Discurso Y Proposicion Que Se Hace A Vuestra Magestad De Lo Toc

Chapter 2

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Comenzó el Gobernador su jornada por entre los indios salteadores de arco y flecha que no tienen sino ranchos movedizos y están vecinos de aquel puesto en que él reside; éstos se nombran los Apaches y andan desnudos, y algunos de ellos se abrigan con pellejos de vacas corcovadas y que llaman de Cibola; atravesó por los llanos de este mismo nombre como doscientas leguas, poco más o menos, por la ribera de algunos arroyos y ríos apacibles y viciosos, con buenos frutales silvestres y muchos pastos, sin otro ganado que una infinidad de aquellas vacas, y sin ver otra cosa, sino fueron algunas aves y animales, especialmente unos venados muy desproporcionados de grandes; y habiendo encontrado una ranchería movediza de indios semejantes a los Apaches que he dicho, en que pareció haber cinco o seis mil personas, que se entendió, andaban mudando rancho en seguimiento de las vacas que comen sin pan, sino con raíces y frutas; y que del mesmo género andaban por aquel llano cinco o seis rancherías semejantes. Descubrió poco adelante mayor número de gente poblada de asiento, en un sitio grande poblado de casas pajizas que arman sobre varas gruesas; y esto continuaba por algunas leguas de que no se vio el remate, por haber pedido y obligado a don Joan, la gente que llevaba, a dar la vuelta por las casas, que se entenderán de su relación; y principalmente según escribe, porque de ochenta soldados que llevaba, la mitad, no sólo no era gente de servicio, pero de embarazo. No trajeron otras noticias, sino que en lo visto hay algunos millares de indios; y la tierra les pareció de buen temple en algunas señales que ponderaron para esto, y que alcanzan allí las vacas de Cibola, y usan cueros dellas, de que algunos se visten a su modo, aunque generalmente andan desnudos; y trajeron en prisión un indio de los que andaban antes déstos y su vecindad, siguiendo las vacas en ranchos movedizos, el cual no era de aquella nación, sino cautivo suyo que estuvo al principio, según dicen, con mucho coraje como bárbaro, y después aunque sin haber aprendido hasta hoy hablar ni entender en lengua ninguna de las que pudieren servir para comunicarle, se ha hecho tan ladino, por señas que espanta; y por ellas, después que don Joan de Oñate volvió al puesto donde reside; y antes de partir para aquél, Vicente de Zaldívar, que le trajo y lleva consigo, comenzó a dar noticia de que en otras poblaciones hay cierta laguna, de cuyas arenas se saca oro, y que él no lo ha visto allí; sino en su tierra, a donde se traían algunos vasos dello y muchos tejos de diferentes tamaños. Esto del oro, no tiene más fundamento que el dicho; y lo demás, parece concuerda con las noticias que se tuvieron de otros indios; lo cual se verá, largamente, en una relación que presentó la parte de don Joan, y por las informaciones de parte y de oficio que a pedimento hizo la Audiencia, y se envían a Vuestra Majestad con el parecer del Acuerdo; y más en particular, en una que por Gobernación y de oficio cometí al factor don Francisco Valverde, que aunque se me daba juntamente la materia de otra que el año pasado hizo por mi orden, y fue sobre lo tocante a las calidades de lo pacificado, en que don Joan de Oñate está hoy; pero tratase de principal intento de este segundo descubrimiento, y de el indio a quien examino. Mandé juntar asimismo algunos libros y relaciones de tiempo atrás, y comunicose todo con personas de confianza e inteligencia en la mar y tierra de las provincias de Indias, y de la situación y altura dellas, asistiendo un hombre bien suficiente en las matemáticas para que se conjeturase, como se ha hecho, la parte y lugar donde llegó don Joan, que les parece haber sido hasta algo más de cuarenta grados y en distancia de trescientas leguas, poco más o menos de la mar del Norte y otras tantas de la del Sur, y de ninguna manera se pudo tratar dello con puntualidad, por la oscuridad que trae en sus papeles; pues no hay en ellos razón alguna de altura, ni llevó quien la supiese tomar; y los avisos que envía y ha enviado, antes de ahora, sobre lo tocante a aquellos pueblos donde asiste siempre, han venido con menos claridad y distinción que conviniera; y si no es descuido sino falta de persona, que lo sepan bien disponer; a mí me la hace muy grande para tratar con fundamento de materia, conforme lo que se ha platicado aquí della no veo por donde me pueda persuadir aqueste descubrimiento de don Joan, haya dado luz que sea de mucha importancia sobre las noticias que antes se tenían de aquellos llanos; impresa anda en esos Reinos la peregrinación que hizo por aquel llano Álvaro Núñez Cabeza de Vaca, habiéndose perdido con Pánfilo de Narváez, cuando venía por Gobernador al río de Palmas que cae entre Panuco y la Florida, y tomó tierra en diferente parte por yerro de los pilotos. También andan impresas las relaciones de la entrada que hicieron por aquella tierra llana fray Marcos de Niza, Provincial de la orden de San Francisco, y Francisco Vázquez de Coronado, que ambos fueron, enviados por el virrey don Antonio de Mendoza; el fraile a descubrir con pocos compañeros y sobre la relación que él trajo, fue Francisco Vázquez con golpe de gente a la pacificación de aquellas provincias, y hay claridad que estuvo en Cibola y en Quivira; y que este pueblo está en cuarenta grados, y el otro en treinta y uno; y ambos los vemos en los mapas generales y particulares, con nombre de reinos ya sentados, no lejos de la costa de la mar del Sur el de Quivira, cerca del cabo Mendocino y Anian, de donde tenía nombre aquel estrecho, y el de Cibola en el remate que figura en la ensenada de las Californias de la una población, y de la otra refirió Coronado, no haber hallado cierto lo que dellas contaba fray Marcos, ni visto que hubiese riqueza ni grandeza alguna; por donde debió de entender, que en otras siete ciudades, de que fray Marcos dijo haber tenido noticia, demás de siete que afirmaba haber en Cibola, y que distaba un poco unas de otras, o no se hallaría cierta la relación aunque se buscasen, como tampoco lo saldría en otros reinos que el fraile refirió haber oído, que caían cerca llamándolos abucus y totonteas como el mapa los nombra; o que cuando todo se descubriese, no sería cosa de momento; y así se volvió a México, puesto caso, que no sin ser murmurado por no haberse detenido más tiempo en lo que vio. Se cogía maíz y otras cosas, y había piedras turquesas y oídas de oro; sin fundamento la gente andaba desnuda, aunque parte de los de Cibola y de Quivira vestían cueros de aquellas vacas de los llanos; y en Tiguex que es un pueblo en treinta y seis grados que toparon sobre la costa en el medio camino de lo que anduvieron de Cibola a Quivira, había muy buena ropa de algodón, el cual no se da en Quivira, y en Cibola muy poco. En esto se encierra cuanto Coronado contó de aquellas poblaciones, y entre ellas parece de mayor bondad el suelo y calidades de Quivira, hasta donde muy cerca se colige que llegan los llanos en que andan las vacas; porque dado caso que los llaman de Cibola corren muy largo espacio. Lo que así se cuenta de Quivira, tiene grandísima semejanza con lo que atravesó ahora en los llanos don Joan, y especialmente con las poblaciones a donde llegó; y aunque no pueden ser una misma cosa antes de están lejos, pues de la parte en que reside, cae al Nordeste lo uno, y lo otro al Noroeste; pero lleva mucho camino, el parecerse por estar casi en un paralelo de los cuarenta grados o poco más, según la altura que de Quivira se refirió atrás y la que se conjetura haber multiplicado don Joan, desde el asiento en que reside hasta la parte donde llegó ahora.

