Discusion Del Dictamen De Las Reformas Constitucionales A Los A
Chapter 11
Fue Luis Cabrera el que, en una reflexión parlamentaria, lo estableció frente a una disyuntiva ante los reclamos de la hora. Traigo a colación esta mención del personaje, y más que nada de nuestra historia, porque tengo la impresión de que estamos hoy, la LII Legislatura al Congreso de la Unión, asistiendo a un momento estelar que guarda singular analogía con esos momentos torales de nuestra historia. Pero esto no ocurre de manera casual; las leyes de la historia, si bien tienen su propio cauce, requieren y seguirán requiriendo todavía del impulso de los hombres; si no hubiera existido, creo yo y creo interpretar el sentir de la mayoría, una herramienta apropiada para efectuar un acto de magna trascendencia no hubiera sido posible plantear, como lo estamos haciendo en este momento al nivel supremo de nuestras leyes, al nivel de la Constitución General de la República, la nacionalización de la banca. Esa herramienta se llama reforma política y es obra de un pueblo, que tiene en estos momentos como Presidente Constitucional, y creo que como leal caudillo de las fuerzas revolucionarias, a un hombre que no sabe de iras, que no se es obcecado en el sentido negativo del término, que es empeñoso pero conocedor de la historia, que es lógico y razonador y también apasionado con el claro sentido de la pasión que tiene la vocación democrática por defender lo mejor de la patria.
Ese es José López Portillo. (Aplausos.)
No hubiera sido posible que hoy, en este Parlamento en donde están presentes todas las corrientes derivadas de la reforma política, que son los interlocutores naturales ante el poder político, se planteara en estos términos un paso de tan magna trascendencia como es el de nacionalizar un servicio básico para la sociedad.
Por eso debemos desechar en primer término la aseveración malévola de los integrantes de la fracción parlamentaria de Acción Nacional en el sentido de que esta es una medida que proviene de un fondo unilateral, monárquico absolutista. Nada más falso. No hubiera sido posible que el Estado mexicano y el jefe del Estado tomara una decisión de esta naturaleza si no tuviéramos un pasado de luchas democráticas y un presente igualmente esforzado por encontrar la vía en este momento difícil de la historia del mundo y de nuestro país.
No es, por lo tanto, el capricho de un individuo lo que en estos momentos ha hecho girar la rueda de la historia, ha sido la sensibilidad popular y ha sido la vocación revolucionaria del pueblo mexicano; esa reforma política ha tenido esa virtud que Luis Cabrera dijo en alguna ocasión: dar claridad a un debate. Hoy hemos encontrado con claridad ese parteaguas histórico, de un lado la fracción antihistórica encerrada en un atraso verdaderamente impresionante, y de otro la unidad con todos los matices y diferencias que puede haber, que para eso es unidad, de las fuerzas revolucionarias que van adelante con la historia de este país.
Es claro que aquí se está estableciendo con mucho el camino que en lo futuro seguirá el país, y ese futuro, para ventaja de los revolucionarios, está profundamente imbuido en el derecho frente a la falacia de los que nos quieren decir que hemos sido gentes que estamos completamente y cotidianamente violando la norma jurídica.
Ante una medida de esta magnitud no cabe la demagogia ideológica, no cabe la falsedad de inventar apellidos y de bautizar con falsedades a medidas que están siendo producto de la historia; por eso creo que también interpreto aquí la intención de la Comisión Dictaminadora al afirmar categóricamente que la nacionalización de la banca no es una medida socialista, es, antes que nada, una medida revolucionaria y una medida nacionalista en el sentido más auténtico y más mexicano del término.
Si bien el debate del Constituyente no tuvo niveles semejantes en todos sus momentos, sí podemos advertir en el caudillo de aquella época la intención de llegar en un momento dado de nuestra historia a esta medida.
