Discurso pronunciado por el Dr. Fidel Castro Ruz, en el parque Cespedes, de Santiago de Cuba, el primero de enero de 1959

Part 2

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En este estado estaban las conversaciones cuando, tanto el coronel Rego, jefe de la Plaza de Santiago de Cuba, como yo, fuimos sorprendidos por el golpe de Estado de Columbia que se apartaba por completo de lo acordado. Y lo primero que se hizo, lo más criminal que se hizo, fue dejar escapar a Batista, a Tabernilla y a los grandes culpables (APLAUSOS). Los dejaron escapar con sus millones de pesos, los dejaron escapar con los 300 ó 400 millones de pesos que se han robado y ¡muy caro nos va a costar eso!, porque ahora van a estar desde Santo Domingo y desde otros países haciendo propaganda contra la Revolución, fraguando todo el daño posible contra nuestra causa, y durante muchos años los vamos a tener ahí amenazando a nuestro pueblo, manteniéndonos en constante estado de alerta, porque van a pagar y a fraguar conspiraciones contra nosotros (GRITOS).

¿Qué hicimos nosotros tan pronto supimos del golpe, que nos enteramos por Radio Progreso? Ya a esa hora, adivinando yo lo que se estaba fraguando, estaba haciendo unas declaraciones cuando me entero de que Batista se había ido para Santo Domingo. Y yo pensé: ¿Será un error, será una bola? Y mando a ratificar cuando escuché que, efectivamente, el señor Batista y su camarilla se habían escapado, y lo más bonito es que el general Cantillo decía que ese movimiento se había producido gracias a los patrióticos propósitos del general Batista, ¡los patrióticos propósitos del general Batista!, que renunciaba para ahorrar derramamiento de sangre, ¿qué les parece? (GRITOS.)

Hay algo más todavía. Para tener una idea de la clase de golpe que se preparó, basta decir que a Pedraza lo había nombrado miembro de la Junta y se fue (GRITOS). Yo creo que no hay que añadir nada más para ver la clase de intenciones que tenían los golpistas. Y no nombraron al presidente Urrutia, que es el presidente proclamado por el Movimiento y por todas las organizaciones revolucionarias (APLAUSOS). Llamaron a un señor que es nada menos que el más viejo de todos los magistrados del Tribunal Supremo, que son bastante viejos todos, y sobre todo un señor que ha sido Presidente, hasta hoy, de un Tribunal Supremo de Justicia, donde no había justicia de ninguna clase.

¿Cuál iba a ser el resultado de todo esto? Pues una revolución a media, una componenda, una caricatura de revolución. El señor Perico de los Palotes; lo mismo da que se llame de una manera o de otra este señor Piedra, que a estas horas si no ha renunciado que se prepare que lo vamos a ir a hacer renunciar a La Habana (APLAUSOS). Creo que no dura las 24 horas. Va a romper un récord (GRITOS Y APLAUSOS).

Designan a este señor, y muy bonito: Cantillo, héroe nacional, paladín de las libertades cubanas, amo y señor de Cuba, y el señor Piedra allí. Sencillamente habíamos derrocado a un dictador para implantar otro. En todos los órdenes, el movimiento de Columbia era un movimiento contrarrevolucionario; en todos los órdenes se apartaba del propósito del pueblo; en todos los órdenes era sospechoso, e inmediatamente el señor Piedra dijo que iba a hacer un llamamiento para llamar a los rebeldes y una comisión de paz, y nosotros tan tranquilos dejábamos los fusiles y lo dejábamos todo y nos íbamos allá a rendirles pleitesía al señor Piedra y al señor Cantillo.

Era evidente que tanto Cantillo como Piedra estaban en la luna. Estaban en la luna, porque creo que el pueblo de Cuba ha aprendido mucho y los rebeldes hemos aprendido algo.

Esa era la situación esta mañana, que no es la situación esta noche porque ha cambiado mucho (APLAUSOS). Frente a este hecho, ante esta traición, dimos órdenes a todos los comandantes rebeldes de continuar las operaciones militares y de continuar marchando sobre los objetivos; en consecuencia, inmediatamente dimos órdenes a todas las columnas destinadas a la operación de Santiago de Cuba a avanzar sobre la ciudad.