Las calidades, temple y costumbres que Coronado refirió de Cibola, conforman puntualmente con las que tienen los pueblos en que don Joan asiste ahora; y esto y entenderse que están en treinta y siete grados de altura, poco más o menos, que no difiere mucho de la que ponen a Cibola, me puso deseo de inquirir si acaso estaban incluidas Cibola y sus ciudades, que fray Marcos de Niza refiere, en los ocho pueblos ya pacificados; que si se extendió a llamar ciudades a pueblos medianos, puede bien compadecerse; y hacía sospecha de esto el saberse que la ciudad de Cibola en que Coronado estuvo, era de docientas casas no más; e hice revolver papeles, y se hallaron unas relaciones de que el fiscal envía traslado donde se cuenta el descubrimiento del año de ochenta y uno, que hizo Chamuscado por orden del Virrey Conde de Coruña, de muchos destos pueblos que don Joan de Oñate tiene en su Gobierno, y otro descubrimiento que de éstos y otros en más cantidad hizo el año siguiente, sin orden y de su autoridad, un Antón de Espejo, Capitán nombrado en la jornada por sus mismos compañeros; y parece que en la de Antón de Espejo, se halla puesta una población que él llama de Cibola y refiere haber hallado vivos en ella cuatro indios de estas provincias de la Nueva España que había llevado por intérpretes Coronado, y pone sus nombres y naturalezas; y juntamente como vecinas y anejas a ellas, nombra otras seis poblaciones por sus nombres, diciendo que son todos siete de una misma nación; y a las mismas o la mayor parte dellas, pone y nombra Chamuscado, en el descubrimiento que él hizo un año antes, y particular mención de haber estado gente y banderas de Coronado en Acoma, una población que todos sabemos ser de las que don Joan halló, aunque sus soldados la asolaron por haberse resistido al castigo que quiso hacer sobre haber muerto a su maese de campo y sobrino Juan de Zaldívar, con una banda de soldados, pues de estar de paz todas estas consideraciones. Para sospechar que las siete ciudades de Cibola que descubrió fray Marcos de Niza, en que Francisco Vázquez Coronado refiere haber estado, son parte de lo mismo en que hoy está don Joan de Oñate, y que cuando fuesen diferentes, no detendrán otra ni más grandeza que ello, por estar cerca y en una misma altura, y por la semejanza de las calidades en que lo pinta Coronado en su relación; y a esto ayuda, que Vicente de Zaldívar, preguntándole yo cuando ahora pasó por aquí, si había entre aquellos pueblos alguno de este nombre, me respondió que él había estado en una población nombrada Cibola, no lejos de la de Cummoaquí, yendo a descubrir la mar del Sur, de que entendió hallarse pocas leguas o jornadas; y la hubiera visto si no se hubiera rematado de cansancio toda la caballada y esto y otras causas le hubieran obligado a volverse; y que le pareció que sería aquel Cibola, de ciento y setenta o ciento y ochenta casas, y que debe de caer de la mar del Sur menos de ciento cincuenta leguas; que todas estas particularidades no desdicen, antes ayudan a la sospecha.

