siempre ha sido afirmación y engrandecimiento nacional y nunca dádiva externa a cambio de soberanía o independencia. Este ha sido, compañeras y compañeros diputados, y sigue siendo, el compromiso vital de los mexicanos patriotas, honestos, que conforman la mayoría popular de la República.

Con ellos formamos filas sin aspavientos ni reclamos exclusivistas, pero no genuino orgullo y legitimidad histórica los socialistas mexicanos. Muchas gracias.

El C. Presidente: Tiene la palabra por la Comisión el ciudadano diputado José Luis Lamadrid Sauza.

- El C. José Luis Lamadrid Sauza:

Ciudadano Presidente;

Ciudadanos diputados:

Hacer uso de la palabra al final del debate, cuando han transcurrido ya varias horas, obliga a tener presentes las reglas que han hecho posible en los países en donde existe asamblea legislativa, congreso o parlamento, han hecho posible el trabajo democrático de un conjunto de representantes con diferentes ideologías, con diferentes programas.

Si no se cuida, y esta es tarea de cada uno de los diputados, el respeto por esas reglas, que en su conjunto forman una herramienta imprescindible de la democracia, mucho de lo que se piensa, se habla y se expresa, resulta inútil.

El debate en lo general en nuestra tradición parlamentaria, ¿qué ha significado?, el debate en lo general, el debate de lo general, significa circunscribirnos a responder a esta pregunta: ¿Las normas, la decisión a debate, es oportuna?, esto es, ¿se está por la decisión de legislar, o no se está por la decisión de legislar en la materia a debate?

Segundo, ¿significa argumentar, razonar, sobre el principio que unifica a esa manera de presentar en las asambleas legislativas las decisiones de la Asamblea, estas partes, estos artículos? ¿debatir en lo general significa también argumentar y razonar sobre el espíritu, las grandes motivaciones del contenido del debate, del contenido del dictamen a discusión? A lo largo de estas horas predominantemente hemos observado la regla y hemos escuchado el argumento sobre el principio de la nacionalización, hemos escuchado argumentos en el pro, menos en el contra, acerca del espíritu de la nacionalización; por ello yo voy a terminar mi intervención refiriéndome a lo que cabe, de manera precisa, en lo que la tradición parlamentaria ha llamado la oportunidad de la decisión.

También corresponde a las reglas, a las reglas sanas del debate, y de manera optativa hacer referencia a los argumentos que se han expresado por los oradores en la tribuna; con una decisión de brevedad voy a referirme a ellos, y voy a referirme a los argumentos en contra, tratando también de hacerlo desde una perspectiva genérica, porque en el contenido, en el detalle, se ha dicho ya lo suficiente.

Sinceramente pienso que los argumentos en contra del dictamen no se corresponden con la importancia del contenido del debate, porque los ciudadanos diputados inscritos en el contra no han argumentado en contra; pero tomando en cuenta la importancia y la trascendencia de la nacionalización, a lo largo de estas horas ha sido mi interrogante, y me he interrogado, también sinceramente, con preocupación, con preocupación primero, porque los diputados que han hablado en contra, diputados del PAN, son los diputados de un partido que por razones muy conocidas tenía en sus núcleos dirigentes un grupo de personas expertas, conocedoras de los aspectos económicos, jurídicos más relacionados con la banca.

Y en mi afirmación, o mi afirmación está muy lejana de cualquier insinuación que tuviera el carácter peyorativo. Quizá es, para decirlo con franqueza, una explicación clara. El fundador del PAN fue un hombre que con inteligencia y cultura el destino de la vida lo colocó en la materia de la economía y de la banca.

Quizá esta es la principal razón de que ahí, en Acción Nacional, discrepando con el contenido de esas ideas, se reconociera la calidad, el fundamento de la argumentación en esta materia. Lamentablemente hoy, este día en que debatimos una materia, en que debatimos una determinación de gran trascendencia en el presente y futuro, los diputados de Acción Nacional que han estado en la tribuna no han sido consecuentes con esa tradición de su partido.