Antes de las reuniones del Constituyente del 16-17 había sido Venustiano Carranza, un 24 de septiembre de 1913, en el Salón de Cabildos de Hermosillo, Son., cuando refería textualmente: "Crear una nueva Constitución cuya acción benéfica sobre las masas nada ni nadie pueda evitar, cambiaremos todo el actual sistema bancario evitando el inmoral monopolio de las empresas particulares que han absorbido por cientos de años todas las riquezas públicas y privadas de México. Ya de hecho hemos
evitado la emisión o el derecho de emisión de papel moneda por bancos particulares, que debe ser privilegio exclusivo de la nación. Al triunfo de la Revolución, ésta establecerá el Banco Unico, el Banco de Estado, lográndose, de ser posible, la desaparición de toda institución bancaria que no sea controlada por el gobierno".
He ahí al profeta que sabe adivinar, porque la realidad se lo muestra, cuál será el futuro de una nación.
¿Qué es la banca? Surgió en nuestro país con modalidades totalmente lesivas para el interés popular; nació en manos de los grupos y de los enviados del imperialismo. La banca nace con Maximiliano; la banca es heredada por la dictadura de Porfirio Díaz y crea tan terribles problemas y anarquía en la circulación de las riquezas y en el apropiamiento de los bienes que deberían ser patrimonio colectivo, que al propio sabio científico ministro de Hacienda Yves Limantur le parece peligroso.
Por eso Carranza estaba consciente de lo que habría de ocurrir en este país; por eso estaba planteando en el camino legítimo de este pueblo las herramientas que, de acuerdo con las circunstancias tenemos que usar los revolucionarios mexicanos. Esa fue la herramienta que heredó el presidente José López Portillo, de todo un pueblo, del alma colectiva, de la conciencia revolucionaria, y nunca por un capricho de carácter personal.
Afirmó en esta tribuna el respetado maestro del Partido Acción Nacional José González Torres que hubo de encontrarse un culpable a modo, para de alguna manera desahogar sentimientos de carácter personal o poder manejar en forma hábil una imagen política.
Yo creo que la culpabilidad de la banca en es momento había agudizado su presencia. Su culpabilidad es ciertamente muy antigua y su incapacidad de encontrar conductos de verdadero servicio social es proverbial y conocida. No debemos olvidar las dificultades que costó al país llegar a la creación del banco Unico de Emisión en 1925.
Desde los primeros planteamientos que se hicieron en el Constituyente, hasta este año, transcurrió casi una década. En la que no fue posible por las presiones recibidas del exterior, y por aquellos representantes de los intereses oligárquicos internos del país, llegar a ese primer paso vital para la economía de una nación.
Aquí dijo también el maestro González Torres, atacando desde luego, creo, en forma impropiada e indebida, a la dignidad de los ciudadanos diputados, que si se nos enviaría una iniciativa que dijera todo lo contrario, habríamos de aprobarla de manera inmediata. Nada más falso. Yo tengo la impresión y la sensación de que, más que en otras etapas de nuestro pasado, la LII Legislatura se caracteriza porque cada uno de sus integrantes es un ciudadano independiente, pero obviamente con intereses de partido.
Recuerdo en este momento un ejemplo histórico. Recuerdo cómo en la XXIX Legislatura, cuando estaba a debate el tema del Banco Unico de Emisión, fueron los intereses del momento los que presionaron a la representación popular para dar, ni más ni menos, que el toque de muerte a lo que había ya conquistado el Constituyente de 1917.
Y fueron los diputados que habían sufrido la inclemencia de la Revolución y que habían abrazado las banderas de ese movimiento social los que dijeron "no" al proyecto del Ejecutivo. Recuerdo aquí a Martínez de Escobar y Antonio Díaz Soto y Gama.
Luego entonces no se pueden hacer planteamientos de carácter lineal y vertical que ataquen a la dignidad de los representantes populares, que son hombres con criterio libre aunque desde luego miembros de una corriente partidista.