V

Por lo que se contienen las relaciones del capítulo pasado, y lo que por notorio se presume de la Nueva Francia y se sabe de la Florida, se discurre sobre la importancia que puede tener la tierra que hay del cabo del Labrador hasta el de Anian, en la mitad que mira a la mar del Sur; y por lo que toca a las incertidumbres de esto y más principalmente porque la otra mitad no se ha visto y nunca se acaba de salir de este cuidado, se propone a Vuestra Majestad que en el Consejo se mande ver y conferir sobre esta materia, y sin tomar licencia para dar parecer, se apunte el que se ha entendido, mucho ha, de personas de buen voto en estas cosas; y del modo y medios que decían haber convenido al intento, y para en caso que Vuestra Majestad se resolviese de gastar algo para tomar desengaño de este secreto, y hubiese de ser elegida para ello la persona de don Joan de Oñate, se avisa y advierte a Vuestra Majestad lo que conviene y es necesario advertir y prevenir.

En conformidad del discurso del capítulo pasado y de que se puede hacer del poco útil que tiene la Nueva Francia a la parte de los Vacallaos, por el poco pie que franceses han hecho en ella después que la descubrieron y por lo que asimismo se sabe de las calidades de la Florida, me parece que aún siempre se dice y justamente que es gran parte de tierra incógnita la que hay de cabo de Labrador al de Anian; pero de la mitad que mira al Mediodía, hay buena parte de noticias antiguas que conforman y se confirman con lo que ahora se vio, y no ofrecen grandes esperanzas de riqueza, ni de grandeza de imperio o reino poderoso que allí haya; pues que todo se comprende en cuatro reinos que ponen los mapas generales. La Nueva Francia es uno, y otro es la Florida y los llanos que tiene a la banda de Noroeste detrás de la sierra, que son los que atravesó Cabeza de Vaca; y el tercero Cibola, a quien Coronado nombró la Nueva Granada; y Quivira es el cuarto; y destos dos llamados reinos, ya he apuntado las relaciones que tenemos, de que se ha refrescado la memoria estos días con la ocasión presente; y allá se podrá recorrer la mejor luz que habrá de todo, y se hará con facilidad, mandando verificar lo que se apunta en este recuerdo para las cartas generales y otras descripciones, y por el original de los capítulos de historia y relaciones cuyos traslados envía el fiscal para en caso necesario. No veo a donde se pueda hacer ni aun capitulación, ni asiento, con nadie, sobre ello; porque parece que se va a ganar poco y que se pierde mucho, en divertir y embarazar las fuerzas y la hacienda en sustentar provincias de poca importancia; y una vez pacificada cualquiera que se descubra, tiene el dejarla las dificultades que ahora se experimentan, y aunque tampoco convidan las noticias dichas a que se gaste nada de Real Hacienda para sólo descubrir. Hombres ha habido de buen celo y bien informados, y a algunos he yo oído y comunicado después que vine y muchos días ha, que sentían por conveniente que aventurase Vuestra Majestad, por una vez, alguna moderada suma de pesos de oro en la paga de poca gente bien armada y bien encabalgada, que con una buena cabeza lo penetrase todo a trueque de salir de cuidado con que se está de tantos años a esta parte sobre este secreto; y porque realmente lo podría haber en tierra tan larga, ora sea en la parte septentrional de todo lo que corre aquella región, que no se que se haya visto; ora en alguna provincia que tenga en lo que cae al Sur de más de las que se descubrieron por franceses y por Cabeza de Vaca y Coronado; entre éstas queda alguna población de mayor sustancia.