Qué diferente hubiera sido debatir pros y contras, en la perspectiva, para mí, perspectiva diferente a la mía, a la que sustento, a la que sustenta mi partido, pero perspectiva

enterada y fundada. En lugar del argumento sólido, del conocimiento detallado, hemos escuchado el argumento colérico, la ironía también colérica, la visión particular sustituyendo el argumento económico por la fácil aseveración de tipo político y de tipo político subjetivo; pareciera en los argumentos que hemos escuchado en el contra, como nacidos de una pasión, de un sectarismo que, con otros defectos, defectos que no le reconocía al Pardio Acción Nacional.

Con tal sectarismo y con tal de golpear no ha importado ni la contradicción jurídica ni la incoherencia lógica; esto en cuanto al contenido; qué decir de la forma, de la forma que se aleja mucho del decoro parlamentario.

Los deberes de formar parte de la Comisión de Reglamento y Prácticas Parlamentarias me han hecho revisar viejos y queridos documentos, y no hay ley, reglamento o manual de procedimiento que no marque para cada uno de los integrantes el respeto al colega, el respeto a los magistrados del país, con diferentes nombres es una base esencial del debate, de la práctica y de la técnica parlamentaria, y pareciera, casi con obsesión patológica, que esto era lo que se quería decir en la tribuna.

Pienso, y con objetividad, que las referencias a los argumentos, sean del contra o sean de pro, es mi deber aludirlos también brevemente esta tarde.

He escuchado con atención, con interés, la argumentación del diputado que me antecedió en el uso de la palabra y que habló en el pro.

Dijo objetivamente cosas fundadas, razones objetivas, pero también expresó argumentos incompletos.

Aquí podría decirse, existe una práctica en que la visión subjetiva y partidista aleja al orador del tema central del debate. Me resulta ilógico que siempre, como sin despertar una regla o una norma se diga: "sí, pero...", o se diga: estoy en el pro, pero he aquí el programa de mi partido, o lo que yo pienso como programa en este tema.

Y yo pienso también que esto no contribuye a la claridad y a la consistencia del debate. En el caso de la argumentación o de los argumentos en contra yo he llegado provisionalmente a una conclusión: los diputados del contra no han hablado en esta tribuna como representantes de la nación. No han querido sentir el peso y el compromiso de ser representantes de la nación. En nuestra actuación de diputados, y de diputados cualquiera que haya sido el partido que nos postuló y seamos de mayoría o de diputados de lista, vivimos, sí, porque ésta es la teoría en las tensiones de tres perspectivas: la que nos refiere al votante del distrito que nos elige; la referencia al partido y a la disciplina consentidad del partido que nos postuló. Y la que nos llama, desde el nivel de la tución, a recordar nuestros deberes como representantes de la nación.(Aplausos.)

Claramente, cuando está a consideración de la Asamblea la discusión de un dictamen que autoriza llevar las condecoraciones, pienso que no hay necesidad de recordar los deberes de representante de la nación. Cuando en la tribuna se discute una ley ordinaria, quizá el impulso fundamental que se agita en nuestra conciencia y en nuestra inteligencia es el impulso del programa partidista. Cuando en la tribuna se debate el párrafo o el artículo de la parte de procedimiento de la Constitución, pienso que no impulsa el deber de la representación nacional; pero cuando se reforma, cuando se propone la reforma de la Constitución para nacionalizar el servicio bancario a todos los diputados nos pesa el deber de la representación nacional.

En los argumentos en pro, no puedo dejar de mencionar, y lo hago por segunda vez, por qué al referirse a la crisis nacional se prescinde de colocar la crisis nacional en la crisis que atraviesa o por la que atraviesa la economía internacional.

Y no es un afán de rigor académico o de referencia teórica. Si no tomamos, y aquí a los miembros de la Cámara, si no tomamos conciencia de la profundidad de la crisis de la economía internacional, como premisa de nuestra actuación como diputados, muchos de nuestros juicios se debilitan o no aciertan o se distorsionan. México y con México el mundo enfrenta una crisis cuya profundidad no tiene en la historia paralelo.