Se ha dicho también, aunque el maestro González Torres no lo piense así, una injuria al pueblo de México, se ha dicho que ese pueblo, acarreado, concurrió en una mañana de septiembre a la Plaza de la Constitución para vitorear la nacionalización de la banca. Estuve presente ahí, estuvieron presentes cientos de miles de mexicanos, si esos mexicanos fueron acarreados todos, en un sentido histórico, lo somos, porque el carro de la historia y de las transformaciones sociales no se detiene nunca.
Sugirió también González Torres que de alguna manera el titular del Poder Ejecutivo había hecho comentarios ante los representantes de los medios de comunicación para amenazar por otros procesos nacionalizadores. Esto, amén de que no tiene comprobación alguna, también es un efecto de provocación que usan los integrantes del Partido Acción Nacional para tratar de seguir confundiendo, ya no tanto a la opinión pública con que la medida es socializante, con que la medida nos lleva a un Estado totalitario.
Falsedad tan grande no puede existir, esta es una medida tomada en función de una vocación nacionalista, y la nacionalización, que está reconocida por los teóricos del fenómeno y del concepto como un fenómeno que se da de acuerdo a circunstancias particulares de cada nación, lo afirma así en su Teoría de la nacionalización Gatzarov, es algo que se da precisamente en función de las circunstancias; nos dice también el maestro de entonces por qué no la Secretaría de Hacienda procedió a implementar los mecanismos correctivos, por una muy honda y profunda razón en la cual yo estoy de acuerdo con el maestro, por el respeto
verdaderamente entrañable y a veces excesivo que ha tenido el Estado mexicano para la libertad de las personas.
Se estaba respetando una libertad, la libertad cambiaria, no se querían introducir medidas que nos hicieran aparecer de manera tan verdaderamente espantosa como socialista, y por eso había un dejar hacer y un dejar pasar que le había constituido ya en un verdadero peligro para la sociedad. Tuvo que llegar el momento enmarcado en realidades nacionales y en realidades externas para proceder en una forma que responde a los intereses de la mayoría, de esa mayoría que está plenamente retrasada en la banca, pero que está injustamente olvidada en función de que solamente es a la minoría a quien se le hace caso. Recordemos cómo en 1925, cuando se inaugura el Banco de México, S.A., surge inmediatamente la amenaza imperialista a través del banquero Tomás Lamont, presidente del Comité Internacional de Banqueros, que está obligando a través de la Embajada norteamericana para que se difiera tal acción del gobierno mexicano. Luego entonces esa defensa de la minoría que permanentemente fue una de las banderas de la banca mexicana y de la banca de todos los demás países en donde ha sido nacionalizada no podía admitir contemplaciones por parte del gobierno mexicano. Ahí estaban los intereses de la mayoría porque la mayoría somos hombres modestos económicamente; ahí estaban los pequeños ahorradores, ahí estaba el pueblo, que de manera franca y leal había llevado sus ahorros, ahí estaba el pequeño comerciante, que pedía créditos y se los daban pero en una forma totalmente irracional y leonina; ahí estaba también el pequeño empresario, el empresario nacionalista, que nunca encontraba el momento adecuado y oportuno para tener los beneficios de esa banca. La banca privada mexicana había no solamente olvidado a la mayoría, sino que estaba cometiendo un verdadero crimen social en contra del pueblo mexicano y del porvenir de la nación. Ahí está, creo, la gran justificación de la medida que adoptó el primero de septiembre José López Portillo.