Yo quiero que ustedes sepan que nuestras fuerzas venían muy seriamente decididas a tomar a Santiago de Cuba por asalto. Ello hubiera sido muy lamentable, porque hubiese costado mucha sangre y esta noche de hoy no sería una noche de alegría como esta, ni de paz como esta, ni de confraternidad como esta (APLAUSOS).

Debo confesar que si en Santiago de Cuba no se libró una batalla sangrienta se debe, en gran parte, a la patriótica actitud del coronel del ejército José Rego Rubido (APLAUSOS); a los comandantes de las fragatas "Máximo Gómez" y "Maceo", al jefe del distrito naval de Santiago de Cuba (APLAUSOS) y al oficial que desempeñaba el cargo de la jefatura de policía (APLAUSOS). Todos —y es justo que aquí lo reconozcamos y se lo agradezcamos— contribuyeron a evitar una sangrienta batalla y a convertir el movimiento contrarrevolucionario de esta mañana en el movimiento revolucionario de esta tarde.

A nosotros no nos quedaba otra alternativa que atacar porque no podíamos permitir la consolidación del golpe de Columbia y, por lo tanto, había que atacar sin esperar. Y cuando las tropas saltaban ya sobre sus objetivos, el coronel Rego hizo un viaje en el helicóptero para localizarme; los jefes de las fragatas hicieron contactos con nosotros y se pusieron, incondicionalmente, a las órdenes de la Revolución (APLAUSOS).

Contándose ya con el apoyo de las dos fragatas, que tienen un altísimo poder de fuego, con el apoyo del distrito naval y con el apoyo de la policía, convoqué entonces a una reunión de todos los oficiales del ejército de la Plaza de Santiago de Cuba, que son más de 100. Les dije a esos militares, cuando los invité a reunirse conmigo, que yo no tenía la menor preocupación en hablarles, porque sabía que tenía la razón; porque sabía que comprenderían mis argumentos y que de esta reunión se llegaría a un acuerdo. Y, efectivamente, en horas de la noche, en los primeros momentos de la noche, nos reunimos en El Escandel, la casi totalidad de los oficiales del ejército de Santiago de Cuba, muchos de ellos hombres jóvenes que se les ve ansiosos de luchar por el bien de su país.

Reuní a aquellos militares y les hablé de nuestro sentimiento revolucionario; les hablé de nuestro propósito con nuestra patria; les hablé de lo que queríamos para el país, de cuál había sido siempre nuestra conducta con los militares, de todo el daño que le había hecho la tiranía al ejército y cómo no era justo que se considerase por igual a todos los militares, que los criminales solo eran una minoría insignificante, y que había muchos militares honorables en el ejército, que yo sé que aborrecían el crimen, el abuso y la injusticia.

No era fácil para los militares desarrollar un tipo determinado de acción; era lógico, en cuanto los cargos más elevados del ejército estaban en manos de los Tabernilla, de los Pilar García, de los parientes y de los incondicionales de Batista, y existía un gran terror en el ejército. A un oficial aisladamente no se le podía pedir responsabilidad.

Había dos clases de militares —y nosotros los conocemos bien—: los militares como Sosa Blanco, Cañizares, Sánchez Mosquera, Chaviano (GRITOS), que se caracterizaron por el crimen y el asesinato a mansalva de infelices campesinos. Pero hubo militares que fueron muy honrados en su campaña; hubo militares que jamás asesinaron a nadie, ni quemaron una casa, como fue el comandante Quevedo, que fue nuestro prisionero, después de una heroica resistencia en la batalla de El Jigüe, y que hoy sigue siendo comandante del ejército (APLAUSOS); el comandante Sierra, y otros muchos militares que jamás quemaron una casa. A esos militares no los ascendían, a los que ascendían eran a los criminales, porque Batista siempre se encargó de premiar el crimen. Tenemos el caso, por ejemplo, del coronel Rego Rubido, que no le debe sus grados a la dictadura, sino que ya era coronel cuando se produjo el 10 de marzo (APLAUSOS).