Estamos tocando los momentos en que el desencadenamiento de esa crisis conlleva los riesgos de sumir a la humanidad, sí, como lo dijo una gran pensadora socialista "al riesgo de la barbarie". Partiendo de esta premisa, y no por otra cosa, sino por las horas transcurridas y por la propiedad del debate, me circunscribo a referirme a lo que comprende el sentido del concepto de la oportunidad de la medida, la oportunidad de la nacionalización.

La crisis mundial referida a México nos tiene en una grave crisis, ella desarticulada nuestra economía en condiciones totalmente diferentes a las de las décadas pasadas, y de aquí, de esta premisa, se responde con el argumento que explica el fundamento y que no nos lleva a desconocer que la nacionalización de la banca es diferente de la política de control de la banca. Sí, efectivamente, la economía de las décadas anteriores hizo posible, y uso el término neutral y no valorativo, un esquema de política bancaria en la cual esta política era mixta, y se entendió que el control bastaba; lo que la crisis internacional y lo que la crisis nacional ha alterado la vida económica del país lleva a una nueva situación en la que queda agotada esa política en la que se

caracterizaba, en cuya esencia era el control por el Estado del servicio bancario. Hoy, y esta es la lucidez histórica del Presidente López Portillo, la magnitud de la crisis económica internacional y la magnitud de la crisis nacional obligada a una política bancaria cuya esencia es la nacionalización.

Muchos y acertados argumentos jurídicos, económicos, sociales, técnicos, hemos escuchado, y por ello no he querido ni reiterar o dar una versión en otras palabras de los argumentos expresados. Mi propósito fue dejar establecido que la nueva situación económica, social y política demanda la nacionalización, y expresar en palabras simples y claras que la nacionalización fortalece y vigoriza a la nación, y que cuando la nacionalización haya concluido el proceso de la reforma constitucional el Estado tendrá en sus manos un nuevo y fuerte instrumento que le permita trazar una nueva política económica, la nueva política económica que permita la sobrevivencia de la nación en un mundo en la crisis de profundidad en la que vivamos.

Es lo que tenía que decir, señor Presidente.

El C. Rafael Aguilar Talamantes: Pido la palabra para hechos.

El C. Presidente: Tiene la palabra el diputado Aguilar Talamantes, para hechos.

- El C. Rafael Aguilar Talamantes:

Señor Presidente, compañeras y compañeros diputados: Nuevo en estas lides, estoy francamente preocupado porque en un momento tan trascendente en que estamos discutiendo una reforma constitucional que nos trascenderá a todos los que aquí estamos, de alguna u otra manera todos o casi todos estemos perdiendo de vista que estamos enfrentándonos al problema, acertadamente señalado por el diputado Lamadrid, de olvidarnos por un momento que aquí representamos los intereses de la nación.

Algunos diputados en sus intervenciones parecería que han venido aquí a defender intereses muy particulares de grupos; otros diputados parecería que simplemente han venido aquí a defender los intereses del Estado.

Como que casi todos se han olvidado que vivimos en un país que está dividido en clases y que la clase mayoritaria de este país la integran los trabajadores y que si algo debería de preservarse en la reforma es precisamente el interés de las clases mayoristas.

Parece haber un consenso mayoritario en relación con las reformas y adiciones que se presentan por lo que ve al Artículo 28 y al 73 y parecería entonces que aquí no hay ningún problema, pero yo quiero hacer reflexionar a los señores diputados respecto a que de alguna manera estamos corriendo el riesgo de ser engatusados y de que nos den gato por liebre, y lo que ganemos, lo que la nación gane al inscribir en la Constitución elevando a rango constitucional la nacionalización de la banca e inscribiendo esa conquista histórica del pueblo, lo perdamos por la miopía política de olvidarnos de que somos representantes de la nación y hagamos el juego a quienes en un momento dado nos están entrampando seriamente para que seamos cómplices de un escamoteo grave que se pretende hacer al introducir de contrabando en el cuerpo de la iniciativa también la adición al Artículo 123 constitucional.