La banca trabajaba sumisamente. La sumisión de los banqueros es algo verdaderamente peligroso y verdaderamente amenazante. No hay grupo de presión que sea sumiso más que a los intereses que le están en ese monto generando potencia. Luego entonces no hay tal sumisión al Estado; no había más que una estrategia coyuntural que en el fondo ocultaba toda una red de relaciones que estaban perfectamente implicadas con intereses contrarios al interés del pueblo de México. Por eso ellos no opinaban ni decían esta boca es mía, cuando estaban contemplando de manera cotidiana la sangría verdaderamente desmesurada de los dólares hacia la Unión Americana. Por eso ellos callaban, en ocasiones no tanto, porque veíamos también cómo los consejos a veces pasan del confesionario, también vienen de las ventanillas bancarias, en donde se invitaba a la clase media popular y a la clase media-media a que comprara los dólares y los tuviera como garantía en contra de lo que pudiera venir.
Hay, por lo tanto, toda una atmósfera verdaderamente negativa y peligrosa en torno de la medida del primero de septiembre. Dice también el maestro que los afectos se pudieron obtener sin el "zarpazo". No era, dadas las condiciones en que nos encontrábamos, que poniéndonos a comentar en forma comedida y en forma académica todas las teorías al respecto de la banca, su participación en los objetivos sociales de la comunidad, hubiéramos organizado simposios con embajadores, especialmente el embajador norteamericano, para comentarlo de manera coloquial y saber si era prudente que el Estado, con su soberanía, adoptara una actitud enérgica y patriótica; no fue un acto inconsulto, porque el 1o. de septiembre estuvo presente el pueblo de México; ahí estaba el pueblo, que estaba siendo fielmente interpretado por el Presidente de la República; ahí estaba la conciencia revolucionaria de México; ahí estaba en ese momento toda una corriente histórica que aplaudió en forma leal, en forma consciente, una medida que consideramos patriótica y revolucionaria.
Por eso yo invitó a esta Asamblea a que, conscientes de nuestra responsabilidad histórica, aprobemos el dictamen de la nacionalización de la banca, dada por el Presidente José López Portillo el 1o. de septiembre de 1982. Muchas gracias".
El C. Presidente: Tiene la palabra para hablar en contra el C. diputado Carlos Chavira Becerra.
El C. Carlos Chavira Becerra: Señor Presidente; compañeros diputados:
Hemos escuchado esa elocuente palabra del señor diputado Osante, esa palabra brillantes de pirotecnia, como los castillos pueblerinos que se ponen en las ferias, cuyas luces deslumbrantes a veces nos ciega; es la palabra del señor diputado Osante brillantes como esas luces, pero también como en esas luces de pirotecnia, detrás de ella no hay más que humo y carrizo. (Aplausos.)
Anterior a esto tuvimos una interesante conferencia acerca de todos los estados, de toda clase de estados. Fue una conferencia muy interesante, señor diputado Ortiz Mendoza; hubiera sido mucho más interesante si se hubiese usted referido al estado de Nayarit. Y antes de dar principio al tema permítaseme analizar
con todo respeto las palabras que en esta tribuna vino a pronunciar el señor diputado don Juan José Osorio.
No, señor diputado Osorio, los miembros de la oposición no estamos en esta tribuna por la gracia divina de la reforma política, por esa especie de gracia santificante que nos libera de las culpas. Estamos en esta tribuna por la voluntad del pueblo; estamos en esta tribuna a pesar de esa reforma política, y yo concretamente estoy ocupado esta tribuna en representación del millón 200 mil ciudadanos que votaron por mí en la segunda circunscripción electoral, y si quiere que se la ponga a remate más barata, por los 170 mil chihuahuenses que votaron por mi candidatura.
Aquí se ha hablado de la corrupción de la banca. No es el tema a discusión.
Yo no vengo a defender a los banqueros, sería paradójico, sería absurdo que yo los defendiera, porque nunca he sido cuentahabiente ni soy ni he sido sujeto de crédito en ninguno de ninguna parte de los bancos de la República he sido sujeto de crédito. No está discusión cuál banca es más corrupta, si la banca oficial o la banca privada. No sabemos. Sabemos que en la banca privada un señor funcionario se fue con 5 mil millones de pesos; no sabemos, pero suponemos que también habrá Lerma Candelarias en la banca privada. Como dijo alguien en esta tribuna, porque en cuestión de bancas pues la cueva de Alí Babá y los 40 ladrones.