El hecho cierto es que reclamé el apoyo de la oficialidad del ejército de Santiago de Cuba, y la oficialidad del ejército de Santiago de Cuba le brindó su apoyo incondicional a la Revolución Cubana (APLAUSOS). Reunidos los oficiales de la marina, de la policía y del ejército, se acordó desaprobar el golpe amañado de Columbia y apoyar al Gobierno legal de la república, porque cuenta con la mayoría de nuestro pueblo, que es el doctor Manuel Urrutia Lleó. Gracias a esa actitud se ahorró mucha sangre; gracias a esa actitud se ha gestado de verdad, en la tarde de hoy, un verdadero movimiento militar revolucionario.

Yo comprendo que en el pueblo hay muchas pasiones justificadas, yo comprendo las ansias de justicia que hay en nuestro pueblo y tendremos que hacer justicia (APLAUSOS). Pero yo le quiero pedir a nuestro pueblo aquí... estamos en instantes en que debemos consolidar el poder antes que nada, ¡lo primero ahora es consolidar el poder! Después reuniremos una comisión de militares honorables y de oficiales del Ejército Rebelde, para tomar todas las medidas que sean aconsejables, para exigir responsabilidad a aquellos que la tengan (APLAUSOS). ¡Y nadie se opondrá!, porque al ejército y a las fuerzas armadas son a los que más les interesan que la culpa de unos cuantos no la pague todo el cuerpo, y que no sea una vergüenza vestir el uniforme militar; que los culpables sean castigados para que los inocentes no tengan que cargar con el descrédito (APLAUSOS).

¡Tengan confianza en nosotros!, es lo que le pedimos al pueblo, porque sabremos cumplir con nuestro deber (APLAUSOS).

En esas circunstancias se realizó en la tarde de hoy un verdadero movimiento revolucionario del pueblo, de los militares y de los rebeldes, en la ciudad de Santiago de Cuba. Es indescriptible el entusiasmo de los militares, y en prueba de confianza les pedí a los oficiales que entraran conmigo en Santiago de Cuba, ¡y aquí están todos los oficiales del ejército! ¡Ahí están los tanques a disposición de la Revolución! ¡Ahí está la artillería a disposición de la Revolución! ¡Ahí están las fragatas a disposición de la Revolución! (GRITOS Y APLAUSOS.)

Yo no voy a decir que la Revolución tiene pueblo, eso ni se dice, eso lo sabe todo el mundo. Yo decía que el pueblo, que antes tenía escopeticas, ya tiene artillería, tanques y fragatas, y tiene muchos técnicos capacitados del ejército que nos van a ayudar a manejarlas (APLAUSOS). ¡Ahora sí que el pueblo está armado! Yo les aseguro que si cuando éramos 12 hombres solamente no perdimos la fe, ahora que tenemos ahí 12 tanques cómo vamos a perder la fe.

Quiero aclarar que en el día de hoy, esta noche —esta madrugada, porque es casi de día—, tomará posesión de la presidencia de la república el ilustre magistrado, doctor Manuel Urrutia Lleó (APLAUSOS). ¿Cuenta o no cuenta con el apoyo del pueblo el doctor Urrutia? (APLAUSOS y GRITOS.) Pero quiere decir que el Presidente de la república, el Presidente legal es el que cuenta con el pueblo, que es el doctor Manuel Urrutia Lleó.

¿Quién quiere al señor Piedra para Presidente? (ABUCHEOS.) Si nadie quiere al señor Piedra para Presidente, ¿cómo se nos va a imponer al señor Piedra? (ABUCHEOS.)

Si esa es la orden del pueblo de Santiago de Cuba, que es el sentimiento del pueblo de Cuba entera, tan pronto concluya este acto marcharé con las tropas veteranas de la Sierra Maestra, los tanques y la artillería hacia la capital, para que se cumpla la voluntad del pueblo (APLAUSOS).