No perdamos de vista que es en esta adición donde en última instancia se resume y sintetiza la posibilidad de convertir la nacionalización de la banca en algo verdaderamente trascendente. Yo me pregunto ¿por qué se quiere?

escamotear al Congreso del Trabajo y a la CTM; por qué se quiere arrebatar al movimiento obrero un destacamento como el de los trabajadores bancarios? Me parece de elemental lógica entender que en estos momentos en que los revolucionarios debemos de prepararnos para navegar en la crisis como peces en el agua; estemos hundiendo uno de los soportes más importantes para que efectivamente la nacionalización de la banca nos ayude a sacar adelante a nuestro país, y ese soporte es precisamente la clase obrera.

¿Por qué se pretende debilitar a la clase obrera? Por esa razón he venido a esta tribuna para pedir a los señores diputados que no olviden la responsabilidad que tenemos en este debate; que localicen con precisión qué es exactamente en la adición propuesta para que los derechos de los trabajadores bancarios a la organización sindical sean compulsivamente colocados sin base jurídica ni histórica ni política ni moral en el apartado B, y que impidamos ese atraco al movimiento obrero y a la nación toda, debatiendo algo que parece ser un simple asunto particular y de detalle, y que sin embargo concentra toda la riqueza histórica, todo el valor político y moral de las propuestas hechas por el Ejecutivo Federal.

Consideramos que nos debemos de permitir que se cometa ese error, sería tanto como desarmar al destacamento más lúcido con que cuentan las fuerzas populares y nacionales, y es nuestra obligación, como representantes nacionales, garantizar que el movimiento obrero salga fortalecido con esta medida de nacionalización de la banca.

Señoras y señores: Yo estoy seguro de una cosa: cualquiera que sea la decisión de esta Cámara, los expropiadores de hoy, mañana serán expropiados por la clase obrera. (Aplausos.)

El C. Presidente: Consulte la Secretaría si el dictamen se encuentra suficientemente discutido en lo general.

El C. secretario Everardo Gámiz: Por instrucciones de la presidencia, la secretaría, en votación económica, pregunta a la Asamblea si se considera suficientemente discutido el dictamen en lo general, los que estén por la afirmativa sírvanse ponerse de pie.

Suficientemente discutido.

El C. diputado Gerardo Medina: Señor Presidente, pido la palabra para presentar una moción sobre esto, precisamente.

- El c. Presidente: Tiene la palabra el diputado Gerardo Medina Valdez.

El C. diputado Gerardo Medina Valdez: Señor Presidente; señoras y señores diputados:

Escogimos este momento para presentar esta moción, precisamente antes de que sea agotada, por razones eminentemente de orden parlamentario y por el contenido de la propia moción que está planteada en los siguientes términos:

Con fundamento en el artículo 110 del Reglamento para el Gobierno Interior del Congreso, los diputados de Acción Nacional ponemos a la consideración de esta honorable Cámara la siguiente proposición:

Primero. Retírese del dictamen a discusión la parte relativa a la adición de una fracción XII bis, al apartado B del Artículo 123 de la Constitución Política de los Estados Mexicanos con el objeto de dar oportunidad a que los propios trabajadores bancarios decidan democráticamente su forma de sindicalización.

Segundo. Que a través de sus comisiones de Trabajo, Gobernación y Puntos Constitucionales, esta honorable Cámara convoque a un período de audiencias para escuchar y ponderar las opiniones de los trabajadores bancarios, de instituciones y de personas cuyo saber pueda ilustrar criterios.

Tercero. En tanto este proceso de consulta alcanza resultados, las relaciones laborales entre los trabajadores bancarios y las instituciones respectivas seguirán rigiéndose por el Reglamento de Trabajo de los empleados de las instituciones de crédito y organizaciones auxiliares, expedido el 30 de diciembre por el presidente Adolfo Ruiz Cortines, reformado y adicionado por el decreto del presidente Luis Echeverría Alvarez, del 13 de junio de 1972.