Nos decía el señor diputado Rocha que no se trata de algo novedoso el que se lance un decreto que viola tres artículos de la Constitución, el 28, el 73 y el 123, y tiene mucha razón el señor diputado Rocha, no se trata de algo novedoso, se trata de un atropello a la Constitución, que es cosa permanente, puesto que en la práctica ni el derecho al trabajo es una realidad, puesto que para ser taxista o vendedor de paletas u obrero de cualquier industria se requiere pertenecer a la CTM o, lo que es lo mismo, sacrificar su manera de pensar para uncirse al carro del PRI.
Yo no veo que hayamos entrado en realidad a discutir las cuestiones realmente que nos trajeron a esta sesión, ha sido cosa de lirismos, están todavía firmes las razones de González Torres y de mi otro compañero, Felipe Gutiérrez; se ha venido con lirismos que en un momento dado convierten los autobuses urbanos en carros de la historia. Decía también, y con mucha razón, tal vez con mucha razón, porque no conozco los sueldos estratosféricos de los funcionarios bancarios, que un funcionario bancario de las empresas privadas ganaba más dinero que lo que es o lo que puede ser lo que gasta un municipio, el presupuesto de un municipio, y tiene mucha razón, si el gobierno federal, con su centralismo, se lleva 85 centavos de cada peso y cena opíparamente y le deja al gobierno del estado 12 centavos para arrojarle después al municipio las migajas de la segunda mesa, sí creo, señor diputado Rocha, que los funcionarios bancarios de la empresa privada ganen más que la miseria a que están sujetos los municipios de nuestro país, desgraciadamente. (Aplausos.)
Pero yo quisiera, como no soy licenciado o abogado, por la gracia de Dios no lo soy, y no puedo discutir las cosas propiamente conforme a la ley, quisiera enfocar el problema desde un punto de vista diferente, desde el punto de vista de la dignidad de este Congreso, desde el punto de vista de la necesidad de que este cambio que prometió el próximo Presidente de la República, que tomará posesión el primero de diciembre, sea una realidad; que reasumamos la dignidad y los atributos que nos corresponden como un poder legítimo y soberano.
De no hacerlo, la nación no alcanzará la salvación que pretendemos.
Dejaba en la XXVI Legislatura, aquella de la época del mártir don Francisco I. Madero, se discutían aquí en esta Cámara los empréstitos que se hacían al extranjero, porque es facultad del Congreso. Hemos permitido que se nos quite esa facultad, y abusando de un presidencialismo absorbente, nos ha conducido a la situación crítica en que nos encontramos, en que los dos últimos gobiernos no han hipotecado el águila nacional seguramente porque no han encontrado montepío que se las tome. (Aplausos.)
Nosotros necesitamos recuperar esa soberanía, y no aceptar que sea el Ejecutivo el que dicte actos tan trascendentales por su cuenta, que construya el aparato y nos mande a nosotros como simples albañiles a tapar los agujeros que quedaron. Eso es faltar a la dignidad del Congreso, así lo estimo yo.
Es muy fácil crear un problema de la magnitud que se puede crear en un acto de soberbia, en los últimos días de un mandato, porque se está procediendo como en los días del Rey Sol, de Luis XIV. Con aquellas sus palabras de: "Después de mí el diluvio". No es el actual Presidente de la República el que va a sufrir las consecuencias y el que va a resolver los problemas. Es Miguel de la Madrid el que habrá de sufrir las consecuencias, y si esta medida es buena o mala él sufrirá la carga y el otro recibirá una gloria que no la merece, porque debió haberlo hecho al principio de su mandato para capear los resultados de tal medida.