Aquí estamos, sencillamente, a las órdenes del pueblo. Lo legal en este momento es el mandato del pueblo; al Presidente lo elige el pueblo y no lo elige un conciliábulo en Columbia a las 4:00 de la madrugada (APLAUSOS). El pueblo ha elegido a su presidente y eso quiere decir que desde este instante quedó constituida la máxima autoridad legal de la república (APLAUSOS). Ninguno de los cargos, ni de los grados que se han conferido de acuerdo con la Junta Militar de la madrugada de hoy tienen validez alguna; todos los nombramientos de cargos dentro del ejército son nulos —me refiero a todos los nombramientos que se hicieron esta mañana—; quien acepte un cargo designado por la Junta traicionera de esta mañana, estará asumiendo una actitud contrarrevolucionaria, llámese como se llame y, en consecuencia, quedará fuera de la ley.

Tengo la completa seguridad de que mañana todos los mandos militares de la república habrán aceptado las disposiciones del Presidente de la república (APLAUSOS).

El Presidente procederá de inmediato a designar a los jefes del ejército, de la marina y de la policía. Por los altos servicios que ha prestado en esta hora a la Revolución y por haber puesto sus miles de hombres a la disposición de la Revolución, le recomendamos como jefe del ejército al coronel Rego Rubido, que es un hombre... (APLAUSOS) Igualmente se designará como jefe de la marina a uno de los dos comandantes de la fragata que primero se sumaron a la Revolución (APLAUSOS), y le he recomendado al Presidente de la república que designe para jefe nacional de la policía al comandante Efigenio Ameijeiras, que ha perdido dos hermanos, que es uno de los expedicionarios del "Granma" y uno de los hombres más capacitados del ejército revolucionario (APLAUSOS). Ameijeiras está en operaciones en Guantánamo, pero pronto llega aquí (APLAUSOS).

Yo solo pido tiempo para nosotros y para el Poder Civil de la república, a fin de ir realizando las cosas a gusto del pueblo, pero poco a poco (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO). Solo le pido una cosa al pueblo, y es que tenga calma (DEL PUBLICO LE DICEN: "¡Oriente federal, Oriente capital!"). ¡No!, ¡no!, la república unida siempre por encima de todas las cosas. Lo que hay que pedir es justicia para Oriente (APLAUSOS). En todo, el tiempo es un factor importante. La Revolución no se podrá... tengan la seguridad de que la Revolución la hacemos; tengan la seguridad de que por primera vez de verdad la república será enteramente libre, y el pueblo tendrá... (APLAUSOS).

El poder no ha sido fruto de la política, ha sido fruto del sacrificio de cientos y de miles de nuestros compañeros. No hay otro compromiso que con el pueblo y que, con la nación cubana. Llega al poder un hombre sin compromiso con nadie, sino con el pueblo exclusivamente (APLAUSOS).

El Che Guevara recibió la orden de avanzar sobre la capital no provisional de la república, y el Comandante Camilo Cienfuegos, jefe de la columna 2 "Antonio Maceo", ha recibido la orden de marchar sobre la gran Habana y asumir el mando del campamento militar de Columbia. Se cumplirán, sencillamente, las órdenes del Presidente de la república y el mandato de la Revolución (APLAUSOS).

De los excesos que se hayan cometido en La Habana no se nos culpe a nosotros, nosotros no estábamos en La Habana; de los desórdenes ocurridos en La Habana, cúlpese al general Cantillo y a los golpistas de la madrugada, que creyeron que iban a dominar la situación allí (APLAUSOS). En Santiago de Cuba, donde se ha hecho una verdadera Revolución, ha habido orden completo; en Santiago de Cuba se han unido el pueblo, los militares y los revolucionarios, y eso es indestructible. La jefatura del Gobierno, la jefatura del Ejército y la jefatura de la Marina, estarán en Santiago de Cuba; sus órdenes serán de obligatorio cumplimiento a todos los mandos de la república. Esperamos que todos los militares honorables acaten estas disposiciones porque el militar, antes que nada, está al servicio de la ley y de la autoridad, no de la autoridad constituida, porque muchas veces está una autoridad mal constituida, la autoridad legítimamente constituida.

Ningún militar honorable tiene nada que temer de la Revolución. Aquí en esta lucha no hay vencidos, porque solo el pueblo ha sido el vencedor (APLAUSOS). Hay algunos caídos de un lado y de otro, pero todos nos hemos unido para darle la victoria a la nación. Nos hemos dado el abrazo fraternal, los militares buenos y los revolucionarios (APLAUSOS). No habrá ya más sangre, espero que ningún núcleo haga resistencia; porque aparte de ser una resistencia inútil y una resistencia que sería aplastada en pocos instantes, sería una resistencia contra la ley y contra la república, y contra el sentimiento de la nación cubana (APLAUSOS).