Con su venia, señor presidente, me voy a permitir fundar la proposición.

Desde el 15 de noviembre de 1937, cuando el presidente Lázaro Cárdenas expidió la primera reglamentación para normar las relaciones de trabajo entre las instituciones de crédito y organizaciones auxiliares y sus empleados, la situación jurídica de éstos se mantiene esencialmente igual, aún después de las adecuaciones dispuestas por el presidente Adolfo Ruiz Cortines en diciembre de 1953 y por el presidente Luis Echeverría Alvarez en julio de 1972.

La índole sui generis del trabajo bancario, recepción, custodia y administración, como ahorro, crédito e inversión de fondos confiados por particulares a las instituciones bancarias, llevó a los presidentes Cárdenas, Ruiz Cortines y Echeverría, a crear y mantener esas relaciones laborales bajo un régimen especial con estas características: cancelación del derecho a la sindicalización, entendida como el derecho a asociarse como medio de defensa frente a un patrón; cancelación, por tanto, del derecho de huelga, recurso extremo de esa defensa o en condiciones de trabajo, salarios y prestaciones sociales superiores a los mínimos.

Este último dato ha sido visto siempre como una especie de compensación a la mutilación de los derechos de los trabajadores bancarios, técnica por lo demás utilizada con variantes de forma lo mismo por Estados totalitarios que por patrones liberales y que en el fondo obedece al principio pragmático de que rinde más un trabajador bien comido y contento; para decirlo brutalmente, unos y otros consideran y tratan a los trabajadores como animales de producción, no como personas humanas con dignidad que trasciende a lo material.

Los llamados trabajadores de cuello blanco, todos o casi todos absolutamente contemplados como trabajadores de confianza, nunca intentaron siquiera, salvo movimientos muy aislados y esporádicos, acceder al status que también desde Lázaro Cárdenas guardaban los trabajadores al servicio del Estado, cuya situación era en mucho semejante a la de ellos, incluida la limitación al derecho de huelga, aunque los burócratas, de acuerdo a la vigente fracción X del apartado B del Artículo 123 constitucional, tiene el derecho a hacer uso del derecho de huelga previo el cumplimiento de los requisitos que determine la ley respecto a una o varias dependencias de los poderes públicos cuando se violen de manera general y sistemática los derechos que este artículo les consagra.

Al menos esa es la teoría, porque ya sabemos que en la práctica sigue siendo teoría. El argumento que se ha esgrimido para mantener esas restricciones a los derechos que como personas y como trabajadores tiene los trabajadores bancarios es que reconocerles el derecho a la huelga entrañaría el riesgo de que en un momento dado, por ejercerlo, paralizaran al país cerrando los bancos.

Nosotros nunca hemos creído que el servicio bancario fuera más estratégico ni más vital que el servicio eléctrico, por citar un ejemplo, y sin embargo en este y en otros servicios análogos prestados en exclusiva por el Estado jamás se pensó en incorporar a sus trabajadores y técnicos a la calidad de burócratas a través del Apartado B del 123 constitucional.

Es posible pensar más bien que las limitaciones impuestas a los derechos de los trabajadores bancarios a asociarse sindicalmente y a acudir a la huelga fue una concesión a los banqueros, a los particulares autorizados para prestar el servicio bancario, no parece haber otra explicación al hecho de que al ser expropiados los bancos privados mexicanos, y no todos los bancos mexicanos, todos los argumentos sostenidos durante 45 años para negar a los trabajadores bancarios se volvieron automáticamente inválidos al hacerse cargo del servicio bancario el gobierno, y a autorizarlos a que se sindicalicen, pero sólo como burócratas al servicio del Estado dentro del Apartado B del 123 constitucional, mediante la cláusula 13 bis que está contenida en el dictamen, abarcada en el dictamen.