Podría Vuestra Majestad servirse, de que ahora hay con esta ocasión, se confiriese y resolviese de una vez, si convendría arriesgar para esto la paga de cien soldados y seis oficios por año y medio; que por lo que he oído discurrir sobre ello, mucho ha, como ya dije a personas de muy buen voto, entiendo que el número será bastante, y el tiempo también, siendo la gente cual conviene, y yendo como es menester; y que no excederá el sueldo de quinientos pesos al año. No tengo licencia para dar parecer en esto, porque no se me ha mandado; ni se funda la duda en hecho o noticias de que yo tengo acá más luz de la que el Consejo tiene, que son los dos casos en que el Virrey que gobierna, puede y debe darle; y pues de nuevo no hay otra sino la que ya se tenía, que estará mejor apurada y entendida allá de lo que yo he podido rastrear, sólo servirá esta carta de memorial y de proponerse este pensamiento, y de avisar a Vuestra Majestad, lo que tengo por muy conveniente; que caso que desto se trate, y Vuestra Majestad lo hubiese de ordenar, ansí se advierta, que pues en siendo jornada real y por cuenta de Vuestra Majestad, no le puede tocar el Gobierno della a D. Joan de Oñate, por vía del asiento, si por nuevo nombramiento y especial comisión juzgare Vuestra Majestad que conviene elegir su persona y honrarle en esto por la calidad suya y de sus deudos; y por lo mucho que él y ellos han gastado, y por los años que ha estado sirviendo y pasando trabajos, ansí en aquellas poblaciones, como en la última entrada, sea esto con tres condiciones; la primera muy importante, pero las otras dos, tan necesarias que sin ellas, entiendo yo, que sería gran yerro gastar Vuestra Majestad su Hacienda, aunque fuese muy poco. Una es que don Joan lleve adelante el ofrecimiento que hizo de que pagarán él o su hermano don Cristóbal o ambos cien soldados por un año, y esto debería Vuestra Majestad resolver, en que por año y medio pagase los treinta de los ciento que Vuestra Majestad mandase hacer; para que fuese tal y tan buena gente, y tan en orden como los otros setenta, que de esta manera serían de efecto, y se ahorraría casi el tercio de las costas. Otra condición, es que Vuestra Majestad mandase que como los demás socorros que de aquí envía el Virrey a otras provincias, hiciese levantar y armar esta gente a nombre y voz de Vuestra Majestad; y que provea entre ellos de dos o tres soldados particulares que sean personas de honrados bríos y buena inteligencia, y juntamente de crédito y confianza, y con algún entretenimiento honrado vayan señalados para aconsejar a don Joan, y para testificar en todo suceso; y que ansí mismo, se le envíen uno o dos ministros suficientes para lo que toca demarcación y altura; y para oficio de piloto, por si acaso, descubriendo mar, le fuere necesario; ordenando Vuestra Majestad que todos, en llegando a donde estuviere don Joan, sigan la suya; pero que él siga la instrucción que le enviare el Virrey, que está claro que ha de ser sólo para las cosas generales y que de lejos puedan advertirse, y que se ayude llanamente de las personas referidas, cada una en su ministerio, y de ello y de todos los acuerdos, y lo demás se hagan papeles en el viaje; y la condición última, que Vuestra Majestad mande expresamente al Virrey, que sabiendo de don Joan, si con esta gente y condiciones se quiere encargar de ello a él, o al que no aceptando él, lo hubiere de llevar a cargo, le diga de parte de Vuestra Majestad que su real voluntad, es, que aunque sea con grandes afanes y trabajos, y con conocidos riesgos, persevere y lleve al cabo el descubrimiento, de manera que esta vez se haga, sin que Vuestra Majestad quede con este cuidado, ni sea necesario hablar más en ello; y se le advierta y pondere lo mal recibido que ha de ser, cuando vuela, si no trae satisfecho el intento, conforme a las instrucciones.- Hay una rúbrica.

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