Hemos renunciado a muchas de nuestras prerrogativas. Personalmente en la XLV Legislatura tuve la fortuna de presentar, a nombre de mi partido, la ley para el control de las empresas descentralizadas. Y, en un gesto de democracia que le enaltece, la XLV Legislatura la aprobó. Pero, ¿qué ha pasado en
la práctica?, que tenemos más de mil empresas descentralizadas y solamente tenemos el control en la Cámara de 27 de ellas, de las más pequeñas.
Señores diputados, una de las figuras más grandes de la historia griega, o de la mitología griega, como ustedes quieran llamarle, es Prometeo encadenado.
Prometeo, dios grande, fuerte y poderoso, se rebela contra Júpiter, y en castigo es atado a una roca solitaria y desierta. Yo imagino a Prometeo haciendo esfuerzos grandes para libertarse de sus ligaduras. Me lo imagino con los músculos en tensión, con la sangre afluyendo de sus arterias para poder romper aquellas cadenas que le atan, en un esfuerzo estéril.
Cuando recuerdo a Prometeo me acuerdo de mi patria, que también ha estado siempre atada a la roca estéril de la incomprensión y del egoísmo. Porque en este nuevo Olimpo mexicano un Júpiter decide para bien o para mal del país. Y nosotros, que somos los representantes del pueblo, que podemos no valer nada en nuestra persona, sí tenemos que presentar la exigencia de que nos respeten la investidura de auténticos representantes de ese pueblo.
Esta ley me parece a mí que tiene dos fallas fundamentales, fallas de titubeo.
¿Qué clase de Constitución remendada le vamos a entregar a nuestros hijos? En un artículo que se reforma, donde por un lado se expropia la banca privada y no se expropia a la extranjera. ¿Quiere decir que los extranjeros tienen más derecho en México que los mexicanos? Eso es completamente absurdo.
¿Qué clase de sindicalismo es éste que se pretende, de cobrar cuotas y no darles los derechos que todo sindicalismo trae aparejadas? O somos o no somos.
O nos decidimos a hacer las cosas hasta lo último, pero no nos quedemos nunca en los titubeos, las medias tintas nunca han servido para nada.
Se habla mucho de la presión extranjera, se habla mucho en los países extranjeros de muchas cosas muy bonitas, pero que en México no ocurren. Somos candiles de la calle y oscuridad en nuestra casa, o como lo dijera más concretamente el maestro Vasconcelos: somos vegetarianos en el extranjero y caníbales en nuestra propia patria.
Yo creo que una cosa que se ajustaría a la razón, a la realidad y a la lógica más elemental, sería que este dictamen regresara a la Comisión y que nuevamente se discutiera cuando ya estuviera en el poder quien va a llevar el timón de la patria y quien va a sufrir las consecuencias. Porque yo creo que no es justo que el saliente deje el paquete al entrante. Esa es mi manera de pensar.
Bien, señores diputados, el presidencialismo ha creado una especie de superioridad tan grande ante los demás poderes que se ve hasta físicamente.
Mientras hace unos cuantos días el diputado saliente por San Luis Potosí, fue atracado por policías judiciales que lo despojaron de 50 o 100 mil pesos que llevaba, mientras el actual diputado plurinominal por Aguascalientes fue despojado de su cartera en un camión urbano, en un autobús como ustedes quieran llamarle, vemos todos los días cómo funcionarios de cuarta, de quinta y de sexta categoría pasan con sus carros triunfales, no en la historia, sino con sus carros charoleados importados, con una vanguardia de motocicletas y mil guaruras atrás, y no estoy pidiendo aumento de sueldo, estoy simplemente señalando el hecho injusto (aplausos) se determina; por eso yo quiero proponer en esta Cámara que vayamos en pleno, a través de representaciones de todos los partidos, a entrevistarnos con el que será el Presidente de México, para exigirles que en lo sucesivo los ministros nos den derecho de picaporte, para que conozcan las quejas del pueblo. Muchas gracias. (Aplausos.)