Ha habido que organizar este movimiento de hoy para que no ocurra otra guerra dentro de seis meses. ¿Qué pasó cuando el machadato? Pues que también un general de Machado dio un golpe y quitó a Machado, y puso a un presidente que duró 15 días; vinieron los sargentos y dijeron que aquellos oficiales eran responsables de la dictadura de Machado y que ellos no los respetaban, creció la efervescencia revolucionaria y expulsaron a los oficiales. Ahora no podrá ocurrir así, ahora estos oficiales tienen el respaldo del pueblo, y tienen el respaldo de la tropa, y tienen el prestigio que les da el haberse sumado a un verdadero movimiento revolucionario (APLAUSOS).

Estos militares serán respetados y considerados por el pueblo, y no habrá que emplear la fuerza, ni habrá que andar con fusiles por la calle, metiéndole miedo a nadie; porque el verdadero orden es el que se basa en la libertad, en el respeto y en la justicia, y no en la fuerza. Desde ahora en adelante el pueblo será enteramente libre y el pueblo sabe comportarse debidamente, como lo ha demostrado hoy (APLAUSOS).

La paz que nuestra patria necesita se ha logrado; Santiago de Cuba ha pasado a la libertad, sin que hubiera que derramar sangre. Por eso hay tanta alegría, y por eso es que los militares que en el día de hoy desoyeron y desaprobaron el golpe de Columbia para sumarse incondicionalmente a la Revolución, merecen nuestro reconocimiento, nuestra gratitud y nuestro respeto (APLAUSOS). .

Los institutos armados de la república serán en el futuro modelos de instituciones, por su capacidad, por su educación y por su identificación con la causa del pueblo. Porque los fusiles, de ahora en adelante, solo estarán siempre al servicio del pueblo. No habrá más golpes de Estado, no habrá más guerra, porque por eso nos hemos preocupado de que no ocurra ahora como cuando Machado. Esos señores, que desean más parecido el caso de la madrugada de hoy con el caso de la caída de Machado, aquella vez pusieron a un Carlos Manuel y ahora pusieron a otro Carlos Manuel (ABUCHEOS).

Lo que no habrá esta vez es un Batista, porque no habrá necesidad de 4 de septiembre, que destruyó la disciplina en las fuerzas armadas, porque lo que ocurrió con Batista fue que instauró aquí la indisciplina en el ejército, porque su política consistía en halagar a los partidos para disminuir la autoridad de los oficiales. Los oficiales tendrán autoridad, habrá disciplina en el ejército, habrá un código penal militar, donde los delitos contra los derechos humanos y contra la honradez y la moral que debe tener todo militar, serán castigados debidamente (APLAUSOS). No habrá privilegios para nadie; el militar que tenga capacidad y tenga méritos será el que ascienda, y no el pariente, el amigo, como ha existido hasta hoy, que no se han respetado los escalafones.

Para los militares se acabará, como se acabará para los trabajadores, toda esa explotación de contribuciones obligatorias, que en los obreros es la cuota sindical (APLAUSOS) y en los militares es el peso para la Primera Dama, y los dos pesos para esto y los dos pesos para lo otro, y les acaban con el sueldo.

Naturalmente que el pueblo todo lo debe esperar de nosotros, y lo va a recibir. Pero he hablado de los militares para que ellos sepan que también todo lo van a recibir de la Revolución, todas las mejoras que jamás han tenido, porque cuando no se robe el dinero de los presupuestos estarán mucho mejor los militares de lo que están hoy. El soldado no ejercerá funciones de policía, el soldado estará en su entrenamiento, en su cuartel, no tendrá que estar ejerciendo funciones de policía (APLAUSOS).

(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO) De microonda nada, aunque quiero aclarar que en este momento los rebeldes andamos con microondas, porque las necesitamos, pero las microondas ahora no llevan detrás a los esbirros, ni nada de eso, nada de asesinos, ni nada de frenazos, delante de las casas y la tocadera a medianoche (GRITOS Y APLAUSOS).

Tengo la seguridad de que tan pronto tome posesión y asuma el mando el Presidente de la república decretará el restablecimiento de las garantías, y la absoluta libertad de prensa y todos los derechos individuales en el país (APLAUSOS), todos los derechos sindicales, y todos los derechos y todas las demandas de nuestros campesinos y de nuestro pueblo. No nos olvidaremos de nuestros campesinos de la Sierra Maestra y de Santiago de Cuba (GRITOS Y APLAUSOS); no nos iremos a vivir a La Habana, olvidado de todos, donde yo quiero vivir es en la Sierra Maestra. Por lo menos, en la parte que me corresponda, por un sentimiento muy profundo, de gratitud, no olvidaré a aquellos campesinos, y tan pronto tenga un momento libre voy a ver adónde vamos a hacer la primera ciudad escolar, con cabida para 20 000 niños (APLAUSOS). Y la vamos a hacer con la ayuda del pueblo; los rebeldes van a trabajar allí y vamos a pedir a cada ciudadano un saco de cemento y una cabilla, y yo sé que obtendremos la ayuda de nuestra ciudadanía.

No olvidaremos a ninguno de los sectores de nuestro pueblo (DEL PUBLICO LE DICEN: ¡Viva Crescencio Pérez!) ¡Que viva Crescencio Pérez que perdió aun hijo en los días postreros de la guerra!

La economía del país se restablecerá inmediatamente. Este año nosotros seremos los que cuidemos la caña, para que no se queme, porque este año los impuestos del azúcar no servirán para comprar armas homicidas, y bombas y aviones para bombardear al pueblo (APLAUSOS).

Cuidaremos las comunicaciones y ya, desde Jiguaní hasta Palma Soriano, la línea telefónica está restablecida y la vía férrea será restablecida. Habrá zafra en todo el país y habrá buenos salarios, porque yo sé que ese es el propósito del Presidente de la república. Y habrá buenos precios porque, precisamente, el miedo a que no hubiera zafra ha levantado los precios del mercado mundial; y los campesinos podrán sacar su café, y los ganaderos podrán vender sus reses gordas en La Habana, porque afortunadamente el triunfo ha llegado a tiempo, para que no haya ruinas de ninguna clase.

No es a mí a quien le corresponda hablar de estas cosas. Ustedes saben que somos hombres de palabra y que lo que prometemos lo cumplimos, y queremos prometer menos de lo que vamos a cumplir, no más, sino menos de lo que vamos a cumplir y hacer más de lo que ofrezcamos al pueblo de Cuba (APLAUSOS).

No creemos que todos los problemas se vayan a resolver fácilmente, sabemos que el camino está trillado de obstáculos, pero nosotros somos hombres de fe, que nos enfrentamos siempre a las grandes dificultades (APLAUSOS). Podrá estar seguro el pueblo de una cosa, que es que podemos equivocarnos una y muchas veces, lo único que no podrá decir jamás de nosotros es que robamos, que traicionamos, que hicimos negocios sucios... Y yo sé que el pueblo los errores los perdona y lo que no perdona son las sinvergüencerías, y los que hemos tenido son sinvergüenzas.

Al asumir como presidente el magistrado, doctor Manuel Urrutia Lleó, a partir de ese instante, cuando jure ante el pueblo la presidencia de la república, él será la máxima autoridad de nuestro país (APLAUSOS). Nadie piense que yo pretenda ejercer facultades aquí por encima de la autoridad del Presidente de la república, yo seré el primer acatador de las órdenes del Poder Civil de la república y el primero en dar el ejemplo (APLAUSOS); cumpliremos sencillamente sus órdenes, y, dentro de las atribuciones que nos conceda, trataremos de hacer lo más posible por nuestro pueblo, sin ambiciones, porque afortunadamente estamos inmunes a las ambiciones y a la vanidad. ¡Qué mayor gloria que el cariño de nuestro pueblo! ¡Qué mayor premio que esos millares de brazos que se agitan llenos de esperanzas, de fe y de cariño hacia nosotros! (APLAUSOS.)